Una cálida respiración en mi nuca, un pecho reposando en mi espalda, un brazo pesado y caluroso rodeando mi cintura y una pierna aprisionando las mías, era el panorama cuando desperté; mis ojos fueron cegados por la luz del sol de las 17:00 que entraba por la ventana junto a la cama, unas ganas de seguir allí me venían bien, pero algo no estaba bien... él no era Richard.
Me giré sin quitar su brazo de mi desnudo cuerpo, aprecié sus dientes blancos y perfectos através de su boca semiabierta, me gustaba ese piercing bajo su labio justo al centro, también la argolla en su nariz en el mismo sitio que la mía y sus patillas... dios, eso lo hacía único. Un escalofrío sin sentido provocó que se me pusiera la piel de gallina, rodeé su torso con mi brazo derecho y me acurruqué en su pecho desnudo y tatuado, su mentón se apoyó en mi cabeza y sus manos presionaron mi espalda con pasión, lo que me asombró.
– ¿Qué sucede? – susurró recién despertando.
– Tengo frío – susurré cerrando mis ojos.
Apoyé mi mejilla en su pecho bien marcado, presionó con fuerza sus manos en mi espalda pegándome a él volviendo nuestros cuerpos solo uno. Besó mis cabellos al mismo tiempo que masajeaba mi tatuada espalda para darme calor, todo iba bien... me sentí mejor hasta que oímos a Richard.
– Dero... ¿estás ahí? – preguntó tocando a la puerta.
– Mierda... – murmuré apretando la espalda de mi acompañante.
– Tranquila... – tomó mi cabeza y la apoyó en su pecho.
El corazón lo tenía en la garganta, estaba imaginándome lo peor y Dero se puso de pie junto a la cama.
– Sí, estoy aquí
Me senté en el centro de la cama tapando mis pechos con la blanca sábana, miré a Dero tragar saliva con la complicada situación.
– ¿Has visto a Connie...? – preguntó desde afuera.
– Sí, salió... a reunirse con... – me miró pidiéndome un nombre con señas.
– ¿Con quién?
Con los labios le decía Jhonny.
– Con Corey – dijo Dero.
– ¿Con quién? – gritó disgustado Richard.
Me tapé la cara con la mano, era el nombre menos indicado, con señas le dije que inventara cualquier nombre.
– No, con Lucía... – rió.
– ¿Qué Lucía? – preguntó.
– Pues que se yo... – me sonrió Dero.
Mordí mi labio preocupada con todo esto, mi esposo quedo conforme y salió a no se donde; Dero se colocó su ajustado boxer y se sentó junto a mi, besó mi hombro con delicadeza y me miró con ternura.
– ¿Qué pasará ahora? – lo miré preocupada.
– No lo sé – sonrió.
Apoyó su cabeza en mi hombro y acaricié sus cabellos con mi nariz; sentí llegar a Teresa con los niños y me levanté, busqué mi ropa y me vestí mientras Dero me miraba atento sonriendo.
– ¿Qué miras? – reí.
Se levantó aún con tan solo su boxer y con suavidad volvió a besarme como solo él sabe besar. Sonreí mientras él también lo hacía, salí de la habitación como si nada hubiera pasado y me encontré con la chica de los ojos verdes sonriéndome.
– ¿Cómo estás Teresa? – Reí para disimular.
– El señor Richard la estaba buscando – me miró extrañada.
En eso salió en ropa interior Dero dejando notar su bien marcada entrepierna, sonrió como siempre lo hace sin incomodarse mientras Teresa nos miraba a ambos.
– Hola – sonrió orgulloso.
– Hola – dijo riendo Teresa.
– Dero vístete, tengo hijas – lo miré avergonzada.
– ¿Qué tiene de malo? A ti te gusta verme así – sonrió de costado.
Este no era el momento de ser tan directo ni sincero, Teresa ya se había dado cuenta de todo lo que estaba pasando; rió y siguió haciendo sus cosas, en eso se abrió la puerta... era Richard, quien me miró extrañado.
– Hola amor – se acercó haciendo una mueca con sus cejas.
– Hola – sonreí segura de mi misma.
– ¿Cuándo llegaste? – sonrió besando mi cabeza.
– Acabo de llegar, me trajo Mischa – lo miré nerviosa.
– ¿Cómo? Mischa no está en casa – me miró poco conforme.
– Es que me dejó en la otra cuadra – reí.
– ¿En qué momento entraste? Yo estaba afuera fumando – no estaba convencido.
– Entré por atrás... – dije seria.
Me miraba dudando, no creía en lo que decía y eso me estaba complicando; Richard se dio cuenta que Dero estaba en ropa interior y se extrañó aún más.
– ¿Y tú que haces desnudo? – lo miró un poco disgustado.
– No estoy desnudo... ¿Quieres verme desnudo? – rió Dero.
Richard y todos los presentes rieron mientras yo necesitaba estar sola. Dero entró en su habitación y yo camine a mi estudio para estar más tranquila, mi esposo me siguió sin que yo me diera cuenta de ello y solo me percaté de su presencia cuando se cerró la puerta atrás de mí; me senté y lo miré boquiabierta.
– ¿Dónde fuiste...? – me miró melancólico.
– A ver a Lucía... – susurré apenada.
– ¿Quién es Lucía?
– Una productora – dije serena.
Hizo una mueca con sus labios que hizo pensar que me creyó, se sentó frente a mi y me miró complicado.
– ¿Qué pasa? – lo miré.
– Rammstein sale de gira mañana... – murmuró.
La noticia me llegó mal, era un golpe duro...
– ¿Qué? – dije apenada.
Tomó mis manos y las besó, sus ojos se quebraron ante mí.
– Prometo que te llamaré todos los días, sabrás de mi... lo prometo mi amor – dijo casi en silencio.
No quería que se fuera, ahora más que nunca lo necesitaba conmigo; nuestro matrimonio reciente y todo este asunto del embarazo me tenían débil, sumándole la presión de aquel homicidio y la presencia de Dero en la casa... no sabía lo que podía pasar, mucho menos sin él aquí. No sentí tristeza ni miedo, pude vivir sin él suficiente tiempo, lo que me molestaba era el hecho de que no me avisara antes... eso me disgustó.
– Pues vete – lo miré indiferente.
Me miró asombrado con mi reacción, su cara lo demostró.
– Me iré de todos modos... – frunció el seño.
– ¿Para eso me seguiste hasta aquí?
– Pensé que te importaría – dijo enojado.
– Claro que me importa... pero si ya está tomada la decisión ¿para qué perder mi tiempo? – dije enojada en alemán.
Comenzamos a discutir en su lengua natal, él se alteró y se puso de pie al igual que yo, comencé a alzar mi voz mientras apoyaba mis manos en el escritorio... sus cejas demostraban un disgusto del cual yo formaba parte, sensaciones buenas y malas me corroían por dentro, no me gusta pelear con él porque siempre termino insultándolo. Entre tanto griterío en alemán, interrumpió Dero parado en la puerta, quién comenzó a mirarnos extrañado.
– ¿Qué pasa aquí? – dijo riendo.
Lo miré con disgusto, volví a mirar a Richard y decidí salir, choqué con el hombro a Dero sin querer, bajé las escaleras y corrí a mi auto que estaba en el garaje; manejé sin rumbo toda la tarde hasta llegar a un bar que no sabía que existía. Me senté en la barra.
– Un gran vaso de... agua – suspiré recordando mi embarazo.
El tipo me entregó lo que le pedí amablemente, lo bebí aún alterada y sentí que sonó mi teléfono.
– ¿Quién mierda es? – dije desanimada.
– ¡Pero que manera de contestar! – decía Mischa.
– ¿Qué quieres? – bufé.
– Creo que debemos hablar... ¿dónde estás? Pasé por tu casa y nadie sabe de ti – dijo extrañada.
– ¿Cómo se llama este bar? – le pregunté al tipo de la barra.
– Bar Éxtasis – sonrió educadamente.
– Estoy en el bar Éxtasis, por la calle Johnson
– Bien, no te muevas de allí – cortó.
Guardé mi teléfono y acabé mi asquerosa agua, iba a extrañar demasiado el sabor del Vodka y el Whiskey en mi boca; pasó una media hora para que Mischa al fin apareciera, se sentó en una mesa y yo la seguí.
– ¿Qué pasa? – me miró preocupada.
– Peleas con Richard... Rammstein sale de gira mañana – bufé.
– Vaya... Him se fue hoy – me miró apenada.
– Tengo miedo Mischa – la miré preocupada.
– ¿De qué? – se extrañó.
– Estoy sintiendo cosas que antes nunca había sentido... por Dero – susurré.
Me miró asombrada y se quedó sin palabras.
– Estoy arrepintiéndome de haberme casado – miré por la ventana.
– Yo también, me pasa lo mismo con Corey... todo se está complicando – bufó.
La miré boquiabierta ¿había escuchado bien? No lo creí.
– ¿Corey...?
Me sonrió nerviosa.
– No te lo había dicho... lo siento – se excusó.
– Habiendo millones de hombres tienes que estar acostándote con ese canalla... – reí sin creerlo.
– Son cosas que pasan – rió levantando sus cejas.
– ¿Desde cuando?
– No lo sé, quizá hace unos meses – hizo una mueca con sus labios.
No podía creerlo, él es el padre de mi hija, un sujeto que tiempo después fue mi amante... y ahora resulta ser el amante de mi hermana, me disgustaba un poco ya que era un mentiroso, pero no podía entrometerme.
– Vaya... – sonreí complicada.
– ¿Y qué harás ahora?
– No lo sé... estoy muy complicada, ya quiero el divorcio... – bufé melancólica.
– Vamos Nixie, no estarás hablando en serio... – me regañó.
– Hay rumores Mischa, y estoy tan confundida...
Suspiró y me miró preocupada, guardó silencio y se incomodó.
– ¿Qué pasa? – la miré enojada.
– Es cierto, Richard si va a tener otro hijo... – cerró los ojos.
Mis ojos ardieron, mi cabeza volvió a doler y no quería creer lo que acababa de escuchar.
– Lo suponía... – murmuré apoyando mi cabeza de costado en la mesa.
– ¿Qué piensas hacer?
– Nada, no haré nada... cada vez las desilusiones son peores... – la miré enojada.
– Si lo dices por Corey, yo... – tartamudeó.
– No digas nada, tu puedes hacer lo que quieras... – la interrumpí.
Me miró apenada mientras me iba de ese maldito bar, subí a mi auto criticándome por seguir siendo tan tonta, la amargura apretó mi pecho mientras en mi mente se repetía la imagen de sus labios diciéndome que todo iba a estar bien, que las cosas habían cambiado, que no cometería los mismos errores, cuando en verdad era yo quien cometió el gran error de aceptar su compañía nuevamente.
Encendí el motor y partí al lugar en donde solemos ensayar con los chicos; ya era tarde... el sol se había escondido, entré al lugar y me senté en la orilla del pequeño escenario, había unas tenues luces que le daban un poco de iluminación a lugar y eso llamaba mi atención.
Encendí el motor y partí al lugar en donde solemos ensayar con los chicos; ya era tarde... el sol se había escondido, entré al lugar y me senté en la orilla del pequeño escenario, había unas tenues luces que le daban un poco de iluminación a lugar y eso llamaba mi atención.
– Todo siempre termina mal... – cerré mis ojos respirando.
Me dejé caer sobre el escenario para mirar el techo y poder pensar las cosas, más calmada, comencé a cantar recostada con una melancolía que haría llorar a cualquiera que la escuchara, mi estado de ánimo estaba en el subterráneo y cantando esto no se elevaba precisamente.
– Está mal que se lo hayas ocultado ¿sabes cómo se siente? – decía enojada Mischa.
– Se lo diría más adelante... – bufó Richard.
– ¿Y por qué no ahora? ¿Qué no entiendes que ella está sufriendo? – lo miraba desde el sofá alterada.
– No sabía como decírselo, siquiera se si hoy vendrá a dormir...
– Claro que no lo hará, sabes como es – bufó Mischa.
El alemán se sentó junto a ella y Mischa lo miró disgustada.
– Creo que se apresuraron en casarse...
– Yo la amo y eso es lo único que me importa...
– Sí, pero hay otra mujer esperando un hijo tuyo – dijo enojada.
– ¿Y qué puedo hacer? Hasta unos meses atrás no estaba seguro de que volvería a estar con tu hermana... – se cubrió el rostro con sus manos.
– Pero si estaba en tus planes reconquistarla, no habrías embarazado a otra ¿no crees? – bufó.
Permanecieron en un silencio que fue interrumpido con la presencia del visitante.
– ¿A dónde vas tú a esta hora? – preguntó Richard.
– Tengo que resolver unos asuntos – rió sexy como siempre lo hace Dero.
Salió de la casa acabando con la conversación que existía entre Richard y Mischa.
– Qué triste... – susurró Andréu parado en la puerta oyendo mis cantos.
– Pues así me siento – respondí sentándome otra vez en la orilla.
– ¿Y eso por qué?
Caminó hasta el escenario y se sentó junto a mí, mirándome con sus azules ojos.
– Mi casa, mi interior... tantos líos – lo miré apenada.
– Todo tiene solución cariño – me sonrió dándome ánimo.
– No estoy creyendo en eso últimamente – dije seria.
– ¿Y qué haces aquí tan tarde?
– Vine a pensar... – bufé.
– Entonces te dejo pensando, solo vine a buscar un cinturón que olvide el otro día...
– Está bien...
Me sonrió, besó mi cabeza y se marchó dejándome sola una vez más; hice sonar mis nudillos y sonó mi teléfono, era Richard... lancé el celular contra una pared haciendo que se destruyera por completo.
– No sigas jodiéndome – dije entre dientes.
Cerré mis ojos dejando caer unas silenciosas lagrimas, las que sequé casi de inmediato; no quería sufrir otra vez de lo que me había escapado hace años, los fríos y duros recuerdos volvieron a aparecer en mi retorcida mente, haciéndome caer en un vacío interior. Sentí abrirse la gran puerta del recinto y a alguien entrar pero no me di el tiempo de abrir los ojos ni mucho menos levantarme para ver quien era; unas cálidas manos tocaron mis tobillos para llamar mi atención, y así lo hizo... me senté para mirar sus profundos ojos que me miraban sonrientes.
– ¿Qué haces aquí...? – sonrió seductor.
– ¿Qué haces tú aquí? – me extrañé.
– Pues te estaba buscando y mira, te encontré – sonrió.
Lo miré indiferente, no tenía ánimo para estas cosas.
– ¿Cómo me encontraste?
– Pues afuera está el único Lamborghini Diablo doble cabina del mundo, y adivina algo... tú eres la única que tiene uno – dijo irónico.
Usó su fuerza para jalar mis piernas trayéndome hasta él, su pelvis chocaba con el borde del escenario y mis piernas quedaron al costado de sus caderas, él sonreía mientras lo miraba apenada.
– ¿Qué pasa mi muñeca?
Acarició mi mejilla con su mano mientras la desesperación volvía a atormentarme.
– Dero... vete – susurré mientras rozaba su nariz con la mía.
– ¿Por qué?
Guardé silencio cerrando los ojos para disfrutar de sus caricias.
– Estoy sintiendo cosas por ti cosas que no son buenas... – apreté mi mandíbula.
Abrí mis ojos y los suyos me miraban atentos, él sonreía.
– ¿Qué cosas? – susurró.
– Creo que me estoy enamorando... – cerré los ojos respirando profundo.
Sus labios hicieron contacto con los míos lentamente mientras mis ojos lloraban, quité sus manos de mi rostro y dejé de besarlo.
– ¿Qué no entiendes que eso es malo? – lo miré apenada.
– ¿Por qué? – se extrañó.
– Ambos estamos casados... con otras personas, todo esto está mal Dero – susurré con un nudo en mi garganta.
– Tú... tienes problemas con Richard y yo con mi esposa... huyamos – sonrió motivado.
– Pero que estupideces estás diciendo – reí.
Tomó mi rostro entre sus grandes manos y chocó nuestras frentes con cuidado, sus ojos impactaban a los míos con tal fuerza que me cohibían.
– Vamos, no tenemos nada que perder... – volvió a sonreír.
– Richard se va mañana de gira, tendremos tiempos para conversarlo... – sonreí.
Aceptó la idea y volvió a besarme, su pasión era única, la manera en que me entregaba su respiración era especial; no eran como esos besos desesperados y frenéticos, sino que cuidadosos y cálidos, su boca se abría y cerraba lentamente dejando pasar su cálida lengua que hacía contacto con la mía de una manera única. Sus manos sostenían mi rostro para que no me alejara mientras que las mías sujetaban los broches de su abrigo.
Nos mantuvimos así un buen y largo rato, hasta que me dio frío.
– Quiero irme... – susurré en sus labios.
– Vamos – sonrió.
– No quiero ir a casa... – lo miré melancólica.
– Vamos a un hotel si quieres – me dio su abrigo.
Asentí mientras me abrigué con su gran saco negro, subimos al auto y nos dirigimos al hotel más cercano, uno de buena calidad.
Nos registramos y subimos a la habitación indicada, nos pusimos cómodos y sonó el teléfono de Dero.
– Dero, ¿dónde estás? – decía Richard.
– ¿Sabes? He conocido a una gran chica y pasaré la noche con ella... nos vemos mañana – rió Dero.
– ¿A qué hora llegaras?
– ¿A qué hora te vas?
– A las 08:00 – suspiró.
– Veré, si despierto temprano me apresuró a verte, si no, nos vemos cuando regreses hermano
– OK, buenas noches.
– Adiós – cortó.
Se quitó la ropa y se recostó junto a mí, me abrazó acariciando mis cabellos mientras yo por dentro agonizaba pensando en las malas decisiones que podía tomar, pensando en la rabia que ahora tenía. Un futuro incierto se estaba aproximando más rápido de lo que me estoy dando cuenta.
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