Queriendo
que las cosas pasen más rápido, querido que de una vez por todas, el mundo sienta
que existo… amaneció, una vez más. Los rayos de sol ingresaron por la diminuta
ventana; olvidé mencionar que hace un par de días habían trasladado a mi
compañera de celda a una cárcel en Carolina del norte, ¿las razones? No lo sé.
Como
sea, ya era 5 de Agosto del 2012, cumpliéndose así 8 meses de prisión, no
entendía bien como había soportado tanto en un lugar como este, un lugar en el
que no se me dejaba hacer nada de lo que yo quería, nada de lo que yo deseaba…
Aquella tarde habían irrumpido mi siesta a eso quizá las 17:00 horas,
en mi celda entraron dos guardias quienes me observaban de una manera
repulsiva, tal y como yo las había mirado toda mi estadía en este asqueroso
lugar.
–
Hoy es tu día de suerte – rió irónica.
–
¿Por qué? ¿Te despidieron? – levanté mis cejas imponente.
–
Ya quisieras… tienes compañera nueva y mañana ya te
vas de este lugar ¡al fin! – dijo riendo.
–
Espera… – guardé silencio – ¿Qué…?
–
Como oíste, tu compañera es esta mujer – apunto a la rea
que traía la otra guardia.
–
No, eso no me importa idiota, ¿Qué fue lo otro que
dijiste? – me puse de pie.
–
Ah, te ha interesado… – rió.
–
Habla de una vez por todas – fruncí el seño.
–
Acaban de llegar los papeles que dan la orden para
tu liberación, hoy es tu último día en este lugar – rió – mañana ya volverás a tu libertad
hormiga…
Sonreí como una idiota sin poder creerlo, estaba asombrada, realmente
no pensé que eso fuera cierto. Tal vez sería una broma de mal gusto de parte de
aquella gorda mujer, nada era seguro… mucho menos en un lugar como éste.
–
Además tienes visita así que camina – me hizo una seña con
la mirada.
–
Está bien – reí victoriosa.
Caminé
a dicho lugar de visitas con aires de grandeza, soberbia como siempre y con una
victoria más entre muchas otras; me senté y tomé el teléfono, la cara de aflicción
de Naomi me tenía un poco preocupada.
–
¿Qué sucede? – pregunté.
–
Nada de lo que me has dicho ha servido… Corey no me toma en
cuenta – me miró apenada.
–
No has hecho nada de lo que te he dicho – dije
molesta.
–
¡Claro que si!
–
Claro que no… te dije que a Corey le gustan las
chicas con cabello oscuro… y tú sigues
siendo rubia – reí.
–
Pero he hecho lo demás… nada sirve Nixie…
–
Actúas como una desesperada, eso no le gusta a
Taylor, ya te dije que debes parecer misteriosa y ser sensual en todo momento,
sacar esa personalidad que te destaca arriba de los escenarios Naomi, él odia a
las mujeres tímidas, debes insinuártele lo más que puedas y deja de actuar como
una desesperada, comienza a hacerte la interesante… Debes dejar de tener miedo
a lo que los demás digan – dije seria.
–
¿Así lo conquistaste?
–
Claro, mi actitud es mi mejor arma, debes tener una
personalidad de estrella si quieres que se fije en ti ¿comprendes?
–
Está bien, tendré que teñirme el cabello – levantó
las cejas –
Pero tu cabello es anaranjado ¿Por qué se fijo en ti? – dijo sin comprender.
–
Pues cuando lo conocí tenía el cabello color
chocolate, luego me lo teñí y lo mantuve con los años… y pienso volver a
hacerlo – reí.
–
No lo hagas… o volverá por ti – suplicó.
–
No seas idiota, ya no quiero nada con él – dije molesta – solo
intenta que enfoque su atención en ti, sedúcelo, usa tu cuerpo, eres sexy
mujer, saca provecho de ello
–
Lo intentaré…
–
No lo intentes, hazlo – dije muy seria.
–
¿Por qué quieres tanto que seduzca a Corey? – rió.
–
Quiero que se olvide de mí y claro, porque a ti te
gusta, se nota
–
¿Y tú crees que si llego a estar con él, te
olvidará…?
–
No lo sé, no me importa, pero al menos tu lo
mantendrás ocupado – levanté las cejas.
–
Sí…
–
Ya me voy, tengo cosas que hacer…
–
Está bien, cuídate mucho – sonrió.
–
Gracias…
Sin más, me levanté y me fui al gran patio. Tenía muchas cosas en
mente, tenía muchos planes por realizar pero no sé con claridad lo que en
realidad va a pasar cuando yo salga de aquí.
Caminé a las graderías para estar con “mi grupo”, las miré desde abajo
y todas me observaron con una cara preguntándose que mierda estaba haciendo
allí parada, no dude mucho y decidí contarles lo que pasaría, más que mal iban
a enterarse tarde o temprano.
–
Mañana vuelvo a estar libre – dije con los brazos cruzado y
sin mucho ánimo.
–
¡¿Qué?! – gritaron unas cuantas.
–
Me acaban de dar la noticia… mañana me voy y quizá no
vuelva nunca más – levanté las cejas.
–
Ja ¿tu no volver? Eso es como creer en el hada de
los dientes – rió Olivia.
–
No puedes irte – susurró Sacha.
–
Ya verán, este es mi último día en este lugar, jamás
volveré… siquiera vendré a visitarlas…
–
¿Cómo que no? – preguntó Kiara.
–
Ya se los dije, las cosas serán diferentes
Dicho eso, me fui a mi celda. Dejé atrás a las chicas, no sé porque
quería que ellas me odiasen, tal vez hacía falta eso en este tiempo… tanta paz
y pocos disturbios de mi parte, suena incoherente pero es mi modo de vida, así
crecí, así viví mi adolescencia… así vivo la vida desde siempre.
Cayó la noche como un gran telón en pleno escenario luego de un espectáculo,
no estaba nerviosa por lo que estaba a punto de pasar en unas horas, más bien
tenía miedo… habían pasado tantas cosas en mi ausencia que no sabía bien por
donde comenzar, no tenía claro lo que iba a hacer. Fallar no podría hacerlo
más, estaba dispuesta a cambiar mi modo de vida porque hay un hombre que me
abrió los ojos… me demostró que está en nosotros la elección de lo que queremos
ser, y precisamente era eso lo que debía cambiar… lo que yo quería ser.
–
Supe que mañana te dan la libertad…
–
No te importa – dije sin ánimo.
–
Cierto…
La chica de abajo quería hablar conmigo, pero no se lo permití,
siquiera la conocía y no iba a darle en el gusto a alguien que recién había
aparecido. De todos modos me dormí luego, quería descansar bien para comenzar
el día de una manera gloriosa y así que ninguna idiota de éste lugar me
olvidara.
Y así fue, al día siguiente, en la corrida matutina detuve a todas… me
paré en las graderías y comencé a gritar para que se detuvieran todas y me
prestasen atención.
–
¡Que haces allí! ¡Baja ahora mismo! – gritaban las
guardias.
–
¡Escuchen todas hijas de puta! – grité con mi gran voz.
Todas
se detuvieron, algunas mirándome con asombro, con odio y quien sabe con que
otras intenciones, mi nombre aquí era conocido, por diferentes razones, y ahora
era el momento de sacar provecho de ello.
–
Quiero que sepan que ya no me verán más por este maldito y
asqueroso lugar – todas estaban mirando. – Pero… para que ustedes se sientan a
gustas con mi ida puedo decirles a todas las que quisieron arruinar mi estadía
que hay alguien con quien se pueden divertir en mi ausencia…
Todas
se miraron confundidas.
–
Quisieron arruinar mi vida ¿cierto? Pero no lo lograron…
una tal vez llegó más lejos – apunté a Tiffany – Ella llegó más lejos que todas
ustedes juntas… ella logró cosas que ustedes jamás lograran, con ella pueden
disfrutar de una bella tarde – dije irónica.
Todas
la observaron con el seño fruncido, unas aplaudieron, otras rieron y otras
simplemente sabían a lo que me refería.
–
¡Y para que no me olviden! – reí – Quiero que sepan que no
volveré más y se pueden ir a la misma mierda – alcé la voz riendo y sacando mi
dedo medio.
Caminé
donde Tiffany y la pateé en su entrepierna, a una mujer le duele más que a un
hombre, así que os podéis imaginar como le debe haber dolido sentir mi rodilla
en su zona débil. Riendo me fui a mi
celda mientras un mar de aplausos rudos me bañaban, jamás creí que las mujeres
de este lugar me aplaudirían tanto como lo hicieron en ese momento.
Preparé
todas mis cosas y esperé que llegara la hora, mi bolso estaba hecho, las
guardias no tardaron en aparecer, fuera de mí celda estaban mis “amigas” y las
abracé diciéndoles un frío: Hasta nunca. Era duro, pero no pensaba volver aquí
nunca más. Los brazos de las grandes mujeres fueron las paredes que me
protegieron hasta la salida, me entregaron mis cosas, mis documentos y
artefactos. Caminé nerviosa hasta la salida y allí me quedé parada como una
imbécil sin saber lo que tendría que ocurrir ahora; pensé ¿Qué era lo más
importante que debía hacer cuando saliera de aquí? Y recordé aquella promesa…
sonreí como una niña enamorada y corrí a la ciudad, corrí hasta encontrar un
taxi y pedirle que me llevase hasta una dirección que tenía en mi móvil.
Estaba
tan nerviosa por lo que iba a hacer que en verdad no sé si sería correcto, de
todos modos siempre me ha gustado arriesgarme, bueno… para ser sincera solo
para algunas cosas, y esta no era una de ellas precisamente.
Bajé
del auto luego de pagar con lo poco de dinero que traía aún en mi billetera y
caminé, lentamente por un jardín bien cuidado hasta la puerta de la casa, toqué
el timbre y cerré los ojos esperando lo peor; demoró en que alguien abriera la
puerta para atenderme, pero al fin lo hicieron… Nos miramos en silencio menos
de 30 segundos, me dio una nostalgia amorosa y lancé mis cosas al suelo y tomé
su rostro con fuerza para poder besarlo con esa pasión retenida… había esperado
por este momento mucho más del que creí yo misma.
Nuestras
lenguas se abrazaban con tal desesperación que tuvimos que abrazarnos para no
poder perder el contacto de nuestras carnosidades, el aire se desplazaba con
gran velocidad por sobre nuestros labios unidos, sus manos me traían a él con
fuerza para no dejarme ir mientras que yo no soltaba su rostro. Aquel momento
fue tan glorioso… que quisimos que fuera eterno. Pero no duró mucho, quizá de
unos cinco a diez minutos permanecimos besándonos sin interrupción, me abrazó
con fuerza luego de acabar aquel maravilloso momento y yo apoyé mi cabeza en su
pecho, cerré los ojos intentando creer que esto de verdad estaba pasando,
respiré profundo llevando a mi interior su fragancia masculina…
–
Que maravillosa sorpresa… – sonrió apoyando su mentón en mi
cabeza mientras me abrazaba.
–
Necesitaba… tanto de ti – dije lentamente.
–
¿Eso significa… que…?
–
Si Sean, quiero estar contigo… – sonreí mirando sus azules
ojos.
Sonrió
sin mucho más que decir volvió a impactar nuestros labios, acarició mis
cabellos como nadie nunca lo hizo, me hizo sentir aquella chica frágil que tan
solo en ocasiones solía aparecer; él era algo inexplicable, había aparecido en
mi vida de una manera única y con un propósito de salvación.
–
¿Cuándo saliste?
–
Hace unos minutos…
–
Eso quiere decir… ¿Qué soy la primera persona en verte? –
sonrió.
–
Sí – reí.
–
Ven, vamos adentro…
–
No, quiero que… me acompañes a casa, debo ir a ver a mis
amigos… – levanté las cejas.
–
Bueno… pero debo ir con mi hija – levantó sus cejas.
¿Tenía
una hija? No sé porque nunca pregunto tamañas cosas a la gente que conozco,
eran puntos importantes que debería recordar pero para variar no lo hice. Lo
único que hice fue sonreír ilusa, no podía gritarle en la cara que no me había
contado eso.
–
¿Tienes una hija? – sonreí.
–
Parece que olvidé decírtelo… – rió – Pero podemos llevarla
si tu quieres…
–
Claro… No hay problema… así puede conocer a su… hermana –
dije casi con miedo.
Sonrió
ampliamente y besó mi frente.
–
Espérame aquí, voy por ella y las llaves del auto.
–
Está bien.
Me
quedé allí paciente, tomé nuevamente mis cosas mientras él iba adentro en busca
de su pequeña, me sentía muy feliz con lo que acababa de pasar, primero que
todo era un buen punto el que mi condena de cinco años no hubiera sido más que
solo ocho meses alejada de todo lo que me hacía sentir bien. Además lo que
acababa de pasar entre Flanery y yo era un sello que marcaba el comienzo de mi
nueva vida, de la mejoría de mi existencia, de ahora en adelante las cosas
serían diferentes, pero esta vez estoy hablando en serio.
Apareció
son una bella niña de dorados cabellos tomada de su mano, se parecía tanto a
Cristal que pensé se llevarían bien, se parecían bastante, sus cabellos rubios,
ojos azules y una piel tan blanca como la mía; era carismática y eso me pareció
bien, me sonrió y Sean me guió hasta el garaje en donde tenía su BMW
estacionado, lo abordamos y partimos a mi casa, para poder gritarles a todos
que ya estaba de vuelta.
Un
comienzo con un futuro prometedor, las cosas podrían salir bien después de todo
el caos que la vida me ha traído, nadie en este mundo comprende el porqué de
mis acciones tan precipitadas, a veces ni yo misma puedo comprender. Pero de
algo estoy segura, hay que vivir el día como si no existiera mañana, y para ser
sincera no me gustaría morir ahora que tengo una razón más porque vivir, debo
aprender a elegir mejor, pero creo que esta vez di en el blanco y si no, pues
bueno… solo el tiempo lo dirá. Dejaré atrás todos aquellos momentos estúpidos
que hicieron de mi vida algo indeseable, haré que todas las personas callen para
siempre y dejen de condenarme por ser tan realista, esta vez las cosas son
diferentes y aunque cueste creerlo… yo he cambiado. ¿Para bien? ¿Para mal? Eso
no lo sé, solo estoy pensando en aprovechar lo que me queda de vida, tomando
aquellas oportunidades que tengo en frente, sin importar las consecuencias… eso
es lo de menos.
La
felicidad es lo más importante en la vida de cada persona, y si tengo que
vender mi alma a un desconocido que dice amarme, pues estoy dispuesta a
arriesgarme y aprovechar todas las sonrisas que se demuestren estando junto a
él, más que mal, la persona que te hace feliz… es la más indicada para vivir
junto a ti.
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