viernes, 13 de mayo de 2011

Chapter 20.

Narra Richard Kruspe._
Noviembre del año 2002.

Era una tarde cualquiera, una tarde aburrida en realidad, en la que con Doom revisamos los discos que Till tenía guardados en una caja y uno llamó nuestra atención: Arch Enemy.

– Quizá esta banda sea buena – me dijo Doom.
– Tal vez, presiona play – reí.

Quedamos con la boca abierta al acabar la primera canción, una batería poderosa, unas guitarras impresionantes y la voz más asombrosa que había oído.

– ¿Qué están haciendo? – dijo Till disgustado entrando en la habitación.
– ¡Esta banda es genial! – gritaba Doom como un niño pequeño.
– ¿Les gustó? Yo soy amigo de la vocalista – rió luciéndose.
– ¿Es una mujer? – gritamos asombrados con Schneider.
– Sí, la vocalista y su nueva guitarrista, los otros tres son hombres; están aquí en Berlín dando unos conciertos... puedo hablar con Ángela para que nos reunamos – sonrió Till.

La verdad no se porqué con Doom estábamos tan emocionados, era una sensación extraña y le pedimos a Till que hablara con su amiga y programara una junta con “Arch Enemy”; la voz de la chica era asombrosa, pero no podía creer que la guitarrista tocara tan bien... era impresionante

Till arregló una junta con aquella banda para mañana; estaba emocionado para que las horas avanzaran rápido, con los chicos arreglamos nuestras cosas para no tener complicaciones, las ropas y esas cosas. Esa noche dormí ansioso, no sé, aún no entendía el porque me sentía de esa manera, era una emoción en mi interior... como mariposas de esas que salen cuando es navidad.
Amaneció y Doom me despertó como si ayer hubiese pasado papá Noel, hizo lo mismo con los chicos.

– ¡Vamos! ¡Es hora de levantarse! – gritaba.
– ¿Por qué tan emocionado? – reía Oliver con su cara babeada.
– Pues porque... no lo sé – reímos todos.

Desayunamos ya todos vestidos y bañados como corresponde y nos subimos a la camioneta que conducía Till, ya que él sabe donde nos reuniremos con los demás; disfrutamos del paisaje y nos adentramos por un bosque abundante que nos guió por un camino que nos llevó hasta una gran mansión antigua, la que llamó nuestra atención.

– Aquí es... – dijo Till estacionando el vehículo.
– ¿Aquí viven...? – preguntó Falke con la boca abierta mirando por la ventana.
– Aquí están alojándose... – contestó Till.

Bajamos de la camioneta y nos quedamos parados ante los escalones nerviosos, Till nos dio la señal para que lo siguiéramos por las escaleras y tocó el timbre.

– ¿Qué tal? – nos abrió un gran pelirrojo.
– Hola – contestamos todos.

Nos dio un apretón de manos y nos dejó pasar a la sala en dónde estaba una mujer rubia con unas prendas agresivas.

– Hola ¿Cómo están? – dijo sonriente poniéndose de pie.
– Bien, gracias por recibirnos – dijo una vez más Till abrazándola – Chicos ella es Ángela Gossow, vocalista de Arch Enemy – la presentó.

Suspiré de alivio al saber que no era la guitarrista, no me gustan las rubias; luego llegaron tres grandes sujetos que también se presentaron: El guitarrista pelirrojo, el bajista y el Baterista.

– Nuestra pequeña bajará en unos momentos – la excusó Ángela.

Sonreí imaginándomela, no sé porque me sentía así. Allí en la sala nos hicieron sentarnos y nos comentaron los cambios positivos que había tenido Arch Enemy con el cambio de la vocalista y la guitarrista, era aún más alucinante ya que en este género las mujeres escasean.

            – El almuerzo está servido – dijo una mujer.

Ángela levantó su pulgar y nos llevó al comedor para almorzar todos juntos; había una gran mesa, de un lado Rammstein y Till en uno de los extremos con Ángela en el opuesto y Arch Enemy frente a nosotros, eso sí... frente a mi la silla estaba vacía.

– Daniel, ve a buscar a Connie... avísale que está servido – le dijo Ángela al baterista.

Este asintió y se levantó en silencio, al fin la vería... la nueva adquisición de la banda; en cosa de minutos volvió Daniel solo y tomó asiento... todos esperábamos a la chica. La puerta se abrió lentamente y entró una mujer de pelo castaño anaranjado que me dejó con la boca abierta, caminó lentamente hasta su silla que estaba en frente mío.

– Bueno... ella es nuestra pequeña, Constance S. Proust – dijo orgullosa Gossow desde su lugar.

La chica la miró con desprecio en silencio y luego me miró a mi fijamente indiferente, con sus oscuros ojos delineados.

– Cierra la boca Richard – me susurró Paúl que estaba junto a mí.

No me había dado cuenta de ello, ella no dejaba de mirarme y yo no podía despegar mis ojos de su persona; el sujeto que estaba junto a ella le indicó que debía comer y miró su plato de reojo, volvió a mirarme rápidamente y se levantó.

– Buenas tardes – dijo con una voz profunda antes de irse.
– Connie deber comer – dijo nerviosa Ángela.
– No tengo hambre – volvió a mirarla con desprecio y se fue.

Una mala relación había entre ellas, se fue y no sabía que hacer, necesitaba saber mas de ella... pero aún no sabía porque.

– Es hermosa ¿no Richard? – me preguntó irónica Ángela.

Reí sin contestar a esa indirecta; acabamos el almuerzo con risas sobre las cosas que comenzaban todos, tenía curiosidad por saber más de la tal “Connie"  y me levanté de la mesa, comencé a investigar la casa y un sonido de guitarra me llevó al segundo piso de la mansión, caminé por un oscuro pasillo en el cual una puerta dejaba escapar unos rayos de luz, me paré afuera de la habitación y oí sus composiciones... realmente impresionantes. Cerré mis ojos para maravillarme con el gran sonido hasta que dejó de tocar y abrió la puerta chocando con mi pecho.

– Pero... ¿qué haces aquí? – frunció el seño un poco disgustada y nerviosa.
– Yo solo... estaba escuchando – reaccioné.
– ¿Quién te dejó subir? – dijo a la defensiva.
– Nadie... – la miré boquiabierto.

Sus densos ojos volvieron a hipnotizarme, su nerviosismo con mi presencia provocó en mí algo que nunca antes había sentido... ella era diferente; nuestras miradas silenciosas dejaban muchas cosas al azar, estaba incómoda y eso me gustaba.

– Déjame pasar... por favor – pestañeó lentamente.
– Sigue tocando... por favor, eres fantástica – sonreí como idiota.
– ¿Qué? No... Estás loco – levantó una de sus cejas.

Volvió a entrar en el que al parecer era su cuarto y yo entré tras ella cerrando la puerta, tomó su guitarra y me senté junto a ella apreciando el rápido movimiento en sus manos, comenzó a cantar en un tono bajo para que no la escuchara, sin embargo, igual podía oírla.

– Cantas bien – sonreí mirándola girando mi cabeza para ver su rostro.

Me miró de reojo y sonrió de costado, la primera sonrisa... la que nunca olvidaría. Dejó de tocar, dejó la guitarra en un pedestal que había junto a un mueble y se recostó en la cama con sus pies tocando el suelo, pude ver parte de su blanco estómago... al verla en esa posición me dieron tantas ganas de lanzarme encima... pero debía contenerme.

– ¿Qué fue lo que te trajo por aquí...? – preguntó recostada.

Mi mirada estaba perdida en su delicado cuerpo, aclamándome que lo acariciara.

– Para ser sincero... quería conocerte – sonreí feliz.
– Patrañas – cerró sus ojos riendo.
– ¿De dónde eres Connie? – la miré atento.

Se levantó rápidamente quedando en frente de mi nariz.

– Nixie... llámame Nixie – me miró seria.
– Está bien – sonreí de costado.
– Soy de Chile... ¿y tú...Richard? – me miró fijamente.
– Alemania... ¿dónde queda Chile? – reí.
– América del sur – rió por mi ignorancia.

Creo que entró en confianza poco a poco y comenzamos una conversación más fluida.

– ¿Cómo te llevas con Ángela? Noté que tienen líos entre ustedes... 
– Nos llevamos bien, sólo que me molesta cuando me trata como una mocosa – rió sentada junto a mí.
– ¿Cuántos años tienes? – pregunté curioso.
– 22 pronto 23 ¿tú? – sonrió.
– ¡Vaya! Eres muy talentosa para ser tan joven... yo tengo 35 – sonreí apenado por ser tan viejo.
– Te ves más... joven – sonrió dulcemente.
– Gracias... aunque mientas – reí.
– Si quieres lo crees, no te obligo a nada.

Guardó silencio mirando el horizonte.

– ¿Tienes hijos? – preguntó después de un largo rato.
– Dos... ya son grandes ¿y tú? – me miró curiosa.
– Una pequeña, pronto cumplirá un año – dijo orgullosa.
– ¡Vaya! ¿Y cuanto llevas de novia? – la miré atento.
– No... no tengo novio – sus ojos miraron el suelo melancólicos.
– Oh lo siento... tanto, no quería incomodarte – acaricié su mano.
– No importa – sonrió triste quitando su mano de la mía.

Me di cuenta que toqué un mal tema, el padre de su hija no formaba parte de su vida, me sentí culpable.

– ¿A qué te dedicas? – pregunté para que olvidase el asunto.
– Toco batería en Lordi, toco la guitarra aquí, canto en Nevinger y soy madre – sonrió dulcemente.
– Eso si es bastante trabajo – sonreí.

La vi agotada, comenzó a dormitar, su mirada se tornó débil y cansada.

– Creo que sería mejor que te vayas – susurró cansada.
– Déjame hacerte compañía... prometo no hacer nada – sonreí confiado.

Me miró dudando, tenía una mirada melancólica, no lo pensó mucho... la situación no daba para más y apoyó su cabeza con cuidado sobre mis muslos, sus ojos miraban al frente... lado opuesto a mi estomago.

– No te pases de listo – susurró cerrando sus cansados ojos.

Sonreí y acaricié sus cabellos con cuidado, suavemente toqué la delicada piel blanca de su rostro, aprecié cada curva de su perfil e incluso su espeso maquilla en los parpados cerrados.

– Que bella eres... – susurré.

Su dormido cuerpo sobre la cama, su cabeza en mis piernas era extraño y su silenciosa respiración me hizo pensar muchas cosas; era un maravilloso momento, un simple momento que nunca había experimentado en mi vida, no necesitaba palabras para ser mejor... en realidad sí, hubiese sido perfecto si ella se sintiera como yo, dentro de una sensación única y especial, algo que nunca había sentido. El momento fue interrumpido por alguien que tocó a la puerta.

– Nixie... ¿estás allí? – preguntó Michael (el pelirrojo).

No sabía si responder o no, es decir... nadie sabía si yo estaba con ella; además ella estaba durmiendo y en mis piernas, el tipo quería entrar pero la puerta tenía el seguro.

– Chica... ¿has visto a Richard? – insistió en la puerta.

Empecé a desesperarme, no sabía que hacer... decidí despertarla.

– Nixie... – la moví con mucho cuidado.

Despertó, abrió sus ojos poco a poco y saboreó sus labios.

– Están llamándote a la puerta – dije en un tono casi silencioso.

Volteó su rostro y sus ojos penetraron en los míos, me miró un largo rato y se levantó para sentarse en el borde la cama.

– ¡Deja de molestarme Michael! – gritó con los ojos cerrados, sonriendo.
– Está bien – contestó desde afuera.

Sentimos los pasos del tipo alejarse poco a poco, miré a la chica que bostezaba a mi lado.

– ¿Cómo dormiste? – pregunté mirándola.
– Bien – sonrió y fijó su mirada en mis ojos otra vez.

Sus ojos me ponían nervioso, lo peor de todo es que le gustaba hacerlo; me sonrió mientras seguía mirándome con sus profundos ojos, apoyó su cabeza en mi hombro y tomó una de mis manos, me sentí extraño cuando entrelazó nuestros dedos... uniendo nuestras manos.

– ¿Por qué estás aquí? – preguntó mirando nuestras manos unidas.
– Porque quería conocerte... ya te lo dije – sonreí nervioso.
– ¿Por qué? – me miró con sus ojos cristalinos.

Su rostro provocó en mí un escalofrío, una sensación extraña... sus ojos estaban a punto de llorar y su voz decaída me hizo sentir responsable, no sé porqué, pero debía protegerla. Su mirada de dolor seguía perturbándome, solté mi mano de la suya y rápidamente tomé su rostro entre mis manos, tenía tantas ganas de besarla... pero no lo hice.

– Debo... confesarte algo... – dije en un susurro.

Me miró sin decir nada, sus ojos se mantenían iguales y daban lentos parpadeos.

– Creerás que estoy loco o que soy un maniático, pero provocas algo en mi... algo que nunca había sentido, es incómodo pero maravilloso a la vez, me gusta esta sensación que estoy teniendo al estar contigo. Tus ojos me vuelven loco, me hipnotizan de una manera impresionante, captan toda mi atención sin razón, tus labios me aclaman para que los bese y desgastarlos con los míos... mis manos mueren por tocarte, por explorar cada parte de tu cuerpo, tengo tantas ganas de quitarte la ropa y hacerte el amor toda la noche, sin parar. Tu frágil figura me hace pensar que eres la única mujer en este mundo... la única que necesito para vivir. La manera en que respiras, en que pestañeas hacen que me sienta diferente, de una manera en la que nunca me había sentido... tengo tantas ganas de compartir mi vida contigo... hasta los fines de mis días... protegerte... amarte... – acabé de hablar agotado.

Me miró con sus ojos ya secos, con su boca semiabierta y una sonrisa disimulada.

– A mi me agrada tu presencia... – guardó silencio – Me gustas – dijo en un tono inocente.

Sus sonrisa me hizo sentir seguro, al parecer no le molestó lo que dije... aunque haya sido un impulso; se acercó a mi y chocamos nuestras narices, sonreí y ella también lo hacía... estaba dispuesto a besarla, pero tocaron a la puerta.

– ¡Nixie te quiero en el estudio ahora! – gritaba Ángela.

Rió mostrándome sus marcados colmillos y cerró sus ojos.

– ¡Ya voy! – gritó alejándose de mi.

Odie tanto a Ángela por interrumpir aquel momento, ella se levantó para tomar su guitarra V, yo la seguí con la mirada desde su cama y caminó hasta la puerta.

– Vamos abajo – me miró con una leve sonrisa.

Asentí y la seguí, me guió hasta un cuarto en el cual practicaban, allí estaban todos: Arch Enemy y Rammstein. Todos me miraron extraño, Till se acercó a mi y movió sus cejas insinuando algo, yo reí sin cohibirme, Nixie se acercó a sus compañeros y tomaron posiciones para tocar.

– ¿Están listos? – preguntó Ángela.

Nosotros nos sentamos en unos sofás que allí estaban, Till levantó su pulgar diciendo que estábamos listos y comenzaron a tocar “Ravenous”. Con los chicos quedamos asombrados con la potente y agresiva voz de Ángela, era aterradora pero asombrosa, los coros casi silenciosos eran seguidos por una profunda voz... la de Nixie; las dos guitarras eran muy veloces pero siendo sincero solo me importaba una.

– Son geniales – me comentó Paúl.
– Realmente bueno... – sonreí mientras saboreé mis labios mirando a la chica.

Acabaron y nosotros aplaudimos maravillados, eran realmente buenos...

– Vamos a hacer una fiesta que dure toda la noche ¿se quedarán? – nos dijo Daniel riendo, el baterista.

Todos nos miramos sonriendo y Till habló por todos.

– Si ustedes quieren... nos quedamos – respondió riendo.
– ¡Genial! – rió Ángela abrazando a la pequeña.

Todos volvimos al comedor, sacaron botellas de licor de unas bolsas y comenzó a llegar gente que nunca en mi vida había visto; Nixie había desaparecido así que subí a su cuarto para buscarla, entré y no estaba... me senté en la cama y vi una carta sobre uno de los muebles, la leí... En eso entró ella y la arrebató de mis manos.

– ¡¿Qué crees que haces?! – me gritó enojada.
– ¿Quién escribió esa carta? – pregunté enojado.
– Nadie... – miró a otro lugar melancólica.
– ¿El padre... de tu hija? – tomé su rostro para que me mirara.

Guardó silencio, esa carta decía muchas cosas ofensivas contra ella, lo que hizo que me disgustara y odiase al que la escribió esa carta. Caminó a la cama y se sentó con sus ojos llorosos, me senté junto a ella y me contó todo...

(...) Alguien escribió cartas por mí diciéndole que había conocido a otro sujeto y muchas otras mentiras que él creyó... terminó conociendo a otra mujer y se casaron hace poco... Sumándole que ni siquiera sabe que fue padre... – dijo lloriqueando en silencio.

No puedo creer lo canalla que podía ser ese tipo; la abracé y acaricié sus cabellos.

– Vamos a distraernos un rato, vamos abajo – le sonreí.

Seco sus lágrimas y bajamos al entorno oscurecido con luces de colores, había una música muy fuerte y muchas personas bailando; sin darme cuenta ella había desaparecido de mi lado y me senté en el sofá con un trago en mi mano. A través del denso humo que había, pude verla en un sofá incomoda rodeada por muchos tipos, caminé hasta ella y la saqué de allí; nos sentamos en otro sofá pero esta vez solos.

– ¿Acosadores? – reí rodeándola con uno de mis brazos.
– Sí – sonrió apoyándose en mí.

Acaricio mi mano, la sobrepuso en su mejilla y cerró los ojos.

– Eres suave – sonrió.

Acaricie su rostro con delicadeza y ella se acercó a mi poco a poco, aproximé nuestros labios y al fin pude besarla. Con mi mano acaricié su mejilla, su boca entreabierta dejó pasar mi lengua que lentamente hizo contacto con la suya; me sentía magnifico, sus labios rozando los míos con una pasión agradable se sentían tan bien... parecerá extraño pero nunca me había sentido tan bien al besar a una chica, ese beso fue maravilloso. A medida que el beso se alargaba, nuestras lenguas se empujaban con más fuerza, nuestras bocas estaban en llamas al mezclar nuestras salivas... mi cuerpo estaba necesitando más y detuve el delicioso beso.

– Vamos arriba – susurré excitado en sus labios.

Tomó mi rostro y volvió a besarme con una pasión que me dejó con ganas de más, me levanté tomándole la mano y la guié lentamente a las escaleras, las subimos y mientras caminábamos por el oscuro pasillo oímos gemidos de otras parejas que ya habían comenzados; llegamos a la puerta de su habitación y la acorralé contra la pared junto a su puerta.

– Eres realmente hermosa – choqué nuestras amplias frentes.

Guardó silencio y con la punta de su lengua lamió mis labios, sonreí y volví a besarla fogosamente; sus brazos rodearon mi cuello y acerqué mi cuerpo al suyo, rodeó mis caderas con sus piernas y abrí la puerta, entramos y nos lanzamos a la cama después de cerrar la puerta; sus pechos tras esa camiseta chocaban con mi pecho y ya deseaba quitarle la ropa con una locura impresionante. Detuvo nuestro beso y se sentó en la orilla de la cama respirando agitada y tapándose la cara, yo tenía una fuerte montaña entre mis piernas y no quería esperar.

– ¿Qué pasa? – pregunté sentándome junto a ella.
– No puedo hacer esto – respondió mirando el suelo.
– ¿Por qué no? – me extrañé.
– No me gustan las cosas que solo duran una noche, mañana te iras y no volveremos a vernos... no me agrada tener sexo y que luego el hombre se vaya con toda la gloria; me gusta compartir este momento con algo más, con sentimientos...  – me miró apenada.

Acaricié su mejilla y besé sus labios dulcemente, ninguna chica me había rechazado por ese simple hecho, la miré a sus bellos ojos y sonreí.

– No tendremos sexo... haremos el amor – susurré en sus labios.

Noté su pequeña sonrisa y volvió a besarme.

– Yo quisiera... que estuviéramos juntos toda la vida... pero sé que no te sientes como yo... pero procuro que eso cambiara... esto es solo el comienzo... – dije mientras me besaba.
– Cállate de una vez – sonrió y me trajo sobre ella tirando de mi camisa negra.

Sonreí y acudí a su llamado, desabrochó mi camisa y la quito sin darme cuenta, yo jugaba con mi lengua en su boca mientras quitaba sus ajustados jeans, quité su camiseta y la dejé en ropa interior. De fondo se escuchaba “Reise, Reise” en la fiesta de la gran casa, quitó mi pantalón con una timidez que me excitaba cada vez más; con mis manos acaricié sus curvas, suavemente introduje mis manos bajo su cuerpo apoyado en la cama y desabroché su sostén pudiendo al fin besar sus pechos, jugaba con la punta de mi lengua con ambos pezones, ella acariciaba mis piernas con las suyas, masajeó mi espalda mientras volvía a besarla. Su lengua se movía con la mía, ese trozo de carne húmeda me volvía loco y hacía que me excitara más, mientras la besaba y sentía su respiración en mi boca, con mis manos llegué a sus caderas y con mucho cuidado bajé su ropa interior rozando sus suaves piernas con mis calientes manos, sentí como se erizó su piel y sus latidos retumbaban en mi pecho, lancé su ropa interior por algún de lugar y ella quitó la mía con miedo; sonreí mientras con sus ojos cerrados gozaba que le besara el cuello. 

La música se oía más fuerte y nuestras pelvis hicieron contacto, ella abrió grande sus ojos respirando acelerada, volví a besarla mientras la penetraba poco a poco. Sus ojos cerrados, su boca semiabierta expulsando aire caliente y su pecho elevándose para chocar con el mío era una sensación que jamás olvidaría; sostenía su espalda con un de mis manos mientras mi miembro entraba más en su interior, sentía las contracciones en su entrepierna y eso me aceleraba más, volví a besarla mientras me movía en su interior. Suspiró en mi boca  mientras movíamos nuestras caderas en un vals suculento y placentero, aumenté la velocidad y comenzó a gemir... lo que me volvió loco; arqueó su espalda quedando más cercana a mi en la cama, la presión que sentía en mi miembro era potente, lo que me hizo gemir igual que ella. Con sus piernas apretaba mis caderas, con sus manos sujetaba mis brazos con una fuerza placentera, su boca semiabierta dando gemidos y sus pechos sudorosos aplastados en el mío hacían de este un momento único.

Llegamos al clímax del momento y nuestros apasionados gritos se mezclaron con la música de la casa, su respiración potente se depositó en mis labios y su entrepierna hacía fuerza para mantener a mi pequeño dentro de ella un rato más, para complacerla seguí moviéndome agitado, nuestros cuerpos se rozaban el uno con el otro. Cerró sus ojos gozando del último impulso que podía dar y con mucho cuidado quité mi pequeño de su interior, me recosté junto a ella... la abracé para mantenerla con este calor especial. Me recosté de lado para mirarla ahora con otros ojos, me sonrió con sus ojos encogidos y besó la punta de mi nariz, sus pechos seguían aplastados por mi cuerpo y eso me gustaba, en ese abrazo entrelazó nuestras piernas y mis brazos cubrieron su espalda.

– Creerás que estoy loco... pero te amo sin siquiera conocerte... – susurré antes de besarla.

Nuestras lenguas volvieron a tocarse y bailar en nuestras bocas, sonrió y acarició su mejilla con la mía; ella mantenía un hermoso silencio, en el que me decía cosas sin palabras, prefería sonreírme y demostrar lo que sentía con gestos... lindos gestos.

Su pierna acaricia una de las mías, con una de sus atrapadas manos acarició mis labios, uno de sus delicados dedos masajeó mi labio inferior de izquierda a derecha, me miraba con unos ojos diferentes como si de verdad me amara... hizo presión e introdujo su dedo en mi boca para que jugase con mi lengua, cerró sus ojos de placer y sonrió, luego lo quitó y lo introdujo en su boca como un niña pequeña. Deje de abrazarla después de un largo rato y abrigué nuestros cuerpos con una sabana, se acurrucó apoyando su cabeza en mi pecho, la besé nuevamente con pasión y se durmió agotada, la abrigué con mi brazo y acaricié su mejilla mientras sonreí feliz con lo que había pasado... me dormí y juré que nunca la dejaría, jamás olvidaría esa noche.


Así la conocí, así me arriesgué a darle la vida a una desconocida, la que tiempo después se convirtió en la madre de mis hijos, a la que se volvió el amor de mi vida... a la mujer que se convirtió en mi razón de existir.

RZK.-

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