El recuerdo de aquel asesinato seguía entre mis memorias, la culpa de la muerte de una desconocida era mi delito. El sujeto se estaba acercando a mi auto y yo entré en pánico, encendí el auto y choqué al que estaba atrás; me fugué en dirección al aeropuerto.
Sinceramente no sabía que hacer y solo recordé que hoy llegaba Dero. Estacioné el auto y permanecí adentro un largo rato sintiendo como el calor de un asesinato asechaba el aire que respiraba; mi respiración seguía agitada y apoyé mi frente en el volante.
Sinceramente no sabía que hacer y solo recordé que hoy llegaba Dero. Estacioné el auto y permanecí adentro un largo rato sintiendo como el calor de un asesinato asechaba el aire que respiraba; mi respiración seguía agitada y apoyé mi frente en el volante.
Los motores de los aviones que despegaban y llegaban era lo único que oía, todo se calmó poco a poco; un golpe en mi ventanilla me hizo saltar, era un maldito policía...
– ¿Está bien señorita? – preguntó mirándome extraño.
Asentí agitada y este se fue, miré por el espejo y vi como se marchaba, miré la hora: 10:40. No sé que hacía aquí, no sé a que hora llegaba Dero ni mucho menos en que vuelo venía, fue una estupidez haber venido.
– Esto en realidad no está pasando...
Repetí una y otra vez golpeando mi cabeza con el volante. Recordé algo y encendí el motor, partí a toda velocidad en dirección de la casa de Bytha con Rammstein en la radio; los edificios gigantes que hacían de paisaje me hacían sentir diminuta, lo que me volvía frágil y vulnerable.
Estacioné el auto afuera de su gran casa y toqué el timbre acelerada, me abrió su sexy esposo que me miró coqueteándome, no estaba de humor para esas cosas.
– ¿Está Bytha? – fruncí el seño.
– Si... ¿por qué? – preguntó saboreándose los labios.
Enojada entré a su casa a la fuerza, subí las escaleras para llegar al dormitorio en donde ella estaba; conocía su casa y no tenía mala memoria.
– ¿Qué haces tu aquí? – gritó poniéndose de pie.
– ¿Tienes las fotos de hace cinco años? – grité alterada.
– ¿Qué fotos? – frunció el seño irónica.
– Sabes de lo que hablo Bytha – la miré disgustada.
– Ah... esas fotos, sí las tengo ¿por qué Bauer? – rió.
– Dámelas – dije enojada.
– No tengo porqué...
– Dámelas o soy capaz de buscarlas a mi manera – encogí mis ojos.
– Pues búscalas, dudo que las encuentres – rió sentándose en la cama.
La miré enojada y comencé a abrir cajones y muebles lanzando toda la ropa por todas partes; Bytha se disgustó y comenzó a gritarme pero yo no la estaba escuchando.
– Dime donde están y te dejo en paz – la miré con ira.
– ¿Para que las quieres? – me miró enojada.
– Eso no te interesa – seguí buscando y desordenando.
– Mamá... ¿qué pasa? – preguntó la pequeña de Bytha.
– Nixie estás asustando a mi hija, ¡vete de aquí! – dijo serena.
– ¡No me iré sin esas fotos! – toqué su pecho con mi dedo.
– ¡Bauer sal de mi casa! – gritó.
– ¡Si quieres que me vaya dame las putas fotos! – grité en su rostro.
En eso llegó su esposo quién miró asombrado la situación y la habitación desordenada.
– ¿Qué pasa aquí? – preguntó asustado.
– Fito llévate a Nixie, está asustando a Lisa – dijo Bytha dando una orden.
– Dame las fotos maldita perra – dije entre dientes.
– Irrumpes en mi casa a las 10 de la mañana, desordenas todo ¿Y más encima me insultas? ¡Vete Bauer! – gritó.
El enojo que tenía era incontenible, necesitaba las fotos.
– Dámelas o me veré obligada a golpearte – susurré.
– Anda, golpéame, atrévete – me provocaba.
– Nixie, creo que sería bueno que te fueras – dijo asustado su esposo.
Odio que me provoquen, más aún sabiendo que si soy capaz de hacerlo... con una fuerza desde mi interior golpeé en la nariz a la susodicha.
– ¡Dame esas fotos Bytha! – grité una vez más.
– ¡Nixie! – gritó William.
– ¡Sácala de aquí! – gritó tapándose la nariz ensangrentada.
Me tomó del brazo y me sacó a la fuerza mientras le exigía a Bytha aquellas fotos con gritos, los vecinos me miraron extraño, Fito no quedó tranquilo hasta que subí a mi auto. El dolor en mi cabeza me atormentaba, encendí el motor y partí a mi casa con un temblor en mis manos; la rabia que tenía en mi interior me dominaba, de una u otra manera debía obtener esas fotos...
Guardé el auto en mi garaje y me quedé dentro de este un buen rato respirando profundo para poder tranquilizarme, tenía un vacío en mi estómago y debía comer, bajé del auto y entré a la casa. Caminé a la cocina y cuando abrí el refrigerador una voz provocó en mí un escalofrío.
– Miren quién llegó... – rió.
Cerré la puerta del refrigerador y me giré lentamente, en el sofá vi a Dero sentado junto a Richard; los miré boquiabierta, ese hombre hacía hervir mi sangre... era como Richard, pero más joven, era más agresivo y más atrevido, eso... me volvía loca.
– ¿Dónde estabas? – preguntó riendo Richard.
– Fui a dejar a los niños a la escuela – sonreí nerviosa e incómoda.
– Que buena madre eres – sonrió Dero.
Reí discretamente, los nervios los tenía de punta y con Dero presente no podía manejarlos precisamente; me giré para servirme cereal dándoles la espalda a los chicos.
– Iré a buscar unos documentos donde Andréu, ya vuelvo – dijo antes de salir Richard.
No le respondí, no era necesario. Eché leche con mi mano temblorosa sobre el cereal, cuando sentí un cinturón chocando con la parte baja de mi espalda, su mano acarició la mía y su mentón se apoyó en mi hombro derecho.
– ¿Por qué no me saludaste? – susurró.
Un escalofrío invadió todo mi cuerpo, la saliva raspó mi garganta al tragar y su mano seguía sobrepuesta en la mía.
– Porque tengo hambre... – susurré.
Esa respuesta fue idiota, no tenía sentido con lo que esta ocurriendo, él rió casi en silencio y pudo notar mi nerviosismo.
– Yo puedo prepararte algo... – susurró con su voz varonil mientras jugaba con su nariz entre mis cabellos.
Cerré mis ojos disfrutando de su respiración en mi nuca, poniéndome nerviosa al chocar mi trasero con sus muslos y entrepierna; con sus manos pegó mi trasero a él, posó sus manos en mi cintura.
– No hagas esto... – susurré disfrutando de sus besos en mi cuello.
Sonrió y posó sus manos en mi vientre, mordió levemente el lóbulo de mi oreja.
– Supe que serás madre... – susurró.
– Sí, también me casé... – suspiré y eché mi cabeza hacía atrás.
Rozó su mejilla con la mía, sus patillas me hacían cosquillas pero se sentían bien.
– Ya lo sé, Richard me lo dijo todo – besó nuevamente mi cuello.
– Richard... – reaccioné.
Quité sus manos de mi estómago, tome el plato con cereal y me senté en el sofá a comerlo, Dero rió y se sentó junto a mí para hacerme compañía.
– No me llamaste para mi cumpleaños – rió.
– Ni tú para el mío – dije con la boca llena.
– Vine a buscar mi regalo... – me miró con los ojos cansados.
Sonreí sin evitarlo, este tipo si era atrevido, me encantaba eso pero no podía dejar que eso ganara; me miraba fijo y yo a él, entró Richard y acabé de comer, me puse muy nerviosa y salí a la casa de Mischa acelerada, dejando adentro a los dos alemanes extrañados.
Toqué a la puerta y me abrió el finlandés.
– ¿Está Mischa? – pregunté agobiada.
– Claro, pasa – dijo sonriente.
Me dejó entrar y la esperé en la sala jugando con mis dedos, apareció luego de unos minutos, me abrazó preocupada.
– Tengo que hablar contigo... – la miré cansada.
– Vamos arriba – levantó una de sus cejas.
Subimos a su escritorio en donde suele componer, entramos y se sentó mirándome atenta mientras yo caminaba de un lado a otro tocándome la cabeza.
– Dime ¿qué te pasa? – dijo extrañada.
– ¿Recuerdas el secreto que teníamos Max y yo? – la miré desesperada.
– Nunca quisieron decírmelo – bufó levantando las cejas.
– Cierto, bueno... ¿recuerdas cuando casi mato a Bytha?
– Si lo recuerdo, hace cinco años... – me miró curiosa – ¿Por qué?
– Bytha tiene unas fotografías... que tengo que eliminar... necesito tu ayuda – me senté junto a ella.
– ¿Qué tienen esas fotos? ¿Por qué las quieres tanto? – me miró.
Tragué saliva bruscamente y el dolor en mi cabeza volvió a aparecer.
– Esas fotos me culpan de un asesinato – la miré seria.
Sus ojos se abrieron más que de costumbre, me miró con una mueca extraña en sus cejas y con la boca semiabierta.
– Pero tu eres inocente... ¿cierto? – pestañeó lentamente.
Miré el suelo esquivando sus ojos.
– Respóndeme Nixie... – susurró.
– No Mischa, no soy inocente... – la miré seria.
Me miró boquiabierta tocando su cabeza con las manos sin poder creerlo.
– ¿Por qué no me lo dijiste antes? – frunció el seño.
– No lo sé... el único que lo sabía era Max y se llevó el secreto a la tumba....
– ¿Y cómo hiciste para no estar en prisión...? – me miró extrañada.
– Era una noche allá en Texas, perdí el control del auto y arrollé a una mujer, la lancé entre los pastizales... cuando bajé a verla estaba destrozada, agonizó frente a mis ojos...
– ¿Y qué sucedió?
– Nada, subí al auto y huí; en ese tiempo Bytha había contratado a unos sujetos para que me siguieran y tomaran fotografías de todo lo que hacía, sin querer fotografiaron el echo... – suspiré.
Caminó de un lado a otro tocándose la frente sin poder creer lo que oía.
– ¿Quién más sabe sobre esto? – me miró extrañada.
– Nadie, sólo tú... – la miré sin mucho que decir.
– ¿Cómo no te han descubierto...? – se volvió a sentar junto a mi.
– Pues era una carretera, el cuerpo fue encontrado solo por coincidencia... nadie sabía quien fue el culpable, mucho menos que fui yo – sonreí recordando.
– Si nadie lo sabe... ¿por qué quieres las fotos? – susurró sin entender.
– Hoy en la mañana... cuando dejé a los niños en la escuela, me encontré con el esposo de aquella mujer, y si Bytha lo sabe... puede darle las fotos – la miré preocupada.
– ¿Cómo sabes que es su esposo?
– Eso no importa... – la miré seria.
– Mierda Nixie, estás metida en un gran lío... – me miró con sus cejas levantadas.
– Más encima cuando volví a casa me encontré con Dero... – cubrí mi rostro con mis manos.
– ¿El sujeto sexy de Oomph?
– Sí, el mismo...
– Vaya, esto si parece una película – rió.
– Ahora tengo miedo de que el sujeto le haga algo a mis hijos – susurré.
– ¿Él sabe que tu mataste a su esposa?
– Algo así, Bytha le dijo que yo la mate, pero nunca le mostró las fotos... por lo que no está seguro, aún así soy la única en su lista de sospechosos... – bufé.
– Ahora tengo que salir ¿te parece si más rato paso a verte? – me tomó el hombro.
– Está bien, gracias por escucharme hermana – sonreí.
– Cuídate y ten cuidado con Dero – rió.
– No sé cuando pueda soportar con esos dos sexys hombres en mi casa – reí bajando por las escaleras.
– Sólo intenta que Richard no se entere – susurró guiñándome un ojo.
Aquellos consejos de mi hermana me hacían sonreír, me hacían ver las cosas más simple de lo que en verdad era. Me dejó en la puerta, me abrazó y volví a mi casa; encontré a los dos bebiendo y fumando, para variar Richard ya estaba pasado de copas... algo olía raro.
Sonreí mientras Dero lo llevó al dormitorio, me senté en la mesa de la cocina a beber jugo más tranquila, junto a mi se sentó él después de un rato.
– ¿Dónde fuiste? – rió.
– Donde Mischa, necesitaba hablar con ella – sonreí relajada.
– Me quedaré unos días aquí, hablé con Kruspe y ya lo tenemos arreglado, no te molesta... ¿o si? – preguntó lamiendo desde mi codo hasta mi hombro.
Lo seguí con la mirada mientras sonreí sin contenerme.
– ¿Planeaste emborrachar a Richard para eso no? – reí.
– Y funcionó ¿sabes? A veces me sorprendo yo mismo – sonrió rozando s nariz con la mía.
– ¿Cómo está tu esposa? – reí.
– No hablemos de ella ahora – sonrió acercándose a mí.
Miré al frente dejándolo frente a mi mejilla, reí.
– Quiero saber como está – sonreí.
– Vamos, no te hagas la difícil muñeca... – sonrió con sus ojos cerrados besando mi mejilla.
Era cierto, quería besarlo, pero hubieses preferido que las cosas hubieran sido normales, estaba mi hombre en casa y no me gustaría que me descubriera en algo como esto.
– Estoy cansada Dero, no sigas... – cerré mis ojos.
– Yo puedo hacer que te relajes...
Con la punta de sus dedos tomó mi mejilla y giró mi rostro para besarme, no me negué al choque de labios, un cosquilleo se hizo presente en mi vientre; casi tímidamente su lengua hizo contacto con la mía provocando un escalofrío en todo mi cuerpo. Su mano sostenía mi mentón mientras nuestras bocas se abrían y cerraban dejando pasar un aire caliente que robaba mi alma desde lo más profundo, mi cuerpo se sentía maravillado, el sujeto sabía como besar, sabía como provocar en mí reacciones escondidas.
– En cualquier momento llegará Teresa... – susurré en su boca.
Sonrió poniéndose de pie para llevarme a un cuarto para las visitas que quedaba junto a la cocina, el cuarto en donde el iba a dormir estos días; su respiración lenta y profunda me atraía más a él, sus manos no tocaban otra zona que no fueran mis cabellos.
El dolor de cabeza se estaba apagando...
El dolor de cabeza se estaba apagando...
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