La sonrisa en mi rostro desapareció cuando la silla fría hizo contacto con mi cuerpo, Justis sin razón sonreía al verme y eso me mantenía calmada, frente a nosotros Bytha me miraba con desprecio.
– ¿Qué sucede? – preguntó Justis.
– Contigo nada niño bonito – bufó mirándome fijo.
– Será mejor que te vayas Justis, no creo que tarde mucho – sonreí.
– Hazle caso – lo miró Bytha.
– Estaré por aquí... nos vemos a la salida – besó mi mejilla.
– Está bien – acaricié su mentón.
Se fue y al fin la cara de Bytha volvió a ser la de siempre, entrelazó sus dedos sobre la mesa y guardó silencio.
– Dame las fotos – la miré seria.
– Tranquila, hay de unos cuantos asuntos de los que hay que hablar antes... – rió.
Levanté una de mis cejas y me acomodé en la silla.
– ¿Sí? ¿Sobre qué? – la miré curiosa.
– Sobre el tratado en Big 4... Quiero que cambiemos de padrinos – levantó sus cejas.
Reí.
– Eso no lo decido yo... – bufé.
– Pero puedes hablar con el padre del chico sexy para que lo haga, sabes que Anthrax no tiene tanta demanda como Megadeth... – me miró atenta.
– Pero tú debes hablar con él, yo no puedo hacerlo. Costó mucho como para que Big 4 hiciera algo como esto... siéntete orgullosa de haber sido elegida Bytha.
– Como sea... al menos inténtalo – bufó.
– Lo pensaré – sonreí irónica.
Guardó silencio y bebió agua.
– ¿Eso es lo que tenías que decirme por las fotos? – me levanté.
– Si, creo que sí – rió.
– Está bien, nos vemos – caminé a la puerta lentamente.
– ¡Nixie espera! – gritó desde la mesa.
– ¿Qué quieres? – reí volteándome.
– Estoy embarazada – sonrió.
– Bien por ti – bufé mirándola indiferente.
– Es de Richard... – rió.
Mi corazón dejó de latir, mi garganta estaba siendo estrangulada, mi respiración aumento casi de inmediato, estaba cayendo en un pozo muy profundo, las luces del lugar apuntaron a mis ojos y estos ardieron como mil soles en verano... no creía lo que oía.
– ¿Qué...? – susurré.
– Él no es fiel como dice serlo... es un salvaje en la cama – rió.
– Perra...
– Oh... y ¿sabes? Lo tendré, creo que será bueno tener al hijo del marido de mi mejor amiga ¿no te parece?
– Espero que no abortes... como lo hiciste con el hijo de mi hermano, hija de puta – la miré con ira.
– Cállate... – se levantó enojada.
– Vete a la mierda Bytha
Caminé otra vez a la puerta del recinto con el corazón destrozado.
– ¿Vas a querer las fotos? – rió.
– Haz con ellas lo que quieras... – murmuré.
Salí del recinto con mis manos empuñadas de ira, apenas podía respirar, una fuerza desconocida presionaba mi pecho y no quería llorar... no podía permitir que el dolor me dominase, ya era demasiado.
– ¿Qué pasó? – preguntó el rubio tomando mi brazo.
Me alargué a llorar sin contención, el dolor era demasiado poderoso como para disimular aunque sea un poco; me abrazó acariciando mi nuca sin entender lo que sucedía.
– ¿Qué pasó Nixie? – susurró mientras intentaba calmarme.
– Va a tener un hijo con esa perra... – grité ahogándome en desesperación.
– Dios santo... – acarició mis cabellos, preocupado.
Un calor en mis mejillas atormentaba mis sentidos, ahora lo racional no tenía sentido... nada lo tenía ¿Por qué mentir tanto? Lo idiota seguía siendo representado por mi nombre, los intentos de ser feliz ya eran en vano; con el tan solo echo de imaginarme a Richard con Bytha en la cama riéndose de mi a mis espaldas... no comprendo que sigo haciendo mal.
– Te llevaré a casa... – dijo mirando a mis explotados ojos.
Asentí aún llorando, el chico detuvo un taxi y me llevó a casa... ya era tarde quizá cerca de las 02:00 de la madrugada. Justis cumplió con dejarme en casa sana y salva agonizando interiormente, Dero despertó asustado y abrió la puerta en tan solo su boxer, su cara de asombro al verme destrozada en aquella puerta fue demoledor, Mustaine junior se fue y yo permanecí con los ojos cristalinos mirando a Dero que aún no comprendía lo que pasaba.
– ¿Qué te pasó? – dijo asustado.
– Richard va a tener un hijo con la perra de Bytha – dije en shock.
Diciendo esto no hubo más palabras, su desnudo cuerpo acogió al mío en un abrazo que detonó mi llanto otra vez, tanta aflicción en un solo momento... no había consuelo tras enterarme de que el amor de mi vida se acostaba con mi peor enemiga.
Sus labios besaron mi cabeza, sus brazos querían convertir dos cuerpos en uno, su respiración reposaba entre mis cabellos mientras yo seguía llorando e intentando silenciar mis llantos para no despertar a los niños. Permaneció allí conmigo varios minutos y me hizo entrar, se sentó en el sofá y yo sobre sus piernas un poco más calmada.
– Debes dormir... – susurró apoyando su mentón en mi cabeza.
– No dormiré más así moriré de sueño... – dije indiferente.
Rió.
– No seas tonta, no quiero que mueras... – susurró.
– Odio confiar demasiado, siempre pasa lo mismo...
– Tranquila... – acarició mis cabellos.
Me tomó en sus brazos y me llevó a mi cuarto, me acosté y él me miro parado en la puerta.
– Buenas noches – sonrió dulcemente.
– No me dejes sola... por favor... – lo miré apenada.
– ¿Quieres que duerma contigo? – sonrió de costado.
Asentí como una niña pequeña, se acostó junto a mí y yo me apoyé en su brazo para sentirme segura; con una de sus manos acarició mi mejilla mientras yo me dormía.
– Espero que amanezcas mejor – besó mi cabeza.
Volé en un profundo y agotador sueño, sentí las caricias de Dero a pesar de estar dormida; las jaquecas se hacían notar incluso no estando desierta, el peso de todos los problemas se volvían extenuantes y sofocantes. Pasó la noche tan dura y fría, con aquella maldita melancolía que se hacía presente de una manera casi permanente.
– Quiero que sea lo antes posible David, no me importa la división de los bienes... eso es lo de menos. No, no me importa; claro... acepto, dile que no tengo problema alguno (...) Bien ¿todo en marcha? Estupendo... – acabó riendo.
Esa conversación telefónica me hizo despertar, lo vi pasearse de un lugar a otro con el celular en la oreja como uno de esos ejecutivos importantes, abrí un poco más los ojos para despertar por completo.
– No tengo problema con eso, solo hazme llegar los documentos (...) habla con Flux para que la banda te pague los pasajes, solo quiero que sea lo antes posible – rió.
Lo miré desde la cama sin que él se percatara de que estaba despierta.
– Está bien, gracias. Sí, lo sé. Adiós – cortó.
Dejó su celular sobre un mueble y sonrió al verme despierta, volvió a acostarse junto a mi y me besó con delicadeza.
– ¿Cómo dormiste? – sonrió.
– Bien, supongo – sonreí apoyando mi cabeza en su brazo.
– Eso es bueno, hoy te llevaré a pasear... a ti y a los niños – me miró con ternura.
– ¿Con quién estabas hablando? – lo miré curiosa.
– Con David, mi abogado – sonrió.
– ¿Por qué? – me extrañé.
– Mi esposa pidió el divorcio al ver las fotos en la pagina – rió.
Se lo tomó con calma, era como si no sufriera la perdida de su esposa.
– ¿Y qué le dijiste?
– Pues acepté, lo que nos mantenían unidos era nuestro hijo, más que eso nada – besó mis cabellos.
Lo abracé con fuerza, me sentía segura con él a mi lado, tan solo pedía que el teléfono sonara y que Richard me pidiese el divorcio.
– ¿Saldrás conmigo hoy?
– Por supuesto que sí – sonreí cerrando los ojos.
– Creo que deberías hablar con Richard... – dijo en un susurro.
– Lo haré, ahora – me levanté.
– ¿Ahora? – me miró extrañado.
– Si, ahora – reí.
Tomé mis ropas y fui a bañarme, Dero bajó a desayunar mientras yo pensaba bajo el agua caliente.
“Deja las rosas y lágrimas congeladas por aquella caricia que logra erizar hasta el último centímetro cuadrado de tu cuerpo, deja esa perfecta sonrisa por esos ojos que te hacen sentir segura...”
– Está decidido – sonreí.
Acabé de bañarme y me vestí rápido para desayunar junto a Dero y Teresa que ya había llegado como todos los días; compartimos sonrisas y un ambiente agradable, luego subí a mi escritorio y tomé el teléfono con una gran tranquilidad, marqué el número de Richard.
– ¿Hola? – dije.
– Hola amor –sonrió.
– ¿Cómo estás? – pregunté indiferente.
– Agotado por el show de ayer... ¿Y tú?
– Mal... – comenzó mi jaqueca.
– ¿Qué te pasó cariño? ¿Le pasó algo al bebé? – preguntó preocupado.
– ¿A cuál? ¿Al de Bytha o al de Margaux? – dije irónica.
Guardó silencio.
– Para variar sigo enterándome de cosas desagradables... ¿creías que no lo sabría? – bufé.
– Dios... lo lamento... – susurró.
– No hay nada que lamentar Richard... quiero el divorcio y esta vez para siempre
– No... Las cosas pueden mejorar mi vida... – dijo apenado.
– Quizá, pero yo no tengo el tiempo para esperar a que eso pase; te mandaré los papeles y pobre de ti que no los firmes – dije enojada.
– Prometo cambiar, por favor Cony no me hagas esto... otra vez
– Eso debiste pensarlo antes querido, ya es un poco tarde – corté.
En un momento como este suele aparecer aquella personalidad de los viejos tiempos, la Nixie original, la fuerte y decidida... la que no le teme a nada y que no se deja pisotear por nadie; llamé a Mack y lo hice venir a casa para arreglar el papeleo del divorcio.
– ¿Qué? ¡Pero si se casaron hace unos pocos días! – gritó asombrado.
– Ese no es tu problema, dime donde tengo que firmar maldita sea – reí.
– Pues debo hablar con el juez y creo que mañana traeré los papeles – levantó sus cejas.
– Está bien, pero habla de inmediato con el juez – lo miré atenta.
– Lo haré, no te preocupes – rió.
Lo dejé en la puerta y se marchó para cumplir con aquella misión encomendada; Dero apareció atrás de mí con esa sonrisa suya que me encanta, me besó haciéndome sentir la mujer más inocente, él provoca en mí sensaciones únicas... con las que nadie más he sentido.
– Ya hablé con Richard... – susurré en sus labios.
– ¿Qué le dijiste? – sonrió.
– Que quería el divorcio – seguí besándolo.
Sujetó mi nuca y abrió más su boca para robarme el alma en ese mágico beso, con mis manos acariciaba su gran espalda, el momento fue interrumpido por el timbre; me miró riendo y se sentó en el sofá mientras yo abrí la puerta: era Mischa.
– Hola hermanita – sonreí.
– Hola ingrata – rió.
– ¡Oye! Cómo que ingrata
– Pues no me has ido a visitar y sabes que me siento sola – rió otra vez.
– ¿Y por qué no me vienes a visitar tú? – reí.
– Vi las fotos en la página de la banda ¿qué significa todo eso? – levantó sus cejas.
– Oh pues, ya están en marcha los papeles de mi divorcio – la miré seria.
– Diantres... es eso... raro – rió nerviosa.
– Lo sé pero la vida sigue y no se detiene...
– ¿Estás ocupada? – movió sus cejas de arriba para abajo una y otra vez.
– Algo así – la miré riendo.
– Hoy a la noche habrá un tipo de concierto de Kreator, bueno es una banda tributo a Kreator ¿quieres ir? – sonrió.
– Oh, no lo sé, tengo planes para esta tarde, si me libro temprano te aviso y vamos – le sonreí de vuelta.
– Bueno, ¡Pero me avisas! – rió.
– Lo haré, pierde cuidado – la abracé.
– Nos vemos – besó mi mejilla.
Se fue y volví a entrar; me senté junto al sujeto que me hacía sentir completa, pasamos la tarde viendo televisión en la sala, abrazados muy cariñosamente esperando que los niños llegaran de la escuela. Sentir sus manos acariciando mi vientre me hacían pensar que esta vez las cosas podrían terminar bien, no comprendo porque he sido tan tonta todos estos años, vivir se me hacía complicado cada vez un poco más.
Llegaron los niños y nos abrazaron para saludarnos, Teresa les dio sus galletas con leche y luego les pedí que se cambiaran la ropa porque iríamos de paseo con Dero, asintieron felices y no demoraron casi nada.
– ¿Estamos listos? – dijo Dero con voz de mando.
– ¡Si capitán estamos listos! – rieron los niños.
– ¡No los escucho! – rió Dero.
– ¡Si capitán, estamos listos! – repitieron riendo.
Dero cantó aquella canción de “Bob Esponja” lo que nos hizo reír a todos nosotros en la casa; abordamos mi auto pero esta vez Dero conducía ya que él sabía a donde iríamos, habló con los chicos todo el trayecto, sobre la escuela y otros temas que a ellos les interesan. Me daba envidia ver a Dero como un padre, incluso yo hubiese querido tener uno así... él era fantástico, parecía un buen actor de Hollywood pero en verdad él no necesitaba fingir nada.
Detuvo el auto en un parque hermoso que no recordaba que existía, hizo que bajáramos del vehículo y los niños corrieron a unos juegos interactivos que allí habían, a mi me tomó la mano y me llevó a una banca cercana para poder vigilar a los niños.
– Este es un lugar hermoso – le dije sonriente.
– Me encanta que te guste – respiró profundo.
– Eres realmente magnífico... – susurré mirando su perfil.
– Tú lo eres – sonrió.
– No, en verdad tú lo eres... no puedo creer que te tenga a mi lado – lo miré orgullosa.
Giró su rostro y sus ojos hipnotizaron a los míos, su sonrisa me decía que esto era grandioso y su mano cubriendo la mía demostraba que esto si estaba pasando, que esto era real...
No hay comentarios:
Publicar un comentario