jueves, 29 de diciembre de 2011

Chapter 65.


El momento se hacía más duradero, verla en frente de mí me llenaba de unas ganas terribles de abrazarla, tenerla otra vez entre mis brazos y pedirle que no se fuera nunca; su sonrisa me recordaba el porqué sigo viva y más aún… en que puedo confiar en las personas.

         Ya falta poco, supe que María sería tu abogada… ¿qué pasó con Mac? – sonrió ilusa.
         Pues… la verdad no lo sé, desde que estoy aquí no volvió a aparecer – levanté las cejas.
         Que raro…
         Si, pero que va, da igual… me alegra tener a alguien de confianza a mi lado – sonreí.
         Me gustaría tanto que salieras de aquí Nixie
         Ten calma Mischa, ya falta menos… eso espero – reí.
         Ya debo irme, mis pequeños están con Ville y el idiota odia cambiar pañales – rió – te vengo a ver dentro de unos días, ¿te parece?
         Como tú gustes, ya me hice a la idea de dormir con mujeres estúpidas.
         Deja de ser tan complicada, ignóralas – rió.
         Eso hago, pero a veces es demasiado…
         Cuídate querida, te amo – sonrió.
         También  te amo, saludos a tus pequeños – sonreí.

Se fue de allí y quedé esperando una respuesta digna del juzgado que me acusó, ya habían pasado 6 meses… todo había sido tan duro e inimaginable, siempre soñé en ser llamada la chica ruda, la más poderosa y todas esas cosas, pero en realidad aquí adentro es como volver a la escuela… todas vestidas iguales, habían grupos y se debían regir ordenes dadas por una suprema; era como volver a la infancia, eso sí, ya con diferentes vistas de la vida.

Como sea, cuando cumplí medio año aquí encerrada recibí una visita que me hizo explotar el corazón, jamás en todo este tiempo vino a verme, claro, porque antes de entrar yo se lo había pedido… no me hubiese gustado que él me viera en un lugar como este, pero por alguna extraña razón no me hizo caso.

         Hola – sonreía al otro lado del vidrio, vestido muy lindo.
         Ho…Hola – sonreí inocentemente.
         ¿Cómo estás Connie?
         Ahora… muy bien – dije tímidamente.
         ¿Es por mí? – sonrió.

Su voz tan masculina a través de ese teléfono me hacía estremecer, algo tenía ese sujeto que me hacía volver tonta, ilusa, me hacía sentir una chica linda…

         ¿Por qué has venido Sean?
         Quería verte, me ha costado mucho hacerte caso y no venir… pero ya no podía más…
         Eres tan dulce – sonreí conmovida.
         No digas eso, sabes que estoy interesado en ti mucho más de lo que crees ¿Cómo querías me sintiera todo este tiempo sin verte? – sonrió.
         No me digas esas cosas…
         ¿Aún estás mal por lo de tu pareja…? – preguntó complicado.
         No, o sea, ya no tanto… estoy superándolo poco a poco – sonreí.
         Eso está bien… – guardó silencio un rato mientras nuestras miradas se hablaban – ¿Sabes de donde vengo? – rió luego de un instante.
         ¿De donde? – pregunté curiosa.
         De tu casa, o sea… venía de la casa de tu amiga Sophie, Norman quería hablar con ella… y luego ella me llevó a conocer a tus hijos – sonrió espontáneamente.

Quedé desconcertada, me gustaba la noticia, pero a la vez no podía entenderlo. Él de verdad quería involucrarse en mi vida, donde existía caos, destrucción, mucho sufrimiento, engaños y mentiras, meterse en donde en verdad muchos querían salirse. Guardé silencio un buen rato intentando procesar la noticia, la que me mantuvo todo el tiempo con una sonrisa inexplicable en el rostro.

         ¿Qué sucede? No querías que los conociera… ¿cierto? – dijo preocupado.
         No, no es eso, solo esperaba… quería yo presentártelos, no que los conocieras así de la nada… y espera… ¿Qué hacía Norman con Sophie? – reí.
         No lo sé la verdad – rió – bueno si sé pero no te lo diré o si no él me mata – rió más fuerte – de todos modos te digo, tienes unos bellos hijos, también conocí a tu madre…
         ¡Santo cielo! – reí – Has conocido a todo el mundo y yo aquí encerrada – negué con la cabeza sonriendo.
         Es que ya estoy ansioso porque el tiempo pase, sueño con el día en podamos estar juntos, alejados de todo – sonrió mirándome fijo.
         ¿Qué te hace creer que seremos felices?
         Si nos lo proponemos… podemos llegar tan lejos como queramos – dijo mirándome con dulzura.

Eso me hizo sonreír, sostuve el teléfono con más fuerza y decidida a mejorar mi estado de vida; con esas grandes palabras yo podía llegar muy lejos… tal vez podría arruinar la racha de chica mala que me marcaba tanto y de una vez por todas podría ser feliz junto a un solo hombre, que sería el pilar de mi vida, el que me salvaría de mis propios miedos…

         Así será Sean, así será – dije confiada.

Él sonrió y la guardia de atrás se acercó para decirle que el tiempo había acabado, me miró apenado y tocó el vidrio haciendo yo lo mismo y así aparentar que tocábamos nuestras manos mutuamente; se marchó y en seguida entró ella… Guadalupe, la abogada de Mischa.

Sonriente se sentó en aquella silla frente a mis ojos, no me dijo nada durante un largo rato, hasta que se dignó a tomar el teléfono y dirigirme la palabra.

         Lo siento – dijo seria.
         ¿Qué…? – me extrañé.
         He dicho… que lo siento – volvió a repetir muy seria.
         ¿Sentir qué? – dije irónica.
         Todo lo que te he hecho, lo siento, lo lamento. No sé como decírtelo para que entiendas – suspiró.
         Cuéntame rápido, no creo que te den mucho tiempo Guada – sonreí.
         Está bien – me miró confusa – Te pido disculpas por como te he tratado todo este tiempo, creo que fui muy injusta al juzgarte de la manera que lo hice… tú no tenías la culpa de las cosas que le pasaban a Sofía, y solo después de este gesto de fidelidad que acabas de hacer… me queda bien claro que eres su amiga y no su enemiga, lamento si entendí todo lo contrario durante los últimos 10 años – levantó sus cejas.
         ¿Creías que yo odiaba a Mischa? – reí.
         No, creí que te aprovechabas de ella, sinceramente esa es la impresión que se daba. Opacabas mucho su figura y  a veces pensé que solo la usabas para no sé… ¿apariencias? No sé como explicarlo, pero en un resumen no creí que la quisieras tanto como para hacer lo que hiciste… – acabó.
         Me alegra que me pidieras disculpas Guada, solíamos ser buenas amigas y de un día para otro comenzaste a hacerme la ley del hielo. Ahora comprendo todo, y quiero que sepas – sonreí – que ella es mi mejor amiga y jamás haría algo que la perjudicara…
         Lo sé, de echo, ahora lo sé, por eso mi visita. Supe que María apareció y me dio nostalgia que no fuéramos el cuarteto que solíamos ser ¿sabes? Por eso mis disculpas, quiero que todo sea como hace 10 años – sonrió.
         Me gusta como piensas – sonreí
         ¿Me disculpas entonces?

Guardé silencio mientras sonreía recordando los viejos y memorables tiempos.

         Claro que si querida, solo quiero que no vuelvas a pensar eso de mí nunca más ¿está bien? – sonreí.
         No lo haré más Nixie – sonrió – ¿Estamos a mano entonces?
         Oh si – reí.
         Que loco que María terminó siendo tu abogada y yo la de Sofí, es lindo, las cuatro locas amigas – rió.
         Es loco, pero me gusta, hay mayor confianza y todo…
         Por cierto, me mudaré aquí a Los Ángeles
         ¿De verdad? Eso es maravilloso – sonreí.
         Sí, me mude con mi esposo Reita…
         ¿Con ese cara de lagartija? – reí.
         ¡No lo llames así! – rió.
         Me alegro bastante que estés de regreso con nosotras – sonreí – será lindo todo lo que pase de ahora en adelante.
         Y traigo otra noticia no tan buena… – su rostro cambió rápidamente.
         ¿Qué sucede?
         Es sobre un miembro de tu banda…
         ¿Qué pasó? – me preocupé.
         El bajista… como se llama… ¿Petter? Bueno él sufrió un accidente hace algunas horas – dijo con temor.
         ¡¿Petter?! ¿Qué le pasó? – grité.
         Está bien – guardó silencio – Bueno… no tan bien, cayó en coma…
         ¿En coma? Pero que mierda le pasó… – me puse de pie.
         Tranquila Nixie, él es diabético ¿lo sabes?
         Sí…
         Bueno, está en un coma diabético… tuvo una descompensación, creo que tuvo un lío con su esposa y eso le afecto demasiado, Sofía lo pilló hoy en su departamento… la puerta estaba abierta y lo encontró tirado junto al sofá – levantó las cejas.
         Santa mierda… – susurré – Espero que mejore…
         Ojala, los doctores dijeron que un coma diabético puede variar, si la descompensación fue muy drástica y los niveles de azúcar aumentaron o disminuyeron a gran velocidad, puede costar que vuelva a tener consciencia… como es su caso.
         Que mal… me pareció raro que no me hayan dicho antes…
         Pasó solo hoy, así que si hay más noticias no dudes en que te avisaremos – sonrió.
         Está bien, gracias por venir Guada… de verdad gracias –sonreí.
         No es nada pequeña, nos vemos otro día – saludó con la mano.
         Adiós loca – reí.

Se marchó y yo partí a mi celda, procesando aquel extraño incidente que trataba sobre Petter, él era un sujeto muy tranquilo, tan pacífico y pensativo que me parecía muy raro lo que le había pasado. Nunca antes había tenido problemas con su diabetes… ¿Qué le habrá dicho su esposa? ¿Qué habrá sucedido? Tantas preguntas… y nadie podía responderlas.

Cuando parece que todo iba bien… algo empeora. No sé porque al destino le gusta jugar tanto con la vida de las personas como si fueran marionetas, como si no pudiera pasar nada bueno sin que algo se arruine, acaparando así un desborde de incomprensión para todos. La vida es injusta… y vaya que lo es, pero a veces es demasiado incluso con gente que no lo merece… como Petter.

Necesito un nuevo bajista para Nevinger, necesito que mi amigo se recupere, necesito primero… Salir de este maldito lugar y así poder dar las órdenes necesarias para que el mundo se sienta a gusto incluso con aquello a lo que más odian, conmigo.

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