Un amanecer con un extraño presentimiento, algo atormentaba mi subconsciente… eso nunca me falla, y así pasó.
Un grave atentado contra el edifico de la avenida 42 impactó en el grupo de estudio de Cristal, dejando a los pequeños con graves lesiones; un terrible llamado me alertó de aquel hecho a las diez de la mañana de ese 25 de Junio.
Un grave atentado contra el edifico de la avenida 42 impactó en el grupo de estudio de Cristal, dejando a los pequeños con graves lesiones; un terrible llamado me alertó de aquel hecho a las diez de la mañana de ese 25 de Junio.
– Señora, la llaman – decía Teresa desde la sala.
– Trae el teléfono por favor Teresa – dije desde la mesa.
Estábamos con Dero desayunando para comenzar el día, hoy debía practicar junto a Tiffany, pero aquella llamada me lo impediría, Teresa me dio el teléfono y respondí.
– Diga – dije comiendo una tostada.
– ¿Señora Constanza S. Proust? – dijo una mujer.
– Sí, soy yo – me extrañé.
– ¿Es la madre de Cristal Taylor?
– Si… ¿Por qué?
– Hoy el grado de ella salía de excursión al museo ¿está informada de ello?
– Sí, firmé la autorización
– Bueno, llamo para informarle que el autobús en que los infantes de 10 años viajaban, ha sufrido un accidente…
La tostada de mi mano cayó a la mesa, no sé que cara puse que Dero me miraba preocupado, sentí la presión sobre el pecho como si me estuviesen golpeando con fuerza.
– ¿Qué…?
– Tranquila, los niños ya fueron trasladados a un centro asistencial
– ¿Dónde? ¿Cuál? – grité.
– A la clínica Berrau Closs de la avenida principal…
– Voy para allá – corté acelerada.
Me levanté de la mesa con el corazón en la garganta, Dero se puso de pie y tomó mi brazo asustado.
– ¿Qué pasó?
– Cristal tuvo un accidente – respiré agitada.
– ¿Qué? – se asombró.
Caminé a la puerta luego de tomar las llaves del auto.
– Vamos en m motocicleta, no puedes conducir así –
Tomó mi mano y me hizo subir luego de ponerme el casco, partimos a la clínica ya mencionada, tenía mucho miedo con lo que le podía haber pasado a mi pequeña. Estacionó la motocicleta y corrí adentro en el mesón para preguntar.
– Buenos días – sonrió la dama.
– Un autobús de pequeños tuvo un accidente…
– Oh sí, tercer piso – sonrió interrumpiéndome.
– Gracias – suspiré.
Dero me alcanzó cuando esperaba el ascensor, tomó mi mano una vez más para tranquilizarme, abordamos el ascensor vació y esperamos a que llegara al tercer piso; se abrieron esas puertas y una desesperación me hizo explotar en llanto, Dero me cobijó entre sus brazos protegiéndome.
– Tranquila muñeca, estará bien… – acarició mis cabellos.
– Quiero a mi hija Dero… – susurré.
Una mujer que por ahí iba pasando me reconoció, era una madre de un amigo de Cristal.
– ¿Nixie? – preguntó.
– Diana ¿has visto a mi hija? – dije desesperada.
– Sí, es la tercera puerta a la derecha ¿Por qué no has venido antes?
– Porque me enteré hace pocos minutos, gracias…
Corrí a dicho lugar y abrí la puerta, rompí a llorar al ver a mi pequeña inconsciente, llena de vendas con sangre y conectada a esas maquinas; no me gustaba lo que veía, me rompía el alma y Dero me abrazó para calmarme un poco. Me tranquilicé y caminé al costado de su camilla, acaricié su mano con delicadeza como si su piel fuese de cristal tal como su nombre.
– Dios… – susurré.
Alguien interrumpió golpeando la puerta, Dero abrió: era la maestra. Entró y nos saludó un poco temblorosa.
– ¿Qué fue lo que pasó? – dije un poco alterada.
– Hubo un atentado terrorista… nuestro autobús se volcó producto de la explosión de una bomba… – respiró profundo.
Toque mi amplia frente sin poder creerlo, todo era tan extraño y terrorífico; miré nuevamente a mi pequeña durmiente y sentí como la preocupación de madre carcomía mi interior.
– Lo siento señora Proust, no estaba en nuestro itinerario que esto pasara… solo espero que los pequeños se recuperen pronto – tocó mi hombro preocupada.
– No es su culpa profesora, comprendo su preocupación y créame que no tengo rencor alguno contra usted – la miré.
Dero miró a Cristal desde su otro costado y acarició sus rubios cabellos, parecía un padre… le pedí a la profesora que nos dejara solos e hizo caso, los ojos verdes del alemán impactaban en los míos con fuerza y sentí su miedo al ver a la niña así.
– Cristal es una niña fuerte, no te preocupes Dero – lo miré melancólica.
– Espero que sea tan fuerte como su madre – sonrió.
– Tiene sangre digna de ser mía – reí.
Caminó rodeando la camilla y besó mi frente de manera dulce, cerré mis ojos y expulsé aire caliente desde mi boca. Lo único que quería era que todo esto acabase, el temor que me sofocaba en este momento desconcertaba todos mis planes, tomé el teléfono y llamé a Jeremy para explicarle que hoy no podría estar con la chica que se me había asignado.
– Habla Jeremy – contestó.
– Soy Nixie
– Hola diosa, dime ¿Qué sucede? – rió.
– Hoy no podré estar con Tiffany, mi hija tuvo un accidente y quiero estar con ella… lo siento – dije indiferente.
Guardó silencio un corto rato.
– Es parte del contrato que hoy estés con ella Bauer, la mandaré igual… ¿Dónde estás? – dijo molesto.
– No me jodas Jeremy… no pienso prestarle atención a esa chica ¿acaso no comprendes la preocupación de una madre?
Dero me miraba curioso, yo parecía un robot indiferente hablando por celular con un toque de molestia en mi voz.
– ¡Firmaste un contrato Nixie! – gritó disgustado.
– Pero tengo una vida… no creas que tu chica es más importante que mi hija…
– No puedes hacerme esto – dijo entre dientes.
– Púdrete idiota – corté.
Guardé el teléfono molesta y caminé junto a la ventana de la habitación, Dero me siguió, acariciando mis cabellos con delicadeza.
– ¿Qué ha pasado?
– Jeremy es un hijo de puta – sonreí.
– Vaya… – rió en silencio.
Mi celular sonó y contesté disgustada.
– Ya te dije que no recibiré a esa chica, imbécil – respondí.
– ¿de que me estás hablando? – se extrañó Corey.
– ¿Corey?
– Sí, llamo para saber sobre Cristal… – dijo preocupado.
– Estoy aquí con ella, esta inconsciente y…
– ¿Qué hospital es? – interrumpió.
– El Berrau Closs…
– Voy para allá – cortó agitado.
– ¿Quién era? – preguntó extrañado Dero.
– Corey… viene para acá – susurré.
Me atrapó entre sus brazos, me apegó contra su pecho y solo quería permanecer así para siempre; pasaron un par de horas y la puerta se abrió abruptamente, Corey entró acelerado y me abrazó con tal desesperación que me hizo llorar.
– ¡Por qué le pasó esto a nuestra hija!
Respiraba agitado en mi hombro, lloraba conmigo… ambos parecíamos niños pequeños; me traía a él con una gran fuerza, la cual me había llorar aún más, solo en este momento me estaba desahogando, la preocupación se hacía notar en esas gruesas lagrimas que escurrían desde mis ojos hasta el suelo frío y brilloso.
– Los dejaré solos un rato, iré a beber café – dijo Dero saliendo de la habitación.
Corey tomó mi mano después de secar sus lágrimas, me miró como lo hacía antes y eso comenzó a perturbarme más de lo correspondido.
– No me mires así Taylor… – cerré mis ojos melancólica.
– Dios santo, que mal que solo nos veamos en malas situaciones… como esta – susurró.
– El destino así lo quiso – lo miré.
– No, tu lo quisiste así… a veces pienso que aún sientes algo por mi… Cony
– No me llames así y ni pienses eso porque no es cierto – reí apenada.
– Entonces ¿porqué me evitas? Yo te busco y tu me esquivas… no quieres verme, ni hablarme… mucho menos tocarme…
– No digas estupideces – reí.
– ¿me quieres? – susurró.
– Si te quiero, tan solo como amigo
– Se sincera, al menos frente a nuestra hija…
Guardé silencio y pensé muchas cosas que, siendo sincera, no quería pensar.
– Eres el novio de mi hermana Corey, no puedo responderte – miré por la ventana.
– Eso significa que si sientes algo por mí… aún – sonrió mostrando su dentadura orgulloso.
– No saques conclusiones, no he dicho nada – reí de costado.
– Dicen que el silencio otorga… ¿no?
– ¿No se suponía que venías a ver a nuestra hija? – acaricie su mejilla.
– Sí, pero también a su madre
– No quiero hacerle daño a mi hermana Corey, por favor deja de coquete…
– Te amo Nixie – me interrumpió.
Lo miré en silencio, me sorprendí y preferí callar, él me miró melancólico, decidido y siendo sincero en sus palabras.
– ¿Qué…? – me extrañé.
– Lo que has oído, es un secreto que siempre he cargado en mí… – acarició mi rostro.
Me separé de él, caminé al otro extremo de la habitación sin poder creerlo, me senté en la silla que allí había y lo miré a la distancia.
– Creo que tenemos que hablar seriamente Corey – dije indiferente.
– Pues hablemos – respondió.
– Este no es el lugar, será otro día…
– Mamá… – se quejó Cristal.
Me levanté asustada, mi hija estaba despertando… me paré junto a ella y tomé su mano vendada.
– Hija aquí estoy – acaricié su cabeza.
– Me duele mucho – dijo llorando.
– Iré por el doctor – salió Corey
– ¿Papá? – sonrió.
– Ya viene mi amor, tranquila – susurré.
Tenía una aflicción tremenda bajo mi piel, sentía los latidos retumbar en mis oídos, estaba feliz de que tuviera consciencia otra vez pero no me gustaba verla así, mucho menos aquí. Volvió Dero junto a Corey con un doctor, abracen a Dero con fuerza mientras el doctor examinaba a mi pequeña; los tres presente miramos atentos, esperando el veredicto.
– Bueno, en dos días creo que estaría del todo bien… ahora le daremos medicamentos para el dolor y en unos minutos una enfermera cambiará los vendajes, así que no se preocupen… la pequeña está bien – sonrió dando la buena noticia.
Suspiré de alivio, el doctor cambio el suero de Cristal y se marchó; sin darme cuenta ya era de noche y debía irme a casa… no quería dejar sola a mi hija, pero debía cuidar de sus hermanos. Me acerqué a Corey y le hablé.
– ¿Puedes quedarte esta noche con ella?
– Claro, no tengo problema ¿volverás?
– Sí, mañana en la mañana. Debo cuidar a mis pequeños. Cuídate… y gracias por todo – sonreí besando su mejilla.
– No te preocupes, es nuestra hija – acarició mi mejilla.
Caminé junto a mi hija y besé su frente con cuidado.
– Te veo mañana pequeña, te quedas hoy con papá ¿si? – sonreí.
– Está bien, dale mis saludos a Alex y Lili – sonrió pudo.
– Que duermas bien, te amo
– Y yo a ti mamá, adiós Dero
– Adiós muñequita – besó su mano.
– Cuídate Corey, buenas noches – sonreí.
– Buenas noches – sonrió.
– Adiós – se despidió Dero.
Salimos tomados de la mano, bajamos por las escaleras agotados y nos encontramos con la prensa afuera de la clínica, idiotas sin vida.
“¿él es tu nueva pareja?, ¿Cómo está tu hija?, ¿Cómo te sientes con todo esto?, ¿Por él dejaste a Richard?, ¿Él es el padre de tu hijo?, ¿Cómo te afectó este accidente de tu hija?” Fueron algunas de las preguntas que obviamente no respondí. Subimos a la motocicleta y luego de que me hipnotizara con un tipo de abrigo largo y sombrero de detective, tuve miedo de él… pero Dero me sacó de allí.
Llegamos a casa, hacía frío y entramos rápido, nos encontramos con Teresa sirviéndole café a Jeremy junto a Tiffany y un par de cámaras del programa que éste dirige.
– Pero miren quien llegó… – dijo molesto.
Me detuve con el seño fruncido, no me gustaba lo que veía.
– ¿Qué mierda hacen aquí? – susurré.
– Pues aún no acaba el día y tienes tiempo aún para practicar con Tiffany – levantó sus cejas.
– No puedo creerlo… ¿es una broma? Te dije que mi hija está en el hospital idiota ¿acaso no lo entiendes? – dije molesta.
Jeremy se levantó y caminó hasta mí, Dero miraba extrañado todo, Tiffany no comprendía nada y las cámaras grababan todo lo que estaba pasando.
– Aquí se hace lo que yo digo – susurró frente a mí.
– No en mi casa… – dije antes de golpearlo furiosa.
Cayó al suelo con la nariz ensangrentada, todos lo miraron asombrados mientras yo lo miraba indiferente, pero con ira en mis oscuros ojos.
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