El sol impactó en mi rostro cansado, unas calidas manos reposaban en mi vientre y sonreí al escuchar su voz entre mis cabellos. Recordé la intensa noche que vivimos, mis labios se sentían agotados de tanto besarlo, mi cuerpo sin energía tras hacer el amor toda la noche sin detenernos; en el auto, en la sala de mi casa, en la escalera e incontables veces sobre mi cama.
– ¿Estás despierta? – susurró riendo.
– No, aún estoy durmiendo – reí.
– Entonces estoy hablando con un fantasma… interesante…
Me giré para mirarlo con atención, me gustaba disfrutar de su persona, él sonrió mientras nuestras miradas chocaban; un largo silencio se hizo presente.
– Te amo… – susurró.
Una sonrisa apareció de mi parte, sus maravillosos ojos brillaban y eso me conmovía más de lo normal, acarició mi mejilla con cuidado y encogí mis ojos sonriendo para verlo mejor.
– Y yo a ti – murmuré.
Una rara sensación se interpuso entre nosotros, era algo maravilloso; me besó con pasión y un goce se depositó en ambos cuerpos desnudos.
Avanzó la mañana aquí en California, en su casa Mischa se preparaba para irse al aeropuerto en dirección a Tokio para hablar con Ville de una vez, preparó su maleta y sonó su teléfono.
– Diga
– ¿Ya te vas? – pregunté.
– Mi vuelo sale en una hora, me estoy preparando para no estar desesperada luego – rió.
– ¿Quieres que te acompañe?
– No Nixie, no te preocupes… tengo que enfrentar esto sola…
– Está bien, que tengas un buen viaje… suerte en todo
– Gracias, nos vemos en unos días – rió y cortó.
Caminó al cuarto de Rochelle para preparar también su maleta, viajarían solo las dos para no abandonarse mutuamente, la niña no habría ido a la escuela así que no tuvieron complicaciones. Avanzaban los minutos y partieron al aeropuerto en un taxi, esperaron un rato y abordaron el avión respectivo, el que emprendió vuelo en unos minutos.
– ¿A dónde vamos mami? – preguntó Rochelle.
– Vamos a Tokio para encontrarnos con Ville – sonrió Mischa.
– ¿Para que?
– Porque tengo que hablar con él sobre algunas cosas…
– ¿Qué cosas? – se extrañó.
– Mamá ya no quieres estar con Ville, cariño… – susurró.
– ¿Tú quieres al papá de Cristal, cierto?
Mischa guardó silencio y pensó en su respuesta, la niña se había dado cuenta de todo sin que Mischa se percatara.
– Sí… – susurró.
– Él no será mi papá ¿cierto?
– No cariño, tu papá siempre será James…
Mischa no sabía como explicarle todo a la pequeña, ella era muy inteligente y no podía mentirle; el vuelo duraría unas ocho horas así que la niña se durmió mientras Mischa leía el periódico.
Acá en mi casa preparábamos las cosas para una reunión ejecutiva que habría respecto a Nevinger, obviamente yo ya había hablado con Mischa, así no tendríamos problemas; Dero había salido para arreglar unos asuntos. Todos sentados a la mesa como unos empresarios importantes, nos miramos un rato en silencio hasta que tomé la palabra.
– Bueno… con Mischa ya habíamos hablado de esto así que espero que estén de acuerdo con esto…
– ¿sobre qué? – preguntó Andréu.
– Queremos lanzar un nuevo álbum – los miré atenta.
Los chicos se miraron asombrados y sonriendo.
– ¿Y eso por qué? – preguntó Petter.
– Queremos canciones más agresivas y duras, música poderosa – sonreí de costado.
– Estoy de acuerdo – rió Alex.
– ¿Para cuando? – preguntó Andréu.
– Pronto, yo tengo grabaciones de mi batería, Mischa tiene otras de guitarra y el bajo no es problema ¿cierto Petter?
– Claro, soy un mago improvisando – rió.
– Si todos están de acuerdo, sería magnifico…
Hubo un abrumador silencio, chocaron sus miradas y el rubio habló por los tres, sonriendo levemente.
– Sería un placer tocar tus grabaciones…
Sonreí, él sabía como conmoverme; los chicos rieron emocionados con la idea de grabar un nuevo álbum, nuestro trabajo estaba desbordando nuestra alegría, cada vez mejoraba más. Pasé un rato agradable con ellos, se marcharon unos minutos antes de que Dero regresara, venía con una cara extraña y eso me perturbó un poco.
– ¿Te sucede algo?
Me senté en el sofá junto a él, me sonrió mientras me miraba y acaricio mi mejilla.
– Que linda eres…
Me extrañé pero sonreí.
– ¿Querrías irte conmigo a Alemania? – hizo una mueca con sus cejas.
– ¿Qué? ¿Por qué? – me extrañé.
– Tengo toda mi vida allá, mi banda, mis amigos y mis ambiciones… solo me faltas tú…
Guardé silencio abrumada, él tomó mi mano y me contagió ese sentimiento de duda que lo atormentaba, no sabía que responder…
– Pero yo tengo toda mi vida acá…
Suspiré. Era una situación complicada, sabía que esto tenía que pasar algún día… realmente no estaba preparada para tomar una decisión tan importante como esta.
– Bueno, tendré que hablar con los chicos – dijo algo molesto.
– Pero déjame pensarlo… quizá cambie de opinión más adelante – sonreí apenada.
– ¿Estás segura?
– Supongo… – reí.
Me abrazó, acarició mis cabellos y apoyó su mentón sobre mi hombro.
– No quiero obligarte a nada… - susurró en mi oreja.
Mil recuerdos aparecieron en mi mente casi instantáneamente, besé su cuello y me dejé llevar por su delicada fragancia masculina que tanto me gusta.
Allá en Tokio aterrizó el avión, el sol ya estaba presente, la diferencia de horas hace ir a Tokio antes que nosotros; bajó del avión con Rochelle tomada de su mano para no perderla como lo hizo hace años, tomaron sus respectivas maletas y Mischa tomó el celular para llamar a Ville.
– ¿Ya llegaste? – contestó él.
– Sí, ¿Qué hago ahora? – rió Mischa.
– Debería haber un chofer esperándote en un auto rojo – dijo indiferente.
– Bien, nos vemos – cortó.
Caminó afuera del aeropuerto y pudo ver a un tipo esperando junto a un auto rojo tal como lo había dicho el finlandés, rió al ver un cartel escrito “MICHA” sin la S en su nombre.
– Idiota analfabeto – rió en un susurro.
El chofer tomó las maletas y las guardó atrás, Rochelle entró al vehículo con miedo y Mischa la acurrucó para que se tranquilizara.
– ¿Dónde vamos mamá?
– Vamos al hotel cariño – sonrió.
– Estoy cansada – susurró Rochelle.
– Ya llegaremos, ten calma…
Ambas se sentían raras en un país no acostumbrado a vivir, todos eran semejantes entre sí, pero muy diferentes a ellas. Pasaron los minutos y llegaron al fin a dicho hotel, se registraron en recepción y subieron a su cuarto para descansar de todo, Rochelle se durmió mientras Mischa miraba por la ventana aquella extraña ciudad; sonó su celular.
– ¿Hola?
– ¿Ya llegaste? – preguntó apenado Ville.
– Sí, hace una hora…
– Bien, encontrémonos en el bar, en una hora
– Está bien, nos vemos – susurró Mischa.
– Sí… nos vemos – cortó luego de un terrible silencio.
Y así pasó, una hora llena de agonía e incertidumbre, solo el destino sabrá lo que pasará y eso disgustaba a la gran Bauer. Para variar el momento llegó, tomó su abrigo y bajó al bar del hotel en donde poca gente transitaba, para su suerte Ville aun no llegaba y eso la mantenía tranquila… solo un poco. Se sentó en la barra y pidió una gaseosa, la bebió tranquila hasta que una figura masculina tomó asiento junto a ella, sabía quien era y eso la aterró… el momento había llegado.
– ¿Cómo fue tu vuelo? – sonrió sin mirarla.
– Tranquilo, sin mucha turbulencia ¿Cómo van los conciertos? – bebió su gaseosa.
– Ben, ya sabes, nada fuera de lo normal
– Eso suena interesante… - sonrió mirando el vaso entre sus manos.
Raramente ambos parecían desconocidos, poca comunicación entre ambos significaba que la relación estaba muerta… entre sonrisas melancólicas, miradas tristes y voces agobiadas, entablaron una conversación que duró largas horas; muchos recientes recuerdos afloraron en sus tímidas voces, sus memorias eran nombradas con orgullo y dicha. Así acabaron, así se dio el fin a un corto periodo de matrimonio; fue lindo pero no duro tanto como ellos lo hubieran querido.
– ¿Hablaras con mi abogado?
– Cuando tu quieras, puedo esperar a que vuelvas a Los Ángeles para firmar los papeles – lo miró con cariño.
– ¿Podrías hacer eso? Me gustaría volver para hacer todo con calma… aunque me duela dejarte – miró su whiskey.
– A mi también me duele dejarte, pero no se puede vivir tranquilo de esta manera.
– Te amo, te agradezco por estos bellos momentos que me diste… y a ese hijo que llevas dentro – sonrió mirándola.
Mischa lo miró con horror, la duda de la paternidad sobre su hijo era incierta, Corey o Ville… cualquiera de ellos podía aclamar aquel titulo; ahora no sabía que decir al respecto… no tenía respuestas alentadoras.
– Ville… hay algo que quiero decirte – dijo complicada.
– ¿Qué cosa? – la miro atento.
– No sé si tu seas el padre de este hijo que llevo en mi interior… - dijo fríamente.
Su cara se transformó, su sonrisa se desvaneció y frunció el seño disgustado con lo que acababa de oír.
– ¿A que te refieres…? – dijo entre dientes.
Mischa levantó sus cejas y respiró profundo para soltar la verdad.
– Yo te engañaba con Corey… no te era fiel y sinceramente no sé si tu seas el padre de esta criatura – lo miró apenada.
Bufó aire caliente, se cubrió la frente con una de sus manos y sus claros ojos penetraron su mirada, él no podía creer lo que ella estaba confesando y realmente era directa con lo que decía, no dándose cuenta que la noticia no le venía bien al hombre.
– Nos vemos, suerte – dijo antes de marcharse enojado.
Mischa esperaba una reacción de este tipo, pero aún así le dolía el echo de dejarlo, pagó las bebidas y subió al ascensor para volver con su pequeña hija.
Aquí en California el gran día había llegado, era hora de conocer a la chica que aprendería conmigo a cumplir sus sueños de cantante, no estaba lista para comenzar con esto…
– Las chicas vivirán en un establecimiento y los sábados estarán con ustedes para realizar actividades y ese tipo de cosas – rió Jeremy frente a nosotras.
– ¿Solo los sábados? – preguntó Ángela con sus brazos cruzados.
– Y algunos días dentro de la semana, pero eso variará
– Espero que no perdamos todo el día con ellas –bufé.
– No, las chicas están preparadas… para todo – sonrió.
Nos miramos entre las cinco presentes, se abrió la puerta junto al escritorio de Jeremy y su asistente le hizo una señal indicándole que las chicas estaban listas, la tensión nos atormentó a todas mientras el jefe sonreía recibiendo los saludos de cinco jóvenes que se pararon frente a nosotras.
– Esta niña se llama Clara Johnson, tiene 20 años y será alumna de Amy Lee – sonrió Jeremy presentándola.
Una muchacha alta, un poco más baja que la misma Amy Lee, pelo rubio largo y unos bellos ojos celestes como los de ella, una chica linda.
– Ella es Brittany McCoy, tiene 22 años y trabajará con Ángela Gossow…
La chica era de su misma altura, pelo castaño y unos ojos verdes claros, tenía estilo para vestirse.
– Su nombre es Julie Jackson y su profesora será Anna Stefanowics, tiene 20 años.
Aya sonrió al ver a la chica, una chica de cabello rojo con ojos café y una altura menor a la suya.
– Esta muchacha se llama Kristen Taylor, tiene 21 años y trabajará con Bytha Johnson…
Una chica linda de ojos grises y pelo castaño.
– Y finalmente tenemos a Tiffany Wilson, con 20 años cuya maestra será Nixie Bauer – sonrió finalmente.
La mujer era de mi altura, pelo negro y largo con unos ojos color caramelo, que incluso con el brillo del sol parecían amarillos.
– Hoy se irán con ustedes y en la noche llegará un taxi a recogerla a cada una de las chicas para traerlas al lugar en donde filmaremos su diario vivir…
Dicho esto, cada una tomó su diferente destino con su alumna respectiva, no estaba muy contenta con todo esto para ser sincera, me molestaba el hecho de que una chica estuviese en mi casa viendo y oyendo cosas que en verdad no le incumbía. Subí al auto con mi rostro de indiferencia, la chica subió atrás con un poco de miedo y nerviosismo incoherente, encendí el motor y me dirigí a casa sin decir absolutamente nada, el silencio incómodo me encantaba. Estacioné el auto en el garaje y entré a casa seguida de Tiffany en un respetuoso silencio, le indiqué con la mirada que se sentase en el sofá mientras le traía un vaso con agua.
– ¿Cómo era tu nombre? – le di el vaso.
– Tiffany… Tiffany Wilson – susurró aún con miedo.
– Si vas a trabajar conmigo debes hablar con firmeza, te golpearé hasta que pierdas ese miedo – bufé seria.
Tragó bruscamente y seguía mirándome con miedo, sabía que no podía trabajar con alguien así, lo mejor era conversar un rato para que tomase confianza… al menos un poco.
– ¿A que te dedicas?
– Trabajo de mesera y termino mis estudios en la universidad – sonrió.
– ¿Qué estas estudiando?
– Psicología…
Levanté mis cejas asombrada, era una de las dos carreras que había estudiado…
– Vaya… ¿y como te va? – sonreí de costado.
– No me quejo – rió.
– Me alegro, espero que estés comprometida con este maldito programa…
– Claro que lo estoy, mi sueño desde hace años es ser como usted Nixie, es una de esas personas que me inspiran – sonrió emocionada.
Guardé silencio un rato.
– No te gustaría ser como yo… no te gustaría pasar por todo lo que pasé para llegar hasta aquí – la melancolía se apoderó de mi mirada indiferente.
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