Había pasado mucho tiempo desde que los CDs salieron a la venta, y como era de esperarse la gente los compraba por montones, obviamente eso me hizo feliz de una forma especial, pero por otro lado… me sentía pésimo por “traicionar” a mis hermano de toda la vida.
Con el transcurso de los días Naomi había dado la gran idea de arreglar la apariencia de todos nosotros; un día de aquellos partimos con Naomi a la peluquería y como era de esperarse… los cambios fueron notorios.
– ¡Te ves maravillosa! ¿Sabes? Tu nueva apariencia se verá bien en ese festival – rió Naomi.
– No puedo creer que me oscureciera el cabello… amaba mi color anaranjado – bufé.
– Te ves hermosa, no te quejes, apuesto que Dero babeará por ti – sonrió.
– Mejor vamos a comprar ropa, debes vestirte como una estrella de rock – sonreí.
Tomé su brazo y salimos del lugar, su nuevo peinado le venía muy bien, con su nuevo tono rubio se veía muy sexy; mi cabello ahora largo abajo y con capas más cortas arriba, con un color rojizo opaco… me gustaba como me veía.
– No tengo tanto dinero como para comprar esto Nixie – dijo apenada.
– Hoy yo pago, tengo suficiente dinero como para comprar toda la tienda, elige bien lo que quieres – sonreí.
Asintió sonriente, elegí unas buenas prendas rockeras para mi y para Naomi, merecía verse bien si quería ser mi baterista.
– Creo que con esto es suficiente – bufé mirándome en el espejo.
– ¡¡Dios, Nixie!! – gritó Naomi al verme.
– ¿Qué sucede? – fruncí el seño.
– Te ves hermosa… ¿Por qué no eliges algo para mí? Por favor… – hizo puchero.
– Bien… gracias. Veamos lo que hay en esta tienda – sonreí.
Pasamos la mañana completa de compras, a eso del medio día volvimos a mi casa para irnos a California de una vez por todas…
Narra Dero Goi:_
Cuando la vi atravesar esa puerta no pude creer que ella era la mujer de la que me había enamorado… usaba unos jeans oscuros, rasgados en algunas partes de sus piernas que dejaban apreciar su delicada piel, también usaba una remera musculosa negra, escotada que me dejó apreciar la zona alta de sus pechos, unos tacones que la hacían ver más alta y claro, sus muñequeras y cadenas adornaban sus jeans y brazos. Su nuevo corte de cabello la hacía lucir muy sexy y ardiente, me gustaba ese flequillo que caía sobre su ojo izquierdo… se veía diferente, pero me encantaba.
– ¿Te gusta como se ve Dero? – rió Naomi empujando a Nixie.
– ¿Qué si me gusta…? ¡Me encanta! – dije eufórico.
– Lo mismo le dije, pero no quiere creerlo – bufó la rubia.
– Ya es suficiente, admito que me veo bien – dijo riendo Nixie.
– Ven aquí, quiero besarte chica ruda – le dije desde el sofá.
– Creo que es hora de irnos – me sonrió.
– ¿Y no me darás un besito? – hice puchero.
Rió como todos los presentes y meneando sus caderas se acercó a mí, se inclinó un poco haciéndome desviar la mirada hacia sus pechos.
– Te amo alemán – besó mi frente.
– Y yo a ti… – reí.
– No recuerdas mi nacionalidad ¿no? – rió.
– Claro que sí… eres chilena – levanté mis cejas.
– Muy bien – besó mis labios – hora de irnos…
Sonreí y me puse de pie, tomé las dos maletas que llevábamos, los integrantes de su banda también tomaron sus cosas y junto a los pequeños hijos de Nixie subimos al furgoneta que esperaba afuera, la que nos llevaría al aeropuerto.
– ¡No puedo creer que vamos a dar un concierto! – gritó Jerry.
– Tranquilo chico, este es solo el primero de muchos – sonreí de media luna.
– ¿Por qué lo dices Dero? ¿Qué sabes tú sobre lo que pasará más adelante…? – dijo Nixie melancólica.
– Confió en tus capacidades, sé que habrá más conciertos – la abracé-
– ¿Cuánto falta para llegar? – gritó desde atrás Naomi.
– Poco… unos cinco minutos – respondió el chofer.
– ¡Apresura esta cosa! – gritó como respuesta.
Todos reímos, ellos estaban ansiosos y me ponía feliz al ver bien a mi querida Nixie, aunque por otro lado me preocupan sus constantes cambios de ánimo… por experiencias propias sé que eso nunca termina bien.
Llegamos al aeropuerto y tomamos el avión luego de subir los instrumentos y las maletas, es un poco incómodo no tener un equipo que se encargue de hacer esas cosas, pero todo el esfuerzo vale la pena. 8 largas horas de vuelo, de dormir toda una noche a bordo del maldito avión, mi trasero ya estaba cuadrado de tan aplastado que lo tenía; aterrizamos en California a eso del medio día, cuando tomamos las maletas, una horda de periodistas nos atacaron, veníamos muy cargados con los bolsos y esas cosas, Nixie se encargó de los niños y yo del equipaje; los flash de las cámaras nos molestaban, apenas nos dejaban avanzar, pero como pudimos salimos de allí… y por arte de magia, había una limosina esperando… sí, a nosotros.
– ¡Vamos, suban rápido! – gritó Nixie dando el paso.
Dejé que los otros abordasen el lujoso vehículo, subió Nixie y finalmente yo.
– Gracias Mac, ¿puedes llevarnos al hotel? – rió Nixie.
– ¡Como digas! – rió de copiloto.
– ¿Tú preparaste esto…? – dijo asombrado Freddy.
– Por supuesto, ahora serán tratados como estrellas… como merecen – levantó sus cejas.
Yo tan solo sonreí, estaba de alguna manera haciendo feliz a sus compañeros, ellos nunca habían sido tratados de esta manera y ella les hacía el sueño realidad. En unos 15 minutos la limosina se detuvo, afuera del hotel “Centurias” uno de los mejores de California, un hotel cinco estrellas; los chicos no podían creerlo… afuera del hotel los esperaba una gran multitud de gente, gritando y aplaudiendo la llegada de la gran banda de Nixie Bauer.
– ¿Qué significa todo esto? – dijo boquiabierta Naomi.
– Todos estos son nuestros fans mis queridos amigos – sonrió victoriosa.
– No puedo creerlo… – susurró Freddy.
– ¿Y qué haremos ahora? – rió Jerry.
– Pues dejarán los instrumentos aquí dentro porque luego gente especial vendrá por ellos… y bajaremos saludando a todo el mundo, sonrientes y sensuales, ellos esperan sus autógrafos y se los daremos ¿comprenden? – sonrió.
– ¡Yo no tengo autógrafo! – se excusó Jerry.
– Pues improvisa algo querido – rió Nixie abriendo la puerta.
Los gritos se hicieron chillidos cuando ella bajó, la gente coreaba su nombre, yo bajaría al final para llevar a los niños al cuarto…
– Bien, aquí vamos… – suspiró Naomi.
Fue la segunda en bajar, la muchedumbre aplaudió su aparición, siguió Jerry que provocó un efecto parecido en la gente, luego bajó Freddy a quien veía más tímido y complicado con la situación… y finalmente bajé yo con los niños tomados de mis manos, Cristal caminaba frente a mí, ella estaba acostumbrada a todo esto al igual que yo.
Me adelanté mientras los cuatro firmaban autógrafos y se tomaban fotografías con las personas, subí al tercer piso y entré en la habitación 508, la que era para nosotros, las tres anteriores eran para Naomi, Freddy y Jerry.
– ¡Mira Dero, hay mucha gente allá abajo! – dijo Alexander mirando por la ventana.
– ¿Y sabes por qué ha venido toda esa gente? – me incliné a su altura.
– A ver a mamá… ¿no? – sonrió.
– Claro que sí, ellos quieren mucho a tu madre – acaricié sus cabellos oscuros como los de Richard.
– Yo también la quiero mucho, ellos no van a quitarme a mamá ¿cierto? – hizo puchero.
– No mi amor, no te la quitaran, ella te ama más a ti que a todas esas personas…
– ¿Más que a ti? – me miró atento.
– Sí, más que a mí… – sonreí luego de un largo silencio.
Las niñas estaban viendo caricaturas, lo que llamó la atención de Alexander y se les unió; yo me quedé parado en la ventana, mirando como la gente se hacía feliz fotografiando a la mujer que tengo a mi lado todos los días, que envidia deben sentir ellos al no tener mi suerte.
– ¿Estás listo? – susurró una bella voz en mi oído.
– Debería preguntarte eso a ti – me giré y puse mis manos en su cintura.
Me miró con los ojos cansados, estaba confundida y eso me lo hizo saber tan solo con ese par negro de bellos ojos que destacaban por su delineador; tomé su mentón y choqué nuestros labios.
– Será mejor que nos vistamos… ¿Quién se quedará con los niños?
– Los chicos, prometieron cuidarlos como forma de agradecimiento… ellos los cuidaran – sonrió apenada.
– ¿Estás segura que quieres ir? Si no quieres, no vayamos… – acaricié su mejilla
– Vamos a ir Dero, debo enfrentarlos tarde o temprano…
– Está bien, ve a bañarte mientras yo busco mi traje – besé su frente.
– Te amo – sonrió.
Tomó su maleta y se la llevó al baño, mientras ella se daba una ducha yo llamé a su abogado.
– ¿Qué sucede?
– Mac ¿puedes conseguirme un auto elegante para una media hora? – miré el reloj.
– Claro ¿con chofer?
– No, solo el auto.
– Está bien, habrá un auto esperando en la entrada del hotel…
– Gracias.
– No hay de qué, adiós – cortó.
Guardé el teléfono y busqué el traje negro que tanto le gusta a Nixie, encontré la corbata negra que hacía juego y esperé a que saliera del baño.
– ¿Cuánto te falta? – golpeé la puerta riendo.
– Cinco segundos – rió.
– Llegaremos tarde si no te apresuras… – reí.
Se abrió la puerta y me maravillé con su belleza, un vestido negro, corto hasta un poco más arriba de la rodilla, un escote pronunciado, unos tacones que adornaban hasta más arriba del tobillo… su nuevo peinado la hacía lucir bonita y su maquillaje resaltaba su hermosura.
– ¿Cómo me veo? – sonrió dulcemente.
– Te ves… ardiente – dije atónito.
– ¿Tanto así? – rió.
Asentí mientras le robaba un beso.
– Es turno de que te bañes cerdito…
– Está bien – reí.
Fue a ponerse aretes, piercings y todas esas cosas de chicas mientras yo me desnudaba ante el gran espejo que me hizo ver gordo.
– Debo volver al gimnasio – bufé.
Me metí a la ducha y dejé que el agua se mezclara con el jabón para que recorriera mi cuerpo, mojé mi cabello recordando el primer baño que compartí junto a Bauer, algo hermoso y digno de contar. Acabé y me sequé rápido, me puse primero ese boxer negro, luego los calcetines, seguí con la camisa blanca, acomodé la corbata, luego los pantalones… me apliqué perfume y arreglé mi cabello pero esta vez sin fijador, acomodé mis piercings y me puse la chaqueta del traje; salí del baño para despedirnos de los niños y de los chicos que hace poco habían ingresado en la habitación.
– Te ves súper guapo – sonrió acariciando mi muslo.
– Y tu muy sexy – encendí el motor lamiendo mis labios.
– Acelera… Lu nos matará si llegamos tarde a su boda – susurró.
– Calma, dos cuadras y llegamos al parque – reí.
Estacioné el auto junto a muchos otros vehículos caros, por supuesto que las miradas nos atacaron al momento de pisar el césped, los susurros y comentarios comenzaron a volar por el aire y Nixie comenzó a ponerse nerviosa, apretó con fuerza mi brazo mientras caminábamos en dirección a la multitud lejana…