Todas las canciones son anécdotas, todas las versiones tienen historias, todas esas historias son reales…
Unas voces extrañas se hicieron escuchar a medida que abría mis ojos, una brillante luz me cegaba y así pude reaccionar; desperté por completo, me senté en el borde de aquella camilla en que se depositó mi cuerpo.
– ¿Cómo se siente señorita? – preguntó un sujeto con bata blanca.
– Sí, estoy bien – lo miré encogiendo mis ojos.
– Eso es bueno, hay una persona que quiere verla – sonrió complicado.
– ¿Quién…? – levanté mis cejas aún media dormida.
Hizo que mirase hacía donde apuntaba mi espalda y pude ver al gran C-Kark con una aterradora cara, se acercó lentamente hacía donde yo estaba, me miró sin expresión alguna en su rostro y eso me asustó un poco.
– ¿Qué sucede? – me extrañé.
– ¿No te lo han dicho…?
– ¿Decirme qué…?
Reaccioné, recordé… miré mi vestido y la sangre en mis manos, negué con mi cabeza mientras que de mis ojos corrieron unas lágrimas.
– ¿Dónde está Dero? – miré a C-Kark.
– Él… – guardó silencio.
– ¡¿Dónde está?! – grité.
– Nixie… Dero murió. No soportó el impacto de la bala…
Sentí con esas palabras como el alma se me partía, mi respiración perdió el control y mis ojos estallaron, al igual que en las películas grité con fuerza que eso no era posible, que en verdad él no lo merecía, mucho menos después de todo lo que había echo. Un profundo vacío condenaba mi corazón, no hay forma de explicar como me sentí en ese maldito momento, pensé que todo había sido una tonta pesadilla, que aquel sujeto con el arma… los maleantes y todo lo que pasó solo había sido una terrible pesadilla, pero esta noticia hacía de esto la cruel realidad.
– Tranquila pequeña, todo estará bien… – susurró C-Kark mientras me abrazaba.
– Dime que eso es solo una mala broma – supliqué cerrando mis ojos con fuerza.
El dolor de su perdida se hacía insoportable, nunca creí que volvería a sentirme así luego de la muerte de Max; no sé cuanto tiempo permanecí apretando al pobre de C-Kark para desatar mi dolor… pero me sentía agotada. Recordar hacía de esto algo mucho peor, por mi cabeza pasaron mil cosas… las que jamás volverán a repetirse, sentía como mi vida se desvanecía en el aire a medida que mi sufrimiento no cesaba. Seguir viva ahora se hacía un maldito calvario…
Narra C-Kark._
Llegamos a casa luego de casi una hora desde que Nixie había despertado. Abrí la puerta de la casa y Aya nos observó extrañada, su mirada hacía muchas preguntas… Nixie caminó a la cocina a beber un poco de agua y yo me acerqué a Aya.
– Dero… falleció – le susurré con cautela.
– Oh por dios… – cubrió su boca mientras sus ojos querían salirse de lugar.
Corrió a la cocina en busca de Bauer y la abrazó con fuerza logrando así que ella volviera a derramar lágrimas con desesperación; me había costado mucho trabajo calmarla en el hospital… pero en verdad nadie podría estar bien al perder a la persona que ama, más aún en una situación como aquella.
– Lamento tanto lo que está pasando Connie, pero debes estar tranquila, él pasó a una mejor vida – repetía una y otra vez Aya.
– Lo mejor será que duerma, debe estar agotada – dije desde el sofá.
Ella no decía nada, lloraba en un permanente silencio… Aya la guió hasta su cuarto para hacerla dormir mientras yo llamé a los amigos de Dero, primero a Crap y luego a Flux, contarles lo sucedido no fue nada agradable… admito no haber sido tan cercano a Dero, pero eso no quiere decir que no lamento su perdida.
Narra Nixie Bauer._
Pasó una semana desde aquel incidente, había sobrevivido al funeral y al pésame de todos los que lo conocían. Había empacado todas mis cosas con el dolor de mi alma, preparé a los niños, preparé a los canes y a eso de las ocho de la mañana partí al aeropuerto, en mi auto…
– ¿Dónde diablos estás? – preguntó Crap.
– Voy camino al aeropuerto – contesté melancólica.
– ¡¿Por qué?! ¿Qué piensas hacer?
– Vuelvo a California, ahora no tengo razón para quedarme en Alemania… lo siento Crap, pero debo partir – lloriqueé.
– Está bien Nixie, espero que nos volvamos a ver…
– Tengo eso en mente, ten por seguro que nos volveremos a ver Crap.
– Eso espero… te deseo mucha suerte en todo – sentí una sonrisa.
– La suerte me ha abandonado… no la necesito.
– Entonces espero que te vaya bien de ahora en adelante…
– Gracias, debo cortar… – sonreí.
– OK, cuídate mucho.
– ¡Espera!
– ¿Qué sucede? – rió.
– Promete visitar la tumba de Dero en mi nombre… por favor… – cerré mis ojos dejando caer unas delicadas lágrimas.
– Lo prometo… – susurró.
– Gracias… nos veremos nuevamente Crap… algún día – sonreí.
– Sí… nos vemos. Adiós Nixie.
– Adiós Crap... – corté.
Guardé el teléfono luego de secar mis lágrimas, bajamos del auto con los niños luego de prepararlo para que lo abordasen al avión, subieron a los dos perros en sus respectivas jaulas y con los chicos abordamos el avión después de dejar nuestras maletas en donde correspondía. Viajamos en primera clase, los niños aún no entendían bien lo que había sucedido con Dero y cada vez que me preguntaban por él yo rompía en llanto.
Un deseo de frustración empeora esta maldita situación, logrando así que cada vez me pierda más en un abismo desconocido y que pierda incluso la razón de ello; ya no puedo oír más su voz y eso me provoca desesperación… logrando que pierda el rumbo.
Casi como espía bajé del avión con mis hijos y mis canes, rápido para no ser vista por cualquier persona que me conociera; abordamos el auto y comencé a llorar sin parar… no podía soportar la idea de que Dero jamás volvería a aparecer, el dolor se hacía interminable.
– Mamá… ¿Qué te sucede? – preguntó Cristal preocupada.
– Tranquila hija, estoy bien – mentí secando mis lágrimas.
– ¿Es por la muerte de Dero, cierto? – tocó mi hombro.
Asentí en silencio, hice que volviera a sentarse y partimos a la vieja casa aquí en Los Ángeles, hubo pleno silencio hasta que llegamos a la morada en que residíamos hasta hace algún tiempo. Estacioné el auto y los niños corrieron adentro, solté a los perros en el jardín para que fueran libres; las cosas ya estaban todas en su lugar, con los pequeños solo tuvimos que guardar las ropas en los armarios y luego de eso tuve paz… al fin. Me relajé en el sofá, me lancé en él tal como una vaga… me hacía mucha falta un momento a solas; llamé a Teresa y le pedí que volviera a trabajar conmigo a lo que ella aceptó.
– Niños, voy a casa de Mischa, vuelvo en unos minutos… – les grité desde la sala.
– Está bien mamá, ve tranquila – respondió Cristal.
Tomé mi abrigo negro y caminé a la casa de mi vecina, ya estaba cerca el invierno y el frío se hacía notar; toqué el timbre y Corey me abrió la puerta, con su rostro me demostró lo asombrado que estaba al verme allí.
– ¿Está Mischa? – pregunté sin mucho ánimo.
Asintió en silencio.
– ¿Puedo pasar? – levanté mis cejas.
– Claro, como no… – sonrió de costado.
Me dejó entrar y las miradas me atacaron en un extraño e incómodo silencio, Guadalupe encogió sus ojos con desagrado al verme allí, seguía molesta conmigo quien sabe porqué.
– Hola… – sonreí levemente.
– ¡Nixie…! ¿Qué haces aquí? – dijo asombrada Mischa.
– Vengo a hablar contigo…
– Ni lo pienses – dijo Guadalupe poniéndose de pie.
– ¿Por qué no Guada? Ha venido desde Europa hasta aquí – bufó Mischa.
– Tengo la solución a tu problema Mischa – susurré indiferente.
Todos se miraron asombrados, incluso la misma Guadalupe, respiré profundo y comencé a impacientarme.
– ¿Podemos hablar a solas…? – insistí.
– Claro, vamos a mi cuarto – sonrió.
Miré a Guada de reojo y me estaba mirando furiosa, Corey se quedó con ella mientras con Mischa hablábamos en su cuarto.
– ¿Qué sucede? ¿Por qué has venido? – sonrió desde la cama.
– Dero ha muerto – susurré mirando por la ventana.
Guardó silencio desde la cama en donde estaba sentada; me rehusé a llorar… no quería dar lástima.
– ¿Qué…? – dijo aterrada.
– Como lo oíste… Dero está muerto – la mire apenada.
– Es una broma… ¿cierto?
– No Mischa, por eso eh vuelto a California…
– ¿Cuándo pasó esto…? ¿Cómo…? – se puso de pie asombrada.
– Hace una semana… cuando con Dero salimos a celebrar nuestros tres meses en Berlín, unos sujetos nos asaltaron y le dispararon… allí mi vida perdió sentido – comencé a recordar con dolor.
– Oh Nixie… lo siento tanto… – me abrazó.
Le conté todo lo que había pasado, por todo lo que tuve que vivir en la última semana, también le mencioné lo que tenía en mente respecto a su situación, tenía una gran jugada en mente.
– ¡¿Qué?! – gritó.
– Es lo mejor Mischa, es la única solución – levanté mis cejas.
– ¡Estás loca, no dejaré que hagas tamaña locura Nixie! – gritó alterada.
– Tú debes hablar con los chicos de la banda todo lo que acabo de decirte… lo haré incluso si no estás de acuerdo – fruncí el seño.
Guardó silencio mientras apretaba sus labios, yo la miré con los ojos perdidos, no estaba de humor como para que alguien discutiera mis decisiones.
– Debo pedirte un favor… – susurré.
– ¿Qué quieres?
– Que cuides a mis hijos esta noche, necesito un momento a solas y no quiero que estén solos mientras no estoy, ¿Puedes hacerme ese favor?
– Claro, yo los cuido, pero si solo prometes no hacer ninguna estupidez ¿si? – levantó sus cejas.
– Te lo prometo – sonreí levemente.
– Perfecto…
Ya era de noche cuando llevé a los pequeños a casa de Mischa; Guadalupe seguía mirándome con ese odio del cual yo desconocía su motivo.
– Cuídalos… por favor.
– No te preocupes, están en buenas manos – sonrió Corey.
– Promete regresar – susurró Mischa.
– Lo haré, descuida…
– Bueno, me conformo con ello.
– Adiós – sonreí.
La puerta se cerró a mi espalda mientras me dirigía a algún lugar, ni siquiera sabía a donde iba… pero debía estar sola un rato, lo necesitaba.
Como era de esperarse entré en un bar, uno muy exclusivo, para no mezclarme con cualquier idiota, podía encontrar variados rostros famosos, los que en verdad no me importaban.
Me senté en la barra y vi varias personas que me observaban así que tomé el brandi y el whiskey que había pedido y me largué a una mesa para dos, alejada de la barra, me senté y mientras bebía derramé lágrimas de dolor. Los recuerdos se hacían presentes, las memorias me colapsaban y ya no lo soportaba.
– ¿Por qué me tienen que pasar estas cosas a mí…? – susurré.
– ¿Qué cosas te suceden? – preguntó frente a mí.
Sequé mis lágrimas rápido y me extrañé al ver a ese sujeto parado junto a la mesa, observándome con una mirada tan fraternal… como era la de Dero.
– ¿Quién eres…?
– Hola, me llamo Sean… ¿Estás con alguien? – dijo mirando la silla vacía frente a mí.
Negué con la cabeza y él tomó asiento sonriendo levemente, pareciera que supiera que yo estaba sufriendo y quería ser discreto bajo todo aspecto; miró los dos vasos frente a mí y luego me miró a mí, tenía unos ojos maravillosos… me puso un poco nerviosa.
– ¿Cómo te llamas? – me miró dulcemente.
– Constanza… Proust ¿y tú? – le seguí la corriente para tener tema.
– Sean Flanery… ¿Qué haces bebiendo aquí… sola? – movió su cabeza hacia un lado.
– Me acostumbro a sufrir, beber te hace olvidar que tienes problemas… – sonreí melancólica.
– Woah, vaya… ¿tienes muchos problemas?
Guardé silencio y lo miré boquiabierta, él era un completo desconocido que se preocupaba por mí, me hizo sentir frágil y dependiente. Hablamos sobre muchas cosas, incluso le relaté lo que había pasado con Dero… soportó el verme llorar y pese a todo no huyó como lo hubiera echo cualquiera. Poco a poco comenzó a ganarse mi confianza, el alcohol se hizo presente con más potencia, lo último que recuerdo fue a un tipo que se acercó a pedirme mi número telefónico pero Sean lo obligó a irse porque él estaba acompañándome; fue un lindo gesto y quien sabe lo que pasó después… estaba tan borracha que no recuerdo más.
Aún así el dolor seguía presente, mis manos extrañaban la piel de aquel hombre… me hacía falta su respiración… su sonrisa y su voz, lo necesito… lo quiero de vuelta.
Mi vida se desmanteló tal como un escenario luego del show, sin que nadie se diera cuenta de ello... Pero los shows deben seguir... y volveremos a construir aquel magnífico escenario, pero en otro lugar.

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