sábado, 11 de junio de 2011

Chapter 30.

El triste pasado ya había quedado atrás, nunca más me atemorizaría con lo que alguna vez causó en mí un caos interior. Aquella tarde entré en esa tienda a beber un capuchino junto a la vitrina y por las cosas del destino apareció ese rubio.

– Hola lindura – dijo sentándose frente a mi en la pequeña mesa.
– Hola Corey – sonreí.
– Pero que sonriente estás hoy – dijo riendo.
– ¿Qué tiene de malo? La vida es bella – volví a sonreír.
– ¿Te ganaste algún premio o algo? – bebió su café.
– No, simplemente es un buen día – reí.
– Que linda te ves sonriendo – sonrió coquetamente.
– Y tu que apuesto te ves coqueteándome – saboreé mis labios-
– Vaya, eso no lo sabía – bebió su café sin dejar de mirarme.
– Yo creía que lo sabías, las chicas te lo deben decir muy seguido – sonreí.
– Pero que cosas dices, yo no coqueteo con cualquiera – me miró atento.
– ¿Ah no? Es decir que soy afortunada – dije irónica.
– Claro que sí bella mujer
– Pero que sorpresa más agradable.
– ¿Qué haces sola por estos lugares? – apoyó sus brazos en la mesa.
– Espero a mi abogado – bebí mi café.
– ¿Quieres dar una vuelta mientras lo esperas? – sonrió.
– ¿Qué hora es?
– Las 14:00
– Bueno, me queda una hora... – sonreí.
– ¿Por qué llegaste una hora antes? – rió.
– No lo sé – reí.

Nos pusimos de pie y caminamos por un parque cercano a esa cafetería, nos miramos bajo la sombra de esos árboles, él tenía sus manos dentro de los bolsillos de su sweater, usaba ese sombrero que lo destaca y yo pues, vestida de traje con pantalones ajustados y una musculosa bajo la elegante chaqueta negra; nos detuvimos mientras hablábamos y éste me miró como los viejos tiempos.

– ¿Por qué ya no me quieres? – sonrió melancólico.
– Si te quiero, como un gran amigo – sonreí.
– Me refiero de la otra manera...
– ¿Cómo familia? Pues también te quiero como... un hermano –reí.
– Como hombre, no te hagas la tonta – rió.
– No me hago la tonta... soy tonta ¿lo recuerdas? – susurré.
– Olvida eso, sabes que lo dije porque estaba enojado... te he pedido perdón mil veces ¿Cómo no te das cuenta?
– Fuiste muy hiriente con tus comentarios Corey, esa vez yo sufrí mucho... porque te amaba.
– Pero ya han pasado diez años... lo lamento cariño – dijo apenado.
– Sabes que te perdoné hace mucho – sonreí.
– No, no lo sabía...
– Bueno ahora lo sabes

Sus azules ojos me seguían mirando desde la poca altura que nos separa, su mano tomó mi mentón con cuidado y comenzó a acercarse.

– Tú ya no provocas nada en mi rubio – sonreí.
– Eso quiero verlo

Moví mi rostro para rechazar su beso.

– ¿A qué le temes? – sonrió.
– A nada
– Entonces, déjame besarte
– ¿Por qué? – reí.
– Para estar seguro de que ya no te provoco nada – rió con media sonrisa.
– ¿No confías en mi palabra?
– Claro que si, pero no en tu corazón

Reí y le tomé la nuca para chocar sus labios con los míos, bruscamente introduje mi lengua en su boca y la moví para que se sintiera satisfecho.

– ¿Feliz? – limpié su saliva de mis labios.
– Eso no fue un beso – rió saboreándose los labios.
– ¿Cómo que no? –reí.
– Yo te daré un beso como corresponde – sonrió.

Reí y dejé que lo hiciera, lentamente acercó sus labios a los míos abriendo su boca moderadamente para dejar pasar su lengua, la que hizo contacto con la mía románticamente provocando en mí un escalofrío. Dejó de besarme y volvió a saborear sus labios mientras yo hacía lo mismo.

– Ese si fue un delicioso beso ¿no te parece? – rió orgulloso.
– Dero besa mejor – sonreí.
– Sabes que no, solo estás mintiendo
– Eso solo lo sé yo – levanté mis cejas sonriendo.
– Odio que hagas eso – rió.
– No me interesas Corey, puedes volver a Iowa con Stefany o con Mischa, pero olvida que tendrás una oportunidad conmigo – sonreí dulcemente.
– ¿Por qué eres así conmigo?

Guardé silencio y recordé nuestra historia pasada.

– Porque eres un mentiroso – lo mire apenada
– ¿Por qué?
– ¿No recuerdas las promesas que hiciste? Bastó con que Bytha escribiera cartas a mi nombre, para que te casaras con otra – reí.

Guardó silencio y me sonrió como cuando lo conocí.

– ¿Qué hora es? – pregunté.
– Las 14:50
– Bueno, debo irme
– Te acompaño – sonrió.
– Pero que caballero eres...

Sonreí y entrelacé nuestros brazos, caminamos bajo esos bellos árboles del parque, había una pequeña brisa que me hacía sentir aún mejor de lo que me sentía; llegamos a la cafetería y nos sentamos en donde antes habíamos estado.

– ¿Volverás a Iowa?
– No lo sé, estaré con Mischa hasta que Ville vuelva
– Pobre de ti que le hagas daño a mi hermana – susurré.
– No lo haré... lo prometo
– No quiero que pase por lo que tuve que pasar yo – miré por la ventana.
– ¿Sabes? Igual fueron los mejores años de mi vida – sonrió tomando mi mano.

Sonreí al mirar sus azules ojos encogidos por esa bella sonrisa que lo caracteriza.

– ¿Si?
– Sí, no fue muy larga nuestra relación, pero la aprovechamos al máximo. Aún tengo ese video de nuestra navidad juntos... ¿la recuerdas?
– Sí, como olvidarla.... – reí.
– También tengo las fotos de esa cabina fotográfica en San Francisco – susurró.
– Con mi boina morada... y tu cabello largo, yo también las tengo aún – sonreí.
– Dios... esos días fueron maravillosos...
– Sí, pero ya pasaron – sonreí.

En ese momento vi a entrar a Mack al lugar.

– Ya llegó mi abogado
– Está bien, nos vemos... en estos días iré a visitar a Cristal – besó mi cabeza.
– Bien, cuídate – le sonreí.
– Tú también

Se fue, Mac lo miró extrañado después de saludarlo cuando iba saliendo, se sentó frente a mi justo donde estaba Corey, besó mi mejilla y yo la suya.

– Hola
– Hola –reí.
– ¿Qué hacía él aquí? – levantó sus cejas.
– Hablando conmigo, cosas sin importancia – sonreí mirando por la ventana.
– ¿Y por qué te sonrojas? – rió.
– ¡Oye! No estoy sonrojada – reí.
– ¿Cómo que no? – siguió riendo.
– Cállate – reí saboreando mi labio.
– Bueno, a lo que vine... aquí traje los papeles de tu divorcio... ¿estás segura de esto? – me miró confuso.

Asentí en silencio, el mesero se acercó a nosotros y Mack pidió dos cafés.

– ¿Cómo puedes creer en lo que dijo Bytha? Pueden ser solo mentiras, para variar...
– Su esposo no puede tener hijos, si está embarazada es de cualquiera, menos de él... – bufé.
– ¿Y si no está embarazada? Puede que te estés precipitando... – susurró bebiendo café.
– Cierto... pero cuando se lo dije a Richard... en ningún momento me negó que se había acostado con ella – levanté mis cejas molesta.
– Vaya... – suspiró.

Bebí café al mismo tiempo que él también lo hacía.

– ¿Dónde firmo?

Reí segura y sacó de su maletín unos documentos, me dio un bolígrafo luego de colocarlos frente a mí y sonrió.

– Ya sabes que debes esperar a que Richard firme su parte
– Lo sé, y tú debes encargarte de que lo haga... – reí firmando.
– ¿Por qué? Yo no soy su abogado – rió
– Necesito que sea lo antes posible Mack, no soporto estar así... te juro que desconozco su persona... – negué con mi cabeza.
– ¿Tanto ha cambiado?
– Demasiado... y yo también – reí.
– Eso está claro, desde que nos conocimos... no has parado de cambiar – rió.
– No, nunca tanto... no he cambiado tanto como dices, sigo siendo la misma idiota de esos días – sonreí.
– Nunca has sido idiota, solo te dejas llevar por el momento, a veces eso nos juega en contra – susurró.

Conversamos un largo rato, guardó los importantes papeles dentro de su maletín y acabamos nuestros cafés para volver cada uno con su vida, salí del lugar y caminé por las calurosas calles de California, el ambiente era agradable y los turistas me pedían que les tomase una foto junto a sus familias... disfruté de esos pequeños detalles que muchas veces suelo despreciar.
Sonó mi nuevo celular y me asusté con aquella tenue vibración.

– ¿Hola?
¡Nixie acaba de nacer el hijo de Alex! – gritaba Mister B.
– ¿En serio? – me alegré.
¡Ven rápido! ¡Tienes que verlo!
– Bien, voy para allá – sonreí.

Guardé el teléfono y detuve un taxi, le pedí al sujeto que me llevase a aquel hospital; no demoró mucho y bajé acelerada después de pagarle, entré y subí las escaleras que llevaban a maternidad... en dónde los encontré.

– No vas a creerlo – sonrió Mischa.
– ¿Qué cosa? – me extrañé.

En eso apareció Alex con un pequeño bebé albino entre sus brazos.

– Dios santo... – sonreí.
– Mira Nixie, te presento a mi hija – rió orgulloso.

Besé la mejilla de Alex felicitándolo por ser padre, miré a la criatura y era hermosa... una bella niña albina.

– Es hermosa... realmente hermosa – la miré emocionada.
– Pregúntale como se llama – rió Petter junto a mí.
– ¿Cómo se llama? – sonreí.
– Su nombre es Nixie Luz... – sonrió Alex.

Sonreí emocionada, no podía entender lo que oía ¿Por qué llamarla como yo? La niña era hermosa, su nombre... sexy, era fantástico.

– ¿Por qué...la llamaste tan feo? – reí sin creerlo.
– ¡Pero que dices! Nixie es un hermoso nombre y Luz es por Lucía, como su madre... – sonrió orgulloso.
– ¡Hay que celebrar! – gritó Petter.

La pequeña despertó y sus profundos ojos celestes me miraron, me sentí maravillada.

– ¿Quieres cargarla? – me sonrió Alex.
– ¿Puedo...? – reí nerviosa.
– Claro... serás la madrina – me miró feliz.

Me la dio y seguía sin poder creerlo, era primera vez que tenía en mis brazos a una pequeña  albina... mi futura ahijada, una más para la colección; la niña me miraba y los chicos me observaban atentos, con uno de mis dedos tomé su pequeña manita y ésta la apretó con fuerza aún mirándome con sus grandes ojos.

– Hola pequeña Nixie – sonreí emocionada.
– Extrañaba verte con bebés – rió Mischa.
– Dios, Mischa mírala... es hermosa
– Lo sé, no puedo creer que sea parte de nuestra familia – rió.
– Ya quiero que nazca mi bebé
– Y yo el mío
– Felicidades Alex, tienes una hija realmente hermosa – se la devolví.
– Hay un cierto problema – rió Petter.
– ¿Cuál? – se extrañó Alex.
– Esa hija no es tuya – rió
– ¿Cómo que no? – rió

Todos reímos, estábamos felices con la llegada de la pequeña, vino el doctor para llevarla con su madre y nosotros nos quedamos allí molestando al nuevo padre; vi a Andréu un poco callado y me acerqué a él.

– ¿Qué pasa rubio?
– Nada, no te preocupes – sonrió
– ¿Cómo que nada? Anda, cuéntame...
– Ángela quiere tener un hijo, y no sé si estoy preparado para proyectarme con ella – susurró.
– Serás un buen padre, ya criaste a Jean Paúl... y míralo, es un excelente muchacho... no tengas miedo. Conozco a Gossow hace años, es una gran mujer y te ama – sonreí.
– Lo sé... pero, no sé a que le temo – rió
– Ya habrá tiempo de arreglar esos asuntos, ve a felicitar a Alex
– Gracias Nixie – besó mi mano
– De nada querido – acaricié su mejilla dulcemente.

Se levantó y abrazó con fuerza al chico, sonreí al ver a mis amigos felices, las sensaciones malas habían desaparecido con las lagrimas de hace algunos días y me estoy dando cuenta que el cambio que había provocado Dero en la actualidad... era fantástico. Pasamos el resto de la tarde junto a Alex y Lucía, acompañándolos en la alegría de ser padres; llamé a Dero para que me fuese a buscar pero dijo que Teresa ya se había ido y que él cuidaría a los niños.

– ¿Te vas conmigo? – preguntó Mischa.
– Si no tienes problema – reí.
– Claro que no idiota

Salimos del hospital y caminamos por esas calles llenas de gente y vehículos exclusivos, sonreímos a ese hombre que pasea perros, nos reímos de ese duende que baila en la esquina de la calle Kennedy y nos emocionamos con ese pequeño que nos regaló unas bellas margaritas.

– ¿Cómo van las cosas?
– Bien, no hay complicaciones... Ville llega el próximo mes – sonrió.
– Me alegro mucho

Paramos en una esquina esperando a que el semáforo cambiase de color.

– No pudo creer que Nevinger tendrá su propia película – sonrió.
– Es asombroso – susurré feliz.

Seguimos caminando en dirección a casa, varias risas existieron hasta que unos sujetos nos enfrentaron.

– Hola mamacitas – dijo vulgar.
– ¿Qué quieren? – bufó Mischa.
– Tranquila, solo queremos conversar un ratito...

Nos apuntó con un revolver. Con Mischa nos miramos sorprendidas, no teníamos miedo... ya que no era primera vez que nos pasaba, pero algo no estaba bien, ellos eran cinco y nosotras tan solo dos.

– Caminen al callejón – dijo entre dientes.
– No – dije indiferente.
– Dije... que caminen al callejón – alzó la voz.

Encogí mis ojos y lo observé atento, Mischa no decía nada mientras respiraba un poco agitada; el sol ya se estaba escondiendo y eso complicaba aún más la situación.

– Sabes que si no caminas al callejón... te disparo mujer – movió su arma apuntándonos.

Miré a Mischa de reojo y su mirada chocó con la mía, una tensión se hizo presente mientras yo me acerqué lentamente al sujeto armado...

No hay comentarios:

Publicar un comentario