miércoles, 25 de enero de 2012

Chapter 73.



Su voz se mezclaba como un dulce delirio dentro de mi propia sintonía, la melancolía solía aparecer en ocasiones y el sentido de la vida volvía a ser perturbador… Aún no sé porque pasan las cosas malas, o simplemente ignoro la fuente que lo provoca, pero no tolero seguir así.

         Me parece perfecta… – dije sin mucho ánimo.
         ¿De verdad lo crees… o solo lo dices porque quieres irte? – levantó las cejas molesta.
         Me gusta, de verdad Mischa, no creas que digo eso porque quiero irme…
         Pues pareciera que lo haces solo por eso – frunció el seño.
         Sabes que no tengo ganas de discutir Bauer, no me vengas con berrinches – cerré los ojos, dejé caer mi cuerpo en un asiento.
         Sé que lo que está pasando con Sullivan te tiene a la deriva, pero ella se lo buscó – dijo como consuelo.
         No es solo eso Mischa, que cosas que dices – reí sin ganas   ¿Sabes? Nunca creí que volvería a ver a una persona tan mal… después de lo que me pasó creí que eso quedaría en el olvido…
         Pero ya ves… las cosas pasan cuando menos lo esperas.
         Además, no es lo único que me tiene así – la miré abatida.
         Sé lo que estás pensando… pero déjame decirte que eres una idiota – se sentó junto a mi.
         No es que sea idiota… bueno, tal vez si lo sea… pero, mierda. ¿Por qué me pasa esto a mí?
         ¿Quieres que te de un consejo?
         No, tus consejos siempre me deprimen más – reí.
         Bueno, tu sabes que Naomi ama a ese sujeto… aléjate de ellos.
         ¿Cómo? Ella es mi baterista, la necesito cerca de mí… y él más que mal es el padre de mi hija… No puedo alejarme de ellos… les haría daño a terceros y eso es lo que menos quiero – suspiré.
         Haz lo que quieras entonces, recuerda que a veces hay que hacer sacrificios…
         Lo sé…
         Bueno, mejor me marcho, mis pequeños deben estar extrañándome, cuídate mucho… Te voy a ver mañana por el asunto de las canciones, no quiero seguir retrasando la grabación del nuevo disco.
         Descuida, ven a mi casa mañana al medio día, arreglaremos todo y veremos el problema de Sullivan, ya entiendes…
         Sí, cuídate mujer, te amo – besó mi cabeza.
         Adiós Mischa – sonreí con los ojos cerrados.

Su figura desapareció atrás de la gran puerta de este mini teatro, miré el techo como una tonta, intentado ordenar mis ideas, dejar de atormentarme con tantos líos… con tantos problemas que seguían apareciendo en mi vida.

Ya era octubre, ya se acercaba un nuevo aniversario de la muerte de Max, se aproximaba aún más veloz el cumpleaños de mi madre, también el matrimonio de Naomi con Corey. Sé que no soy la única que piensa que ese matrimonio es muy pronto para ellos… pero no puedo meterme en asuntos que no me incumben; mi vida había comenzado alejada de todos esos líos, no podría dejarme derrotar por un hombre que me hizo tanto daño… por mucho que lo siguiera amando debía renunciar a él.

Además, Lu, mi bajista y amiga, había comenzando a asistir a la clínica del doctor Matt Hansen, la habían internado hace aproximadamente dos semanas y media, su situación mejoraba poco a poco, debería ir más rápido, pero parece que Lu era un poco débil bajo ese aspecto. El mismo doctor que me trató a mí me dijo que si ella mejoraba aún más de lo que ya estaba, su estadía en la clínica sería reducida a sesiones semanales… tal como lo hice yo, aunque en realidad nunca me internaron… en ese punto, tuve una gran fuerza de voluntad.

Aquella mañana Mischa apareció en mi casa con sus cuatros hijos, Sean ya estaba viviendo conmigo pero para variar estaba en plena filmación de una nueva película, así que no pasaba mucho en casa. Los niños fueron a jugar a sus cuartos mientras esperaban que Ville pasara por ellos para ir al parque, Mischa y yo fuimos a mi escritorio para conversar unos asuntos.

         ¿Entonces?
         Pues las cosas marchan bien, las ganancias siguen subiendo y básicamente estamos subiendo de nivel –dije mientras levanté una ceja, revisando los documentos que mandó la disquera.
         ¿Cómo va el marketing? Según Michael Roadrunner quiere llevarse más de lo debido porque sigue abarcando con los negocios de tu carrera de solista – miró por la ventana.
         Eso no tiene nada que ver – leí otra hoja – Esos asuntos los tiene que hablar conmigo, mi carrera es paralela a la de Nevinger, no tiene nada que ver con estos precios… – firmé el documento – El dinero debería estar siendo depositado en nuestras cuentas a medida que lleve este papel a la disquera, la paga estará en cuanto demores en llevarlo – la miré.
         Voy ahora si quieres, tengo que ir a comprar las cosas para la casa…
         ¿Estás segura? Si quieres puedes llevarlos mañana, no es necesario tanto apuro.
         Para mi sí, quiero el dinero lo antes posible, debo terminar mi modelo de guitarra y necesito para financiarlo…
         Puedo ayudarte con eso, si quieres – me quité las gafas.
         No, tranquila. Esto no te incumbe, solo preocúpate de las finanzas de la banda, hay que hacerle llegar lo suyo a la familia de Petter…
         Sobre eso… – susurré.
         ¿Qué sucede con eso?
         Pues sobre Petter… Lo sacaremos definitivamente de la banda – dije fríamente.
         ¿Qué…? No puedes hacer eso – frunció el seño.
         Mischa, Petter no ha mejorado nada, Lu dejará de ser un reemplazo, será nuestra nueva bajista quieras o no. Y sobre las ganancias, pues le daré lo que corresponde, un 10% de las mías, Petter ya no ganará nada, y su esposa tiene un empleo estable… le donaré 10% de mi parte todas las veces que así lo requiera… puedo sobrevivir con el dinero que saco del resto de cosas que hago…
         Nunca creí que pasaría esto – me miró apenada.
         Yo tampoco, más aún después de todo lo que pasamos, pero no podemos seguir esperando…
         ¿Esperando? Lu está en una clínica para drogadictos Nixie… ¿Y no quieres seguir esperando? Estamos a la mitad de la grabación del nuevo disco, será mejor que te busques un nuevo bajista…
         No – la miré.
         ¿Cómo que no?
         No podemos darnos el lujo de estar metiendo a desconocidos entre nosotros – fruncí el seño – Además, ya decidimos que Lu sería nuestra bajista, no me vengas a contradecir ahora Mischa.
         Haz lo que quieras, después no te quejes que nos retrasamos con el trabajo…

Íbamos a seguir discutiendo cuando sonó el timbre, Mischa y yo nos miramos un poco molestas, debería ser Ville que venía por los niños para llevarlos al parque. Teresa abrió la puerta y dejó entrar al hombre, golpeó la puerta de mi escritorio, pero a mí y a mi hermana se nos cayó la cara al ver que no era Ville…

         Hola – sonrió un poco complicado.
         ¿Qué haces aquí? – pregunté asombrada.
         Vine a hablar contigo… a solas – miró a Mischa.
         Está bien, yo voy a llevarme a los niños… los traigo en la noche – me miró.

Asentí, ella se fue y luego de que sintiera cerrarse la puerta de entrada me puse de pie para cerrar con seguro la puerta de mi escritorio, caminé a la ventana y no comprendía que hacía él aquí.

         ¿A que has venido…?
         Quería… hablar contigo…
         ¿Qué es lo que quieres Corey? – me giré para mirarlo.
         Yo…

Se acercó a mí con una mirada devastada, en un silencio que dejaba muchas cosas al azar, sentí melancolía verlo y sentirlo así. Mis ojos se impregnaron en los suyos que me observaban con dulzura, tragué saliva complicada y sufriendo.

         Aún no comprendo que estás haciendo aquí…
         Mi amor… – me abrazó de improviso.

Su cuerpo se derrumbó sobre el mío, su calor corporal se traspasó como si fuera necesario, sus brazos me cobijaron en su pecho como una niña frágil y desprotegida, no podía negarme a aquel contacto… miles de recuerdos se apoderaron de mi mente mientras mi brazos lo rodearon, mientras sus manos acariciaban mis espalda y mis cabellos… Las memorias se hacían presentes cada vez con más fuerza mientras nuestros ojos cerrados nos dejaban sentir la respiración del otro, mientras que una sensación de vacío nos llevaba a ambos al mismo tiempo.

         Te amo… – susurró en mi oreja, con aquella voz tan ronca y sensual.
         Yo… – no sabía que me pasaba – También te amo Corey…

Luego de estar unidos ambos uno contra el otro un largo rato, poco a poco sus manos llegaron a mis mejillas, las tomaron con cuidado y al abrir mis ojos me sentí arrastrada a un abismo, sus maravillosos ojos azules me observaban con ese cariño que siempre me han guardado, con esa anhelación de un último deseo que nunca se concretó; con una de mis manos acaricie una de las suyas que yacían en mi rostro, sonreí levemente mientras intentaba desviar mis ojos a otra dirección, pero era inevitable, sus ojos me hipnotizaban.
Sus labios hicieron impacto sobre los míos dulcemente, en pleno silencio, sin que existiera nada que nos interrumpiera, sin nada ni nadie que nos dijera que lo que estaba pasando… estaba mal. Ambas lenguas se abrazaron con desesperación, como si se necesitaran una a la otra, como si ambas se extrañaran…

Con su destreza me llevó sobre el escritorio donde solía escribir mis canciones, apartó todo lo que había encima con uno de sus brazos y luego me sentó sobre él, nuestras bocas mantenían contacto todo el tiempo, robándose la respiración y dulces movimientos. Con cuidado y con desesperación al mismo tiempo, mis manos fueron a su cintura para quitarle la remera que traía puesta, él sonreía seductor al ver que por mi parte había un deseo oprimido igual que en él. Nuestras prendas fueron desapareciendo una a una, con lentitud y pasión, una tras otra…

Cuando quedamos tan solo en ropa interior me di cuenta que estaba cometiendo un error, pero dije para mí misma: ‘No importa, es solo una última vez… vamos, es el último error… ¿A que le temes?’  Y para variar mi subconsciente es más poderoso; mientras nuestras lenguas mantenían contacto sus manos fueron a mi espalda para desabrochar mi corpiño, lo lanzó lejos mientras yo acomodaba mis piernas junto a sus caderas, abiertas como tijeras sentada sobre el escritorio… su boxer y mi pantaleta desaparecieron, para así dar inicio a lo que alguna vez dio origen a nuestra relación ya hace muchos años atrás…

Nuestras pelvis mantenían contacto pleno mientras él se movía para darme placer, con mis manos me sujetaba del escritorio para no caerme, hubiera sido gracioso si el momento se arruinara por mi caída desde el mueble, pero no pasó; su cara de placer mientras me invadía era imborrable de mi mente, hacía tanto tiempo que no hacíamos el amor… que ya había olvidado su cara de excitación. Mis gemidos intenté reprimirlos, no quería que nadie se enterara de lo que estaba pasando y estando Teresa en casa, corría riesgo. Sus manos acariciaban mis piernas, mis pechos, sus labios besaban mi cuello y mi boca con esa pasión que comenzaba a extrañar, y de la que jamás volvería a disfrutar.

En un orgasmo fue depositada toda nuestra energía, en unos gritos que ambos emitimos y que era imposible reprimir; sus brazos me apegaron a su pecho para mantener el calor corporal en el otoño que se hacía presente, besó mi cuello y yo tomé su rostro para poder besarlo con delicadeza. Sonrió como era característico en él y me bajé del escritorio para poder vestirme.

         Creí… que esto jamás volvería a pasar… – susurró sonriendo levemente, mientras se vestía.
         No debía pasar – dije mirando por la ventana, luego de colocarme la remera.

Cuando acabó de vestirse se acercó a mí, me hizo mirarlo.

         Pídeme que no me case… – dijo muy serio.
         ¿Qué…?
         Dime que quieres que no me case, que deje a Naomi… para que volvamos a estar juntos…

Reí, él no estaba hablando en serio.

         Deja de hacer ese tipo de bromas – reí incómoda.
         Lo digo en serio, Si tu no quieres yo no me caso con ella, solo tú puedes evitar que eso pase… dime que aún me amas y que no quieres que yo esté con otra mujer, que solo quieres que esté contigo… para siempre – sonrió levemente.
         No… – negué con mi cabeza – Yo quiero que te cases con Naomi, lo que sienta yo no importa, jamás importará. Métete eso en la cabeza Corey, lo nuestro jamás podrá ser como fue antes… no volveremos a estar juntos nunca más. Lo que acaba de pasar… tómalo como una despedida – levanté las cejas.
         ¿Por qué quieres que me case con ella? ¿Por qué? Sé que aun me amas, se que aun estás loca por mí, solo estás con Flanery para sacarme celos.
         Corey – reí – Sean es un buen hombre, él es lo que me mantiene en el buen camino, tú eres parte de mi pasado, jamás negaré que eres el padre de Cristal, pero entre nosotros ya no puede haber más nada… aunque me duela dejarte en manos de otra mujer, quiero que continúes con tu vida mi amor… por favor – susurré.
         Mi amor… no me hagas esto…
         Lo siento, pero no podemos estar juntos… haríamos mucho daño si eso pasara, y ya estoy harta de ello…

Me abrazó con fuerza, de improviso, apegó mi cabeza a su pecho mientras me mecía como un bebé, mis brazos rodearon su espalda mientras ambos comenzamos a llorar sin consuelo… sus lágrimas fueron derramadas al igual que las mías, el sufrimiento que se estaba haciendo presente devoraba todas nuestras energías. ‘Te amo’ fue la única frase que ambos repetíamos sin parar, era una despedida poco agradable pero tan idiota que me hacía sentir aún más mal de lo que debía.

Sinceramente pensé que el asunto con Corey estaba solucionado, que era tema superado; pero al parecer no, este hombre seguía provocando en mí la misma reacción que el primer día, y eso debía dejar de pasar sea como sea…

         Prométeme al menos… que nos seguiremos viendo…
         Solo como amigos… nada de amantes, nada de ser infieles… Seamos personas normales una puta vez Corey – sollocé.
         A eso me refiero… No quiero perderte… no otra vez – respiró profundo.

En eso, golpearon a la puerta, levemente, abrió Teresa quien nos miró un poco incómoda, ambos llorando como unos niños pequeños, le sonreí como pude.

         ¿Qué sucede linda?
         La señorita Naomi la busca… quiere hablar con usted – levantó las cejas.
         Mierda… dile que bajo ya – sonreí levemente.
         Está bien.

Cerró la puerta y miré a Corey, volví a tomar su rostro con fuerza e impacté mis labios en los suyos, mi lengua hizo contacto con la suya una última vez con aquella pasión que siempre nos mantuvo unidos. Él sonrió y le tomé la mano, abrí la puerta y bajamos las escaleras, ambos aún secando nuestras mojadas mejillas.

         Hola – dijo extrañada al ver a Corey aquí.
         ¿Qué sucede? – la miré.
         Pues venía a preguntarte algo… ¿Qué haces aquí Corey? – rió incómoda.
         Vine a hablar con Nixie – arregló su remera.

Naomi miró nuestras manos y levantó la ceja, estaba dudando…

         ¿Qué querías decirme pequeña?
         Venía a preguntarte… si querías ser mi madrina de bodas… – sonrió levemente.

Dios. Sonreí, con dolor, pero felicidad al mismo tiempo, solté la mano de Corey y caminé hasta ella, la abracé con fuerza y sonreí ya con los ojos cansados.

         Claro que me gustaría ser tu madrina de bodas… sería un honor – le sonreí.
         ¿Aceptas? – levantó las cejas feliz.
         Claro… acepto, me siento honrada – reí.
         Fantástico – susurró Corey.

Lo miré, le sonreí y él a mí, con esos dulces ojos que tantos recuerdos me traían, pero que ya no eran más que solo recuerdos… Porque de ahora en adelante las cosas serían como deben ser. Se cierra una etapa, comienza otra, se cierra una puerta, se abre una ventana, a la mierda con lo que diga la gente… lo más lindo se vive cuando sabes que es pleno, mi historia con Corey hoy llega a su fin.

sábado, 21 de enero de 2012

Chapter 72.



NARRA:             Lu Sullivan.

Hace algunos días había perdido el control. Mi nueva integración en Nevinger había sido más escandalosa de lo que pensé alguna vez. Me había enfrentado a varios prejuicios, muchos comentarios en mi contra diciendo que yo no estaba a la altura de tamaños artistas, que tan solo era una aficionada; pero nada de eso me detuvo, seguí y seguí esforzándome con el avance de los días… no quería fallar, no quería demostrarle a mi amiga que había elegido mal, callé a todos con mi destreza en el bajo, silencié a toda esa farándula chismosa, arriba del escenario se desató el huracán Sullivan: aquello que te dejará con la boca abierta.

Pero, el ritmo de Nevinger era demasiado para quizá muchas personas, y me incluyo. De cierto modo durante este tiempo comprendí el estrés que mantenía permanentemente Nixie en su vida; no por pertenecer a una banda tu vida cambia, si no que el estilo que se vive dentro de la misma… y, concuerdo en aquello que Andréu me dijo una vez: Nevinger es muy poderoso. Tal vez demasiado para mí… En este corto tiempo, remotamente se volvieron 3 meses… tres meses en que mis noches se dispersaban bajo el alcohol y la droga, un amplio deseo de exigirle al mundo que me diera todo lo que yo quería y no lo que necesitaba, estaba desatando un caos en mi vida. Me volví adicta, adicta a los licores fuertes, adicta a la heroína y al LSD, adicta a insultar a la gente inútil, adicta a recibir órdenes de desplomar el mundo, adicta a enfocarme en arruinar a los demás tan solo sintiéndome superior. El estilo de Nevinger estaba provocando en mi vida un caos, estaba acabando con mi consciencia, con mis metas en la vida, tal vez no era Nevinger… tal vez era la misma Nixie Bauer la que estaba haciendo de mi integración a la banda algo mucho más que volverme famosa, mucho más que obtener poder… estaba haciendo que perdiera el rumbo de mi existencia.

Aquella noche, en Nevada, nos fuimos a celebrar luego del concierto que dimos en la ciudad del norte de Nevada. Era un bar maravilloso, muy grande, de esos que parecían de grandes películas; nos sentamos en una bien alejada de la puerta, pero no pudimos evitar ser reconocidos… gente pedía nuestros autógrafos, pedía fotografías y claro, que les habláramos de cualquier cosa. Avanzó la noche, tal vez ya eran casi las cuatro cuando mi cuerpo comenzaba a pedir más, necesitaba aquella sustancia que convertía el mundo en algo maravilloso.

         ¿No trajeron del polvillo mágico? – pregunté.
         ¿De que estás hablando? – me miró Mischa.
         Ya sabes… la heroína… ¿de que más voy a estar hablando? – reí.

Todos me observaron extrañados, se miraron entre ellos…

         Lu… ¿te sientes bien? – me miró Nixie.
         Si… ¿Por qué lo dices?
         La heroína se acabó hace media hora… la aspiraste casi toda sola – levantó sus cejas.
         No me jodas Bauer, hablo en serio… necesito heroína – dije un poco alterada.
         Es verdad Lu, y más cuidado como estás hablándome…
         ¿Hablarte como? Solo estoy pidiéndote algo más de heroína – fruncí el seño sin entender.
         Creo que será mejor que llamen a Haner para que venga a buscar – susurró Alex.
         Será lo mejor, está actuando un poco extraño… – agregó Mischa.
         ¿Cuándo fue la última vez que ingeriste heroína Lu…?
         Hoy en la mañana… – dije sin escrúpulos.

Nixie se cubrió el rostro con una mano, rascó la punta de su nariz como lo hacía a menudo y me miró seria.

         Lu, te estás volviendo adicta, debes dejarla… te hace daño – sus ojos negros me atemorizaron.
         ¿Cómo va a hacerme daño algo que me hace sentir tan bien? – reí.
         Voy a llamar a Haner – dijo poniéndose de pie.

Se marchó sin responderme, eso me enojó un poco, los demás chicos me miraban preocupados y un poco incómodos con lo que estaba pasando. Yo estaba desesperándome, una ansiedad estaba carcomiendo mi interior… estaba necesitando demasiado una dosis de heroína, la que tan feliz me hacía.

         Perra – dije para mí misma.
         Oye – dijo Andréu alerta.
         ¿Qué? – le grité.
         ¿Qué te sucede Lu? – alzó la voz la gran Bauer.
         ¿Qué me sucede? Nada, ¿Qué me va  suceder? – reí enojada.
         Será mejor que te tranquilices… – se puso de pie ella.
         ¡Estoy tranquila! – grité.
         Haner está a fuera, Lu, ven conmigo – Nixie tomó mi brazo.
         ¿Eh? ¡¡No!! ¡No quiero irme! – me alejé de ella.
         He dicho que vienes… – encogió los ojos, jamás me había hablado de esa manera, jamás me había mirado con esos ojos, tal vez a esto se referían con eso de ‘Nunca hagas enojar a Nixie’.

Caminé tras ella hasta la puerta, allí estaba Brian con el auto, besó mis labios y me abrió la puerta del copiloto. Quedé adentro unos cinco minutos mientras se alejaba un poco para hablar con Nixie.

         No sé lo que le está pasando, pero por favor no la dejes sola… la heroína la está poniendo mal… de verdad te lo digo…
         Ha estado así desde que comenzó a estar con ustedes Bauer, tú tienes la culpa – recriminó.
         No me eches la culpa idiota, no me vengas con esas cosas a mí, yo aquí no soy responsable de nada – lo miró con ira.
         Mañana volveremos a California, iré a la dirección que me dijiste…
         Aquí tienes una tarjeta – le dio un papel – El doctor es el mismo que me atendió a mí… es uno de los mejores de Estados Unidos, estará en buenas manos.
         Espero que la situación no empeore de aquí a mañana.
         Mantenla con la mente ocupada, Brian, esto es serio… si no quieres que tu mujer sufra una sobredosis será mejor que la lleves a ese maldito lugar. No me gusta verla así – me miró a la lejanía.
         Lo haré, descuida… Gracias por preocuparte.
         No agradezcas… es mi amiga, solo que no me gusta verla así, no quiero que pase por lo que tuve que pasar yo…
         ¿Tan malo fue…?
         Créeme, no querrás saberlo – Guardó silencio – Será mejor que te vayas, o si no se desesperará más y la situación se saldrá de control – lo miró seria.
         Vaya, si que conoces bien este asunto…
         No sabes cuanto.
         Bueno, nos vemos entonces, me saludas a los chicos – la abrazó.
         Cuídala mucho… Adiós Brian.

Intercambiaron sonrisas tiernas, de esas que dan envidia, y Brian subió al auto. Nixie me miró desde lejos un rato, al otro lado del vidrio y luego entró nuevamente al bar. Unas ganas de volver allí y seguir bebiendo me tenían como loca, pero debía resignarme. Brian no dijo nada en todo el camino, solo aceleró y puso un poco de música Jazz en la radio, a un volumen moderado, tanto así que comenzó a darme sueño.

Unos caballos azules comenzaron a corres junto a mi ventana, como haciendo competencia con el Ferrari de Brian, me miraban y me sonreían, era inevitable no sonreírle a aquellas extrañas criaturas, sobre esos caballos habían unos gorilas rosas con sombrero de paja, que usaban gafas de sol, no sé porque usarían gafas de sol a estas horas, era plena noche… y en verdad siquiera sabía de donde habían aparecido aquellos místicos seres, pero me hacían sentir bien.

         ¿Lu…?
         ¿Si? – reí.
         ¿Qué te sucede?
         Me encantan los sombreros de esos gorilas – apunté por la ventana.
         ¿Gorilas…? Lu, allí no hay nada – dijo serio, se detuvo en un semáforo.
         ¿Cómo que no? Míralos, son maravillosos… Como sonríen, me hacen tan felices…
         Dios… Lu… – bufó.

Aceleró una vez más y en un pestañear llegamos al hotel, no quería caminar… me daba tanta pereza moverme, el efecto de la poca droga que tenía en la sangre había desaparecido y la realidad me parecía un calvario, era tan aburrida y sofocante.

         Vamos, baja – dijo Brian, abriendo la puerta del auto.
         Llévame entre tus brazos – dije sin ánimo.
         Anda, baja – insistió.
         Está bien, está bien – bufé.

Me puse de pie y caminé hasta el hall de bienvenida, Brian tomó mi brazo y me jaló adentro del elevador, presionó el botón con el número 4 y esperamos a que llegara a ese piso. Mirarme en los espejos del elevador me asombró, tenía una cara de muerte, unas ojeras terriblemente púrpuras, tanto así que parecía zombie, mi maquillaje estaba fuera de lugar y mi cabello estaba grasiento.

No tardó mucho para que llegáramos a nuestro destino, Brian volvió a tomar mi brazo sin cautela y me llevó a nuestra habitación, gracias a Shadow y a su esposa Yane, nuestros hijos se quedaron con ellos, así que tendríamos este gran cuarto de hotel cinco estrellas para nosotros solos, aunque viendo todo lo que estaba pasando dudo que Brian quiera darse un revolcón conmigo…

Se sentó en el borde de la cama y cubrió su rostro con ambas manos, lo miré desde la puerta… me sentí pésimo, así que fui al baño y lavé mi rostro con mucho jabón, peiné mi cabello muchas veces hasta que quedó bien, me quité la chaqueta de cuero y arreglé mi remera, me quité las botas y los calcetines, desabroché mi pantalón y fui donde él luego de cepillarme los dientes y perfumarme un poco.

         Brian… – susurré frente a él.
         ¿Qué? – dijo sin mirarme.
         Lo siento…

Luego de un terrible silencio él decidió mirarme, lo abracé como pude, me senté sobre sus muslos y rodeé su cuello con mis brazos, besé cuidadosamente su delicada piel, su cuello. Respiró profundo, me aferró a él con fuerza, sus brazos me trajeron a su cuerpo con una desesperación anhelada. Impactamos nuestros labios de una manera única, robándonos el alma mutuamente através de aquel baile de lenguas, su saliva se mezclaba con la mía, su esencia se impregnaba en mi piel como todas las noches desde que nos conocimos.

         Te amo – susurré en sus labios.
         Y yo a ti mi amor… pero…
         ¿Pero qué? – lo miré a sus ojos.
         No quiero que sigas haciendo lo de hoy…
         ¿Hacer qué…? – me extrañé.
         Volverte loca por conseguir un poco de droga, te está haciendo daño… y recuerda que eres una mujer casada y madre de tres hijos, no querrás perder la cabeza y dejar todo eso de lado solo por drogas… ¿o si? – levantó las cejas.
         Voy a ir a rehabilitación… lo prometo – sonreí con dolor.

¿Rehabilitación? Pero que carajo había dicho… aquella palabra sonaba tan tétrica, tan terrible de tan solo pensarla.

Seguimos besándonos luego de aquello, sus manos se fueron a mi cintura para elevar mi remera y así poder quitarla por completo, luego quité la suya, tenía tantas ganas de tenerlo conmigo, no sé si habrá sido efecto de lo que tomé o qué, pero estaba tan excitada que parecía una loca. La manera en que mi lengua se movía en su boca era señal de aquello, mis manos acariciaban su espalda y luego su vientre para luego poder desabrochar sus oscuros pantalones, él sonreía con esa risita que tanto me volvía loca, me encantaba esa dentadura perfecta, aquellos labios tan frágiles y delicados… tan solo míos.
Se quitó las zapatillas como un desquiciado, me quité los pantalones, luego quité los suyos, mi corpiño había desaparecido antes de que me diera cuenta, su lengua jugaba en mis pezones mientras yo reía excitada, amaba acariciar sus cabellos… Volvimos a besarnos mientras él sujetaba mi trasero.

         Quítate esa ropa interior – reí en su boca.
         Bueno… ya que insistes – susurró.

Sin más, sin esperar, sin decir mucho, su ropa fue lanzada por los aires, su espalda contra la cama y mi cuerpo sobre el suyo era la mezcla perfecta, encendí la radio con el control remoto, una música tan romántica de Santana, la melodía era especial para esta ocasión, la forma en que él comenzó a moverse haciendo fuerza con su entrepierna en la mía iba al mismo ritmo que el punteo de la guitarra del sujeto de la radio. Me causaba risa, pero a la vez placer, era exquisito, maravilloso…

Mi espalda arqueada le daba placer mientras gemía, él respiraba profundo, expulsando aire por boca cada vez que impulsaba a su pequeño en mi interior. Su cuerpo perfecto se movía para darme placer al mismo tiempo que yo hacía lo mismo por él.

Gemidos, respiraciones agitadas, cuerpos sudados, orgasmos por todas partes… mi emoción ya estaba casi al límite hace un rato, pero esta noche causó uno enorme revuelo en mi mente, quizá me agoté antes de tiempo. Él quería más pero me estaba sintiendo extraña. En pleno acto sexual me vino un mareo terrible, pareciera que me quería desmayar, pero en verdad no sabía lo que pasaría… así que seguí disfrutando de mi marido y de su amiguito.

         Dame más… Dame más – grité como una loca.
         Te daré, lo que quieras – reía cerrando lo ojos, aumentando la velocidad.
         OH… ¡SI! – reía yo, mientras me movía.

Luego de unas largas 2 horas, acabamos en una explosión de placer intenso. Me recosté junto a él luego de que me hiciera suya una vez más, mi organismo aún estaba procesando todo lo que había pasado, así que me seguí siento tan frágil como una pluma, parecía todo mentira.

         Te amo – lo besé.
         Te amo también – correspondió.

Me acurruqué en su pecho, en su gran, tatuado, sexy y sudado pecho, acarició mis cabellos un rato hasta que nos dormimos, agotados. Debíamos descansar bien si queríamos amanecer de buenas, debíamos volver a California a primera hora de la mañana… Bauer debía darnos nuestro dinero, y debíamos volver a la disquera por él.

         Hay algo que no te he dicho… – dijo Brian, tomando mi mano.
         ¿Qué cosa? – pregunté curiosa y asustada por su tono de voz.

Estábamos en el avión de vuelta a Los Ángeles, sentados cada uno en su asiento… en el lujoso avión de Nevinger.

         Tienes una cita con Matt Hansen
         ¿Quién es ese? – reí.
         Un doctor que trata… con adictos – dijo muy serio.
         ¿Adictos…? – dije asombrada.
         Prometiste que dejarías las drogas Lu… – levantó las cejas.
         ¡Pero no quiero que me internen! – grité alterada.
         No te internaran amor, solo serán sesiones…
         Claro que no, conozco a esos sujetos, los he visto por televisión…
         Bueno, espera que lleguemos a tierra y solucionaremos el asunto. – frunció el seño.

Guardé silencio aterrada, lo único que me faltaba era terminar en una clínica con personas más locas que yo, acabando con mí… poco a poco. ¿Por qué no se estrella el avión y me ahorro la humillación de ir a unas de esas clínicas? ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Qué fue lo que hice…?