sábado, 30 de abril de 2011

Chapter 17.

Narra Petter Simpson._
Miércoles 15 de Julio del año 2008.

Aún sonrío recordando aquel día, fue bastante extraño para ser sincero. Una tarde del 15 de Julio, tiempo después de haber lanzado nuestro séptimo disco; yo y Mischa salimos de compras... se acercaba el cumpleaños de Andréu y queríamos darle una sorpresa.
Recuerdo que había pasado una tarde muy divertida con Mischa, su sonrisa me complementaba.

– ¡Pero que idiota aquel sujeto que me compara con Miley Cyrus! – gritaba disgustada.

Yo tan sólo reía, sus reacciones ante cualquier suceso eran geniales, era divertido ver como se enojaba, no hay nada mejor. Acabamos las compras y partimos al estacionamiento para volver a casa.

– ¿Dónde dejaste el auto Mischa? – lo busqué con la mirada.
– Pues... ¡Qué se yo! – rió.

Caminamos un largo rato buscando su convertible, hasta que lo encontramos.

– ¡Aquí está! – sus ojos brillaron.
– Ya era hora... – sonreí.

Guardé las cosas en la parte de atrás, me senté en el lugar del copiloto; a Mischa le gusta manejar y lucirse con su gran auto. Todo parecía ir bien hasta que Mischa echó marcha atrás para salir... un auto nos impactó haciendo que nos golpeáramos muy fuerte con los cinturones.

– Pero qué... – dijo enojada desabrochando su cinturón.

Me toqué la cabeza y vi como Mischa desabrochó su cinturón, bajó enfurecida y camino al otro auto.

– ¿Qué? ¿No sabes conducir idiota? – gritaba enfurecida.

Fue allí cuando comenzaron los disturbios...

– Anda ¡Baja del maldito auto! 

Los gritos de Mischa empeoraban la situación, yo bajé y me quedé parado junto al auto mirando todo; para mala suerte, Joe Jonas conducía aquel vehículo, lo que enfureció aún más a mi amiga; ya que hace algunos días atrás habían entregado los premios Billboard y él con sus hermanos dieron un mal comentario sobre Nevinger.

– Pero miren a quién tenemos aquí... – encogió sus ojos.

Jonas bajó del auto con una cara extraña intentando pedirle perdón a Mischa por lo del choque.

– ¿Te ganaste tu licencia en un concurso de Coca-Cola? ¿O pagaste a tus padres para tenerla? – la ironía manejó la ira de Mischa.
– Lo lamento, no había visto tu auto... – respondió el tipo.
– ¿Cómo no lo vas a ver? ¿Eres ciego acaso? – bufó Mischa.
– Tranquila... está disculpándose... – susurré.
– ¡Tú no digas nada! Mi auto se llevó lo peor – me miró feo.

Y para variar tenía la razón, no sé cómo ni por qué pero el auto de Mischa fue el más dañado en el choque.

– Escucha a tu amigo y relájate muchacha – dijo con una sonrisa Jonas.
– No soy menor que tú así que no me llames muchacha idiota; y no me digas lo que tengo que hacer mequetrefe – golpeó el auto de Jonas con el pie.

En eso, bajó el acompañante del sujeto.

– ¡No patees las caras ruedas! – le gritó a Mischa.
– ¡Y tú no le grites a ella! – grité disgustado.
– ¿Cuánto quieres por el daño...? – dijo Jonas sacando su chequera.
– No quiero dinero, quiero otra cosa... – respondió Mischa en un tono seductor.

¿Había escuchado bien? El cambio en ella había sido muy extraño... algo raro tenía en mente, reí. Jonas levantó sus cejas asombrado y rodeó el auto para llegar donde Mischa.

– ¿Y qué es lo que quieres entonces? – dijo Jonas en un tono de coqueteo.

Noté como sonreía y que poco a poco acercó su rostro al de él, no podía creer lo que estaba viendo.

– Tú sabes lo que quiero... – sonrió Mischa seduciéndolo.

Él confiado de su reacción iba a besarla, pero ella sonrió y le dio un rodillazo en su parte noble, imagino como debe haberle dolido.

– No creerías que iba a besarte idiota... ¿O eso pensaste? – dijo riendo Mischa.

Jonas se retorcía en el suelo de dolor, su acompañante miraba asombrado con lo que sucedía, yo reía a carcajadas apoyando en el automóvil.

– ¿Por qué... hiciste eso? – gritaba adolorido en el suelo Jonas.
– Te lo merecías por hablar mal de mi banda sin razón alguna y... ¿sabes qué? Te mereces mucho más – dijo antes de patearlo en el estómago.

Su risa malévola apareció en su rostro, disfrutaba verlo en el suelo sufriendo, lo que gatilló más golpes.

– Tú apestas, tú y tus hermanos, no se porqué llaman música a lo que hacen. No puedo entender como hablaste tan mal de Nevinger siendo que no nos llegas ni a los talones – lo golpeaba una y otra vez.

Yo sólo miraba desinteresado del asunto, no sé porque no la detenía, había perdido el control y su lado sicópata estaba apareciendo... lo que me recordó a Nixie el año pasado. El acompañante de Jonas estaba asustado, no sabía que hacer y llamó a la policía para acabar con todo esto.

– ¡Debes aprender a cantar! Eres una maldita basura – oía gritar como una loca a Mischa.
– Mischa creo que es suficiente – la tomé de su brazo.
– ¡Aún no acabo! – me gritó en la cara.

La miré indiferente, era un caso perdido... no le obedece a nadie. En eso llegó un auto de la policía del cual bajaron dos uniformados que se acercaron al desesperado amigo de Jonas, quién le indicó a Mischa; en seguida los policías se aproximaron a Mischa y la esposaron.

– ¿Pero qué hacen? – gritó asombrada.
– Esperen... ¿qué hacen? – grité disgustado.
– Esta señorita debe someterse a prisión por disturbios públicos y agresión... – me contestó serio el policía.
– Maldita sea – susurré.
– Avisa a los chicos... – me miró nerviosa desde el interior del auto policial.

Asentí mientras el auto se alejaba, una ambulancia recogió al idiota y llamé a una grúa para que se llevara el auto de Mischa.
Reí mientras caminaba a una cafetería.

– Nixie... adivina lo que acaba de pasar – dije por teléfono.
¿Te ganaste la lotería? ¿Conociste a Godzilla? ¿Te diste cuenta que si te gusta comerte los mocos? – respondió seria.
– ¿Qué? ¡No! No me gusta comerme los mocos – reí.
Diablos ¿qué paso entonces? – también rió.
– La policía se llevó a Mischa... 
¿Y ahora qué hizo? – se puso seria.
– Golpeo a uno de los Jonas Brothers... ya sabes como es... – sonreí.
Ya veo... nos vemos allá... 
– ¡Espera! – dije antes de que cortara.
¿Qué sucede? 
– ¿Dónde nos veremos? – me extrañé.
Pues en la comisaría idiota... – rió.
– Oh bien – reí y corté.

Tomé mi chaqueta y caminé en dirección a la comisaría, era raro... me sentía raro. Vi pasar los autos a mi costado a una gran velocidad, mi aventura era como uno de esos raros videoclips de Slipknot; nada tenía sentido. En 20 minutos ya había llegado a dicha comisaría en donde me encontré con los chicos y un policía.

– Será citada a un juicio dentro de dos días – nos comunicó el policía presente.
– Pero sólo fueron unos golpes... – sonreí.
– Unos golpes que alteraron el orden público señor – me miró disgustado.
– ¿Puedo hablar con ella? – preguntó Nixie seria.
– Claro 

La dejó entrar y nosotros tres la esperamos allí sentados.

– Pero que mala suerte tuvieron al encontrarse con ese sujeto – bufó Max.
– Lo sé, Mischa no pudo controlarse y eso empeoró todo – me tiré en una de las sillas que habían allí.
– ¿Por qué no la detuviste entonces? – dijo Andréu.
– Pues no lo sé... algo me bloqueó y no dejó que reaccionara... – dije en un tono dramático.
– ¿Acaso los extraterrestres tomaron posesión de tu cuerpo? – rió Max.
– Quizá sea eso – abrí grande mis ojos.
– Dejen de hablar estupideces – dijo riendo Andréu sentado junto a mi.

Reímos con Max y obedecimos, esperamos a que Nixie volviera. La manera en que el policía de turno nos miraba era irritante, era una mezcla de disgusto y repulsión, para ser sincero... las ganas de golpearlo me invadían.

– Nixie se está tardando – miró la hora Max.

Los tres miramos la puerta por donde ahora salía Nixie riendo, nos levantamos al mismo tiempo y la rodeamos.

– ¿Qué pasó? 
– ¿Qué dijo? 
– ¿Está bien? 
– Tranquilos, debemos hablar con Mack para solucionar todo esto – sonrió como de costumbre.

La miramos poco conforme con esa respuesta y la seguimos a su auto; Max se sentó como copiloto, Nixie conducía y yo con Andréu atrás. Llegamos a la casa de Mack, nos recibió bien como siempre lo ha hecho y Nixie no dio rodeos, le contó sobre el problema de Mischa.

– Entiendo... – dijo tocándose la barbilla.
– ¿Nintendo? – pregunté sin escuchar bien.
– Idiota – rió Max tapándose la cara.

Todos rieron sin poder evitarlo, hicimos el acuerdo con el abogado y esperamos a que llegara el día del juicio.
Pasaron los días y era hora de enfrentarse otra vez al poder jurídico del país; vimos a Mischa con esposas y ese gracioso traje anaranjado, la entrada del juez se prolongó por varios minutos y eso ya me tenía desesperado. Las caras de los chicos se asemejaban a la mía, esperar no es lo nuestro. Las horas avanzaron y el veredicto fue dado.

– Se condena ala señorita Sofía I. Mayo a 64 días de prisión por agresión pública... – golpeó el mazo contra su mesa.
– Eso es lo mínimo que pude conseguir... – se disculpó Mack con nosotros.
– ¿Podemos pagar fianza? – preguntó Max.
– Sí, pero solo para que la mantengan encerrada un mes o tendrán que pagarle a la victima... 
– Prefiero un mes – reí.
– Está bien, hablaré con el juez – sonrió Mack.

Nos acercamos a Mischa antes de que se la llevaran, pese a todo lo que estaba pasando ella estaba sonriente y tranquila.

– Te reducirán la condena a un mes – sonrió Nixie.
– ¿Por qué? – preguntó enojada Mischa.
– Para no perderte, no te queremos allí dentro – respondí.
– No me digas que querías quedarte en prisión más tiempo... ¿o si? – preguntó enojado Max.
– Es primera vez que voy a prisión, pienso que será divertido – rió Mischa.
– Créeme que no lo es – dijo seria Nixie.
– Como sea, nos veremos pronto... – sonrió antes de que los gendarmes se la llevaran. – ¡Los amo! – nos gritó sonriente.

Nosotros reímos, ella creía que sería como ir de vacaciones a Jamaica... pero esa es otra historia.

– Ahora solo hay que esperar un mes... – rió Andréu mientras salíamos del edificio.

Nixie se encargó de Rochelle, nosotros nos turnamos cada día para visitarla; ese mes se nos hizo eterno, esperaba con ansias el día que saliera... no me gusta tener a mis amigos lejos.

Así pasó el tiempo, llegó el gran día... todos la esperamos afuera de la cárcel, parecíamos pandilleros... me sentía rudo. La vimos con una bolsa con sus cosas, sin maquillaje y sus tatuados brazos al aire.

– Ya era hora de que saliera de esa cosa – dijo seria.
– ¿Cómo pasaste tus vacaciones? – rió Max abrazándola.
– ¡Odio este lugar! La comida es un asco y todas las tipas querían violarme... no quiero volver más – dijo riendo.
– Te advertí que no era divertido – rió de costado Nixie.
– Te extrañé muñeca – la abracé.
– Y yo a ti hombre banana – correspondí.

Riendo todos volvimos a casa de Andréu para celebrar su cumpleaños número 30 y la salida victoriosa de Mischa aquel 21 de Agosto. Un día que nos hizo recordar porque nos soportamos tanto, porque no simplemente matarnos entre todos para hacer todo más fácil... compartimos un lazo importante: somos hijos de diferentes madres y padres. Pero orgulloso puedo decir que son mis hermanos... mis mejores amigos.

Mr. B.-

No hay comentarios:

Publicar un comentario