Las recientes celebraciones de los cumpleaños de mi hijo Alexander el 4 de Junio y de mi mejor amiga y casi hermana Mischa el 5 de Junio, me tenían agotada; los días seguían avanzando muy rápido.
– ¿Estás lista? – preguntó Joseph desde el otro lado de esa ventana.
Levanté mi pulgar señalando que estaba preparada, activaron el micrófono y mi voz comenzó a sonar desde lo más profundo de mi interior. La emoción en ese momento era maravillosa, sentía un frío que abarcaba toda mi piel, pero este me emocionaba cada vez más, permanecí en ese estudio de grabación hasta el medio día.
– Mañana te esperamos para continuar ¿está bien? – sonrió.
– No hay problema – asentí.
Salí de allí y afuera del lugar estaban los periodistas que había olvidado que existían, estaba de buen humor así que iba a responder sus interrogantes.
– ¿Estás sorprendida con el éxito de tu último libro? – preguntó una bella mujer.
– Realmente sí, nunca creería que al público le gustaría tanto – reí.
– ¿Es cierto el rumor que Nevinger filmará una película? – preguntó un sujeto.
– Sí, hay mucho de cierto en eso – sonreí.
– ¿Qué hay de cierto sobre tu embarazo?
– ¿Quién les dijo eso? –reí asombrada.
– Tenemos fuentes Nixie, anda... respóndenos – rió.
– Bueno, sí... estoy embarazada
– ¿Quién es el padre? ¿Richard? – preguntaron.
– No les interesa – reí y subí a mi auto.
Encendí la radio y el motor silencioso del gran vehículo mientras sus cámaras chocaban en mis ventanas, partí al lugar en donde solemos ensayar con los chicos y allí los encontré.
– ¡Tu libro está buenísimo! – rió Andréu leyéndolo.
– ¿Te gusta? – me senté junto a él.
– ¿No crees que eres muy joven para escribir una autobiografía? – dijo Alex.
– Es solo la primera parte de mi vida muchacho – reí.
– ¿Te llamo Michael? – preguntó Mischa.
– No ¿por qué?
– Por el asunto de la película, se supone que comenzamos a grabarla la próxima semana – se extrañó.
– ¡No puedo creer que estaré en una película! – rió ansioso Alex.
– Principiante – bufó riendo Mr. B.
– ¿Ya eligieron al personaje de Max? – preguntó melancólico Andréu.
– Si, yo con Nixie lo elegimos... el sujeto es igual a él – dijo asombrada Mischa.
– Alex... estás despedido – rió Petter.
– ¿Eh? ¿Por qué? – hizo puchero Alex.
Todos reímos mientras nos posicionamos para tocar, sonaron las guitarras y el bajo, comencé a cantar y todos cabeceamos cuando se incorporó la batería... las melodías que teníamos eran asombrosas, todos miramos al frente como si hubiese gente observando cuando en realidad el lugar estaba vacío. Los grandes solos que provenían de la gran Bauer eran asombrosos, Petter seguía haciendo sus estupideces con Alex y Andréu gritando como un maniático excitado; acabamos luego de cinco canciones y tomamos un descanso merecido.
– ¿Cuándo sale tu nuevo disco? – me sonrió Mischa.
– No lo sé, mañana termino de grabar – la miré.
– Que genial suena eso ¿Cómo va tu embarazo? – sonrió.
– Oh, va muy bien ¿y el tuyo? – sonreí.
– Bien... supongo – rió.
– ¿Has hablado con Ville?
– Si, hoy en la mañana... – susurró.
– ¿Qué harás?
– No lo sé, Corey es quizá solo un pasatiempo... no me proyecto junto a él, seguiré con mi matrimonio hasta donde más se pueda – sonrió.
– Eso me gusta... solo quiero que elijas bien – la apoyé.
– Ese sujeto aún piensa en ti – rió.
– ¿Quién?
– Corey... cuando tenemos nuestros encuentros nocturnos a veces me llama pequeña Bauer... luego se da cuenta que yo no soy la pequeña Bauer – rió.
– No te creo – reí mirando a los chicos bailar sobre el escenario.
– Parece raro, pero es cierto
– Claro, como digas – volví a reír.
– Oye créeme, por algo te lo estoy diciendo Nixie – me habló serio.
– Como sea, no me interesa – dije seria.
Reímos al ver que Petter cayó del escenario, se levantó como “Terminator” lo que provocó carcajadas en todos los presentes.
– ¿Hoy quién invita el almuerzo? – rió luego de levantarse.
– Vamos a mi casa – me puse de pie.
– ¡Comida en casa de Nixie! – rió como un niño Alex.
– Me gusta que ya tomes confianza – rió Mischa.
Caminamos a la puerta y abordamos los cinco lujosos autos para ir a casa, parecíamos una mafia en las calles, era gracioso ver como todo el mundo miraba la caravana, en pocos minutos llegamos y estacionamos como pudimos los autos afuera de mi casa.
– Pobre del que se atreva a robarme el auto – rió Petter.
– ¿Quién va a querer robar esa chatarra? – reí.
– ¿Qué te sucede con mi tesorito? – hizo puchero.
Reímos y entramos a casa luego de ser víctimas de lamidas por parte de mis grandes perros, encontramos a Dero en la sala viendo televisión y los chicos se lanzaron sobre él para molestarlo, con Mischa fuimos a la cocina para ayudar a Teresa con el almuerzo.
– ¡Mujeres aceleren los motores que tengo hambre! – rió a gritos Petter.
– Pues ven a cocinar tú – grité.
– ¿Quieres que te cocine? – jugó con sus cejas de arriba para abajo.
Todas reímos en la cocina mientras que los chicos veían el DVD del MegaFest del mes pasado en el cuál participamos.
– ¿Hace cuanto que no cocinas Mischa? – reí mirándola.
– Hace poco, yo no soy como tú –bufó.
– Eso no me ofende, no niego que soy una vaga – sonreí.
Teresa reía con aquella rara conversación, servimos los platos con comida y los chicos se sentaron hambrientos; reímos con los comentarios que algunos hacían sobre el pollo, era un momento realmente agradable... los chicos hacen que mi día sea bueno de cualquier manera.
Tocaron el timbre y Dero se levantó a ver quién era; todos nos sorprendimos cuando éste cayó al suelo de un golpe.
– ¡Dero! – grité asombrada.
Vimos a Richard entrar en la casa y fruncí el seño, no me iba a dejar atemorizar por aquel hombre, no ahora... nunca más.
– Eres un traidor – dijo entre dientes mirando a Dero en el suelo.
Andréu con Petter dejaron de comer y se levantaron de la mesa para ayudar a Dero contra la ira de Richard.
– Eres mi mejor amigo... ¿cómo pudiste? – gritaba con los ojos desorbitados.
– Richard cálmate – lo miré tranquila.
– ¡Aléjate de él! – gritó cuando me acerqué a ver a Dero.
Éste se levantó y miró imponente a su amigo.
– Tranquilízate Richard – dijo acelerado.
– ¿Por qué debería? ¡Te acuestas con mi esposa!
Petter siendo más fuerte sujetaba a Richard para que no se precipitara golpeando a cualquiera.
– Tranquilo grandote – susurró Mr. B.
– ¡No puedo tranquilizarme! – bufó alterado.
– ¿A qué has venido? – lo miré disgustada.
– ¿A qué cree? A recuperar lo mío – me miró.
– Ella no es un objeto, no le pertenece a nadie – dijo Dero parado junto a mí.
– ¿Y por eso te besas con ella mientras yo estoy de gira? ¿Por eso tú quieres el divorcio? – gritó.
– Si no te calmas, no se puede hablar contigo – susurró Dero.
– Como crees que me sentí al ver a mi mejor amiga besarse con mi esposa – gritó alterado.
Petter seguía sujetándolo mientras yo reí a carcajadas.
– ¿Y cómo crees que me sentí al enterarme de que te acostabas con Bytha? O mejor aún... que tendrías un hijo con ella – reí sarcástica.
Guardó silencio.
– Predicas pero no practicas... vete de mi casa Richard – dije seria.
– No puedo creer lo que has hecho Dero, arruinaste mi familia... – lo miró con desprecio.
– No arruiné nada ¿sabes? Los niños son más felices conmigo porque soy un padre presente... – dijo calmado.
– Hijo de...
Se abalanzó nuevamente sobre él, Petter lo detuvo y yo abofeteé a Richard.
– ¿Sabes lo que se siente que el amor de tu vida esté esperando el nacimiento de tres bebés al mismo tiempo, de diferentes mujeres? ¿Sabes lo que se siente que tus hijos disfruten más con otro hombre que con su propio padre? No tienes idea de cuanto me he cuestionado todos estos días contigo lejos... no sé porque volví a cometer el mismo error de casarme contigo... las personas no cambian... ¿lo recuerdas? Pues es cierto... – respiré agitada.
Un silencio se hizo presente en el ambiente, sus ojos grises me observaban apenados, la mano de Dero sostenía la mía y eso me hacía sentir segura.
– Quiero que te lleves tus cosas y vuelvas con tu vida allá en New York con esa mujer... no quiero tener cerca de otro mentiroso – dije entre dientes.
Richard asintió con sus ojos cristalinos, apretó su mandíbula y miró a Dero con los ojos encogidos, al parecer se había calmado un poco.
– Está bien... me iré, pero esto no quedará así – susurró.
– Vete de una maldita vez – lo miré indiferente.
Salió de la casa alterado y cerré la puerta con seguro para prevenir cualquier cosa que pudiese pasar.
– Ustedes no vieron nada – respiré agitada mirando a los chicos.
– ¿De qué hablas? – rió Mischa.
– Así me gusta – sonreí.
Acabamos de comer con un silencio incómodo, nadie decía nada y eso era molesto... demasiado.
– Que rica está la comida – sonrió Alex.
– No mientas, no es para tanto – rió Petter.
– Cocinamos bien, no seas ingrato – rió Mischa.
– Sí, es cierto... está delicioso – sonrió dulcemente Andréu.
– Por fin alguien de buen corazón – reí mirando a Andréu.
Dero permanecía callado acabando su plato, lo miré y me sentí mal con todo lo que había pasado; Teresa retiró las cosas de la mesa y los chicos se marcharon luego de un rato de conversación. Cerré la puerta y vi su figura sentada aún a la mesa, con sus dedos entrelazados a la altura de sus labios, pensando en quizá que cosas; me acerqué por atrás y besé su oreja.
– ¿Qué tanto piensas? – susurré.
Movió su cabeza para alejarse de mis labios.
– Richard tiene razón... yo solo arruiné su familia... – susurró.
Fruncí el seño y apoyé mi mentón en sus cabellos.
– Tú no arruinaste nada, él no supo valorar lo que tenía...
– Pero... – susurró.
– No hay peros Dero, tú solamente me abriste los ojos – sonreí levemente.
Acaricié su mejilla desde atrás con una de mis manos y éste la tomó con las suyas para besarla.
– No quiero perderte...
Esa frase hizo que mi interior retumbara, cuantas veces la había oído por parte de mi exmarido y finalmente logró por perderme; cerré los ojos suspirando.
– Y yo no quiero perderte a ti... – besé su cabeza.
Mis ojos dolían y sin darme cuenta corrieron unas saladas lágrimas por mis mejillas, Dero se levantó tomando mi rostro entre sus manos.
– Mírame a los ojos... – susurró con su voz varonil.
Lo hice y me sentí frágil como nunca antes, un frío sin razón se apoderó de mi cuerpo y su rostro me apuntaba como culpable.
– No quiero dejarte por nada, contigo me siento completo y no dejaré que sigas sufriendo
Besó mi frente y me largué a llorar como una niña pequeña que pierde su primera muñeca, un dolor presionó mi pecho y la desesperación aprisionaba mi garganta, lloré con gritos en su hombro mientras él respiraba angustiado en mi cuello.
– Llora... llora todo lo que puedas querida, aléjate de todo el sufrimiento... no quiero que tengas más de eso por un buen tiempo pequeña – besó mi hombro.
Hice presión con mis ojos para liberarme de esas pesadas lágrimas que arrastraba desde hace décadas, lloré más de lo que lloré en toda mi vida; sus manos acariciaban mi espalda para que no me sintiera sola, yo presionaba la suya trayéndolo a mi. Comenzó a cantar una bella canción para tranquilizarme, la agonía en mi interior estaba desapareciendo como por arte de magia. Tomó mi rostro nuevamente entre sus manos y besó con cuidado mis labios, aún no detenía mi llanto y de seguro tenía el maquillaje fuera de lugar, pero eso no importaba... con él todo era maravilloso.
– Te quiero... – susurró y volvió a abrazarme.
Abrí mis ojos y respiré profundo deleitándome con su aroma, dejé de llorar porque ya no me quedaban lágrimas, lo miré atenta sin entender lo que estaba pasándome.
– ¿Estás mejor? – sonrió levemente.
Asentí y lo besé desesperada, necesitaba sentir sus labios tocando los míos, necesitaba sentir su lengua rozando a la mía, era necesario succionarla a mi boca porque quería a este hombre conmigo hasta que mi respiración se detuviera para siempre, hasta que dejase de existir. Acarició mi mejilla mientras sonreía con mi reacción, dejé de besarlo y éste me abrazó con una fuerza acogedora.
– Gracias por existir en mi vida... gracias por quedarte conmigo – susurré sonriendo.
Sus lágrimas en mi hombro me demostraban que él era sincero en todo lo que decía; no sé porque... pero todo sería diferente de ahora en adelante...
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