sábado, 11 de junio de 2011

Chapter 30.

El triste pasado ya había quedado atrás, nunca más me atemorizaría con lo que alguna vez causó en mí un caos interior. Aquella tarde entré en esa tienda a beber un capuchino junto a la vitrina y por las cosas del destino apareció ese rubio.

– Hola lindura – dijo sentándose frente a mi en la pequeña mesa.
– Hola Corey – sonreí.
– Pero que sonriente estás hoy – dijo riendo.
– ¿Qué tiene de malo? La vida es bella – volví a sonreír.
– ¿Te ganaste algún premio o algo? – bebió su café.
– No, simplemente es un buen día – reí.
– Que linda te ves sonriendo – sonrió coquetamente.
– Y tu que apuesto te ves coqueteándome – saboreé mis labios-
– Vaya, eso no lo sabía – bebió su café sin dejar de mirarme.
– Yo creía que lo sabías, las chicas te lo deben decir muy seguido – sonreí.
– Pero que cosas dices, yo no coqueteo con cualquiera – me miró atento.
– ¿Ah no? Es decir que soy afortunada – dije irónica.
– Claro que sí bella mujer
– Pero que sorpresa más agradable.
– ¿Qué haces sola por estos lugares? – apoyó sus brazos en la mesa.
– Espero a mi abogado – bebí mi café.
– ¿Quieres dar una vuelta mientras lo esperas? – sonrió.
– ¿Qué hora es?
– Las 14:00
– Bueno, me queda una hora... – sonreí.
– ¿Por qué llegaste una hora antes? – rió.
– No lo sé – reí.

Nos pusimos de pie y caminamos por un parque cercano a esa cafetería, nos miramos bajo la sombra de esos árboles, él tenía sus manos dentro de los bolsillos de su sweater, usaba ese sombrero que lo destaca y yo pues, vestida de traje con pantalones ajustados y una musculosa bajo la elegante chaqueta negra; nos detuvimos mientras hablábamos y éste me miró como los viejos tiempos.

– ¿Por qué ya no me quieres? – sonrió melancólico.
– Si te quiero, como un gran amigo – sonreí.
– Me refiero de la otra manera...
– ¿Cómo familia? Pues también te quiero como... un hermano –reí.
– Como hombre, no te hagas la tonta – rió.
– No me hago la tonta... soy tonta ¿lo recuerdas? – susurré.
– Olvida eso, sabes que lo dije porque estaba enojado... te he pedido perdón mil veces ¿Cómo no te das cuenta?
– Fuiste muy hiriente con tus comentarios Corey, esa vez yo sufrí mucho... porque te amaba.
– Pero ya han pasado diez años... lo lamento cariño – dijo apenado.
– Sabes que te perdoné hace mucho – sonreí.
– No, no lo sabía...
– Bueno ahora lo sabes

Sus azules ojos me seguían mirando desde la poca altura que nos separa, su mano tomó mi mentón con cuidado y comenzó a acercarse.

– Tú ya no provocas nada en mi rubio – sonreí.
– Eso quiero verlo

Moví mi rostro para rechazar su beso.

– ¿A qué le temes? – sonrió.
– A nada
– Entonces, déjame besarte
– ¿Por qué? – reí.
– Para estar seguro de que ya no te provoco nada – rió con media sonrisa.
– ¿No confías en mi palabra?
– Claro que si, pero no en tu corazón

Reí y le tomé la nuca para chocar sus labios con los míos, bruscamente introduje mi lengua en su boca y la moví para que se sintiera satisfecho.

– ¿Feliz? – limpié su saliva de mis labios.
– Eso no fue un beso – rió saboreándose los labios.
– ¿Cómo que no? –reí.
– Yo te daré un beso como corresponde – sonrió.

Reí y dejé que lo hiciera, lentamente acercó sus labios a los míos abriendo su boca moderadamente para dejar pasar su lengua, la que hizo contacto con la mía románticamente provocando en mí un escalofrío. Dejó de besarme y volvió a saborear sus labios mientras yo hacía lo mismo.

– Ese si fue un delicioso beso ¿no te parece? – rió orgulloso.
– Dero besa mejor – sonreí.
– Sabes que no, solo estás mintiendo
– Eso solo lo sé yo – levanté mis cejas sonriendo.
– Odio que hagas eso – rió.
– No me interesas Corey, puedes volver a Iowa con Stefany o con Mischa, pero olvida que tendrás una oportunidad conmigo – sonreí dulcemente.
– ¿Por qué eres así conmigo?

Guardé silencio y recordé nuestra historia pasada.

– Porque eres un mentiroso – lo mire apenada
– ¿Por qué?
– ¿No recuerdas las promesas que hiciste? Bastó con que Bytha escribiera cartas a mi nombre, para que te casaras con otra – reí.

Guardó silencio y me sonrió como cuando lo conocí.

– ¿Qué hora es? – pregunté.
– Las 14:50
– Bueno, debo irme
– Te acompaño – sonrió.
– Pero que caballero eres...

Sonreí y entrelacé nuestros brazos, caminamos bajo esos bellos árboles del parque, había una pequeña brisa que me hacía sentir aún mejor de lo que me sentía; llegamos a la cafetería y nos sentamos en donde antes habíamos estado.

– ¿Volverás a Iowa?
– No lo sé, estaré con Mischa hasta que Ville vuelva
– Pobre de ti que le hagas daño a mi hermana – susurré.
– No lo haré... lo prometo
– No quiero que pase por lo que tuve que pasar yo – miré por la ventana.
– ¿Sabes? Igual fueron los mejores años de mi vida – sonrió tomando mi mano.

Sonreí al mirar sus azules ojos encogidos por esa bella sonrisa que lo caracteriza.

– ¿Si?
– Sí, no fue muy larga nuestra relación, pero la aprovechamos al máximo. Aún tengo ese video de nuestra navidad juntos... ¿la recuerdas?
– Sí, como olvidarla.... – reí.
– También tengo las fotos de esa cabina fotográfica en San Francisco – susurró.
– Con mi boina morada... y tu cabello largo, yo también las tengo aún – sonreí.
– Dios... esos días fueron maravillosos...
– Sí, pero ya pasaron – sonreí.

En ese momento vi a entrar a Mack al lugar.

– Ya llegó mi abogado
– Está bien, nos vemos... en estos días iré a visitar a Cristal – besó mi cabeza.
– Bien, cuídate – le sonreí.
– Tú también

Se fue, Mac lo miró extrañado después de saludarlo cuando iba saliendo, se sentó frente a mi justo donde estaba Corey, besó mi mejilla y yo la suya.

– Hola
– Hola –reí.
– ¿Qué hacía él aquí? – levantó sus cejas.
– Hablando conmigo, cosas sin importancia – sonreí mirando por la ventana.
– ¿Y por qué te sonrojas? – rió.
– ¡Oye! No estoy sonrojada – reí.
– ¿Cómo que no? – siguió riendo.
– Cállate – reí saboreando mi labio.
– Bueno, a lo que vine... aquí traje los papeles de tu divorcio... ¿estás segura de esto? – me miró confuso.

Asentí en silencio, el mesero se acercó a nosotros y Mack pidió dos cafés.

– ¿Cómo puedes creer en lo que dijo Bytha? Pueden ser solo mentiras, para variar...
– Su esposo no puede tener hijos, si está embarazada es de cualquiera, menos de él... – bufé.
– ¿Y si no está embarazada? Puede que te estés precipitando... – susurró bebiendo café.
– Cierto... pero cuando se lo dije a Richard... en ningún momento me negó que se había acostado con ella – levanté mis cejas molesta.
– Vaya... – suspiró.

Bebí café al mismo tiempo que él también lo hacía.

– ¿Dónde firmo?

Reí segura y sacó de su maletín unos documentos, me dio un bolígrafo luego de colocarlos frente a mí y sonrió.

– Ya sabes que debes esperar a que Richard firme su parte
– Lo sé, y tú debes encargarte de que lo haga... – reí firmando.
– ¿Por qué? Yo no soy su abogado – rió
– Necesito que sea lo antes posible Mack, no soporto estar así... te juro que desconozco su persona... – negué con mi cabeza.
– ¿Tanto ha cambiado?
– Demasiado... y yo también – reí.
– Eso está claro, desde que nos conocimos... no has parado de cambiar – rió.
– No, nunca tanto... no he cambiado tanto como dices, sigo siendo la misma idiota de esos días – sonreí.
– Nunca has sido idiota, solo te dejas llevar por el momento, a veces eso nos juega en contra – susurró.

Conversamos un largo rato, guardó los importantes papeles dentro de su maletín y acabamos nuestros cafés para volver cada uno con su vida, salí del lugar y caminé por las calurosas calles de California, el ambiente era agradable y los turistas me pedían que les tomase una foto junto a sus familias... disfruté de esos pequeños detalles que muchas veces suelo despreciar.
Sonó mi nuevo celular y me asusté con aquella tenue vibración.

– ¿Hola?
¡Nixie acaba de nacer el hijo de Alex! – gritaba Mister B.
– ¿En serio? – me alegré.
¡Ven rápido! ¡Tienes que verlo!
– Bien, voy para allá – sonreí.

Guardé el teléfono y detuve un taxi, le pedí al sujeto que me llevase a aquel hospital; no demoró mucho y bajé acelerada después de pagarle, entré y subí las escaleras que llevaban a maternidad... en dónde los encontré.

– No vas a creerlo – sonrió Mischa.
– ¿Qué cosa? – me extrañé.

En eso apareció Alex con un pequeño bebé albino entre sus brazos.

– Dios santo... – sonreí.
– Mira Nixie, te presento a mi hija – rió orgulloso.

Besé la mejilla de Alex felicitándolo por ser padre, miré a la criatura y era hermosa... una bella niña albina.

– Es hermosa... realmente hermosa – la miré emocionada.
– Pregúntale como se llama – rió Petter junto a mí.
– ¿Cómo se llama? – sonreí.
– Su nombre es Nixie Luz... – sonrió Alex.

Sonreí emocionada, no podía entender lo que oía ¿Por qué llamarla como yo? La niña era hermosa, su nombre... sexy, era fantástico.

– ¿Por qué...la llamaste tan feo? – reí sin creerlo.
– ¡Pero que dices! Nixie es un hermoso nombre y Luz es por Lucía, como su madre... – sonrió orgulloso.
– ¡Hay que celebrar! – gritó Petter.

La pequeña despertó y sus profundos ojos celestes me miraron, me sentí maravillada.

– ¿Quieres cargarla? – me sonrió Alex.
– ¿Puedo...? – reí nerviosa.
– Claro... serás la madrina – me miró feliz.

Me la dio y seguía sin poder creerlo, era primera vez que tenía en mis brazos a una pequeña  albina... mi futura ahijada, una más para la colección; la niña me miraba y los chicos me observaban atentos, con uno de mis dedos tomé su pequeña manita y ésta la apretó con fuerza aún mirándome con sus grandes ojos.

– Hola pequeña Nixie – sonreí emocionada.
– Extrañaba verte con bebés – rió Mischa.
– Dios, Mischa mírala... es hermosa
– Lo sé, no puedo creer que sea parte de nuestra familia – rió.
– Ya quiero que nazca mi bebé
– Y yo el mío
– Felicidades Alex, tienes una hija realmente hermosa – se la devolví.
– Hay un cierto problema – rió Petter.
– ¿Cuál? – se extrañó Alex.
– Esa hija no es tuya – rió
– ¿Cómo que no? – rió

Todos reímos, estábamos felices con la llegada de la pequeña, vino el doctor para llevarla con su madre y nosotros nos quedamos allí molestando al nuevo padre; vi a Andréu un poco callado y me acerqué a él.

– ¿Qué pasa rubio?
– Nada, no te preocupes – sonrió
– ¿Cómo que nada? Anda, cuéntame...
– Ángela quiere tener un hijo, y no sé si estoy preparado para proyectarme con ella – susurró.
– Serás un buen padre, ya criaste a Jean Paúl... y míralo, es un excelente muchacho... no tengas miedo. Conozco a Gossow hace años, es una gran mujer y te ama – sonreí.
– Lo sé... pero, no sé a que le temo – rió
– Ya habrá tiempo de arreglar esos asuntos, ve a felicitar a Alex
– Gracias Nixie – besó mi mano
– De nada querido – acaricié su mejilla dulcemente.

Se levantó y abrazó con fuerza al chico, sonreí al ver a mis amigos felices, las sensaciones malas habían desaparecido con las lagrimas de hace algunos días y me estoy dando cuenta que el cambio que había provocado Dero en la actualidad... era fantástico. Pasamos el resto de la tarde junto a Alex y Lucía, acompañándolos en la alegría de ser padres; llamé a Dero para que me fuese a buscar pero dijo que Teresa ya se había ido y que él cuidaría a los niños.

– ¿Te vas conmigo? – preguntó Mischa.
– Si no tienes problema – reí.
– Claro que no idiota

Salimos del hospital y caminamos por esas calles llenas de gente y vehículos exclusivos, sonreímos a ese hombre que pasea perros, nos reímos de ese duende que baila en la esquina de la calle Kennedy y nos emocionamos con ese pequeño que nos regaló unas bellas margaritas.

– ¿Cómo van las cosas?
– Bien, no hay complicaciones... Ville llega el próximo mes – sonrió.
– Me alegro mucho

Paramos en una esquina esperando a que el semáforo cambiase de color.

– No pudo creer que Nevinger tendrá su propia película – sonrió.
– Es asombroso – susurré feliz.

Seguimos caminando en dirección a casa, varias risas existieron hasta que unos sujetos nos enfrentaron.

– Hola mamacitas – dijo vulgar.
– ¿Qué quieren? – bufó Mischa.
– Tranquila, solo queremos conversar un ratito...

Nos apuntó con un revolver. Con Mischa nos miramos sorprendidas, no teníamos miedo... ya que no era primera vez que nos pasaba, pero algo no estaba bien, ellos eran cinco y nosotras tan solo dos.

– Caminen al callejón – dijo entre dientes.
– No – dije indiferente.
– Dije... que caminen al callejón – alzó la voz.

Encogí mis ojos y lo observé atento, Mischa no decía nada mientras respiraba un poco agitada; el sol ya se estaba escondiendo y eso complicaba aún más la situación.

– Sabes que si no caminas al callejón... te disparo mujer – movió su arma apuntándonos.

Miré a Mischa de reojo y su mirada chocó con la mía, una tensión se hizo presente mientras yo me acerqué lentamente al sujeto armado...

Chapter 29.

Las recientes celebraciones de los cumpleaños de mi hijo Alexander el 4 de Junio y de mi mejor amiga y casi hermana Mischa el 5 de Junio, me tenían agotada; los días seguían avanzando muy rápido.

– ¿Estás lista? – preguntó Joseph desde el otro lado de esa ventana.

Levanté mi pulgar señalando que estaba preparada, activaron el micrófono y mi voz comenzó a sonar desde lo más profundo de mi interior. La emoción en ese momento era maravillosa, sentía un frío que abarcaba toda mi piel, pero este me emocionaba cada vez más, permanecí en ese estudio de grabación hasta el medio día.

– Mañana te esperamos para continuar ¿está bien? – sonrió.
– No hay problema – asentí.

Salí de allí y afuera del lugar estaban los periodistas que había olvidado que existían, estaba de buen humor así que iba a responder sus interrogantes.

– ¿Estás sorprendida con el éxito de tu último libro? – preguntó una bella mujer.
– Realmente sí, nunca creería que al público le gustaría tanto – reí.
– ¿Es cierto el rumor que Nevinger filmará una película? – preguntó un sujeto.
– Sí, hay mucho de cierto en eso – sonreí.
– ¿Qué hay de cierto sobre tu embarazo?
– ¿Quién les dijo eso? –reí asombrada.
– Tenemos fuentes Nixie, anda... respóndenos – rió.
– Bueno, sí... estoy embarazada
– ¿Quién es el padre? ¿Richard? – preguntaron.
– No les interesa – reí y subí a mi auto.

Encendí la radio y el motor silencioso del gran vehículo mientras sus cámaras chocaban en mis ventanas, partí al lugar en donde solemos ensayar con los chicos y allí los encontré.

– ¡Tu libro está buenísimo! – rió Andréu leyéndolo.
– ¿Te gusta? – me senté junto a él.
– ¿No crees que eres muy joven para escribir una autobiografía? – dijo Alex.
– Es solo la primera parte de mi vida muchacho – reí.
– ¿Te llamo Michael? – preguntó Mischa.
– No ¿por qué?
– Por el asunto de la película, se supone que comenzamos a grabarla la próxima semana – se extrañó.
– ¡No puedo creer que estaré en una película! – rió ansioso Alex.
– Principiante – bufó riendo Mr. B.
¿Ya eligieron al personaje de Max? – preguntó melancólico Andréu.
– Si, yo con Nixie lo elegimos... el sujeto es igual a él – dijo asombrada Mischa.
– Alex... estás despedido – rió Petter.
– ¿Eh? ¿Por qué? – hizo puchero Alex.

Todos reímos mientras nos posicionamos para tocar, sonaron las guitarras y el bajo, comencé a cantar y todos cabeceamos cuando se incorporó la batería... las melodías que teníamos eran asombrosas, todos miramos al frente como si hubiese gente observando cuando en realidad el lugar estaba vacío. Los grandes solos que provenían de la gran Bauer eran asombrosos, Petter seguía haciendo sus estupideces con Alex y Andréu gritando como un maniático excitado; acabamos luego de cinco canciones y tomamos un descanso merecido.

– ¿Cuándo sale tu nuevo disco? – me sonrió Mischa.
– No lo sé, mañana termino de grabar – la miré.
– Que genial suena eso ¿Cómo va tu embarazo? – sonrió.
– Oh, va muy bien ¿y el tuyo? – sonreí.
– Bien... supongo – rió.
– ¿Has hablado con Ville?
– Si, hoy en la mañana... – susurró.
– ¿Qué harás?
– No lo sé, Corey es quizá solo un pasatiempo... no me proyecto junto a él, seguiré con mi matrimonio hasta donde más se pueda – sonrió.
– Eso me gusta... solo quiero que elijas bien – la apoyé.
– Ese sujeto aún piensa en ti – rió.
– ¿Quién?
– Corey... cuando tenemos nuestros encuentros nocturnos a veces me llama pequeña Bauer... luego se da cuenta que yo no soy la pequeña Bauer – rió.
– No te creo – reí mirando a los chicos bailar sobre el escenario.
– Parece raro, pero es cierto
– Claro, como digas – volví a reír.
– Oye créeme, por algo te lo estoy diciendo Nixie – me habló serio.
– Como sea, no me interesa – dije seria.

Reímos al ver que Petter cayó del escenario, se levantó como “Terminator” lo que provocó carcajadas en todos los presentes.

– ¿Hoy quién invita el almuerzo? – rió luego de levantarse.
Vamos a mi casa – me puse de pie.
¡Comida en casa de Nixie! – rió como un niño Alex.
– Me gusta que ya tomes confianza – rió Mischa.

Caminamos a la puerta y abordamos los cinco lujosos autos para ir a casa, parecíamos una mafia en las calles, era gracioso ver como todo el mundo miraba la caravana, en pocos minutos llegamos y estacionamos como pudimos los autos afuera de mi casa.

– Pobre del que se atreva a robarme el auto – rió Petter.
– ¿Quién va a querer robar esa chatarra? – reí.
– ¿Qué te sucede con mi tesorito? – hizo puchero.

Reímos y entramos a casa luego de ser víctimas de lamidas por parte de mis grandes perros, encontramos a Dero en la sala viendo televisión y los chicos se lanzaron sobre él para molestarlo, con Mischa fuimos a la cocina para ayudar a Teresa con el almuerzo.

– ¡Mujeres aceleren los motores que tengo hambre! – rió a gritos Petter.
– Pues ven a cocinar tú – grité.
– ¿Quieres que te cocine? – jugó con sus cejas de arriba para abajo.

Todas reímos en la cocina mientras que los chicos veían el DVD del MegaFest del mes pasado en el cuál participamos.

– ¿Hace cuanto que no cocinas Mischa? – reí mirándola.
– Hace poco, yo no soy como tú –bufó.
– Eso no me ofende, no niego que soy una vaga – sonreí.

Teresa reía con aquella rara conversación, servimos los platos con comida y los chicos se sentaron hambrientos; reímos con los comentarios que algunos hacían sobre el pollo, era un momento realmente agradable... los chicos hacen que mi día sea bueno de cualquier manera.
Tocaron el timbre y Dero se levantó a ver quién era; todos nos sorprendimos cuando éste cayó al suelo de un golpe.

– ¡Dero! – grité asombrada.

Vimos a Richard entrar en la casa y fruncí el seño, no me iba a dejar atemorizar por aquel hombre, no ahora... nunca más.

– Eres un traidor – dijo entre dientes mirando a Dero en el suelo.

Andréu con Petter dejaron de comer y se levantaron de la mesa para ayudar a Dero contra la ira de Richard.

– Eres mi mejor amigo... ¿cómo pudiste? – gritaba con los ojos desorbitados.
– Richard cálmate – lo miré tranquila.
– ¡Aléjate de él! – gritó cuando me acerqué a ver a Dero.

Éste se levantó y miró imponente a su amigo.

– Tranquilízate Richard – dijo acelerado.
– ¿Por qué debería? ¡Te acuestas con mi esposa!

Petter siendo más fuerte sujetaba a Richard para que no se precipitara golpeando a cualquiera.

– Tranquilo grandote – susurró Mr. B.
– ¡No puedo tranquilizarme! – bufó alterado.
– ¿A qué has venido? – lo miré disgustada.
– ¿A qué cree? A recuperar lo mío – me miró.
– Ella no es un objeto, no le pertenece a nadie – dijo Dero parado junto a mí.
– ¿Y por eso te besas con ella mientras yo estoy de gira? ¿Por eso tú quieres el divorcio? – gritó.
– Si no te calmas, no se puede hablar contigo – susurró Dero.
– Como crees que me sentí al ver a mi mejor amiga besarse con mi esposa – gritó alterado.

Petter seguía sujetándolo mientras yo reí a carcajadas.

– ¿Y cómo crees que me sentí al enterarme de que te acostabas con Bytha? O mejor aún... que tendrías un hijo con ella – reí sarcástica.

Guardó silencio.

– Predicas pero no practicas... vete de mi casa Richard – dije seria.
– No puedo creer lo que has hecho Dero, arruinaste mi familia... – lo miró con desprecio.
– No arruiné nada ¿sabes? Los niños son más felices conmigo porque soy un padre presente... – dijo calmado.
– Hijo de...

Se abalanzó nuevamente sobre él, Petter lo detuvo y yo abofeteé a Richard.

– ¿Sabes lo que se siente que el amor de tu vida esté esperando el nacimiento de tres bebés al mismo tiempo, de diferentes mujeres? ¿Sabes lo que se siente que tus hijos disfruten más con otro hombre que con su propio padre? No tienes idea de cuanto me he cuestionado todos estos días contigo lejos... no sé porque volví a cometer el mismo error de casarme contigo... las personas no cambian... ¿lo recuerdas? Pues es cierto... – respiré agitada.

Un silencio se hizo presente en el ambiente, sus ojos grises me observaban apenados, la mano de Dero sostenía la mía y eso me hacía sentir segura.

– Quiero que te lleves tus cosas y vuelvas con tu vida allá en New York con esa mujer... no quiero tener cerca de otro mentiroso – dije entre dientes.

Richard asintió con sus ojos cristalinos, apretó su mandíbula y miró a Dero con los ojos encogidos, al parecer se había calmado un poco.

– Está bien... me iré, pero esto no quedará así – susurró.
– Vete de una maldita vez – lo miré indiferente.

Salió de la casa alterado y cerré la puerta con seguro para prevenir cualquier cosa que pudiese pasar.

– Ustedes no vieron nada – respiré agitada mirando a los chicos.
– ¿De qué hablas? – rió Mischa.
– Así me gusta – sonreí.

Acabamos de comer con un silencio incómodo, nadie decía nada y eso era molesto... demasiado.

– Que rica está la comida – sonrió Alex.
– No mientas, no es para tanto – rió Petter.
– Cocinamos bien, no seas ingrato – rió Mischa.
– Sí, es cierto... está delicioso – sonrió dulcemente Andréu.
– Por fin alguien de buen corazón – reí mirando a Andréu.

Dero permanecía callado acabando su plato, lo miré y me sentí mal con todo lo que había pasado; Teresa retiró las cosas de la mesa y los chicos se marcharon luego de un rato de conversación. Cerré la puerta y vi su figura sentada aún a la mesa, con sus dedos entrelazados a la altura de sus labios, pensando en quizá que cosas; me acerqué por atrás y besé su oreja.

– ¿Qué tanto piensas? – susurré.

Movió su cabeza para alejarse de mis labios.

– Richard tiene razón... yo solo arruiné su familia... – susurró.

Fruncí el seño y apoyé mi mentón en sus cabellos.

– Tú no arruinaste nada, él no supo valorar lo que tenía...
– Pero... – susurró.
– No hay peros Dero, tú solamente me abriste los ojos – sonreí levemente.

Acaricié su mejilla desde atrás con una de mis manos y éste la tomó con las suyas para besarla.

– No quiero perderte...

Esa frase hizo que mi interior retumbara, cuantas veces la había oído por parte de mi exmarido y finalmente logró por perderme; cerré los ojos suspirando.

– Y yo no quiero perderte a ti... – besé su cabeza.

Mis ojos dolían y sin darme cuenta corrieron unas saladas lágrimas por mis mejillas, Dero se levantó tomando mi rostro entre sus manos.

– Mírame a los ojos... – susurró con su voz varonil.

Lo hice y me sentí frágil como nunca antes, un frío sin razón se apoderó de mi cuerpo y su rostro me apuntaba como culpable.

– No quiero dejarte por nada, contigo me siento completo y no dejaré que sigas sufriendo

Besó mi frente y me largué a llorar como una niña pequeña que pierde su primera muñeca, un dolor presionó mi pecho y la desesperación aprisionaba mi garganta, lloré con gritos en su hombro mientras él respiraba angustiado en mi cuello.

– Llora... llora todo lo que puedas querida, aléjate de todo el sufrimiento... no quiero que tengas más de eso por un buen tiempo pequeña – besó mi hombro.

Hice presión con mis ojos para liberarme de esas pesadas lágrimas que arrastraba desde hace décadas, lloré más de lo que lloré en toda mi vida; sus manos acariciaban mi espalda para que no me sintiera sola, yo presionaba la suya trayéndolo a mi. Comenzó a cantar una bella canción para tranquilizarme, la agonía en mi interior estaba desapareciendo como por arte de magia. Tomó mi rostro nuevamente entre sus manos y besó con cuidado mis labios, aún no detenía mi llanto y de seguro tenía el maquillaje fuera de lugar, pero eso no importaba... con él todo era maravilloso.

– Te quiero... – susurró y volvió a abrazarme.

Abrí mis ojos y respiré profundo deleitándome con su aroma, dejé de llorar porque ya no me quedaban lágrimas, lo miré atenta sin entender lo que estaba pasándome.

– ¿Estás mejor? – sonrió levemente.

Asentí y lo besé desesperada, necesitaba sentir sus labios tocando los míos, necesitaba sentir su lengua rozando a la mía, era necesario succionarla a mi boca porque quería a este hombre conmigo hasta que mi respiración se detuviera para siempre, hasta que dejase de existir. Acarició mi mejilla mientras sonreía con mi reacción, dejé de besarlo y éste me abrazó con una fuerza acogedora.

– Gracias por existir en mi vida... gracias por quedarte conmigo – susurré sonriendo.

Sus lágrimas en mi hombro me demostraban que él era sincero en todo lo que decía; no sé porque... pero todo sería diferente de ahora en adelante...

Chapter 28.

– Te amo, no me hagas esto...
– Lo siento, pero no eres lo que necesito – lloriqueó Mischa.
– ¿Cómo puedo darte lo que necesitas? – susurró Petter.
– ¡Comprándome galletas! – rió.
– Dios... ¿pueden dejar de hacer estupideces? – rió Andréu.
– Hay que ponerle drama al video rubio – dije riendo.
– ¿Ya están listo? – preguntó el director.
– Espera unos minutos más viejo – reí.
– ¿Dónde se metió Alex? – bufó Mischa.

Miramos el reloj, desesperados, habíamos llegado hace una hora y Alex no nos daba señales de vida alguna.

– ¿Y si lo raptó la gente de Marte? – dijo serio Mister B.
– Tal vez – rió Andréu.

Lo esperamos un rato más y apareció sonriente.

– ¿Por qué llegas a esta hora? – lo miró frunciendo el seño Mischa.
– Mi hijo está a punto de nacer, llevé a Lucía al hospital – sonrió.
– Tengo asuntos que resolver, así que comencemos – fruncí el seño riendo.
– Felicidades Alex – rieron todos a Alex.

Perdimos toda la tarde allí, en ese estudio grabando el video de “Never Again” canción que trata sobre el maltrato contra la mujer; acabamos luego de pasar un buen rato y de que se rieran de las estupideces que hacía Petter con una banana... solo imaginen.

– ¡Fiesta! – gritó Mister B.
– Acabas de arruinar la sorpresa idiota –reí golpeándolo parte de su brazo.
– ¿Fiesta? – sonrió Mischa.
– Debes ponerte esto – rió Andréu poniéndole una capucha negra para que no viese nada.
– ¡No veo! – rió Mischa.
– Esa es la idea linda – reí.

 Los chicos la tomaron como rehén y subimos a la camioneta camino al lugar en donde celebraríamos el cumpleaños de Mischa; la radio a todo volumen y los dos atrás hacían una especie de mosh contra Mischa que aún tenía esa cosa en la cabeza, reía y yo sonreía conduciendo mientras Alex aún no se integraba al grupo.

– Ve a golpear a Mischa con los chicos – lo miré en el asiento del copiloto.
– No, no golpeo mujeres – sonrió.
– Que dices, si solo están jugando... anda – sonreí.
– ¿Y si se enoja?
– No se enojará, es su cumpleaños... los años anteriores le quemamos su ropa y no enfureció, aprovecha – reí.
– Vaya, que nos espera para hoy – rió.

En eso llegamos afuera de un gran recinto, estacioné la camioneta y le grité a los dos (Andréu y Petter) para que se detuvieran y bajaran con cuidado a Mischa, abrí la gran puerta y nos encontramos con muchos amigos, conocidos y bandas cercanas.

¡Ha llegado la cumpleañera! – gritó Ángela Gossow con un trago en la mano.

Le quité la capucha que tenía puesta y su cara de felicidad hizo que una linda emoción me inundase, todos aplaudieron la llegada de Mischa y los gritos de amigos se hicieron escuchar, era un lugar amplio con un gran jardín con piscina y tanto el interior como exterior del lugar estaba lleno de personas animadas. Los dj. Eran nada más que Sid Wilson acompañado de DJ Tiesto; esta noche iba a ser inolvidable.

– ¡Sexo, drogas y rock and roll! – gritó Dero a toda voz.

La gente gritó excitada y comenzaron a bailar con la música que los chicos habían incorporado al ambiente, me fui con Dero a bailar mientras Andréu bailaba con Mischa.

– ¿Organizaste la sorpresa? – susurré en los labios de Dero.
– Está todo en orden jefa – rió jugando con su lengua.

La música resonaba y hacía a todos activarse, los sujetos en la barra estaban colapsando con tantos pedidos de alcohol, pero esta fiesta pedía mucho más; pasaron unos 50 minutos en que todos gozaban con todos y caminé al escenario imponente, me paré en medio de los dos sexys DJ que esta noche dirigían y tomé el micrófono haciendo que la música se detuviera.

– Pido su atención hijos de puta – reí media seria.

Todos miraban atentos.

– ¿A qué hemos venido esta noche? A celebrar un cumpleaños... ¿no? 
¡¡Si!! – gritaron.
– ¿Hay cumpleaños sin pastel o canción? – reí.
¡¡No!! – respondieron todos.
– ¡Traigan al centro a la cumpleañera de una maldita vez!

Se abrió casi de inmediato un círculo en medio de la pista de baile y empujaron a Mischa quien reía nerviosa, apareció Lars Ulrich con el pastel y su típica cara de idiota, Mischa cubrió su rostro emocionada mientras todos cantábamos en un mar de gritos aquella canción de cumpleaños.

– ¡Pide tu deseo! – reí en el micrófono.

Ella rió a la distancia, sopló aquella vela y oscureció el lugar, los aplausos se hicieron notar en la inmensa oscuridad.

– No hay cumpleaños sin regalo... – reí traviesa.

Comenzó a sonar una canción ideal para el Strip-tease masculino, una luz iluminó a Mischa parada aún al centro del círculo con una cara de nervios.

– ¡Que ingresen los bailarines! – reí emocionada.

Ingresaron por un costado James Hetfield con un boxer negro bien ajustado que dejaba resaltar su bien marcada entrepierna, Corey Taylor usando un boxer negro con un corbatín al cuello como un buen Stripped, Zacky también con un boxer negro bien apretado... el trío de hombres rodearon a Mischa quién no podía creer lo que veía; las risas pervertidas en el lugar se podían oír, más aún cuando apareció Petter también con boxer negro demostrando su gran maravilla. Sid y Tiesto reían ambientando la música y yo miraba junto a ellos todo el espectáculo. James subía y bajaba su trasero por la pierna derecha de Mischa, Petter hacía lo mismo pero con la izquierda; Zacky jugaba con el trasero de Mischa mientras Corey bailaba para excitar a la cumpleañera.

– ¡Vamos hombres! – gritó una chica por ahí.

Reí como muchos lo hicieron, Mischa azotaba a los cuatro mientras estos les mostraban sus elevados traseros, la tentaban con sus juegos de lenguas y sus piernas abiertas; Corey fue más allá y osó a besarla mientras que James por atrás rozaba su entrepierna contra las nalgas de Mischa, Petter y Zacky besaban y lamían las manos de ella, el clima se estaba poniendo caluroso y en realidad ya no sabíamos como detener todo esto.

– ¿Qué hago ahora? – reí mirando a Tiesto.

Me quitó el micrófono y alzó la voz.

– ¡Llévenla a la piscina! ¡Está en llamas! – rió.

Los gritos de la multitud apoyaban el comentario y la arrebataron de entre esos cuatros sexys hombres y la lanzaron al agua.

– ¡Pero qué les pasa! ¡Estaba disfrutando! – rió mojada.

Salí y me lancé al agua con ropa para acompañarla, varios hicieron lo mismo para disfrutar de la adrenalina del momento; los otros volvieron adentro para seguir bailando, algunos se quedaron en el jardín para respirar un aire no contaminado, en la piscina nos quedamos los idiotas más hiperactivos.

– ¿Te ha gustado el regalo de cumpleaños? – reí.
– ¡Me encantó! Quiero otro de esos bailes – rió lanzándome agua a la cara.
– No cumples 32 años todos los días – sonreí.
– Gracias por esta sorpresa Nixie, me encanta el lugar, la gente... el regalo ¡todo! – rió y me abrazó con fuerza.
– Esa era la idea Mischa, ahora puedo morir en paz – reí.

Hubo un instante de paz, el que fue interrumpido por los chapuzones de otras chicas sexys que tomaron a Mischa de cada extremidad para sumergirla 32 veces, una por cada año cumplido; yo tomé su brazo derecho y reí gritando los números, la cara de ahogo de Mischa era graciosa.

– ¡Faltan solo 10! – gritó Amy Lee tomando su brazo izquierdo.
– ¡Solo 5 más! – gritó Ángela Gossow.
– Aguanta Mischa – rió Aya Stefanowics (vocalista de UnSun).

Acabaron las 32 sumergidas y la soltamos mientras todos miraban desde afuera de la piscina aplaudiendo; Mischa se levantó completamente mojada y feliz con todo lo que había pasado, con las chicas seguimos jugando en el agua tentando a los hombres que miraban como pervertidos.

– Ven aquí gatito – mordí mi labio mirando a Dero.

Éste bajó y me besó con la pasión que comenzaba a extrañar; Corey apareció de no sé dónde y agarró a la cumpleañera para besarla con unas ganas que daban envidia a los otros, Ángela hizo lo mismo con Andréu y Aya con su novio, ¡OH! Y como olvidar a la maravillosa Amy Lee, quien no sé porqué besó a Alex. El resto seguía bailando y gozando la fiesta a su manera, salimos de la piscina, empapados y nos quedamos parados bebiendo y fumando en el gran jardín, comentando y disfrutando de unas conversaciones interesantes.

– ¿Cómo la estás pasando? – preguntó Dero sentado.
– Bastante bien – sonrió Mischa sentada sobre las piernas de Corey.
– Más te vale que la estés pasando bien – rió Corey.
– ¿Por qué? – lo miró Mischa.
– Porque sino, no te daré tu regalo – movió sus cejas de arriba para abajo varias veces.

Todos reímos con las caras que Corey hacía, comenzó a sonar música de Nevinger adentro de la casa y Mischa se emocionó al oír como la gente gritaba su nombre, era una gran noche que tenía mucho para durar.

– Vamos a bailar – dijo Mischa poniéndose de pie.
– No, no quiero ir – dijo quejándose Corey mientras me miraba.
Vamos he dicho – rió Mischa.
– Ve a bailar con mi hermana – sonreí de costado sentada en las piernas de Dero.
– Aquí esto bien Mischa, después bailamos – seguía mirándome.
– Anda Corey, quiero bailar – hizo pucheros.
– Estoy cansado cariño... – se excusó al fin mirándola.

Sonreí y besé a Dero lentamente para sentir su delicioso sabor, Mischa de cansó de insistirle a Corey y se marchó a bailar con el que se le diera la gana; una gran fiesta... para una gran chica.

– El amor es peligroso... – susurró el rubio.

Con Dero lo miramos extrañados.

– ¿A qué viene eso? – preguntó Dero dejando de besarme.
– Iré con Mischa – fue adentro.

Caminó con sus manos en los bolsillos de su pantalón, Dero me acurrucó a su pecho mientras sonreía sin saber porqué.

– Ven conmigo – susurró Corey en su oído.
– ¿Para qué? – rió Mischa.
– Debo darte tu regalo de cumpleaños querida – sonrió tomando su mano.

La sacó de entre la multitud y la guió hasta el segundo piso en donde una habitación los esperaba.

– ¿Y esto? – se sorprendió.
– Ya verás – la lanzó a la cama cubierta de pétalos de rosa roja.

Comenzó a besarla con una pasión que desborda sus sentidos, la acariciaba con una delicadeza que la excitaba sin la necesidad de parecer un pervertido. Ella quitó su remera mientras él quitó sus húmedos pantalones, acarició sus piernas con las calidas manos que poseía, Mischa cerraba los ojos disfrutando de los besos en el cuello; presionaba sus marcados pectorales mientras que Corey metía sus dedos al interior del calzón de Mischa haciendo que ésta gimiera. La música de abajo silenciaba cualquier grito que alguno de éstos pudiese emitir, eso jugaba a su favor.

Quitó la remera de Mischa y ella lanzó sus pantalones por algún lugar de la habitación, Corey no quiso esperar y casi con desesperación quitó el sostén para poder morder los pezones de la gran Bauer.

– Dios... ¡Corey! – gritó extasiada.

Este reía sabiendo que sabía complacer a cualquier mujer, acarició su estomago lamiendo desde su pelvis hasta su mentón para luego besarla jugueteando con sus lenguas abruptamente. Con suavidad quitó la última prenda que ella poseía, dejando su cuerpo al descubierto para que éste la observase atento y con sed de sexo.

– No me hagas esperar más – susurró Mischa en su oído.

Corey sonrió sabiendo que tenía el poder de la situación, quitó su boxer ajustado y lo lanzó lejos para luego abalanzarse sobre ella, jadeó en su oreja mientras Mischa gritaba de placer al sentir al pequeño invadiéndola con gran potencia y velocidad; Mischa presionaba y rasguñaba la espalda del rubio mientras que éste se movía para darle placer.

– Te amo Corey – gritó cerrando los ojos.
– Y yo a ti pequeña Bauer – gritó igualmente él.

Había un problema en aquella frase, ella no era la pequeña Bauer, si no que la Gran Bauer... pese al momento, Mischa quería seguir disfrutando y quizá luego lo regañaría como merece, sus entrepiernas gozaban de una gran explosión de placer sobrecargado. Él apretaba los pechos de ella contra el suyo mientras se movía, ella hacía fuerza con sus muslos en las caderas de él intentando hacer el momento más duradero. Los roces de piel eran aún más excitantes, las respiraciones agotadas hacían del momento más que maravilloso... un deseo de más estaba presente. 

Acabaron agotados cubiertos por la típica sabana blanca que se hace infaltable en este momento; se vistieron y volvieron a gozar de lo que quedaba fiesta, para luego ellos dos pudiesen volverse a encontrar en el mismo lugar unas cuatro veces más...

Feliz Cumpleaños Mischa

sábado, 4 de junio de 2011

Chapter 27.

La sonrisa en mi rostro desapareció cuando la silla fría hizo contacto con mi cuerpo, Justis sin razón sonreía al verme y eso me mantenía calmada, frente a nosotros Bytha me miraba con desprecio.

– ¿Qué sucede? – preguntó Justis.
– Contigo nada niño bonito – bufó mirándome fijo.
– Será mejor que te vayas Justis, no creo que tarde mucho – sonreí.
– Hazle caso – lo miró Bytha.
– Estaré por aquí... nos vemos a la salida – besó mi mejilla.
– Está bien – acaricié su mentón.

Se fue y al fin la cara de Bytha volvió a ser la de siempre, entrelazó sus dedos sobre la mesa y guardó silencio.

– Dame las fotos – la miré seria.
– Tranquila, hay de unos cuantos asuntos de los que hay que hablar antes... – rió.

Levanté una de mis cejas y me acomodé en la silla.

– ¿Sí? ¿Sobre qué? – la miré curiosa.
– Sobre el tratado en Big 4... Quiero que cambiemos de padrinos – levantó sus cejas.

Reí.

– Eso no lo decido yo... – bufé.
– Pero puedes hablar con el padre del chico sexy para que lo haga, sabes que Anthrax no tiene tanta demanda como Megadeth... – me miró atenta.
– Pero tú debes hablar con él, yo no puedo hacerlo. Costó mucho como para que Big 4 hiciera algo como esto... siéntete orgullosa de haber sido elegida Bytha.
– Como sea... al menos inténtalo – bufó.
– Lo pensaré – sonreí irónica.

Guardó silencio y bebió agua.

– ¿Eso es lo que tenías que decirme por las fotos? – me levanté.
– Si, creo que sí – rió.
– Está bien, nos vemos – caminé a la puerta lentamente.
– ¡Nixie espera! – gritó desde la mesa.
– ¿Qué quieres? – reí volteándome.
– Estoy embarazada – sonrió.
– Bien por ti – bufé mirándola indiferente.
– Es de Richard... – rió.

Mi corazón dejó de latir, mi garganta estaba siendo estrangulada, mi respiración aumento casi de inmediato, estaba cayendo en un pozo muy profundo, las luces del lugar apuntaron a mis ojos y estos ardieron como mil soles en verano... no creía lo que oía.

– ¿Qué...? – susurré.
– Él no es fiel como dice serlo... es un salvaje en la cama – rió.
Perra...
– Oh... y ¿sabes? Lo tendré, creo que será bueno tener al hijo del marido de mi mejor amiga ¿no te parece?
– Espero que no abortes... como lo hiciste con el hijo de mi hermano, hija de puta – la miré con ira.
– Cállate... – se levantó enojada.
– Vete a la mierda Bytha

Caminé otra vez a la puerta del recinto con el corazón destrozado.

– ¿Vas a querer las fotos? – rió.
– Haz con ellas lo que quieras... – murmuré.

Salí del recinto con mis manos empuñadas de ira, apenas podía respirar, una fuerza desconocida presionaba mi pecho y no quería llorar... no podía permitir que el dolor me dominase, ya era demasiado.

– ¿Qué pasó? – preguntó el rubio tomando mi brazo.

Me alargué a llorar sin contención, el dolor era demasiado poderoso como para disimular aunque sea un poco; me abrazó acariciando mi nuca sin entender lo que sucedía.

– ¿Qué pasó Nixie? – susurró mientras intentaba calmarme.
– Va a tener un hijo con esa perra... – grité ahogándome en desesperación.
– Dios santo... – acarició mis cabellos, preocupado.

Un calor en mis mejillas atormentaba mis sentidos, ahora lo racional no tenía sentido... nada lo tenía ¿Por qué mentir tanto? Lo idiota seguía siendo representado por mi nombre, los intentos de ser feliz ya eran en vano; con el tan solo echo de imaginarme a Richard con Bytha en la cama riéndose de mi a mis espaldas... no comprendo que sigo haciendo mal.

– Te llevaré a casa... – dijo mirando a mis explotados ojos.

Asentí aún llorando, el chico detuvo un taxi y me llevó a casa... ya era tarde quizá cerca de las 02:00 de la madrugada. Justis cumplió con dejarme en casa sana y salva agonizando interiormente, Dero despertó asustado y abrió la puerta en tan solo su boxer, su cara de asombro al verme destrozada en aquella puerta fue demoledor, Mustaine junior se fue y yo permanecí con los ojos cristalinos mirando a Dero que aún no comprendía lo que pasaba.

– ¿Qué te pasó? – dijo asustado.
– Richard va a tener un hijo con la perra de Bytha – dije en shock.

Diciendo esto no hubo más palabras, su desnudo cuerpo acogió al mío en un abrazo que detonó mi llanto otra vez, tanta aflicción en un solo momento... no había consuelo tras enterarme de que el amor de mi vida se acostaba con mi peor enemiga.
Sus labios besaron mi cabeza, sus brazos querían convertir dos cuerpos en uno, su respiración reposaba entre mis cabellos mientras yo seguía llorando e intentando silenciar mis llantos para no despertar a los niños. Permaneció allí conmigo varios minutos y me hizo entrar, se sentó en el sofá y yo sobre sus piernas un poco más calmada.

– Debes dormir... – susurró apoyando su mentón en mi cabeza.
– No dormiré más así moriré de sueño... – dije indiferente.

Rió.

– No seas tonta, no quiero que mueras... – susurró.
– Odio confiar demasiado, siempre pasa lo mismo...
– Tranquila... – acarició mis cabellos.

Me tomó en sus brazos y me llevó a mi cuarto, me acosté y él me miro parado en la puerta.

– Buenas noches – sonrió dulcemente.
– No me dejes sola... por favor... – lo miré apenada.
– ¿Quieres que duerma contigo? – sonrió de costado.

Asentí como una niña pequeña, se acostó junto a mí y yo me apoyé en su brazo para sentirme segura; con una de sus manos acarició mi mejilla mientras yo me dormía.

– Espero que amanezcas mejor – besó mi cabeza.

Volé en un profundo y agotador sueño, sentí las caricias de Dero a pesar de estar dormida; las jaquecas se hacían notar incluso no estando desierta, el peso de todos los problemas se volvían extenuantes y sofocantes. Pasó la noche tan dura y fría, con aquella maldita melancolía que se hacía presente de una manera casi permanente.

– Quiero que sea lo antes posible David, no me importa la división de los bienes... eso es lo de menos. No, no me importa; claro... acepto, dile que no tengo problema alguno (...) Bien ¿todo en marcha? Estupendo... – acabó riendo.

Esa conversación telefónica me hizo despertar, lo vi pasearse de un lugar a otro con el celular en la oreja como uno de esos ejecutivos importantes, abrí un poco más los ojos para despertar por completo.

– No tengo problema con eso, solo hazme llegar los documentos (...) habla con Flux para que la banda te pague los pasajes, solo quiero que sea lo antes posible – rió.

Lo miré desde la cama sin que él se percatara de que estaba despierta.

– Está bien, gracias. Sí, lo sé. Adiós – cortó.

Dejó su celular sobre un mueble y sonrió al verme despierta, volvió a acostarse junto a mi y me besó con delicadeza.

– ¿Cómo dormiste? – sonrió.
– Bien, supongo – sonreí apoyando mi cabeza en su brazo.
– Eso es bueno, hoy te llevaré a pasear... a ti y a los niños – me miró con ternura.
– ¿Con quién estabas hablando? – lo miré curiosa.
– Con David, mi abogado – sonrió.
– ¿Por qué? – me extrañé.
– Mi esposa pidió el divorcio al ver las fotos en la pagina – rió.

Se lo tomó con calma, era como si no sufriera la perdida de su esposa.

– ¿Y qué le dijiste?
– Pues acepté, lo que nos mantenían unidos era nuestro hijo, más que eso nada – besó mis cabellos.

Lo abracé con fuerza, me sentía segura con él a mi lado, tan solo pedía que el teléfono sonara y que Richard me pidiese el divorcio.

– ¿Saldrás conmigo hoy?
Por supuesto que sí – sonreí cerrando los ojos.
– Creo que deberías hablar con Richard... – dijo en un susurro.
– Lo haré, ahora – me levanté.
– ¿Ahora? – me miró extrañado.
– Si, ahora – reí.

Tomé mis ropas y fui a bañarme, Dero bajó a desayunar mientras yo pensaba bajo el agua caliente.

“Deja las rosas y lágrimas congeladas por aquella caricia que logra erizar hasta el último centímetro cuadrado de tu cuerpo, deja esa perfecta sonrisa por esos ojos que te hacen sentir segura...”

– Está decidido – sonreí.

Acabé de bañarme y me vestí rápido para desayunar junto a Dero y Teresa que ya había llegado como todos los días; compartimos sonrisas y un ambiente agradable, luego subí a mi escritorio y tomé el teléfono con una gran tranquilidad, marqué el número de Richard.

– ¿Hola? – dije.
– Hola amor –sonrió.
– ¿Cómo estás? – pregunté indiferente.
– Agotado por el show de ayer... ¿Y tú?
– Mal... – comenzó mi jaqueca.
– ¿Qué te pasó cariño? ¿Le pasó algo al bebé? – preguntó preocupado.
– ¿A cuál? ¿Al de Bytha o al de Margaux? – dije irónica.

Guardó silencio.

Para variar sigo enterándome de cosas desagradables... ¿creías que no lo sabría? – bufé.
Dios... lo lamento... – susurró.
– No hay nada que lamentar Richard... quiero el divorcio y esta vez para siempre
No... Las cosas pueden mejorar mi vida... – dijo apenado.
– Quizá, pero yo no tengo el tiempo para esperar a que eso pase; te mandaré los papeles y pobre de ti que no los firmes – dije enojada.
Prometo cambiar, por favor Cony no me hagas esto... otra vez
– Eso debiste pensarlo antes querido, ya es un poco tarde – corté.

En un momento como este suele aparecer aquella personalidad de los viejos tiempos, la Nixie original, la fuerte y decidida... la que no le teme a nada y que no se deja pisotear por nadie; llamé a Mack y lo hice venir a casa para arreglar el papeleo del divorcio.

– ¿Qué? ¡Pero si se casaron hace unos pocos días! – gritó asombrado.
– Ese no es tu problema, dime donde tengo que firmar maldita sea – reí.
– Pues debo hablar con el juez y creo que mañana traeré los papeles – levantó sus cejas.
– Está bien, pero habla de inmediato con el juez – lo miré atenta.
– Lo haré, no te preocupes – rió.

Lo dejé en la puerta y se marchó para cumplir con aquella misión encomendada; Dero apareció atrás de mí con esa sonrisa suya que me encanta, me besó haciéndome sentir la mujer más inocente, él provoca en mí sensaciones únicas... con las que nadie más he sentido.

– Ya hablé con Richard... – susurré en sus labios.
– ¿Qué le dijiste? – sonrió.
– Que quería el divorcio – seguí besándolo.

Sujetó mi nuca y abrió más su boca para robarme el alma en ese mágico beso, con mis manos acariciaba su gran espalda, el momento fue interrumpido por el timbre; me miró riendo y se sentó en el sofá mientras yo abrí la puerta: era Mischa.

– Hola hermanita – sonreí.
– Hola ingrata – rió.
– ¡Oye! Cómo que ingrata
– Pues no me has ido a visitar y sabes que me siento sola – rió otra vez.
– ¿Y por qué no me vienes a visitar tú? – reí.
– Vi las fotos en la página de la banda ¿qué significa todo eso? – levantó sus cejas.
– Oh pues, ya están en marcha los papeles de mi divorcio – la miré seria.
– Diantres... es eso... raro – rió nerviosa.
– Lo sé pero la vida sigue y no se detiene...
– ¿Estás ocupada? – movió sus cejas de arriba para abajo una y otra vez.
– Algo así – la miré riendo.
– Hoy a la noche habrá un tipo de concierto de Kreator, bueno es una banda tributo a Kreator ¿quieres ir? – sonrió.
– Oh, no lo sé, tengo planes para esta tarde, si me libro temprano te aviso y vamos – le sonreí de vuelta.
– Bueno, ¡Pero me avisas! – rió.
– Lo haré, pierde cuidado – la abracé.
– Nos vemos – besó mi mejilla.

Se fue y volví a entrar; me senté junto al sujeto que me hacía sentir completa, pasamos la tarde viendo televisión en la sala, abrazados muy cariñosamente esperando que los niños llegaran de la escuela. Sentir sus manos acariciando mi vientre me hacían pensar que esta vez las cosas podrían terminar bien, no comprendo porque he sido tan tonta todos estos años, vivir se me hacía complicado cada vez un poco más.

Llegaron los niños y nos abrazaron para saludarnos, Teresa les dio sus galletas con leche y luego les pedí que se cambiaran la ropa porque iríamos de paseo con Dero, asintieron felices y no demoraron casi nada.

– ¿Estamos listos? – dijo Dero con voz de mando.
– ¡Si capitán estamos listos! – rieron los niños.
– ¡No los escucho! – rió Dero.
– ¡Si capitán, estamos listos! – repitieron riendo.

Dero cantó aquella canción de Bob Esponja”  lo que nos hizo reír a todos nosotros en la casa; abordamos mi auto pero esta vez Dero conducía ya que él sabía a donde iríamos, habló con los chicos todo el trayecto, sobre la escuela y otros temas que a ellos les interesan. Me daba envidia ver a Dero como un padre, incluso yo hubiese querido tener uno así... él era fantástico, parecía un buen actor de Hollywood pero en verdad él no necesitaba fingir nada.

Detuvo el auto en un parque hermoso que no recordaba que existía, hizo que bajáramos del vehículo y los niños corrieron a unos juegos interactivos que allí habían, a mi me tomó la mano y me llevó a una banca cercana para poder vigilar a los niños.

– Este es un lugar hermoso – le dije sonriente.
– Me encanta que te guste – respiró profundo.
– Eres realmente magnífico... – susurré mirando su perfil.
– Tú lo eres – sonrió.
– No, en verdad tú lo eres... no puedo creer que te tenga a mi lado – lo miré orgullosa.

Giró su rostro y sus ojos hipnotizaron a los míos, su sonrisa me decía que esto era grandioso y su mano cubriendo la mía demostraba que esto si estaba pasando, que esto era real...