viernes, 13 de enero de 2012

Chapter 70.


NARRA:             Naomi Backhmann.

Sentir su pecho contra mi busto me hacía delirar, la forma en que respiraba junto a mi oído me volvía loca. Su miembro erecto hacía de las suyas en mi entrepierna, él era un cerdo en la cama, un salvaje… o tal vez estaba desesperado. Era primera vez que teníamos sexo, habían pasado apenas dos semanas desde que cedió a salir conmigo, Nixie tenía razón al respecto… lejos de ella él era diferente.

Él, además, estaba bebido, borracho, ido de su mente y pensando quizás que cosas. Mi cama era el pilar donde se depositaban ambos cuerpos, yo gemía de placer, riendo y disfrutando el momento. En ningún momento me llamó por mi nombre, siempre me trataba como ‘una mujer más en su vida’. Pero, no pude evitar sentirme usada cuando casi llegaba al clímax del acto mismo y me llamo Nixie… se me partió el alma, sentí que para él yo no significaba nada, o que simplemente me usaba para sacarle celos a la misma Bauer; ella me dijo que tardaría un tiempo en que él se acostumbrara a mí… porque tal vez seguía amándola, no quería alejarse de ella, pero no sé si podré soportar que cada vez que tengamos relaciones me llamara por su nombre y no por el mío.

Agotados acabamos, él se quito de encima y se recostó junto a mí, con una risita pícara, me gustaba eso… pero no pude evitar sonreír apenada. Saboreó sus labios y me quedó mirando un rato en silencio, acaricié sus labios con uno de mis dedos tal como me había aconsejado Bauer… De verdad quería conquistar a este hombre y quien mejor consejera que la mujer que traía loco al mismo. Me quedó mirando con los ojos despistados, vivases y atormentados por los recuerdos.

         ¿Qué sucede? – me preguntó perturbado por mi rostro decaído.
         Nada – sonreí a punto de llorar.
         Algo te sucede, dime niña… ¿Qué sucede? – odiaba tanto que no me llamara por mi nombre.
         No vuelvas a llamarme Nixie mientras estamos haciendo el amor… – respiré profundo.

Me miró atónito, sin creer lo que oía, como si no se hubiera dado cuenta de que me había llamado así; estaba ebrio, tal vez era por eso. Miró el techo blanco y cerró los ojos.

         Te dije que me costaría un tiempo acostumbrarme a esto…
         Lo sé, se que es difícil, pero no podré soportar tanto tiempo sin que siquiera recuerdes mi nombre – dije apenada.
         Tranquila…  Sabes todo lo que me pasó con ella, sólo te pido un tiempo… Acabaré acostumbrándote a ti – se giró dándome la espalda.

Cubrí mis pechos con la sábana, no podía creer que al hombre que quería a mi lado ‘acabaría acostumbrándose a mí’. No sé si estoy pensando mal o qué, pero tal vez él siquiera sentía una atracción por mí. Solo hablaba de sus problemas, de las cosas que hacía en el día, muy pocas veces me preguntaba que había hecho; le gustaba invitarme a salir, pero solo a bares, como si no tuviera nada mejor que hacer. Tal vez seguía sufriendo la perdida de su antiguo amor, pero… Por Dios, ya no es un niño para que se comporte de esa manera. Pensé durante mucho tiempo que esa noche sería inolvidable y maravillosa, que vería las estrellas porque él me hacía sentir sensual mientras nos besábamos desnudos, pero nada. Solo decepciones.

Con el avance del tiempo me fui dando cuenta de porque Nixie Bauer se había ganado tantos enemigos y claro, también enemigas. Comencé a sentir una especie de ira contra ella, aunque me había dado la gran oportunidad de saltar a la fama como su baterista, jamás me imaginé que terminaría enamorándome de uno de los padres de sus hijos y mucho más aún, que él siguiera enganchado a ella como la primera vez que la vio.

         ¿Estás en casa?
         Si, estoy arreglando unos detalles de tu regalo y solamente eso ¿por qué? – preguntó seria.
         Quiero verte, necesito hablar contigo urgente – dije en el mismo tono.
         Bueno, ven a mi casa. Tú sabes donde vivo.
         Bien, estoy allá en unos minutos…
         Te espero – cortó.

Tenía que aclarar las cosas con Nixie si quería que todo saliera bien, no quería sentirme usada por Corey, tenía que explicar mi situación, aclarar todo el maldito entendido de aquella noche… necesitaba saber como mierda tener a ese hombre a mis pies.

No pasó mucho tiempo para que el taxi me dejase fuera de la gran casa de Bauer, le pagué muy amable y toqué el timbre, los perros me ladraban, como sabiendo que venía a discutir con su dueña. El mundo estaba conspirando en mi contra.

         Cállense chicos – rió mientras caminaba a la puerta para abrirme.
         Hola – sonreí cínica.
         Pasa – besó mi mejilla.
         Gracias.

Entré y me senté en el sofá, había junto a las escaleras una gran capucha negra ocultando algo, llamó mi atención pero no se lo hice saber; ella entró luego de cerrar la puerta y me sonreía tan imponente como era costumbre en ella.

         ¿Cómo estás? – levantó las cejas.
         De eso venía a hablar contigo…
         Oh, antes que digas o hagas algo, tienes que ver esto – sonrió.
         ¿Qué…?

Caminó hasta donde estaba esa capucha negra y pidió que me acercase, la levantó y mis ojos se derritieron, mi alma se aceleró y me arrepentía de todo lo mal que había pensado sobre esta mujer. Una batería completísima frente a mis ojos, adornada de negro y púrpura con mi nombre en el bombo principal ‘Naomi Backhmann’ en unas letras elegantes pero legibles, en mis manos había un nerviosismo cuando ella me entregó un par de baquetas negras con leves abstractos en púrpura, con mi nombre escrito en blanco.

         ¿Te gusta…? – levantó las cejas esperando que saliera del shock.

No podía hablar, era una batería hermosa e imponente, tanto como las que ella solía usar en su banda, Lordi. Solo que ésta me pertenecía. No salían de mi boca palabras, solo respiración acelerada. ¿Qué debía hacer ahora? Venía dispuesta a insultar a la mujer que ahora me hacía muy feliz…

         Es… maravillosa – susurré boquiabierta.
         La mandé a hacer hace un mes atrás… Quería que al fin tuvieras la batería que tanto anhelabas, no esas cosas feas que usamos en los conciertos… si no una que fuera tuya – sonrió con las manos en su cintura.
         Gracias Nixie – la abracé espontáneamente.
         De nada…

Cerré mis ojos olvidando todo, haciendo de este momento una ‘reconciliación’. Ella era como una ídola para mí, no podía ponerme furiosa con ella como una niña caprichosa, pero eso sí, debía aclarar las cosas.

         ¿Cómo me la llevaré a casa…? – reí.
         Pues puedo pedir un camión para que la lleve, para que no sufra daños – sonrió.

Asentí, ella caminó al sofá y tomó asiento, me senté frente a ella en otro sofá y me miró atenta. Era hora de hablar.

         Ahora dime… ¿Qué querías hablar conmigo?
         Pues… es sobre Corey – dije incómoda.
         Vaya… ¿Qué pasó ahora? – dijo con la vista cansada.
         Las cosas no andan bien Nixie, él sigue loco por ti…
         No digas eso – rió – Hoy hablaré con él al respecto…
         No quiero que le digas que yo he hablado contigo – le supliqué.
         Tranquila, yo no diré nada. Por cierto, te vendría bien un corte en el cabello – levantó las cejas.
         ¿Qué?
         Pues si, tu cabello oscuro se ve bien, pero pareces abuelita, debes cortarlo en capas, eso te haría lucir muy sensual…
         Está bien, lo haré – reí.


NARRA:             Mischa Bauer.

La noticia me tenía desesperada, aquello era una fatalidad horrible, era ya casi media noche y despertar de un sueño agradable con tamaña noticia me parecía terrible.

Me vestí lo más rápido que pude, diciéndole a Ville que cuidara de mis hijos; corrí a casa de Nixie lo más veloz que pude, golpeé su puerta con fuerza, desesperada.

         ¿Qué sucede? – preguntó Nixie, abriendo la puerta.
         Nixie… La casa de Bytha se está incendiando – dije desesperada.
         ¿Qué? – gritó.
         Tenemos que ir… hay un caos terrible allá…
         Vamos – cogió unas llaves desde atrás de la puerta y salió en dirección al garaje.
         Hay mucho tráfico, no creo que el auto sea la mejor opción – dije afligida.
         ¿Quién dijo que iríamos en mi auto? – me miró soberbia, casi como asustada.

No comprendí a lo que ella se refería, pero junto a su auto había algo cubierto por una gran manta negra, la levantó y era… , la motocicleta de Dero.

         ¿Y esto? – dije asombrada.
         Crap dijo que me quedara con ella luego que Dero murió… – dijo triste.
         Comprendo… ¿sabes manejarla?
         No, pero es como andar en bicicleta… supongo – rió.
         Santo cielo, prefiero que vayamos en auto Nixie, no quiero morir esta noche – grité desesperada.
         Tranquila, el trafico nos molestará, sube – me dio un casco.

Respiré profundo y me arriesgué, me senté atrás de ella y la tomé por la cintura, se abrió el garaje gracias a Sean, y partimos a la casa de Bytha. A gran velocidad podía ver pasar los vehículos junto a nosotras, ella manejaba tan bien como si esta no fuera la primera vez que lo hacía, aunque creo… que cuando éramos más jóvenes intentamos comprarnos motocicletas, pero no recuerdo porque no las compramos, pero creo que esa es otra historia.

Llegamos agobiadas a la casa de Bytha, estaba rodeada de vehículos policiales y carros de bomberos, también había una ambulancia por emergencia. Nixie estacionó la motocicleta, dejamos los cascos sobre ésta y buscamos con la mirada a Bytha.

         Allá está – dije apuntando.
         Ven – tiró de mi brazo.

Corrimos hasta donde estaba ella, llorando desconsolada. A Nixie la detuvo un policía para preguntarle no sé que cosa, pero yo seguí hasta donde estaba la mujer; la miré, no la había visto tan destrozada desde hace mucho tiempo, no recuerdo cuanto exactamente.

         Dios… ¡¡Mischa, mi casa!! – gritaba en mi hombro mientras la abrazaba.
         Tranquila, todo estará bien… ¿Dónde está Daly? – acaricié su nuca.
         Adentro, los bomberos… fueron por ella – gritaba, ahogándose en llanto.
         Santo cielo… – susurré.

Su llanto era desconsolador, aterrador… desesperante. Veíamos la gran mansión que solía ostentar Bytha, en llamas, los vidrios explotando por el calor emanado desde adentro, las llamas parecían de mentira, como en las películas. Los bomberos nos intentaban alejar, pero Bytha estaba desconsolada, necesitaba saber de su hija.

         Allí la traen – gritó su esposo.

Traian a la chica rodeada de toallas mojadas para evitar que se quemara, por suerte venía bien, sana y segura. No estaba quemada, ni mucho menos dañada por algo, pidió que la llevarán a la ambulancia para que la revisarán, Nixie dejó de hablar con el policía y corrió hasta donde estábamos nosotros.

La manera en que Bytha se aferró a ella fue desgarradora, imagínenla, tanto así, que un escalofrío recorrió mi cuerpo por completo, era una mezcla de nostalgia y ternura lo que ellas dos emanaban, juntas.

         Tranquila…. Shhhh… calma, todo estará bien – susurraba Nixie mientras cerraba sus ojos.
         No puede estar pasando esto… – sollozaba Bytha.

Verlas así fue como retroceder el tiempo, cómo cuando todas éramos amigas, antes de que todo el caos atormentase nuestro mundo. Los recuerdos comenzaron a aparecer instantáneamente en mi cabeza, fue terrible, aterrador, inimaginable… Solo faltaba una música de reencuentro para que éste momento se volviera perfecto. Lo digo en serio. Ambas se abrazaban con una fuerza adorable, envidiable; Bytha lloraba y no podía detenerse mientras que Nixie la aferraba a su cuerpo como una madre a su hija desconsolada. Johnson no se detenía, cada vez se desesperaba más, su rostro era diferente, sus lágrimas no cesaban, y sus manos presionaban con fuerza la espalda de la que alguna vez fue su amiga. Por el otro lado, Nixie, la mecía como el efecto que provocan aquellas sillas que usaban las abuelas en tiempos anteriores, tal vez creía que así Bytha se tranquilizaría, mantenía sus ojos cerrados, siempre lo hacía mientras alguien la mantenía abrazada, era algo innato en ella. Insisto, aquella imagen era desgarradora… ver a las que fueron las mejores amigas del mundo y que de otro día para otro comenzaron a odiarse sin poder soportarse mutuamente… Y que ahora, volvían a estar juntas como un par de niñas sin control.

Se me acercó el esposo de Bytha, no recordaba su nombre, en lo absoluto. Agradeció mi presencia allí, como si nadie hubiera hecho algo así por él, o por su familia. Fue un lindo gesto, pero era innecesario.

Al rato, llegaron los chicos, los de la banda de Bytha: Polution. Había un aire muy tenso, demasiado cargado, aunque no era para menos con todo lo que estaba ocurriendo. Y bueno, aunque no lo crean… Bytha no se despegó de Nixie en ningún momento; los chicos de su banda querían darle su apoyo tal como lo hice yo, tal como lo estaba haciendo aún Bauer, pero ella no quería soltarla, no sé que estaba pensando ni como se estaba sintiendo, pero no quería alejarse de Nixie por nada.

         Puedes irte hoy a mi casa – susurró Nixie, en su oído.
         Gracias, gracias, gracias, gracias… – repetía una y otra vez.
         Todo saldrá bien… ahora vamos a ver a Daly, debe estar asustada…

Asintió, Nixie tomó su mano y caminaron a la ambulancia, Bytha tenía hechos trizas sus nervios y apenas podía moverse, las acompañé. Miramos a la niña que no entendía bien lo que estaba sucediendo, luego Bauer fue a hablar con la policía una vez más y también con el jefe de los bomberos, en ese aspecto Nixie era preocupada, siempre quería aclarar bien las cosas y ésta vez no era la excepción.

         Ya es hora de irnos… – le dije en un susurro, era muy tarde.
         Yo me quedaré con ella, ve con calma y llévate a Daly, cuídala hasta que lleguemos, Bytha y Fito se irán a mi casa – levantó las cejas.
         ¿Estás segura de todo esto?

Asintió.

         Bien, nos vemos mañana entonces…
         Otra noche sin poder darle a Sean lo que quiere – rió sin mucho ánimo.
         Ya se la tendrás que dar luego – reí abrazándola – Buenas noches…

¿A que se refería? Pues ella con Sean aún no han tenido una noche de pasión, no han hecho el amor, no han tenido sexo, no han fornicado, no han tenido relaciones sexuales ni nada de eso, llámenlo como quieran, pero aún no ha pasado eso entre ellos; las razones no las sé, y sinceramente tampoco quiero saberlas. 

Tomé a la pequeña Daly entre mis brazos y fuimos en busca de un taxi, la chica tenía la misma edad de Rochelle y Cristal, no es una coincidencia que nosotras nos hayamos embarazado casi al mismo tiempo, son solo cosas que pasan. Cristal es mayor, luego le sigue Rochelle y finalmente nació Daly, en ese orden.

         Buenas noches niñas… – sonreí antes de salir de la habitación.
         Buenas noches – dijeron al unísono.

Dormirían juntas, cansada volví a la cama junto a Ville, quien me esperaba muy preocupado por la forma en que tuve que dejarlo, por suerte los trillizos aún dormían y eso me mantenía un poco más tranquila. Bajo el efecto dulce de los labios de mi ahora marido en el cuello, me relajé por completo y dormí rodeada de sus brazos, cayendo a un vacío en donde solo existía su voz, su respiración y su ansiosa risita pícara, la que por cierto me volvía loca.

Pero no me podía sacar de la mente lo que sucedería entre Bauer y Johnson, vivirían juntas un tiempo, o eso creo… esa combinación será complicada, es como si el ying y el yang se mezclaran en un solo lugar… Dios… no sé lo que pasará pero quiero averiguarlo, ahora solo queda esperar que todo acabe y que pronto las cosas vuelvan a estar bien… como debe ser.

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