Su
voz se mezclaba como un dulce delirio dentro de mi propia sintonía, la
melancolía solía aparecer en ocasiones y el sentido de la vida volvía a ser
perturbador… Aún no sé porque pasan las cosas malas, o simplemente ignoro la
fuente que lo provoca, pero no tolero seguir así.
–
Me parece perfecta… – dije sin mucho ánimo.
–
¿De verdad lo crees… o solo lo dices porque quieres irte? –
levantó las cejas molesta.
–
Me gusta, de verdad Mischa, no creas que digo eso porque
quiero irme…
–
Pues pareciera que lo haces solo por eso – frunció el seño.
–
Sabes que no tengo ganas de discutir Bauer, no me vengas
con berrinches – cerré los ojos, dejé caer mi cuerpo en un asiento.
–
Sé que lo que está pasando con Sullivan te tiene a la
deriva, pero ella se lo buscó – dijo como consuelo.
–
No es solo eso Mischa, que cosas que dices – reí sin ganas – ¿Sabes? Nunca creí que volvería a ver a una persona tan
mal… después de lo que me pasó creí que eso quedaría en el olvido…
–
Pero ya ves… las cosas pasan cuando menos lo esperas.
–
Además, no es lo único que me tiene así – la miré abatida.
–
Sé lo que estás pensando… pero déjame decirte que eres una
idiota – se sentó junto a mi.
–
No es que sea idiota… bueno, tal vez si lo sea… pero,
mierda. ¿Por qué me pasa esto a mí?
–
¿Quieres que te de un consejo?
–
No, tus consejos siempre me deprimen más – reí.
–
Bueno, tu sabes que Naomi ama a ese sujeto… aléjate de
ellos.
–
¿Cómo? Ella es mi baterista, la necesito cerca de mí… y él
más que mal es el padre de mi hija… No puedo alejarme de ellos… les haría daño
a terceros y eso es lo que menos quiero – suspiré.
–
Haz lo que quieras entonces, recuerda que a veces hay que
hacer sacrificios…
–
Lo sé…
–
Bueno, mejor me marcho, mis pequeños deben estar
extrañándome, cuídate mucho… Te voy a ver mañana por el asunto de las
canciones, no quiero seguir retrasando la grabación del nuevo disco.
–
Descuida, ven a mi casa mañana al medio día, arreglaremos
todo y veremos el problema de Sullivan, ya entiendes…
–
Sí, cuídate mujer, te amo – besó mi cabeza.
–
Adiós Mischa – sonreí con los ojos cerrados.
Su
figura desapareció atrás de la gran puerta de este mini teatro, miré el techo
como una tonta, intentado ordenar mis ideas, dejar de atormentarme con tantos
líos… con tantos problemas que seguían apareciendo en mi vida.
Ya
era octubre, ya se acercaba un nuevo aniversario de la muerte de Max, se
aproximaba aún más veloz el cumpleaños de mi madre, también el matrimonio de
Naomi con Corey. Sé que no soy la única que piensa que ese matrimonio es muy
pronto para ellos… pero no puedo meterme en asuntos que no me incumben; mi vida
había comenzado alejada de todos esos líos, no podría dejarme derrotar por un
hombre que me hizo tanto daño… por mucho que lo siguiera amando debía renunciar
a él.
Además,
Lu, mi bajista y amiga, había comenzando a asistir a la clínica del doctor Matt
Hansen, la habían internado hace aproximadamente dos semanas y media, su
situación mejoraba poco a poco, debería ir más rápido, pero parece que Lu era
un poco débil bajo ese aspecto. El mismo doctor que me trató a mí me dijo que
si ella mejoraba aún más de lo que ya estaba, su estadía en la clínica sería
reducida a sesiones semanales… tal como lo hice yo, aunque en realidad nunca me
internaron… en ese punto, tuve una gran fuerza de voluntad.
Aquella
mañana Mischa apareció en mi casa con sus cuatros hijos, Sean ya estaba
viviendo conmigo pero para variar estaba en plena filmación de una nueva
película, así que no pasaba mucho en casa. Los niños fueron a jugar a sus
cuartos mientras esperaban que Ville pasara por ellos para ir al parque, Mischa
y yo fuimos a mi escritorio para conversar unos asuntos.
–
¿Entonces?
–
Pues las cosas marchan bien, las ganancias siguen subiendo
y básicamente estamos subiendo de nivel –dije mientras levanté una ceja,
revisando los documentos que mandó la disquera.
–
¿Cómo va el marketing? Según Michael Roadrunner quiere
llevarse más de lo debido porque sigue abarcando con los negocios de tu carrera
de solista – miró por la ventana.
–
Eso no tiene nada que ver – leí otra hoja – Esos asuntos
los tiene que hablar conmigo, mi carrera es paralela a la de Nevinger, no tiene
nada que ver con estos precios… – firmé el documento – El dinero debería estar
siendo depositado en nuestras cuentas a medida que lleve este papel a la
disquera, la paga estará en cuanto demores en llevarlo – la miré.
–
Voy ahora si quieres, tengo que ir a comprar las cosas para
la casa…
–
¿Estás segura? Si quieres puedes llevarlos mañana, no es
necesario tanto apuro.
–
Para mi sí, quiero el dinero lo antes posible, debo
terminar mi modelo de guitarra y necesito para financiarlo…
–
Puedo ayudarte con eso, si quieres – me quité las gafas.
–
No, tranquila. Esto no te incumbe, solo preocúpate de las
finanzas de la banda, hay que hacerle llegar lo suyo a la familia de Petter…
–
Sobre eso… – susurré.
–
¿Qué sucede con eso?
–
Pues sobre Petter… Lo sacaremos definitivamente de la banda
– dije fríamente.
–
¿Qué…? No puedes hacer eso – frunció el seño.
–
Mischa, Petter no ha mejorado nada, Lu dejará de ser un
reemplazo, será nuestra nueva bajista quieras o no. Y sobre las ganancias, pues
le daré lo que corresponde, un 10% de las mías, Petter ya no ganará nada, y su esposa
tiene un empleo estable… le donaré 10% de mi parte todas las veces que así lo
requiera… puedo sobrevivir con el dinero que saco del resto de cosas que hago…
–
Nunca creí que pasaría esto – me miró apenada.
–
Yo tampoco, más aún después de todo lo que pasamos, pero no
podemos seguir esperando…
–
¿Esperando? Lu está en una clínica para drogadictos Nixie…
¿Y no quieres seguir esperando? Estamos a la mitad de la grabación del nuevo
disco, será mejor que te busques un nuevo bajista…
–
No – la miré.
–
¿Cómo que no?
–
No podemos darnos el lujo de estar metiendo a desconocidos
entre nosotros – fruncí el seño – Además, ya decidimos que Lu sería nuestra
bajista, no me vengas a contradecir ahora Mischa.
–
Haz lo que quieras, después no te quejes que nos retrasamos
con el trabajo…
Íbamos
a seguir discutiendo cuando sonó el timbre, Mischa y yo nos miramos un poco
molestas, debería ser Ville que venía por los niños para llevarlos al parque.
Teresa abrió la puerta y dejó entrar al hombre, golpeó la puerta de mi
escritorio, pero a mí y a mi hermana se nos cayó la cara al ver que no era
Ville…
–
Hola – sonrió un poco complicado.
–
¿Qué haces aquí? – pregunté asombrada.
–
Vine a hablar contigo… a solas – miró a Mischa.
–
Está bien, yo voy a llevarme a los niños… los traigo en la
noche – me miró.
Asentí,
ella se fue y luego de que sintiera cerrarse la puerta de entrada me puse de
pie para cerrar con seguro la puerta de mi escritorio, caminé a la ventana y no
comprendía que hacía él aquí.
–
¿A que has venido…?
–
Quería… hablar contigo…
–
¿Qué es lo que quieres Corey? – me giré para mirarlo.
–
Yo…
Se
acercó a mí con una mirada devastada, en un silencio que dejaba muchas cosas al
azar, sentí melancolía verlo y sentirlo así. Mis ojos se impregnaron en los
suyos que me observaban con dulzura, tragué saliva complicada y sufriendo.
–
Aún no comprendo que estás haciendo aquí…
–
Mi amor… – me abrazó de improviso.
Su
cuerpo se derrumbó sobre el mío, su calor corporal se traspasó como si fuera
necesario, sus brazos me cobijaron en su pecho como una niña frágil y desprotegida,
no podía negarme a aquel contacto… miles de recuerdos se apoderaron de mi mente
mientras mi brazos lo rodearon, mientras sus manos acariciaban mis espalda y
mis cabellos… Las memorias se hacían presentes cada vez con más fuerza mientras
nuestros ojos cerrados nos dejaban sentir la respiración del otro, mientras que
una sensación de vacío nos llevaba a ambos al mismo tiempo.
–
Te amo… – susurró en mi oreja, con aquella voz tan ronca y
sensual.
–
Yo… – no sabía que me pasaba – También te amo Corey…
Luego
de estar unidos ambos uno contra el otro un largo rato, poco a poco sus manos
llegaron a mis mejillas, las tomaron con cuidado y al abrir mis ojos me sentí
arrastrada a un abismo, sus maravillosos ojos azules me observaban con ese
cariño que siempre me han guardado, con esa anhelación de un último deseo que
nunca se concretó; con una de mis manos acaricie una de las suyas que yacían en
mi rostro, sonreí levemente mientras intentaba desviar mis ojos a otra
dirección, pero era inevitable, sus ojos me hipnotizaban.
Sus
labios hicieron impacto sobre los míos dulcemente, en pleno silencio, sin que
existiera nada que nos interrumpiera, sin nada ni nadie que nos dijera que lo
que estaba pasando… estaba mal. Ambas lenguas se abrazaron con desesperación,
como si se necesitaran una a la otra, como si ambas se extrañaran…
Con
su destreza me llevó sobre el escritorio donde solía escribir mis canciones,
apartó todo lo que había encima con uno de sus brazos y luego me sentó sobre
él, nuestras bocas mantenían contacto todo el tiempo, robándose la respiración
y dulces movimientos. Con cuidado y con desesperación al mismo tiempo, mis
manos fueron a su cintura para quitarle la remera que traía puesta, él sonreía
seductor al ver que por mi parte había un deseo oprimido igual que en él.
Nuestras prendas fueron desapareciendo una a una, con lentitud y pasión, una
tras otra…
Cuando
quedamos tan solo en ropa interior me di cuenta que estaba cometiendo un error,
pero dije para mí misma: ‘No importa, es solo una última vez… vamos, es el
último error… ¿A que le temes?’ Y para variar mi subconsciente es más poderoso;
mientras nuestras lenguas mantenían contacto sus manos fueron a mi espalda para
desabrochar mi corpiño, lo lanzó lejos mientras yo acomodaba mis piernas junto
a sus caderas, abiertas como tijeras sentada sobre el escritorio… su boxer y mi
pantaleta desaparecieron, para así dar inicio a lo que alguna vez dio origen a
nuestra relación ya hace muchos años atrás…
Nuestras
pelvis mantenían contacto pleno mientras él se movía para darme placer, con mis
manos me sujetaba del escritorio para no caerme, hubiera sido gracioso si el
momento se arruinara por mi caída desde el mueble, pero no pasó; su cara de
placer mientras me invadía era imborrable de mi mente, hacía tanto tiempo que
no hacíamos el amor… que ya había olvidado su cara de excitación. Mis gemidos
intenté reprimirlos, no quería que nadie se enterara de lo que estaba pasando y
estando Teresa en casa, corría riesgo. Sus manos acariciaban mis piernas, mis
pechos, sus labios besaban mi cuello y mi boca con esa pasión que comenzaba a
extrañar, y de la que jamás volvería a disfrutar.
En
un orgasmo fue depositada toda nuestra energía, en unos gritos que ambos
emitimos y que era imposible reprimir; sus brazos me apegaron a su pecho para
mantener el calor corporal en el otoño que se hacía presente, besó mi cuello y
yo tomé su rostro para poder besarlo con delicadeza. Sonrió como era
característico en él y me bajé del escritorio para poder vestirme.
–
Creí… que esto jamás volvería a pasar… – susurró sonriendo
levemente, mientras se vestía.
–
No debía pasar – dije mirando por la ventana, luego de
colocarme la remera.
Cuando
acabó de vestirse se acercó a mí, me hizo mirarlo.
–
Pídeme que no me case… – dijo muy serio.
–
¿Qué…?
–
Dime que quieres que no me case, que deje a Naomi… para que
volvamos a estar juntos…
Reí,
él no estaba hablando en serio.
–
Deja de hacer ese tipo de bromas – reí incómoda.
–
Lo digo en serio, Si tu no quieres yo no me caso con ella,
solo tú puedes evitar que eso pase… dime que aún me amas y que no quieres que
yo esté con otra mujer, que solo quieres que esté contigo… para siempre –
sonrió levemente.
–
No… – negué con mi cabeza – Yo quiero que te cases con
Naomi, lo que sienta yo no importa, jamás importará. Métete eso en la cabeza Corey,
lo nuestro jamás podrá ser como fue antes… no volveremos a estar juntos nunca
más. Lo que acaba de pasar… tómalo como una despedida – levanté las cejas.
–
¿Por qué quieres que me case con ella? ¿Por qué? Sé que aun
me amas, se que aun estás loca por mí, solo estás con Flanery para sacarme
celos.
–
Corey – reí – Sean es un buen hombre, él es lo que me
mantiene en el buen camino, tú eres parte de mi pasado, jamás negaré que eres
el padre de Cristal, pero entre nosotros ya no puede haber más nada… aunque me
duela dejarte en manos de otra mujer, quiero que continúes con tu vida mi amor…
por favor – susurré.
–
Mi amor… no me hagas esto…
–
Lo siento, pero no podemos estar juntos… haríamos mucho
daño si eso pasara, y ya estoy harta de ello…
Me
abrazó con fuerza, de improviso, apegó mi cabeza a su pecho mientras me mecía
como un bebé, mis brazos rodearon su espalda mientras ambos comenzamos a llorar
sin consuelo… sus lágrimas fueron derramadas al igual que las mías, el
sufrimiento que se estaba haciendo presente devoraba todas nuestras energías.
‘Te amo’ fue la única frase que ambos repetíamos sin parar, era una despedida
poco agradable pero tan idiota que me hacía sentir aún más mal de lo que debía.
Sinceramente
pensé que el asunto con Corey estaba solucionado, que era tema superado; pero
al parecer no, este hombre seguía provocando en mí la misma reacción que el
primer día, y eso debía dejar de pasar sea como sea…
–
Prométeme al menos… que nos seguiremos viendo…
–
Solo como amigos… nada de amantes, nada de ser infieles… Seamos
personas normales una puta vez Corey – sollocé.
–
A eso me refiero… No quiero perderte… no otra vez – respiró
profundo.
En
eso, golpearon a la puerta, levemente, abrió Teresa quien nos miró un poco
incómoda, ambos llorando como unos niños pequeños, le sonreí como pude.
–
¿Qué sucede linda?
–
La señorita Naomi la busca… quiere hablar con usted –
levantó las cejas.
–
Mierda… dile que bajo ya – sonreí levemente.
–
Está bien.
Cerró
la puerta y miré a Corey, volví a tomar su rostro con fuerza e impacté mis
labios en los suyos, mi lengua hizo contacto con la suya una última vez con
aquella pasión que siempre nos mantuvo unidos. Él sonrió y le tomé la mano,
abrí la puerta y bajamos las escaleras, ambos aún secando nuestras mojadas
mejillas.
–
Hola – dijo extrañada al ver a Corey aquí.
–
¿Qué sucede? – la miré.
–
Pues venía a preguntarte algo… ¿Qué haces aquí Corey? – rió
incómoda.
–
Vine a hablar con Nixie – arregló su remera.
Naomi
miró nuestras manos y levantó la ceja, estaba dudando…
–
¿Qué querías decirme pequeña?
–
Venía a preguntarte… si querías ser mi madrina de bodas… –
sonrió levemente.
Dios.
Sonreí, con dolor, pero felicidad al mismo tiempo, solté la mano de Corey y
caminé hasta ella, la abracé con fuerza y sonreí ya con los ojos cansados.
–
Claro que me gustaría ser tu madrina de bodas… sería un
honor – le sonreí.
–
¿Aceptas? – levantó las cejas feliz.
–
Claro… acepto, me siento honrada – reí.
–
Fantástico – susurró Corey.
Lo
miré, le sonreí y él a mí, con esos dulces ojos que tantos recuerdos me traían,
pero que ya no eran más que solo recuerdos… Porque de ahora en adelante las
cosas serían como deben ser. Se cierra una etapa, comienza otra, se cierra una
puerta, se abre una ventana, a la mierda con lo que diga la gente… lo más lindo
se vive cuando sabes que es pleno, mi historia con Corey hoy llega a su fin.