Las voces del
público se abatían sobre nosotros cinco, la cabellera de Lu se movía al rápido
movimiento de sus dedos en el solo intervalo que la canción tenía para ella.
Las raras caras de Mischa me hacían sonreír, era inevitable; atrás Andréu
seguía el ritmo con el bombo de la batería y Alex tocaba su parte completamente
inspirado. La tenue brisa se entrometía por cada parte de nuestra piel,
abarcaba cada centímetro cuadrado… se esparcía por entre nuestros cabellos
hasta por los escotes de nosotras tres que tan bien lucíamos, acariciaba mi
nuevo tatuaje con el nombre de mi esposo, acariciaba mis brazos descubiertos…
acariciaba lo que muchos del público querían tocar.
–
The bitch came back…!
La multitud
enloquecía, nada podía compararse con este momento, hasta los mínimos susurros
volvían locos a los presentes. Más maravilloso se volvió todo cuando cosas
comenzaron a llegar al escenario, como flores, peluches, cartas escritas en
inglés y otras en otros idiomas que no supe reconocer en el momento, también
ropa interior femenina y masculina, sin contar con otras cosas que no pienso nombrar.
Acabado el show,
nos tomamos una foto grupal sobre el escenario con la bandera de Alemania,
hicimos reverencia para luego bajar a encontrarnos con los fans atrás del
escenario. Tan solo un grupo pequeño de unas cinco o seis personas se hacían
presentes ante nuestros ojos, con cosas en sus manos y unos marcadores, además
de cámaras para fotografiar y grabar.
–
Después
de hoy tendré que dormir como dos días – decía para sí misma Lu.
–
Cállate,
mañana tenemos que grabar en el centro para publicidad – la miró Mischa.
–
Santa
mierda, lo había olvidado – cerré los ojos golpeando mi frente.
–
¿Dónde
está Jackson? – dijo Andréu luego de que los fans se habían marchado.
–
Es lo
mismo que me estaba preguntando… – añadió Alex.
Un momento de
incertidumbre nos dominó por un par de minutos al ver como todo el personal se
movía para remover los instrumentos del escenario y nosotros permanecíamos
parados sin saber que hacer, Foo Fighters y Stone Sour no estaban con nosotros,
los que nos tenía un poco inquietos. Caminamos a la zona trasera en donde nos
encontramos con Francesca y Dave Grohl quienes permanecían charlando y gritando
quien sabe sobre que cosas.
–
¿Dónde
están todos? – les pregunté.
–
Pues
estaban aquí hace un rato, no sé en que momento nos quedamos solos – rió él.
–
Oh mira,
ahí vienen algunos – sonrió Francesca apuntando a gente que se aproximaba.
–
Esto no
es cierto…
Susurré casi para
mí misma cuando me di cuenta que esas personas que se acercaban no eran ni más
ni menos que Taylor con su actual esposa; si mis ojos hubieran sido armas
créanme cuando les digo que ya los hubiera asesinado, Mischa y el resto de los
chicos se percataron de ello y propusieron que nos fuéramos de ahí, pero yo no
me iba a ir antes de ver lo que podría pasar.
–
Pero
miren nada más – la voz irónica de Naomi comenzaba a hartarme.
–
¿Has
visto a Jackson, Dave? – miré a Grohl.
–
La
verdad es que no, desapareció con mi staff, ni puta idea a donde fueron –
frunció el seño.
–
¿Cómo
has estado Nixie? Hace mucho tiempo que no te veía, te ves radiante – insistía
la mujer.
–
La
buena vida me mantiene bien.
–
¿Buena
vida? ¿Estás segura de ello? – rió.
–
Claro
que si, es cosa de mirarte a ti que se nota que no la llevas – sonreí
levemente.
Mischa rió sin ser
cautelosa, a ella le gustaba apoyarme en este tipo de situaciones. El rostro de
disgusto de Backhmann se hizo notar al mismo tiempo de que Francesca recordó
quien era esta mujer y todo lo que había hecho hace ya mucho tiempo frente a
ella; algo podría suceder… todos estaban conscientes de ello, pero solo Andréu
fue más precavido y tomó mi mano para llevarme lejos de los líos que podría
causar.
–
No
caigas en su juego – susurró mientras me alejaba.
–
Vamos
Andréu, quería golpearla, necesito un poco de acción – sonreí soberbia.
–
¡Eso es lo que faltaba! ¡Que uno de tus
amantes te alejara! – gritó
desde atrás.
Y eso fue lo que
detonó todo.
Mischa sin más
precaución tomó cartas en el asunto y le dio un buen golpe en la mejilla a puño
cerrado a la rubia, lo que hizo que esta retrocediera y me diera tiempo de
girarme para verla, Andréu seguía sosteniendo mi mano, él sabía que no acabaría
bien si me soltaba; Francesca miró a Naomi con las cejas elevadas y con los
ojos sonriendo como diciendo ‘te lo merecías’, y Lu actuó veloz para sostener
de los brazos a Mischa antes de que acabara en algo peor.
–
¿Qué es
lo que te pasa? – le gritó Corey.
–
Dile a
tu perra que se calle si no quiere más – respondió mi hermana.
–
No la
llames así – recriminó – ¡Ella no te ha hecho nada!
–
A mí sí
– respondí a la lejanía.
–
Pero
Mischa no tiene nada que ver…
–
Soy su hermana,
imbécil – lo empujó Mischa.
–
Oigan,
paren – se interpuso Alex.
No sé porque Mischa
estaba tan agresiva, ni mucho menos lo que pasaba con ese par que solo estaba
estorbando aquí; Naomi me observaba sonriendo irónica, con una intención en
mente y yo ya me estaba preparando…
–
Tranquilízate,
te lo digo en serio… – Andréu sostuvo mi rostro y me miró a los ojos, nervioso.
–
Déjame
hacerlo… lo necesito – encogí mis ojos.
–
No.
–
Andréu,
por favor…
–
Te dije
que no.
–
¡Anda, ahora bésalo! – gritó ella.
–
Lo
siento – susurré.
–
¡No,
Nixie!
Sus gritos no
pudieron evitarlo, ya estaba abatiendo la figura de aquella mujer contra el
suelo, sus intentos de defenderse eran inútiles, yo era más rápida. No sé si yo
tenía mucha fuerza, o ella era muy débil, pero cayó de un solo golpe, Corey la
ayudó a levantarse mientras que Francesca me jaló del brazo para alejarme un
poco.
Los ojos del rubio
frente a mí me hacían detestarlo más de lo que debía y a lo que él no pudo
evitar hacer un comentario que arruinaría las cosas aún más.
–
Deja de
ser rencorosa…
–
¿Rencorosa?
– levanté mis cejas.
Entonces antes de
que pudiera darse cuenta, mi brazo derecho tomó fuerza y mi puño impactó en su
rostro, haciéndolo retroceder y mirarme atónito, todos me observaron
asombrados, incluso Mischa…
–
¿Quieres
que te enseñe mi rencor? – reí burlándome.
–
¿Qué te
sucede…? – gritó extrañado.
–
Estoy
harta, me cansé de tanta hipocresía por parte de esa puta – miré a Naomi – Y
sobre todo de ti, así que mejor desaparece antes de que vuelva a golpearte
Corey.
–
¡Ven y dímelo a la cara!
–
¿Crees
que te tengo miedo? – jalé de Francesca que aún me sostenía, quería acercarme a
Naomi.
Entonces toda la
multitud se interpuso entre ella y yo, Francesca y Andréu me sostenían al mismo
tiempo que Corey retenía a su mujer, Mischa mantenía su presencia imponente
junto a mí ante cualquier cosa, si yo me descuidaba ella actuaría por mí. La
charla tranquilizadora comenzó a sonar, diciendo que nos calmáramos, que las
cosas no se resolvían de esta manera, que lo pensáramos bien, no era una buena
decisión, éramos mujeres y eso no se veía bien en ninguna parte del mundo.
Al demonio.
–
Jodanse todos – bufé.
Y antes de que
alguien me dijera alguna otra cosa, emprendí el rumbo caminando lejos de todo
el alboroto que se había provocado con la presencia de esos dos que yo no
quería ver nunca más. Oía gritos llamándome, aclamando mi presencia, añorando
mi nombre; los ignoré, solo quería irme de este lugar para estar con mis hijos,
para sentirme relajada, para irme pronto a Italia y olvidar esto… para estar en
paz conmigo misma.
–
¿A
dónde vas…?
–
Lejos,
muy lejos – respiré profundo, reteniendo mi ira.
–
Tranquila,
esto no volverá a pasar – me detuvo.
–
¿Quién
lo asegura rubio? ¿Tú?
–
¿Por
qué no?
–
Porque…
olvídalo. Quiero volver al hotel…
–
¿Te
llevo? No tengo problema, no tengo idea donde se metió Jackson, pediré un taxi
así podemos irnos juntos – sonrió Andréu.
–
¿Y los
chicos?
–
Mischa
y Alex supervisarán a los sujetos para que guarden los instrumentos como
corresponden, ya sabes como son los europeos de descuidados. Y Lu irá con Brian
a dar un paseo por la ciudad con sus hijos y su cuñada con Grohl
–
¿Y el
otro par…?
–
Eso no
importa, que se vayan al demonio – sonrió.
–
Vamos a
casa – lo abracé.
El reciente
embarazo de Francesca mantenía a Grohl muy feliz, entusiasmado incluso más
animado con esta gira europea; me ponía bien ver la buena relación que ellos
dos tenían con mi banda, con Lu y mucho más con todos nosotros, eran como parte
de la familia… aunque no lo fueran.
Llegamos al hotel,
subimos al elevador y el teléfono de Andréu comenzó a sonar, al contestarlo su
sonrisa apareció rápidamente, seguramente era Ángela, creo que hoy había ido al
doctor por un asunto de salud.
–
Voy a
ser padre – me miró sonriente.
–
¿De
verdad? – sonreí ampliamente.
–
¡Si!
–
Oh por
dios, felicidades – lo abracé con fuerza.
Su llanto de
felicidad me conmovía infinitamente, él era un hombre maravilloso, increíble.
Cuando recuerdo a mi madre decir que él era el hombre indicado para mí creo
ciertamente en que ella tenía razón, es decir, es bueno, sensato y siempre ha
querido lo mejor para mí, el único problema es que éramos más amigos o hermanos,
que amantes o una pareja normal… Pero ahora me siento bien al saber que tiene a
su lado a una gran amiga, que lo hace feliz.
Cuando llegamos
arriba, emprendió su camino al cuarto en donde se encontraría con sus hijos y
su hermana que estaba aquí para cuidarlos. Yo llegué a mi cuarto en donde me
encontré con mi gran familia, con mis pequeños hermosos y mi amado hombre.
Cristal estaba en
la sala viendo televisión junto a Lola y Alexander, Lilian estaba en la mesa
clasificando fotografías que había tomado durante estos días en la ciudad, y
los gemelos estaban junto a ella dibujando. Sean estaba arreglando las maletas
para irnos mañana con rumbo a Roma y continuar con el trabajo.
–
¿Cómo
te fue? – sonrió.
–
Pues…
no me quejo.
–
¿Pasó
algo?
–
No…
–
Mischa
me ha llamado – levantó las cejas.
–
¿Y?
–
¿Por
casualidad te peleaste con alguien?
–
No
quiero hablar de ello… por favor – supliqué.
–
Está
bien, ven a besarme entonces…
Sonreí y acudí, él
me tomó por la cintura al mismo tiempo que mis brazos sobrepasaron sus hombros;
sus labios acariciaban los míos suavemente mientras que los niños reían y nos
molestaban, a lo que no pudimos evitar sonreír y sentirnos vigilados.
Pasamos un rato más
y luego nos fuimos todos a la cama, la mañana siguiente sería agotadora. Los
sentimientos de culpa y frustración no se hacían presentes más dentro de mi
cabeza, creía por fin que todo ya tenía un completo sentido y que solo debía
aprovechar el día a día, pese a todo lo que tenga que pasar… más que mal no
siempre iba a tener el control sobre todo… no
por mucho.
Los siguientes
conciertos en Italia fueron un completo éxito, superando nuestras expectativas,
el público nos recibía de una manera acogedora, con esas ganas que te dan de
quedarte por más tiempo, pero por cosas del trabajo no podríamos hacerlo.
Incluso las personas hablaban con Jackson para preparar conferencias de prensa,
la gente necesitaba hablar con nosotros, saber sobre nosotros…
Recuerdo aquella
tarde del cumpleaños de Cristal, el 10 de
febrero del mismo año, diciéndome Brian que le hubiera gustado que su banda
hubiera participado con nosotros, me sentía bien al recibir tamaños elogios. Lo
único malo en todo esto era la constante mala vibración que existía entre
Taylor y yo, además de eso, estaba también la presencia innecesaria de su
esposa engreída y malagradecida.
–
No
puedo creer como fue que cambio tanto – negaba Mischa con su cabeza, caminando
de un lugar a otro.
–
Ni yo.
–
La
pasábamos tan bien antes…
–
Le di todo
¿sabes? La hice llegar lejos, le brindé mi apoyo en todo momento… fui su
madrina de bodas, hice que su nombre fuera conocido, le di un marido... ¿Qué
hice mal? – miré a Mischa.
–
Ser tan
buena con ella. Tal vez fue eso…
–
¿Lo
crees?
–
Estabas
tan enojada con Nevinger que conseguiste a músicos tan rápido como pudiste, no
mediste las consecuencias, ni siquiera los conocías… les diste todo en bandeja
de plata, fuiste bondadosa con ellos, siendo que tú eres más mala que el cáncer
¿recuerdas? Creo que se aprovechó de tu buena voluntad y acabó por creerse
superior a ti siendo que es una niñata que no sabe ni lo que quiere…
–
Ahora
que lo pienso… tienes razón. Debí ser más dura con ella cuando trabajamos
juntas – bufé.
–
Pero ya
es tarde ¿Y sabes qué? Deja de pensar en ello, debes aprovechar el tiempo que
tienes… no lo desperdicies en ella, no vale la pena – se sentó junto a mí.
Sonreí y la abracé.
Permanecimos juntas allí en el camerino charlando un poco más, recapacitando
sobre ciertas cosas que pronto pasarán y que no habrá como solucionar, pensando
tal vez en como tendríamos que vivir más adelante… con riesgo de que todo se
acabe de improviso.
La música vibraba
en nuestras venas, las sensaciones de excitación estaban presentes ante
nosotros y estábamos conscientes de ello. Los gritos no podían retenerse,
escuchar a más de 10.000 italianos gritar tu nombre… te vuelve loca, desata en
ti una emoción incomparable, te hace sentir la reina del mundo.
La tenue voz que se
esparcía por el recinto era lo que hacía de todo algo mejor, hasta un leve
movimiento de cejas hacía que el público estallara y saltara, que cantara todas
las canciones que con tanto esfuerzo había escrito en momentos de
desesperación. Que guardaran silencio en los solos del bajo de Sullivan, que
gritaran de una forma extraordinaria cuando la guitarra de Mischa actuase sola,
cuando los riff de Sidlander se hicieran presentes con potencia, cuando los
brazos de Betancourt tomasen más velocidad y golpearan la batería como un loco
sin frenos, o cuando mi voz se desplazaba a través de los parlantes…
Cada vez que ellos
guardaban silencio sentía miles de ojos observándome, miles de cuervos
juzgándome, millones de personas apuntándome… infinitas interrogantes que
aclamaban ser respondidas, pero que sin embargo ni yo misma sabía cuál era la
respuesta correcta.
Estaba en el cielo
al mismo tiempo que me quemaba en el mismo infierno, moldeando mi propia
creación, afrontando mis propios errores… asumiendo mi propio calvario, pero
disfrutando la gracia de aún permanecer ante ellos.