sábado, 12 de mayo de 2012

Chapter 90.


 Las voces del público se abatían sobre nosotros cinco, la cabellera de Lu se movía al rápido movimiento de sus dedos en el solo intervalo que la canción tenía para ella. Las raras caras de Mischa me hacían sonreír, era inevitable; atrás Andréu seguía el ritmo con el bombo de la batería y Alex tocaba su parte completamente inspirado. La tenue brisa se entrometía por cada parte de nuestra piel, abarcaba cada centímetro cuadrado… se esparcía por entre nuestros cabellos hasta por los escotes de nosotras tres que tan bien lucíamos, acariciaba mi nuevo tatuaje con el nombre de mi esposo, acariciaba mis brazos descubiertos… acariciaba lo que muchos del público querían tocar.

        The bitch came back…!

La multitud enloquecía, nada podía compararse con este momento, hasta los mínimos susurros volvían locos a los presentes. Más maravilloso se volvió todo cuando cosas comenzaron a llegar al escenario, como flores, peluches, cartas escritas en inglés y otras en otros idiomas que no supe reconocer en el momento, también ropa interior femenina y masculina, sin contar con otras cosas que no pienso nombrar.

Acabado el show, nos tomamos una foto grupal sobre el escenario con la bandera de Alemania, hicimos reverencia para luego bajar a encontrarnos con los fans atrás del escenario. Tan solo un grupo pequeño de unas cinco o seis personas se hacían presentes ante nuestros ojos, con cosas en sus manos y unos marcadores, además de cámaras para fotografiar y grabar.

        Después de hoy tendré que dormir como dos días – decía para sí misma Lu.
        Cállate, mañana tenemos que grabar en el centro para publicidad – la miró Mischa.
        Santa mierda, lo había olvidado – cerré los ojos golpeando mi frente.
        ¿Dónde está Jackson? – dijo Andréu luego de que los fans se habían marchado.
        Es lo mismo que me estaba preguntando… – añadió Alex.

Un momento de incertidumbre nos dominó por un par de minutos al ver como todo el personal se movía para remover los instrumentos del escenario y nosotros permanecíamos parados sin saber que hacer, Foo Fighters y Stone Sour no estaban con nosotros, los que nos tenía un poco inquietos. Caminamos a la zona trasera en donde nos encontramos con Francesca y Dave Grohl quienes permanecían charlando y gritando quien sabe sobre que cosas.

        ¿Dónde están todos? – les pregunté.
        Pues estaban aquí hace un rato, no sé en que momento nos quedamos solos – rió él.
        Oh mira, ahí vienen algunos – sonrió Francesca apuntando a gente que se aproximaba.
        Esto no es cierto…

Susurré casi para mí misma cuando me di cuenta que esas personas que se acercaban no eran ni más ni menos que Taylor con su actual esposa; si mis ojos hubieran sido armas créanme cuando les digo que ya los hubiera asesinado, Mischa y el resto de los chicos se percataron de ello y propusieron que nos fuéramos de ahí, pero yo no me iba a ir antes de ver lo que podría pasar.

        Pero miren nada más – la voz irónica de Naomi comenzaba a hartarme.
        ¿Has visto a Jackson, Dave? – miré a Grohl.
        La verdad es que no, desapareció con mi staff, ni puta idea a donde fueron – frunció el seño.
        ¿Cómo has estado Nixie? Hace mucho tiempo que no te veía, te ves radiante – insistía la mujer.
        La buena vida me mantiene bien.
        ¿Buena vida? ¿Estás segura de ello? – rió.
        Claro que si, es cosa de mirarte a ti que se nota que no la llevas – sonreí levemente.

Mischa rió sin ser cautelosa, a ella le gustaba apoyarme en este tipo de situaciones. El rostro de disgusto de Backhmann se hizo notar al mismo tiempo de que Francesca recordó quien era esta mujer y todo lo que había hecho hace ya mucho tiempo frente a ella; algo podría suceder… todos estaban conscientes de ello, pero solo Andréu fue más precavido y tomó mi mano para llevarme lejos de los líos que podría causar.

        No caigas en su juego – susurró mientras me alejaba.
        Vamos Andréu, quería golpearla, necesito un poco de acción – sonreí soberbia.
        ¡Eso es lo que faltaba! ¡Que uno de tus amantes te alejara! – gritó desde atrás.

Y eso fue lo que detonó todo.

Mischa sin más precaución tomó cartas en el asunto y le dio un buen golpe en la mejilla a puño cerrado a la rubia, lo que hizo que esta retrocediera y me diera tiempo de girarme para verla, Andréu seguía sosteniendo mi mano, él sabía que no acabaría bien si me soltaba; Francesca miró a Naomi con las cejas elevadas y con los ojos sonriendo como diciendo ‘te lo merecías’, y Lu actuó veloz para sostener de los brazos a Mischa antes de que acabara en algo peor.

        ¿Qué es lo que te pasa? – le gritó Corey.
        Dile a tu perra que se calle si no quiere más – respondió mi hermana.
        No la llames así – recriminó – ¡Ella no te ha hecho nada!
        A mí sí – respondí a la lejanía.
        Pero Mischa no tiene nada que ver…
        Soy su hermana, imbécil – lo empujó Mischa.
        Oigan, paren – se interpuso Alex.

No sé porque Mischa estaba tan agresiva, ni mucho menos lo que pasaba con ese par que solo estaba estorbando aquí; Naomi me observaba sonriendo irónica, con una intención en mente y yo ya me estaba preparando…

        Tranquilízate, te lo digo en serio… – Andréu sostuvo mi rostro y me miró a los ojos, nervioso.
        Déjame hacerlo… lo necesito – encogí mis ojos.
        No.
        Andréu, por favor…
        Te dije que no.
        ¡Anda, ahora bésalo! – gritó ella.
        Lo siento – susurré.
        ¡No, Nixie!

Sus gritos no pudieron evitarlo, ya estaba abatiendo la figura de aquella mujer contra el suelo, sus intentos de defenderse eran inútiles, yo era más rápida. No sé si yo tenía mucha fuerza, o ella era muy débil, pero cayó de un solo golpe, Corey la ayudó a levantarse mientras que Francesca me jaló del brazo para alejarme un poco.

Los ojos del rubio frente a mí me hacían detestarlo más de lo que debía y a lo que él no pudo evitar hacer un comentario que arruinaría las cosas aún más.

        Deja de ser rencorosa…
        ¿Rencorosa? – levanté mis cejas.

Entonces antes de que pudiera darse cuenta, mi brazo derecho tomó fuerza y mi puño impactó en su rostro, haciéndolo retroceder y mirarme atónito, todos me observaron asombrados, incluso Mischa…

        ¿Quieres que te enseñe mi rencor? – reí burlándome.
        ¿Qué te sucede…? – gritó extrañado.
        Estoy harta, me cansé de tanta hipocresía por parte de esa puta – miré a Naomi – Y sobre todo de ti, así que mejor desaparece antes de que vuelva a golpearte Corey.
        ¡Ven y dímelo a la cara!
        ¿Crees que te tengo miedo? – jalé de Francesca que aún me sostenía, quería acercarme a Naomi.

Entonces toda la multitud se interpuso entre ella y yo, Francesca y Andréu me sostenían al mismo tiempo que Corey retenía a su mujer, Mischa mantenía su presencia imponente junto a mí ante cualquier cosa, si yo me descuidaba ella actuaría por mí. La charla tranquilizadora comenzó a sonar, diciendo que nos calmáramos, que las cosas no se resolvían de esta manera, que lo pensáramos bien, no era una buena decisión, éramos mujeres y eso no se veía bien en ninguna parte del mundo.

Al demonio.

        Jodanse todos – bufé.

Y antes de que alguien me dijera alguna otra cosa, emprendí el rumbo caminando lejos de todo el alboroto que se había provocado con la presencia de esos dos que yo no quería ver nunca más. Oía gritos llamándome, aclamando mi presencia, añorando mi nombre; los ignoré, solo quería irme de este lugar para estar con mis hijos, para sentirme relajada, para irme pronto a Italia y olvidar esto… para estar en paz conmigo misma.

        ¿A dónde vas…?
        Lejos, muy lejos – respiré profundo, reteniendo mi ira.
        Tranquila, esto no volverá a pasar – me detuvo.
        ¿Quién lo asegura rubio? ¿Tú?
        ¿Por qué no?
        Porque… olvídalo. Quiero volver al hotel…
        ¿Te llevo? No tengo problema, no tengo idea donde se metió Jackson, pediré un taxi así podemos irnos juntos – sonrió Andréu.
        ¿Y los chicos?
        Mischa y Alex supervisarán a los sujetos para que guarden los instrumentos como corresponden, ya sabes como son los europeos de descuidados. Y Lu irá con Brian a dar un paseo por la ciudad con sus hijos y su cuñada con Grohl
        ¿Y el otro par…?
        Eso no importa, que se vayan al demonio – sonrió.
        Vamos a casa – lo abracé.

El reciente embarazo de Francesca mantenía a Grohl muy feliz, entusiasmado incluso más animado con esta gira europea; me ponía bien ver la buena relación que ellos dos tenían con mi banda, con Lu y mucho más con todos nosotros, eran como parte de la familia… aunque no lo fueran.

Llegamos al hotel, subimos al elevador y el teléfono de Andréu comenzó a sonar, al contestarlo su sonrisa apareció rápidamente, seguramente era Ángela, creo que hoy había ido al doctor por un asunto de salud.

        Voy a ser padre – me miró sonriente.
        ¿De verdad? – sonreí ampliamente.
        ¡Si!
        Oh por dios, felicidades – lo abracé con fuerza.

Su llanto de felicidad me conmovía infinitamente, él era un hombre maravilloso, increíble. Cuando recuerdo a mi madre decir que él era el hombre indicado para mí creo ciertamente en que ella tenía razón, es decir, es bueno, sensato y siempre ha querido lo mejor para mí, el único problema es que éramos más amigos o hermanos, que amantes o una pareja normal… Pero ahora me siento bien al saber que tiene a su lado a una gran amiga, que lo hace feliz.

Cuando llegamos arriba, emprendió su camino al cuarto en donde se encontraría con sus hijos y su hermana que estaba aquí para cuidarlos. Yo llegué a mi cuarto en donde me encontré con mi gran familia, con mis pequeños hermosos y mi amado hombre.

Cristal estaba en la sala viendo televisión junto a Lola y Alexander, Lilian estaba en la mesa clasificando fotografías que había tomado durante estos días en la ciudad, y los gemelos estaban junto a ella dibujando. Sean estaba arreglando las maletas para irnos mañana con rumbo a Roma y continuar con el trabajo.

        ¿Cómo te fue? – sonrió.
        Pues… no me quejo.
        ¿Pasó algo?
        No…
        Mischa me ha llamado – levantó las cejas.
        ¿Y?
        ¿Por casualidad te peleaste con alguien?
        No quiero hablar de ello… por favor – supliqué.
        Está bien, ven a besarme entonces…

Sonreí y acudí, él me tomó por la cintura al mismo tiempo que mis brazos sobrepasaron sus hombros; sus labios acariciaban los míos suavemente mientras que los niños reían y nos molestaban, a lo que no pudimos evitar sonreír y sentirnos vigilados.

Pasamos un rato más y luego nos fuimos todos a la cama, la mañana siguiente sería agotadora. Los sentimientos de culpa y frustración no se hacían presentes más dentro de mi cabeza, creía por fin que todo ya tenía un completo sentido y que solo debía aprovechar el día a día, pese a todo lo que tenga que pasar… más que mal no siempre iba a tener el control sobre todo… no por mucho.

Los siguientes conciertos en Italia fueron un completo éxito, superando nuestras expectativas, el público nos recibía de una manera acogedora, con esas ganas que te dan de quedarte por más tiempo, pero por cosas del trabajo no podríamos hacerlo. Incluso las personas hablaban con Jackson para preparar conferencias de prensa, la gente necesitaba hablar con nosotros, saber sobre nosotros…

Recuerdo aquella tarde del cumpleaños de Cristal, el 10 de febrero del mismo año, diciéndome Brian que le hubiera gustado que su banda hubiera participado con nosotros, me sentía bien al recibir tamaños elogios. Lo único malo en todo esto era la constante mala vibración que existía entre Taylor y yo, además de eso, estaba también la presencia innecesaria de su esposa engreída y malagradecida.

        No puedo creer como fue que cambio tanto – negaba Mischa con su cabeza, caminando de un lugar a otro.
        Ni yo.
        La pasábamos tan bien antes…
        Le di todo ¿sabes? La hice llegar lejos, le brindé mi apoyo en todo momento… fui su madrina de bodas, hice que su nombre fuera conocido, le di un marido... ¿Qué hice mal? – miré a Mischa.
        Ser tan buena con ella. Tal vez fue eso…
        ¿Lo crees?
        Estabas tan enojada con Nevinger que conseguiste a músicos tan rápido como pudiste, no mediste las consecuencias, ni siquiera los conocías… les diste todo en bandeja de plata, fuiste bondadosa con ellos, siendo que tú eres más mala que el cáncer ¿recuerdas? Creo que se aprovechó de tu buena voluntad y acabó por creerse superior a ti siendo que es una niñata que no sabe ni lo que quiere…
        Ahora que lo pienso… tienes razón. Debí ser más dura con ella cuando trabajamos juntas – bufé.
        Pero ya es tarde ¿Y sabes qué? Deja de pensar en ello, debes aprovechar el tiempo que tienes… no lo desperdicies en ella, no vale la pena – se sentó junto a mí.

Sonreí y la abracé. Permanecimos juntas allí en el camerino charlando un poco más, recapacitando sobre ciertas cosas que pronto pasarán y que no habrá como solucionar, pensando tal vez en como tendríamos que vivir más adelante… con riesgo de que todo se acabe de improviso.

La música vibraba en nuestras venas, las sensaciones de excitación estaban presentes ante nosotros y estábamos conscientes de ello. Los gritos no podían retenerse, escuchar a más de 10.000 italianos gritar tu nombre… te vuelve loca, desata en ti una emoción incomparable, te hace sentir la reina del mundo.

La tenue voz que se esparcía por el recinto era lo que hacía de todo algo mejor, hasta un leve movimiento de cejas hacía que el público estallara y saltara, que cantara todas las canciones que con tanto esfuerzo había escrito en momentos de desesperación. Que guardaran silencio en los solos del bajo de Sullivan, que gritaran de una forma extraordinaria cuando la guitarra de Mischa actuase sola, cuando los riff de Sidlander se hicieran presentes con potencia, cuando los brazos de Betancourt tomasen más velocidad y golpearan la batería como un loco sin frenos, o cuando mi voz se desplazaba a través de los parlantes…

Cada vez que ellos guardaban silencio sentía miles de ojos observándome, miles de cuervos juzgándome, millones de personas apuntándome… infinitas interrogantes que aclamaban ser respondidas, pero que sin embargo ni yo misma sabía cuál era la respuesta correcta.

Estaba en el cielo al mismo tiempo que me quemaba en el mismo infierno, moldeando mi propia creación, afrontando mis propios errores… asumiendo mi propio calvario, pero disfrutando la gracia de aún permanecer ante ellos.

martes, 8 de mayo de 2012

Chapter 89.



NARRA:                Sean Flanery.

Aquella mujer indicaba con mera pasión todo lo que Cristal ganaría iniciando su carrera profesionalmente, exagerando sus lujos y mucho más la sobre atención que recibirá desde el momento en que suba a un escenario y se transforme en una figura pública. Me hacía reír la manera en que ella se expresaba moviendo sus brazos de una manera explosiva, era gracioso; pero si entendía a la perfección de todo lo que me hablaba, sobre los riesgos que corre exponer a una menor de edad al mundo… No pude evitar pensar en todo lo que se dijo alguna vez sobre mi esposa… pensar que nuestra hija tuviese que pasar por lo mismo, no me gustaba mucho la idea.

Ya era casi medio día cuando decidió aparecer Mischa, riendo y entregando a la sala de mi casa una emoción innecesaria. Su carisma es simple, pero es sorprendente, no logro comprender como soporta tanto a mi mujer, parecen tan diferentes… pero a la vez tan iguales.

Tomó asiento junto a mí y se unió a escuchar la charla de Gabriela, la representante de la disquera que quería representar a los recién nuevos músicos, Daschmennt. Reía con las cosas que Mischa imaginaba que pasarían, mucho más con las incoherencias que me comentaba al oído, era como una niña en cuerpo de mujer… me gustaba eso de ella, era tan espontánea que jamás te cansas.

        Yo acepto los términos, no parece haber nada complicado… – me miró.
        Yo igual, es decir, cualquier cosa extraña no dude en que nosotros actuaremos – comenté.
        No hay problema, intentamos ser lo más transparentes posible – sonrió la agente.
        ¿Tienes entendido que yo y Nixie seremos las representantes de nuestras hijas y su banda, no?
        Descuide señora, está todo eso claro, mi misión aquí era solo informar sobre los convenios que habrá entre las ganancias de la banda y la disquera.
        Estupendo, me gustan las cuentas claras – rió soberbia.

Un rato más de charla bastó para que la puerta se abriera lentamente y dejara presenciar la figura de mi esposa. Su rostro tenía una mueca poco usual y diferente a lo que estaba acostumbrado a ver en el último tiempo. Lo único que hizo al vernos allí fue levantar las cejas y sonreír levemente, sin decir absolutamente nada. Mischa notó lo mismo que yo, pero a diferencia de mí ella decidió levantarse y caminar hasta ella, le susurró algo que no logré entender y ella le respondió ‘Vamos a mi escritorio, debo hablarte de algo serio…’
Partieron así ambas al segundo piso, dejándome intrigado respecto a la actitud de Nixie; me parecía bastante extraño, pero ya tendríamos tiempo de hablarlo luego cuando estuviéramos solos.

Despaché a la agente de la disquera y no había ninguna señal de vida de alguna de las dos Bauer, estaba comenzando a preocuparme más de la cuenta tanto silencio y misterio en el piso superior. A eso del almuerzo llegó Norman con un vino para la comida, ayudamos ambos a Teresa a arreglar la mesa y luego nos sentamos en el sofá para hablar un rato sobre lo que había pasado en nuestras vidas. Le comenté lo que pasó hace un rato, él me contó sobre la nueva temporada de una de sus series, había temas inconclusos para ambos.

        Este invierno se viene bien feo – miró por la ventana.
        ¿Lo dices por la nieve?
        Por la nieve, por el frío… por todo, me han pasado tantas cosas que ya ni sé si esperar a que santa visite mí casa – rió.
        Falta un mes aún para que comiences a pensar en Navidad – reí – A nosotros no nos molesta que la pases aquí…
        No te preocupes Sean, se que Nixie la pasa con Mischa y prefiero ahorrarme cualquier tipo de problemas, es una fecha especial y no quiero arruinarla…
        No seas idiota, no hay nada de malo que vengas a cenar con nosotros – insistí.
        Ya te dije que gracias, pero no – tocó mi hombro.
        No te quejes entonces – reí.

Cuando la mesa ya estaba lista Teresa me indicó que me sentara, Norman hizo lo mismo.

        ¿Y las chicas? – miré a Teresa.
        No van a comer, dijeron que más tarde lo harían…
        ¿Pasó algo? – me extrañé.
        No lo sé señor – negó.

Me parecía muy raro que no quisieran comer, más aún con el hambre que esas dos siempre tienen. Pero antes de que pudiera decir o hacer otra cosa, aparecieron ambas. Sus rostros abatidos partían el alma de cualquiera que las vieran, sus maquillajes estaban un poco fuera de lugar, sus ojos estaban lagrimeados y sus mejillas absolutamente bañadas en saladas caricias; Mischa tomó la mano de Nixie y la llevó hasta la puerta sin decir nada, dejándonos con Norman con un gran signo de pregunta en la cara.

        Saldremos un instante – dijo Nixie sonriéndome para despreocuparme.
        ¿A dónde van? – me levanté – ¿Qué les pasa?
        No te preocupes mi amor… Todo estará bien pronto – dijo con la voz pendiendo de un hilo.

De un momento a otro se abalanzó sobre mí, robándome el aliento desde lo más profundo, llorando como una novia desconsolada pero besándome con esa pasión que me enamoró de ella, arrastrando mi lengua a su boca para sentirla solo suya, rozando su nariz con la mía tan solo como ella sabe hacerlo.

        Volveré pronto… – susurró con los ojos cerrados, sosteniendo mi rostro.
        No tardes… por favor… – susurré con ganas de más.
        Descuida…

La vi marcharse, siendo jalada de la mano por su mejor amiga, desapareciendo sus figuras sensuales tras esa gran puerta que me hacían preguntar en mi subconsciente ¿Qué era lo que estaba sucediendo?

Pasamos la tarde con Norman hablando y hablando sobre nuestros asuntos, disfrutando de mis hijos que llegaban de la escuela en sus últimos días de clases antes de salir de vacaciones para irnos a Europa con Nevinger en su pronta gira continental. Todos me preguntaban en donde estaba mamá y era difícil tratar de responder, siendo que ni yo tenía la menor idea de donde ella estaba.

Ayudé a los pequeños a hacer sus tareas y acabar unas manualidades a los gemelos, ya iban en su primer año de escuela, eran un par de remolinos que no podían ser detenidos por nadie. Me hacía gracia imaginar todo el caos que existía en su salón cuando ellos entraban en acción… de solo imaginarlos sonreía al instante.

Norman se marchó a eso de las siete de la tarde, luego de haber compartido toda la tarde en casa conmigo y mis hijos, además de arreglar nuestros asuntos sobre unas prontas salidas para distraernos un rato. Pese al buen rato, seguía preocupado por la ausencia de mi esposa, haberla visto salir tan mal me hacía preocupar mucho más.

        ¿Dónde está mamá? – me miraba Cristal mientras bebía su gaseosa junto a mí en el sofá.
        Ni idea…
        ¿Ha pasado algo? – levantó una ceja tal como lo hacía ella.
        No sé hija, llegó extraña y se encerró a hablar con Mischa en el escritorio, estuvieron allí como tres horas y luego salieron ambas llorando… hasta ahora que no tengo ni idea de donde está ni mucho menos lo que le pasa – elevé mis cejas.
        Mamá no suele hacer esas cosas…
        A tu madre no le gusta preocupar a nadie con sus líos, pero a veces lo hace inconscientemente.
        Lo sé… ¿pero has intentado llamarle?
        Claro que si – miré la hora – Lo he hecho toda la tarde y lo apagó.
        Tranquilo, si salió con tía Mischa es que está bien, quizá debían hablar sobre algunas cosas que no debías oír… Sabes como es ella – sonrió un poco preocupada.
        Por eso estoy preocupado.

Ella me observaba con compasión, sabiendo como me sentía. Pero no pasaron más de quince minutos para que la puerta diera paso a mi esposa quien llegaba sola y con una melancolía en su rostro; me puse de pie y la miré desconcertado, ella se acercó a mí lentamente y se apoyó en mi pecho como una niña desprotegida, cerró sus ojos y me apretó con sus dos brazos, atrayéndome a ella con presión. La abracé y besé sus cabellos al sentirla llorar, acaricié lo más que pude toda su espalda y parte de sus brazos sin siquiera comprender lo que la tenía tan mal, Cristal nos miraba embobada y un poco perturbada al no saber que pasaba, entonces se puso de pie para irse a su cuarto y su madre la detuvo.

        Te amo hija, eres lo más maravilloso que podría haberme pasado en la vida… – la abrazó de improviso.
        Yo también te amo mamá… ¿Te sucede algo? – se extrañó la rubia.

Nixie la miró con los ojos lagrimosos y negó con su cabeza sonriendo… en verdad no entendí nada.

Y como ya se hacía tarde, los niños ya estaban durmiendo y Teresa acababa de limpiar unos platos, Nixie tomó mi mano con suavidad como nunca antes y tal como una niña inocente, dulce y cuidadosa, me llevó al cuarto arriba, cerró la puerta tras de nosotros y caminó lentamente hasta el borde de la cama. Desabrochó mi camisa botón por botón, con una lentitud excitante, sus ojos estaban marchitos pero se veían lindos pese a la agonía que los inundaba; tomó mi rostro y me besó con pasión una vez más, introduciendo su lengua en mi boca lentamente, logrando que nuestras carnosidades danzaran en un solo compás, al mismo ritmo… en la misma melodía.

No pude aguantar las ganas de acariciarla, poco a poco quité su sweater largo y luego ella quitó mi camisa lanzándola hacia algún lugar, pero antes de que pudiera comenzar cualquier cosa ella me miró a los ojos muy atenta, buscando algo en mi mirada con una desesperación aterradora.

        ¿Puedo confesarte algo? – dijo bajito.
        Todo lo que quieras…
        Te amo, pero… quiero que me perdones – sus ojos se cristalizaron.
        ¿Perdonarte? ¿Por qué? – me extrañé.
        Porque soy una idiota… porque te hice tanto daño sin medir consecuencias – comenzó a llorar – No sabes lo feliz que me haces mi amor. Muchas veces cometí errores, y jamás te pedí perdón…
        Tranquila mi vida – la acurruqué contra mi dorso desnudo – No hay nada que perdonar, eso ya es parte del pasado…
        Sean, yo te amo como nunca amé a nadie, eres el pilar de mi vida… por favor, perdóname…
        Está bien, te perdono… ahora tranquilízate – besé su cabeza.
        No quiero perderte nunca…
        Nunca lo harás – la miré a sus ojos lagrimosos.
        No estés tan seguro de ello…

Y antes de que pudiera decir cualquier otra cosa me besó, sujetó mi cabeza con fuerza para así no poder despegarnos durante toda la noche. Con su fuerza me llevó hasta la cama en donde comenzó a acariciar mi desnudo pecho y con una lujuria asombrosa  desabrochó mis pantalones, mis manos quitaron su corpiño y pantalón. Nuestras bocas estaban en llamas, sin nombrar que la adrenalina que existía en mi ropa interior solo quería explotar…

Como hace tiempo no lo hacíamos, el sexo entregado aquella noche nunca se detuvo, horas y horas. Mucho sudor, gemidos por todas partes, nuestra poca ropa estaba dispersa alrededor de nuestra cama matrimonial, su cabello se movía al compás en que mi entrepierna la penetraba con fuerza para hacerla gritar; ambos cuerpos permanecían en sintonía… moviéndose para complacer al otro en toda su expresión. Su rostro me encantaba, verla cerrar los ojos de esa manera tan exquisita me incitaba a no detenerme, aunque la gente nos oyera… los gritos no se retenían, sus grandes labios chocaban con los míos a cada instante a tal punto de que hasta nuestros dientes solían impactarse con pasión. La cama se movía, las sábanas solo estorbaban y la suave brisa que entraba por el ventanal de nuestro cuarto nos pedía que nos calentáramos lo más que pudiéramos.

Cuando acabamos de hacer el amor ya había amanecido, el sol entraba por nuestra ventana y el frío de madrugada se hacía presente, desnudo me digné a cerrar el ventanal sin pudor a que alguien me viera sin ropa a través del vidrio. Ella sonreía reposando sobre las almohadas que adornaban su tan reluciente cuerpo sudoroso casi imperceptiblemente. Caminé hasta ella observándola atento, apreciando cada detalle de su tatuado cuerpo, de aquellas largas piernas tan blancas y delgadas que las chicas envidian tanto, de ese cabello anaranjado que hace resaltar su belleza… de su completo todo.

        Esta mañana estás hermosísima – le dije al recostarme junto a ella.
        Ven más acá que hace un frío terrible – sonrió tiernamente.
        ¿No estás cansada? – hice caso.
        Claro que sí, pero valió la pena ¿no lo crees? – rió coqueta.
        Más que eso…  Pero hay algo que no me has dicho ¿qué fue lo que pasó ayer?
        Olvídalo, no es nada importante…
        ¿Cómo que no? Me asusté bastante al verte tan mal – se acurrucó en mi pecho.

Entonces sus ojos volvieron a decaer, su sonrisa se apagó casi de inmediato. Con ambas manos acarició mis mejillas y besó superficialmente mis labios, ella sonrió al mismo tiempo que yo. Sus pechos eran aplastados contra el mío, sus piernas jugaban fregándose en las mías y ella reía al sentir el roce de nuestras entrepiernas de una manera cosquillosa.

        Me haré un tatuaje nuevo – sonrió encogiendo sus ojos.
        ¿Ah si?
        Sí, llevaré tu nombre en mi escote…
        ¿Lo dices en serio? – me sorprendí, sonreí.
        Claro, llevo a todos nuestros hijos, todas sus iniciales en mi columna, de menos a mayor… pero no llevo tu nombre y creo que es necesario – acarició mis labios con su dedo índice.
        Sabes que no es necesario que lo hagas mi amor, ya sé que me amas, un tatuaje no marcará la diferencia.
        Para mí si, así te llevaré conmigo siempre, hasta la eternidad…
        Si así lo quieres, yo también llevaré tu nombre ¿dónde quieres que lo lleve? – sonreí.
        Pues donde tú quieras que esté en tu cuerpo – rió.
        Aquí estarás siempre – apunté mi pecho – En un recuerdo latente que jamás desaparecerá…

Ella sonrió conmovida, sus ojos volvieron a cristalizarse y me besó una vez más con esa pasión desorbitante que cada día me encantaba más.

Permanecimos acostados allí hasta que conciliamos el sueño en un rato, para poder descansar tras la agitada noche que habíamos tenido. La pasión, el deseo y más que nada el amor se hacía presente entre nosotros de una forma más fuerte, de una manera especial que escondía algo… algo que le estaba dañando de tal manera que sus ojos permanecían en un constante interrogante ante cualquier cosa.


Y el tiempo avanzó, la Navidad llegó, el año nuevo también se hizo presente y dimos inicio a la gira europea, el avión lo abordamos el 2 de enero, con mi nuevo tatuaje y el de Nixie, el cual sería un sello que nos uniría por y para siempre, sin arrepentirme de nada de lo que había pasado, asumiendo errores, afrontando penurias que jamás nos vencerían porque ahora estábamos juntos todo el tiempo, sin excepción.

        Odio la comida de Alemania – reía Lu.
        Acostúmbrate, debemos dar tres conciertos aquí – rió Nixie.
        Hay que hacer del momento intenso – sonrió Mischa al mirar a su hermana.
        ¿A qué hora debemos volver al hotel? – pregunté.
        Tenemos tres horas para visitar la ciudad y luego volvemos al hotel para que nos manden al estadio para presentarnos esta noche – dijo Jackson.
        Estupendo, a comer se ha dicho – rió Andréu.

El ambiente entre todos era bueno, era raro estar junto a otras cuatro familias. Es decir, ellos eran la familia completa, pero era una de las pocas veces que habíamos viajado con todos los hijos y las parejas de cada uno, sin contar que con las otras dos bandas que estábamos se mantenía un clima más escandaloso, sobre todo con Corey Taylor… el idiota seguía insistiendo en algo que ya no podría ser. Sólo debía resignarme ante cualquier cosa, poder controlarme esta vez no era más que nada algo placentero, porque ahora más que nunca Nixie estaba llevando nuestra relación sin escrúpulos, sin miedo a mostrar lo que sentía en el lugar que fuera, me amaba en completa forma en todas partes, a todas horas… Aunque sé que algo no anda bien, prefiero aprovechar el momento, más que mal esto no puedo discutirlo, soy el hombre más feliz del mundo.