Con
profundo silencio sentía la resaca atacándome, no era primera vez que
despertaba en este estado, pero sabía que algo no estaba bien. Cuando desperté
no abrí los ojos de inmediato, quise
sentir en donde estaba… me sentía recostada en una suave cama, cubierta por una
cálida sábana ¿dónde mierda estaba? La curiosidad me atormentaba, así que abrí
los ojos sin cautela y miré a mi alrededor, me encontré en una gran cama
matrimonial, semidesnuda, solo con mi ropa interior. Junto a mí había un
espacio vacío… alguien había dormido conmigo.
–
¿Pero que mierda hice anoche…? – dije cubriendo mi rostro
con una mano.
No
quería entablar una relación con alguien no mucho menos tener sexo después de
la reciente perdida de Dero; era primera vez que me sentía de esta manera tras
no recordar lo que hice la noche anterior, ni siquiera sabía donde estaba. De
pronto un extraño ruido captó mi atención, supuse que provenía desde el “baño”,
y me mantuve alerta hasta que de una puerta salió Sean, el mismo sujeto que
había oído todos mis lamentos; él estaba en boxer y permaneció parado en el
marco de la puerta sonriendo con una ceja arqueada, sonriendo porque me cubrí
el cuerpo con la sábana, asombrada y cohibida al ver sus atributos.
–
Buenos días – sonrió.
Lo
miré boquiabierta sin saber que decir, levantó sus cejas sonriendo y se acercó
a la cama, se sentó junto a mí mientras con su mirada me pedía que le dijera
algo…
–
¿Cómo dormiste? – besó mi hombro.
–
¿Qué fue lo que pasó anoche? – susurré afligida.
–
¿No lo recuerdas?
–
No… – supliqué.
–
Fue una gran noche ¿sabes? Pero pudo haber sido mucho
mejor…
–
¿A que te refieres…? – me extrañé.
–
¿De verdad no recuerdas nada de nada? – rió.
No
entendí bien a lo que se refería, la situación ya era bastante extraña pero la
curiosidad era poderosa y tenía que saber todo lo que hice con este sujeto en
el transcurso de la noche.
–
¿Me puedes decir que fue lo que hicimos exactamente
anoche…? – levanté mis cejas aterrada.
Rió
a carcajadas y luego acarició mi mejilla con su pulgar, dulcemente.
–
No te preocupes… no tuvimos sexo ni nada por el estilo –
encogió sus ojos de manera tierna.
–
¿No? ¿Y que hacemos en ropa interior? – me asombré.
–
Pues… estábamos borrachos, demasiado – rió – y no recuerdo
como, pero nos besamos… luego nos vinimos a mi casa porque ya era tarde;
seguimos besándonos y cuando subimos al cuarto nos comenzamos a quitar la ropa,
y antes de que quitara tu corpiño comenzaste a llorar – acarició mi cabello.
–
¿A llorar…?
–
Sí, dijiste que era muy pronto para el siguiente paso, que
no estabas preparada y que no querías traicionar la memoria de Dero… comprendí
como te sentías así que solo dormimos juntos… nos acariciamos pero no hicimos
nada que tú no querías…
¿Era
cierto todo lo que él había dicho? No podía creer que aún estando borracha pude
haber honrado la memoria de Dero, pese a que Sean no lo conoció entendió mi
situación y eso era realmente admirable; este hombre se estaba ganando mi
cariño…
–
¿sabes algo? – sonrió aún mirándome.
–
¿Qué? – sonreí levemente.
–
Ese Dero tenía mucha suerte al haber tenido a una bella
mujer como tú a su lado, siento envidia por él…
–
No digas eso – dije melancólica.
–
Es cierto, eres hermosa – besó m frente.
Él
emanaba una ternura plena, era un sujeto realmente adorable… me hizo sentir
especial de cierto modo y eso me confundió un poco, hombres como él hacen falta
en este maldito mundo. Hice que me mirase de frente y lo besé con delicadeza,
sus labios impactaron con los míos y luego de un instante nuestras lenguas se
abrazaron con timidez, él no era osado y no quería aprovecharse de mí, eso… me
volvía loca. Me alejé luego de un rato,
no quise mirarlo a los ojos… lo que estaba haciendo no estaba bien, pero él
sonreía mientras no dejaba de observarme.
–
Debo irme – susurré.
–
Debo saber si nos volveremos a ver…
–
Si tu quieres, yo no tengo problema – sonreí.
–
¿Estás dispuesta a vincularte conmigo? – levantó sus cejas.
–
Digamos que necesito un tiempo… si estás dispuesto a
esperarme, sería todo un placer
–
¿Cuánto tiempo? – me miró interesado.
–
No lo sé… hoy sabré cuando tiempo tendré que desaparecer…
–
Te esperaré todo el tiempo que sea necesario – volvió a
acariciar mi mejilla.
Sonreí,
él sabía lo que tenía en mente respecto a lo de Mischa y pese a ello estaba
disponible a mi servicio.
Ya
era medio día cuando abandoné su casa, había hablado con Mac para reunirnos en
un lugar y así poder almorzar juntos… había asuntos que resolver. Sentada en
una mesa que daba junto a la ventana esperé ansiosa a mi abogado, de cierto
modo haber despertado junto a Sean me había animado.
–
Lamento la demora, el tráfico está terrible – se disculpó.
–
No hay drama – sonreí.
Pedimos
unos platos para comer y luego de una charla relativa hablamos del tema en
cuestión.
–
¿Cuántos años creen que me den por ello? – levanté mis
cejas.
–
Mínimo cinco años… ¿estás segura que quieres hacer eso? –
dijo preocupado.
–
Sí, ya tomé la decisión… ¿Qué tengo que hacer para que me
den la pena mínima?
–
Pues asumir tu culpabilidad… con eso ganas el juicio.
Tienes que ser muy convincente si quieres que eso resulte Nixie.
–
Lo sé Mac, tengo todo listo… está todo a mi favor – sonreí.
–
Aún no entiendo porque haces esto
–
Si todo resulta bien te lo diré, antes no – reí.
No
podía creer que podía lograr estar cinco años lejos de todos, volvería a ser
una renegada social. Esa misma tarde me reuniría con los chicos de Nevinger
para hablar del mismo tema, ellos eran mi principal carta para jugar; muchas
cosas estaban pasando y debía saber elegir bien para poner en marcha las cosas
que tenía en mente.
Con el transcurso de la tarde mis nervios se volvieron
impulsos para dar a conocer mi punto de vista; tomé un taxi y me dirigí al
lugar en donde hace mucho tiempo yo solía ensayar con ellos, estaba calmada al
bajar del taxi… caminé tranquila hasta dicho lugar y al entrar me encontré con
aquellos rostros confundidos y felices al mismo tiempo, sabían que algo andaba
mal. Sonreí levemente para no preocuparlos demasiado, caminé a la mesa que
estaba rodeada por ellos cuatro y tomé asiento en la silla vacía que me
esperaba.
–
Hola… – susurré mirándolos.
Sonrieron
como en los viejos tiempos, me hicieron sentir bien pese a todo lo que había
pasado.
–
Ha pasado mucho tiempo desde que no los veía sonreírme…
espero que tengan tiempo porque debo decirles muchas cosas – dije ya seria.
– No nos iremos de aquí hasta que quede todo claro… – sonrió
Andréu, como el viejo francés.
Respiré
profundo con una mirada fija, era hora de comenzar a hablar…
Pasaron
los días, Diciembre ya había llegado y el juicio estaba a tan solo un par de
días; Richard estaba en casa para aclarar la situación complicada que estaba a
punto de comenzar.
–
¡No puedo creer que hagas eso… es una estupidez! – dijo
furioso.
–
Es algo necesario, no cuestiones mis decisiones Rich… solo
quiero saber si te harás cargo de nuestros hijos
–
No me gusta la idea de separar a los niños… ¿no tienes otra
solución? – levantó sus cejas.
–
No, es lo único que puedo hacer, y si no quieres tomar tus
responsabilidades tendré que dejar a los niños con Corey – dije serena.
–
Claro que no, yo me llevaré a Lilian y Alexander. Es un
gesto realmente noble lo que estás haciendo
–
No me importa como la gente lo llame, solo me preocupa lo
que pase con mis hijos durante mi ausencia… créeme que no me gusta la idea de
separarlos pero no hay más alternativas – respiré profundo.
–
Eso te pasa por tener hijos de diferentes hombres – bufó.
–
Cállate Kruspe, ese no es problema tuyo; solo voy a pedirte
que viajes de vez en cuando para que los niños vean a Cristal… no quiero
distanciarlos ¿entiendes?
–
Está bien, pero no me pidas que me lleve bien con ese
Taylor – encogió sus ojos.
–
No te estoy pidiendo eso, me importa una mierda lo que pase
entre ustedes, solo me preocupan los niños – sollocé.
–
Tranquila, todo estará bien amor…
Se
puse de pie y me abrazó, no quería que lo hiciera pero estaba tan vulnerable
que fue inútil resistirse, él para mí aún era importante, era un ser protector…
en verdad no sé que tenía, tal vez eso fue lo que me conquistó de él hace ya
ocho años, que me protegiera incluso de mí misma.
–
Espero que sepas bien lo que estás haciendo – susurró
mientras me apegaba a su pecho.
–
En verdad no sé que estoy haciendo – reí dejándome llevar
por su perfume.
–
Aún tienes tiempo de dar un paso al costado y que todo siga
su rumbo… como corresponde – me miró preocupado.
–
Déjame, esto es algo que debo hacer – lo miré fijo a sus
ojos.
–
¿Con que fin? – sujetó mi rostro.
–
Debo pagar todos mis errores… debo sufrir tanto y más como
a todas las personas que le eh echo daño, debo callar este sufrimiento de
alguna manera – comencé a llorar.
–
Sé que la perdida de Dero fue dolorosa, pero no es para que
cometas este tipo de locura… por favor… recapacita – susurró.
–
Es inútil, ya todo está en marcha como yo quiero – me
aferré a su cuerpo, llorando.
Permanecimos
así un buen rato, lloró conmigo la perdida de uno de sus mejores amigos… en
este momento Richard fue muy importante y fundamental, él se sentía tan mal
como yo y eso de alguna manera me servía de consuelo.
–
Quiero que viajen ¡ya!
–
Estamos abordando el
maldito avión, ten calma Nixie – dijo enojada.
–
No me importa, les di una buena suma de dinero así que
cumplan con su parte.
–
Lo haremos, deja de
preocuparte… todo está en marcha – bufó.
–
Eso espero – dije molesta.
–
No me hables en ese tono
Bauer o me arrepentiré de todo lo que estoy haciendo por ti – gritó Naomi.
–
Tú no tienes el maldito derecho de hablarme así, recuerda
que soy tu jefa…
–
Sí, como digas – cortó.
–
Maldita idiota – susurré entre dientes al lanzar el
teléfono lejos.
–
Creo que ya debo irme – rió Richard al salir del baño.
–
¿Qué dices? Quédate aquí en casa, no hay problema… es mejor
que un hotel – sonreí.
–
¿Estás segura?
–
Sí, además los niños estarán felices de verte
–
No quiero que te confundas conmigo lindura – sonrió.
–
Ya no pasa eso alemán, acepta mi oferta y quédate a dormir
hasta que tengas que volver a New York – lo miré con dulzura.
–
Está bien, ¿pero donde dormiré? – rió.
–
Conmigo – reí.
Abrió
sus ojos mientras reía.
–
No, mentira, hay habitación para huéspedes – sonreí.
–
Creo que eso sería mejor opción – rió.
Pasó
la tarde, los niños aparecieron y se pusieron felices al ver a Richard en casa…
compartimos un rato en familia como en los viejos tiempos; las sonrisas de los
niños me hacían sentir bien, aún no podía creer que tendría que soportar tanto tiempo lejos de mis hijos…
se me hacía terrible.
Cuando
un deseo se vuelve obsesión, los sentimientos dejan de ser sinceros, las
mentiras fluyen con más naturalidad y el sufrir se vive en un tortuoso
silencio; eso es a lo que yo me estaba enfrentando, a todo eso y mucho más;
jamás sabré de verdad si lo que estaba haciendo está bien o mal, porque siempre
hay puntos de vista completamente diferentes y siempre le encuentro la razón a
todos… menos a mí y eso es un grave problema que debo solucionar sea como sea.
Ahora solo una pequeña luminaria puede salvarme de toda esta oscuridad que me
ataca, mis errores son llamados pecados por todas esas personas que creen en
algo superior, algo que prometió salvarnos en los peores momentos… yo esperé
muchas veces que ese ALGO apareciera para salvarme en ese peor momento y nunca
apareció… jamás me salvó.
Ese lugar fue testigo de muchas cosas, tantas buenas como malas, pero eso jamás importó... porque volvimos a vernos las caras en ese mismo lugar, como si nada hubiera pasado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario