jueves, 1 de diciembre de 2011

Chapter 61.


Un último abrazo, una última caricia y sus lágrimas fueron derramadas… no volvería a ver a mis pequeños durante un buen tiempo.

         No quiero que te vayas mamá – suplicó Cristal.
         Estaré bien mi amor, procura portarte bien e irme a visitar cuando tu padre te diga ¿si? – sonreí secando sus lágrimas, tranquila, debía estarlo.
         Cuídate mucho… te amo mami – me abrazó.

Besé su cabeza y la dejé ir a los brazos de su padre, abracé a sus hermanos y fue exactamente lo mismo… poco a poco comenzaba a sentirme vacía y esto estaba recién comenzando.

         Ya es hora – dijo el guardia.

Asentí y la última persona que abracé fue a Mischa… quien lloraba como una niña.

         Tranquila nena, volveré… guarda esas lágrimas para cuando muera – sonreí.
         Por favor… ten mucho cuidado, no quiero que te pase nada – me abrazó con fuerza.
         Lo haré, descuida – correspondí.

El guardia que estaba atrás de mí tomó mi brazo, me hacía daño; miré a todos por quizá una última vez y con el dolor de mi alma caminé junto al sujeto, dejando atrás todo lo que me hacía feliz… todo lo que me mantenía viva.

         Prometo sacarte lo antes posible – dijo Mac mientras me esposaban.
         Deja que las cosas fluyan muñeco – reí.
         Déjame hacerlo – insistió.

Sonreí y me sacaron de allí, cuando salimos del tribunal había mucha prensa esperando… como veces anteriores, fui escoltada hasta aquel vehículo policial, los periodistas fueron los únicos que me hicieron sentir culpable y unas ganas de llorar me invadieron, me sentí como una niña pequeña lejos de sus padres y sin juguetes… los recuerdos eran lo único que tenía.
El frío silencio dentro de mi cabeza era lo único que me mantenía serena, en verdad estaba aterrada con lo que me podía suceder, pero no lo demostraba. Me subieron al auto y tras tanta gente pude ver a mis pequeños y a mis amigos despedirse con sus manos… eso me partió el alma; el policía arrancó y daba inicio a todo un calvario…

         Llena la ficha con todos tus daros reales, no los de estrella esa que eres, deposita todos tus accesorios en este envase y luego procede a quitarte la ropa, para ponerte el traje de reo – dijo la oficial al otro lado del mesón.
         ¿Puedo pedirle un favor? – susurré.

Me miró con las cejas levantadas en un molesto silencio, pero no estaba enojada y eso jugaba a mi favor.

         ¿Puedo conservar mis piercings? – la miré con lastima.
         Aquí tu fama ya no vale, eso significa que tampoco tendrás beneficios chica.
         Se lo pido de verdad, si quiere me quito hasta los anillos, pero los piercings prefiero conservarlos… le juro que no intentaré hacerme daño ni nada por el estilo…

Guardó silencio un instante y pensó ¿Qué pensó? Pues ni idea, pero su indiferencia hacia mí me hizo sonreír como una idiota.

         Está bien, consérvalos pero debes dejar todo lo que traer en esta cubeta, puedes quedarte con la remera y tu ropa interior…
         Gracias – sonreí de costado.

Caminé a una especia de camerino y me quité la ropa, mis anillos y mis pertenencias: billetera, tarjetas, celular, etc. Me quedé con las botas, los piercings y mis dos collares, me puse aquel traje anaranjado y ya estaba lista, la guardia se llevó mis cosas y me esposó para llevarme a la celda.

         Llegó la hora… – susurré para mí misma.

Abrieron la gran puerta y me hicieron caminar por ese opaco pasillo, siendo presa de todas las miradas de las mujeres que estaban tras las rejas; realmente me sentía poderosa al ser escoltada por estas grandes mujeres hacia la que sería mi celda.

         Bien. En dos horas será tiempo de recreación, así que adáptate – dijo una guardia sin ánimo.

Asentí y me empujaron adentro, me quitaron las esposas y se marcharon, la cama de arriba estaba disponible así que me recosté sobre ésta, apareció una mujer de la nada… mis ojos se enfocaban en el techo, pero su mirada me perturbaba; comenzó a preguntarme cosas, pero en verdad no se las respondí, aún no podía creer que esto estuviera pasando.

         Bien niñas, pueden salir – se escuchó por los parlantes.

Se abrieron las celdas y las mujeres comenzaron a salir, para variar yo me quedé pensando en aquella cama.

         Tienes toda la maldita noche para estar en esa cama, baja y ve afuera – dijo una guardia.
         ¿Es necesario que lo haga? Bufé sin ánimo.
         Tendrás que hacerlo si no quieres que use la fuerza
         Está bien – suspiré.

Bajé de la cama y me quité la parte superior del traje, quedándome solo con la musculosa negra que hacía resaltar mi escote y tatuajes, salí de la celda y bajé las interminables escaleras, ya que me encerraron en el tercer piso. Cuando llegué a la zona de recreación algunas miradas seguían asechándome, caminé a la zona de las pesas para ver si podía ejercitarme un poco, camino a dicho lugar un grupo de unas cinco mujeres me detuvieron; las miré indiferente, no me dejaría atemorizar nunca más.

         Pero miren lo que tenemos aquí… carne fresca – dijo una de ellas.
         No creí que volvería a verte por aquí Bauer – bufó otra.
         ¿Nixie…? ¿Qué haces aquí? – rió Tiffany.

Sí, era aquella chica que se me designó en el fallido programa de Jeremy, después de mi perdida la demandé por cuasi homicidio y le dieron una pena de ocho a quince años, para variar tuve la gran suerte de encontrármela aquí… y al parecer ya había echo unas cuantas amigas.

         ¿La conoces Wilson? – la miraron las otras.
         Sí… por culpa de ella estoy aquí – me miró con desprecio.

Me dio igual y esquivé el grupo para seguir caminando, no iba a dejar que me provocaran para luego caer en su juego y terminar en los golpes. Con gritos me llamaron y sujetaron mi brazo para no dejarme ir, en verdad querían molestarme.

         Tranquila chica ruda – rió su líder – Solo queremos hablar un poco…
         Pues hablen entre ustedes – dije indiferente.
         No nos provoques, porque no te irá bien… aquí adentro ya no tienes fama, eres solo una más – sonrió Tiffany victoriosa.

Eso me hizo reír.

         ¿Fama? No la necesito – sonreí mirando a las mujeres.

Ellas guardaron silencio y la sonrisa de Wilson desapareció.

         ¿A qué se refiere? – preguntó.
         ¿Tus amigas no te lo dijeron? – reí – Todas estas idiotas cayeron ante mí, una a una… no tengo porque preocuparme de ustedes, mucho menos de ti – la miré irónica.
         Eso fue solo una vez Bauer – bufó una.
         Yo una ¿y tú cuanto? Cero… ¿Quién es mejor entonces?
         ¿Quieres ver cuanto eh mejorado?
         Vamos, golpéame – dije calmada.

Todas me miraron fijo y aquella mujer ya bordeando los 45 años estaba dispuesta a golpearme, pero fue interrumpida por otro grupo… aquella voz grave que se hizo notar, era inconfundible.

         ¿Qué sucede aquí? – dijo una mujer robusta.

Las demás la miraron nerviosas.

         Nada, solo me están saludando – sonreí levemente.
         ¡Bauer, pero que sorpresa! – gritó animada una de sus acompañantes.

Una chica rubia, que estaba integrada a ese grupo del cual solía formar parte, sonreía en silencio a la distancia… yo hice lo mismo al verla.

         ¿Ustedes… la conocen? – gritó Tiffany.
         Nixie… es una de nosotras – sonrió la mujer.

La cara de Wilson era muy graciosa; el grupo que tenía en frente era algo así como el más respetado, las chicas que lo conformaban eran las más temidas dentro de esta prisión, sus condenas eran las más altas y sus nombres los más oídos ¿Cómo logré formar parte de ellas? Pues la primera vez que estuve en prisión, estuve junto a Bytha y pasábamos golpeándonos y no solo a ella, si no que con cualquiera que me molestara; en aquellos tiempos no podía controlarme y hacía de toda situación un caos, así me conocieron, así fue como me gané su respeto… gracias a mi carácter de mierda.

         Es hora de comer, vamos Bauer, deja estas ratas pelearse entre ellas – bufó la líder, Olivia.

Asentí y me uní a ellas, caminaron al comedor y buscamos una mesa apartada para poder comer mientras compartíamos una intensa conversación; camino a la mesa, Sacha (la rubia) tomó mi mano y me sonrió, la apreté con fuerza y correspondí su muestra de cariño.

         ¿Qué hiciste esta vez? ¿Qué te trajo de vuelta, Bauer? –rió Olivia frente a mí.
         Nada – sonreí.
         ¿Cómo que nada? ¿Te inculparon de algo?
         No, en verdad…

Les conté todo lo que sucedió, lo de Dero y lo de Mischa; como era obvio me regañaron y rieron por mi estúpida decisión. Compartimos una conversación interesante, conocí a dos de las nuevas integrantes de las “Mike’s” sí, así las llamaban…

         ¿Cuánto tiempo te dieron mi amor? – preguntó Sacha.
         Cinco años – bufé.
         O sea que te tendremos un buen tiempo entre nosotras – sonrió.
         Eso creo… – correspondí.
         ¿Cómo están tus hijos? – preguntó Dagmar.

Ella era una mujer cerca de los 50, con cabello rapado y canoso, era algo así como mi consejera.

         Están grandes… apenados con todo lo que pasó – levanté las cejas.
         ¿De donde conoces a Wilson? – preguntó Kiara.
         Por su culpa perdí a mi hijo con Dero…

Sus rostros de enojo se hicieron notar, Sacha que estaba junto a mí alzó la voz… su delicada voz.

         Mataré a esa perra – frunció el seño.
         Tranquila, ahora que la tengo cerca yo me encargaré de ella – le sonreí.
         ¿Segura? – sus azules ojos impactaron en los míos.
         ¿Cómo están tus hijos?
         Bien… en unos días vendrán a verme – sonrió.
         Sus gemelos ya tienen la edad de tu hija Bauer – rió Olivia.
         No, ellos son dos años mayores – corrigió.
         Deberíamos presentarlos, tal vez puedan gustarse – moví mis cejas.
         Quien sabe, quizá sean buena pareja como sus madres – rió Dagmar.
         Quien sabe – reí – Por cierto, ¿conocen a mi compañera de celda?
         ¿La negra esa? Se llama Julie Browston, 15 años por robo con homicidio… no es de temer…
         ¿Saben? Tú eres más peligrosa que algunas de aquí y solo has estado aquí por estupideces… quien lo creería – rió Olivia.

Reí y acabamos de comer, llegó la noche y era hora de volver cada una a su celda, caminé con Sacha a su “habitación” (celda) para acompañarla… nos detuvimos afuera y se acercó para chocar nuestros labios con delicadeza.

         Me alegra verte de nuevo, me hace feliz…
         Te dije que volvería, me conoces – reí.

Me abrazó y entró en su celda, caminé a la mía que estaba en el piso superior. Y sí, por las dudas… con Sacha manteníamos una relación de “pareja” (si es que así puede decirse), ya saben, lo que pasa en prisión ahí se queda.
Volví a mi cama e intenté dormir… los pensamientos de todo tipo habían desaparecido, había olvidado todos mis errores, ya siquiera me sentía culpable por estar aquí, y claro, eso estaba muy mal.

         Buenas noches – dijo la chica de la cama de abajo.

Sonreí, pero no le respondí… Júzguenme, hagan lo que quieran, pero en verdad ya no sabía que hacer; no podía imaginar que estaría cinco años en este maldito lugar, lejos de todo y todos los que me importan.

“Las noches se hacen eternas si carezco de tu presencia, siento aquel aire abrumador rondar cerca de mis sueños todas las noches. Si pudieras brindarme tu mano sería lo mejor que pudiera pasarme ¿Por qué? Porque tú ayuda, tu constante gracia de existir en mi mundo me mantiene con vida. Te elegí a ti entre miles de millones de personas… no vuelvas a preguntarme si de verdad te quiero…”

Insisto, júzguenme… soy fría, soy dura e insensible; tal vez si sea egoísta, pero creo que he sufrido bastante ¿no lo creen? Como sea, la vida sigue y no se detiene, si no quieres vivir la vida, pues lo siento pero es una melodía que debemos saber bailar. Yo soy una más de ustedes y creo que a veces debemos taparle la boca a los otros y hacerles saber que no hay quien nos venza, que podemos hacer mucho mejor cosas que no nos gustan, mucho mejor que ellos. 


Puedo apreciar aquel espectáculo... desde la pequeña ventana de la vida.

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