viernes, 22 de abril de 2011

Chapter 15.

Nos invitaron a variados programas de televisión y radio. Yo y Mischa fuimos invitadas a “That Metal Show” por segunda vez.

– ¿Cuáles son los planes para Nevinger este año? – preguntó el gran Eddie.
– Bueno nosotros queremos recuperar todo el tiempo que desaparecimos. Demostrar que no solo nos dedicamos a ver televisión y comer pizza... – dijo Mischa riendo.
¿Comían pizza viendo televisión? – preguntó Jim riendo.
– No, ella comía pizza, yo comía maní con un Vodka – contesté.

Todos rieron, el ambiente en ese programa es genial.

– Nixie... ¿te molesta que te llamen la nueva Lita Ford? – preguntó Don.
– No, no me molesta; pero no me gusta ser comparada con nadie, creo que tampoco a ella le gusta que le digan que una mocosa de mierda apareció para robarle el título de la mujer metalera 

Los chicos rieron.

– ¿Y a ti Mischa; qué te parece que Slash quiera trabajar contigo? – preguntó ansioso Don.
– Grandioso, cuando lo supe mojé mi pantalón – volvieron a reír.
– Los mojó de verdad – agregué riendo.

Las carcajadas en el estudio se escuchaban muy fuertes.

– Hablando en serio; me siento complacida de que un ídolo como Slash quiera trabajar conmigo, él es grandioso, ni sé que mierda tocaré... ¡Él se llevará todo el crédito! – rió Mischa.
– Su último álbum está posicionado como el mejor álbum del metal para el 2001, ¿cuándo lo comenzaron a trabajar? – preguntó muy curioso Florentine.
– Hace mucho, quizá hace un año, de echo dos canciones están basadas en la muerte de Max – dije, ya seria.
– ¿Cómo afecta eso a la banda...? 
– Un golpe duro del cual nos costó recuperarnos dos años, es decir; perdimos más que un guitarrista, y no teníamos nadie en mente como para reemplazarlo – dije.
– Perdimos a un hermano, y la banda se había ido a la mierda completamente – agregó Mischa.
– ¿Cómo se recuperan entonces? – interrumpió Eddie.
– Ya había pasado un año y comenzamos a molestarnos con los reemplazantes; y un día que pasaron por VH1 un video de nosotros, vi lo bien que la pasábamos; como en el video de S.E.X.; nos reímos mucho; teníamos una unión especial, que no teníamos con los nuevos – risas de fondo – Y volvimos a como comenzamos, solo que quise ser genial y tomé la guitarra, luego me di cuenta que no era lo mío... – reí.
– Petter nos presentó a Alex después de que nuestro regreso era oficial, lo probamos y lo hicimos elegir entre Lordi y Polution – dijo Mischa.

Todos rieron, incluso yo.

– ¿Y qué eligió? – preguntó Don.
– Pues Lordi, si elegía Polution le pateaba el culo y le rompía la cara de un golpe – rió Mischa.

Las risas se hicieron carcajadas, la rivalidad entre Nevinger y Polution se mantenía con los años. La ironía en los comentarios de Mischa era permanente.

– ¿Y que harán para el MegaFest en Mayo? – la curiosidad de Eddie no tiene límites.
– Haremos un show de magia y volaremos las guitarras con explosivos – dije seria.
– ¿De verdad? – se asombró.
– No, claro que no... – reí.
– Estrenaremos el nuevo disco y compartiremos escenario como buenos amigos con todos – agregó Mischa.
– ¿Es cierto que tienen algo preparado con Arch Enemy...? 
– Sí, además de Ángela, cantaremos Bytha y yo.... luego... – reí sin acabar la oración.

Acabó el programa con aplausos de apoyo y admiración, yo y Mischa nos sentimos bastante cómodas y felices...

– Nada en este mundo podría ser tan abrumador como las caricias de una sombra tenebrosa que atormente todos mis sueños; que en su presencia me haga sentir que pierdo la vida... Quizá sea eso lo que todos quieran alguna vez sentir; que a medida que respiran, sientan que pierden algo más que el aire... – contesté a una pregunta de una periodista que nos esperaba afuera del estudio.

– Algo más que el poder, es saber lo que somos, lo que queremos. No vale la pena imaginar controlar al mundo, si en verdad eso no nos contenta, la esencia de lo especial está en como nosotros actuemos frente a lo que nos suceda; sea bueno o malo, algo quiso que nos pasara – respondió Mischa a otra.

– ¿Cómo describirían su nuevo álbum? – preguntó por tercera vez.

– Quisiera contentarme con decirlo en una palabra, pero los esfuerzos realizados en esto va más allá de las acciones que alguna vez pudo haber echo alguno de nosotros cinco; no podrías entender la ideología si no comprendes nuestra metodología de creación. Más que maravilloso, es algo que hace exorbitar todos nuestros sentidos, algo que nos llena de una adrenalina y una pasión desconocida, que hace que nuestro cuerpo interactúe sin el consentimiento de la razón... – contesté.

– Alucinante – resumió Mischa.

Con mi hermana reímos al ver a esa periodista sin saber que carajo escribir.

– Me encanta confundirlos... – reí.
– Sus caras son inexplicables – rió Mischa.
– Odio a los periodistas, amo que se confundan – volví a reír.

Con Mischa caminamos a un bar que encontramos por allí, entramos y todos los hombres nos miraron extraño; caminamos a la barra y pedimos dos vasos de whiskey.

– Gran noche – dijo Mischa.
– Memorable – reí bebiendo.

Atrás de nosotras se pararon unas sombras y se escuchó su maldita voz.

– Miren a quién tenemos aquí... – dijo Bytha.
– No puede ser... – golpeé mi cara con mi mano.

Con Mischa nos giramos y efectivamente era la susodicha, con un par de amigas.

– ¿Qué haces tan tarde por aquí... Bauer? – ironizó su voz.
– No te importa – bebí mi vaso por completo.
– ¿Quién te dio el permiso para hablar de mi en ese programa? – me miró enojada.
– ¿Desde cuándo debo pedirte permiso? – reí.

Mischa acabó su whiskey y miró a Bytha.

– Déjala en paz, quién hablo de ti, fui yo, imbécil – su voz fue seria.
– Contigo no es el problema idiota – la miró con una mueca de disgusto.
– No le digas idiota... – me levanté quedando frente a ella como si nos fuésemos a besar.
– ¿Cuándo piensas en dejar de fastidiarme Bytha? – apreté mis dientes.
– Cuando dejes de entrometerte en mi camino pequeña perra – me miró frunciendo el seño.
– Nixie... no... – dijo Mischa preocupada.
– Mira quién habla de perra... – reí irónicamente.

El ambiente se puso tenso, las dos acompañantes de Bytha comenzaron a mirar con desagrado a Mischa.

– ¿Y ustedes qué miran? – dijo agresiva.
– No puedo creer como saliste de esa clínica.... – encogió sus ojos. – Yo misma debí haberte desconectado 
– ¿Por qué no lo hiciste entonces...? Ah sí, porque eres una maldita cobarde – alcé mi voz.

Atrás Mischa golpeó a una de las tipas, la otra comenzó a gritarle a Mischa, el enojo de Bytha seguía creciendo.

– No sabes cuanto te odio... – se alteró.
– Gracias a tu odio, yo sigo viva cariño – la miré.
– ¡Eso te mereces por mirarme de esa manera, perra! – le gritaba Mischa a la tipa que estaba en el suelo.
– Vamos... golpéame – le dije riendo. – ¡Vamos! ¿Qué esperas? ¿Tienes miedo  a que ocurra lo mismo que hace cuatro años querida? – reí sarcástica.

Hizo una mueca con su cara, sus delineados ojos me miraban con el odio que siempre me ha tenido, rápidamente golpeó mi rostro.

– ¡No te tengo miedo Bauer! – dijo alterada.

La miré con la cara golpeada, con los ojos encogidos y mi voz aterradora.

– Pues deberías Bytha... – mi respiración aceleró, la adrenalina dominó mi cuerpo.

La golpeé de regreso lanzándola al suelo. Los grandes hombres nos rodearon gritando “¡Pelea!” una y otra vez; yo con Bytha y Mischa contra las otras dos. Años de batería valían la pena, mis brazos son delgados, pero con una fuerza asombrosa, además, practico boxeo era pan comido...

– Vamos, ¡Levántate! – reí enojada.
– ¡Idiota! – gritó.

Volvió a golpearme, tiró de mis cabellos. Me la quité de encima con un gran puñetazo en sus costillas.

– No hay nada más infantil que jalar de los cabellos Bytha... – la miré tirada en el suelo retorcerse.
– Nixie... ¿estás lista? – gritó Mischa contra las dos chicas.
– ¿Quieren terminar como Bytha ¿ - les pregunté en un tono irónico a las mujeres.

La miraron y se calmaron, se alejaron de Mischa; ella pagó los tragos y nos fuimos.

– ¿Vamos a casa? – preguntó mientras caminábamos.
– Creo que sí... – guardé mis manos en los bolsillos de mis pantalones.
– ¿Entonces? – me miró cansada.
– ¿Qué? – me extrañé.
– ¿Cuándo es el matrimonio? – sonrió.
– No lo sé... – la miré como drogada.
– ¿Cómo no lo sabes? 
– Quiero que sea pronto, pero no tengo tiempo... 
– Deberás hacerte un tiempo 
– Lo sé mujer – sonreí.

Pasamos por la casa de Mischa y nos detuvimos.

– Aquí vivo – rió.
– Si se que vives aquí – reí.

Nos despedimos y caminé a casa, los perros delataron mi llegada; encontré a Richard en el sofá con su guitarra sin amplificador.

– ¿Qué haces aquí tan tarde? – me paré frente a él.
– Practico – me miró inocentemente con sus grises ojos.

Sonreí recordando lo que dijo hace algunos días.

– Déjame acompañarte – me senté junto a él y acaricié sus ajustados pantalones, apreté uno de sus grandes muslos.

Me miró con una leve sonrisa en su rostro; mi mano subió hasta su entrepierna bien marcada, lamí su sexy guitarra... miró atento todo lo que hacía.

– ¿Puedo hacerte compañía...? – lo miré seduciéndolo.
– Déjame pensarlo... – rió de costado.

Tome su guitarra y la dejé a un costado; me senté en sus piernas con las mías abiertas, apoyé mi trasero en sus muslos, lamí su mejilla lentamente y choqué nuestras narices.

– Anda Rich... déjame acompañarte... – dije en un susurro.

Sonrió besándome con una pasión que me vuelve loca, su lengua atrapó a la mía en una loca lucha de placer; sus manos apretaron mis nalgas a través de los ajustados pantalones de cuero. Poco a poco le quité su oscura y sensual camisa; mientras él lamía mi cuello, se excitaba sintiendo como mordía su dedo índice.

– Claro que puedes hacerme compañía... – dijo respirando en mi cuello.

Sonreí mientras desabrochaba mi pantalón, los quitó con cuidado mientras me atrapaba con sus labios. Detuve su beso y me recosté en la alfombra mirándolo coquetamente.

– Quítate esos pantalones Rich... – mordí mi labio sonriendo.

Se puso de pie y desabrochó su cinturón lentamente, jugando con su lengua haciendo que me  excitara; quitó sus pantalones lanzándolos con el resto de las prendas, con cuidado quitó mi camiseta quedando ambos en ropa interior.
Entre besos y caricias, Richard me llevó a la cama; me lanzó con cuidado quedándose parado mirándome seductoramente; me acerqué a él gateando por la gran cama, escalé por su pecho lamiendo desde su pelvis hasta llegar a sus labios.

– No me hagas esperar más... – suspiré en sus labios.
– Te daré todo lo que quieres... – suspiró exhalando aire caliente en mi boca.

Sus manos, sin darme cuenta desabrocharon mi sostén, lo quitó con cuidado mientras que yo quité su ropa interior al mismo tiempo que él hacía lo mismo con la mía. Nos entrelazamos allí en la cama, entre besos  y rápidas respiraciones acomodó su entrepierna con la mía, empujando sus caderas sobre mi. Gemí al sentir el peso de su gran cuerpo sobre mi.

– Te amo... – susurré en su oreja.

Beso mis labios con una locura impresionante, nuestros dientes chocaron sin poder evitarlo; las respiraciones calientes en ambas bocas hacían el momento más excitante. Una de sus manos en mi nuca, me mantenía besándolo mientras que con la otra se sujetaba en la cama para no hacerme daño, con las mías acariciaba su espalda.

– También te amo... – suspiró mientras lamía mis labios.

Bañados de sudor, placer y gemidos placenteros, acabamos agotados; cubrió nuestros cuerpos con una delgada sábana. Cansada me dormí en su pecho, me resguardó con uno de sus brazos mientras fumaba uno de sus cigarrillos.

– Buenas noches... – besó mis cabellos mientras dormía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario