– Está todo listo, hoy en la tarde te estarán esperando en el galpón 316 – decía Till.
– Está bien, muchas gracias – sonreí.
– De nada, espero no defraudarte – rió.
– Eso espero… debo irme, otra vez, muchas gracias.
– No te preocupes, no es nada Nixie.
– De todos modos te debo una
– Como tú digas, cuídate… adiós.
– Adiós – corté.
Dejé el celular sobre la mesita de centro en la sala, ya eran las 13:00 horas y debíamos ir con Dero a la escuela en donde irían los niños, no quería que perdieran el año…
– ¡Ya es hora! – gritó Dero desde la puerta.
Hice que los niños bajaran y abordasen el auto; partimos al centro de Berlín con sumo atraso… para variar. Tardamos quizá una media hora en llegar, los niños bajaron medios asustados al no reconocer en donde estaban, los calmé un poco e ingresamos al establecimiento, mirando todo a nuestro alrededor… como turistas.
– ¿Constance S. Proust? – preguntó la secretaria.
– Sí, tengo cita con el director – sonreí levemente.
– Perfecto, tome asiento, le informaré que ya ha llegado – me sonrió.
Asentí, llevé a los niños a los asientos que había y esperamos allí menos de cinco minutos, la secretaria insistió en que no entrase con los pequeños, así que ella los cuidaría mientras con Dero hablamos con el director.
Entramos a la oficina y luego de estrechar la mano nos pidió que tomásemos asiento.
– Mi nombre es Alfned Streckmann, y les doy la bienvenida al establecimiento – su alemán era grandioso.
– Soy Constanza S. Proust y él es Dero Goi, agradezco su bienvenida – sonreí.
El sujeto no era tan viejo, quizá solo par de años mayor que el mismo Dero, era atractivo, de facciones masculinas, una barba que abarcaba solo su mandíbula y rodeada sus labios por la parte superior, tenía ojos grises y cabello color miel al igual que su barba.
– Por lo que me comentó por teléfono, quiere que sus hijos ingresen a la escuela por motivos de mudanza ¿no? – levantó sus cejas.
– Correcto.
– ¿Sus pequeños saben hablar alemán?
– Hablan alemán, español e inglés… bueno la menor solo habla alemán e inglés – levanté mis cejas.
– Vaya, eso es muy bueno, bastante para su corta edad – sonrió.
Asentí y sonreí, Dero tomó mi mano cuando el sujeto comenzó a mirarme extraño.
– ¿Trajeron a sus hijos?
– Sí, están afuera – sonrió Dero.
– Háganlos pasar, necesito hacerles algunas preguntas – sonrió de media luna.
Dero asintió y se puso de pie para traer a los niños, yo sonreía con el hecho de que él dijese que eran sus hijos, pero creo que el director se extrañaría al oír los apellidos de los niños…
– Hola pequeñitos – dijo el director sonriente.
– Hola – dijeron en alemán al mismo tiempo.
– Ven pequeñita, tú eres la mayor ¿no? – miró a Cristal.
– Sí – dijo sonriente.
– ¿Cuál es tu nombre completo?
– Me llamo Cristal Monick Taylor, tengo nueve años…
– ¿Cuándo y dónde naciste? – escribía todo lo que ella decía.
– Nací el 10 de febrero de 2002 en New York, Estados Unidos.
– ¿Sabes? No pareces Norteamericana, eres muy bella, tienes facciones muy alemanas – sonrió mirándome.
– Es que mi mamá no es norteamericana, mi papá si – sonrió.
– Muy bien pequeña, ahora tu jovencito, debes ser el del medio ¿no? – miró a Alexander
Asintió en silencio.
– Cuéntame todo de ti, como lo hizo tu hermana – sonrió amablemente estrechando su pequeña mano.
– Me llamo Alexander… Otis Kruspe, tengo cinco años… Nací en Berlín el 4 de Junio de 2006 – rió.
– ¿Kruspe? – me miró a mí y a Dero con las cejas levantadas.
– Sí, Kruspe Salinas – sonrió el chico.
Asintió asombrado, y pidió que la pequeña se acercase.
– ¿Y tú dulzura, como te llamas?
– Lilian – lo miró seria.
– Si quiere yo puedo darle los datos, es muy pequeña aún… – la excusé.
Dero me miró medio incómodo, él me miro fijo y sonriente.
– Bien – susurró galán.
– Lilian Rubí Kruspe, 3 años, nacida en París el 15 de Agosto del 2008 – dije serena.
– Por lo que veo, usted no es padre de ninguno de los infantes – levantó sus cejas mirando a Dero.
– No, soy solo la pareja de su madre – dijo serio tomando mi mano.
– Entonces, ¿ustedes serán los representantes de los tres?
– Sí – respondí.
– Necesito que firmen aquí y aquí – nos señaló una zona del papel.
Firmamos, sellando por fin nuestra estadía aquí; nos entregó un papel con toda la información que debíamos saber, salimos de allí sonrientes, los niños comenzaban las clases mañana mismo…
Volvimos a casa un poco agotados, Dero hoy contrataría a una mujer que hiciera las cosas de la casa y que se encargaría de llevar a los niños a la escuela; yo salí camino al galpón en donde me reuniría con los músicos que Till me había contactado.
Los nervios no alteraban mi raciocinio, estaba mentalizada a ser una perra cruel que haría saber sus ideales dentro del grupo que conformaría hoy, ya no existiría más la pequeña y frágil chica que se dejaba intimidar por el resto, haré que mi palabra sea obedecida…
Entré al lugar indicado, caminé lento hasta llegar a donde se encontraba una batería imponente, dos guitarras y un bajo en sus pedestales correspondientes, a un costado había un sofá amplio de cuero negro con dos hombres fumando, y junto a ellos, pero de pie una chica con un par de baquetas en sus manos. ¿Estaba preparada para esto? Ver a esas personas allí me hizo sentir una completa idiota que no sabía lo que estaba haciendo, mucho menos a lo que se estaba enfrentando…
– ¿Nixie Bauer? – dijo uno de los sujetos con sus ojos muy abiertos.
– Sí, la misma – levanté una ceja.
Los tres me miraron atentos, uno de los chicos se puso de pie mientras yo los miraba de pies a cabeza examinándolos por completo, debía conocer bien con quienes iba a trabajar de ahora en adelante.
– Mi nombre es Constanza S. Proust, más conocida como Nixie Bauer y lo eh citado aquí hoy, porque me han dicho que ustedes son competentes para trabajar para mí como artista de gran talento… ¿Están dispuestos a servirme como músicos? – levanté mis cejas mientras los miraba con superioridad.
Se miraron entre ellos, el sujeto volvió a mirarme encogiendo sus ojos, los dos asintieron.
– Estoy dispuesta a tus órdenes – dijo la chica.
Sonreí de costado, comenzamos bien.
– Perfecto, quiero saber nombres, edad, talento y procedencia, si voy a trabajar con ustedes, quiero estar bien informada – me crucé de brazos.
La chica se acercó a mí y sonriente respondió con gran confianza.
– Soy Naomi Backhmann, más conocida como Emily Jones, tengo 31 años, soy Alemana… de Berlín y todo la batería, también me gusta cantar, pero no tengo perfecta voz – sonrió estrechándome su mano.
La apreté con fuerza, me gustaban los tatuajes en sus brazos y el color casi rubio en su cabello; se levantó uno de los fumadores y se paró frente a mí.
– Soy Frederick Walker, me dicen Freddy, tengo 32 años y toco la guitarra eléctrica como un experto, soy Irlandés y estoy preparado a tocar… contigo, Nixie – sonrió como un galán, estrechando su mano.
Correspondí su saludo y asentí maravillada con su estilo de rockero… un perfecto guitarrista con cabello largo y rastas rubias, me recordó a Chrigel… Por último se levantó el otro sujeto y se acercó sonriente.
– Jerry Broderick, primo del guitarrista de Megadeth, tengo 32 años y soy de Jersey, Estados Unidos, me dicen Raptor flux y no querrás saber porqué – rió besando mi mano.
– ¿Y que tocas? – reí.
– Oh, perdón. Toco el bajo – sonrió.
Asentí sonriendo, era el equipo perfecto… una baterista mujer, sensual y atrevida pero inocente; un guitarrista rudo y atractivo, que imponga temor; y un bajista con sentido del humor y que más encima sea pariente de un gran amigo… todo pintaba bien.
– Muy bien chicos, estoy iniciando nuevamente mi carrera como solista y ustedes formaran parte de la banda que llevará mi nombre ¿de acuerdo?
Asintieron.
– Tengo muy buenas referencias sobre ustedes, así que comenzaremos a trabajar de inmediato, tengo muchas ideas y quiero aplicarlas ya – sonreí.
Los hice improvisar un poco, quería ver que tan buenos eran… y quedé maravillada, realmente eran asombrosos, estaban a un nivel de gran etiqueta. Esa mañana había escrito una gran canción, que llevaba todo el sentimiento respecto a lo que había sucedido con mis amigos; comencé a cantarla y los chicos empezaron a tocar con un buen ritmo.
Lost it on the chesterfield
Or maybe on a gamblin wheel
Lost it in a diamond mine
It's dark as hell and hard to find
You can climb to the top of the highest tree
You can look around, but you still won't see
What I'm lookin for
Where the good times gone?
Where the good times gone?
All the stupid fun
And all that shit we've done
Where the good times gone?
Well I still don't know
Out in the back in the old corn field
Underneath the tractor wheel
Thought I'd dig, til I'd found it first
Broke my back and died of thirst
You can bribe the devil, you can pray to God
You can sell off everything you got
And you still won't know
Where the good times gone?
Where the good times gone?
All the stupid fun
And all that shit we've done
Where the good times gone?
And you still don't know
Saw it on the silver screen
Preacher says, don't know what it means
Last page ad in a comic book
Bought me a map, showed me where to look
It ain't carved of stone or made of wood
And if you paid for it, then it's still no good
And you still won't know
What I'm looking for
Where the good times gone?
Where the good times gone?
All the stupid fun
And all that shit we've done
Where the good times gone?
♪
– Vaya, tiene sentimiento… ¿Cómo la titulas? – me dijo Naomi.
– Good Times Gone, ¿te gusta?
– ¿Que si me gusta? ¡Me encanta! Podríamos presentarla como Demo para lanzar un CD pronto – sonrió.
Esta chica estaba llena de buenas ideas y eso jugaba a mi favor.
– Sí, con el gran equipo que tenemos… creo que demoraremos menos de un mes en tener 14 canciones, con es eso suficiente para un primer CD ¿no? – me miró fijo Freddy.
– Tienes razón, ya tenemos la melodía para “Good Times Gone”, no nos costará improvisar para tener más melodías… ¿o si? – rió Jerry.
Me gustaba todo lo que estaba escuchando, su entusiasmo me hacía no arrepentirme de todo lo que estaba haciendo.
– ¿Saben? Me gusta su forma de pensar, pero debo hacerles una pregunta… – los miré serena.
Los chicos se sentaron en el sofá y me miraron atentos, la chica se paró junto al sofá y sus miradas me pedían que hablase.
– ¿Quieren trabajar bajo el nombre de Nixie Bauer… o algún otro? – levanté mis cejas.
Se miraron entre ellos, Frederick sonrió y tomó la palabra.
– Creo que todos estamos enterados de lo que pasó con tu otra banda y sabemos también que todo lo que haremos a futuro será gracias a ti. Como ese es el caso, creo que deberíamos trabajar bajo tu nombre…
– Yo opino lo mismo, además así demostrarás que eres mejor sola, que todos ellos juntos – rió Naomi.
– Prefiero ser reconocido como el bajista de Nixie Bauer… que como el primo del guitarrista de Megadeth – sonrió Jerry ampliamente.
– Ya está dicho, seremos miembros de Nixie Bauer – me miró seductor el maldito guitarrista.
Sonreí de media luna, encogiendo mis ojos, era un lindo gesto de personas que recién estaba conociendo; me sentí comprendida de cierto modo… se sentía bien ese apoyo de extraños y estaba todo listo para comenzar.
– Muy bien, entonces nos vemos mañana ¿si? Ya son las 22:00 horas y debo preparar a mis hijos para mañana… gracias por todo – les sonreí.
– No hay de qué, nos vemos mañana – sonrió Emily.
– Adiós – besó mi mano Freddy.
– ¡Gracias a ti! – rió Raptor… que sobrenombre.
Tomé mi saco y salí del galpón en dirección a mi casa, ya era tarde… las estrellas cargaba en mis hombros, los recuerdos sobreexplotaban mi mente; aunque todo marchaba bien, tenía el presentimiento de que algo iba a salir mal, la pregunta era… ¿qué?
Recordar que aún existo complica las cosas, saber que nada es para siempre hace que mi miedo sea permanente; me sofocan los recuerdos y buenos momentos que nunca más van a regresar…
Su voz me hacía olvidar todo, sus besos pasionales me decían que era la mujer más afortunada del mundo al tenerlo conmigo, tener sexo con él no era solo un gesto corporal, si no que era hacer el amor en todas sus letras; el placer era expresado en como acariciaba cada parte de mi cuerpo, en como me protegía incluso cuando dormía… él era perfecto.
– Te amo tanto y no me canso de decírtelo – sonreí acariciando su rostro luego de acabar el acto más maravilloso.
– Y yo te amo a ti, no sabes cuanto muñeca – besó la palma de mi mano.
Tantas cosas tuvieron que pasar para darme cuenta que mis errores habían sido preocuparme por los demás, de olvidarme que yo también tengo una vida… y aunque no me guste, debo participar en ella.
Pasaban los días y no tenía noticias ni nada sobre los chicos allá en Estados Unidos, yo seguía acostumbrándome a los cambios, los que poco a poco fueron limpiando mi mente.
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