Se
dio inicio a la segunda fase del juicio “Escobar vs. El estado” Que más bien
dicho ahora sería “Salinas vs. El estado”, me apellido de origen español sonaba
bien como para una telenovela… sonaba bien; yo tomaba todo este asunto con
humor, todo lo contrario a mis queridos amigos.
–
¿Desde cuando notó un comportamiento inadecuado en la
señora Salinas? – preguntó aquel abogado.
–
Un tiempo antes de que decidiera irse a Europa… – respondió
el rubio Andréu.
–
Usted dijo haber encontrado sustancias entre las pertenencias
de la señora Salinas, ¿Por qué no decidió hablar antes?
–
Pues porque es mi amiga… y en un principio pensé que se
daría cuenta de que eso no estaba bien y que lo dejaría, pero no fue así –
levantó sus cejas.
–
¿Por qué no le comentó a sus compañeros lo que había
sucedido? ¿Por qué ocultárselos? – insistió.
–
Ya le dije, no pensé que esto pasaría a mayores… creí que
todo iba a terminar bien – me miró apenado a la distancia.
El
sujeto lo miró dudando, se alejó de aquel gran amigo y me miró de reojo.
–
No hay más preguntas…
Mac
tomó mi mano por debajo de la mesa y me observó dudando.
–
¿Estás segura de esto? – susurró.
–
Sí… hazlo – sonreí apenada observando sus azules ojos.
Asintió
preocupado y se puso de pie ante el juez.
–
Llamo a la señora Camila Herrera, alias… “Bytha Johnson” al
frente – dijo imponente.
El
juez asintió e hizo una señal para que aquella mujer pasara al frente, en todo
momento hubo un silencio incómodo, no me gustaba mucho pero debía tolerarlo si
quería que todo resultase como yo quería.
–
Bytha… ¿tú que sabes sobre todo esto? – Mac la miró
interesado.
–
Pues la verdad… no sé mucho – rió.
–
¿Qué es lo que sabe?
–
Para ser sincera, pensé que Andréu estaba enfadado con…
Cony por ser una perra… porque se acostaba con su exnovio Corey.
–
Limite su vocabulario por favor – dijo el juez molesto.
–
Está bien – dijo molesta – Pero es lo único que sé, jamás
se me pasó por la cabeza que ella era traficante…
–
Esto deja en claro que ella no es un testigo confiable –
alzó la voz Mac.
Sonreí
mientras Bytha fruncía el seño; el juez dejó a esa loca como una testigo
absuelta del juicio, eso significaba un problema menos.
Avanzó
la mañana… testificó Richard, que poco sabía, Petter, Alex, Ángela y Aya… era
el turno de Corey.
–
Dígame señor Taylor… ¿Qué relación tiene usted con la acusada…?
– preguntó el abogado querellante.
Me
miró en un crudo silencio, parecía que mis venas ardían al sentir encima la
mirada de esos azules ojos…
NOVIEMBRE 2006.
–
No puedo creerlo…
–
Ahora, ves que yo tenía la razón – dije molesta.
Sobre
la pequeña de centro estaban todas las cartas que le mandé a Corey durante el
año y medio que estuve en Europa, Bytha las había guardado y escribía
haciéndose pasar por mí; en estas cartas estaban todas las respuestas que jamás
Corey recibió y lo que por obvio hizo que nuestra relación acabase producto de
puras mentiras, las que Bytha escribía.
–
Esto no puede ser cierto – negaba con su cabeza.
–
Aún no has visto la más importante…
–
Espera... ¿Cómo las obtuviste?
–
Ella vino a dejármelas hace un tiempo… le dio un arranque
de piedad o algo así – reí.
–
Vaya… entonces, muéstrame aquella carta – sonrió.
Asentí
con dolor, la saqué desde aquel cajón y se la di, a medida que leía… su cara se
fue transformando.
Corey:
Ha pasado mucho tiempo desde que te
escribí la última carta, y aún no me das explicaciones razonables sobre tu
cambio tan repentino, no sé lo que te pasó y en verdad me gustaría saber bien
lo que pasó… no me agrada para nada como me estás tratando, no sé que mierda
estás pensando, pero sé bien que yo no eh echo nada para merecerlo. Ese tal
Richard, como tu te refieres, es solo un sujeto que quiere conocerme, siquiera
se quien es, así que no te preocupes por ello… aunque ni siquiera sea asunto
tuyo. Quisiera poder llamarte y así aclararlo todo, pero los chicos no me dejan
usar los teléfonos por motivos de concentración, quieren que aprenda bien todo
el manejo de las guitarras y creo que cuando acabe podremos hablar… eso espero
con ansias; y espero también que podamos resolver este maldito asunto, no sabes
como me siento al leer las cartas que me has escrito… nunca pensé que alguien
podía despreciarme tanto.
Ya no sé
muy bien como decirlo, pero sí, asumo tu perdida… todo acabó Corey, espero que
seas muy feliz allá con tu nueva vida sin mí, tuve que enterarme por revistas
que te casaste hace poco con una tal Scarlett. Que envidia por aquella mujer
¿sabes? Pero les deseo lo mejor, sí… eso creo; que las buena vida los acompañe
y con el dolor de mi alma te escribo (porque no puedo decirte) que no quiero
volver a verte jamás. Como tu bien dijiste en tus anteriores cartas, sigue con
tu vida, no quiero verte la cara nunca más… el daño que me has hecho no se lo
deseo a nadie.
Ah y
antes que termine esto, quiero darte a conocer una noticia que me mantiene bien
después de todo, quiero decirte que tengo siete meses de embarazo, sí, y si
recuerdo bien… hace siete meses fue la última vez que estuvimos juntos. ¿Eso
que quiere decir? Pues te lo haré fácil idiota… Seremos padres, de una bella
niña, ayer fui al médico y me dio a conocer el sexo de la niña; nacerá para eso
de febrero del próximo año, me hubiera gustado verte la cara de felicidad, que
supongo hubiera sido esa la más apropiada.
Como
sea, esta será la última carta que te escribo, no sabrás más de mí quizá dentro
de mucho tiempo, no quiero que me busques, que me llames o sea lo que hagas,
quédate conforme con que sabes que tendrás una hermosa hija que llevará tu
apellido, no le hablaré de tu existencia hasta que sea el momento correcto
¿está bien? Y espero que ese día estés dispuesto a conocerla… Y pues, con el
dolor de mi alma sexy rubio… me despido y doy por finalizada mi misión de
relatarte todo lo que me ah pasado. Te sigo amando Corey, que seas muy feliz
allá con tu vida, procura no olvidarme, porque yo no lo eh echo contigo cariño…
Hasta pronto.
Connie.
Quedó
con la mirada ida mientras yo permanecía de brazos cruzados mirando por la
ventana a Cristal y Alexander que estaban con Richard jugando, Corey me miró
boquiabierto… sin saber que decir.
–
¿Esto es cierto…?
–
Es la última carta que te escribí… pero al parecer ninguna
llegó a tus manos – levanté mis cejas.
–
Cristal… es mi hija – se puso de pie.
Asentí
sutilmente y sus cejas se desfiguraron, pareciera que quería llorar… pero no
sabía lo que pasaría en verdad.
–
¿Por qué no me lo dijiste antes?
–
¿Cómo querías que te lo dijera? Cuando volví aquí tu me
odiabas en demasía… no quería que lo supieras… no lo merecías después de todo
lo que me hiciste – dije melancólica.
–
Es mi hija… ¡Tenía derecho a saberlo!
–
No después de cómo me trataste, no después de todo lo que
me dijiste, hasta James fue un mejor padre que tú – encogí mis ojos.
–
¿Hetfield? Pensé que él era el padre… pasaban gran parte
del tiempo juntos – negó con su cabeza.
–
Eres un completo idiota. James es como mi padre y un buen
amigo… él es cercano porque estuvo en el parto de nuestra hija Corey, él estuvo
presente cuando tú deberías haberlo estado – dije molesta.
En
ese preciso momento ingresó la pequeña por el ventanal, mirándonos extrañada.
–
Mamá, Alexander tiene hambre – susurró.
–
Cristal… ven aquí – me incliné sonriendo.
Corey
comenzó a lloriquear mientras la observaba en mis brazos.
–
¿Ves a este hombre?
–
Sí… – susurró.
–
Él es tu papi… – sonreí levemente.
–
¿Tú eres mi papi? – sonrió la pequeña mirándolo.
–
Sí pequeña… yo soy tu padre – comenzó a llorar.
La
tomó entre sus brazos y los dejé solos un momento, salí en busca de Alexander
para amamantarlo, apenas tenía unos meses de nacido; Richard se acercó a mí.
–
¿Se lo has dicho?
–
Sí… – suspiré.
–
Tranquila mi amor, todo estará bien – me abrazó.
Desde
aquel día mi relación con Corey volvió a ser de amantes prohibidos, a
escondidas volvimos a reunirnos… aquella flama que hubo desde nuestra primera
vez juntos había vuelto a aparecer; sin querer todo lo que había dicho se hizo
realidad, él se arrepentía de todo lo mal que me había tratado… nuevamente todo
tenía un sentido lógico.
HOY.
–
Llamo a la señora Naomi Backhmann al banquillo…
La
chica tomó asiento, me miraba nerviosa e insegura, era la penúltima persona en
testificar… todo estaba saliendo bien.
–
Señorita Naomi ¿podría decirnos en qué circunstancias
conoció a Constanza Salinas?
–
Pues… allá en Berlín me comentó que venía huyendo de algo
grande… – tragó saliva.
El
abogado arqueó una de sus delgadas cejas y miró al juez, se acercó a Naomi y la
observo un instante.
–
¿Pero como la conoció? – insistió.
–
Pues, ella quería formar una banda… y un amigo me llevó
hacia ella… – dijo nerviosa.
Atrás
podía sentir el nerviosismo de los espectadores… seguían molestos con lo que
estaba pasando.
–
¿No le comentó de qué estaba huyendo? – preguntó aquel
sujeto.
Naomi
negó con su cabeza, sentí como mi presión sanguínea se desbalanceada…
HACE UN MES, EN BERLÍN.
–
¿Quieres conquistar a Corey no? – encogí mis ojos molesta.
–
Sí… ¿Por qué? – se extrañó.
–
Yo puedo ayudarte para que caiga a tus pies…
Sonrió
sin poder créelo.
–
¿Y ese cambio tan repentino? ¿Qué quieres a cambio? –
sonrió.
–
Que hables mal de mi en un juicio que se realizará en
California próximamente – bebí mi trago.
–
¡¿Qué?! ¿Por qué haría eso? – frunció el seño.
–
¿Quieres conquistar a Corey? Pues este es el precio que
debes pagar – encogí mis ojos.
–
¿Por qué quieres eso? ¿Qué es lo que sucederá más adelante?
Pareces una loca – susurró molesta.
–
Hazlo Naomi, te lo ordeno como tu jefa
–
Pero eres mi ídola, no me perdonaría nunca que por mi culpa
tu música desapareciera.
–
No desaparecerá, solo yo lo haré… pero volveré – sonreí.
–
Está bien… lo haré – dijo molesta al ver dinero sobre la
mesa, a cambio de su colaboración.
La
lluvia no cesa bajo este oscuro cielo, mis miedos me atormentan tan solo como
ellos saben hacerlo, el tiempo no se detiene y me hace creer que esto jamás se
detendrá…
–
Llamo a la señora Constanza Salinas al frente – dijo
imponente el abogado.
Mac
besó mi mano antes de que me levantara y caminase al banquillo, sentí como todos
me observaban con lástima e incomprensión. Tomé asiento y entrelacé mis dedos
sobre mis piernas cruzadas, estaba tranquila, tanto… que asustaba, no había
expresión en mi rostro, lo que hacía de esta situación pan comido.
–
Señora Salinas… pero que sorpresa verla aquí después de
tanto tiempo – dijo irónico.
–
Al tema Dickinson – dijo el juez.
Sonreí
de media luna, su apellido me hacía mucha gracia. El sujeto me condenó en
oportunidades anteriores por varios delitos menores, esta no sería la primera
vez que iría a prisión, pero sería la primera más larga…
–
Lo siento señor… ¿Cómo se declara señora Constanza? –
levantó sus cejas, aún irónico.
–
Culpable – lo miré indiferente.
–
Bien – sonrió Mac a la distancia.
El
idiota de Dickinson me miró atónito, sin saber lo que podía decir, quizá pensó
que se la haría difícil como la última vez que estuve frente a él, pero no…
Mientras avanzaban lo minutos, muchas preguntas surgieron y el sujeto no se
guardó ninguna duda…
–
¿Por qué dejó que culpasen a su amiga?
–
Yo no dejé que la culparan, ustedes decidieron culparla a
ella y no a mí – levanté mis cejas.
–
Pero usted a último momento se declaró culpable… hace un
mes que se pensaba que la señora Escobar era la responsable de dicho crimen…
–
Cuando los sentimientos se involucran todo sale mal… –
susurré.
–
¿A que se refiere?
–
No era problema mío lo que le pasara a ella…
–
¿Y porqué cambio de opinión? ¿Por qué gritar a los cuatro
vientos que usted es la culpable? ¿Por qué ahora? – encogió sus ojos.
Había
llegado el momento… estaba esperando esa pregunta desde hace mucho tiempo ¿Por
qué ahora? Y en verdad ni yo lo sabía, no tenía idea de lo que estaba haciendo.
“No te dejaré nunca. Cuando te sientas sola recuerda que
yo existo… jamás te abandonaré, pase lo que pase yo estaré contigo…”
¿Sabes
Dero? Ya no le encuentro lógica a ello… no sé si debería sentirme sola, después
de todo… tú ya estás muerto…
–
No debo hacer que los demás paguen por mí… mucho menos mi
mejor amiga – sonreí viendo como Mischa lloriqueaba.
–
Aún hay algo que no entiendo – caminó un poco – ¿Cómo
equivocarse de persona? Es decir, usted y su amiga son muy diferentes… – me
miró dudando.
–
Es fácil engañar al mundo, más aún para alguien que sabe
hacerlo… Ustedes fueron los que se equivocaron… no yo. No fue complicado
desviar la atención de la policía hacía Sofía… ¿Quién dudaría de una persona
tan honorable como yo? – reí irónica.
¿Honorable?
Pero que patrañas estaba diciendo…
–
Su señoría, creo que continuar con preguntas es perder el
tiempo, mi cliente ya se declaró culpable bajo todos los cargos – alzó la voz
Mac, anteponiéndose a lo que pudiera decir si el sujeto comenzaba a molestarme.
–
Es cierto – golpeó su martillo contra la mesa – El
veredicto del jurado será dado a conocer dentro de quince minutos…
Dickinson
me miró con desprecio y yo me puse de pie mientras con una leve sonrisa de
victoria me burlaba en su cara. Esperamos con Mac junto a los chicos afuera de
la corte, esos quince minutos se volvieron los más largos de mi vida… los
rostros de los chicos me preocupaban, pero todo ya estaba echo. Ingresamos
nuevamente a la sala luego del tiempo estimado… una mujer se acercó al juez y
le entregó un sobre, el juez alzó la voz y todo se fue a la mierda…
“Hoy 5 de Diciembre
del año 2011 se declara a la señora Constanza Liliana Salinas Proust culpable,
por el delito de exportación de sustancias ilegales a civiles sin cargo fijo.
Se le designa una pena mínima de cinco años y un día a llevarse a cabo en la
cárcel de los Ángeles, California, con posible traslado dependiendo de su
conducta. Por el momento no hay monto para una fianza fija…”
Mi
sonrisa desapareció, sentía que me había lanzado un balde de agua fría encima,
recién estaba despertando de este estúpido sueño… solo ahora estaba conciente
que estaba cometiendo una locura en todas sus palabras…
Es como un viejo camino que solía recorrer... y que hoy recordaba a la perfección.

