Las viejas
sensaciones se volvían a presentar ante todos nosotros, los ojos de mis
compañeros brillaban como dos perlas relucientes, mi sonrisa no podía
esconderse ante aquella maravilla. En la disquera nos estaban premiando con lo
mejor de lo mejor, un disco de uranio.
Es el mejor premio que se le puede dar a los músicos, habíamos superado
cualquier expectativa, ya no había quien para decirnos que no éramos buenos en
lo que hacíamos… nadie podía quitarnos esta gloria.
–
No
puedo creerlo – decía Mischa llorando en mi hombro.
–
Ya era
hora de que esto pasara – sonreí al borde de las lágrimas.
–
¡Han
pasado unos jodidos 15 años!
–
Y han
valido la pena – la abracé con fuerza.
–
Los
felicito chicos, tras duro trabajo se lo han ganado – nos decía sonriente
Jackson.
–
¿Nosotros?
– reía Alex - ¡Ellos se lo merecen! – se refirió a nosotras y a Andréu – Ellos
pusieron la banda tan lejos como para ganarse tamaña conmemoración…
–
Pero
ustedes nos ayudaron a continuar – lo abrazó Andréu.
–
¡Tenemos
que celebrar! – gritó Lu eufórica.
–
¡Vamos
a un jodido bar! – grité.
La multitud se
volvió escándalo, la emoción nos cautivaba a todos de una manera especial, hoy
era un día memorable, 15 de Noviembre.
Se aproximaba muy rápido nuestra gira europea y no teníamos nada planeado aún,
además con todo esto de nuestra premiación, desorganizaba todo aún más.
Recuerdo que
aquella tarde salimos en dirección al bar que aún dirigía nuestro gran amigo
Petter, llegamos armando un gran escándalo, gritando por todas partes,
anunciando que nosotros éramos lo mejor de todo, que en verdad nadie podía
superarnos… al menos no ahora. Celebramos hasta que se hizo de noche, esperando
que la vida no se acabara ahora, ni mucho menos mañana… los días no podían
acabar así luego de todo lo que hemos hecho para llegar aquí.
La sonrisa de
aquellas chicas en la barra me hacían sentir tan orgullosa como una madre o una
hermana mayor, ver a esos hombres abrazarse y reír a toda voz me conmovían en
lo más profundo de mi corazón, ellos me demostraron que la amistad entre hombre
y mujer puede ir bien después de todo… esas mujeres de allá me enseñaron a
sobrevivir pese a todo lo que me pudiera pasar. Mischa y Lu son mis mejores
amigas, son las únicas que han estado aquí pese a todo lo que han dicho contra
mí, Andréu, Alex y Petter son los hermanos que hubiera deseado tener desde
pequeña, aunque peleáramos y nos insultáramos ellos siempre podían abrazarme
luego, porque el amor en verdad es más fuerte que cualquier otra cosa… Más que
mal eso era lo que nos había traído tan lejos.
Las lágrimas se
hicieron presentes, los gritos permanecían aún entre nosotros y las palabras de
aliento, esfuerzo y emoción latían en el aire como el primer encuentro de un
par de enamorados luego de mucho tiempo de lejanía… como había sido la banda
con Mr. B.
Salimos de allí a
eso de las diez de la noche, Sean había venido por mí y Mischa en su auto,
Andréu se quedó hasta tarde con Alex en el bar de Petter para compartir con él
quizá unas horas más, mientras que Lu tenía asuntos que resolver con la banda
de Brian al otro lado de la ciudad.
–
Las
cosas comenzarán a mancharse luego de que se sepa todo lo que pasó con
Metallica – decía seria Mischa en el asiento de atrás.
–
No
hables estupideces, disfruta el momento, lo menos que tienes que hacer es
preocuparte de ese rumor estúpido – bufé.
–
¿Qué ha
pasado con Metallica? – preguntó mi marido mientras conducía.
–
Pues…
ya sabes que James ayudó a poner el nombre de Nevinger en donde hoy está,
fuimos su banda telonera muchas veces ¿sabes? Pero nadie sabe que él se
entrometió en las finanzas de Metallica para el auspicio de Nevinger – decía
Mischa mientras levantaba sus cejas.
–
¿Cómo?
¿Metallica pagó todos sus gastos?
–
Algo
así, pero no fueron todos – recriminé – Mis ingresos de Arch Enemy, Lordi y la
banda de Mischa fueron las principales fuentes de dinero para comenzar con
Nevinger, James solo fue charlando con gente para ofrecer los shows de la
banda… eso del dinero de Metallica no es tan así – miré a Mischa.
–
No lo
niegues, sabes que James tomó dinero de su banda para ayudarte…
–
No es
eso, solo que Metallica auspició la primera gira de la banda…
–
Pero
ese no era dinero suyo – me miró Sean.
–
Como
sea – miré por la ventana – No creo que el asunto salga al aire, no tendría
porque, no es relevante a lo que nos está pasando a nosotros ahora – bufé.
–
En ese
caso, si le deben algo de gracias a James y su extrañaba forma de robar
desapercibidamente…
–
Sí, es
cierto Nixie – recriminó Mischa.
Mientras miraba por
la ventana aparecían miles de recuerdos en mi cabeza, de cómo a poco las cosas
fueron cobrando un sentido más para mí. Mi extraña relación con James, sus
insinuaciones y el cómo de la nada se interesó tanto en ayudarme con la banda,
en como de un día para otro Mischa se interesó en él y tuvieron una relación
difusa que acabó con su embarazo; en cómo Petter y Andréu me repetían una y
otra vez que debía desligarme de ese sujeto porque algo raro tenía en mente
tanto conmigo… como con la banda, en cómo Max dijo una vez que era mejor
empezar desde cero pero solos a tener que recibir ayuda de un sujeto que conocí
en un bar una noche de aquellas en que solo buscaba diversión para la vida… sin
barreras y mucho menos sin pensar en las consecuencias que podría recibir luego
de comprometerme de por vida con un hombre que podría ser mi padre, pero que él
tenía pensando algo mucho más serio para ambos, para nosotros.
–
Entonces
ve mañana al doctor, esos problemas raros que estás teniendo no me gustan para
nada…
–
Descuida,
lo haré, mis riñones me están matando – reí.
–
De
todos modos estaré temprano en tu casa para calibrar las guitarras con Cristal
y Rochelle – sonrió.
–
Agradezco
tu constante preocupación pero sabes que sé cuidarme Mischa.
–
Pero
sigues siendo mi pequeña – me abrazó.
–
Te amo
estúpida – correspondí.
–
También
te amo, nos vemos mañana – besó mi mejilla.
–
Que
descanses – sonreí.
–
¿Podemos
entrar? – reía Sean alejado.
–
Si, si,
ya voy – reí.
–
Adiós
cuñadote – rió Mischa mientras entraba en su casa.
–
Adiós
cuñadita – respondió él.
Entramos en casa
para recibir sonrisas de mis pequeños, de nuestros pequeños. Richard había
estado aquí compartiendo con sus hijos y pasando un buen rato con el resto de
los niños, habían estado comiendo cosas deliciosas, haciendo tarea y viendo
películas además de quien sabe que cosas, había traído con él a la pequeña que
había tenido con esa otra mujer, era una linda niña pero jamás podría
aceptarla… aunque a él le molestase aquello.
Se marchó luego de
un rato de charla, había comenzado a tener una buena relación con Sean luego de
mucho tiempo, así que no hubo drama en ningún momento. Lola junto a Alexander
me habían preparado unos dibujos que podría usar como prontas caras para la
gira Europea que comenzaría pronto, ambos eran unos verdaderos artistas, eran
muy buenos dibujando… algo que maravillaba mis ojos. Cristal había salido con
su novio y aún no llegaba, Lilian jugaba con los gemelos mientras veían
caricaturas, al mismo tiempo que con Sean permanecíamos en el sofá viendo
televisión con ellos.
–
¿Quieres
que vaya contigo mañana?
–
No es
necesario, no me perderé – sonreí mientras me abrazaba.
–
Insisto
– rió.
–
Descuida,
tu ve tus asuntos con Norman, yo estaré bien, recuerda que mañana vendrá el
representante de la compañía y quiero que hables con él, también trates el
asunto de la banda de Cristal, alguien debe hacerlo y Mischa se altera fácil.
–
Está
bien, me resignaré…
–
Eres
tan lindo – lo besé.
Solo rió, mientras
sonó el timbre al cual Teresa asistió, Cristal entró llorando corriendo en
dirección a su cuarto, con Sean nos volteamos extrañados, frunciendo el seño
sin saber lo que había pasado, nos pusimos de pie y partimos al piso superior
para ver a nuestra hija. Golpeamos la puerta largo rato sin que ella quisiera
abrirnos, entonces le dije a Sean que acostara a los pequeños y me dejara sola
para hablar con Cristal, ella me dejó entrar después de un largo rato que tuve
que rogarle.
–
¿Qué
pasó mi amor? – me senté junto a ella en la cama.
–
¡Papá
es un maldito!
–
¿Qué te
hizo? – me molesté imaginando.
–
Prefiere
estar con ese niño que tuvo con la otra mujer, ¡te juro que no quiero volver a
verlo! – gritó.
–
¿Fuiste
a verlo? – me extrañé – Te dije que no lo hicieras Cristal, sabes como es
Corey, es un idiota – la abracé.
–
Iba
pasando por ahí con Tyler y pensé que sería lindo visitar a papá luego de mucho
tiempo – sollozó – Vi por la ventana y estaba junto a la chimenea jugando con
ese niño y salió a verme diciendo que estaba ocupado y que venía en un mal
momento – comenzó a llorar – El tan solo hecho de que hubiera sonreído al verme
hubiera echo de todo algo diferente…
–
Hija
mía – la apreté con fuerza – Ya te dije que él es un idiota, no debes buscar
interés en alguien que jamás lo demostró… - acaricié sus cabellos – Lo mejor
será continuar, no debes echarte a morir por una cosa como esa…
–
Ahora
entiendo por todo lo que tuviste que pasar mamá… Y he tomado una decisión – me
miró sonriendo levemente.
–
¿Qué
cosa?
–
Cambiaré
mi apellido – sonrió ampliamente – prefiero llevar el apellido de la abuela tal
como lo hiciste tú, creo que llevar la marca de mi padre me hace sentir aún más
miserable…
Verla derrumbarse
de esa manera tal como lo hice yo hace mucho tiempo me hacía sentir una mujer
esforzada anuladamente, es decir, yo no quería que mi hija pasase por lo mismo
que tuve que vivir yo con mi padre, ni mucho menos que tuviera que tomar las
mismas decisiones que yo. Aunque me sentía honrada de aquellas palabras, de
aquel homenaje, no podía dejar de pensar en todas las cosas que pronto se
vendrían sobre mi pequeñita…
–
¿Y si
mejor decides llevar el apellido de Sean? Más que mal… él es tu padre – sonreí
confusa.
–
También
suena interesante, y es una de las mejores opciones, de todos modos tendré que
pensarlo antes de que acabe el año…
–
Eres
una niña aún, no pienses en esas cosas, son solo perdida de tiempo… no es
necesario que reniegues a tu padre, hija…
–
Es mi
decisión mamá, ya lo tengo claro – sonrió – además él nunca estuvo tan presente
en mi vida…
–
Cualquier
cosa que decidas, cuentas con mi apoyo – acaricié su mejilla.
–
Lo sé –
me abrazó.
Estuvimos charlando
un rato más, hasta que Sean apareció con un vaso de leche y galletas para que
Cristal comiese algo, decidió dormirse y nosotros respetamos eso, nos fuimos al
cuarto para dormir y Sean me sorprendió con seis rosas, una amarilla, otra
azul, una roja, otra blanca y dos naranjas.
–
¿Y
esto? – sonreí ampliamente.
–
Este es
el día en que nos conocimos… en ese extraño bar ¿lo recuerdas?
–
Oh por
dios…
–
Ya ha
pasado mucho tiempo, y cada una de estas rosas representa a cada uno de
nuestros hijos. Quizá no sea gran cosa, pero solo quería recordarte que desde
ese día yo soy muy feliz a tu lado… recordarte que te amo más que a nada y que
no quiero que nada nos separe nunca…
–
Sean… -
sonreí completamente conmovida.
–
Te amo
Connie, ah y debo decirte otra cosa…
–
¿Qué? –
reí.
–
No
entiendo porque te apodas Nixie siendo que tu nombre es maravilloso – besó mis
labios con pasión.
–
No
sabes cuanto te amo... – susurré en su boca.
Solo existieron
caricias y besos, nada más pasó esa noche, él estaba cansado al igual que yo,
entonces las energías debían retenerse hasta otro día.
Durante la noche
existieron muchas preguntas en mi cabeza, ¿en
verdad tenían que pasar estas cosas? Yo no quería que se repitiera la
historia de mi vida, no es agradable que mi hija tenga que vivir todo esto,
mucho menos ahora que todo marchaba tan bien. Me costó mucho conciliar el
sueño, y más bien no pude hacerlo. Alrededor de las dos de la madrugada decidí
levantarme por un vaso de leche a la cocina, para ver si eso resolvía algo…
Bajé las escaleras
y me hipnoticé con una sombra que parecía interesante, parado junto al sofá de
una manera aterradora, intrigante y a la vez cautivadora, como si estuviese
observándome. Caminé lentamente hasta aquella oscura figura quien me atraía de
una manera impresionante.
–
Cuando las cosas se salen de control ya no
hay nada más que hacer, solo debes asumir las consecuencias… no tienes el poder
suficiente como para arreglar siquiera tus propios problemas (…)
No entendía nada de
lo que estaba sucediéndome, parecía que no podía moverme, sentía que algo se
había apoderado de mi cuerpo y no me dejaba controlar mis movimientos. Cerré
los ojos pensando que solo estaba cansada y eso me estaba pasando la cuenta,
cuando abrí los ojos ya estaba frente a la encimera de la cocina con un vaso de
leche entre mis manos… ¿Qué mierda
acababa de suceder…?
Volví a la cama
extrañada, eso que había pasado era tan extraño que ni yo misma podía confiar
en lo que mis ojos habían presenciado, ni mucho menos… lo que mis oídos habían
escuchado.
Cuando amaneció, mi
despertador sonó de una manera sutil para así despertar solo yo y no provocar
que Sean despertara, fui al baño y me di una ducha intensa, tenía un mal
presentimiento y debía despejar mi mente un poco para que el día fuera bueno,
no podía echarme a morir por una estupidez de la noche anterior.
–
Le
dices a Sean que volveré para almorzar ¿si? – miré a Teresa mientras bebía un
café.
–
Descuide,
yo le aviso. Mucha suerte – sonrió muy amable.
–
Gracias,
que tengas buen día Teresa – correspondí su sonrisa.
Subí al auto
lentamente, no sé porque debía mantenerme calmada ante todo, me sentía
extrañada de una manera poco usual, lo que incluso me asustaba poco a poco.
Encendí el motor y puse algo de música blues para tranquilizar mis nervios,
apreté el acelerador con precaución y eché marcha atrás para sacar el auto de
casa. Emprendí camino hasta el centro de Los Ángeles, en donde asistiría a un
médico que Lu me había recomendado hace algún tiempo, el que me había pedido
que me hiciera unos exámenes de sangre y de variadas cosas para evaluar mi
estado de salud en forma completa.
Las personas
avanzaban lento, había un tráfico horrible por la interestatal, parecía un mar
de vehículos que ni siquiera se movían, tal vez permanecí allí como media hora,
tal vez un poco menos, no tengo buena noción del tiempo, mucho menos en una
situación tan tensa como lo es llegar tarde a los lugares en donde me citan a
una cierta hora. Sí, me gusta ser
puntual.
Cuando comencé a
avanzar recibí una llamada de la secretaria de la clínica indicándome que la
hora de atención ya estaba por cumplirse, le pedí disculpas y le comenté que
estaba atascada en la carretera con un tráfico horrible, así que tuve que
apretar el acelerador con fuerza para no perder la hora con aquel hombre que
tan renombrado es en sus especialidades, debía saber lo que me estaba pasando y
no podía dejar pasar más tiempo.
Estacioné el auto y
bajé con mis documentos en un bolso pequeño parecido a una cartera, ingresé y
me pidieron mis datos para asegurar que era yo quien debía ver al doctor, la
secretaria sonrió al verme y supo que era yo la mujer que estaba atascada en la
interestatal, me dejó pasar con un leve atraso de cinco minutos.
Entré en la
consulta del médico a eso de las diez con quince minutos de la mañana, dejé que
él revisara los exámenes que me había pedido me hiciera, su cara de muerte me
indicaba que algo andaba mal… que algo estaba provocando en mí un mal
funcionamiento… y aún peor, algo estaba
acabando conmigo poco a poco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario