domingo, 22 de mayo de 2011

Chapter 23.

Amaneció. Richard llevó a los niños al colegio en la mañana para no molestarme.

– Buenos días ¿cómo dormiste? – sonreía leyendo el periódico sentado junto a mi.
– Aún tengo sueño – reí con los ojos cerrados.
– Mañana vendrá Dero – dijo leyendo.
– ¿Mañana?
– Si, quiere arreglar unos asuntos...
– Todo estará bien mientras no comiences a discutir sobre el video – lo miré seria.

Guardó silencio y siguió leyendo; Dero era uno de sus mejores amigos y hace algún tiempo él quiso que participara en uno de los videos de “Oomph!” en dónde mi rostro era oculto por un antifaz y tenía relaciones con Dero, no consultamos con Richard aquel asunto y eso hizo que se enfureciera, creando líos. Me levanté y fui a darme un baño, permanecí parada debajo de la regadera varios minutos, pensando bajo el agua caliente. Salí de la ducha y me vino un mareo fuerte, me sujeté del lavamanos para no caerme, fue extraño; acabé de secarme y me vestí.

– ¿Qué te pasó? – preguntó Richard mirándome preocupado.
– ¿Por qué? – me extrañé.
– Estás pálida, más que de costumbre... – se levantó y me tocó la frente.
– Tuve un mareo, pero no me siento mal – lo miré con miedo.
– Vamos al medico... – me tomó la mano para llevarme abajo.

Tomó su saco y le avisó a Teresa que íbamos a médico, subimos al auto y partió a la velocidad de la luz.

– Tengo hambre Rich... – hice puchero mirándolo conducir.
– Cuando lleguemos a la clínica comerás algo – sonrió mirándome de lado.

En unos pocos minutos llegamos, Richard estacionó el auto junto a los otros del lugar y entramos calmados.

– ¿Está el doctor Smith? – preguntó en el mesón.
– Si, ahora está con unos pacientes... ¿tiene cita con él? – preguntó la señora.
– Dígale que quiero hablar con él – sonrió.
– Está bien, tome asiento para esperarlo...

Richard asintió y me llevó a los asientos tomada de la mano, esperamos un buen rato. Me distraje mirando a los hombres de capa blanca pasar de un lado a otro con tablillas en sus manos, unos pequeños niños me saludaban con sonrisas que yo correspondía; salió el doctor y Richard fue a hablar con él mientras yo los miraba sentada. El doctor entró en su oficina y Kruspe me hizo una señal para que lo siguiera, entramos y saludé al anciano antes de que me examinara, le relaté los síntomas que había tenido y me dio un aparato.

– Ve al baño y pruébalo – susurró en mi oído.

Lo miré e hice caso, no quise ver la respuesta y se lo di al doctor cuando volví, me senté nuevamente junto a mi hombre y ambos miramos atentos al sujeto.

– Bueno Constance... claramente estás embarazada... – me sonrió.

Una felicidad sin sentido se apoderó de mí, la sonrisa en mi rostro apareció por arte de magia, miré a Richard que sonreía como un niño.

– ¿Cuánto tiempo tiene? – preguntó eufórico Richard.
– Unas cinco semanas mas o menos – sonrió mirándome el doctor.

No podía creerlo, el tiempo avanza más rápido de lo que creemos; el año pasado perdí un bebé y me dijeron que demoraría en recuperarse mi cuerpo como para volver a fecundar. Era una gran noticia, me encanta ser madre, me encantan mis hijo más aún teniendo a mi lado un gran padre.

– ¿Hasta cuando puedo seguir con los conciertos? – pregunté ansiosa.
– Pues a los 3 meses el sonido puede ser dañino para la criatura, te recomendaría que no dieras conciertos hasta que el bebe naciera, pero como tu vives de eso... podrás conciertos hasta que cumplas las 10 semanas y eso no sería riesgoso – dijo sonriente.

Me dio recomendaciones para llevar un embarazo sano, salimos de la oficina y Richard me abrazó llorando emocionado, sonreí cerrando los ojos mientras me levantaba a su altura.

– ¡Seremos padres mi amor! – dijo entre llantos.

Besé su mejilla feliz, compartir mi vida con este hombre era maravilloso, y que él fuera el padre de mis hijos aún más.

– Casémonos ahora mismo – tomó mi rostro entre sus manos y me miró con sus ojos cristalinos.

Sonreí, me gustaba ese tipo de impulsos pero yo quería una ceremonia linda como la de nuestro primer matrimonio.

– ¿Y la ceremonia?
– Ya tuvimos una, no importa eso ahora... vamos, casémonos ahora mismo – sonrió.
– Está bien – sonreí emocionada.

Rió y de mi mano caminó hasta el auto, lo abordamos y fuimos al juzgado en donde trabajaba Mack, mi abogado.

– Llámalo y dile que nos espere en la entrada

Asentí y lo llamé, le dije lo que pidió Richard; llegamos y allí estaba.

– ¿Hay algún juez disponible? – preguntó.
– Creo que si, ¿por qué? – nos miró extrañado Mack.
– Queremos casarnos – sonreí nerviosa.
– ¿Ahora? – gritó.
– Si ahora, anda y ve si hay un juez disponible – rió Richard.

Mack rió y entró corriendo, se veía bien con su traje negro. Richard me miraba embobado y me encantaba, quería besarlo pero debía esperar, sonó mi teléfono era Mischa pero corté. En eso llegó Mack quien nos dijo que entráramos porque había un juez libre, ansiosos lo seguimos y vimos al tipo preparando el papeleo para unirnos en matrimonio, nos pidió datos importantes y comenzó con el discurso típico.

La emoción que sentía en mi interior era más poderosa que antes, imaginarme envejeciendo con el hombre que estaba junto a mí, era maravilloso, una sensación única y especial; su mano sujetaba lamía ansioso, la sonrisa en su rostro no desaparecía y eso me emocionaba más; el miedo de que todo fuera arruinado por alguna cosa como en nuestro matrimonio anterior, había desaparecido... estaba preparada para cualquier cosa.

– Acepto – sonrió Richard.

Lo mismo dije yo cuando me preguntaron si quería a este sensual hombre para compartir mi vida pase lo que pase... hasta que la muerte nos separe. Firmamos el contrato que demostraba ante la ley que estábamos unidos y el juez dijo la frase mágica.

– Ahora pueden besarse –

Mack aplaudía mientras Richard me besaba tomándome en sus brazos como en las películas, no me dejo caer, sus piernas nos mantenían en esa romántica pose; mi espalda arqueada sostenida por las manos del Alemán, sus labios abrazando los míos en un beso con pasión, su respiración pasiva era reposada sobre mi boca, era un momento bello que quería que fuese eterno.

Aquel 16 de Mayo mi vida comenzaba otra vez.

– Te amo mi vida – susurró mirándome a los ojos.

Detuvo el beso mientras que me abrazaba, salimos del lugar después de agradecer al juez y a Mack por el favor, cuando estábamos afuera Mischa volvió a llamarme y esta vez contesté.

– ¿Qué hay? - reí.
– ¿por qué diablos no me contestas? – dijo enojada.
– Porque estaba casándome – miré a Richard sonriendo.
– ¡Hija de puta! – rió Mischa.
– ¿por qué? – reí.
– Yo también me acabo de casar...
– Mentira.... – reí.
– En serio, juntémonos en el bar de Petter ¿si?
– Bien, nos vemos – sonreí y corté.
– ¿Qué paso? – me miró curioso.
– Mischa acaba de casarse – reí.

Me miró asombrado, sonrió y volvió a besarme, sonreí y rodeé su cuello con mis brazos mientras ponía sus manos en mi cintura.

– Te amo Rich – susurré.
– Y yo a ti Connie – sonrió.

Ese beso hubiera durado más, pero debíamos ir al bar de Petter para encontrarnos con los chicos; abordamos el auto y partimos. Llegamos y en el bar estaban todos los miembros de Nevinger y sus familias, incluso la viuda de Max.

– ¡Que vivan los novios fugitivos! – gritó Petter abriendo una botella de champaña.

Nos abrazaron todos y nosotros felicitamos a Mischa y Ville quienes nos copiaron la idea.

– ¡Tengo que anunciar algo! – gritó Richard haciendo sonar una cuchara con su copa.

Todos lo miraron atentos mientras Richard me abrazó con uno de sus brazos.

– ¡Va a nacer un nuevo miembro de la familia! – rió besándome.

Todos gritaron aplaudiendo, las chicas me abrazaron al mismo tiempo que los chicos alababan al alemán, esta fiesta era grandiosa pese a los matrimonios ocultos; el apoyo que sentí por parte de los chicos fue llenador, me sentía muy feliz.

– ¡Yo también voy a ser padre! – rió Ville gritando.

Grité asombrada y abracé a Mischa, era mucha coincidencia que nos casáramos el mismo día y que ambas estuviésemos embarazadas.

– ¿Alguien más está embarazada? – gritó Andréu riendo.
– ¡Yo! – gritó Petter riendo.

Todos reímos, el ambiente era acogedor y gratificante, risas, abrazos, amigos y familia; tenía a mis amigos, al amor de mi vida, tan solo faltaban mis hijos que estaban en la escuela. Pasamos una tarde agradable y a eso de las 17:30 con Richard volvimos a casa para contarles a los niños la noticia, Lilian quizá no lo entendería, pero Alexander con Cristal si. Llegamos y los encontramos comiendo galletas, nos sentamos junto a ellos y Teresa, les contamos sobre nuestro matrimonio con lujo de detalles, los niños se pusieron felices y Teresa nos felicitó. El tema del bebé tenía que hablarlo con ellos más adelante, cuando tenga panza...

Pasamos una tarde en familia, como hace mucho no lo hacíamos, ayudé a los niños con la tarea del colegio mientras que Richard jugaba a las muñecas con Lilian, se veía tan adorable como un buen padre.

Llegó la noche y arreglamos la casa ya que mañana recibíamos visitas; nos fuimos a dormir agotados, fue un día muy intenso.

– Lastima que no podemos celebrar la luna de miel... – susurró besando mi cuello.
– ¿Quién dice que no? – reí.
– No quiero arriesgar a la criatura mi amor, prefiero esperar... – sonrió quitándose la remera.
– Espero que puedas esperar – bufé.

Recordé cuando me engañó con esas prostitutas.

– Te esperaré porque te amo – susurró en mi oreja.
– Hace tres años también me amabas... – cerré los ojos.
– ¿Vas a empezar?
– Lo siento, pero no quiero volver a perderte – coloqué sus manos en mi vientre.
– No volveré a cometer el mismo error – suspiró besando mis cabellos.
– Buenas noches – sonreí.
– Buenas noches mi amor – rió.

Nos dormimos mientras que en la casa de Mischa si celebraban su luna de miel, quizá no como corresponde pero digamos que hubo un gran alboroto en su cama matrimonial.

– Te amo – susurró en los labios de Mischa el finlandés.
– También te amo esposo – rió Mischa cubriendo su desnudo cuerpo con la sábana.
– Estoy feliz con esto de ser padre – sonrió.
– Eso me hace muy feliz mi amor – sonrió emocionada.

Se acurrucaron para mantener su calor corporal, un día especial con noticias que llena sus corazones de una alegoría alucinante.
Amaneció en California, un sol de primavera viniéndose encima el verano; entre los brazos de aquel ser maravilloso abrí mis cansados ojos, aprecié cada centímetro cuadrado de su rostro frente al mío. Besé sus labios mientras él aún dormía, me levanté con cuidado para no despertarlo y bajé a ver a los niños que se preparaban para irse a la escuela.

– Buenos días tesoros – besé la cabeza de cada uno.
– Hola mami – sonrieron.

Sus rostros felices de verme me conmovían, no puedo creer que cada uno de ellos estuvo en mi interior nueve meses, ellos son por lo que sigo aquí... no puedo entender porqué crecen tan rápido, me duele cada vez que salgo de gira y los dejo, he perdido momentos maravillosos.

– Yo los llevaré hoy a la escuela –sonreí comiendo una tostada.
– ¿Segura? – me miró Teresa.
– Si, no te preocupes; ya no tengo sueño y no me molestaría dejar a mis hijos – sonreí.

Acabaron el desayuno y los llevé al auto, subieron y les abroché el cinturón de seguridad a los tres, iban felices al igual que yo, hace mucho tiempo que no los llevaba a la escuela en el lamborghini. Estacioné el auto y todos lo quedaron mirando, bajé a los niños y a Lilian la llevé en mis brazos porque estaba quedándose dormida; encontré a algunas personas conocidas que preferí no saludar, todos los adolescentes me miraban boquiabiertos. Dejé a Cristal y Alexander en sus salones y llevé a Lilian al jardín de infantes en donde me recibió la profesora, le di a mi hija ya despierta y cuando me giré para irme me encontré con aquel sujeto... con la persona menos indicada.

– Hola Nixie... – dijo apretando su mandíbula.

Mis ojos lo miraron fijo sin respuesta, mi respiración aceleró un poco y los recuerdos comenzaron a aparecer en mi cabeza, una jaqueca aplastó mi cerebro.

– ¿Qué pasa Nixie? – rió irónico.

“El frío, el silencio, un doloroso miedo nocturno entre aquellos pastizales abandonados; un grito tortuoso abarca el aire, sin respuesta a la terrorífica escena, ingresa al auto la persona culpable, encendiendo el motor a 215 Km./h dejando atrás aquella figura humana abatida por un grueso parachoques (...)”  

Negué con mi cabeza cerrando los ojos por el dolor, caminé ignorando al sujeto, quería irme... no podía quedarme allí. Corrí a mi auto estacionado mientras todos me miraban.

– ¡Asesina! – gritaba aquel tipo desde la puerta del establecimiento.

Subí al auto y choqué mi cabeza con la bocina del volante, haciendo que el ruido destruyera mis nervios.

– Esto no está pasando... – dije ahogándome en desesperación.

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