lunes, 24 de octubre de 2011

Chapter 57.

Todas las canciones son anécdotas, todas las versiones tienen historias, todas esas historias son reales…

Unas voces extrañas se hicieron escuchar a medida que abría mis ojos, una brillante luz me cegaba y así pude reaccionar; desperté por completo, me senté en el borde de aquella camilla en que se depositó mi cuerpo.

         ¿Cómo se siente señorita? – preguntó un sujeto con bata blanca.
         Sí, estoy bien – lo miré encogiendo mis ojos.
         Eso es bueno, hay una persona que quiere verla – sonrió complicado.
         ¿Quién…? – levanté mis cejas aún media dormida.

Hizo que mirase hacía donde apuntaba mi espalda y pude ver al gran C-Kark con una aterradora cara, se acercó lentamente hacía donde yo estaba, me miró sin expresión alguna en su rostro y eso me asustó un poco.

         ¿Qué sucede? – me extrañé.
         ¿No te lo han dicho…?
         ¿Decirme qué…?

Reaccioné, recordé… miré mi vestido y la sangre en mis manos, negué con mi cabeza mientras que de mis ojos corrieron unas lágrimas.

         ¿Dónde está Dero? – miré a C-Kark.
         Él… – guardó silencio.
         ¡¿Dónde está?! – grité.
         Nixie… Dero murió. No soportó el impacto de la bala…

Sentí con esas palabras como el alma se me partía, mi respiración perdió el control y mis ojos estallaron, al igual que en las películas grité con fuerza que eso no era posible, que en verdad él no lo merecía, mucho menos después de todo lo que había echo. Un profundo vacío condenaba mi corazón, no hay forma de explicar como me sentí en ese maldito momento, pensé que todo había sido una tonta pesadilla, que aquel sujeto con el arma… los maleantes y todo lo que pasó solo había sido una terrible pesadilla, pero esta noticia hacía de esto la cruel realidad.

         Tranquila pequeña, todo estará bien… – susurró C-Kark mientras me abrazaba.
         Dime que eso es solo una mala broma – supliqué cerrando mis ojos con fuerza.

El dolor de su perdida se hacía insoportable, nunca creí que volvería a sentirme así luego de la muerte de Max; no sé cuanto tiempo permanecí apretando al pobre de C-Kark para desatar mi dolor… pero me sentía agotada. Recordar hacía de esto algo mucho peor, por mi cabeza pasaron mil cosas… las que jamás volverán a repetirse, sentía como mi vida se desvanecía en el aire a medida que mi sufrimiento no cesaba. Seguir viva ahora se hacía un maldito calvario…

Narra C-Kark._
Llegamos a casa luego de casi una hora desde que Nixie había despertado. Abrí la puerta de la casa y Aya nos observó extrañada, su mirada hacía muchas preguntas… Nixie caminó a la cocina a beber un poco de agua y yo me acerqué a Aya.

         Dero… falleció – le susurré con cautela.
         Oh por dios… – cubrió su boca mientras sus ojos querían salirse de lugar.

Corrió a la cocina en busca de Bauer y la abrazó con fuerza logrando así que ella volviera a derramar lágrimas con desesperación; me había costado mucho trabajo calmarla en el hospital… pero en verdad nadie podría estar bien al perder a la persona que ama, más aún en una situación como aquella.

         Lamento tanto lo que está pasando Connie, pero debes estar tranquila, él pasó a una mejor vida – repetía una y otra vez Aya.
         Lo mejor será que duerma, debe estar agotada – dije desde el sofá.

Ella no decía nada, lloraba en un permanente silencio… Aya la guió hasta su cuarto para hacerla dormir mientras yo llamé a los amigos de Dero, primero a Crap y luego a Flux, contarles lo sucedido no fue nada agradable… admito no haber sido tan cercano a Dero, pero eso no quiere decir que no lamento su perdida.

Narra Nixie Bauer._
Pasó una semana desde aquel incidente, había sobrevivido al funeral y al pésame de todos los que lo conocían. Había empacado todas mis cosas con el dolor de mi alma, preparé a los niños, preparé a los canes y a eso de las ocho de la mañana partí al aeropuerto, en mi auto…

         ¿Dónde diablos estás? – preguntó Crap.
         Voy camino al aeropuerto – contesté melancólica.
         ¡¿Por qué?! ¿Qué piensas hacer?
         Vuelvo a California, ahora no tengo razón para quedarme en Alemania… lo siento Crap, pero debo partir – lloriqueé.
         Está bien Nixie, espero que nos volvamos a ver…
         Tengo eso en mente, ten por seguro que nos volveremos a ver Crap.
         Eso espero… te deseo mucha suerte en todo – sentí una sonrisa.
         La suerte me ha abandonado… no la necesito.
         Entonces espero que te vaya bien de ahora en adelante…
         Gracias, debo cortar… – sonreí.
         OK, cuídate mucho.
         ¡Espera!
         ¿Qué sucede? – rió.
         Promete visitar la tumba de Dero en mi nombre… por favor… – cerré mis ojos dejando caer unas delicadas lágrimas.
         Lo prometo… – susurró.
         Gracias… nos veremos nuevamente Crap… algún día – sonreí.
         Sí… nos vemos. Adiós Nixie.
         Adiós Crap... – corté.

Guardé el teléfono luego de secar mis lágrimas, bajamos del auto con los niños luego de prepararlo para que lo abordasen al avión, subieron a los dos perros en sus respectivas jaulas y con los chicos abordamos el avión después de dejar nuestras maletas en donde correspondía. Viajamos en primera clase, los niños aún no entendían bien lo que había sucedido con Dero y cada vez que me preguntaban por él yo rompía en llanto.

Un deseo de frustración empeora esta maldita situación, logrando así que cada vez me pierda más en un abismo desconocido y que pierda incluso la razón de ello; ya no puedo oír más su voz y eso me provoca desesperación… logrando que pierda el rumbo.

Casi como espía bajé del avión con mis hijos y mis canes, rápido para no ser vista por cualquier persona que me conociera; abordamos el auto y comencé a llorar sin parar… no podía soportar la idea de que Dero jamás volvería a aparecer, el dolor se hacía interminable.

         Mamá… ¿Qué te sucede? – preguntó Cristal preocupada.
         Tranquila hija, estoy bien – mentí secando mis lágrimas.
         ¿Es por la muerte de Dero, cierto? – tocó mi hombro.

Asentí en silencio, hice que volviera a sentarse y partimos a la vieja casa aquí en Los Ángeles, hubo pleno silencio hasta que llegamos a la morada en que residíamos hasta hace algún tiempo. Estacioné el auto y los niños corrieron adentro, solté a los perros en el jardín para que fueran libres; las cosas ya estaban todas en su lugar, con los pequeños solo tuvimos que guardar las ropas en los armarios y luego de eso tuve paz… al fin. Me relajé en el sofá, me lancé en él tal como una vaga… me hacía mucha falta un momento a solas; llamé a Teresa y le pedí que volviera a trabajar conmigo a lo que ella aceptó.

         Niños, voy a casa de Mischa, vuelvo en unos minutos… – les grité desde la sala.
         Está bien mamá, ve tranquila – respondió Cristal.

Tomé mi abrigo negro y caminé a la casa de mi vecina, ya estaba cerca el invierno y el frío se hacía notar; toqué el timbre y Corey me abrió la puerta, con su rostro me demostró lo asombrado que estaba al verme allí.

         ¿Está Mischa? – pregunté sin mucho ánimo.

Asintió en silencio.

         ¿Puedo pasar? – levanté mis cejas.
         Claro, como no… – sonrió de costado.

Me dejó entrar y las miradas me atacaron en un extraño e incómodo silencio, Guadalupe encogió sus ojos con desagrado al verme allí, seguía molesta conmigo quien sabe porqué.

         Hola… – sonreí levemente.
         ¡Nixie…! ¿Qué haces aquí? – dijo asombrada Mischa.
         Vengo a hablar contigo…
         Ni lo pienses – dijo Guadalupe poniéndose de pie.
         ¿Por qué no Guada? Ha venido desde Europa hasta aquí – bufó Mischa.
         Tengo la solución a tu problema Mischa – susurré indiferente.

Todos se miraron asombrados, incluso la misma Guadalupe, respiré profundo y comencé a impacientarme.

         ¿Podemos hablar a solas…? – insistí.
         Claro, vamos a mi cuarto – sonrió.

Miré a Guada de reojo y me estaba mirando furiosa, Corey se quedó con ella mientras con Mischa hablábamos en su cuarto.

         ¿Qué sucede? ¿Por qué has venido? – sonrió desde la cama.
         Dero ha muerto – susurré mirando por la ventana.

Guardó silencio desde la cama en donde estaba sentada; me rehusé a llorar… no quería dar lástima.

         ¿Qué…? – dijo aterrada.
         Como lo oíste… Dero está muerto – la mire apenada.
         Es una broma… ¿cierto?
         No Mischa, por eso eh vuelto a California…
         ¿Cuándo pasó esto…? ¿Cómo…? – se puso de pie asombrada.
         Hace una semana… cuando con Dero salimos a celebrar nuestros tres meses en Berlín, unos sujetos nos asaltaron y le dispararon… allí mi vida perdió sentido – comencé a recordar con dolor.
         Oh Nixie… lo siento tanto… – me abrazó.

Le conté todo lo que había pasado, por todo lo que tuve que vivir en la última semana, también le mencioné lo que tenía en mente respecto a su situación, tenía una gran jugada en mente.

         ¡¿Qué?! – gritó.
         Es lo mejor Mischa, es la única solución – levanté mis cejas.
         ¡Estás loca, no dejaré que hagas tamaña locura Nixie! – gritó alterada.
         Tú debes hablar con los chicos de la banda todo lo que acabo de decirte… lo haré incluso si no estás de acuerdo – fruncí el seño.

Guardó silencio mientras apretaba sus labios, yo la miré con los ojos perdidos, no estaba de humor como para que alguien discutiera mis decisiones.

         Debo pedirte un favor… – susurré.
         ¿Qué quieres?
         Que cuides a mis hijos esta noche, necesito un momento a solas y no quiero que estén solos mientras no estoy, ¿Puedes hacerme ese favor?
         Claro, yo los cuido, pero si solo prometes no hacer ninguna estupidez ¿si? – levantó sus cejas.
         Te lo prometo – sonreí levemente.
         Perfecto…

Ya era de noche cuando llevé a los pequeños a casa de Mischa; Guadalupe seguía mirándome con ese odio del cual yo desconocía su motivo.

         Cuídalos… por favor.
         No te preocupes, están en buenas manos – sonrió Corey.
         Promete regresar – susurró Mischa.
         Lo haré, descuida…
         Bueno, me conformo con ello.
         Adiós – sonreí.

La puerta se cerró a mi espalda mientras me dirigía a algún lugar, ni siquiera sabía a donde iba… pero debía estar sola un rato, lo necesitaba.

Como era de esperarse entré en un bar, uno muy exclusivo, para no mezclarme con cualquier idiota, podía encontrar variados rostros famosos, los que en verdad no me importaban. 
Me senté en la barra y vi varias personas que me observaban así que tomé el brandi y el whiskey que había pedido y me largué a una mesa para dos, alejada de la barra, me senté y mientras bebía derramé lágrimas de dolor. Los recuerdos se hacían presentes, las memorias me colapsaban y ya no lo soportaba.

         ¿Por qué me tienen que pasar estas cosas a mí…? – susurré.
         ¿Qué cosas te suceden? – preguntó frente a mí.

Sequé mis lágrimas rápido y me extrañé al ver a ese sujeto parado junto a la mesa, observándome con una mirada tan fraternal… como era la de Dero.

         ¿Quién eres…?
         Hola, me llamo Sean… ¿Estás con alguien? – dijo mirando la silla vacía frente a mí.

Negué con la cabeza y él tomó asiento sonriendo levemente, pareciera que supiera que yo estaba sufriendo y quería ser discreto bajo todo aspecto; miró los dos vasos frente a mí y luego me miró a mí, tenía unos ojos maravillosos… me puso un poco nerviosa.

         ¿Cómo te llamas? – me miró dulcemente.
         Constanza… Proust ¿y tú? – le seguí la corriente para tener tema.
         Sean Flanery… ¿Qué haces bebiendo aquí… sola? – movió su cabeza hacia un lado.
         Me acostumbro a sufrir, beber te hace olvidar que tienes problemas… – sonreí melancólica.
         Woah, vaya… ¿tienes muchos problemas?

Guardé silencio y lo miré boquiabierta, él era un completo desconocido que se preocupaba por mí, me hizo sentir frágil y dependiente. Hablamos sobre muchas cosas, incluso le relaté lo que había pasado con Dero… soportó el verme llorar y pese a todo no huyó como lo hubiera echo cualquiera. Poco a poco comenzó a ganarse mi confianza, el alcohol se hizo presente con más potencia, lo último que recuerdo fue a un tipo que se acercó a pedirme mi número telefónico pero Sean lo obligó a irse porque él estaba acompañándome; fue un lindo gesto y quien sabe lo que pasó después… estaba tan borracha que no recuerdo más.
Aún así el dolor seguía presente, mis manos extrañaban la piel de aquel hombre… me hacía falta su respiración… su sonrisa y su voz, lo necesito… lo quiero de vuelta.


Mi vida se desmanteló tal como un escenario luego del show, sin que nadie se diera cuenta de ello... Pero los shows deben seguir... y volveremos a construir aquel magnífico escenario, pero en otro lugar.

domingo, 16 de octubre de 2011

Chapter 56.

Era hora de fiesta, olvidarse un poco de la realidad siempre era bueno… esas sustancias alógenas me hacían sentir mejor.

MISCHA BAUER ES LLAMADA A JUICIO POR TRÁFICO DE DROGAS.

Aquel titular me desconcertó completamente ¿Cómo podía Mischa participar de tamaño asunto? Más aún en su actual condición de embarazada.

         ¿Qué? ¿Mischa hizo eso? – dije drogada.
         Eso parece… ¿Por qué no le llamas? – sugirió Dero en el mismo estado.
         Lo haré – reí.

En este estado todo me parecía gracioso, pero a veces era todo lo contrario… como sea, tomé el teléfono y marqué su número, me contesto una mujer.

         ¿Quién habla? – pregunté.
         ¿Con quién hablo yo? – preguntó molesta.
         Con Nixie, quiero hablar con Mischa ¿está ahí?

Guardó silencio un corto rato y eso me molestó.

         ¿Aló?
         No, ella en este momento no puede hablar con nadie – dijo cortante.
         ¿Cómo que no? Es mi hermana y tengo derecho a hablarle – bufé.
         Pero ella no – cortó.
         ¡Pero que demonios…! – lancé el teléfono al sofá de enfrente.

En Los Ángeles…

         ¿Quién era Guada? – preguntó Mischa saliendo del baño.
         Nadie… periodistas idiotas que solo estorban – contestó seria.
         Oh bien…

No sabía cual era la razón de porque Guadalupe le había ocultado mi llamado a la gran Bauer, pero eso no me gustaba.
Las horas avanzaron, el reloj hacía de lo suyo como era de costumbre, en la noche de ese mismo día con Dero celebraríamos nuestros tres meses aquí en Berlín, con nuestra nueva vida… solo nuestra.

         ¿Estás lista? Recuerda que reservé una mesa y no podemos llegar tarde – gritó desde la sala.
         Ya voy, sé paciente Dero… es costumbre de las mujeres hacer esperar a los hombres – reí acomodando mi cabello.

Hubo un silencio mientras terminaba de arreglarme, bajé las escaleras meneando mis caderas para seducir al maravilloso hombre que me acompañaría esta noche; me asombré aún más al ver a Aya junto a C-Kark en la sala… esperando.

         ¿Y ustedes que hacen aquí, no tienen casa? – reí.
         Seremos niñeras esta noche, para que se vayan a un hotel y se hagan cosas cerdas – rió Aya.
         Es para que disfruten su velada, nosotros nos encargaremos de los pequeños – sonrió C-Kark.
         Yo les pedí el favor, no te molesta ¿o si? – tomó mi mano Dero.
         No, claro que no cariño; me agrada la idea de que estos idiotas sirvan para algo – reí.
         ¡Oye! – rieron ambos.
         Será mejor que nos vayamos, ya se hace tarde – sonrió Dero.
         Está bien, cuiden a mis hijos, pobre que se pongan a hacer cosas pervertidas frente a ellos – reí.
         Sí, si como digas – rió Aya.
         Pásenla bien – agregó C-Kark cerrando la puerta.

Con Dero tomamos un taxi que nos llevaría al lugar en donde cenaríamos.
Volviendo también al otro continente… las cosas no mejoraban para nada, sino que al contrario, parecía que todo seguía empeorando… cada vez un poco más.

         ¿Cuánto tiempo tendrás que estar así? – preguntó Lu.
         No lo sé, las cosas no parecen mejorar para nada, incluso ya me imagino dando a luz a mis bebés en la enfermería de la prisión… ya no soporto todo esto –dijo apenada Mischa.
         No digas eso, saldremos de esto… sea como sea – dijo Guadalupe confiada.
         Sí, claro... ni siquiera te has preparado para el juicio – bufó Mischa.
         Creo que todo este asunto te tiene un poco histérica, será mejor que te relajes Mischa, esto no te hace bien a ti ni a los bebés – dijo preocupada Lu.
         No me siento bien… quiero dormir – dijo temblorosa.
         Está bien, vamos al cuarto – la acompañó Lu.

En este momento no estaba claro lo que pasaría, nada indicaba que terminaría bien; incluso pareciera que todo empeoraba, tal vez Mischa si tendría que pagar con cárcel… y eso no era para nada bueno.
En el lugar en cual solíamos ensayar, se encontraban los tres chicos de la banda, reunidos por un personaje que estaría a punto de aparecer…

         ¿Cuánto tardará en llegar? Yo no puedo perder mi tiempo aquí – bufó Andréu.
         Tranquilízate, ya debe estar por llegar – susurró Petter.

Justo en ese momento se abrió la gran puerta, haciendo que apareciera el mismísimo Corey Taylor; en su rostro no había algún tipo de expresión sobre algo como para saber de que trataría esta inusual reunión.

         ¿Corey…? – se extrañó Alex.
         Que sorpresa… ¿para que nos reuniste? – se asombró Petter riendo.
         Los reuní porque quiero hablarles de algo importante, y quiero que escuchen con atención… dijo serio.
         ¿Si? ¿Sobre qué? – Andréu lo miró molesto.
         Pero que todo, quiero que tu guardes silencio porque si vas a recriminarme por alguna cosa… soy capaz de golpearte.

Andréu lo miró molesto, él había cambiado mucho, no era el de antes… en verdad no comprendo porque tuvo ese cambio tan repentino, es muy extraño…

         Ve al grano Taylor – bufó el francés.
         Sé por todo lo que han pasado, y todo lo que están pasando ahora… pero aunque no quieran deben hablar con Nixie para que regrese…

Corey tomó una silla y se sentó en ella como en las películas de detectives, con el respaldo hacia delante y sus piernas abiertas como tijeras, sus manos soportaban el peso de su mentón en aquel respaldo; los chicos lo miraron extrañados y como era obvio, Andréu rió irónico.

         ¿Para qué? ¿Extrañas acostarte con ella? – rió Andréu apoyado en un pilar.
         Deja de decir estupideces, estoy hablando en serio – frunció el seño.
         Yo también, no tenemos porque escuchar lo que estás diciendo, solo lo haces para que vuelva… ¿te digo algo? Ya no volverá porque encontró a un idiota que la consienta en todo, ya no le sirves ni para la cama – sonrió irónico.
         ¿Tanto te duele que hayamos tenido sexo? ¿Qué sientes…? ¿Envidia? – rió Corey – Quizá por eso estás así ¿no?

Eso hizo que el francés se molestara y caminara enfurecido hacia Corey, logrando que éste lanzara la silla lejos y se pusiera de pie para enfrentarlo; Alex y Petter solo observaban como simples espectadores… no querían más líos.

         Tú no sabes lo que estás diciendo Taylor… no me provoques – dijo furioso.

Ambos chocaron sus pechos como si fueran a pelear, los chicos presentes comenzaron a ponerse nerviosos, temían lo peor.

         Chicos… tranquilos – se puso de pie Petter.
         ¡Tú no te metas! – le gritó Andréu.
         ¿Quieres golpearme? ¿Eso es lo que tanto quieres? ¡Vamos, hazlo! – lo provocó Corey.
         No me tientes, pudo dejarte muy mal – rió Andréu como un loco.

Se miraban con odio, con furia pura, parecían animales peleando por carne… jamás se había presentado este tipo de situación entre ellos.

         ¿Estás así porque Nixie no se quedó contigo cierto? ¿Por eso ahora la odias tanto? – gritó Taylor.
         ¡Tú no sabes nada al respecto!
         Claro que es por eso ¿Cómo no te das cuenta que por un simple capricho puedes perder a alguien importante?
         ¿Importante? ¡Me abandonó cuando de verdad la necesitaba! ¡Eso no lo hace la gente que dice amarte!
         ¿Se lo hiciste saber? Apuesto a que no… además vengo de hablar con William Orrock y dice que no trabajará más con ustedes si la vocalista no aparece… se quedaran sin Roadrunner Records solo por un capricho tuyo… ¡Recapacita!
         ¿Qué…? – dijo asombrado Petter a la distancia.
         ¿No se dan cuenta que ella era lo que mantenía unido su banda…? La necesitan – dijo Corey mirando directo a los ojos a Andréu.
         Es cierto, pareciera que quieres acabar con la banda Andréu – dijo serio Alex.
         No quería que esto pasara… – susurró apenado.
         Entonces comienza a actuar como un hombre y asume los errores que has cometido idiota, o Nixie jamás volverá y ustedes estarán perdidos – bufó Taylor.

Hizo una mueca de resignación mientras guardaba silencio, Corey logró calmarse un poco y la conversación fue tornándose más pacífica…

         Corey… ¿Cómo es eso de la disquera? – preguntó Petter.
         Bueno, fui con ellos para hablar sobre unos asuntos de Slipknot y me preguntaron sobre Nixie, les dije que no sabía de ella hace casi un mes y me comentaron que están pensando en dejar a Nevinger fuera de su lista si ella no volvía – levantó sus cejas.
         ¡Ves Andréu! Eso provocaste… ¡Eres un hijo de perra! – gritó enojado Alex.

Él solo lo miró a la lejanía, desde un rincón de donde no decía nada, quizá estaba pensando en como arreglar todo lo que había pasado… tal vez.

Nuevamente, volvemos con la historia que se está escribiendo con sentimientos puros allá en el viejo continente. Los dos salimos del lugar en donde habíamos disfrutado de una maravillosa cena; rodee su cintura con mi brazo y él mi hombro con uno de los suyos, caminamos largos minutos por aquellas oscuras calles del centro de Berlín.

         ¿Cómo la has pasado? – sonrió mientras caminábamos.
         Muy bien, fenomenal y todos los sinónimos que se te puedan ocurrir – reí.
         ¿Tan bien la pasaste?
         Claro, siempre la paso bien estando contigo Dero… eres la mejor compañía – sonreí.
         Eso me hace sentir importante ¿lo sabías? – rió.
         Tú eres importante… más de lo que crees…

Se detuvo de improviso y en un hermoso silencio tomó mi rostro para poder chocar nuestros labios y compartir la bella sensación de robarnos el alma desde lo más profundo. Ya era bastante tarde, quizá las tres de la mañana y poca gente transitaba por la ciudad a esas horas; caminamos por la avenida Grow, parecía que todo iba bien… hasta que aparecieron tres sujetos encapuchados que jamás había visto en mi vida.

         ¡Dénos todo el dinero si no quieren salir dañados! – gritó uno que al parecer era el líder.

Con Dero nos miramos preocupados, me puse un poco nerviosa.

         Tranquilos chicos… - rió Dero nervioso.
         ¡Eh dicho que nos den su puto dinero! – sacó un arma y nos apuntó.

Dero se paró delante de mí para protegerme, en verdad no me gustaba esto y mis latidos comenzaron a aumentar en demasía.

         Vamos chicos, podemos entender con buenas palabras… no es necesaria el arma – dijo Dero, calmado.
         No me digas lo que tengo que hacer maldito hijo de perra y dame tu maldito dinero o te atravieso con una bala – dijo exaltado.
         Vamos Dero. Solo dales lo que quieren – susurré nerviosa al ver como movía su arma apuntando a Dero.
         Si, ten calma…

Dero lentamente introdujo su mano en el bolsillo de su pantalón para darle es tan pedido dinero, pero no se que mierda pensaron los sujetos que comenzaron a gritar.

         ¡Cuidado! ¡Tiene un arma! ¡Es policía! – gritó uno de ellos al ver que Dero sacaba algo oscuro de su bolsillo.
         ¡No! ¡Yo…! – gritó Dero para detenerlo.

Pero fue imposible, la bala salió disparada desde el revolver hacia el pecho de Dero, haciendo que éste cayera al suelo y los tres sujetos desaparecieran de mi vista; me arrodillé para poner la cabeza de Dero en mi regazo. Había sangre escurriendo por el costado de su boca y mucha sangre en la blanca camisa que traía puesta, me desesperé y comencé a llorar mientras no sabía que hacer.

         ¡No Dero! Calma mi amor… - dije histérica.

Respiraba agitado, mis ojos comenzaron a explotar a medida que veía que se le desvanecía la vida.

         ¡Ayuda! ¡Por favor que alguien me ayude! – grité mientras lloraba.
         Cuida a los niños… por favor – susurró.
         ¡No, Dero! No cierres los ojos mi amor, por favor… no cierres los ojos – golpeé sus mejillas para mantenerlo despierto.
         Ya no puedo más… duele – apretó su mandíbula.
         Mi amor, no te vayas – supliqué desesperada.
         Te amo… no lo olvides nunca – susurró antes de cerrar sus ojos.
         Dero… no puedes – grité con todas mis fuerzas.

Sentía como el mundo se me venía encima, apenas podía respirar, comencé a ver extraño… me sentí débil, creo que me desmayé al mismo tiempo que a él se le iba el aliento; lo último que recuerdo de esa noche fue mucha gente rodeándonos… diciéndome que la ambulancia venía en camino y que todo estaría bien…



Es como una dulce melodía que está llegando a su fin...