El sujeto sonreía pensando en que me dejaría dominar por él, mi adrenalina se hizo notar en una leve sonrisa que transformaba mi rostro como al del accidente de hace cinco años.
– Nixie... ten cuidado – susurró Mischa.
Llegué frente a él y mientras ambos sonreímos lo golpeé en un lado del cuello con el costado de mi brazo haciéndolo caer al suelo, soltó el arma y la tomé entre mis manos, apunté a los otros sujetos segura de mí misma mientras Mischa reía con lo que veía.
– Váyanse de aquí... o soy capaz de matarlos – sonreí como la sicópata que soy.
– ¿No escucharon? – rió Mischa junto a mí.
El grupo de hombres nos miraron con los ojos y las bocas abiertas, asombrados y asustados... tal vez ya habían manchado su pantalón.
– Corran gallinas – susurré.
Los tipos salieron corriendo como unas nenitas muertas de miedo, lancé el revolver sobre el sujeto que aún permanecía en el suelo noqueado, respiré profundo y miré a Mischa.
– Vámonos de aquí
– Será lo mejor – sonrió nerviosa.
Caminamos con el rumbo que antes teníamos, nos dirigimos a casa.
– ¿Dónde aprendiste a noquear gente? – rió.
– Cuando entrené boxeo, hace años – susurré.
– ¿No has pensado en ser policía? – bufó riendo
– Ni en tus sueños – reí
– Podrías serlo, aún recuerdo cuando detuviste el robo en el almacén allá en Dakota ¿lo recuerdas?
– Sí, con las llaves del auto... el idiota pensó que era un cuchillo – reí.
– Ya llegamos, te veo mañana... – me abrazó.
– ¿Por qué?
– Mañana comenzamos a grabar la película idiota – rió.
– Diablos... lo había olvidado – reí
– Que descanses
– igual tú
Entré a mi casa y encontré a todos en la cocina, en el aire existía un delicioso olor a pizza y eso me abrió el apetito; caminé hacía la cocina y los niños estaban usando delantales de chef, me abrazaron mientras yo también lo hacía.
– Dero nos ha enseñado a cocinar pizza – sonrió Cristal.
– La estamos haciendo para ti mamá – sonrió Alexander.
– ¿De verdad? – sonreí emocionada.
Aún no podía entender porque era un gran sujeto, Richard nunca hizo nada de eso con sus propios hijos, la llegada de Dero a esta casa era fantástica.
– ¿Y donde está? – pregunté.
– Llevó a Lilian al baño – dijo Cristal.
Sonreí al escuchar eso, llegó mi pequeña corriendo para abrazar mis piernas, acaricié sus cabellos y vi que tras ella venía él.
– Hola – sonrió
– Hola... – sonreí.
– Niños vayan a ver caricaturas, yo les aviso cuando la pizza esté lista
Los niños rieron y corrieron a la sala para ver televisión, se apoyó en uno de los muebles de la cocina y me sonrió.
– Los niños estaban aburridos y se me ocurrió la gran idea de cocinar juntos – cruzó sus brazos.
– ¿Por qué haces todo esto? – sonreí.
– Pues... si vamos a estar juntos debo llevarme bien con tus hijos... – levantó sus cejas.
Sonreí otra vez y me acerqué a él, posó sus manos en mi cintura y sonreía mientras acerqué mis labios a los suyos, un goce exquisito reposaba en nuestras bocas, un cosquilleo hacía vibrar la zona alta de mis mejillas y la sonrisa en su rostro me llenaba de buenas sensaciones. Sonó la alarma del horno indicando que la pizza estaba lista, se separó de mí aún sonriendo y sacó la pizza que había cocinado con mis hijos.
– ¡La comida está lista! – rió.
Separó los trozos en platos diferentes para cada uno, los llevó a la mesa y los niños se sentaron felices porque ellos habían colaborado, comí y me deleité con un delicioso sabor... realmente cocinaron bien.
– Está muy buena, felicidades a los cuatro – sonreí.
– Dero hizo todo – rió Alexander.
– No, que dicen niños... ustedes fueron los chefs esta noche- sonrió.
– Pero usted hizo casi todo – sonrió Cristal.
– Insisto, ustedes se llevan los aplausos – dijo Dero comiendo.
En verdad los niños se llevan bien con él y eso me llena de esperanzas, el ambiente en casa era diferente, el orgullo de ser madre no se veía afectado porque mis pequeños disfrutaban con otro hombre que no era su padre. Ellos ni siquiera sabían que mi relación con Kruspe había acabado, mucho menos que Dero se quedaría aquí...
Acabamos esa cena familiar, llevé a los hicos a sus cuartos para dormir y con Dero nos fuimos a la cama.
– ¿Iras conmigo mañana? – lo miré recostado junto a mi.
– Claro, quiero verte en acción – saboreó sus labios.
Reí besando sus labios.
– Buenas noche sexy hombre – susurré.
– Buenas noches sexy mujer – rió rodeando mi cintura con su brazo.
Pasaron las horas provocando el fin de la noche, los niños ya se habían marchado con Teresa a la escuela, con Dero desayunábamos listos para irnos a los estudios en donde comenzaríamos a grabar la película de cómo se originó Nevinger.
– Yo manejo – dijo varonil subiendo a su motocicleta.
– ¿Y esto cuando llegó? – me extrañé.
– Ayer por la tarde, olvide comentarlo – sonrió.
– No sabes como me encantan estas cosas – mordí mi labio.
– Pues vamos señorita – rió.
Subí después de usar el casco, rodeé su cintura con mis brazos y me aferré con fuerza a su espalda cuando partimos al estudio.
– No bajes tus manos, no seas traviesa – rió.
Nos detuvimos en un semáforo y relajé mis manos haciendo que cayeran sin querer a su entrepierna, provocó risas en ambos y en los taxistas que estaban junto a nosotros. En unos minutos llegamos al estudio en donde nos encontramos con los chicos y los asistentes, nos saludamos y en instantes comenzamos a trabajar; el director nos gritaba porque no parábamos de reírnos con las estupideces que Petter hacía y eso estaba perjudicando el trabajo.
– ¡Serios! – gritó disgustado.
Lo miramos imponentes, no nos gusta que nos digan que hacer, pero debíamos resignarnos si queríamos que esto resultase. Nos comportamos como debía, la situación mejoró considerablemente; nos reímos cuando correspondía y muchas lágrimas se derramaron cuando apareció “Max” en escena.
– Es hora del descanso – dijo el director.
Respiramos aliviados mientras aplaudimos felices con nuestro desempeño; Dero me hizo una señal para que lo siguiera… tenía una sonrisa en su rostro y ya me imaginaba qué es lo que quería conmigo, seguida por su mano me llevó a la oficina del director, cerró con seguro y me acorraló contra la pared, reí tímida porque su esencia varonil me cohibía.
– Actúas tan bien… - susurró chocando nuestras frentes.
Sonreí y aceleré el proceso; con mis piernas rodeé sus caderas para sujetarme, me presionó contra la pared mientras me besaba, sus besos pasionales me hacían delirar… bajó mis ajustados pantalones hasta un poco más arriba de mis rodillas, hizo lo mismo con los suyos; seguía besándome mientras que rozaba la piel de sus musculosas piernas con las mías…
– ¿Qué pasa si alguien entra? – reí gozando de sus labios en mi cuello.
– Pues lo golpeo
– ¿Y si es mujer? – reí.
– La golpeas tú… - rió.
Lamió la zona alta de mis pechos con su mojada lengua y eso hizo que deseara quitarle su ropa interior; con una de mis manos masaje su entrepierna provocando que este sonriera. Mi espalda en la pared, mis piernas en su cintura, nuestros pantalones fuera de lugar y nuestros cuerpos excitados de una manera deliciosa; bajó con cuidado mi ropa interior e hizo lo mismo con la suya, bajó la mirada para observar a su pequeño miembro eréctil… desesperado por invadirme, me besó para silenciar el primer grito cuando daba inicio al rito más exquisito del universo. Intentó callar el placer del momento beso tras beso, era la única forma para no ser descubiertos, su lengua abrazó a la mía mientras que nuestras entrepiernas se deleitaban haciendo contacto intimo, sus jugosos labios silenciaban los gemidos por mi parte y mi boca semiabierta recibía ese aire caliente expulsado por los gemidos de su parte.
El momento fue interrumpido por golpes en la puerta, estábamos disfrutando de esto y nos molestaron en uno de los mejores momentos; reímos y me estremecí con un escalofrío cuando Dero quitó a su amigo de mi interior, éste me sonrió mientras subía su pantalón, haciendo yo lo mismo… abrió la puerta. Fingí hablar por teléfono mientras Dero hablaba con una asistente que le preguntaba porque estábamos aquí… y encerrados, tomó mi mano mientras aún “hablaba por teléfono” y me sacó de allí sin responderle a la asistente, guardé el celular y reímos mientras caminábamos sonrojados por el pasillo que no llevaría nuevamente al estudio.
– Todo fue tu culpa – reí.
– ¿Acaso no te gustó? – tomó mi mano.
– Claro que me gustó… me encantó – saboreé mi labio.
– No me tientes con esa lengua que no soy responsable de mis actos
– Eso me gustaría verlo
– ¿Verlo… o sentirlo?
Se detuvo y me acorraló contra la pared, sonrió como siempre lo hace y rozó su nariz con la mía, besé sus labios con suavidad sin dejar de mirar sus ojos verdosos.
– ¿Qué pasa aquí? – dijo el director enojado.
– No te metas anciano – bufé.
– Señorita Nixie, creo que merezco respeto… y lo que está haciendo ahora no es correcto – dijo disgustado.
Dero se movió y me miró con esa risita traviesa, miré indiferente al director que estaba junto a mí con las manos en su cintura y con esa mirada imponente.
– El descanso ya acabó señorita Bauer…
– Está bien… - bufé.
Abracé a Dero y lamí su mejilla mientras él respiraba en mi cuello.
– Te quiero – susurró.
– Y yo a ti – sonreí.
Acarició mis cabellos y caminé nuevamente con los chicos que reían viendo como el anciano me regañaba, golpeé a Mischa por poner una de sus caras morbosas, no me gusta que me regañen mucho menos si no puedo decir nada para defenderme.
– ¡Volvemos al trabajo! – aplaudió el director.
– Vamos de una maldita vez… - encogí mis ojos.
– Esa misma ira quiero ver en el encuentro con Bytha… - rió.
– Cállate, no tienes idea de lo que estás pidiendo – susurré.
– ¡Luz, cámara… acción!
Se encendieron las luces y volvimos a representarnos a nosotros mismos en esta historia escrita con sangre y sentimientos musicales, las emociones florecían a la velocidad de la luz… los gestos eran espontáneos y muchos de ellos no necesitaban explicaciones; sinceramente no necesitábamos guiones ni mucho menos a alguien que nos guiara nuestras experiencias pasadas, sabíamos recordar… no somos tan idiotas.
– ¡Levanta el rostro! ¡Quiero que te reconozcan, no que vean solo tu cabello! – gritó.
– Pues así canto idiota – dije enojada.
– Petter y Mischa, sonrían… no están en un funeral.
Los chicos levantaron sus brazos disgustados, yo ya me estaba hartando de este sujeto y decidí acabar con esto por hoy, salí del set y tomé mi chaqueta de cuero, tomé a Dero de la mano y caminé hacía la salida respirando disgustada.
– ¿A dónde crees que vas? – gritó.
– A cualquier lugar lejos de aquí – me giré irritada.
– Aún no acabamos
– Yo ya acabé, adiós
Caminé nuevamente a la salida tomada de la mano de mi hombre y oí la voz del viejo una vez más.
– Acabamos por hoy, nos vemos en unos días, que tengan buenas noches – respiró profundo.
– Lo sabía, esto acaba cuando yo lo digo – susurré sonriendo.
Salí victoriosa del recinto, caminé a la motocicleta de Dero para volver a casa y descansar de todo esto.
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