A 5 minutos antes de llegar a California, el capitán anunció que llegaríamos pronto, eso nos despertó.
– Son las 01:25, creo que llegaremos a eso de las 02:00... – dijo el rubio mirándome con cara adorable.
– Woo, no quiero llegar a casa hoy... – lo miré melancólica.
– Entonces duerme en mi casa hoy, si quieres – sonrío dulcemente.
Le devolví la sonrisa mientras acaricié su mejilla, asentí y el avión aterrizó. Bajamos calmadamente, buscamos nuestras maletas y nos paramos en la puerta de entrada.
– Busca un taxi – dijo mientras miraba el horizonte.
– Está bien – le dije y comencé a buscar uno con la mirada.
Así pasaron unos 30 minutos hasta que apareció uno; lo abordamos y nos llevó a casa de Andréu. Tomamos las pocas maletas y entramos; dejé mis cosas en el sofá y él llevo las suyas a su cuarto, mientras yo me dormí en su cama.
– Mischa, ya llegamos, pero no le digas a nadie... – dijo el rubio por teléfono.
– Bueno ¿por qué? – contestó extrañada.
– Nixie dormirá aquí, en mi casa...
– Oh, ya entiendo... – guardo silencio – En todo caso Brian no está en casa
– Aún así no le digas a nadie, mañana nos vemos ¿si? – dijo finalizando con un bostezo.
– Bien, nos vemos. Te amo, cuídala – dijo riendo.
– Lo haré, adiós. También te amo – cortó.
Mientras dejaba su teléfono junto a la lámpara, se durmió vestido al igual que yo sobre la cama.
La noche pasó y a eso de las nueve de la mañana sonó el teléfono de Andréu.
– ¿Hola? – contestó medio dormido.
– Andréu ¿Dónde están? – preguntaba Mr. B.
– En casa ¿por qué?
– Necesito que le digas a Nixie que hoy vendrán las bandas – dijo acelerado.
– Está bien, ¿te sucede algo? – preguntó curioso Andréu.
– No, es que estoy corriendo, nos vemos – y cortó.
Andréu miro la hora, después a mi y me despertó – Oye... – dijo en tono bajo.
– ¿Hm? – dije sin abrir los ojos.
– No sigas babeando mi almohada – y rió entre dientes.
Su risa me hizo despertar del todo – No la estoy babeando – lo miré enojada.
Se levantó, ya vestido pues durmió así.
– ¿Quieres desayuno? – me miró sonriente mientras se estiraba.
– Si, liviano, sólo quiero cereal con leche – le dije aún acostada.
– Esta bien – sonrió y bajo a la cocina.
Yo me levante y fui al baño que había en el cuarto, me lavé la cara y mire al espejo; mis ojos reaccionaron extraño...
– Carajo. – dije sin ánimo.
Salí del baño y me recosté en la cama, en eso llega Andréu con una bandeja que venía con dos platos de cereal con leche y un vaso de jugo de naranja.
Me senté y comí el cereal.
– Te traje jugo, porque sé que te gusta – me miró tiernamente.
– Gracias – le sonreí y lo bebí.
El rubio encendió el televisor y dejo el canal de noticias, las vimos hasta que acabamos el cereal.
– Debo ir a mi casa... – le dije tomando mis maletas.
– Está bien, nos vemos en un rato – me besó la mejilla mientras me abría la abierta.
– Sí, nos vemos, gracias por todo – sonrió y me marché a casa.
Mi casa no quedaba tan lejos, es decir vivía a unas cuatro cuadras de Andréu, al lado de Mischa y a dos cuadras de Mr. B.
Me detuve afuera de mi jardín y mis dos grandes Rotwiller movían su cortas colas en señal de felicidad; entré y abrí la puerta feliz, ni idea el por qué. No vi a nadie en primera instancia, apareció Teresa, mi empleada; la salude y le pregunté por Mischa. Subí al segundo piso y escuche una conversación extraña, provenía del cuarto de Lilian; abrí la puerta y encontré a Mischa jugando al té con Lilian y Cristal.
– ¿Pero que huele tan delicioso? – pregunté sonriente.
– ¡Mamá! – gritaron al mismo tiempo las niñas.
– ¡Nixie! – gritó como loca Mischa.
Todas me abrazaron como pudieron y me sentí como en casa.
– ¿Mamá tomarás una taza de té con nosotras? – preguntó Cristal mirándome.
– ¿Tienes pastelitos? – la mire curiosa.
– ¡Sí! – respondió Mischa con uno en la mano.
– Oh, esta bien, uno con dos de azúcar por favor – me senté en una de las pequeñas sillas y veía a Cristal llenar una taza de plástico con una tetera plástica, con dos cucharadas de azúcar imaginaria.
– Toma mami – lo tomé y lo bebí imaginariamente.
– ¡Oh, pero que sabroso! – Lilian me miro.
– Yo lo hice – sonrió mientras yo también lo hacía.
Jugué un rato con ellas y luego con Mischa fuimos a mi escritorio, cerró la puerta y se sentó en la silla.
– ¿Cómo te fue? – me preguntó.
Me senté sobre el escritorio
– Pues normal, aunque me sirvió para pensar mucho...
– Pues normal, aunque me sirvió para pensar mucho...
– Me imagino – agregó – ¿Ya sabes lo que tienes que hacer? – me miró preocupada.
– Sí, aunque me duela hacerlo, romperé con él
Me miró un buen rato, el silencio decía muchas cosas y esas miradas que suelen existir entre Mischa y yo hablan por sí solas, nos entendemos sea lo que sea.
– Bueno, entonces hay que celebrar – dijo con mucho ánimo de la nada.
– ¿Qué? – la miré extrañada.
– Hay que celebrar que volviste – Sonrió feliz; ella sabe que no me gusta deprimirme y lo mejor para no hacerlo era celebrar.
– Hoy tenemos que elegir una guitarrista... ¿lo recuerdas? – la miré pensativa.
– ¡Mierda! Tienes razón... – reí mientras ella pensaba. – Bueno, después de eso entonces –
Seguí riendo – Tú haces cualquier cosa por beber ¿no? – le dije riendo.
– No, no lo hago por beber, si no porque me gusta verte bien, idiota – me dijo mirándome tiernamente como mi hermana mayor.
Guardé silencio y recordé a Max, sus palabras me afectaron pero no se lo dije y la abracé.
– Te amo Sofía – le dije susurrando.
– Y yo a ti Constanza – me respondió en el mismo tono.
Momentos como este pasan a menudo, siempre estamos juntas, pero casi nunca le doy las gracias por todo lo que ha hecho por mí. Si sigo viva es gracias a ella; si no, no estaría aquí.
Pasó la tarde y era hora de reunirnos con Mr. B. en su bar-restaurante, así que deje a los niños con Teresa y partimos con Sofía a “Run, Good Food”.
Entramos y allí estaban Andréu y Petter.
– Hola chicos – dijimos ambas.
– Hola muñecas – dijeron ellos.
Nos sentamos en la mesa que quedaba en frente del escenario, para poder criticar mejor. Ese día se presentaron las 6 bandas con un estilo un poco parecido al nuestro.
Acabó el espectáculo y Petter cerró el lugar, se fueron los cocineros, los meseros, las bandas y estábamos sólo los cuatro.
– Me gustó sólo uno – dijo Mr. B.
– A mi tres – dijo Andréu.
– Dos eran muy buenos – dijo Mischa y yo la apoyé.
– Creo que deberíamos pedirle a ellos que toquen alguna de nuestras canciones y veremos que pasa – dijo Petter.
– Veo que aún piensas Mr. B. – dijo Mischa.
– ¡Respétame niña! – dijo riendo Petter.
Solemos bromear en contra de él, ya que por ser el más anciano por tres años lo apodamos Mister Bauer, pero lo abreviamos Mr. B.
Después de tomar esa decisión, recordamos viejos tiempos comiendo pizza. Nos reímos bastante, nos acordamos de lo que hacíamos después de cada concierto, o en las sesiones de fotos, o mejor aún, lo que pasaba cuando grabamos video clips.
– Lo mejor fue cuando Mischa y Nixie se besaron... – dijo Petter.
– ¡Eres un maldito pervertido! – dijo riendo Mischa.
– Pero no hay nada mejor que ver a dos chicas sexys besarse, es muy excitante – reía diciendo Mr. B.
– Es verdad – decía fumando Andréu.
– No hay nada mejor que cuando le mordiste la nalga a Max ¿Lo recuerdas Petter? – dije a carcajadas.
- ¡Oh es verdad! – Mischa estaba roja de la risa.
– ¡Estaba drogado! – justificó Petter.
– Pero aún así lo hiciste – reía Andréu.
– ¡Es verdad! – dije con mucha risa.
– ¡Debemos hacer otro video con un tema sexual...! – aún reía Mischa.
– Sí, veremos que pasa con el nuevo guitarrista – agregó riendo Andréu.
– ¡Yo no haré nada con el nuevo! – dijo Petter.
– Debes darle la bienvenida Petter... – le dije riendo.
– ¡Oh no, no, no! ¡Yo no haré nada! – decía mientras igual reía Petter.
Esas conversaciones con pizza, alcohol, tabaco y amigos es lo mejor que puede pasar; tenemos millones de historias, cosas que jamás imaginaría el mundo, pero sin embargo son sólo nuestras. Somos más que amigos, somos amantes, somos hermanos, somos nuestros propios padres, nuestro propio apoyo, somos una familia.
Hemos sobrellevado con la muerde de uno de los nuestro, también con una separación de un año de la banda, hemos sobrevivido a todo eso, y lo seguiremos haciendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario