sábado, 28 de mayo de 2011

Chapter 25.

Una cálida respiración en mi nuca, un pecho reposando en mi espalda, un brazo pesado y caluroso rodeando mi cintura y una pierna aprisionando las mías, era el panorama cuando desperté; mis ojos fueron cegados por la luz del sol de las 17:00 que entraba por la ventana junto a la cama, unas ganas de seguir allí me venían bien, pero algo no estaba bien... él no era Richard.

Me giré sin quitar su brazo de mi desnudo cuerpo, aprecié sus dientes blancos y perfectos através de su boca semiabierta, me gustaba ese piercing bajo su labio justo al centro, también la argolla en su nariz en el mismo sitio que la mía y sus patillas... dios, eso lo hacía único. Un escalofrío sin sentido provocó que se me pusiera la piel de gallina, rodeé su torso con mi brazo derecho y me acurruqué en su pecho desnudo y tatuado, su mentón se apoyó en mi cabeza y sus manos presionaron mi espalda con pasión, lo que me asombró.

– ¿Qué sucede? – susurró recién despertando.
– Tengo frío – susurré cerrando mis ojos.

Apoyé mi mejilla en su pecho bien marcado, presionó con fuerza sus manos en mi espalda pegándome a él volviendo nuestros cuerpos solo uno. Besó mis cabellos al mismo tiempo que masajeaba mi tatuada espalda para darme calor, todo iba bien... me sentí mejor hasta que oímos a Richard.

– Dero... ¿estás ahí? – preguntó tocando a la puerta.
– Mierda... – murmuré apretando la espalda de mi acompañante.
– Tranquila... – tomó mi cabeza y la apoyó en su pecho.

El corazón lo tenía en la garganta, estaba imaginándome lo peor y Dero se puso de pie junto a la cama.

– Sí, estoy aquí

Me senté en el centro de la cama tapando mis pechos con la blanca sábana, miré a Dero tragar saliva con la complicada situación.

– ¿Has visto a Connie...? – preguntó desde afuera.
– Sí, salió... a reunirse con... – me miró pidiéndome un nombre con señas.
– ¿Con quién?

Con los labios le decía Jhonny.

– Con Corey – dijo Dero.
– ¿Con quién? – gritó disgustado Richard.

Me tapé la cara con la mano, era el nombre menos indicado, con señas le dije que inventara cualquier nombre.

– No, con Lucía... – rió.
– ¿Qué Lucía? – preguntó.
– Pues que se yo... – me sonrió Dero.

Mordí mi labio preocupada con todo esto, mi esposo quedo conforme y salió a no se donde; Dero se colocó su ajustado boxer y se sentó junto a mi, besó mi hombro con delicadeza y me miró con ternura.

– ¿Qué pasará ahora? – lo miré preocupada.
– No lo sé – sonrió.

Apoyó su cabeza en mi hombro y acaricié sus cabellos con mi nariz; sentí llegar a Teresa con los niños y me levanté, busqué mi ropa y me vestí mientras Dero me miraba atento sonriendo.

– ¿Qué miras? – reí.

Se levantó aún con tan solo su boxer y con suavidad volvió a besarme como solo él sabe besar. Sonreí mientras él también lo hacía, salí de la habitación como si nada hubiera pasado y me encontré con la chica de los ojos verdes sonriéndome.

– ¿Cómo estás Teresa? – Reí para disimular.
– El señor Richard la estaba buscando – me miró extrañada.

En eso salió en ropa interior Dero dejando notar su bien marcada entrepierna, sonrió como siempre lo hace sin incomodarse mientras Teresa nos miraba a ambos.

– Hola – sonrió orgulloso.
– Hola – dijo riendo Teresa.
– Dero vístete, tengo hijas – lo miré avergonzada.
– ¿Qué tiene de malo? A ti te gusta verme así – sonrió de costado.

Este no era el momento de ser tan directo ni sincero, Teresa ya se había dado cuenta de todo lo que estaba pasando; rió y siguió haciendo sus cosas, en eso se abrió la puerta... era Richard, quien me miró extrañado.

– Hola amor – se acercó haciendo una mueca con sus cejas.
– Hola – sonreí segura de mi misma.
– ¿Cuándo llegaste? – sonrió besando mi cabeza.
– Acabo de llegar, me trajo Mischa – lo miré nerviosa.
– ¿Cómo? Mischa no está en casa – me miró poco conforme.
– Es que me dejó en la otra cuadra – reí.
– ¿En qué momento entraste? Yo estaba afuera fumando – no estaba convencido.
– Entré por atrás... – dije seria.

Me miraba dudando, no creía en lo que decía y eso me estaba complicando; Richard se dio cuenta que Dero estaba en ropa interior y se extrañó aún más.

– ¿Y tú que haces desnudo? – lo miró un poco disgustado.
– No estoy desnudo... ¿Quieres verme desnudo? – rió Dero.

Richard y todos los presentes rieron mientras yo necesitaba estar sola. Dero entró en su habitación y yo camine a mi estudio para estar más tranquila, mi esposo me siguió sin que yo me diera cuenta de ello y solo me percaté de su presencia cuando se cerró la puerta atrás de mí; me senté y lo miré boquiabierta.

– ¿Dónde fuiste...? – me miró melancólico.
– A ver a Lucía... – susurré apenada.
– ¿Quién es Lucía?
– Una productora – dije serena.

Hizo una mueca con sus labios que hizo pensar que me creyó, se sentó frente a mi y me miró complicado.

– ¿Qué pasa? – lo miré.
– Rammstein sale de gira mañana... – murmuró.

La noticia me llegó mal, era un golpe duro...

– ¿Qué? – dije apenada.

Tomó mis manos y las besó, sus ojos se quebraron ante mí.

– Prometo que te llamaré todos los días, sabrás de mi... lo prometo mi amor – dijo casi en silencio.

No quería que se fuera, ahora más que nunca lo necesitaba conmigo; nuestro matrimonio reciente y todo este asunto del embarazo me tenían débil, sumándole la presión de aquel homicidio y la presencia de Dero en la casa... no sabía lo que podía pasar, mucho menos sin él aquí. No sentí tristeza ni miedo, pude vivir sin él suficiente tiempo, lo que me molestaba era el hecho de que no me avisara antes... eso me disgustó.

– Pues vete – lo miré indiferente.

Me miró asombrado con mi reacción, su cara lo demostró.

– Me iré de todos modos... – frunció el seño.
– ¿Para eso me seguiste hasta aquí?
– Pensé que te importaría – dijo enojado.
– Claro que me importa... pero si ya está tomada la decisión ¿para qué perder mi tiempo? – dije enojada en alemán.

Comenzamos a discutir en su lengua natal, él se alteró y se puso de pie al igual que yo, comencé a alzar mi voz mientras apoyaba mis manos en el escritorio... sus cejas demostraban un disgusto del cual yo formaba parte, sensaciones buenas y malas me corroían por dentro, no me gusta pelear con él porque siempre termino insultándolo. Entre tanto griterío en alemán, interrumpió Dero parado en la puerta, quién comenzó a mirarnos extrañado.

– ¿Qué pasa aquí? – dijo riendo.

Lo miré con disgusto, volví a mirar a Richard y decidí salir, choqué con el hombro a Dero sin querer, bajé las escaleras y corrí a mi auto que estaba en el garaje; manejé sin rumbo toda la tarde hasta llegar a un bar que no sabía que existía. Me senté en la barra.

– Un gran vaso de... agua – suspiré recordando mi embarazo.

El tipo me entregó lo que le pedí amablemente, lo bebí aún alterada y sentí que sonó mi teléfono.

– ¿Quién mierda es? – dije desanimada.
¡Pero que manera de contestar! – decía Mischa.
– ¿Qué quieres? – bufé.
Creo que debemos hablar... ¿dónde estás? Pasé por tu casa y nadie sabe de ti – dijo extrañada.
– ¿Cómo se llama este bar? – le pregunté al tipo de la barra.
– Bar Éxtasis – sonrió educadamente.
– Estoy en el bar Éxtasis, por la calle Johnson
Bien, no te muevas de allí – cortó.

Guardé mi teléfono y acabé mi asquerosa agua, iba a extrañar demasiado el sabor del Vodka y el Whiskey en mi boca; pasó una media hora para que Mischa al fin apareciera, se sentó en una mesa y yo la seguí.

– ¿Qué pasa? – me miró preocupada.
– Peleas con Richard... Rammstein sale de gira mañana – bufé.
– Vaya... Him se fue hoy – me miró apenada.
– Tengo miedo Mischa – la miré preocupada.
– ¿De qué? – se extrañó.
– Estoy sintiendo cosas que antes nunca había sentido... por Dero – susurré.

Me miró asombrada y se quedó sin palabras.

– Estoy arrepintiéndome de haberme casado – miré por la ventana.
– Yo también, me pasa lo mismo con Corey... todo se está complicando – bufó.

La miré boquiabierta ¿había escuchado bien? No lo creí.

– ¿Corey...?

Me sonrió nerviosa.

– No te lo había dicho... lo siento – se excusó.
– Habiendo millones de hombres tienes que estar acostándote con ese canalla... – reí sin creerlo.
– Son cosas que pasan – rió levantando sus cejas.
– ¿Desde cuando?
– No lo sé, quizá hace unos meses – hizo una mueca con sus labios.

No podía creerlo, él es el padre de mi hija, un sujeto que tiempo después fue mi amante... y ahora resulta ser el amante de mi hermana, me disgustaba un poco ya que era un mentiroso, pero no podía entrometerme.

– Vaya... – sonreí complicada.
– ¿Y qué harás ahora?
– No lo sé... estoy muy complicada, ya quiero el divorcio... – bufé melancólica.
– Vamos Nixie, no estarás hablando en serio... – me regañó.
– Hay rumores Mischa, y estoy tan confundida...

Suspiró y me miró preocupada, guardó silencio y se incomodó.

– ¿Qué pasa? – la miré enojada.
– Es cierto, Richard si va a tener otro hijo... – cerró los ojos.

Mis ojos ardieron, mi cabeza volvió a doler y no quería creer lo que acababa de escuchar.

– Lo suponía... – murmuré apoyando mi cabeza de costado en la mesa.
– ¿Qué piensas hacer?
– Nada, no haré nada... cada vez las desilusiones son peores... – la miré enojada.
– Si lo dices por Corey, yo... – tartamudeó.
– No digas nada, tu puedes hacer lo que quieras... – la interrumpí.

Me miró apenada mientras me iba de ese maldito bar, subí a mi auto criticándome por seguir siendo tan tonta, la amargura apretó mi pecho mientras en mi mente se repetía la imagen de sus labios diciéndome que todo iba a estar bien, que las cosas habían cambiado, que no cometería los mismos errores, cuando en verdad era yo quien cometió el gran error de aceptar su compañía nuevamente. 
Encendí el motor y partí al lugar en donde solemos ensayar con los chicos; ya era tarde... el sol se había escondido, entré al lugar y me senté en la orilla del pequeño escenario, había unas tenues luces que le daban un poco de iluminación a lugar y eso llamaba mi atención.

– Todo siempre termina mal... – cerré mis ojos respirando.

Me dejé caer sobre el escenario para mirar el techo y poder pensar las cosas, más calmada, comencé a cantar recostada con una melancolía que haría llorar a cualquiera que la escuchara, mi estado de ánimo estaba en el subterráneo y cantando esto no se elevaba precisamente.


– Está mal que se lo hayas ocultado ¿sabes cómo se siente? – decía enojada Mischa.
– Se lo diría más adelante... – bufó Richard.
– ¿Y por qué no ahora? ¿Qué no entiendes que ella está sufriendo? – lo miraba desde el sofá alterada.
– No sabía como decírselo, siquiera se si hoy vendrá a dormir...
– Claro que no lo hará, sabes como es – bufó Mischa.

El alemán se sentó junto a ella y Mischa lo miró disgustada.

Creo que se apresuraron en casarse...
– Yo la amo y eso es lo único que me importa...
– Sí, pero hay otra mujer esperando un hijo tuyo – dijo enojada.
– ¿Y qué puedo hacer? Hasta unos meses atrás no estaba seguro de que volvería a estar con tu hermana... – se cubrió el rostro con sus manos.
– Pero si estaba en tus planes reconquistarla, no habrías embarazado a otra ¿no crees? – bufó.

Permanecieron en un silencio que fue interrumpido con la presencia del visitante.

– ¿A dónde vas tú a esta hora? – preguntó Richard.
– Tengo que resolver unos asuntos – rió sexy como siempre lo hace Dero.

Salió de la casa acabando con la conversación que existía entre Richard y Mischa.


– Qué triste... – susurró Andréu parado en la puerta oyendo mis cantos.
– Pues así me siento – respondí sentándome otra vez en la orilla.
– ¿Y eso por qué?

Caminó hasta el escenario y se sentó junto a mí, mirándome con sus azules ojos.

– Mi casa, mi interior... tantos líos – lo miré apenada.
– Todo tiene solución cariño – me sonrió dándome ánimo.
– No estoy creyendo en eso últimamente – dije seria.
– ¿Y qué haces aquí tan tarde?
– Vine a pensar... – bufé.
– Entonces te dejo pensando, solo vine a buscar un cinturón que olvide el otro día...
– Está bien...

Me sonrió, besó mi cabeza y se marchó dejándome sola una vez más; hice sonar mis nudillos y sonó mi teléfono, era Richard... lancé el celular contra una pared haciendo que se destruyera por completo.

– No sigas jodiéndome – dije entre dientes.

Cerré mis ojos dejando caer unas silenciosas lagrimas, las que sequé casi de inmediato; no quería sufrir otra vez de lo que me había escapado hace años, los fríos y duros recuerdos volvieron a aparecer en mi retorcida mente, haciéndome caer en un vacío interior. Sentí abrirse la gran puerta del recinto y a alguien entrar pero no me di el tiempo de abrir los ojos ni mucho menos levantarme para ver quien era; unas cálidas manos tocaron mis tobillos para llamar mi atención, y así lo hizo... me senté para mirar sus profundos ojos que me miraban sonrientes.

– ¿Qué haces aquí...? – sonrió seductor.
– ¿Qué haces tú aquí? – me extrañé.
– Pues te estaba buscando y mira, te encontré – sonrió.

Lo miré indiferente, no tenía ánimo para estas cosas.

– ¿Cómo me encontraste?
– Pues afuera está el único Lamborghini Diablo doble cabina del mundo, y adivina algo... tú eres la única que tiene uno – dijo irónico.

Usó su fuerza para jalar mis piernas trayéndome hasta él, su pelvis chocaba con el borde del escenario y mis piernas quedaron al costado de sus caderas, él sonreía mientras lo miraba apenada.

– ¿Qué pasa mi muñeca?

Acarició mi mejilla con su mano mientras la desesperación volvía a atormentarme.

– Dero... vete – susurré mientras rozaba su nariz con la mía.
– ¿Por qué?

Guardé silencio cerrando los ojos para disfrutar de sus caricias.

– Estoy sintiendo cosas por ti cosas que no son buenas... – apreté mi mandíbula.

Abrí mis ojos y los suyos me miraban atentos, él sonreía.

– ¿Qué cosas? – susurró.
– Creo que me estoy enamorando... – cerré los ojos respirando profundo.

Sus labios hicieron contacto con los míos lentamente mientras mis ojos lloraban, quité sus manos de mi rostro y dejé de besarlo.

– ¿Qué no entiendes que eso es malo? – lo miré apenada.
– ¿Por qué? – se extrañó.
– Ambos estamos casados... con otras personas, todo esto está mal Dero – susurré con un nudo en mi garganta.
– Tú... tienes problemas con Richard y yo con mi esposa... huyamos – sonrió motivado.
– Pero que estupideces estás diciendo – reí.

Tomó mi rostro entre sus grandes manos y chocó nuestras frentes con cuidado, sus ojos impactaban a los míos con tal fuerza que me cohibían.

– Vamos, no tenemos nada que perder... – volvió a sonreír.
– Richard se va mañana de gira, tendremos tiempos para conversarlo... – sonreí.

Aceptó la idea y volvió a besarme, su pasión era única, la manera en que me entregaba su respiración era especial; no eran como esos besos desesperados y frenéticos, sino que cuidadosos y cálidos, su boca se abría y cerraba lentamente dejando pasar su cálida lengua que hacía contacto con la mía de una manera única. Sus manos sostenían mi rostro para que no me alejara mientras que las mías sujetaban los broches de su abrigo.
Nos mantuvimos así un buen y largo rato, hasta que me dio frío.

– Quiero irme... – susurré en sus labios.
– Vamos – sonrió.
– No quiero ir a casa... – lo miré melancólica.
– Vamos a un hotel si quieres – me dio su abrigo.

Asentí mientras me abrigué con su gran saco negro, subimos al auto y nos dirigimos al hotel más cercano, uno de buena calidad. 
Nos registramos y subimos a la habitación indicada, nos pusimos cómodos y sonó el teléfono de Dero.

– Dero, ¿dónde estás? – decía Richard.
– ¿Sabes? He conocido a una gran chica y pasaré la noche con ella... nos vemos mañana – rió Dero.
– ¿A qué hora llegaras?
– ¿A qué hora te vas?
– A las 08:00 – suspiró.
– Veré, si despierto temprano me apresuró a verte, si no, nos vemos cuando regreses hermano
– OK, buenas noches.
– Adiós – cortó.

Se quitó la ropa y se recostó junto a mí, me abrazó acariciando mis cabellos mientras yo por dentro agonizaba pensando en las malas decisiones que podía tomar, pensando en la rabia que ahora tenía. Un futuro incierto se estaba aproximando más rápido de lo que me estoy dando cuenta.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Chapter 24.

El recuerdo de aquel asesinato seguía entre mis memorias, la culpa de la muerte de una desconocida era mi delito. El sujeto se estaba acercando a mi auto y yo entré en pánico, encendí el auto y choqué al que estaba atrás; me fugué en dirección al aeropuerto. 


Sinceramente no sabía que hacer y solo recordé que hoy llegaba Dero. Estacioné el auto y permanecí adentro un largo rato sintiendo como el calor de un asesinato asechaba el aire que respiraba; mi respiración seguía agitada y apoyé mi frente en el volante.

Los motores de los aviones que despegaban y llegaban era lo único que oía, todo se calmó poco a poco; un golpe en mi ventanilla me hizo saltar, era un maldito policía...

– ¿Está bien señorita? – preguntó mirándome extraño.

Asentí agitada y este se fue, miré por el espejo y vi como se marchaba, miré la hora: 10:40.  No sé que hacía aquí, no sé a que hora llegaba Dero ni mucho menos en que vuelo venía, fue una estupidez haber venido.

– Esto en realidad no está pasando...

Repetí una y otra vez golpeando mi cabeza con el volante. Recordé algo y encendí el motor, partí a toda velocidad en dirección de la casa de Bytha con Rammstein en la radio; los edificios gigantes que hacían de paisaje me hacían sentir diminuta, lo que me volvía frágil y vulnerable.

Estacioné el auto afuera de su gran casa y toqué el timbre acelerada, me abrió su sexy esposo que me miró coqueteándome, no estaba de humor para esas cosas.

– ¿Está Bytha? – fruncí el seño.
– Si... ¿por qué? – preguntó saboreándose los labios.

Enojada entré a su casa a la fuerza, subí las escaleras para llegar al dormitorio en donde ella estaba; conocía su casa y no tenía mala memoria.

– ¿Qué haces tu aquí? – gritó poniéndose de pie.
– ¿Tienes las fotos de hace cinco años? – grité alterada.
– ¿Qué fotos? – frunció el seño irónica.
– Sabes de lo que hablo Bytha – la miré disgustada.
– Ah... esas fotos, sí las tengo ¿por qué Bauer? – rió.
– Dámelas – dije enojada.
– No tengo porqué...
– Dámelas o soy capaz de buscarlas a mi manera – encogí mis ojos.
– Pues búscalas, dudo que las encuentres – rió sentándose en la cama.

La miré enojada y comencé a abrir cajones y muebles lanzando toda la ropa por todas partes; Bytha se disgustó y comenzó a gritarme pero yo no la estaba escuchando.

– Dime donde están y te dejo en paz – la miré con ira.
– ¿Para que las quieres? – me miró enojada.
– Eso no te interesa – seguí buscando y desordenando.
– Mamá... ¿qué pasa? – preguntó la pequeña de Bytha.
– Nixie estás asustando a mi hija, ¡vete de aquí! – dijo serena.
– ¡No me iré sin esas fotos! – toqué su pecho con mi dedo.
– ¡Bauer sal de mi casa! – gritó.
– ¡Si quieres que me vaya dame las putas fotos! – grité en su rostro.

En eso llegó su esposo quién miró asombrado la situación y la habitación desordenada.

– ¿Qué pasa aquí? – preguntó asustado.
– Fito llévate a Nixie, está asustando a Lisa – dijo Bytha dando una orden.
– Dame las fotos maldita perra – dije entre dientes.
– Irrumpes en mi casa a las 10 de la mañana, desordenas todo ¿Y más encima me insultas? ¡Vete Bauer! – gritó.

El enojo que tenía era incontenible, necesitaba las fotos.

– Dámelas o me veré obligada a golpearte – susurré.
– Anda, golpéame, atrévete – me provocaba.
– Nixie, creo que sería bueno que te fueras – dijo asustado su esposo.

Odio que me provoquen, más aún sabiendo que si soy capaz de hacerlo... con una fuerza desde mi interior golpeé en la nariz a la susodicha.

– ¡Dame esas fotos Bytha! – grité una vez más.
– ¡Nixie! – gritó William.
– ¡Sácala de aquí! – gritó tapándose la nariz ensangrentada.

Me tomó del brazo y me sacó a la fuerza mientras le exigía a Bytha aquellas fotos con gritos, los vecinos me miraron extraño, Fito no quedó tranquilo hasta que subí a mi auto. El dolor en mi cabeza me atormentaba, encendí el motor y partí a mi casa con un temblor en mis manos; la rabia que tenía en mi interior me dominaba, de una u otra manera debía obtener esas fotos...

Guardé el auto en mi garaje y me quedé dentro de este un buen rato respirando profundo para poder tranquilizarme, tenía un vacío en mi estómago y debía comer, bajé del auto y entré a la casa. Caminé a la cocina y cuando abrí el refrigerador una voz provocó en mí un escalofrío.

– Miren quién llegó... – rió.

Cerré la puerta del refrigerador y me giré lentamente, en el sofá vi a Dero sentado junto a Richard; los miré boquiabierta, ese hombre hacía hervir mi sangre... era como Richard, pero más joven, era más agresivo y más atrevido, eso... me volvía loca.

– ¿Dónde estabas? – preguntó riendo Richard.
– Fui a dejar a los niños a la escuela – sonreí nerviosa e incómoda.
– Que buena madre eres – sonrió Dero.

Reí discretamente, los nervios los tenía de punta y con Dero presente no podía manejarlos precisamente; me giré para servirme cereal dándoles la espalda a los chicos.

– Iré a buscar unos documentos donde Andréu, ya vuelvo – dijo antes de salir Richard.

No le respondí, no era necesario. Eché leche con mi mano temblorosa sobre el cereal, cuando sentí un cinturón chocando con la parte baja de mi espalda, su mano acarició la mía y su mentón se apoyó en mi hombro derecho.

– ¿Por qué no me saludaste? – susurró.

Un escalofrío invadió todo mi cuerpo, la saliva raspó mi garganta al tragar y su mano seguía sobrepuesta en la mía.

– Porque tengo hambre... – susurré.

Esa respuesta fue idiota, no tenía sentido con lo que esta ocurriendo, él rió casi en silencio y pudo notar mi nerviosismo.

– Yo puedo prepararte algo... – susurró con su voz varonil mientras jugaba con su nariz entre mis cabellos.

Cerré mis ojos disfrutando de su respiración en mi nuca, poniéndome nerviosa al chocar mi trasero con sus muslos y entrepierna; con sus manos pegó mi trasero a él, posó sus manos en mi cintura.

– No hagas esto... – susurré disfrutando de sus besos en mi cuello.

Sonrió y posó sus manos en mi vientre, mordió levemente el lóbulo de mi oreja.

– Supe que serás madre... – susurró.
– Sí, también me casé... – suspiré y eché mi cabeza hacía atrás.

Rozó su mejilla con la mía, sus patillas me hacían cosquillas pero se sentían bien.

– Ya lo sé, Richard me lo dijo todo – besó nuevamente mi cuello.
– Richard... – reaccioné.

Quité sus manos de mi estómago, tome el plato con cereal y me senté en el sofá a comerlo, Dero rió y se sentó junto a mí para hacerme compañía.

– No me llamaste para mi cumpleaños – rió.
– Ni tú para el mío – dije con la boca llena.
– Vine a buscar mi regalo... – me miró con los ojos cansados.

Sonreí sin evitarlo, este tipo si era atrevido, me encantaba eso pero no podía dejar que eso ganara; me miraba fijo y yo a él, entró Richard y acabé de comer, me puse muy nerviosa y salí a la casa de Mischa acelerada, dejando adentro a los dos alemanes extrañados. 
Toqué a la puerta y me abrió el finlandés.

– ¿Está Mischa? – pregunté agobiada.
– Claro, pasa – dijo sonriente.

Me dejó entrar y la esperé en la sala jugando con mis dedos, apareció luego de unos minutos, me abrazó preocupada.

– Tengo que hablar contigo... – la miré cansada.
– Vamos arriba – levantó una de sus cejas.

Subimos a su escritorio en donde suele componer, entramos y se sentó mirándome atenta mientras yo caminaba de un lado a otro tocándome la cabeza.

– Dime ¿qué te pasa? – dijo extrañada.
– ¿Recuerdas el secreto que teníamos Max y yo? – la miré desesperada.
– Nunca quisieron decírmelo – bufó levantando las cejas.
– Cierto, bueno... ¿recuerdas cuando casi mato a Bytha?
– Si lo recuerdo, hace cinco años... – me miró curiosa – ¿Por qué?
– Bytha tiene unas fotografías... que tengo que eliminar... necesito tu ayuda – me senté junto a ella.
– ¿Qué tienen esas fotos? ¿Por qué las quieres tanto? – me miró.

Tragué saliva bruscamente y el dolor en mi cabeza volvió a aparecer.

– Esas fotos me culpan de un asesinato – la miré seria.

Sus ojos se abrieron más que de costumbre, me miró con una mueca extraña en sus cejas y con la boca semiabierta.

– Pero tu eres inocente... ¿cierto? – pestañeó lentamente.

Miré el suelo esquivando sus ojos.

– Respóndeme Nixie... – susurró.
– No Mischa, no soy inocente... – la miré seria.

Me miró boquiabierta tocando su cabeza con las manos sin poder creerlo.

– ¿Por qué no me lo dijiste antes? – frunció el seño.
– No lo sé... el único que lo sabía era Max y se llevó el secreto a la tumba....
– ¿Y cómo hiciste para no estar en prisión...? – me miró extrañada.
– Era una noche allá en Texas, perdí el control del auto y arrollé a una mujer, la lancé entre los pastizales... cuando bajé a verla estaba destrozada, agonizó frente a mis ojos...
– ¿Y qué sucedió?
– Nada, subí al auto y huí; en ese tiempo Bytha había contratado a unos sujetos para que me siguieran y tomaran fotografías de todo lo que hacía, sin querer fotografiaron el echo... – suspiré.

Caminó de un lado a otro tocándose la frente sin poder creer lo que oía.

– ¿Quién más sabe sobre esto? – me miró extrañada.
– Nadie, sólo tú... – la miré sin mucho que decir.
– ¿Cómo no te han descubierto...? – se volvió a sentar junto a mi.
– Pues era una carretera, el cuerpo fue encontrado solo por coincidencia... nadie sabía quien fue el culpable, mucho menos que fui yo – sonreí recordando.
– Si nadie lo sabe... ¿por qué quieres las fotos? – susurró sin entender.
– Hoy en la mañana... cuando dejé a los niños en la escuela, me encontré con el esposo de aquella mujer, y si Bytha lo sabe... puede darle las fotos – la miré preocupada.
– ¿Cómo sabes que es su esposo?
– Eso no importa... – la miré seria.
– Mierda Nixie, estás metida en un gran lío... – me miró con sus cejas levantadas.
– Más encima cuando volví a casa me encontré con Dero... – cubrí mi rostro con mis manos.
– ¿El sujeto sexy de Oomph?
– Sí, el mismo...
– Vaya, esto si parece una película – rió.
– Ahora tengo miedo de que el sujeto le haga algo a mis hijos – susurré.
– ¿Él sabe que tu mataste a su esposa?
– Algo así, Bytha le dijo que yo la mate, pero nunca le mostró las fotos... por lo que no está seguro, aún así soy la única en su lista de sospechosos... – bufé.
– Ahora tengo que salir ¿te parece si más rato paso a verte? – me tomó el hombro.
– Está bien, gracias por escucharme hermana – sonreí.
– Cuídate y ten cuidado con Dero – rió.
– No sé cuando pueda soportar con esos dos sexys hombres en mi casa – reí bajando por las escaleras.
– Sólo intenta que Richard no se entere – susurró guiñándome un ojo.

Aquellos consejos de mi hermana me hacían sonreír, me hacían ver las cosas más simple de lo que en verdad era. Me dejó en la puerta, me abrazó y volví a mi casa; encontré a los dos bebiendo y fumando, para variar Richard ya estaba pasado de copas... algo olía raro.
Sonreí mientras Dero lo llevó al dormitorio, me senté en la mesa de la cocina a beber jugo más tranquila, junto a mi se sentó él después de un rato.

– ¿Dónde fuiste? – rió.
– Donde Mischa, necesitaba hablar con ella – sonreí relajada.
– Me quedaré unos días aquí, hablé con Kruspe y ya lo tenemos arreglado, no te molesta... ¿o si? – preguntó lamiendo desde mi codo hasta mi hombro.

Lo seguí con la mirada mientras sonreí sin contenerme.

– ¿Planeaste emborrachar a Richard para eso no? – reí.
– Y funcionó ¿sabes? A veces me sorprendo yo mismo – sonrió rozando s nariz con la mía.
– ¿Cómo está tu esposa? – reí.
– No hablemos de ella ahora – sonrió acercándose a mí.

Miré al frente dejándolo frente a mi mejilla, reí.

– Quiero saber como está – sonreí.
– Vamos, no te hagas la difícil muñeca... – sonrió con sus ojos cerrados besando mi mejilla.

Era cierto, quería besarlo, pero hubieses preferido que las cosas hubieran sido normales, estaba mi hombre en casa y no me gustaría que me descubriera en algo como esto.

– Estoy cansada Dero, no sigas... – cerré mis ojos.
– Yo puedo hacer que te relajes...

Con la punta de sus dedos tomó mi mejilla y giró mi rostro para besarme, no me negué al choque de labios, un cosquilleo se hizo presente en mi vientre; casi tímidamente su lengua hizo contacto con la mía provocando un escalofrío en todo mi cuerpo. Su mano sostenía mi mentón mientras nuestras bocas se abrían y cerraban dejando pasar un aire caliente que robaba mi alma desde lo más profundo, mi cuerpo se sentía maravillado, el sujeto sabía como besar, sabía como provocar en mí reacciones escondidas.

– En cualquier momento llegará Teresa... – susurré en su boca.

Sonrió poniéndose de pie para llevarme a un cuarto para las visitas que quedaba junto a la cocina, el cuarto en donde el iba a dormir estos días; su respiración lenta y profunda me atraía más a él, sus manos no tocaban otra zona que no fueran mis cabellos. 
El dolor de cabeza se estaba apagando...

domingo, 22 de mayo de 2011

Chapter 23.

Amaneció. Richard llevó a los niños al colegio en la mañana para no molestarme.

– Buenos días ¿cómo dormiste? – sonreía leyendo el periódico sentado junto a mi.
– Aún tengo sueño – reí con los ojos cerrados.
– Mañana vendrá Dero – dijo leyendo.
– ¿Mañana?
– Si, quiere arreglar unos asuntos...
– Todo estará bien mientras no comiences a discutir sobre el video – lo miré seria.

Guardó silencio y siguió leyendo; Dero era uno de sus mejores amigos y hace algún tiempo él quiso que participara en uno de los videos de “Oomph!” en dónde mi rostro era oculto por un antifaz y tenía relaciones con Dero, no consultamos con Richard aquel asunto y eso hizo que se enfureciera, creando líos. Me levanté y fui a darme un baño, permanecí parada debajo de la regadera varios minutos, pensando bajo el agua caliente. Salí de la ducha y me vino un mareo fuerte, me sujeté del lavamanos para no caerme, fue extraño; acabé de secarme y me vestí.

– ¿Qué te pasó? – preguntó Richard mirándome preocupado.
– ¿Por qué? – me extrañé.
– Estás pálida, más que de costumbre... – se levantó y me tocó la frente.
– Tuve un mareo, pero no me siento mal – lo miré con miedo.
– Vamos al medico... – me tomó la mano para llevarme abajo.

Tomó su saco y le avisó a Teresa que íbamos a médico, subimos al auto y partió a la velocidad de la luz.

– Tengo hambre Rich... – hice puchero mirándolo conducir.
– Cuando lleguemos a la clínica comerás algo – sonrió mirándome de lado.

En unos pocos minutos llegamos, Richard estacionó el auto junto a los otros del lugar y entramos calmados.

– ¿Está el doctor Smith? – preguntó en el mesón.
– Si, ahora está con unos pacientes... ¿tiene cita con él? – preguntó la señora.
– Dígale que quiero hablar con él – sonrió.
– Está bien, tome asiento para esperarlo...

Richard asintió y me llevó a los asientos tomada de la mano, esperamos un buen rato. Me distraje mirando a los hombres de capa blanca pasar de un lado a otro con tablillas en sus manos, unos pequeños niños me saludaban con sonrisas que yo correspondía; salió el doctor y Richard fue a hablar con él mientras yo los miraba sentada. El doctor entró en su oficina y Kruspe me hizo una señal para que lo siguiera, entramos y saludé al anciano antes de que me examinara, le relaté los síntomas que había tenido y me dio un aparato.

– Ve al baño y pruébalo – susurró en mi oído.

Lo miré e hice caso, no quise ver la respuesta y se lo di al doctor cuando volví, me senté nuevamente junto a mi hombre y ambos miramos atentos al sujeto.

– Bueno Constance... claramente estás embarazada... – me sonrió.

Una felicidad sin sentido se apoderó de mí, la sonrisa en mi rostro apareció por arte de magia, miré a Richard que sonreía como un niño.

– ¿Cuánto tiempo tiene? – preguntó eufórico Richard.
– Unas cinco semanas mas o menos – sonrió mirándome el doctor.

No podía creerlo, el tiempo avanza más rápido de lo que creemos; el año pasado perdí un bebé y me dijeron que demoraría en recuperarse mi cuerpo como para volver a fecundar. Era una gran noticia, me encanta ser madre, me encantan mis hijo más aún teniendo a mi lado un gran padre.

– ¿Hasta cuando puedo seguir con los conciertos? – pregunté ansiosa.
– Pues a los 3 meses el sonido puede ser dañino para la criatura, te recomendaría que no dieras conciertos hasta que el bebe naciera, pero como tu vives de eso... podrás conciertos hasta que cumplas las 10 semanas y eso no sería riesgoso – dijo sonriente.

Me dio recomendaciones para llevar un embarazo sano, salimos de la oficina y Richard me abrazó llorando emocionado, sonreí cerrando los ojos mientras me levantaba a su altura.

– ¡Seremos padres mi amor! – dijo entre llantos.

Besé su mejilla feliz, compartir mi vida con este hombre era maravilloso, y que él fuera el padre de mis hijos aún más.

– Casémonos ahora mismo – tomó mi rostro entre sus manos y me miró con sus ojos cristalinos.

Sonreí, me gustaba ese tipo de impulsos pero yo quería una ceremonia linda como la de nuestro primer matrimonio.

– ¿Y la ceremonia?
– Ya tuvimos una, no importa eso ahora... vamos, casémonos ahora mismo – sonrió.
– Está bien – sonreí emocionada.

Rió y de mi mano caminó hasta el auto, lo abordamos y fuimos al juzgado en donde trabajaba Mack, mi abogado.

– Llámalo y dile que nos espere en la entrada

Asentí y lo llamé, le dije lo que pidió Richard; llegamos y allí estaba.

– ¿Hay algún juez disponible? – preguntó.
– Creo que si, ¿por qué? – nos miró extrañado Mack.
– Queremos casarnos – sonreí nerviosa.
– ¿Ahora? – gritó.
– Si ahora, anda y ve si hay un juez disponible – rió Richard.

Mack rió y entró corriendo, se veía bien con su traje negro. Richard me miraba embobado y me encantaba, quería besarlo pero debía esperar, sonó mi teléfono era Mischa pero corté. En eso llegó Mack quien nos dijo que entráramos porque había un juez libre, ansiosos lo seguimos y vimos al tipo preparando el papeleo para unirnos en matrimonio, nos pidió datos importantes y comenzó con el discurso típico.

La emoción que sentía en mi interior era más poderosa que antes, imaginarme envejeciendo con el hombre que estaba junto a mí, era maravilloso, una sensación única y especial; su mano sujetaba lamía ansioso, la sonrisa en su rostro no desaparecía y eso me emocionaba más; el miedo de que todo fuera arruinado por alguna cosa como en nuestro matrimonio anterior, había desaparecido... estaba preparada para cualquier cosa.

– Acepto – sonrió Richard.

Lo mismo dije yo cuando me preguntaron si quería a este sensual hombre para compartir mi vida pase lo que pase... hasta que la muerte nos separe. Firmamos el contrato que demostraba ante la ley que estábamos unidos y el juez dijo la frase mágica.

– Ahora pueden besarse –

Mack aplaudía mientras Richard me besaba tomándome en sus brazos como en las películas, no me dejo caer, sus piernas nos mantenían en esa romántica pose; mi espalda arqueada sostenida por las manos del Alemán, sus labios abrazando los míos en un beso con pasión, su respiración pasiva era reposada sobre mi boca, era un momento bello que quería que fuese eterno.

Aquel 16 de Mayo mi vida comenzaba otra vez.

– Te amo mi vida – susurró mirándome a los ojos.

Detuvo el beso mientras que me abrazaba, salimos del lugar después de agradecer al juez y a Mack por el favor, cuando estábamos afuera Mischa volvió a llamarme y esta vez contesté.

– ¿Qué hay? - reí.
– ¿por qué diablos no me contestas? – dijo enojada.
– Porque estaba casándome – miré a Richard sonriendo.
– ¡Hija de puta! – rió Mischa.
– ¿por qué? – reí.
– Yo también me acabo de casar...
– Mentira.... – reí.
– En serio, juntémonos en el bar de Petter ¿si?
– Bien, nos vemos – sonreí y corté.
– ¿Qué paso? – me miró curioso.
– Mischa acaba de casarse – reí.

Me miró asombrado, sonrió y volvió a besarme, sonreí y rodeé su cuello con mis brazos mientras ponía sus manos en mi cintura.

– Te amo Rich – susurré.
– Y yo a ti Connie – sonrió.

Ese beso hubiera durado más, pero debíamos ir al bar de Petter para encontrarnos con los chicos; abordamos el auto y partimos. Llegamos y en el bar estaban todos los miembros de Nevinger y sus familias, incluso la viuda de Max.

– ¡Que vivan los novios fugitivos! – gritó Petter abriendo una botella de champaña.

Nos abrazaron todos y nosotros felicitamos a Mischa y Ville quienes nos copiaron la idea.

– ¡Tengo que anunciar algo! – gritó Richard haciendo sonar una cuchara con su copa.

Todos lo miraron atentos mientras Richard me abrazó con uno de sus brazos.

– ¡Va a nacer un nuevo miembro de la familia! – rió besándome.

Todos gritaron aplaudiendo, las chicas me abrazaron al mismo tiempo que los chicos alababan al alemán, esta fiesta era grandiosa pese a los matrimonios ocultos; el apoyo que sentí por parte de los chicos fue llenador, me sentía muy feliz.

– ¡Yo también voy a ser padre! – rió Ville gritando.

Grité asombrada y abracé a Mischa, era mucha coincidencia que nos casáramos el mismo día y que ambas estuviésemos embarazadas.

– ¿Alguien más está embarazada? – gritó Andréu riendo.
– ¡Yo! – gritó Petter riendo.

Todos reímos, el ambiente era acogedor y gratificante, risas, abrazos, amigos y familia; tenía a mis amigos, al amor de mi vida, tan solo faltaban mis hijos que estaban en la escuela. Pasamos una tarde agradable y a eso de las 17:30 con Richard volvimos a casa para contarles a los niños la noticia, Lilian quizá no lo entendería, pero Alexander con Cristal si. Llegamos y los encontramos comiendo galletas, nos sentamos junto a ellos y Teresa, les contamos sobre nuestro matrimonio con lujo de detalles, los niños se pusieron felices y Teresa nos felicitó. El tema del bebé tenía que hablarlo con ellos más adelante, cuando tenga panza...

Pasamos una tarde en familia, como hace mucho no lo hacíamos, ayudé a los niños con la tarea del colegio mientras que Richard jugaba a las muñecas con Lilian, se veía tan adorable como un buen padre.

Llegó la noche y arreglamos la casa ya que mañana recibíamos visitas; nos fuimos a dormir agotados, fue un día muy intenso.

– Lastima que no podemos celebrar la luna de miel... – susurró besando mi cuello.
– ¿Quién dice que no? – reí.
– No quiero arriesgar a la criatura mi amor, prefiero esperar... – sonrió quitándose la remera.
– Espero que puedas esperar – bufé.

Recordé cuando me engañó con esas prostitutas.

– Te esperaré porque te amo – susurró en mi oreja.
– Hace tres años también me amabas... – cerré los ojos.
– ¿Vas a empezar?
– Lo siento, pero no quiero volver a perderte – coloqué sus manos en mi vientre.
– No volveré a cometer el mismo error – suspiró besando mis cabellos.
– Buenas noches – sonreí.
– Buenas noches mi amor – rió.

Nos dormimos mientras que en la casa de Mischa si celebraban su luna de miel, quizá no como corresponde pero digamos que hubo un gran alboroto en su cama matrimonial.

– Te amo – susurró en los labios de Mischa el finlandés.
– También te amo esposo – rió Mischa cubriendo su desnudo cuerpo con la sábana.
– Estoy feliz con esto de ser padre – sonrió.
– Eso me hace muy feliz mi amor – sonrió emocionada.

Se acurrucaron para mantener su calor corporal, un día especial con noticias que llena sus corazones de una alegoría alucinante.
Amaneció en California, un sol de primavera viniéndose encima el verano; entre los brazos de aquel ser maravilloso abrí mis cansados ojos, aprecié cada centímetro cuadrado de su rostro frente al mío. Besé sus labios mientras él aún dormía, me levanté con cuidado para no despertarlo y bajé a ver a los niños que se preparaban para irse a la escuela.

– Buenos días tesoros – besé la cabeza de cada uno.
– Hola mami – sonrieron.

Sus rostros felices de verme me conmovían, no puedo creer que cada uno de ellos estuvo en mi interior nueve meses, ellos son por lo que sigo aquí... no puedo entender porqué crecen tan rápido, me duele cada vez que salgo de gira y los dejo, he perdido momentos maravillosos.

– Yo los llevaré hoy a la escuela –sonreí comiendo una tostada.
– ¿Segura? – me miró Teresa.
– Si, no te preocupes; ya no tengo sueño y no me molestaría dejar a mis hijos – sonreí.

Acabaron el desayuno y los llevé al auto, subieron y les abroché el cinturón de seguridad a los tres, iban felices al igual que yo, hace mucho tiempo que no los llevaba a la escuela en el lamborghini. Estacioné el auto y todos lo quedaron mirando, bajé a los niños y a Lilian la llevé en mis brazos porque estaba quedándose dormida; encontré a algunas personas conocidas que preferí no saludar, todos los adolescentes me miraban boquiabiertos. Dejé a Cristal y Alexander en sus salones y llevé a Lilian al jardín de infantes en donde me recibió la profesora, le di a mi hija ya despierta y cuando me giré para irme me encontré con aquel sujeto... con la persona menos indicada.

– Hola Nixie... – dijo apretando su mandíbula.

Mis ojos lo miraron fijo sin respuesta, mi respiración aceleró un poco y los recuerdos comenzaron a aparecer en mi cabeza, una jaqueca aplastó mi cerebro.

– ¿Qué pasa Nixie? – rió irónico.

“El frío, el silencio, un doloroso miedo nocturno entre aquellos pastizales abandonados; un grito tortuoso abarca el aire, sin respuesta a la terrorífica escena, ingresa al auto la persona culpable, encendiendo el motor a 215 Km./h dejando atrás aquella figura humana abatida por un grueso parachoques (...)”  

Negué con mi cabeza cerrando los ojos por el dolor, caminé ignorando al sujeto, quería irme... no podía quedarme allí. Corrí a mi auto estacionado mientras todos me miraban.

– ¡Asesina! – gritaba aquel tipo desde la puerta del establecimiento.

Subí al auto y choqué mi cabeza con la bocina del volante, haciendo que el ruido destruyera mis nervios.

– Esto no está pasando... – dije ahogándome en desesperación.

sábado, 21 de mayo de 2011

Chapter 22.

Llegó el segundo día; toda la noche se presentaron diferentes bandas y hoy nos tocaba otra vez pero con canciones que creamos con otras bandas. Era sábado y las bandas no descansaban, hubo presentaciones sin parar lo que nos tenía agotados a todos, pero estábamos disfrutando de todo. A eso de las 19:00 horas Nevinger entró en escena junto con Arch Enemy para debutar con la canción “Running to bleed”, canción que era planeada presentar junto con Polution, pero a Bytha le dieron los ataques de egocentrismo y con Ángela decidimos presentarla solas.

Dos baterías, cuatro guitarras, dos bajos y dos voces aterradoras, el publico gozaba y grataba dándonos una aprobación a esta agresiva canción, admito que yo no suelo cantar así pero Ángela quería un tema en donde mi voz fuera captada de modo diferente a como suelo cantar. Cuando se mezclaron los solos de guitarra de Mischa y Michael no podía creer lo que oía, era un sonido maravilloso y poderoso, cuando entrelazamos las voces con Ángela el público nos bañaba en aplausos y gritos, ambas moviendo nuestras cabezas haciendo volar nuestros cabellos cuando las cuatro guitarras se unían para sonar como ametralladoras melódicas, los bajos no se quedaban atrás, su participación fue admirable; y qué decir de las baterías, veloces y poderosas, teníamos a dos de los mejores bateristas del mundo.

Acabamos la canción y Ángela nos pidió que tocáramos “Carry the cross” como en los viejos tiempos, seguimos las dos bandas tocando algunas otras canciones del antiguo Arch Enemy, ese fue un espectáculo asombroso.

Bajamos del escenario y Slipknot subió a escena, con Arch Enemy mantuvimos unas palabras amigables junto al escenario, hasta que llegó Polution.

– ¿Por qué no me dejaron subir? – gritaba enojada Bytha.
– Ya sabes las razones – grité disgustada.
– Te perdiste una gran oportunidad niña – dijo seria Ángela.
– Lo teníamos todo planeado, tú lo arruinaste – fruncí el seño.
– ¡Pero eso no les daba el derecho de dejarme afuera! – gritó.
– Claro que sí, queríamos un buen show – encogió sus ojos disgustada Gossow.
– Y contigo allá arriba nunca hubiera sido bueno – dije irónicamente seria.
– ¡No empieces Bauer! – me empujó.
– Basta Bytha, tú te lo perdiste – dijo la rubia deteniéndola.

Sonreí viendo como su enojo aumentaba, en eso se cruza corriendo entre nosotras Corey, yo lo seguí preocupada.

– ¿Ya dejaron de pelear arco iris? – rió Corey tapándose la nariz.

Me senté junto a él riendo pero aún preocupada, nos dice arco iris porque Ángela es rubia, Bytha tiene el pelo negro y yo castaño pelirrojo, pero se torna naranja.

– ¿Qué te pasó? – lo miré.
– Me está sangrando la nariz – limpió su sangre con su camisa.

Busqué algodón y se lo di.

– Debes tener cuidado – fruncí el seño.
– Sangré de la nada, yo no tengo la culpa – rió.
– ¿Seguirás en el escenario?
– Si, debo volver, el solo de Joey ya acabará – me sonrió bajo su mascara.
– Ponte una bolita de algodón dentro de la nariz o volverás a salir corriendo del escenario...
– Deja de preocuparte o tendré que besarte – rió mirando mi mano que sostenía algodón en su nariz.

Suspiré y sonreí mirando sus azules ojos, me miró a través de la malla de su máscara.

– Suerte en tu show – sonreí levantándome.
– Gracias – rió sabiendo que me sentí incómoda.

Caminé donde aún estaban las otras dos discutiendo.

– Ángela no hay caso, deja de perder tu tiempo – suspiré mirándolas.
– Es cierto, es una perra sin causa – rió.

Sonreí mientras caminaba con Ángela al lugar en donde estaban todas las bandas, dejando atrás a Bytha con una cara de desprecio; llegamos y allí encontramos a todos, era grandioso ver a tantas bandas reunidas, tantos conocidos, tantos amigos, tantos idiotas reunidos.

– ¡Nixie! ¡Entramos luego de Slipknot! – me dijo Mr. Lordi.
– ¿Qué? – grité.

Mischa apareció de la nada como en las caricaturas y me llevó al camarín en donde se encontraba también Bytha; íbamos a tocar con la alineación original de Lordi, Mischa y Bytha en las guitarras, Mr. Lordi en la voz, yo en la batería y el otro sujeto en el bajo y teclado.

– ¿Por qué no me avisaron? – me extrañé.
– Porque estabas muy ocupada coqueteando y acosando a Corey – dijo Bytha riendo.
– No lo estaba acosando ni nada de eso, lo estaba ayudando – fruncí el seño.
– Poco más y se venían atrás a hacerlo – rió irónica.
– Cállate – reí avergonzada.

Mischa me dio el traje que solemos usar para esta banda: un traje de conejas playboy, con orejas blancas y ese atuendo negro que solo cubre el abdomen y parte de los pechos, con mallas negras sensuales que cubren todas las piernas y un corbatín negro en el cuello, con unas muñequeras con detalles metálicos para mostrar un poco de agresividad y tacos para Bytha y Mischa, yo siendo baterista uso unas botas.

– Maquíllate rápido – dijo Mischa mientras arreglaba mi cabello.
– ¿Por qué a ella la peinas y a mi no? – bufó Bytha.
– Porque tú estas casi lista – contestó Mischa.

Reí mientras delineaba mis ojos, empolvé mis mejillas para verme más blanca de lo que soy, curvé mis pestañas y apliqué una densa y oscura sombra negra en mis parpados, arreglé mi arete de la nariz y reí cuando Mischa acomodó las blancas orejas en mi cabeza.

– Creo que debes usar los aretes negros en toda la oreja... en ambas – dijo Bytha sentada arreglando sus orejas.

Coloqué las pequeñas argollas negras en cada oreja, cinco en cada una; Mischa acabó y terminó de maquillarse, las tres estábamos listas, con el cabello liso: negro, naranja y café.

– ¿Están listas? – golpeó Mr. Lordi.

Bytha abrió la puerta y salimos, el tipo disfrazado como un monstruo al igual que el bajista daban miedo, nos llevaron junto al escenario para la fotografía que se tomaban todas las bandas antes de subir a dar el show. Era raro volver a tocar junto a mi peor enemiga, era muy extraño. Acabó Slipknot y nos abrazaron mientras los felicitábamos, Joey le tocó el trasero a Mischa quien se sonrojo, Corey me apegó a él apretando mis nalgas como un pervertido excitado.

– Me dan tantas ganas de hacerte cosas ricas al verte así nena – susurró besándome de improviso.
– Por eso amo este traje – reí.

Su lengua abrazó a la mía mientras apretaba con sus grandes manos mi trasero.

– Nixie debemos subir – rió Mischa tocando mi hombro.
– Préstamela cinco minutos – sonrió Corey dejando de besarme.
– No seas pervertido – reí intentándome soltar de sus cálidos brazos.
– Hay más chicas allá tras – dijo Mr. Lordi disgustado.

Corey rió.

– Nos vemos luego, suerte preciosa – volvió a besarme con pasión y se fue con sus amigos a los camarines.

Reí al ver como me miraban los chicos, apagaron las luces y comenzaron a subir nuestros instrumentos, tomé mis baquetas y tomé posición en la gran y bestial batería que tenía Lordi; Mischa y Bytha con sus guitarras frente a un micrófono cada una, Mr. Lordi al centro y atrás el bajista con su teclado.

Abrimos con “Bring it on”, la distorsión de las guitarras era admirada por el brillo de un par de luces, la batería dio la señal para que las luces del escenario actuaran, el mundo gozaba mientras las tres conejitas de Lordi emocionaban a los hombres del lugar. Luego seguimos con “Bite it like a Bulldog” que provocó en el publico gritos y chillidos, los coros por las chicas eran geniales, me sentía bien en aquella batería, con el poder en mis baquetas y la potencia en mis frágiles brazos. 

La apertura de “Devil is a Loser” actuada por Mischa, fue asombrosa, los juegos de movimientos entre las guitarristas excitaban a cualquier hombre; Mr. Lordi era envidiado por eso. Mis orejas de conejo no se caían y eso era molesto, ya que con los movimientos suelen caerse al acabar la segunda canción; seguimos con 12 canciones y acabamos con “Who’s your Daddy”, canción que hizo que las tres conejitas moviéramos nuestras cabezas aireando nuestros largos cabellos y cantando el maldito coro, los gestos que hacía el vocalista eran signo de envidia para todos los hombres presentes; la batería sonaba potente y agresiva como me gusta, los Rift de guitarra eran poderosos y melódicos, el solo de Mischa fue asombroso. El público quería más y le dimos una de las mejores canciones para irnos: “The kids who wanna play with the Death”. Mi voz participó con la de las chicas quienes se desplazaron por el escenario tentando a los hombres del público con sus coquetas maneras de moverse al tocar la guitarra.

Acabamos y bajamos victoriosos por el costado del escenario en donde nos encontramos con Corey, Sid y Joey, quieren estaban observando el espectáculo junto a muchos otros tipos de todas las bandas.

– ¿Qué hacen todos ustedes aquí? – preguntó asombrada Mischa.
– Pervertidos – dijo enojado Mr. Lordi.

En verdad Lordi no era un mal sujeto, pero se enoja cuando los hombres actúan como animales con nosotras, siempre se molesta con los tipos que nos miran como carne, en ese sentido es muy protector con las tres.

– ¿Nos dejan pasar? – rió Bytha.

Los hombres abrieron paso y primero pasó Mr. Lordi, luego Bytha a quien todos manosearon, luego el bajista, después Mischa quien sufrió lo mismo que Bytha y finalmente yo quien tenía miedo de caminar por allí, caminé rápido pero no me salve.

– Ya recuerdo porque odio este traje – reí jugando con mis baquetas.

Mischa rió mientras chocamos con Corey, Sid y Joey; Mischa, Bytha y yo reímos, parecía una de esas telenovelas de mala calidad.

– Pero miren a quienes tenemos aquí... – rió Sid.

Corey me acorraló contra la pared, Sid hizo lo mismo con Mischa y Joey con Bytha.

– Te acuerdas de mi solo cuando me ves vestida así – reí acorralada.
– Eres un pervertido – rió Mischa mirando a Sid.
– Me vuelve loco verte vestido así – susurró rozando mi nariz con la suya.
– Bien por ti – reí y me escabullí por debajo de su brazo.

Caminé en dirección del camarín para cambiarme, mordí mi labio al dejar atrás a ese calvo; sentí una mano sujetando mi brazo, me giré y tomó mi rostro con fuerza para besarme, se veía tan sexy con el traje que usa en Slipknot, sin su mascara resaltaban sus azules ojos. 


Su mano presionó mi nuca para que no me separara de él y con la otra apegó mi vientre al suyo, sonreí mientras nuestras lenguas jugaban y con un ojo semiabierto vi como Bytha y Mischa estaban igual que yo. De fondo se oía la banda de mi hermano; él sonreía mientras con mis brazos rodeé su cuello, me gustaba sentir su mano acariciando con cuidado mis cabellos, mientras que con la otra jugaba con la cola de conejo y apretaba una de mis nalgas. Me sentía bien, aunque estuviera haciendo algo malo, sentir su boca abrirse y cerrarse para saborearme, su respiración depositada en mis labios era... grandioso.

– Coff... coff... – tosió Hetfield.

Los seis dejamos de besarnos casi coordinadamente. Él era como un padre para todos, reímos avergonzados y como si nada hubiera pasado, él se paro frente a los seis con las manos en la espalda como un general del ejército y nos miró como pidiéndonos explicaciones, sonrió disimuladamente mientras nos miraba atento.

– Voy a cambiarme – dijo Mischa caminando a los camarines.
– Yo también – la seguí.
– Y yo – dijo Bytha haciendo lo mismo.

Entramos al camerino y reímos asustadas, para James debe haber sido ver a sus hijos besarse entre ellos, era una situación muy extraña.
así pasó el resto del día sin muchas otras cosas que contar; llegamos al último y gran día del MegaFest. Eran las 02:00 horas y para culminar los Big 4 cantaron “I’m evil?”.

– Hoy queremos nombrar a las bandas que nos acompañarán, a los “hijos” de Big 4 – dijo riendo Hetfield.
– Son las bandas con potencia mundial en los últimos diez años, son los Big 4 del siglo XXI – rió Mustaine.

Metallica nombra a Dark Revolution – dijo Hetfield.

Entró la banda de mi hermano mientras los fans gritaban y aplaudían, las dos bandas se abrazaron.

Megadeth nombra a Nevinger – dijo Mustaine.

Ingresó la banda, nos abrazamos y la gente seguía aplaudiendo con gritos.

Slayer nombra a Avenged Sevenfold – dijo Tom Araya.

Entraron los chicos y fueron abrazados igual que los otros.

Anthrax nombra a Polution – dijo Belladonna.

Con aplausos subieron los de Polution.

Acabada esta presentación de los “hijos” o la nueva generación de Big 4, se dio por finalizado el MegaFest. Los integrantes de todas las bandas nos felicitaron a todos y pudimos irnos.

– ¡Que fin de semana! – gritaba Alex emocionado.
– ¿Aún tienes energía? – reí cansada.
– Quiero dormir una semana entera – susurró Mischa.

Subimos a la camioneta que contrató la administración del MegaFest para cada banda, nos llevaron a la casa de cada uno.

– ¡Mi amor! – me tiré en los brazos de Richard.

Estaba esperándome en la puerta con un sweater ya que hacía frío, me abrazó y tomó en sus brazos, me llevó a la cama sonriente y sin hacer ruido para no despertar a los niños.

– ¿Quieres un té o algo? – preguntó dejándome en la cama.
– Quiero un Richard con crema de chocolate – reí agotada.

Sonrió, tomó mi mentón y me besó con delicadeza, fue al baño mientras yo me quitaba la ropa para dormir; me quedé en pantaletas y una remera de Richard, me acosté y él me acurrucó en su desnudo pecho al salir de baño.

– ¿Cómo la pasaste? – preguntó mientras acariciaba mis cabellos con una de sus manos.
– Bien, verás todos los show en un DVD que me mandaran los organizadores – besé su pecho.

Me quedé dormida mientras acarició mi mejilla con suavidad, mis ojos gozaron al cerrarse, estaba muy cansada, en estos dos o tres días casi ni dormí.

– Que descanses... – susurró el alemán.

Apagó la luz y el televisor, me cubrió para que no tuviese frío y se durmió luego de programar el despertador para levantar a los niños mañana. Una gran semana acaba de una gran y gloriosa forma, con paz... y rock.