El
momento se hacía más duradero, verla en frente de mí me llenaba de unas ganas
terribles de abrazarla, tenerla otra vez entre mis brazos y pedirle que no se
fuera nunca; su sonrisa me recordaba el porqué sigo viva y más aún… en que
puedo confiar en las personas.
–
Ya falta poco, supe que María sería tu abogada… ¿qué pasó
con Mac? – sonrió ilusa.
–
Pues… la verdad no lo sé, desde que estoy aquí no volvió a
aparecer – levanté las cejas.
–
Que raro…
–
Si, pero que va, da igual… me alegra tener a alguien de
confianza a mi lado – sonreí.
–
Me gustaría tanto que salieras de aquí Nixie
–
Ten calma Mischa, ya falta menos… eso espero – reí.
–
Ya debo irme, mis pequeños están con Ville y el idiota odia
cambiar pañales – rió – te vengo a ver dentro de unos días, ¿te parece?
–
Como tú gustes, ya me hice a la idea de dormir con mujeres
estúpidas.
–
Deja de ser tan complicada, ignóralas – rió.
–
Eso hago, pero a veces es demasiado…
–
Cuídate querida, te amo – sonrió.
–
También te amo,
saludos a tus pequeños – sonreí.
Se
fue de allí y quedé esperando una respuesta digna del juzgado que me acusó, ya
habían pasado 6 meses… todo había sido tan duro e inimaginable, siempre soñé en
ser llamada la chica ruda, la más poderosa y todas esas cosas, pero en realidad
aquí adentro es como volver a la escuela… todas vestidas iguales, habían grupos
y se debían regir ordenes dadas por una suprema; era como volver a la infancia,
eso sí, ya con diferentes vistas de la vida.
Como
sea, cuando cumplí medio año aquí encerrada recibí una visita que me hizo
explotar el corazón, jamás en todo este tiempo vino a verme, claro, porque
antes de entrar yo se lo había pedido… no me hubiese gustado que él me viera en
un lugar como este, pero por alguna extraña razón no me hizo caso.
–
Hola – sonreía al otro lado del vidrio, vestido muy lindo.
–
Ho…Hola – sonreí inocentemente.
–
¿Cómo estás Connie?
–
Ahora… muy bien – dije tímidamente.
–
¿Es por mí? – sonrió.
Su
voz tan masculina a través de ese teléfono me hacía estremecer, algo tenía ese
sujeto que me hacía volver tonta, ilusa, me hacía sentir una chica linda…
–
¿Por qué has venido Sean?
–
Quería verte, me ha costado mucho hacerte caso y no venir…
pero ya no podía más…
–
Eres tan dulce – sonreí conmovida.
–
No digas eso, sabes que estoy interesado en ti mucho más de
lo que crees ¿Cómo querías me sintiera todo este tiempo sin verte? – sonrió.
–
No me digas esas cosas…
–
¿Aún estás mal por lo de tu pareja…? – preguntó complicado.
–
No, o sea, ya no tanto… estoy superándolo poco a poco –
sonreí.
–
Eso está bien… – guardó silencio un rato mientras nuestras
miradas se hablaban – ¿Sabes de donde vengo? – rió luego de un instante.
–
¿De donde? – pregunté curiosa.
–
De tu casa, o sea… venía de la casa de tu amiga Sophie,
Norman quería hablar con ella… y luego ella me llevó a conocer a tus hijos –
sonrió espontáneamente.
Quedé
desconcertada, me gustaba la noticia, pero a la vez no podía entenderlo. Él de
verdad quería involucrarse en mi vida, donde existía caos, destrucción, mucho
sufrimiento, engaños y mentiras, meterse en donde en verdad muchos querían
salirse. Guardé silencio un buen rato intentando procesar la noticia, la que me
mantuvo todo el tiempo con una sonrisa inexplicable en el rostro.
–
¿Qué sucede? No querías que los conociera… ¿cierto? – dijo
preocupado.
–
No, no es eso, solo esperaba… quería yo presentártelos, no
que los conocieras así de la nada… y espera… ¿Qué hacía Norman con Sophie? –
reí.
–
No lo sé la verdad – rió – bueno si sé pero no te lo diré o
si no él me mata – rió más fuerte – de todos modos te digo, tienes unos bellos
hijos, también conocí a tu madre…
–
¡Santo cielo! – reí – Has conocido a todo el mundo y yo
aquí encerrada – negué con la cabeza sonriendo.
–
Es que ya estoy ansioso porque el tiempo pase, sueño con el
día en podamos estar juntos, alejados de todo – sonrió mirándome fijo.
–
¿Qué te hace creer que seremos felices?
–
Si nos lo proponemos… podemos llegar tan lejos como
queramos – dijo mirándome con dulzura.
Eso
me hizo sonreír, sostuve el teléfono con más fuerza y decidida a mejorar mi
estado de vida; con esas grandes palabras yo podía llegar muy lejos… tal vez
podría arruinar la racha de chica mala que me marcaba tanto y de una vez por
todas podría ser feliz junto a un solo hombre, que sería el pilar de mi vida,
el que me salvaría de mis propios miedos…
–
Así será Sean, así será – dije confiada.
Él
sonrió y la guardia de atrás se acercó para decirle que el tiempo había
acabado, me miró apenado y tocó el vidrio haciendo yo lo mismo y así aparentar
que tocábamos nuestras manos mutuamente; se marchó y en seguida entró ella…
Guadalupe, la abogada de Mischa.
Sonriente
se sentó en aquella silla frente a mis ojos, no me dijo nada durante un largo
rato, hasta que se dignó a tomar el teléfono y dirigirme la palabra.
–
Lo siento – dijo seria.
–
¿Qué…? – me extrañé.
–
He dicho… que lo siento – volvió a repetir muy
seria.
–
¿Sentir qué? – dije irónica.
–
Todo lo que te he hecho, lo siento, lo lamento. No
sé como decírtelo para que entiendas – suspiró.
–
Cuéntame rápido, no creo que te den mucho tiempo
Guada – sonreí.
–
Está bien – me miró confusa – Te pido disculpas por como te he
tratado todo este tiempo, creo que fui muy injusta al juzgarte de la manera que
lo hice… tú no tenías la culpa de las cosas que le pasaban a Sofía, y solo
después de este gesto de fidelidad que acabas de hacer… me queda bien claro que
eres su amiga y no su enemiga, lamento si entendí todo lo contrario durante los
últimos 10 años – levantó sus cejas.
–
¿Creías que yo odiaba a Mischa? – reí.
–
No, creí que te aprovechabas de ella, sinceramente
esa es la impresión que se daba. Opacabas mucho su figura y a veces pensé que solo la usabas para no sé…
¿apariencias? No sé como explicarlo, pero en un resumen no creí que la quisieras
tanto como para hacer lo que hiciste… – acabó.
–
Me alegra que me pidieras disculpas Guada, solíamos
ser buenas amigas y de un día para otro comenzaste a hacerme la ley del hielo.
Ahora comprendo todo, y quiero que sepas – sonreí – que ella es mi mejor amiga y jamás haría
algo que la perjudicara…
–
Lo sé, de echo, ahora lo sé, por eso mi visita. Supe
que María apareció y me dio nostalgia que no fuéramos el cuarteto que solíamos
ser ¿sabes? Por eso mis disculpas, quiero que todo sea como hace 10 años –
sonrió.
–
Me gusta como piensas – sonreí
–
¿Me disculpas entonces?
Guardé silencio mientras sonreía recordando los viejos y memorables
tiempos.
–
Claro que si querida, solo quiero que no vuelvas a pensar
eso de mí nunca más ¿está bien? – sonreí.
–
No lo haré más Nixie – sonrió – ¿Estamos a mano entonces?
–
Oh si – reí.
–
Que loco que María terminó siendo tu abogada y yo la
de Sofí, es lindo, las cuatro locas amigas – rió.
–
Es loco, pero me gusta, hay mayor confianza y todo…
–
Por cierto, me mudaré aquí a Los Ángeles
–
¿De verdad? Eso es maravilloso – sonreí.
–
Sí, me mude con mi esposo Reita…
–
¿Con ese cara de lagartija? – reí.
–
¡No lo llames así! – rió.
–
Me alegro bastante que estés de regreso con nosotras
– sonreí –
será lindo todo lo que pase de ahora en adelante.
–
Y traigo otra noticia no tan buena… – su rostro cambió
rápidamente.
–
¿Qué sucede?
–
Es sobre un miembro de tu banda…
–
¿Qué pasó? – me preocupé.
–
El bajista… como se llama… ¿Petter? Bueno él sufrió
un accidente hace algunas horas – dijo con temor.
–
¡¿Petter?! ¿Qué le pasó? – grité.
–
Está bien – guardó silencio – Bueno… no tan bien, cayó en
coma…
–
¿En coma? Pero que mierda le pasó… – me puse de pie.
–
Tranquila Nixie, él es diabético ¿lo sabes?
–
Sí…
–
Bueno, está en un coma diabético… tuvo una
descompensación, creo que tuvo un lío con su esposa y eso le afecto demasiado,
Sofía lo pilló hoy en su departamento… la puerta estaba abierta y lo encontró
tirado junto al sofá – levantó las cejas.
–
Santa mierda… – susurré – Espero que mejore…
–
Ojala, los doctores dijeron que un coma diabético
puede variar, si la descompensación fue muy drástica y los niveles de azúcar
aumentaron o disminuyeron a gran velocidad, puede costar que vuelva a tener
consciencia… como es su caso.
–
Que mal… me pareció raro que no me hayan dicho
antes…
–
Pasó solo hoy, así que si hay más noticias no dudes
en que te avisaremos – sonrió.
–
Está bien, gracias por venir Guada… de verdad
gracias –sonreí.
–
No es nada pequeña, nos vemos otro día – saludó con
la mano.
–
Adiós loca – reí.
Se marchó y yo partí a mi celda, procesando aquel extraño incidente
que trataba sobre Petter, él era un sujeto muy tranquilo, tan pacífico y
pensativo que me parecía muy raro lo que le había pasado. Nunca antes había
tenido problemas con su diabetes… ¿Qué le habrá dicho su esposa? ¿Qué habrá
sucedido? Tantas preguntas… y nadie podía responderlas.
Cuando parece que todo iba bien… algo empeora. No sé porque al destino
le gusta jugar tanto con la vida de las personas como si fueran marionetas,
como si no pudiera pasar nada bueno sin que algo se arruine, acaparando así un
desborde de incomprensión para todos. La vida es injusta… y vaya que lo es,
pero a veces es demasiado incluso con gente que no lo merece… como Petter.
Necesito un nuevo bajista para Nevinger, necesito que mi amigo se
recupere, necesito primero… Salir de este maldito lugar y así poder dar las órdenes
necesarias para que el mundo se sienta a gusto incluso con aquello a lo que más
odian, conmigo.