El tiempo sigue y jamás se detiene, por mucho que así lo queramos. Llegó aquel viernes 13 de Mayo y era hora del concierto.
– Espero que les vaya muy bien – dijo Ville dándonos todo el apoyo afuera del recinto.
Entramos a la zona de los camarines y nos encontramos con muchos conocidos, también con aquellas personas que nunca en mi vida quisiera volver a ver... pero no iba a dejar que eso arruinara este gran fin de semana.
– Estoy nervioso... – susurró Alex.
– No puedes echarte para atrás ahora – lo miró frunciendo el seño Mischa.
– Vamos a triunfar hoy queridos – dije orgullosa.
– Lo sé mi amor – dijo Mr. B. subiéndose al bus del egocentrismo.
Todo reímos mientras un asistente nos guió al camarín, entramos y nos relajamos en esos cómodos sofás.
– ¿Creen que lo haremos bien? – preguntó Andréu.
– ¡Lo haremos espectacular! – gritó eufórica Mischa.
Veíamos a Alex muy complicado, callado, al parecer no estaba listo; pasaron unos minutos y nos dieron la señal.
– ¡Nevinger entra en cinco minutos!
– ¡Si maldita sea! – gritó Petter.
Salimos del camarín, para suerte nosotros dábamos comienzo al MegaFest; subimos al oscurecido escenario, la batería resaltaba con su gran NG, el bajo de Petter... su hacha gigante junto a mi, Mischa a mi derecha y Alex había desaparecido. Lo busqué desesperada con la mirada pero encendieron las luces y yo debía comenzar.
– ¡Buenas Noches California! – grité a toda voz.
Al costado del escenario vi a Alex negándose a subir, le grité enojada tapando el micrófono pero no había caso, le arrebaté su guitarra y comenzamos a tocar “Save me” con los chicos., todo iba bien, la gente saltaba y gritaba como os gusta, yo estaba enfurecida y eso le daba más intensidad al show. Acabó la canción y corrí en dirección de Alex, iba a golpearlo pero Petter me sujetó.
– ¡Subes ahora o te saco de la banda después de partirte la cara! – grité enojada.
Me miedo con miedo y decidió subir, le di su guitarra y el publico aplaudió dándole ánimo al nuevo chico, que sufría de pánico escénico; no podía creer que fuera tan bueno y se paralizara en un escenario. Comenzamos con el siguiente tema, un solo de bajo que hizo a todos gritar, se unió una percusión silenciosa y cuando ingresaron las poderosas guitarras las luces del escenario hicieron una participación admirable, comencé a cantar y se me puso la piel de gallina; Mischa y Petter en los micrófonos haciendo los coros con sus grandiosas voces que me hacían sonreír, Andréu atrás lanzando sus baquetas al aire demostrando su gran habilidad y Alex... bueno, me puse a cantar mirándolo de frente para que participara de este gran show; a medida que el público enloquecía y la adrenalina nos poseía, Alex tomó confianza y se unió a las estupideces que hacía Mister B... como lo hacía Max.
Llegó el momento de recordar viejos tiempos y se apagaron las luces, me quité la chaqueta y comenzó a tocar la introducción Mischa, la canción “Given up” hizo que las personas aclamaran nuestro nombre, juegos de miradas, ojos mirando con emoción y todos saltando sobre ese escenario... eran grandioso, un grito duradero de unos 50 profundos segundos hizo que los instrumentos se detuvieran.
Acabamos agotados aquella maldita melodía y el público quería más, me dieron una botella con agua mientras que Andréu desnudó su torso, Mischa cambiaba su guitarra, Petter arreglaba su gracioso sobrero de bufón y Alex hacía crujir sus nudillos.
La guitarra de Mischa en el centro del escenario junto a Alex, que se sumó luego el bajo de Petter, daban comienzo al tema que nos vuelve locos, Andréu marcó el paso y comencé a cantar “S.E.X.” Petter y Mischa jugaban mostrándose las lenguas mutuamente, yo cantaba mientras acariciaba sensualmente a Alex, Andréu atrás seguía con sus rápidos movimientos y el público hacía lo suyo.
– ¡S! – grité.
– ¡Is for the simple need! – respondió el público.
– ¡E!
– ¡Is for the ecstasy!
– ¡X!
– Is justo to mark the spot!
– Because that’s the one you really want...!
La interacción que tenía el público con nosotros era grandiosa, esta canción nos revolucionaba las hormonas y al mundo le gustaba vernos interactuar sobre el escenario, el público gritaba “¡YES!” como si fueran placenteros orgasmos cada vez que yo acababa una frase de la canción. Terminado el tema seguimos con uno que nos encendía más... “Flat on the floor”, nuestra primera canción, la que hizo a todo el mundo saltar; nos enorgullece cantarla en todos los malditos conciertos. Llegamos a la supuesta última canción y ‘Constantine’ entró en escena, la canción “Smoke and Mirrors” comenzó a sonar y el sujeto vestido de traje, con calavera en lugar de cabeza con un sombrero de copa y vestido elegante, me dio una bella rosa roja mientras cantaba. El público aplaudió la presencia de aquel tipo que representaba a nuestro emblema, así acabamos el espectáculo dejando a las personas gritando nuestro nombre, pidiendo una canción más.
– Me encanta oír esos gritos – sonrió con los ojos cerrados Mister B.
– Una más y acaban – nos dijo el asistente.
– ¿Seguro? – reí.
Asintió y volvimos a subir al escenario, primero Andréu haciendo que los gritos se mezclaran con chillidos, luego Mischa, Petter y Alex haciendo que aparecieran los mágicos aplausos, un solo ruido me complacía oír: “¡Nixie! ¡Nixie!”. Lo que me motivó a subir y pararme con el micrófono en la mano mientras un mar de gente desconocida gritaba mi nombre.
– Debo decirles que esta será nuestra última canción... por esta noche – el público seguía gritando – Bueno, no los haremos esperar más – reí.
Se apagaron las luces y en el silencio se oía aquella dulce melodía dada por un teclado electrónico, las baquetas de Andréu pulsaron el inicio de las guitarras y el bajo, una voz aguda y frágil sonaba desde mis cuerdas vocales, la voz de Mischa me acompañaba en las notas altas y Petter hacía sonidos gregorianos para hacerla parecer música gótica; “The truth Beneath the rose” cerró aquella magnífica noche de emoción.
– ¡Muchas gracias a todos ustedes!
Dije agotada mientras todos hacíamos reverencias agradecidos; bajamos por el costado izquierdo escuchando los gritos y aplausos, nos esperaban Avenged Sevenfold, quienes nos felicitaron por el show.
– Estuvieron grandiosos – rió Shadow.
– Gracias bonito – reí besando su mejilla.
– Mucha suerte chicos – sonrió emocionado Petter.
– Gracias – dijeron todos.
Subieron al escenario y nosotros partimos al camarín, caminamos por esos pasillos llenos de gente y asistentes moviendo los instrumentos personalizados de cada diferente banda; se sentía bien recibir sonrisas y apretones de manos felicitándonos. Llegamos al cuarto y nos encontramos con lo que nos gusta...
– ¡Whiskey! – gritó Mischa levantando sus brazos triunfante.
– ¡Vodka! – la imité riendo.
Botellas de licor sobre una mesa con limón y tabaco; nuestro asistente de sonido sabe como nos gusta celebrar una gran noche, nos sentamos rodeando aquella mesa pequeña y comenzamos a beber, los chicos fumaban y yo los miraba.
– Que gran noche – suspiró Andréu estirándose.
– Estuvo mal lo que hiciste Alex, espero que no se repita – lo miré disgustada.
– Lo siento, no volverá a pasar jefa – me miró apenado.
– Deja de llamarme jefa, dime Nixie – reí golpeándole el hombro.
– Si yo fuera Nixie, te despido al acabar la primera canción – rió Mischa.
– No seas tan mala – reí.
– ¿Quién sigue luego? – preguntó Petter.
– No lo sé, creo que Metallica – dije encogiéndome de hombros.
Golpearon a la puerta y Alex abrió.
– ¿Está Nixie? – dijo una voz.
Alex asintió y Mustaine entró, nos saludó a todos con su sonrisa distintiva.
– ¿Puedo hablar contigo a solas? – susurró en mi oído mientras me abrazaba.
– Claro, vamos afuera – sonreí.
Salí atrás de él sonriendo mientras que los chicos me miraban extrañados, cerré la puerta y lo miré frente a mí.
– Shawn nunca habló contigo, pero quería pedirte que ustedes tocaran un par de canciones conmigo... – sonrió levantando sus cejas.
– ¿Con nosotros? ¿Pero cómo? Somos cinco y ustedes son cuatro... – lo miré confusa.
– Pues necesito a las dos guitarras, el bajo y la batería... tan solo eso, pero... – me miró fijo.
– ¿Pero qué?
– Te quiero a ti en una de las guitarras...
– ¿A mi? – Reí – Pero yo canto solamente...
– Sé que eres buena en la guitarra, también quiero a Mischa... en otras palabras no quiero al chico nuevo – me miró serio.
Este tipo siempre iba al grano, nunca daba rodeos y eso me encantaba en su persona.
– Está bien, no hay problema – sonreí emocionada.
– Ah, y hay de un asunto que quiero hablarte, pero ahora no... Si Hetfield te habla primero me lo dices ¿si? – tomó mis hombros con fuerza.
– ¿Por qué? – me extrañé.
– Ya lo sabrás – sonrió despeinándome.
– Bien, lo haré – sonreí.
Acarició mi mejilla y se fue camino al escenario.
– ¡Dave! – me giré gritando.
Se volteó a mirarme preocupado con la boca abierta.
– Suerte – sonreí como una niña pequeña.
– No la necesito – sonrió haciendo ese gesto con su boca y siguió caminando.
Volví a entrar al camarín y los chicos seguían bebiendo, me senté en donde estaba anteriormente y los miré.
– ¿Qué pasa? – preguntó Mister B.
– Mustaine quiere que toquemos con él – los miré seria.
Todos guardaron silencio mientras Andréu sonreía.
– ¿Pero...? – preguntó Mischa.
– Pero quiere que yo y Mischa estemos en las guitarras...
– ¿Y eso que tiene de malo? No me molesta que no me incluyan, estoy recién superando mi pánico de hace un rato, no tengo problema en que yo no toque – sonrió Alex.
– ¿De verdad? – lo miré.
– Claro – sonrió.
– Bien ¡Genial! – reí.
– ¿Y por qué quiere tocar con nosotros? – se extrañó Petter.
– La verdad no lo sé – bebí un vaso de whiskey.
Volvimos todos a beber mientras hablamos de otras cosas, estábamos felices de volver a los escenarios con una formación definitiva; pasaron unas tres horas y nosotros ya queríamos irnos, pero un asistente nos dijo que era el momento de tocar con Mustaine. Volvimos a caminar por ese oscurecido pasillo, esta vez con mi guitarra V en la mano y subimos a ese ya conocido escenario, Andréu tuvo el placer de tocar la batería de Megadeth, Petter tocó su bajo y yo con Mischa nuestras propias guitarras, Mister B. atrás de Mustaine, yo a su izquierda y Mischa a su derecha.
– Tú tocaras los acordes que toco yo ¿si? – me susurró con confianza Mustaine.
– Está bien – asentí.
Se encendieron las luces y comenzamos a tocar “Kick the Chair”, era raro ver a Dave Mustaine sin guitarra, pero se sentía bien tocar con un dios como este pelinaranjo, yo hacía los coros mientras Petter reía con Mischa, Andréu disfrutaba la batería de uno de sus ídolos; el solo de guitarra de esa canción hizo hervir mi sangre, mis dedos se movían solos y los ojos de Mustaine bajo esa gran cabellera me motivaba a no detenerme. Cerré mis ojos para disfrutar del sonido; tuve el placer de tocar junto a Mischa “I know Jack”, un demo que no tiene cantos y que dura un minuto, pero es genial; luego tocamos “Five Magics” nuevamente impulsados por la batería del francés.
De reojo sentía las miradas de Dave con sus labios estirados como solo él sabe estirarlos, reí sin poder evitarlo y comenzó a cantar mientras Mischa hacía los primeros solos de guitarra, el público que saltaba como animales me recordaban mis días en Arch Enemy y As I Lay Dying. Llegó mi turno del solo y me sentí maravillada, cantar y tocar junto a mis amigos y este sujeto se sentía grandioso, mis dedos actuaban sin mi consentimiento y mi guitarra estaba en llamas, mis pies marcaban el paso. Y siguió uno de los mejores temas “Something I’m not”, de la cuál nosotros hicimos un cover en nuestro último disco; los cuatro nos sentíamos genial tocando, nuestros rostros demostraban como estábamos disfrutando. Finalmente acabamos el espectáculo con “Headcrusher”, la que nos hizo volar a todos, esto parecía un sueño. Acabamos, bajamos y Mustaine nos reunió a los cinco, luego llegaron los otros tres de Megadeth.
– Queremos proponerles algo... – dijo Dave.
– ¿Qué cosa? – dijo emocionada Mischa.
– Con las otras tres bandas de Big 4 hemos decidido apadrinar a una banda para que participen con nosotros en los conciertos, y como ustedes se asemejan a nosotros, sobre todo nosotros Connie... quería saber si... ¿les gustaría ser hijos de Megadeth? – preguntó moviendo sus dedos como comillas en la palabra HIJOS seriamente Mustaine.
No podía creer lo que habíamos oído, era algo que no esperábamos; admito que sonreí al oírlo, pero... no sé, era tan extraño todo.
– ¡Nevinger acepta! – rió apresurada Mischa.
Todos rieron, Megadeth abrazó a Nevinger felices, era un suceso extraño, pero uno que hace tiempo esperábamos... algo como esto no era precisamente, pero se asemejaba un poco, algo como esto no pasa todos los días.
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