Narra Corey Taylor._
Los
días se hacían llamar calvarios mi agonía parecía que jamás acabaría… no me
gustaba nada de lo que estaba pasando.
La reciente aprensión de Nixie, el nacimiento
de mis “supuestos” hijos y las constantes insinuaciones de la baterista de
Bauer me mantenían confundido. Oír sus canciones en la radio me partía el alma,
no creí nunca que algo como esto me estaría matando… necesitaba tanto tenerla
conmigo, besarla, tocarla, acariciarla… sentirla solo mía. Creo que al fin
llegó el día en que pagaría todo el mal que alguna vez le provoqué.
–
¿Por qué demonios hiciste todo eso…? – dije apretando mi
cabeza con mis manos, con fuerza y llorando en silencio.
La
soledad solo me hacía pensar en ella, en sus cabellos, en su dulce voz al
susurrarme al oído, nada más me mantenía en calma que no fuera ella, solo la
necesitaba… a ella.
–
¿Qué sucede papá? – preguntó Cristal parada afuera de la
habitación de Nixie.
–
Nada mi amor, no te preocupes – mentí secando mis lágrimas,
sentado en la cama.
–
No puedes mentirme – dijo en el mismo tono que usaba su
madre – algo te sucede papá…
–
Ven aquí – sonreí abriendo mis brazos.
Camino
hasta mí y comencé a acariciar sus dorados cabellos, atraerla a mí, sentir su
aroma inocente y creer que así podría sentirme mejor, pero me equivoqué,
comencé a lloriquear con más potencia, sintiéndome culpable, alejado de la
realidad, la cual estaba haciéndome unas muy malas jugadas.
–
¿Por qué lloras…? – susurró en mi pecho, preocupada.
–
¿Sabes primor? A veces la vida nos trata mal, y a veces no
comprendemos el porqué… este es uno de esos momentos en que no entiendo bien en
lo que eh errado – respiré profundo.
–
Estás hablando como mamá – me miró molesta.
Reí
secando mis lágrimas, la miré fijo y ella acarició mi mejilla de la manera más
dulce que jamás haya sentido.
–
No llores papá, llorar te hace sentir frágil y no siempre
es la mejor manera de solucionar las cosas – sonrió levemente.
Esas
frases… sonaban tanto a Nixie Bauer, ella ya se estaba convirtiendo en su
sombra, los mismos modismos, las mismas miradas, su sonrisa, su carisma… hasta
sus pensamientos ya se le asemejaban.
–
¿Quién te ha dicho tamaña mentira? – sonreí, bromeando.
–
Mamá lo dice todo el tiempo, es cierto… – dijo convencida.
–
A veces llorar es lo único que podemos hacer para
liberarnos del dolor hija, no todo lo que dice tu madre es cierto…
–
Pero el dolor es mental, la gente sufre porque así ellos lo
quieren, mamá si tiene razón – dijo seria.
Guardé
silencio.
–
Si uno piensa que todo está bien, todo debería estarlo,
está en la mente de cualquiera que quiera sufrir que su entorno arruina su
estado anímico; si tu quieres estar bien papá, solo debes pensar que todo lo
está incluso cuando en verdad el cielo se está cayendo a pedazos… – sonrió tal
como su madre.
–
Debes dejar de escuchar a tu madre – sonreí negando con la
cabeza.
–
¿Por qué? Mamá es sabia y tú lo sabes, lo que ella me ha
dicho concuerda perfecto con todo lo que eh tenido que vivir, en tu ausencia,
en la de mamá, en la de mis hermanos incluso cuando estoy sola… la mente es
mucho más fuerte de lo que imaginamos, está en nosotros confiar en lo que
nuestra mente nos diga…
–
Basta de hablar así – dije ya un poco molesto – debes en
serio, dejar de escuchar a tu madre cuando te diga esas cosas, tú solo
preocúpate de vivir feliz tu infancia, arruina tu vida luego de que salgas de
la Universidad, no antes – la regañé.
–
¿Quién dijo que pensando estoy arruinando mi infancia? Muy
por el contrario papá, gracias a mamá se lo que debo vivir, lo que está pasando
incluso contigo ahora mismo, gracias a ella aprendía a conocer a las personas –
frunció el seño, mirándome fijo.
–
¿Qué estás diciendo?
–
Sé porque estás llorando, sé que aún amas a mamá, se que la
extrañas y que no sabes como decirle que la quieres contigo pase lo que pase.
Sé también que mamá te ama, pero no quiere volver a sufrir por como la trataste
hace años… ¿tu crees que con la edad que tengo yo no conozco su historia? –
sonrió.
–
¿Qué es exactamente lo que sabes Cristal? – encogí mis ojos
sonriendo.
–
Lo sé todo… no hay detalles de los que no esté enterada, ya
estoy en edad suficiente como para darme cuenta de todo papá, mamá siempre fue
muy sincera conmigo, nunca me escondió nada. Eso sí, nunca me dio detalles de
sus encuentros amorosos, aunque para ser sincera tampoco quiero saberlo – rió –
solo quiero que sepas que creo… que dudo que mamá vuelva a estar contigo.
–
¿Tan mal hombre crees que soy? – dije apenado.
–
No es eso, solo que mamá es muy soberbia, y conociendo lo
rencorosa que es… dudo que quiera estar con un hombre que hace mucho tiempo la
quería muerta… ¿no lo crees? Fuiste muy tonto al tratarla así, por mucho que
las cartas esas hayan dicho tamañas mentiras no debiste tratarla como lo
hiciste, si yo fuera ella ni siquiera te hubiera confesado que yo soy tu hija,
a una mujer le duele mucho que un hombre la trate de basura o como una
prostituta, más aún si fue su pareja alguna vez… Eso es lo peor que pudiste
haber cometido – me miró apenada.
–
Tienes razón… soy un imbécil.
–
No lo eres, eres tan solo un hombre, todos son iguales,
todos reaccionan de la misma manera – rió.
–
Ya basta, deja de hablar como tu madre – reí abrazándola.
Avanzó
la mañana, ya había llegado Febrero, en unos días más sería el cumpleaños de mi
hija, así que debía preparar unas cosas para darle una fiesta bien merecida,
cumplía 10 bellos años.
Krox
había llegado a casa de sorpresa, junto a su esposa y dos hijos, me asombraba
bastante tenerlo aquí, es decir… había una extraña razón para que él me
visitara.
–
¿Estás solo? – rió parado en la puerta.
–
Cristal está en su cuarto, pero sin más… si estoy solo
–reí.
–
¿Nos dejaras entrar?
–
Claro, pasen – reí.
Entraron
y los niños fueron al jardín, la esposa de él se fue a la cocina con Teresa, la
empleada de la casa y con Krox salimos al ante jardín para hablar a solas,
mientras nos fumábamos un cigarrillo.
–
¿Qué te trajo hasta aquí?
–
Deberías saberlo, eres el padre de mi sobrina – rió
irónico.
–
¿Es por su cumpleaños?
–
Sí, pero además hay otro asunto del que tengo que hablarte y
más bien… advertirte…
–
¿Qué sucede? – me extrañé.
–
Mi madre viene viajando a California, tendrás que recibirla
aquí en casa de Nixie – dijo mirando al frente.
–
¿Qué? – me asombré.
–
Yo estoy en una gira en Europa, la idea es que se quede
aquí hasta fines de Marzo, desde ahí se irá conmigo a San Diego, ya sabes que
murió mi padre y ella no puede estar sola ¿entendiste? Además solo vengo a
avisarte, ya lo hablé con Nixie y está de acuerdo, llegará mañana, así que te
recomiendo que te comportes… – me miró serio.
–
Tu madre me odia, ¿Cómo quieres que viva con ella? – dije
preocupado.
–
Tal vez te trate mejor, está sensible con todo este asunto
de estar viuda, así que procura tratarla bien y no buscar para discutir con
ella, además deberás hablar en español aunque no quieras – rió.
–
Maldita sea… – reí un poco complicado.
–
De todos modos solo será un mes Corey, yo tendré que vivir
con ella por más tiempo, sientete con suerte…
–
Válgame – reí.
Esa
no era una noticia muy buena, en realidad esa mujer siempre me odio por lo que
le hice a su hija, y en verdad no era para menos… había sido despreciable. De
todos modos debía acatar ordenes, no era mi casa, no podía decir que no quería
que la abuela de Cristal llegase a esta casa… le pertenecía a su hija.
La
estadía de mi ex cuñado había sido de un solo día, debía volver a Europa a
terminar con su gira; al día siguiente arribó al país mi ex suegra, debían ir a
buscarla al aeropuerto y quien mejor para eso… que James Hetfield.
–
Vamos camino para allá, así
que espéranos en la puerta – reía mientras conducía.
–
Mierda, ¿no puedes demorar un poco más? – dije nervioso.
–
Que estupideces estas
diciendo, llevó dando vueltas como media hora, ya me cansé, voy camino para
allá.
–
Está bien, tárdate todo lo que quieras – reí.
–
No me jodas Corey – cortó riendo.
Corrí
al baño para perfumarme y arreglar mi camisa, estaba demasiado nervioso; esa
señora podía destrozarme con la mirada… la misma que había heredado su hija. Me
encargué de que Cristal estuviera bonita para recibir a su abuela, y pues, sin
mucho más que decir sentí que un auto se estacionó afuera.
–
Mierda –dije para mí mismo.
Corrí
a la puerta y con el corazón en la garganta abrí la puerta, los perros estaban
ladrando al no reconocer quien era ella y en verdad nadie podía, la madre de
Nixie casi nunca viene a los Estados Unidos, creo que solo lo hizo un par de
veces para unas navidades.
–
Aparta a estos perros, no quiero que me coman – reía James
con las maletas.
–
Oh cierto, lo siento – reí como un estúpido.
Salí
y acorralé a los canes a un lado para que pudieran entrar, cerraron la puerta
del jardín y yo los seguí adentro, las maletas se quedaron junto al gran sofá
de la sala y James reía para no molestar a la mujer, yo le estreché mi mano y
con mi mejor español le hablé.
–
Hola señora – sonreí nervioso.
–
Hola – dijo con dulzura, raro para mí.
–
¿Dónde está Cristal? – preguntó James en inglés.
–
Arriba – le respondí de igual modo - ¡Cristal, ven abajo
por favor!
–
Estupendo – rió James.
En
eso bajó la pequeña corriendo, sonriente al ver a su padrino y a su abuela en
casa, ambos la abrazaron, primero ella y luego James quien la tomó entre sus
brazos, para así la mantenerla todo el tiempo que estuvo en casa.
–
Estoy feliz de verte abuela – sonrió mi hija.
–
Me alegra mucho eso pequeña, al parecer tu padre no piensa
lo mismo –rió.
–
Oh, como se le ocurre decir eso – dije riendo – Me alegra
que esté aquí – sonreí.
–
Bueno, yo debo irme, los dejo solos y cualquier cosa tú
tienes mi número Corey – dijo James.
Con
la mirada le supliqué que no se fuera pero el idiota reía haciéndolo a
propósito. Se fue y Cristal se quedó en
el sofá con su abuela mientras yo le traía un poco de jugo a ambas.
–
No sabía que estabas viviendo en la casa de mi hija – dijo
ya más seria.
–
Lo hago por Cristal, no podía quedarse sola mientras su
madre pagase en cárcel…
–
¿Y cuanto tiempo estará tras las rejas?
–
Le dieron pena mínima, pero estoy haciendo todo lo posible
para sacarla, estamos viendo esos asuntos con su abogado – sonreí.
–
Más te vale que hagas algo al respecto, es lo mínimo que
puedes hacer luego de todo lo que has hecho – dijo irónica.
Tan
solo sonreí resignado, no quería pelear con ella, no podía discutir con aquella
mujer…
–
¿Cómo está Sofía? – preguntó.
–
Pues bien, está en casa cuidando de sus nuevos bebés…
–
Quiero ir a visitarla, ¿sabes donde vive? – sonrió.
–
Claro, vive justo aquí al lado, si quiere la llevo – dije
amablemente.
–
No, prefiero ir sola, mejor lleva mis maletas al cuarto que
tengas disponible… – sonrió dándome la orden.
Asentí,
ya un poco molesto, pero no podía hacer nada al respecto.
Sabía
que su estadía aquí sería bastante complicada, más aún con todos los problemas
que rondaban en el aire. Su carácter era terrible, y cuando digo terrible… es
TERRIBLE, pero podía soportarlo, es decir, su hija era el doble de malo… podía
lidiar al menos con eso. Pero las cosas empeoraron cuando tocaron a la puerta
justo antes que ella saliera en busca de Mischa, al abrir la puerta me encontré
con aquella mujer.
–
Hola Corey – sonrió entregándome unos chocolates.
–
Hola… Naomi – dije preocupado.
–
¿Estás ocupado? – me miró.
–
Pues…
–
¿Quién es? – gritó desde adentro la
madre de Nixie.
–
¿Estás con alguien? – se extrañó la rubia.
–
La madre de Nixie – reí complicado.
–
¿Quién eres tú? – preguntó mirando a Naomi con el seño
fruncido.
–
¡Hola! Yo soy la baterista de su hija, en su carrera de
solista, es un verdadero placer conocerla – sonrió animosa Naomi.
–
¿Y porque estás vestida tan provocativamente? Si estás
coqueteando con este sujeto mejor hazlo en otro lugar, su hija está en casa –
dijo molesta.
Naomi
quedó con la boca abierta y cubrió su escote pronunciado, esta era una de esas
situaciones complicadas en donde solo quieres salir corriendo sin importar lo
que pase, pero no. Solo apreté mis labios sin decir nada mientras abría los
ojos como loco… No me gustaba que incomodara a Naomi, ella estaba siendo amable
con ella, pero en verdad no quería que esto estuviese pasando.
–
Será mejor que me vaya – rió Naomi incómoda.
–
Sí, mejor vete – dijo ella.
–
Adiós Corey – intentó besar mi mejilla pero la mirada de la
mujer la amenazaba y prefirió no hacerlo.
Cerré
la puerta y preferí subir las maletas mientras ella se iba donde Mischa a ver
sus bebés. No me imaginaba que era lo que podía pasar durante este mes
completo… ya llevaba aquí menos de una hora y ya me hacía sentir el peor sujeto
del mundo, no sé si podré soportarlo.
Puedo sentirte, entre las sombras... no veo nada, pero sé que eres tú.

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