NARRA:
Naomi Backhmann.
Sentir
su pecho contra mi busto me hacía delirar, la forma en que respiraba junto a mi
oído me volvía loca. Su miembro erecto hacía de las suyas en mi entrepierna, él
era un cerdo en la cama, un salvaje… o tal vez estaba desesperado. Era primera
vez que teníamos sexo, habían pasado apenas dos semanas desde que cedió a salir
conmigo, Nixie tenía razón al respecto… lejos de ella él era diferente.
Él,
además, estaba bebido, borracho, ido de su mente y pensando quizás que cosas.
Mi cama era el pilar donde se depositaban ambos cuerpos, yo gemía de placer,
riendo y disfrutando el momento. En ningún momento me llamó por mi nombre,
siempre me trataba como ‘una mujer más en su vida’. Pero, no pude evitar
sentirme usada cuando casi llegaba al clímax del acto mismo y me llamo Nixie…
se me partió el alma, sentí que para él yo no significaba nada, o que
simplemente me usaba para sacarle celos a la misma Bauer; ella me dijo que
tardaría un tiempo en que él se acostumbrara a mí… porque tal vez seguía amándola,
no quería alejarse de ella, pero no sé si podré soportar que cada vez que
tengamos relaciones me llamara por su nombre y no por el mío.
Agotados
acabamos, él se quito de encima y se recostó junto a mí, con una risita pícara,
me gustaba eso… pero no pude evitar sonreír apenada. Saboreó sus labios y me
quedó mirando un rato en silencio, acaricié sus labios con uno de mis dedos tal
como me había aconsejado Bauer… De verdad quería conquistar a este hombre y
quien mejor consejera que la mujer que traía loco al mismo. Me quedó mirando
con los ojos despistados, vivases y atormentados por los recuerdos.
–
¿Qué sucede? – me preguntó perturbado por mi rostro
decaído.
–
Nada – sonreí a punto de llorar.
–
Algo te sucede, dime niña… ¿Qué sucede? – odiaba tanto que
no me llamara por mi nombre.
–
No vuelvas a llamarme Nixie mientras estamos haciendo el
amor… – respiré profundo.
Me
miró atónito, sin creer lo que oía, como si no se hubiera dado cuenta de que me
había llamado así; estaba ebrio, tal vez era por eso. Miró el techo blanco y
cerró los ojos.
–
Te dije que me costaría un tiempo acostumbrarme a esto…
–
Lo sé, se que es difícil, pero no podré soportar tanto
tiempo sin que siquiera recuerdes mi nombre – dije apenada.
–
Tranquila… Sabes
todo lo que me pasó con ella, sólo te pido un tiempo… Acabaré acostumbrándote a
ti – se giró dándome la espalda.
Cubrí
mis pechos con la sábana, no podía creer que al hombre que quería a mi lado
‘acabaría acostumbrándose a mí’. No sé si estoy pensando mal o qué, pero tal vez
él siquiera sentía una atracción por mí. Solo hablaba de sus problemas, de las
cosas que hacía en el día, muy pocas veces me preguntaba que había hecho; le
gustaba invitarme a salir, pero solo a bares, como si no tuviera nada mejor que
hacer. Tal vez seguía sufriendo la perdida de su antiguo amor, pero… Por Dios,
ya no es un niño para que se comporte de esa manera. Pensé durante mucho tiempo
que esa noche sería inolvidable y maravillosa, que vería las estrellas porque
él me hacía sentir sensual mientras nos besábamos desnudos, pero nada. Solo
decepciones.
Con
el avance del tiempo me fui dando cuenta de porque Nixie Bauer se había ganado
tantos enemigos y claro, también enemigas. Comencé a sentir una especie de ira contra ella,
aunque me había dado la gran oportunidad de saltar a la fama como su baterista,
jamás me imaginé que terminaría enamorándome de uno de los padres de sus hijos
y mucho más aún, que él siguiera enganchado a ella como la primera vez que la
vio.
–
¿Estás en casa?
–
Si, estoy arreglando unos
detalles de tu regalo y solamente eso ¿por qué? – preguntó seria.
–
Quiero verte, necesito hablar contigo urgente – dije en el
mismo tono.
–
Bueno, ven a mi casa. Tú
sabes donde vivo.
–
Bien, estoy allá en unos minutos…
–
Te espero – cortó.
Tenía
que aclarar las cosas con Nixie si quería que todo saliera bien, no quería
sentirme usada por Corey, tenía que explicar mi situación, aclarar todo el
maldito entendido de aquella noche… necesitaba saber como mierda tener a ese
hombre a mis pies.
No
pasó mucho tiempo para que el taxi me dejase fuera de la gran casa de Bauer, le
pagué muy amable y toqué el timbre, los perros me ladraban, como sabiendo que
venía a discutir con su dueña. El mundo estaba conspirando en mi contra.
–
Cállense chicos – rió mientras caminaba a la puerta para
abrirme.
–
Hola – sonreí cínica.
–
Pasa – besó mi mejilla.
–
Gracias.
Entré
y me senté en el sofá, había junto a las escaleras una gran capucha negra
ocultando algo, llamó mi atención pero no se lo hice saber; ella entró luego de
cerrar la puerta y me sonreía tan imponente como era costumbre en ella.
–
¿Cómo estás? – levantó las cejas.
–
De eso venía a hablar contigo…
–
Oh, antes que digas o hagas algo, tienes que ver esto –
sonrió.
–
¿Qué…?
Caminó
hasta donde estaba esa capucha negra y pidió que me acercase, la levantó y mis
ojos se derritieron, mi alma se aceleró y me arrepentía de todo lo mal que
había pensado sobre esta mujer. Una batería completísima frente a mis ojos,
adornada de negro y púrpura con mi nombre en el bombo principal ‘Naomi
Backhmann’ en unas letras elegantes pero legibles, en mis manos había un
nerviosismo cuando ella me entregó un par de baquetas negras con leves
abstractos en púrpura, con mi nombre escrito en blanco.
–
¿Te gusta…? – levantó las cejas esperando que saliera del
shock.
No
podía hablar, era una batería hermosa e imponente, tanto como las que ella
solía usar en su banda, Lordi. Solo que
ésta me pertenecía. No salían de mi boca palabras, solo respiración
acelerada. ¿Qué debía hacer ahora?
Venía dispuesta a insultar a la mujer que ahora me hacía muy feliz…
–
Es… maravillosa – susurré boquiabierta.
–
La mandé a hacer hace un mes atrás… Quería que al fin
tuvieras la batería que tanto anhelabas, no esas cosas feas que usamos en los
conciertos… si no una que fuera tuya – sonrió con las manos en su cintura.
–
Gracias Nixie – la abracé espontáneamente.
–
De nada…
Cerré
mis ojos olvidando todo, haciendo de este momento una ‘reconciliación’. Ella
era como una ídola para mí, no podía ponerme furiosa con ella como una niña
caprichosa, pero eso sí, debía aclarar las cosas.
–
¿Cómo me la llevaré a casa…? – reí.
–
Pues puedo pedir un camión para que la lleve, para que no
sufra daños – sonrió.
Asentí,
ella caminó al sofá y tomó asiento, me senté frente a ella en otro sofá y me
miró atenta. Era hora de hablar.
–
Ahora dime… ¿Qué querías hablar conmigo?
–
Pues… es sobre Corey – dije incómoda.
–
Vaya… ¿Qué pasó ahora? – dijo con la vista cansada.
–
Las cosas no andan bien Nixie, él sigue loco por ti…
–
No digas eso – rió – Hoy hablaré con él al respecto…
–
No quiero que le digas que yo he hablado contigo – le
supliqué.
–
Tranquila, yo no diré nada. Por cierto, te vendría bien un
corte en el cabello – levantó las cejas.
–
¿Qué?
–
Pues si, tu cabello oscuro se ve bien, pero pareces
abuelita, debes cortarlo en capas, eso te haría lucir muy sensual…
–
Está bien, lo haré – reí.
NARRA:
Mischa Bauer.
La
noticia me tenía desesperada, aquello era una fatalidad horrible, era ya casi
media noche y despertar de un sueño agradable con tamaña noticia me parecía
terrible.
Me
vestí lo más rápido que pude, diciéndole a Ville que cuidara de mis hijos;
corrí a casa de Nixie lo más veloz que pude, golpeé su puerta con fuerza,
desesperada.
–
¿Qué sucede? – preguntó Nixie, abriendo la puerta.
–
Nixie… La casa de Bytha se está incendiando – dije
desesperada.
–
¿Qué? – gritó.
–
Tenemos que ir… hay un caos terrible allá…
–
Vamos – cogió unas llaves desde atrás de la puerta y salió
en dirección al garaje.
–
Hay mucho tráfico, no creo que el auto sea la mejor opción
– dije afligida.
–
¿Quién dijo que iríamos en mi auto? – me miró soberbia,
casi como asustada.
No
comprendí a lo que ella se refería, pero junto a su auto había algo cubierto
por una gran manta negra, la levantó y era… sí, la motocicleta de Dero.
–
¿Y esto? – dije asombrada.
–
Crap dijo que me quedara con ella luego que Dero murió… –
dijo triste.
–
Comprendo… ¿sabes manejarla?
–
No, pero es como andar en bicicleta… supongo – rió.
–
Santo cielo, prefiero que vayamos en auto Nixie, no quiero
morir esta noche – grité desesperada.
–
Tranquila, el trafico nos molestará, sube – me dio un
casco.
Respiré
profundo y me arriesgué, me senté atrás de ella y la tomé por la cintura, se
abrió el garaje gracias a Sean, y partimos a la casa de Bytha. A gran velocidad
podía ver pasar los vehículos junto a nosotras, ella manejaba tan bien como si
esta no fuera la primera vez que lo hacía, aunque creo… que cuando éramos más
jóvenes intentamos comprarnos motocicletas, pero no recuerdo porque no las
compramos, pero creo que esa es otra historia.
Llegamos
agobiadas a la casa de Bytha, estaba rodeada de vehículos policiales y carros
de bomberos, también había una ambulancia por emergencia. Nixie estacionó la
motocicleta, dejamos los cascos sobre ésta y buscamos con la mirada a Bytha.
–
Allá está – dije apuntando.
–
Ven – tiró de mi brazo.
Corrimos
hasta donde estaba ella, llorando desconsolada. A Nixie la detuvo un policía
para preguntarle no sé que cosa, pero yo seguí hasta donde estaba la mujer; la
miré, no la había visto tan destrozada desde hace mucho tiempo, no recuerdo
cuanto exactamente.
–
Dios… ¡¡Mischa, mi casa!! – gritaba en mi hombro mientras la abrazaba.
–
Tranquila, todo estará bien… ¿Dónde está Daly? – acaricié
su nuca.
–
Adentro, los bomberos… fueron por ella – gritaba,
ahogándose en llanto.
–
Santo cielo… – susurré.
Su
llanto era desconsolador, aterrador… desesperante. Veíamos la gran mansión que
solía ostentar Bytha, en llamas, los vidrios explotando por el calor emanado
desde adentro, las llamas parecían de mentira, como en las películas. Los
bomberos nos intentaban alejar, pero Bytha estaba desconsolada, necesitaba
saber de su hija.
–
Allí la traen – gritó su esposo.
Traian
a la chica rodeada de toallas mojadas para evitar que se quemara, por suerte
venía bien, sana y segura. No estaba quemada, ni mucho menos dañada por algo,
pidió que la llevarán a la ambulancia para que la revisarán, Nixie dejó de
hablar con el policía y corrió hasta donde estábamos nosotros.
La
manera en que Bytha se aferró a ella fue desgarradora, imagínenla, tanto así,
que un escalofrío recorrió mi cuerpo por completo, era una mezcla de nostalgia
y ternura lo que ellas dos emanaban, juntas.
–
Tranquila…. Shhhh…
calma, todo estará bien – susurraba Nixie mientras cerraba sus ojos.
–
No puede estar pasando esto… – sollozaba Bytha.
Verlas
así fue como retroceder el tiempo, cómo cuando todas éramos amigas, antes de
que todo el caos atormentase nuestro mundo. Los recuerdos comenzaron a aparecer
instantáneamente en mi cabeza, fue terrible, aterrador, inimaginable… Solo
faltaba una música de reencuentro para que éste momento se volviera perfecto.
Lo digo en serio. Ambas se abrazaban con una fuerza adorable, envidiable; Bytha
lloraba y no podía detenerse mientras que Nixie la aferraba a su cuerpo como
una madre a su hija desconsolada. Johnson no se detenía, cada vez se
desesperaba más, su rostro era diferente, sus lágrimas no cesaban, y sus manos
presionaban con fuerza la espalda de la que alguna vez fue su amiga. Por el
otro lado, Nixie, la mecía como el efecto que provocan aquellas sillas que
usaban las abuelas en tiempos anteriores, tal vez creía que así Bytha se
tranquilizaría, mantenía sus ojos cerrados, siempre lo hacía mientras alguien
la mantenía abrazada, era algo innato en ella. Insisto, aquella imagen era
desgarradora… ver a las que fueron las mejores amigas del mundo y que de otro
día para otro comenzaron a odiarse sin poder soportarse mutuamente… Y que
ahora, volvían a estar juntas como un par de niñas sin control.
Se
me acercó el esposo de Bytha, no recordaba su nombre, en lo absoluto. Agradeció
mi presencia allí, como si nadie hubiera hecho algo así por él, o por su
familia. Fue un lindo gesto, pero era innecesario.
Al
rato, llegaron los chicos, los de la banda de Bytha: Polution. Había un aire
muy tenso, demasiado cargado, aunque no era para menos con todo lo que estaba
ocurriendo. Y bueno, aunque no lo crean… Bytha no se despegó de Nixie en ningún
momento; los chicos de su banda querían darle su apoyo tal como lo hice yo, tal
como lo estaba haciendo aún Bauer, pero ella no quería soltarla, no sé que
estaba pensando ni como se estaba sintiendo, pero no quería alejarse de Nixie
por nada.
–
Puedes irte hoy a mi casa – susurró Nixie, en su oído.
–
Gracias, gracias, gracias, gracias… – repetía una y otra
vez.
–
Todo saldrá bien… ahora vamos a ver a Daly, debe estar
asustada…
Asintió,
Nixie tomó su mano y caminaron a la ambulancia, Bytha tenía hechos trizas sus
nervios y apenas podía moverse, las acompañé. Miramos a la niña que no entendía
bien lo que estaba sucediendo, luego Bauer fue a hablar con la policía una vez
más y también con el jefe de los bomberos, en ese aspecto Nixie era preocupada,
siempre quería aclarar bien las cosas y ésta vez no era la excepción.
–
Ya es hora de irnos… – le dije en un susurro, era muy
tarde.
–
Yo me quedaré con ella, ve con calma y llévate a Daly,
cuídala hasta que lleguemos, Bytha y Fito se irán a mi casa – levantó las
cejas.
–
¿Estás segura de todo esto?
Asintió.
–
Bien, nos vemos mañana entonces…
–
Otra noche sin poder darle a Sean lo que quiere – rió sin
mucho ánimo.
–
Ya se la tendrás que dar luego – reí abrazándola – Buenas
noches…
¿A
que se refería? Pues ella con Sean aún no han tenido una noche de pasión, no
han hecho el amor, no han tenido sexo, no han fornicado, no han tenido
relaciones sexuales ni nada de eso, llámenlo como quieran, pero aún no ha
pasado eso entre ellos; las razones no las sé, y sinceramente tampoco quiero
saberlas.
Tomé
a la pequeña Daly entre mis brazos y fuimos en busca de un taxi, la chica tenía
la misma edad de Rochelle y Cristal, no es una coincidencia que nosotras nos
hayamos embarazado casi al mismo tiempo, son solo cosas que pasan. Cristal es
mayor, luego le sigue Rochelle y finalmente nació Daly, en ese orden.
–
Buenas noches niñas… – sonreí antes de salir de la
habitación.
–
Buenas noches – dijeron al unísono.
Dormirían
juntas, cansada volví a la cama junto a Ville, quien me esperaba muy preocupado
por la forma en que tuve que dejarlo, por suerte los trillizos aún dormían y
eso me mantenía un poco más tranquila. Bajo el efecto dulce de los labios de mi
ahora marido en el cuello, me relajé por completo y dormí rodeada de sus
brazos, cayendo a un vacío en donde solo existía su voz, su respiración y su
ansiosa risita pícara, la que por cierto me volvía loca.
Pero
no me podía sacar de la mente lo que sucedería entre Bauer y Johnson, vivirían
juntas un tiempo, o eso creo… esa combinación será complicada, es como si el
ying y el yang se mezclaran en un solo lugar… Dios… no sé lo que pasará pero
quiero averiguarlo, ahora solo queda esperar que todo acabe y que pronto las
cosas vuelvan a estar bien… como debe ser.
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