viernes, 3 de junio de 2011

Chapter 26.

El sol del medio día impactó en mis frágiles y maquillados parpados, lentamente abrí mis ojos para despertar en aquella cama matrimonial absolutamente sola, junto a mi cabeza encontré una nota, la que llamó mi atención y leí a continuación:

“Fui a despedirme de Richard, pasaré a buscarte ropa limpia y volveré
por ti para ir a comer juntos. Te quiero.            
                                                                       Dero.”

Sonreí, era inevitable... un gesto como este no era común en todos los hombres, normalmente ellos escapan y no dejan notas, sin embargo, anoche no tuvimos sexo pero se dio el tiempo de escribir excusando su ausencia; olí la nota y sentí su fragancia masculina, cerré los ojos para hacerlo más profundo y abrí mis ojos apenada recordando que tengo una vida.
Me levanté cansada, me senté en la orilla de la cama y arreglé mi cabello, caminé a la ventana y pude ver que era un hermoso día, sonreí otra vez al ver que de un taxi bajó Dero con una mochila. Caminé al baño y me di una ducha sin mojar mi cabello, sentí que entró en el cuarto y acabé, me rodeé con la toalla y salí para verlo.

– Buenas tardes señorita – sonrió.

Me aferré a su cuerpo y lo bese con cuidado, sonreí cuando sus ojos me miraron.

– Te traje ropa limpia – acarició con su dedo la punta de mi nariz.
– Gracias – sonreí.

Me la dio y partí al baño para arreglarme, me miré al espejo y no podía creer lo que veía: una linda sonrisa. Salí del baño ya lista y lo vi sentado en el borde de la cama viendo televisión.

– ¿Estás listo para irnos? – sonreí.

Apagó el televisor y me miró con la boca semiabierta.

– Te ves hermosa – sonrió.
– Hay, no es para tanto... solo estoy usando otra remera – reí.
– Pues... es que eres hermosa – besó mi frente.

Lo miré tímida mientras tomó la mochila para irnos, tomó mi mano luego de colocarse las gafas para el sol y tomamos el ascensor, llegamos al primer piso y partimos al restaurante “Papelaccio” de comida italiana; entramos y nos sentamos en una mesita junto a la ventana, nos dieron el menú y con Dero nos miramos.

– No me gusta la comida italiana –lo miré seria.
– Cierto, a mi tampoco – dijo mirándome también serio.
– ¿Entonces qué hacemos aquí? – reí.
– No lo sé, vamos a MC Donald – rió.

Asentí riendo, tomó el bolso y salimos del lugar, caminos tomados de la mano como si fuéramos pareja... eso me emocionaba; llegamos al lugar ya nombrado y nos encontramos con Corey y Mischa quienes no se percataron de nuestra presencia. Nos sentamos en el segundo piso, junto al sitio de los helados.

– Eso si es comida – rió Dero mordiendo su hamburguesa.
– Eres un puerco – reí de costado.

Verlo frente a mi se sentía tan bien, una sensación tan parecida a la que tuve cuando vi por primera vez a Richard, todo era tan bueno, tan extraño... no podía asimilar aún que todo esto estuviese ocurriendo; una gran confusión había en mi interior, muchos líos podía provocar...
Acabamos de comer y yo lo observaba babosa.

– ¿Tengo algo en el rostro? – me miró extrañado.
– No... ¿Por qué? – sonreí.
– ¿Qué tanto me miras? – sonrió.
– Eres grandioso – susurré.

Tomó mi mano  y la acarició, en eso llegaron Mischa junto a Corey quienes se asombraron al vernos allí.

– ¿Y ustedes que hacen aquí? – rió Corey.
– Pues comiendo – bufé.

Se sentaron junto a nosotros, Corey junto a mi y Mischa en frente junto a Dero.

– Hola soy Corey – sonrió el rubio estirando su mano.
– Dero, un gusto – sonrió el alemán estrechando su mano.
– ¿Qué hacen ustedes por acá? – miré a Mischa.
– También comiendo – rió.
– ¿Y como les va? – preguntó amable Dero.
– Bien, ya sabes... no hay problemas – rió Corey refiriéndose a Ville.

Reímos todos mientras no había mucho tema de conversación.

– ¿Dónde pasaste la noche? – preguntó Mischa.
– En un hotel – reí mirando a Dero.
– ¡Oh, tú eres el que se está acostando con Nixie! – dijo irónico Corey.

Los dos lo miramos disgustados, era un feo comentario; mire a Corey con desprecio y me levanté para irme, Dero hizo lo mismo.

– ¿Ya se van? – rió Corey.
– No pretendo compartir el ambiente con un idiota como tú – lo miré enojada.
– ¿Ahora te ofendes? – levantó sus cejas.
– Corey basta... – susurró Mischa.
– Madura Rubio... – reí enojada.

Dero hizo una seña para despedirse de ambos y nos marchamos.

– Luego hablamos – le dije a Mischa.

Asintió y nos fuimos, guardó silencio mientras caminamos a casa.

– Tu amigo es extraño... y desubicado – dijo mientras marchábamos.
– No era así antes, ha cambiado tanto... – bufé.
– Me molestó su comentario.
– Y a mi – lo miré apenada.

Se detuvo y tomó mi mentón para besarme con esa pasión que me encanta, su respiración hizo que mi cuerpo volara, su lengua rozando con mi labio y acariciando a la mía me hacían sentir segura, no quería abandonarlo... él es lo que quiero. Lentamente separó sus labios de los míos y besó la punta de mi nariz.

– Te quiero, no lo olvides... no pienses que sólo te quiero para satisfacerme... – dijo serio.

Asentí en silencio mientras me encantaba cada vez... un poco más; sin darme cuenta ya habíamos llegado a mi casa.

– Ups, ya llegamos – sonreí mirando sus verdes ojos.
– ¿Y qué esperamos? – tomó mi mano.

Abrí la puerta y los perros nos recibieron felices, entramos a la casa y me encontré con aquel silencio que suele existir cuando nadie está en casa; me senté en el sofá y Dero se sentó junto a mí.

– ¿Qué pasará de ahora en adelante? – susurré mirando el suelo.
– Ya habrá tiempo para hablar de ello muñeca – sonrió apoyando su cabeza en mi hombro.
– Creo que ahora podemos hablarlo – lo miré.

Giró su torso para mirarme con más atención.

– Bueno, ¿De qué quieres hablar? – me miró serio.
– ¿Qué hay entre nosotros? – lo miré seria.
– Amor... un gran cariño – sonrió.

Sonreí.

– Pero... formalmente...
– Pues si quieres darle un nombre... somos amantes – rió encogiendo sus ojos.

Apoyé mi cabeza en su hombro cerrando los ojos para disfrutar de su varonil perfume.

– ¿Has pensado en ese bebé...? – susurró.
– ¿Sobre qué? – sonreí.
– Hay una mínima probabilidad de que sea mío... es decir, tienes cerca de dos meses... y hace dos meses nos vimos... ¿Lo recuerdas?

Me paralicé, tenía razón, lo había borrado de mi mente.

– Lo había olvidado... – susurré.
– Pues ya veremos cuando nazca – sonrió.
– ¿Y aún estarás aquí? – reí.
– Yo no voy a dejarte, ya no – sonrió otra vez.
– No sabes cuantas veces he oído eso...
– Pero nunca de mi parte muñeca – acarició mis cabellos con su nariz.

En eso llegó Teresa con los niños y yo me incomodé cuando me encontraron en una situación como esta, tomé el teléfono de la casa y marqué el número de Lu.

– ¿Hola? – contestó.
– Lu ¿Tú eres fotógrafa no? – sonreí.
Claro... ¿Por qué?
– ¿Puedes traer tu cámara a mi casa ahora?
– Bueno, no tengo problema – rió.
– Bien, te espero – corté sonriendo.

Dero me miró curioso levantando una de sus cejas mientras me levanté para saludar a mis bellos hijos.

– ¿Quieren bañar a los perros? – grité animosa.
– ¡¡Si!! – gritaron felices.
– Pues vayan a cambiarse la ropa, los espero junto a la piscina – sonreí.
– ¡El último que llega es un huevo podrido! – rió Cristal subiendo las escaleras.

Reí y le hice una seña a Dero para que también viniese atrás para que colabore; pasaron los minutos y Lu apareció en casa con su cámara profesional.

– ¿Para qué quieres la cámara? – sonrió.
– Quiero que tomes fotos de este momento, quiero fotos de mis hijos disfrutando conmigo... y con Dero – sonreí.
– Oh, está bien – sonrió dulcemente.

Llegaron los niños con ropa fresca y silbé para que los perros aparecieran, con su pequeño rabito nos demostraban que estaban felices, Alexander trajo el shampoo de los canes, Cristal trajo los peines y Lilian las esponjas para bañarlos, Dero sonreía feliz con lo que veía y yo disfrutaba de todo esto.
Los perros corrían alrededor de la piscina llenos de espuma y los chicos corrían tras ellos con la manguera en la mano, Lu capturaba todas esas fantásticas imágenes de lo que sucedía, yo corría con los niños para disfrutar del momento.

– ¡Ven aquí Rex! – gritaba Cristal.
– ¡No sigas huyendo Crash! – reía Alexander.

Esos rotwillers hacían felices a mis hijos y eso me complementaba aún más.

– ¡Vamos, atrápenlos! – reí.

Los niños hicieron caso, pero los canes seguían corriendo como ellos para no mojarse, en un descuido empujé por la espalda a Dero a la piscina cayendo yo con él, lo que provocó que los perros se lanzaran también.

– ¡Pero que haces! – rió Dero mirándome.
– Pues te integro a la familia – reí acariciando a uno de los perros.

Crash lamía el rostro de Dero mientras los niños también se lanzaron a la piscina con ropa puesta, enjuagué el shampoo que cubría a Rex mientras Crash nadaba con los niños.

 – Teresa ¿puedes traer los flotadores de Lilian? – le sonreí.
– Claro – sonrió.

Lu reía con todo mientras seguía fotografiando todo, apareció mi empleada con los flotadores y con Dero la jalamos para que se nos uniera. Era un momento gratificante, se sentía muy bien compartir un momento con mis hijos y parte de mis amigos, la piscina estaba llena de espuma y todos estábamos disfrutando.

– Vamos Lu, incorpórate – reí.
– No, que dices... debo tomar las fotografías – sonrió.
– Pues colócale el forro acuático y ven – rió Dero.
– No se preocupen, estoy bien así – rió.
– No me hagas ir por ti Lu – reí.

Sacó de su mochila el forro acuático y mientras cubría la cámara, salí y la empujé al agua.

– ¡Al agua te he dicho! – reí tomando una fotografía.

Rió con todos en la piscina y le di la cámara a Lu para volver al agua con ellos, los perros salieron del agua para recostarse en el sol que aún iluminaba para secarse, y saqué a los niños para que Teresa los bañara; Lu salió de la piscina y yo quedé sola con Dero, me tomó de la cintura y me besó mientras rodeaba su cuello con mis brazos; sonreí con este bello momento, parecía una de esas películas románticas... pero en verdad estaba pasando.

– Pero que gran foto... – rió Lu.

Dero no dejaba de besarme, no separaba su boca de la mía y eso me gustaba, Lu seguía sacando fotos de este momento, yo me sentía maravillada.

– Que lindos se ven – sonrió.

Dejé de besarlo y me sonrojé frente a ella, salí de la piscina empapada y me quite las Converse, Dero también salió quitándose los zapatos que tenía puestos.

– Quiero que publiques las fotos en la pagina de la banda – sonreí.
– ¿Yo? – se extrañó.
– Claro, te daré la contraseña para que lo hagas... quiero que seas la nueva fotógrafa de la banda – me senté en la escalera.
– ¿De verdad? – sonrió.
– Si – sonreí.
¡Eso es genial! – gritó emocionada.
¿Saben? Yo también quiero esas fotos en la pagina de mi banda – sonrió sentándose junto a mi Dero.
– Está bien... me iré para hacerlo ahora –sonrió Lu.
– Cuídate... y gracias – la despedí en la puerta.
– Cuando quieras linda – sonrió antes de irse.

Me quité la remera para secarme y Dero acarició mi estómago con su mejilla, yo estaba de pie y él sentado frente a mi, su cabeza quedaba a la altura de mi vientre.

– ¿Te imaginas si yo fuera el padre de esta criatura...? – sonrió.
– ¿Te gustaría? – lo miré.
– Me encantaría... – susurró cerrando sus ojos.

Acaricié sus cabellos mientras sentía el calor de su rostro en mi frío estómago, se puso de pie y me llevó adentro para cambiarnos de ropa; los niños estaban haciendo su tarea en sus cuartos respectivos y Teresa preparaba la cena. Sonó el teléfono y contesté.

– ¿Hola?
– ¿Nixie? – dijo una voz femenina.
– ¿Quién es? – me extrañé.
– Soy Bytha... – susurró.
– ¿Qué quieres?
– ¿Aún quieres las fotos? – dijo irónica.
– ¿Por qué?
– Ve hoy al bar Flux, a media noche... sola, tenemos que hablar – dijo seria.
– ¿Y si no voy?
– Te quedas sin las fotos – rió.
Está bien... nos vemos.

Corté con el corazón acelerado, eran cerca de las 20:00 horas y no tenía nada más que hacer; caminé a mi estudio, tomé el lápiz y el gran cuaderno donde tengo todas las últimas canciones con las que lanzaré un nuevo álbum solista. Escribí algunas palabras... las que me costó pensar y procesar para que sonaran bien con una melodía imaginaria.

– La cena está servida mamá – dijo Cristal en la puerta del estudio.
– ¿Qué hora es? – me asombré.
– Las 22:00 – me miró preocupada.
– Vaya... bajo en un momento – le sonreí.

Correspondió mi sonrisa y se fue, quedé asombrada como el tiempo voló tan rápido sin siquiera darme cuenta, bajé a comer dejando arriba mi mundo y sentándome en la cabecera junto a Dero y Alexander.

– ¿Hicieron sus tareas? – preguntó Dero.
– Sí – sonrieron los niños.
– Así me gustan, niños responsables – rió.

Él estaba jugando el rol de padre en la casa, algo que hacía falta hace mucho tiempo... Acabamos la cena aún riéndonos de lo que pasó en la tarde con los perros, lo disfrutamos como una verdadera familia y eso me llenaba de esperanzas. Los niños partieron a dormir luego de reírse de los chistes de Dero que también me hicieron reír a mí, se acercaba la media noche y salí al encuentro de Bytha en ese exótico bar.

Por la oscura noche se dejaban escapar los pensamientos positivos sobre aquel maldito asunto del asesinato, en el camino me encontré con el hijo de Mustaine, quién me acompañó hasta dicho bar para que no me asaltaran o alguna de esas cosas que suelen pasarle a una chica solitaria en medio de la noche, entró conmigo al exclusivo recinto y me acompañó hasta la mesa en donde se encontraba la susodicha con una cara de asombro al verme con aquel joven. Le dije a Justis que podía irse pero no quiso abandonarme, así que se sentó conmigo frente a Bytha, quién ya tenía el seño fruncido por algo que la había echo enojar.

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