La templanza, la paz… todo en un mismo lugar; los monstruos desaparecían de mis pensamientos a medida que todo salía bien; el cielo ya no se cae sobre mí… pareciera que estuviese en un sueño del cual no eh despertado por un largo tiempo, las buenas sensaciones abundan en el aire y una sonrisa permanente me hace pensar que en esta extraña dimensión las cosas son de verdad… que son reales.
Leves caricias en mi rostro hizo que despertara, abrí los ojos lentamente para así encontrarme con el maravilloso hombre con el que comparto mi vida. Me miraba con sus verdes ojos, atento y embobado, de verdad estaba enamorado y eso… me hizo sonreír, acercó sus labios a mi frente y tomé su rostro para que besara mi boca; sentir su lengua hacer contacto con la mía me hizo gozar del momento, su boca se abría levemente para dejar pasar ese aire que me robaba el alma…
– Buenos días… muñeca – sonrió rozando su nariz con la mía.
– Buenos días amor – cerré mis ojos.
– Brian ha llamado, dijo que todo estaba listo…
– ¿Qué Brian? – me extrañé.
– El productor – rió.
– ¿Ya está listo? – dije asombrada.
Asintió y me aferré a su pecho; habían pasado dos días desde la grabación del nuevo álbum, ya era hora de escuchar el trabajo terminado, nos alojamos en un hotel en el centro de Londres para no estar viajando de Londres a Berlín tantas veces, claro yo pagando todos los gastos… Los niños estaban con nosotros, así no tendría mayores problemas.
Pasó la mañana, desayunamos y nos preparamos para volver al estudio, esta vez iríamos solo los integrantes de la banda, Dero y mis hijos; Ángela y Aya se habían marchado porque debían seguir con sus asuntos…
– ¿Están listos? – sonrió Thomson.
Asentimos en silencio, solo queríamos oír lo que habíamos grabado, los nervios nos carcomían por dentro… hasta que Brian presionó play; la música comenzó a sonar y las cabezas comenzaron a moverse, los pies de nosotros seguían el ritmo de la batería… sonaba perfecto. Cerca de tres horas y medias era la duración completa de todas las canciones, sonaban impresionantes, quedamos completamente conformes con el gran trabajo que realizamos.
– Hay un gran problema – dijo serio Brian.
– ¿Cuál? – lo miré confundida.
– Son 30 canciones Nixie… y solo dos opciones – levantó sus cejas.
– ¿Si…? ¿Cuáles? – fruncí el seño.
Hubo un silencio incómodo, todos los presentes se observaron un poco preocupados.
– Puedes lanzar dos CDS en ves de uno; con el mismo nombre para no provocar caos… si tu quieres.
– ¿Y la otra opción? – levanté una ceja.
– Que solo elijas 15 canciones…
Reí a carcajadas, las opciones eran obvias y mi decisión también.
– Pues prefiero lanzar dos volúmenes – sonreí de costados.
– Está bien, en ese caso en un par de horas estarán listos los CDS, así que vuelvan más tarde – sonrió.
Asentí y salimos del lugar, miré a los chicos y les pedí que volvieran a Berlín, les de dinero para los pasajes y se fueron; quedé sola aquí en Londres, Dero y mis hijos se marcharon con ellos.
Fui por ahí para pasar el rato hasta que los CDs estuvieran listos; caminé por esas viejas calles que tantos viejos recuerdos me traían; hasta que me encontré con quien menos imaginaba.
– ¿Constance…?
Me paralicé cuando tocó mi hombro para detenerme, sentí como una extraña sensación recorría mi cuerpo de pies a cabeza.
– ¿Cómo has estado? – sonrió mirándome de frente.
– Hola… Jonathan… – susurré.
Él fue mi prometido hace un año, me dolió poco nuestra ruptura pero no quería volver a verlo… había olvidado que vivía aquí en Londres, lo único que quería hacer en este momento era salir corriendo.
– ¿Qué haces aquí en Londres? – me miró extrañado.
– Pues… por asuntos de trabajo, ya sabes – levanté mis cejas.
– ¿Si? Pero que bueno eso. Creo que la calle no es buen lugar para conversar ¿te invito algo? – encogió sus ojos mientras sonreía levemente.
– No sé si sea buena idea Jonathan…
– Vamos, insisto, solo es para conversar un poco – sonrió.
Lo pensé un poco, en verdad no quería arriesgarme, pero no podía negarme a Jonathan Rhys-Meyer, este galán era irrechazable…
– Está bien – sonreí mirando a otro lugar.
– Bien – sonrió.
Pasó su brazo por sobre mi hombro y me guió a un viejo bar que solíamos frecuentar cuando estábamos juntos, pedimos un par de whiskeys para pasar el rato mientras conversábamos.
– ¿Cómo va tu vida? No supe más de ti desde… - silencio – que terminamos – levantó sus cejas.
– Pues pasé por muchas cosas, unas buenas y otras malas, pero para resumirlo todo, aquí estoy, en Berlín y ahora estoy esperando que terminen de editar mi nuevo álbum de solista – asentí.
– Vaya, eres solista, como cambian las cosas… ¿Qué pasó con tu banda?
– Se nota que no ves noticias – reí.
– No últimamente, eh estado grabando una nueva película y no me queda tiempo para casi nada – bebió su whiskey.
– Comprendo… pues bueno, me separé de ellos porque no quisieron venirse a Alemania conmigo… son cosas que pasan – bufé.
– Que extraño, cuando viniste a vivir a Londres conmigo ellos si vinieron – se extrañó.
– Tal vez se cansaron de seguirme por todo el mundo… – dije apenada.
– Puede ser por eso, pero no hablemos de ello… veo que no te gusta hablar del tema – tomó mi mano por sobre la mesa.
– ¿Y que ha sido de tu vida? – levanté mis cejas, quitando mi mano.
– Pues sin muchas novedades, sabes como es mi vida… – rió.
– Sí, lo recuerdo – sonreí.
– Dime… ¿y ya tienes novio? – me miró atento.
– Sí, uno muy bueno ¿y tú, ya tienes novia? – sonreí otra vez.
– No… yo no tengo novia ni nada por el estilo – dijo apenado.
– ¿Cómo es que un galán como tú no tiene novia aún? – reí.
– Soy tímido – rió.
– Sí, claro – bebí el whiskey.
Pasamos allí un buen rato, recordando las cosas que vivimos… de pronto comenzamos a coquetear, ya estábamos bajo el efecto del alcohol y eso no terminaría nada bien. En la radio comenzó a sonar “Take a Number” de Stone Sour, lo que me hizo reaccionar y recordar que prometí cambiar para bien; me resistí y le di fin al asunto… era hora de irme.
– Ya es hora, gracias por todo Jonathan – sonreí ignorando sus ojos.
– ¿Ya te vas?
– Si, debo volver a Berlín.
– Déjame acompañarte – sonrió medio borracho.
– No gracias, mejor vete a casa… ya nos veremos en otra ocasión – besé su mejilla – adiós Jonathan…
Salí del lugar haciendo resonar mis tacones por el ambiente, caminé como una diva hacia el estudio, mi cabello largo volaba al viento y me sentía poderosa. Ingresé al establecimiento media borracha pero decidida, besé superficialmente a Brian y este me quedó mirando con los ojos muy abiertos… sí, había cometido un gran error.
– Muéstrame el trabajo – sonreí sin arrepentirme.
– Que osada apareció señorita Bauer – sonrió esquivando mi mirada.
No sé porque había echo eso, en verdad no tenía idea de donde tuve el coraje para besar a ese sujeto.
– Sígame…
Estaba un poco sonrojado y eso me hizo sentir mejor, lo seguí hasta su oficina y me enseñó los dos CDs terminados.
Una fachada llamativa que resaltaba mi perfil en frente a un cráneo también de perfil, un título formidable: “NEVER AGAIN. Volumen I”. El segundo CD resaltaba con mi cuerpo sentado frente a un esqueleto que imitaba mi posición en la silla, de igual modo resaltaba el título: “NEVER AGAIN. Volumen II”
– ¿Le gustan? – levantó sus cejas mirándome.
– Me encantan… – dije boquiabierta.
– Separamos las canciones por tamaño.
– Perfecto, me gusta así – sonreí.
NEVER AGAIN VOLUMEN I:
Good Times Gone 5:16
Be Yourself 4:37
Sorry Go ‘Round 3:37
Bis Zum Schluss 4:49
Pilgrim 4:51
Free bird 10:04
The Ultimate Fling 6:54
Dani California 4:40
Brictom 4:18
Blitzkrieg 4:19
Distance 4:49
I was Wrong 4:26
Burn Your Eyes 4:17
Grinder 3:55
Brennende Liebe 3:55
NEVER AGAIN VOLUMEN II
Be my Babe 3:34
A tout le Monde 4:10
Fire 3:55
Psychosis 4:26
Destiny 3:54
In Deinen Hüften 3:48
Silverwing 4:22
Black Betty 3:59
Dawn 3:35
Gravity 3:55
Stray 3:35
The Last Fight 4:23
More 4:04
Don’t Mess with me 3:57
Dying to Live 3:45
Abracé al sujeto y me pidió que firmase unos papeles para dar por finalizado el proceso.
– Mañana mismo sale a la venta – me estrechó su mano.
– Eso me gusta – sonreí de costado.
– Gracias por trabajar con nosotros señorita Bauer…
– Gracias a ustedes.
Salí del lugar, victoriosa como era de esperarse… caminé al aeropuerto para comprar mi boleto y así irme a casa de una vez por todas.
– Lo siento señorita, pero no hay vuelos a Berlín hasta mañana… ya es muy tarde – dijo dulcemente la mujer.
– Maldita sea… bueno, gracias de todos modos – dije indiferente.
Partí a un bar para celebrar sola todo mi gran trabajo, como era de esperarse me emborraché con Vodka y whiskey… quizá también con unos tequilas, para peor tomé mi teléfono y llamé a cierta persona.
– ¿Qué hay perra? – reí.
– ¿Quién es? – decía molesta.
– ¿Cómo vas a olvidarme así de fácil?
– ¿Nixie…? – preguntó
– Amo cuando dices mi nombre, hija de puta…
– ¿Qué es lo que quieres?
– Quería saber que se siente ser mi reemplazo… supe que eres la nueva vocalista de Nevinger, anda, dime ¿Qué se siente no poder igualarme? – reí.
– ¿Estás borracha? Debí suponerlo, no podía esperar menos de ti – bufó.
– Sí, claro, eres una perra envidiosa… ¡Acabo de firmar con Roadrunner Records! Y apuesto que no tienen siquiera alguna nueva canción…
– Claro que tenemos nuevas canciones… que por supuesto son mucho mejores que las que solías escribir tú amor – rió.
– Vaya, ya quiero escuchar como chillas con tu nueva banda, veremos cuanto dura tu momento de fama ¡oh! Y por supuesto ¿supiste lo que dijo Mustaine? – sonreí de costado.
Guardó silencio un instante mientras yo bebía otro vaso de whiskey.
– ¿Qué cosa? – susurró.
– Nevinger queda fuera de Big 4 hasta que yo regreso… si es que regreso, eso significa que no ganaste nada Bytha, solo estás perdiendo el tiempo en mi banda – dije entre dientes.
– Eso no es cierto… no sabes lo que dices – dijo molesta.
– Claro que se lo que digo, solo estás perdiendo el tiempo al tratar de igualarme… ¡Tu no sirves para nada! – corté molesta.
Pagué los tragos y salí del lugar caminando como pude, admito haber estado sumamente borracha; me quité los tacones para no caerme en plena calle y así, como pude llegué a un hotel.
Registrado mi nombre y pagada la noche subí a mi habitación para poder descansar de todo, me quité los jeans y me lancé en ropa interior y con la remera puesta, no tenía ni ganas de quitarme algo más. El celular quizá sonó un par de veces, no lo sé, estaba muy cansada como para despertar para contestar, así que la noche me bendijo con un profundo sueño… que quería que fuese eterno.
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