Algunos
días habían pasado, tal vez unos 4, o tal vez 5… sí, creo que habían pasado
cinco días desde aquel terrible suceso que afectó a Bytha y a su familia.
Estuvo viviendo conmigo hasta entonces, pero como era de esperarse ya habían
encontrado una casa nueva donde podrían rehacer sus vidas…
–
Gracias… muchas gracias por todo – sonreía en mi puerta.
–
De nada, ya sabes… las amigas estamos para eso – sonreí
levemente.
–
Te pido perdón, una vez más… por todo lo que te hice,
gracias por todo lo que has hecho Bauer – me abrazó.
Correspondí
su abrazo. Es cierto eso que dicen que los amigos están en las peores
situaciones contigo, y pues aunque jamás lo creí… nunca dejé de ser amiga de
Bytha, pese a todo lo que me hizo, hoy ya volvíamos a comenzar como si nada
hubiera pasado, con las cuentas claras… con los problemas ya resueltos, o algo
así. Se marchó aquella noche de Sábado, antes de que Sean llegara a cenar.
Volví
a estar sola con mis tres pequeños, en unos minutos llegaría mi novio y su hija
a comer aquí en casa, íbamos lento… tal vez más de lo que alguna vez imaginé.
Estábamos juntos hace casi dos meses y no habíamos tenido una loca noche de
pasión, no estábamos viviendo juntos y bueno, básicamente eso, llevamos una
relación seria, formal y lenta, como lo hace toda gente normal y que por
cierto, no estaba acostumbrada.
Jugando
con mis baquetas en el sótano sentí que alguien había llegado, así que subí,
tiré las baquetas al sofá negro y corrí arriba, una inmensa sonrisa apareció en
mi rostro al ver parado junto a la puerta a ese hombre, tomado de la mano a su
pequeña Lola, ella corrió a mis brazos porque ya me tenía cariño como yo a
ella, era una hija más.
–
Hola dulzura… – besé su mejilla.
–
¡Nixie! – reía porque le hacía cosquillas mis besos en su
cuello.
–
Ve con los niños, están arriba – la bajé.
–
Está bien.
Corrió
con cuidado subiendo las escaleras, me alegraba bastante su estadía en casa.
Abracé a Sean como una loca, besé sus labios con pasión mientras él sujetaba mi
cintura. Me miró a los ojos y sonrió delicadamente, levantó las cejas y miró a
la cocina.
–
¿Qué huele tan bien?
–
Pues estoy haciendo Estofado de verduras con carne… ¿te
gusta? – levanté una ceja.
–
Me gusta, me gusta mucho – rió – ¿Cuánto falta?
–
Pues ya debe estar listo, iré a apagarlo, espérame – reí.
Corrí
a la cocina mientras él venía tras de mí, apagué el fuego y esperé un poco para
servirlo, la mesa estaba puesta, Sean llamó a los niños y se sentaron, serví
los platos y comenzamos a comer. Él a la cabecera como todo un padre, junto a
su derecha Alexander, a su izquierda Lola, junto a ella Cristal, en frente
Lilian y en el costado de Cristal estaba yo, sonriendo por esta cena familiar
sin motivo.
“Puede que nunca vuelvas a sentirte así, puede que mañana
ya no vuelvas a sonreír como lo hacías antes ¿Qué estás esperando? Aprovecha tu
día, porque nunca sabrás con exactitud si existe el mañana…”
Luego
de la cena Sean encendió la radio y puso música para bailar con los niños,
ellos reían a carcajadas con sus bailes tan extraños, los chicos estaban felices,
porque él los hacía participar de sus locuras… me sentí bien, por un momento
recordé mi alejada infancia… cuando alguna vez fui feliz en esos tiempos.
Se
hizo tarde, tal vez ya era media noche, así que mandamos a los niños a dormir,
Lola tenía sueño así que no podría irse, dormiría en la habitación de Cristal
ya que ella tiene dos camas, una para sus amigas que se vienen a dormir los
fines de semana… pero bueno, allí dormiría la pequeña de Sean. Yo me senté en
el sofá sonriente, feliz por todo lo que estaba pasando, con una copa de
tequila y un trozo de limón, él se sentó junto a mí luego de ir a acostar a las
niñitas. Me miraba sonriendo, casi como un desquiciado, lo que me hizo reír
también a mí.
–
¿Qué? – le dije.
–
Nada – siguió riendo.
–
Deja de reír – sonreí.
–
¿Por qué? Estoy feliz… no puedo dejar de reír
–
¿De verdad?
–
Claro, ha sido una gran noche, los niños se llevan bien y
pues… hay un clima delicioso junto a ti – sonrió seductor.
–
¿Ah si? – dejé el tequila en la mesita de centro y me giré
para mirarlo.
–
Vaya, dejaste el tequila de lado, eso me hace sentir
importante – rió.
–
Oye, no digas eso – reí – Es solo un tequila, si fuera un
Vodka… sería diferente…
–
Vaya, entonces no te soy importante…
–
Claro que lo eres, eres muy importante – me acerqué a él.
Sonrió
mientras chocamos nuestras narices, no resistí y me senté sobre él, con mis
piernas a los costados de las suyas y mi trasero sobre sus muslos, rodeé su
cuello con mis brazos y le sonreí antes de chocar nuestros labios en un dulce y
suculento vals. La temperatura estaba aumentando y el tan ansiado acto se
estaba queriendo hacer presente después de tanto tiempo…
–
Espera – detuvo el beso – Vamos arriba, aquí no podemos…
los niños podrían despertar – susurró en mis labios.
–
Está bien, como tu mandes – sonreí lamiendo su barbilla.
Rió
y se puso de pie, sujetó mi trasero y me llevó en la misma posición a mi
cuarto, cerró la puerta con cuidado y le puso seguro, se paró frente a la cama
y me lanzó con fuerza. Debo admitirlo, que actuara así me excitaba… y jugué con
mi lengua desde la cama para tentarlo, ya respiraba agitada mientras él me
miraba mordiendo su labio, tentándome.
–
Quítate la ropa – susurré aguantando la risa.
–
Ven y quítala tu misma – levantó las cejas.
Sonreí
y gateé hasta él, desabroché su camisa azul botón por botón mientras nos
besábamos y él desabrochaba mis pantalones, poco a poco la temperatura fue en
aumento, cada vez más. Su lengua era exquisita, jamás había sentido un sabor
igual… Nuestras ropas fueron desapareciendo una a una, su camisa azul, mi
remera blanca, sus zapatos, luego los míos, después mis pantalones y al final
los suyos.
–
Tu piel es tan suave… tan delicada… – decía mientras besaba
mi cuello.
Yo
sonreía extasiada por sus besos. Él se posó sobre mí y quitó mi corpiño con
cuidado cuando volvió a besar mis labios, mis manos jugaban en su elevado
trasero y en parte de su abdomen… quería bajar a su entrepierna pero no
alcanzaba. Entre caricias, besos y mucho roce de cuerpo a cuerpo, quedamos
ambos desnudos, mi pecho chocaba en el suyo con pasión, con una desesperación
terrible, sus manos rozaban mi cintura con suma delicadeza… hasta que dimos
inicio al acto que mi cuerpo necesitaba tanto.
Mordió
mi labio cuando el primer impulso se dio, un escalofrío estremeció mi cuerpo
con su fuerza, era una mezcla perfecta entre salvaje y delicadeza… tanto así
que me encantaba. Su respiración agitada se depositaba en mi oído, mientras yo
gemía para deleitarlo, era un momento ansiado… esperado hace mucho.
Como dos
enamorados mantuvimos contacto corporal un buen rato, respirando agitados
mientras hacíamos el amor como dos adolescentes explorando un mundo nuevo;
apoyó su espalda contra la cama mientras yo me puse sobre él, arqueé mi espalda
mientras él sujetaba mi cintura y sonreía cerrando los ojos. Se movía lento,
luego rápido, era impresionante… hacía de todo esto una experiencia nueva.
Apretaba mis nalgas con una locura exorbitante mientras yo comenzaba a volverme
loca, presionaba su pecho como una maniática mientras él me hacía delirar, era
un hombre maravilloso y porque no decirlo, un hombre muy potente. Una y otra
vez, descansamos unos 5 minutos para comenzar de nuevo, así unas 6 veces en la
misma noche, se pasó bien, no hay que negar que él si me sorprendió, me gustó,
cumplió con lo prometido e hizo de esta noche inolvidable. Su cuerpo reposaba
junto al mío, acarició con una de sus manos mis pechos, lo apretó y me hizo
gemir una vez más, sonrió mientras besaba mi hombro…
–
Ya es suficiente Sean… dejemos más para mañana – reí
agotada.
–
Pensé que eras insaciable… – rió.
–
Dios… esto fue maravilloso – reí – Eres único ¿sabías?
Pensé que solo yo era la exigente – lo miré.
–
Te dije que haría de esta noche algo único – besó mi
mejilla.
–
Eres realmente… exquisito – sonreí.
–
Será mejor que duermas, ya amanecerá – rió besando mis
labios.
–
Buenas noches…
–
Buenas noches mi amor.
Me
acurruqué junto a su brazo, cubrimos nuestros cuerpos con las sábanas y nos
dormimos, sentir el calor corporal y sudado nunca se había sentido tan bien… lo
digo en serio, odio a los hombres cuando sudan pero esta vez… se sentía
magnífico.
“No quiero que lo hagas, deja de hacer eso ¡ya! Recuerda
que será tarde cuando te des cuenta que pierdes grandes oportunidades… debes
dejar de ser una niña caprichosa o terminarás sola, arruinada ¿Eso es lo que
quieres? Basta, es hora de que recapacites y comiences a pensar como una
adulta.”
Pesadillas,
sueños, idioteces que arruinan una gran mañana…
–
Demonios – cubrí mi rostro con una almohada.
–
Están tocando el timbre, voy a ver… – dijo Sean riendo.
–
No, déjame a mí – sonreí.
–
Está bien.
Lo
besé y me puse la bata luego de ponerme ropa interior. Bajé las escaleras y
Teresa no estaba en ningún lado, tal vez era muy temprano aún, caminé a la
puerta y la abrí… mis ojos se cayeron con la presencia de aquella mujer.
–
Hola… – dije ilusamente.
Lo
que obtuve de respuesta fue una gran abofeteada, una con ira, con furia y
desesperación.
–
Maldita – dijo entre dientes.
–
¿Has venido aquí solo para golpearme?
–
Pero que pregunta más estúpida… vengo a recuperar lo que me
pertenece – dijo irónica.
–
Aquí no hay nada que te pertenezca… – dije seria, sin ánimo
de discutir.
–
Claro que si, está la motocicleta de mi esposo…
Guardé
silencio, y si por casualidad se lo están preguntando, sí, aquella mujer era la
ex esposa de Dero, la que venía aquí solo a perder el tiempo, a ella no le
pertenecía nada de él… su divorcio fue reclamado antes de su muerte.
–
No te pertenece
–
Claro que si, me pertenece a mí y a mi hijo – dijo
histérica.
–
Caroline, entiende… Tú y Dero acabaron su relación antes de
que él muriera… nada de…
–
Eso no quiere decir que la motocicleta se tiene que quedar
con su amante – dijo fríamente.
–
Caroline… yo y Dero no éramos amantes… éramos novios, como
una pareja normal – mi tono comenzaba a ser terrorífico, estaba enojándome.
–
Sí, claro. Tú te acostabas con él antes de que yo me
divorciara, no me vengas con esa cosa de que no eran amantes. Dime donde mierda
tienes esa motocicleta, la quiero ¡Ya! – gritó.
–
No te la daré, tu tienes todo allá en Alemania, no se
porque quieres tanto la motocicleta de Dero – negué con la cabeza.
–
Porque me pertenece… esa motocicleta tiene que ser de mi
hijo, tu no tienes que tener nada de él… porque él solo se casó conmigo –
comenzó a lloriquear.
Santo
cielo, comenzó a llorar, lo que significa que también lloraría yo. Ella amaba
tanto a Dero como yo, y si comenzaba a darme las charlas que dio en su funeral,
pues mi corazón acabaría por romperse en pequeños pedazos difíciles de
encontrar y por ende, difícil de reconstruir. Apareció Sean atrás de mí, tan
solo en boxer y una camiseta que traía, Caroline lo miró atónita y luego me
miró a mí… era hora de ser insultada.
–
¡Eres una perra! Dero apenas murió y ya estás con otro
hombre – gritó indignada.
–
Caroline… – cerré los ojos.
–
¿Sabes tú que su pareja murió? – miró a Sean.
–
Sí, lo sé – dijo serio.
–
Caroline, santa mierda ¡Puedes irte de mi casa! – grité ya
colmada con lo que estaba pasando.
Ambos
me miraron asombrados.
–
No te daré la motocicleta de Dero porque sus amigos me la
obsequiaron como un regalo para tenerlo siempre conmigo, en cambio tú tienes
los bellos recuerdos de su matrimonio – sollocé – Así que no me vengas a joder
con que la motocicleta te pertenece…
Guardó
silencio un rato.
–
Volveré – me miró de pies a cabeza y se marchó.
Entré,
cerré la puerta y me senté en el sofá, a pensar, a cuestionarme y una vez más… a odiarme por todo lo que he hecho.
–
Tú no tienes la culpa de nada – me dijo como consuelo.
–
Claro que yo tengo la culpa, si no hubiéramos ido a
Alemania para vivir él aún estaría vivo – dije con la vista ida.
–
Fue su decisión, no te eches la culpa de nada…
–
Claro que fue mi culpa – comencé a llorar.
Su
pecho fue mi fuente de desahogo, sus brazos me protegieron de toda mala
sensación, caía nuevamente a un pozo del que creí que me había olvidado.
Siempre habrá gente destinada a arruinar el mejor momento de tu vida, por muy
pequeño que sea el gesto que ellos emitan, acabarán amargando tu existencia sea
como sea.
DÍAS DESPUÉS.
–
Las cosas van bien, me
alegra bastante todo lo que está pasando… ¿sabes? Gracias por todo Nixie, no sé
lo que le dijiste, pero ha cambiado bastante – reía.
–
Eso está bien, me agrada la idea de que su relación ya sea
formal – sonreí apenas.
–
Si, parece maravilloso, soy
muy feliz ahora…
–
Me alegro mucho Naomi, felicidades y espero que las cosas
sigan yendo bien después de todo – miré la hora.
–
Claro, no te preocupes, de
eso no hay duda, Corey ya está siendo conquistado – rió.
–
Muy bien, me gusta eso, debo dejarte… tengo que salir –
sonreí.
–
Bien, no te preocupes,
suerte. Adiós
–
Adiós nena – corté.
Tomé
mi abrigo y las llaves del auto, los niños subieron atrás, manejé tranquila
hasta la casa de Sean, él sonreía desde la puerta y acomodó a Lola atrás junto
a los niños, él subió de copiloto, manejé hasta Hollywood, hoy era un día especial, tal vez premiarían a Sean como
mejor actor de reparto en uno de sus nuevos Films. Hoy el mundo sería presente de mi pública relación con este actor,
nuestra relación será anunciada sobre la alfombra roja y frente a cientos de
cámaras que son vistas por todo el mundo.
Dejé
el abrigo adentro del auto, lucí un lindo vestido color azul oscuro, como el mar de noche, los niños iban
tomados de nuestras manos y Sean me llevaba de la suya. Las cámaras nos cegaron
con sus flash, los pequeños estaban nerviosos y pues para ser sincera yo
también lo estaba.
Un
periodista se acercó a Sean de improviso, nos filmaron a todos y a él le
hicieron unas cuantas preguntas, yo solo sonreí.
–
¿Esta es tu familia? – le sonreía el sujeto.
–
Esta es mi nueva familia, ellos son mis hijos y ella es mi
novia – me miró riendo.
–
¡Fantástico! Se ve muy
guapa y ustedes hacen una muy buena pareja – comentó
–
Lo sé, lo sé – apretó mi mano con fuerza.
Seguimos
caminando, como unas verdaderas estrellas, emocionados con todo, tomamos
asiento y nos encontramos con Norman
Reedus, uno de sus mejores amigos, el que por cierto me hizo recordar
ciertas cosas que jamás le mencionaré a Sean.
–
Tanto tiempo sin verte – rió al besarme la mejilla.
–
Eso jamás pasó – reí en su oído, para disimular.
–
Lo sé, nunca diré nada – rió – Disfruta la noche Nixie.
Tomamos
asiento todos, Sean ganó 2 de cuatro categorías en las nominaciones, fue toda una victoria mientras esta nueva
vida se inicia.
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