lunes, 2 de enero de 2012

Chapter 66.


Queriendo que las cosas pasen más rápido, querido que de una vez por todas, el mundo sienta que existo… amaneció, una vez más. Los rayos de sol ingresaron por la diminuta ventana; olvidé mencionar que hace un par de días habían trasladado a mi compañera de celda a una cárcel en Carolina del norte, ¿las razones? No lo sé.

Como sea, ya era 5 de Agosto del 2012, cumpliéndose así 8 meses de prisión, no entendía bien como había soportado tanto en un lugar como este, un lugar en el que no se me dejaba hacer nada de lo que yo quería, nada de lo que yo deseaba…

Aquella tarde habían irrumpido mi siesta a eso quizá las 17:00 horas, en mi celda entraron dos guardias quienes me observaban de una manera repulsiva, tal y como yo las había mirado toda mi estadía en este asqueroso lugar.

         Hoy es tu día de suerte – rió irónica.
         ¿Por qué? ¿Te despidieron? – levanté mis cejas imponente.
         Ya quisieras… tienes compañera nueva y mañana ya te vas de este lugar ¡al fin! – dijo riendo.
         Espera… – guardé silencio – ¿Qué…?
         Como oíste, tu compañera es esta mujer – apunto a la rea que traía la otra guardia.
         No, eso no me importa idiota, ¿Qué fue lo otro que dijiste? – me puse de pie.
         Ah, te ha interesado… – rió.
         Habla de una vez por todas – fruncí el seño.
         Acaban de llegar los papeles que dan la orden para tu liberación, hoy es tu último día en este lugar – rió – mañana ya volverás a tu libertad hormiga…

Sonreí como una idiota sin poder creerlo, estaba asombrada, realmente no pensé que eso fuera cierto. Tal vez sería una broma de mal gusto de parte de aquella gorda mujer, nada era seguro… mucho menos en un lugar como éste.

         Además tienes visita así que camina – me hizo una seña con la mirada.
         Está bien – reí victoriosa.

Caminé a dicho lugar de visitas con aires de grandeza, soberbia como siempre y con una victoria más entre muchas otras; me senté y tomé el teléfono, la cara de aflicción de Naomi me tenía un poco preocupada.

         ¿Qué sucede? – pregunté.
         Nada de lo que me has dicho ha servido… Corey no me toma en cuenta – me miró apenada.
         No has hecho nada de lo que te he dicho – dije molesta.
         ¡Claro que si!
         Claro que no… te dije que a Corey le gustan las chicas con cabello oscuro…  y tú sigues siendo rubia – reí.
         Pero he hecho lo demás… nada sirve Nixie…
         Actúas como una desesperada, eso no le gusta a Taylor, ya te dije que debes parecer misteriosa y ser sensual en todo momento, sacar esa personalidad que te destaca arriba de los escenarios Naomi, él odia a las mujeres tímidas, debes insinuártele lo más que puedas y deja de actuar como una desesperada, comienza a hacerte la interesante… Debes dejar de tener miedo a lo que los demás digan – dije seria.
         ¿Así lo conquistaste?
         Claro, mi actitud es mi mejor arma, debes tener una personalidad de estrella si quieres que se fije en ti ¿comprendes?
         Está bien, tendré que teñirme el cabello – levantó las cejas – Pero tu cabello es anaranjado ¿Por qué se fijo en ti? – dijo sin comprender.
         Pues cuando lo conocí tenía el cabello color chocolate, luego me lo teñí y lo mantuve con los años… y pienso volver a hacerlo – reí.
         No lo hagas… o volverá por ti – suplicó.
         No seas idiota, ya no quiero nada con él – dije molesta – solo intenta que enfoque su atención en ti, sedúcelo, usa tu cuerpo, eres sexy mujer, saca provecho de ello
         Lo intentaré…
         No lo intentes, hazlo – dije muy seria.
         ¿Por qué quieres tanto que seduzca a Corey? – rió.
         Quiero que se olvide de mí y claro, porque a ti te gusta, se nota
         ¿Y tú crees que si llego a estar con él, te olvidará…?
         No lo sé, no me importa, pero al menos tu lo mantendrás ocupado – levanté las cejas.
         Sí…
         Ya me voy, tengo cosas que hacer…
         Está bien, cuídate mucho – sonrió.
         Gracias…

Sin más, me levanté y me fui al gran patio. Tenía muchas cosas en mente, tenía muchos planes por realizar pero no sé con claridad lo que en realidad va a pasar cuando yo salga de aquí.

Caminé a las graderías para estar con “mi grupo”, las miré desde abajo y todas me observaron con una cara preguntándose que mierda estaba haciendo allí parada, no dude mucho y decidí contarles lo que pasaría, más que mal iban a enterarse tarde o temprano.

         Mañana vuelvo a estar libre – dije con los brazos cruzado y sin mucho ánimo.
         ¡¿Qué?! – gritaron unas cuantas.
         Me acaban de dar la noticia… mañana me voy y quizá no vuelva nunca más – levanté las cejas.
         Ja ¿tu no volver? Eso es como creer en el hada de los dientes – rió Olivia.
         No puedes irte – susurró Sacha.
         Ya verán, este es mi último día en este lugar, jamás volveré… siquiera vendré a visitarlas…
         ¿Cómo que no? – preguntó Kiara.
         Ya se los dije, las cosas serán diferentes

Dicho eso, me fui a mi celda. Dejé atrás a las chicas, no sé porque quería que ellas me odiasen, tal vez hacía falta eso en este tiempo… tanta paz y pocos disturbios de mi parte, suena incoherente pero es mi modo de vida, así crecí, así viví mi adolescencia… así vivo la vida desde siempre.

Cayó la noche como un gran telón en pleno escenario luego de un espectáculo, no estaba nerviosa por lo que estaba a punto de pasar en unas horas, más bien tenía miedo… habían pasado tantas cosas en mi ausencia que no sabía bien por donde comenzar, no tenía claro lo que iba a hacer. Fallar no podría hacerlo más, estaba dispuesta a cambiar mi modo de vida porque hay un hombre que me abrió los ojos… me demostró que está en nosotros la elección de lo que queremos ser, y precisamente era eso lo que debía cambiar… lo que yo quería ser.

         Supe que mañana te dan la libertad…
         No te importa – dije sin ánimo.
         Cierto…

La chica de abajo quería hablar conmigo, pero no se lo permití, siquiera la conocía y no iba a darle en el gusto a alguien que recién había aparecido. De todos modos me dormí luego, quería descansar bien para comenzar el día de una manera gloriosa y así que ninguna idiota de éste lugar me olvidara.

Y así fue, al día siguiente, en la corrida matutina detuve a todas… me paré en las graderías y comencé a gritar para que se detuvieran todas y me prestasen atención.

         ¡Que haces allí! ¡Baja ahora mismo! – gritaban las guardias.
         ¡Escuchen todas hijas de puta! – grité con mi gran voz.

Todas se detuvieron, algunas mirándome con asombro, con odio y quien sabe con que otras intenciones, mi nombre aquí era conocido, por diferentes razones, y ahora era el momento de sacar provecho de ello.

         Quiero que sepan que ya no me verán más por este maldito y asqueroso lugar – todas estaban mirando. – Pero… para que ustedes se sientan a gustas con mi ida puedo decirles a todas las que quisieron arruinar mi estadía que hay alguien con quien se pueden divertir en mi ausencia…

Todas se miraron confundidas.

         Quisieron arruinar mi vida ¿cierto? Pero no lo lograron… una tal vez llegó más lejos – apunté a Tiffany – Ella llegó más lejos que todas ustedes juntas… ella logró cosas que ustedes jamás lograran, con ella pueden disfrutar de una bella tarde – dije irónica.

Todas la observaron con el seño fruncido, unas aplaudieron, otras rieron y otras simplemente sabían a lo que me refería.

         ¡Y para que no me olviden! – reí – Quiero que sepan que no volveré más y se pueden ir a la misma mierda – alcé la voz riendo y sacando mi dedo medio.

Caminé donde Tiffany y la pateé en su entrepierna, a una mujer le duele más que a un hombre, así que os podéis imaginar como le debe haber dolido sentir mi rodilla en su zona débil.  Riendo me fui a mi celda mientras un mar de aplausos rudos me bañaban, jamás creí que las mujeres de este lugar me aplaudirían tanto como lo hicieron en ese momento.

Preparé todas mis cosas y esperé que llegara la hora, mi bolso estaba hecho, las guardias no tardaron en aparecer, fuera de mí celda estaban mis “amigas” y las abracé diciéndoles un frío: Hasta nunca. Era duro, pero no pensaba volver aquí nunca más. Los brazos de las grandes mujeres fueron las paredes que me protegieron hasta la salida, me entregaron mis cosas, mis documentos y artefactos. Caminé nerviosa hasta la salida y allí me quedé parada como una imbécil sin saber lo que tendría que ocurrir ahora; pensé ¿Qué era lo más importante que debía hacer cuando saliera de aquí? Y recordé aquella promesa… sonreí como una niña enamorada y corrí a la ciudad, corrí hasta encontrar un taxi y pedirle que me llevase hasta una dirección que tenía en mi móvil.

Estaba tan nerviosa por lo que iba a hacer que en verdad no sé si sería correcto, de todos modos siempre me ha gustado arriesgarme, bueno… para ser sincera solo para algunas cosas, y esta no era una de ellas precisamente.

Bajé del auto luego de pagar con lo poco de dinero que traía aún en mi billetera y caminé, lentamente por un jardín bien cuidado hasta la puerta de la casa, toqué el timbre y cerré los ojos esperando lo peor; demoró en que alguien abriera la puerta para atenderme, pero al fin lo hicieron… Nos miramos en silencio menos de 30 segundos, me dio una nostalgia amorosa y lancé mis cosas al suelo y tomé su rostro con fuerza para poder besarlo con esa pasión retenida… había esperado por este momento mucho más del que creí yo misma.

Nuestras lenguas se abrazaban con tal desesperación que tuvimos que abrazarnos para no poder perder el contacto de nuestras carnosidades, el aire se desplazaba con gran velocidad por sobre nuestros labios unidos, sus manos me traían a él con fuerza para no dejarme ir mientras que yo no soltaba su rostro. Aquel momento fue tan glorioso… que quisimos que fuera eterno. Pero no duró mucho, quizá de unos cinco a diez minutos permanecimos besándonos sin interrupción, me abrazó con fuerza luego de acabar aquel maravilloso momento y yo apoyé mi cabeza en su pecho, cerré los ojos intentando creer que esto de verdad estaba pasando, respiré profundo llevando a mi interior su fragancia masculina…

         Que maravillosa sorpresa… – sonrió apoyando su mentón en mi cabeza mientras me abrazaba.
         Necesitaba… tanto de ti – dije lentamente.
         ¿Eso significa… que…?
         Si Sean, quiero estar contigo… – sonreí mirando sus azules ojos.

Sonrió sin mucho más que decir volvió a impactar nuestros labios, acarició mis cabellos como nadie nunca lo hizo, me hizo sentir aquella chica frágil que tan solo en ocasiones solía aparecer; él era algo inexplicable, había aparecido en mi vida de una manera única y con un propósito de salvación.

         ¿Cuándo saliste?
         Hace unos minutos…
         Eso quiere decir… ¿Qué soy la primera persona en verte? – sonrió.
         Sí – reí.
         Ven, vamos adentro…
         No, quiero que… me acompañes a casa, debo ir a ver a mis amigos… – levanté las cejas.
         Bueno… pero debo ir con mi hija – levantó sus cejas.

¿Tenía una hija? No sé porque nunca pregunto tamañas cosas a la gente que conozco, eran puntos importantes que debería recordar pero para variar no lo hice. Lo único que hice fue sonreír ilusa, no podía gritarle en la cara que no me había contado eso.

         ¿Tienes una hija? – sonreí.
         Parece que olvidé decírtelo… – rió – Pero podemos llevarla si tu quieres…
         Claro… No hay problema… así puede conocer a su… hermana – dije casi con miedo.

Sonrió ampliamente y besó mi frente.

         Espérame aquí, voy por ella y las llaves del auto.
         Está bien.

Me quedé allí paciente, tomé nuevamente mis cosas mientras él iba adentro en busca de su pequeña, me sentía muy feliz con lo que acababa de pasar, primero que todo era un buen punto el que mi condena de cinco años no hubiera sido más que solo ocho meses alejada de todo lo que me hacía sentir bien. Además lo que acababa de pasar entre Flanery y yo era un sello que marcaba el comienzo de mi nueva vida, de la mejoría de mi existencia, de ahora en adelante las cosas serían diferentes, pero esta vez estoy hablando en serio.

Apareció son una bella niña de dorados cabellos tomada de su mano, se parecía tanto a Cristal que pensé se llevarían bien, se parecían bastante, sus cabellos rubios, ojos azules y una piel tan blanca como la mía; era carismática y eso me pareció bien, me sonrió y Sean me guió hasta el garaje en donde tenía su BMW estacionado, lo abordamos y partimos a mi casa, para poder gritarles a todos que ya estaba de vuelta.

Un comienzo con un futuro prometedor, las cosas podrían salir bien después de todo el caos que la vida me ha traído, nadie en este mundo comprende el porqué de mis acciones tan precipitadas, a veces ni yo misma puedo comprender. Pero de algo estoy segura, hay que vivir el día como si no existiera mañana, y para ser sincera no me gustaría morir ahora que tengo una razón más porque vivir, debo aprender a elegir mejor, pero creo que esta vez di en el blanco y si no, pues bueno… solo el tiempo lo dirá. Dejaré atrás todos aquellos momentos estúpidos que hicieron de mi vida algo indeseable, haré que todas las personas callen para siempre y dejen de condenarme por ser tan realista, esta vez las cosas son diferentes y aunque cueste creerlo… yo he cambiado. ¿Para bien? ¿Para mal? Eso no lo sé, solo estoy pensando en aprovechar lo que me queda de vida, tomando aquellas oportunidades que tengo en frente, sin importar las consecuencias… eso es lo de menos.

La felicidad es lo más importante en la vida de cada persona, y si tengo que vender mi alma a un desconocido que dice amarme, pues estoy dispuesta a arriesgarme y aprovechar todas las sonrisas que se demuestren estando junto a él, más que mal, la persona que te hace feliz… es la más indicada para vivir junto a ti.

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