Llegó el lunes, una nueva semana comenzaba y aún no hablaba con Synyster sobre nuestra (acabada para mi) relación.
A eso de las 06:30 de la mañana sonó el despertador; era hora de preparar a los niños para ir a la escuela. Fui a sus 3 diferentes cuartos y les pedí que se bañaran, por supuesto que a la pequeña Lilian la bañé yo.
– Mami, ¿Cuándo vendrá papá? – me miró con sus ojos grises como los de él.
– Quizá hoy o mañana mi amor ¿por qué? – le sonreí discretamente.
– Porque quiero mostrarle la estrella que hice en la escuela – me mostró una gran sonrisa.
– Oh pues, entonces lo llamaré y le diré que le tienes una sorpresa – la mire con asombro.
– ¡Si! – dijo feliz.
Acabé de bañarla, la seque y la vestí. Teresa les dio su desayuno y yo preparé sus mochilas.
– ¡Despierta maldito idiota! – Decía ella tirando de las sábanas – No quiero que Rochelle llegue tarde – agregaba un poco enojada.
Zacky se levantó a duras penas, más bien dicho parecía un zombie caminando al baño. Mischa despertó a su pequeña Rochelle, y esta hizo caso.
Cuando Zacky salió de la ducha buscó ropa limpia, pero no sabía que ponerse.
– Cariño ¿dónde están mis pantalones negros? – le preguntó a Mischa.
– ¡Y que se yo! Deben estar en donde guardas tus pantalones – gritó desde el piso de abajo.
– No los encuentro... – le respondió.
– ¡Ese no es mi problema! – grito como una loca Mischa.
– Parece que hoy no es su día... – dijo Zack mientras buscaba sus pantalones.
– ¡Te escuché! – gritó desde las escaleras.
– ¿Eh? – la miró con ojos bien grandes.
Mischa levantó unos pantalones y bajo estos estaban los que tanto buscaba el hombre.
– Aquí están – lo miró indiferente – Aprende a buscar...
Zacky la miró con una sonrisa de costado – Gracias mi amor – y la besó. – No sé que haría sin ti – la miro dulcemente.
– ¡Nada! No harías nada sin mi – dijo Mischa mientras reía rudamente.
Mischa lo besó y bajó a darle el desayuno a Rochelle mientras Zack sacaba el auto para dejar a los niños a la escuela.
A eso de las 07:00 yo salí con los niños a esperar que Zacky los recogiera, a eso de las 07:10 pasó, los niños subieron mientras saludaban a Rochelle y al tío Zack.
– ¿Cómo estás? – me pregunto desde dentro del BMW.
– Bien ¿cómo quieres que esté? – reí.
– ¿Hablaste con Brian? – me preguntó un poco preocupado. Y de hecho esa pregunta me asombró, él sabe que romperé con él y es uno de sus mejores amigos, fue extraño.
– No, ni lo eh visto... – le dije levantando mis cejas.
Hizo una mueca con sus labios y se despidió, también los niños. Y allí quede sola otra vez. Entré a la casa y tomé el teléfono, marqué el número de Brian.
– ¿Brian? – se escucho un silencioso ruido.
– ¿Connie? – dijo.
– ¿Dónde estás? – le pregunté un poco enojada.
– En casa de Shadow – dijo recién despertando.
– Necesito que hablemos...
– Esta bien, voy para allá – dijo acelerado.
– Bien – no dije nada más y corté.
No demoró más de 30 minutos y llegó, yo estaba sentada en el gran sillón y Teresa abrió la puerta.
– Hola – me miro sonriente, quería besarme.
Moví la cara para no besarlo – Siéntate, tenemos que hablar... – lo miré fríamente; su cara de felicidad se desvaneció de la nada y se sentó.
– ¿Quién es Lu? – le pregunté directamente.
Abrió grandes los ojos, las palabras no le salían.
– Dime, ¿quién es? – le repetí.
– No lo sé... ¿por qué? – me dijo titubeando.
– ¿Es decir que no sabes con quién te acuestas? – lo mire con una ceja levantada y en tono irónico.
Guardo silencio.
– ¿Hasta cuando ibas a seguir mintiéndome? – le dije melancólica - ¿Tú creía que no me iba a enterar...? a mi no puedes engañarme... –
– Lo siento... – fue lo único que dijo.
– No quiero verte más, si tenemos contacto; sólo será por trabajo – lo mire con ojos lagrimosos.
– No... No quiero perderte... – dijo lamentándose.
– Eso debiste pensarlo antes de seguir tu relación con ella... – me dirigí a la puerta, la abrí – Vete, no quiero verte... – le dije casi llorando.
Caminó a la puerta y tomó mi cara entre sus manos
– Perdóname... – me miro con sus ojos llorosos.
– Perdóname... – me miro con sus ojos llorosos.
– Vete... – le dije cerrando mis ojos.
Se fue, cerré la puerta y corrí a mi gimnasio; entré y coloqué música para poder Boxear sin guantes la gran bolsa de boxeo. Mis ojos se deshicieron, lloré quizá todo lo que no había llorado en los últimos dos años. Golpeaba con más fuerza, cada vez más enojada gritando bajo el efecto de la música; mis nudillos ya sangraban y no me detenía.
En un instante sentí que abrieron la perta, pero no quise ver quién era y seguí golpeando la bolsa; hasta que me abrazan por atrás y me deshago en sus brazos.
– ¡Tranquila! – escuchaba su voz débil con la música de fondo.
– ¡No puedo! – le respondí desesperada ahogada en llanto.
Corrió y apagó la molestosa radio, volvió a abrazarme pero esta vez por el frente, haciendo que cayéramos al suelo. Nos apoyamos en la pared junto a la bolsa de boxeo. Mientras lloraba, gritaba y me lamentaba sus brazos me mecían y acariciaban para tranquilizarme.
– ¿Qué te puso así cariño? – me preguntó muy preocupado mientras besaba mi cabeza constantemente en señal de protección.
– No puedo ser feliz... – le dije entre llantos.
Sus constantes caricias en mi cabeza, en mi rostro y en mis brazos rodeados por los suyos me hicieron recordar cosas que aumentaron mi angustia; lo preocupe demasiado, pero no podía detener mi explosivo llanto. Su cálida mano derecha tomó mi mano izquierda, la acarició una y otra vez, me apoyé en su hombro y me apapacho colocando su mentón sobre mi cabeza.
Mi gimnasio no tenía mucha luz, era muy lúgubre, no se escuchaba ningún ruido del exterior, y allí estaba yo, abrazando a mi ex esposo que apareció en el momento que más lo necesité.
Así pasamos unos 15 minutos, mis lágrimas cesaron, sus calidas manos le entregaron calor a las mías, además de acariciar mi mejilla.
– Pensé que llegarías mañana... – le dije en un susurro.
– Algo me decía que debía llegar antes – dijo Richard preocupado mientras besaba mi cabeza.
– ¿Qué fue lo que te pasó? – insistió con la pregunta.
– Salgamos de aquí por favor... – le pedí débil.
Me levantó en sus brazos y me llevó a la sala en ellos, nos sentamos en el sillón y se sentó de costado para mirarme.
– Dime ahora ¿Qué sucedió...?
– Rompí con Brian... – le dije pausado.
– ¿Qué te hizo? – dijo enojado apenas terminé de hablar.
– Él... Tiene otra mujer.
Guardó silencio, se levantó y dejo su chaqueta junto a mí.
– ¿Dónde vas? – lo miré con la boca semiabierta mientras lo seguía con la mirada.
– Ya vuelvo... – dijo enojado dando un gran portazo al salir.
No imaginé que podía hacer...
– ¡Quiero una pizza! – gritaba Mischa a Zacky.
– Pero amor... ¡aún no es hora de almorzar! – decía riendo Zack.
– ¡Pero yo quiero pizza, ahora! – lo miraba enojada.
– Esta bien, vamos a comer pizza – le tomó la mano y la llevó al auto; Mischa pudo ver a Richard subir a su auto.
– ¿Y él que hace aquí...? – lo miraba extrañada desde el auto.
– Vino a ver a tu hermana supongo... – dijo Zack.
Pasó una hora y Richard volvió a casa.
Lo miré confundida – ¿dónde fuiste? – le pregunté.
– No importa... – se sentó nuevamente junto a mí, me miró como solía hacerlo cuando nos conocimos.
– No quiero verte sufrir, nunca más... – me dijo mientras tomaba mi mentón con su mano.
Me levanté para salir un instante y él se detuvo frente a mí, me miró fijo con sus ojos grises, pestañeó muy lento y me puso nerviosa.
Me levanté para salir un instante y él se detuvo frente a mí, me miró fijo con sus ojos grises, pestañeó muy lento y me puso nerviosa.
– ¿Qué pasa...? – lo mire con los ojos hinchados.
Se acercó a mí, me tomó la cara con sus suaves manos
– No quiero que sufras, nunca más... de verdad.
– No quiero que sufras, nunca más... de verdad.
Una lágrima corrió por mi mejilla mientras sus labios chocaron con los míos lentamente; la sensación de estar sola desapareció como siempre cuando estoy con él.
Un beso eterno, o al menos eso parecía hasta que Mischa interrumpió abriendo la puerta. Richard dejó de besarme, pero no soltó mi cara y tampoco se separó de mí. Mischa quedó parada allí en la puerta sin saber que decir.
Un momento incómodo de verdad, pero uno que no quería que acabase...
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