jueves, 22 de diciembre de 2011

Chapter 64.


Comenzaba a sentirme peor a lo que estaba acostumbrada, había bajado mucho de peso… quizá más del debido, me sentía tan tonta, tan irritante… tan irreal. Mi piel ya no se tornaba blanca por el simple color que siempre la ha destacado, mi presión estaba muy baja, mis ojos parecían haber recibido unos buenos puñetazos, estaban cansados y muy oscuros, apenas podía levantarme de la cama que compartía con aquella otra mujer.

Las cosas habían pasado más rápido de lo que yo había pensado, ya estábamos a 15 de Marzo del 2012, se cumplían 10 años desde la creación y formación de Nevinger, había que celebrarlo de alguna manera… cumplíamos una década, pero para variar yo estaba en la cárcel, sin poder hacer nada al respecto. Mi cumpleaños, el de mi hija… todo había pasado tan rápido y dolorosamente… ya se aproximaba el cumpleaños de Dero… y sinceramente no sé como podré reaccionar ese día.

         Toma, hoy tocaba carne con arroz, tuviste suerte de que me dejaran traértela a la cama – sonreía Olivia con una bandeja frente a mis ojos.
         No quiero comer – sonreí sin fuerzas, recostada en mi cama.
         Ah no, nada de eso. Vas a comer porque está en los huesos Bauer, es por tu bien – dijo molesta.
         Déjala en algún lugar, no tengo hambre… tal vez más rato quiera…
         Nada de eso, debes comer algo, mírate – dijo preocupada.
         ¿Mirarme? Para que, a eso nadie le importa – miré a la pared, le di la espalda.
         No seas imbécil y hazme caso, comete al menos la carne, necesitas energía…
         No la necesito…
         Claro que si Nixie – me tomó el hombro – Come – recalcó.

Negué con mi cabeza a punto de desmayarme.

         No has comido en tres días ¿quieres quedar anoréxica? Porque si es eso, te digo que no te servirá.
         No seas idiota – reí.
         ¿Por qué no quieres comer?
         No tengo ganas…
         ¿Y cuando las tendrás? – alzó la voz Sacha entrando en mi celda.

Olivia la miró y decidió irse para dejarnos solas, apoyó su rostro en la cama, porque yo dormía en la parte superior del camarote y entonces comenzó a acariciar mis cabellos.

         Déjame en paz… – susurré fríamente para que se largara.
         No, no me iré de aquí hasta que comas algo Nixie, no sé porque de pronto dejaste de comer, dejaste de salir a correr e incluso dejaste de insultar a todas las que se te acercaban… dime, ¿Qué te sucede? – dijo en ese tono maternal que tanto la representaba.
         No me sucede nada – mentí.
         No me vengas con eso, te conozco poco, pero te conozco, no me mientas – dijo molesta.
         ¿Qué no entiendes que quiero estar sola? – alcé la voz con la poca fuerza que poseía.
         Ya te lo dije… – susurró – no te dejaré sola hasta que comas algo Bauer.
         Perfecto – murmuré.

Me levanté y lancé la comida al suelo, empujé a Sacha para que me dejara salir y caminé fuera de la celda, ¿A dónde? Pues ni yo lo sabía pero quería estar lo más sola posible, nadie tenía que verme, observarme ni hablarme, solo así podría estar bien.

Caminé a un rincón del patio, junto al taller de manualidades, junto a uno de los basureros industriales que adornaban en la cárcel, me arrinconé apoyando mi espalda contra el contenedor y comencé a llorar sin poder detenerme. La anhelación de un último suspiro me hizo derrumbar, abatida cerré los ojos, arrastré mi espalda contra el contenedor de basura y caí al suelo sentada como una niña caprichosa, incomprendida y alejada de todas sus ilusiones…

         ¿Cuándo vendrás por mí Dero…? – gemí tapando mi rostro con ambas manos.

Un calvario casi eterno, una inseguridad que se apoderó de toda la seguridad que tanto me hacía renombre. Las razones pueden variar, el  modo en que se interpretan también, pero en realidad ya nada importaba, yo me sentía perdida en este mundo… nada me podría hacer sentir mejor, o al menos eso creía.

         ¿Qué mierda estás haciendo aquí? – preguntó Kiara, la pelirroja.
         Déjame morir en paz – la miré con desagrado, me sentía repulsiva.
         Te están buscando Bauer – me dijo temerosa.
         ¿Buscándome? ¿Quién? – la miré confundida.
         Tus hijos… – levantó las cejas.
        
         ¿Vas a ir a verlos? ¿O les digo que se vayan…?

Sequé mis lágrimas llena de valor y de un coraje que tenía guardado, me levanté sin prestarle atención a lo que la chica seguía diciendo, corrí como desesperada hacia el lugar donde se recibían las visitas, arreglé mi remera antes de ingresar y allí los vi, frente a ese maldito vidrio que nos separaba de tener contacto, junto a su padre, Richard.

         ¡Mamá! – sonrieron ambos sosteniendo el teléfono.
         Mis bebés… – susurré acariciando el vidrio.
         ¡Mamá…! ¡Ayer yo conocí a un amigo…! ¡Y yo aprendí a tocar la guitarra con papá! ¡Rex se comió al gato de la vecina del frente! Te extraño tanto… – no entendía nada de lo que ambos decían.

Estaban tan emocionados con verme que no paraban de hablar, yo solo me puse a llorar como una idiota, sin dejar de sonreírles, sin dejar de observarlos en pleno silencio, secando mis mojadas mejillas una y otra vez.
Richard les arrebató el teléfono un instante, no sé que les dijo pero al parecer les dijo que esperaran afuera un momento con Khira tal vez, no lo sé, pero ellos se fueron sonrientes al haberme visto.

         ¿Qué te sucede? – preguntó muy serio.
         Estoy tan feliz de haberlos visto… – no paraba de llorar.
         No es eso Connie, algo te pasa… ¿no te has visto? Estás muy pálida… tus ojos están oscuros… ¿te hicieron algo? – dijo preocupado.
         ¿Por qué dices eso? – reí secando mis lágrimas.
         ¿Cómo que por qué lo digo? Mi amor, estás muy delgada... nunca te había visto así… casi no tienes color, puedo ver los huesos de tus hombros… -susurró.

Esquivé su mirada y tragué saliva.

         Nixie, ¿te han hecho algo? Porque si es eso… hablaré con tu abogado para que te saquen de aquí – alzó la voz.
         No me han hecho nada Richard, tranquilo – lo miré sin fuerzas.
         ¿Entonces que te pasa? ¿Por qué estás así?
         Quiero salir de aquí… necesito irme de aquí – supliqué.
         Traigo noticias al respecto
         ¿Sobre qué…?
         Vengo de hablar con Taylor, consiguió un mejor abogado que puede ayudarte a salir pronto de aquí, lo mejor de todo es que ah tratado casos como el tuyo y además es muy cercana – sonrió.
         ¿A que te refieres? – me extrañé.
         Es esposa del baterista de Taylor, así que habrá más confianza al respecto, digo yo… como para que no trates con desconocidos…
         ¿Esposa de Joey? Mejor así… – sonreí con esfuerzo.
         Te sacaré pronto de aquí mi vida…
         Gracias cariño… de verdad muchas gracias – susurré al dejarme llevar por su voz.
         Los niños te extrañan mucho, haces mucha falta – levantó sus cejas.
         Y ellos me hacen falta a mí… ¿Cómo está tu nueva bebé…? – sonreí.
         Bien, está estupendo, los niños la adoran – sonrió.
         ¿Y Cristal…?
         Está en tu casa con Corey y tu madre, se están llevando mejor… - rió.
         Eso es bueno… ya debo irme Rich, no me han dado mucho tiempo y no me siento del todo bien – susurré.
         Claro, procura cuidarte, así te sacaremos pronto de aquí.
         Lo haré, descuida… cuídate mucho.
         Te quiero…
         Y yo a ti – sonreí.

Me puse de pie sonriente y me fui a la cocina de la prisión, animada y con nuevas miras estaba decidida a que no me rendiría, superaría incluso a lo que más le temía… a mí misma.

         ¿Queda comida? – dije molesta en aquella ventanilla.
         El almuerzo fue hace más de una hora – respondió la cocinera.
         Pero yo no comí, y estoy en todo mi derecho a exigirla si no quieres recibir un castigo de tus superiores. Dame lo que tengas – dije desafiante.

Me miró molesta y sabiendo que tenía razón, sacó de la olla los restos que habían quedado del almuerzo y los vertió en una bandeja para dármela, partí a una de las mesas, estaba sola así que podría comer a gusto.

“¿Esto es lo mejor que puedes hacer? ¿Arruinarte a ti misma? ¿Dónde has visto tamaña cobardía?”

Eran los pensamientos que abundaban en mi cabeza… en verdad intentaba huir de mí misma, pero jamás podría hacerlo, lo mejor para combatir aquello era demostrar mi fuerza de voluntad y acabar con las fronteras que detienen a todos… menos a mí.

Caminé al patio para ponerme en forma y correr, daba vueltas alrededor de la cancha sola, soportando las risas de las idiotas que me observaban, pero eso no me importaba en lo absoluto; para mi suerte muchas se sumaron a mi corrida, acompañándome, y haciendo callar a todas las mujeres.

         Me alegra que estés más activa – sonrió Sacha junto a mí.
         Nada puede derrotarme – le sonreí de costado.
         Eso suena bien ¿Por qué corremos? – reía Kiara al otro lado.
         Para mantenernos en forma –reí.

Ya quisiera que todo esto acabase pronto, pero debía pagar el precio caro que yo misma me estaba cobrando. Los días siguieron avanzando a gran velocidad, en verdad se pasaban lento, ya saben, en prisión no hay mucha entretención, y las ideas abundan pero los medios no acompañan.

Aquel 15 de Marzo recibí las visitas de todos los chicos de Nevinger, diciéndome que me necesitaban, de que hacia falta, pero que pese a ellos estos años han sido maravillosos, 10 años no se cumplen todos los días y eso nos hacía a todos muy felices. Como sea. Fue lindo haberlos visto, sentir sus voces y agradecer sus sonrisas, aquel día me hizo recapacitar quizá más de lo que había echo estos últimos 4 meses aquí adentro.



DÍAS DESPUÉS.

         Tienes visita – gritó la guardia desde fuera de mi celda.
         Ya voy – sonreí egocéntricamente.

Abrió la celda y me dejó salir, guiada por ella llegué a la zona de visitas y no podía creer a quien veía.

         ¿Qué haces tú aquí? – abrí grandes mis ojos sin poder créelo.
         ¿Tú que crees? Soy tu nueva abogada – reía moviendo sus cejas.
         ¿María…? ¿Tú eres la esposa de Joey? – alcé la voz.
         ¿No lo recuerdas? ¿Cuándo tocábamos en Lordi…? ¡Como has de olvidar aquel maravilloso momento! – gritó riendo.
         ¿Aún siguen casados? ¡Santa mierda…! Que envidia. No puedo creerlo… ¿Y tú serás mi abogada? ¿Desde cuando eres abogada? – reí.
         Desde hace como… 8 años, sí eso creo – rió – Ya está en marcha tu salida de aquí ¿puedes creerlo? – sonrió.
         No me jodas… ¿de verdad? – sonreí
         Claro, soy una de las mejores abogadas en estos casos, si hubiera sabido que eras tú la tal traficante de Nevinger habría venido antes, pero Joey siempre olvida mencionar las cosas ya sabes – rió.
         Aún estoy sorprendida con todo esto… luego de que te fuiste de Lordi jamás supe de ti… ni en los conciertos de Slipknot te eh visto… ¿Dónde mierda has estado metida?
         Pues criando a mis hijos, son unos torbellinos, por eso casi nunca puedo ir a los conciertos con Jordison, debo cuidar a mis dos pequeños…
         Madre responsable… que envidia – reí.
         Hace poco visité a Sofía, vi sus trillizos, dios, ¡son hermosos!
         Yo aún no puedo verlos, pero Mischa se ve hermosa… quiero salir de aquí – bufé.
         Ya saldrás, solo ten calma…



HACE 12 AÑOS, IOWA.

Lordi se hacía presente en un gran club en el estado de Iowa, con la formación original, las primeras canciones alucinaban a todos los borrachos del lugar, gran variedad de hombres, la gran mayoría, mujeres habían muy pocas, tal vez éramos solo las 4. Bytha al bajo, Mischa en la guitarra, Marie en los teclados, Lordi con su traje en la voz y yo en la batería.  Las cuatro conejitas originales, las irremplazables.

Acabamos nuestro espectáculo luego de unas 2 largas e intensas horas, los aplausos nos bañaban, los gritos nos hacían delirar y quien sabe que otras cosas nos hacían sentir tan bien.

         Gran espectáculo niñas – sonreía Lordi, felicitándonos en los camerinos.

Sonreíamos todas, felices, sonrientes y emocionadas con nuestro debut en Estados Unidos; nos quitamos los tan provocativos trajes y Lordi nos dio permiso para bebernos algo en el bar, así que tendríamos para disfrutar un buen rato. Las cuatro estábamos juntas, teníamos miedo a los yankees, no conocíamos bien el lugar y era muy fácil que nos mintieran para robarnos o cualquier tipo de cosa. Nos sentamos en una mesa todas juntas, cuando de pronto a la lejanía otros cuatro tipos nos miraban de reojo, quizá querían hablarnos, pero nadie se acercaba.

         Los chicos de la mesa de enfrente nos están mirando mucho – reía Bytha disimuladamente.
         ¿Al menos son guapos? – reí.
         Lo son, y bastante – rió Mischa con una cerveza.
         ¿Por qué mierda no se acercan…? – bufó María.
         Espera, hay vienen… - dijo como histérica Mischa.

La música estaba muy fuerte, por lo que ellos no nos habían oído, pero si nos pusieron nerviosas cuando se hicieron presente ante nosotras. Uno rubio de cabello largo llamó mi atención, sus ojos azules me deleitaron como ningún hombre había echo en toda mi vida, había otro de cabello oscuro, largo y unos ojos muy claros y bellos, otro con cabello medio rapado y una sonrisa destacable, y el último un poco más alto que los otros tres sonreía dulcemente, su rostro reflejaba que era una gran persona.

         Buenas noches señoritas – sonreía el rubio.
         Buenas noches caballeros – sonreí yo.
         ¿Les importaría si compartimos la mesa con ustedes? – dijo sensual.
         ¿Les importa chicas? – miré a las niñas.
         ¡No! Claro que no – rieron.
         Pueden sentarse – sonreí.

Ellos rieron y tomaron asiento uno entre cada una, pedimos otras cuantas cervezas, es decir ellos las pidieron, yo pedí un vodka, siempre odie la cerveza.

         ¿Y como se llaman señoritas? – sonreía el de cabello oscuro y largo, mirando a María.
         Marie – sonrió ella – ella es Nixie – me apuntó – ella es Mischa, y ella es Bytha – apuntó a las otras dos. – ¿Y ustedes como se llaman? – seguía sonriendo.
         Joey Jordison, él es Corey – apuntó al rubio – él es Sidney, pero le dicen Sid y él es Paúl – apuntó al más alto.
         Corey… – susurré.

Él estaba sentado junto a mí, así que pudo oírme, sonrió al oírlo y mirarme coquetamente. En resumen. Esa noche Lordi se involucró con Slipknot como jamás hubiéramos pensado, aquella noche, llena de alcohol, risas y mucho baile, Joey le pidió matrimonio a María de una forma muy dulce y también muy borracho, pero fue lindo. Paúl desapareció junto a Bytha… ya sabíamos lo que habían echo. Sid siguió bailando con Mischa toda la noche, junto a mí con Corey, aquel rubio cautivante…

         ¿Tienes novio…? – sonrió ya más con confianza.
         No, ¿Cómo quieres que tenga novio si es mi segundo día aquí? –sonreí ilusamente.
         Eso es un no, me gusta – bebió su cerveza.
         ¿Así que ustedes también tienen una banda?
         Claro, somos de aquí mismo, quizá puedan vernos tocar, sería grandioso – sonrió.
         Me gustaría…
         ¡Voy a casarme! – gritó María riendo junto a mí.
         ¿Qué? –reí.
         Yo le pedí matrimonio – dijo Joey muy borracho tomado de su mano.
         ¡Mierda Joey! – rió Corey mirándole.
         Vaya, Slipknot y Lordi ya tienen una pareja – sonreí mirando al rubio.
         Dos sería mucho mejor ¿no lo crees? – encogió sus ojos.
         ¿Si? Vaya, Mischa hace linda pareja junto a Sid – miré a los otros dos quienes bailaban muy juntitos.
         Entonces serían tres…
         ¿Tres? – sonreí.
         ¿Te gustaría darme tu número?
         No tengo móvil…
         Entonces te doy el mío – sonrió.
         ¿Quién dijo que te llamaría? – reí.
         Entonces… debemos tener una cita – dijo serio.
         ¿Ah si?
         Claro, si no hay llamadas, lo mejor será otra vez vernos...
         Me gusta como suena – dije tímidamente.
         Será lindo volver a verte…

Las chichas se acercaron y me hicieron una seña.

         Ya debo irme – besé su mejilla – nos vemos Corey…

Abandoné esa mesa junto a las chicas, íbamos saliendo de ahí acompañadas de Lordi cuando un grito me hizo sonreír.

         ¡Averiguaré en qué hotel estás residiendo, e iré por ti! – gritó riendo.
         Hazlo – dije sonriendo y guiándole un ojo.

Su sonrisa era cautivante, sus amigos fueron una gran compañía pero jamás podré negar que aquella noche… fue inolvidable.





Recuérdame de la misma manera que yo lo hago contigo, siénteme de la misma manera... en que jamás yo dejaré de hacerlo contigo.

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