Narra Andréu Betancourt._
Lunes 27 de Octubre del año 2008.
Lo peor siempre está por venir, eso solía decir Nixie cuando afrontábamos algún tipo de problema. Ese lunes 27 fue uno de los peores días de mi vida... ¿por qué? Pues les contaré aquella terrorífica historia...
Eran las 15:00 horas en California; Max había ido de visita donde su madre, yo con Petter explorábamos las zonas... las chicas, las calles... ya saben, y pues... Mischa y Nixie estaban en el hotel con los niños; en aquel tiempo vivíamos en Dakota del sur.
– Amo el whiskey de este lugar – decía Mister B. bebiendo su quinto vaso.
– Acabarás borracho – reí mostrando mi dentadura.
– ¿Y qué importa? – golpeó la mesa riendo.
– Yo no pienso cargarte al hotel – bufé.
– Pues rodaré por las calles gritando tu nombre y todos te mirarán como el culpable – encogió sus ojos señalándome.
– ¿Te das cuenta que te humillarás públicamente? – dije con una risa de costado.
Guardó silencio un instante, pensó tocándose la barbilla.
– Cierto... es una mala idea – dijo serio.
Reí mientras acababa mi tequila, miramos la hora: 20:38.
– Ya es un poco tarde – miré por la ventana. – Será mejor que volvamos al hotel –
– Llama a Max y pregúntale donde está – dijo Petter dormitando.
Asentí y marqué su número.
– ¿Coyote...? – pregunté.
– ¿Mamá gallina...? – respondió riendo.
– Deja de llamarme así Brown – reí.
– Pero si eres mi mamá gallina – dijo en un tono de bebé.
– Bien como digas, ¿dónde estás? – me puse serio.
– Estoy saliendo del café, voy en mi motocicleta por la ruta 96 del este
– Nos vemos en el hotel entonces
– Bien, patea al viejo por mí – rió.
– Lo haré, nos vemos – sonreí.
– Adiós hermano – cortó.
Guardé el teléfono en mi pantalón y golpeé en el brazo a Petter.
– ¡Oye! – reaccionó. – ¿Por qué hiciste eso? – frunció el seño.
– Porque Max lo dijo y además estabas quedándote dormido – fruncí el seño.
– ¡Falacias! – rió.
– Es verdad, debemos irnos – me levanté.
Reí al ver a Petter intentando ponerse de pie, las carcajadas eran incontenibles; hubo un momento en que Petter comenzó a mirarme con los ojos muy abiertos, pudo mantenerse en pie y respiraba agitado.
– ¿Qué te pasó? – lo miré extrañado.
– Mira... – apuntó con su mano a la televisión que colgaba del techo atrás de mí.
Me giré y reaccioné al igual que él.
“GRAVE ACCIDENTE EN LA AUTOPISTA 96”.
El titular resaltaba, las imágenes eran aterradoras... una motocicleta completamente destruida bajo la parte delantera de un enorme camión de carga; lo peor de todo esto es que la motocicleta era igual a la de Max...
– Max... – susurré.
– ¡No digas estupideces! – me gritó Petter. – Vamos... – caminó a la puerta.
Lo seguí, con el impacto del televisor a Mister B. se le quitó la borrachera, abordamos mi auto y partimos al lugar del accidente a toda velocidad.
– No es Max... no es Max... – repetía una y otra vez Petter apretando su cabeza con las manos.
Una mala sensación me dominaba, sentía una presión extraña en mi pecho y mis ojos ardían. No me caía en la cabeza esto del accidente, quizá solo sea coincidencia y nos estemos imaginando cosas innecesarias... pero, puede que no. Llegamos al lugar, nos bajamos del auto a una gran distancia del accidente, había un paro para el tráfico; corrimos por entre los autos hasta llegar a la barrera policial.
– Déjenos pasar por favor – gritó acelerado Petter.
– No pueden pasar... hubo un accidente – nos dijo el policía.
– ¡Lo sabemos! – grité.
– ¿Hubo algún herido? – preguntó Petter más tranquilo.
– No, hubo solo un fallecido – dijo serio.
Un aire frío ingresó en mi interior, esto no podía estar pasando...
– ¿Reconocieron el cuerpo? – pregunté tembloroso.
El policía asintió y sacó de su bolsillo la tarjeta de identificación del cuerpo.
– Según los documentos que encontramos en sus bolsillos... se llama Max J. Brown – nos miró indiferente.
Petter dio un paso atrás negando con su cabeza, yo caí en shock y creo que no podía moverme, muy a lo lejos sentí los gritos de sufrimiento de Petter, reaccioné y lo único que pude hacer fue abrazarlo.
– ¡¿Por qué?! – era lo que gritaba mi amigo una y otra vez.
Rompió a llorar en mi hombro como una novia abandonada, el mundo se nos vino abajo; sus llantos se mezclaron con los míos en un maniato de dolor.
– Él no merecía morir... – apreté la espalda de Petter con mis brazos.
– Hay que decírselo a las chicas... – dijo Mister B. ahogándose en su propio llanto.
– Yo lo haré – dije calmándome un poco.
Solté a Petter y con mi mano temblorosa saqué mi celular y marqué el número de Mischa...
Narra Mischa Bauer._
Lunes 27 de Octubre del año 2008.
Era una tarde divertida, veíamos jugar a los chicos como si fuesen hermanos, me recordaban a nosotros cinco cuando comenzamos con la banda. Sobre la cama de la habitación de Nixie, bebíamos un té para ese maldito frío.
– ¿Mañana volveremos a Dakota? – la miré sonriendo.
– Supongo que si – bebió su té. – ¿Cuándo iremos a Malasia? – me preguntó de la nada Nixie.
– No lo sé... – reí – ¿por qué?
– Tengo muchas ganas de ir – puso una de sus caras raras.
Reímos un largo rato; hubo un instante en que me sentí extraña como que algo había pasado, Nixie me comentó que se sintió igual; eso me dio un poco de miedo. Eran las 20:55 y mi celular sonó.
– ¿Mischa...? – era Andréu.
– Hola sexy ¿cómo estás? – dije sonriente.
– Mal... Muy mal... – dijo tembloroso.
– ¿Qué te pasó? – me preocupé.
– ¿Estás sentada? – preguntó serio.
– Si... Andréu me estás preocupando ¿qué sucede? – dije asustada.
– No sé como decirte esto Mischa... – tartamudeo.
– ¡Pues dilo ya! – me preocupé.
– Max acaba de morir... – dijo lloriqueando.
Un nudo en mi garganta comenzó a estrangularme, mis ojos eran dos esferas húmedas y un dolor de cabeza me atormentó.
– ¿Qué...? – pregunté con el corazón en la boca.
– Avísale a Nixie... estamos en la ruta 96... – cortó llorando.
Dejé caer el celular en la cama, miré a Nixie que me observaba curiosa y preocupada por mi reacción, boquiabierta lloré mientras no reaccionaba.
– ¿Qué pasó? – frunció el seño preocupada.
– Max murió... – dije en un susurro.
Nixie se paralizó, abrió grande sus ojos y estos comenzaron a llorar casi de inmediato, su boca hacía puchero y me partió el alma.
– Eso no es cierto... – dijo entre llantos.
La abracé lo más fuerte que pude; esta fue la peor noticia que podía recibir, más aún después de todo lo que hemos pasado. Nuestros gritos se mezclaron en la habitación, sus lagrimas mojaron mi hombro, las mías hicieron lo mismo con el suyo, un mar de sollozos era predominante.
– ¿Dónde pasó esto? – preguntó lloriqueando en mi oído.
– En la ruta 96... – respondí afligida.
– Vamos para allá... – me miró directo a los ojos.
Sus ojos penetraron en lo más profundo de mi mente, la densidad en sus ojos negros enrojecidos por el llanto me aclamaban para aceptar a su mandado desesperado; asentí a su impulso, abordamos su auto y partimos a todo lo que daba el motor; sus manos al volante daban la impresión que eran un par de bombas a punto de explotar, noté como apretaba su mandíbula todo el camino y yo a su lado sin poder parar de llorar con mis manos cubría mis hinchados y rojos ojos, quería silenciar mi sufrimiento para no molestar a Nixie, pero no podía contenerme. Fuimos detenidas por el tráfico, a lo lejos veíamos dicho camión y los autos de los policías.
– Allá es – dijo Nixie calmada encogiendo sus ojos.
La manera en que pudo tranquilizarse era admirable, un dolor como este destroza a cualquiera y sé que por dentro esto la estaba matando, pero se mantuvo serena como nunca vi a nadie. Caminamos por el gran laberinto de autos, pasamos junto al auto de Andréu y seguimos adelante, esto parecía una película de terror nivel diez. Nos acercamos y vimos a Andréu con Petter quienes tenían una cara destrozada por tanto llorar.
– Dios... ¿qué es lo que está pasando? – lloré en los brazos del gran Andréu.
– Un camión impactó la motocicleta de Max, el conductor iba borracho, huyó, perdió el control de la máquina y... – rompió a llorar.
Junto a nosotros lloraban Nixie con Petter, oía sus gemidos, sus abatidas voces para consolarse el uno al otro. Nixie se paró frente a los tres y quiso saltar la barrera que nos detenía, Andréu con Petter la sostuvieron cada uno de un brazo, pese a ser delgada y la más pequeña de los cinco tiene una fuerza asombrosa.
– ¡Quiero verlo! – gritaba desesperada.
– Cálmate Nixie – le gritaba entre llantos, sin saber qué hacer...
Narra Andréu Betancourt._
Lunes 27 de Octubre del año 2008.
Su desesperación era comprensible, su fuerza incontenible e indomable, el dolor que contagiaba con sus gritos era desgarrador. Lo que empeoraba la situación era que no movían el cuerpo de nuestro fallecido amigo de aquel frío pavimento de la autopista.
– Max... ¡No! – lloraba Nixie demolida en mi pecho.
Petter más calmado habló con el policía, Mischa lo acompañó mientras yo intentaba tranquilizar a Nixie.
– Todo va a pasar... tranquila – la apegué a mi cuerpo cerrando los ojos.
– No va a pasar... ¡él no volverá! – gritaba como nunca antes la había oído.
– Tienes que pensar que pasó a una mejor vida... – besé sus cabellos silenciando mi llanto.
Sus brazos rodearon mi espalda, se apoyó en mí con todas sus fuerzas y calmó sus llantos, respiraba desesperada aún y escondió su rostro en mi pecho. Un vació en mi interior me hizo pensar que esto era el fin de todo, más que un amigo era mi hermano y no tuve el tiempo de despedirme como corresponde.
– ¿Estás mejor? – besé más calmado sus cabellos otra vez.
Negó con su cabeza más calmada, Mischa y Petter se sumaron a nuestro abrazo, eso nos hizo llorar con más fuerza; los gritos de las chicas eran desoladores, nos provocaban sufrir más, era imposible dejar de abrazarlos, eran todo lo que tenía... en ese gran abrazo solo nos faltaba uno... uno que ya no estará más.
Pasaron dos días en que el cuerpo fue velado en una iglesia local, la misma en la cual sus padres lo bautizaron al nacer. El ataúd permaneció allí dos días para que todo el mundo apreciara uno de los grandes que dejaron este mundo.
Ese mismo día dimos una conferencia de prensa, se presentó también Bárbara (la esposa de Max) y Mack (el abogado de la banda y Nixie). Aclaramos que no era seguro que Nevinger continuara, no por ahora...
Al tercer día fue el funeral de nuestro amado amigo; muchas personas se quedaron afuera del cementerio, queríamos una ceremonia más personal: amigos, familia, etc.
Fue un día muy frío, era pleno otoño y el viento se llevaba con él todas nuestras derramas lágrimas.
– Un ángel que nos cambio la vida, un ser realmente extraordinario. Yo hubiese preferido irme antes, pero como siempre querías ser tú el primero. Tenías todo lo que cualquiera lucraría por tener; agradezco todos esos bellos momentos que me diste, recordaré todos y cada uno de ellos, pero recordaré por siempre aquel día en que te conocí porque fue allí cuando mi vida tuvo el placer de compartir con alguien que hacía todo maravilloso. Más que mi mejor amigo, eras mi hermano... más que un guitarrista, eras un dios... más que una persona más en el mundo, eras Max Brown. Nunca te olvidaré cariño... Que en paz descanses, nos veremos pronto... – fueron las palabras de Nixie.
– Oh por dios... hemos perdido un ángel. No cualquiera, sino que el mejor... Tu capacidad de cambiarle la vida a cualquiera es envidiable, inolvidable... Quisiera haberte conocido más de los años que te conocí para así poder decir, que compartí mi vida con la mejor persona de este mundo; me pierdo en mis propias ideas al recordar esto... tu partida; no merecías esto... Ahora y siempre estarás con todos nosotros porque nosotros siempre estaremos contigo, solo que tu te apresuraste como siempre... te amo amigo, nos vemos pronto – entre lloriqueos acabó Mischa.
– Amigo, hermano... tú y tan solo tú sabes lo que vivimos; gracias por aparecer en mi vida, gracias por enseñarme a disfrutar las cosas simples que la vida nos presenta. Nunca borraré de mi mente que por tu culpa me volví adicto a los temas con los extraterrestres – risas – Estés donde estés ahora, espero que estés bien. Un mundo te ha perdido... unas cuantas personas te extrañaran pero sonreirán con el recuerdo de tu magnífica personas; te amo hermano... descansa en paz... – dijo emocionado Petter.
– Quién imaginaría que un Yankee me haría llorar, no puedo creer el afecto que te ganaste de mi parte muchachón. Nada de lo que vivimos se irá al olvido, juro por mi vida que sonreiré siempre con tus memorias, gozaré escuchando el sonido de tu guitarra, sonreiré deleitándome con tu voz grabada. Gracias por existir en mi vida, gracias por ser mi amigo... no te olvidaremos nunca Max – acabé llorando.
Después de nosotros cuatro, habló Bárbara y unos amigos de él, todos lloraban... no era para menos; poco antes de que comenzaran a bajar el ataúd, Nixie pidió hablar en nombre de la banda, Petter puso play a la canción “Should’ve listened” de fondo y todos largaron a llorar, incluso yo... menos Nixie.
– Amigo, estamos reunidos hoy aquí para despedirte. Acabaste tu ciclo como todos nosotros lo haremos algún día... Este es un momento realmente demoledor, el dolor de tu perdida permanecerá en nosotros por siempre. En nombre de la familia Nevinger, la que ayudaste a formar con tu gran inteligencia y excentrismo, damos gracias a ti por existir; pisaste el escenario y tus quince minutos de fama se prolongaron a una vida llena de encantos y éxitos. Nos enseñaste a todos que era mejor disfrutar nuestro trabajo con los amigos que hacerlo por dinero; no hay nada mejor que sonreír con otra sonrisa... ¿no? Una persona con un alma pura, leal, admirable y fantástica como la tuya no se encuentra todos los días, nosotros podemos decir orgullosos que te conocimos, que compartimos con un ángel toda una vida de sueños, alegrías y aventuras; pero que también nos apoyó y nos brindó su ayuda en todas las adversidades que afrontamos a lo largo del camino. Tu calida sonrisa se impregnó en nuestros corazones, tus suaves manos secaron nuestras sufridas lágrimas, tu voz nos enseñó a escuchar lo que el mundo tiene que decirnos y tu arte de la guitarra nos demostró que no debemos rendirnos, hay que perseguir ese sueño hasta que se gasten nuestros pies... – Nixie sacó una rosa roja – Con esta flor, con esta bella rosa digo a toda voz para que escuche todo el mundo que aquí yacen los restos del mejor guitarrista del mundo, del mejor amigo y la mejor persona que cualquiera de los aquí presente pudiese conocer, de quién cambió la melodía de seis cuerdas por un sonido que entrega más que sentimientos, algo que se vuelve celestial. Quien nos entregó lo mejor de él, quien nos dijo una vez que los cinco somos un equipo invencible ¿Y sabes qué? Ya no somos cinco en este mundo, pero siempre seremos cinco ante cualquier cosa, siempre estarás con nosotros en toda circunstancia... pase lo que pase. Esperamos verte pronto querido amigo, amado hermano. Un grande como tú nunca se olvida, nunca te borraremos de nuestros recuerdos... espero que tú tampoco olvides nuestros rostros. Que en paz descanses Master Brown...
Acabó y posó la rosa sobre el ataúd; sus palabras nos hicieron llorar a todos, comenzaron a bajar el ataúd... lo que desató más llantos y sufrimiento.
La ceremonia terminó y el futuro de la banda fue incierto, cada uno tomó un rumbo diferente, antes de irnos Nixie dijo que no tomáramos vacaciones, que descansáramos de todo lo que habíamos pasado en este corto periodo; lo que significaba que no tocaríamos por un buen tiempo.
Volví a Francia con mi hijo y el frío dolor de la perdida de uno de mis mejores amigos. Pasó tiempo que no supe nada de ninguno de los chicos, el peso de la perdida de Max nos hizo fatal a todos... Nadie podía decir se continuaríamos. Esas llamadas “Vacaciones” se alargaron más y más... sin fecha definida.
Andréu B._
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