sábado, 30 de abril de 2011

Chapter 16.

Narra Max Brown._
Miércoles 25 de Marzo del año 2008.

Recuerdo aquella noche, fue la mejor de muchas. Eran las cuatro de la mañana en New York y yo iba con Nixie camino a casa, veníamos de celebrar el cumpleaños de un amigo.

– ¡Pero que fiesta! – decía sonriente tomada de mi brazo.
– Y que lo digas – sonreí igualmente.

Caminamos por la avenida principal riéndonos a carcajadas recordando todo lo que vivimos en ese cumpleaños; hubo un momento en que aparecimos por un parque y se nos acercaron unos grupos de personas, pensamos que querían un autógrafo, una foto o simplemente un saludo de nuestra parte. Estábamos equivocados...

– ¿Eres Nixie Bauer? – preguntó un gran tipo mirándola.
– Si... ¿Por qué? – respondió extrañada.

Noté que el sujeto miró a sus acompañantes, me paré delante de Nixie, esto no pintaba nada bien...

– ¿Qué quieren? – los miré frunciendo el seño.

En seguida tres sujetos me apartaron de mi amiga; me alejaron y apretaron mis brazos para inmovilizarme. A la lejanía pude ver como un grupo golpeaba a Nixie, intentó defenderse como sabe pero eran cinco o quizá más...

– ¡Déjenla en paz! – grité intentando zafarme de los tipos.

La manera en que la acorralaron en el suelo comenzó a desesperarme; vi como la hicieron beber a la fuerza un extraño líquido, la golpeaban con una fuerza brutal en el estomago para que lo tragase, lo peor de todo es que ella no gritaba pidiendo ayuda.

– ¡Hijos de puta! ¡Déjenla en paz! – la ira me dominaba.

Con mis piernas golpeé a uno de los sujetos que me sostenían, los otros dos se distrajeron y pude zafar un brazo, el derecho para su mala suerte. Le di un gran golpe y luego al otro, dejando a los tres allí en el césped del parque; el grupo que torturaba a Nixie se percató de mi libertad y se marcharon corriendo con unas grandes carcajadas. Me arrodillé junto a ella quien estaba destrozada a golpes y con sangre en su boca.

– Mierda... ¿pero que te hicieron? – abrí grandes mis ojos asustado.

Los tipos que habían terminado en el suelo, se levantaron y me golpearon en la espalda antes de huir. Tomé mi teléfono y llame a una ambulancia; tomé la cabeza de Nixie con una de mis manos y limpié su cara con mi chaqueta.

– Vas a estar bien nena, aguanta... – dije afligido.

Con una de sus manos indicó su garganta, haciéndome saber que no podía hablar y que le dolía. Besé su frente y la acurruqué a mi, nunca imaginé que algo como esto podía ocurrir, mucho menos ahora.
Después de 15 minutos llegó la ambulancia que nos llevó al hospital más cercano; la entablillaron y le pusieron oxigeno, además de conectarla a unas maquinas que ni se para lo que sirven.

– ¿Va a estar bien? – le pregunté desesperado al enfermero.
– Lo intentaremos... – respondió preocupado.

Me detuve y vi como se la llevaban a una sala a la cual no podía entrar, las puertas se cerraron frente a mis ojos; esto parecía un mal sueño. El reloj marcaba las 04:47 y yo estaba moribundo en esa fría sala de espera.

– ¿Mischa? – dije preocupado.
– ¿Qué pasa? ¿Viste la hora idiota? – respondió con sueño.
– Pasó algo grave, lamento haberte despertado... – dije tembloroso.
– ¿Qué pasó? – se preocupó.
– Nixie está en el hospital... ¿puedes venir? – oculté mi rostro con mi mano.
– ¡¿Qué?! ¿Cómo? – gritó.
– Luego habrá tiempo de explicaciones... avísale a los chicos – aguanté la respiración.
– Está bien, despertare a los muchachos – cortó acelerada.

Lancé el celular sobre la mesita con revistas, estábamos de gira actualmente aquí en New York así que no tardarían en llegar, pero aún así me sentía tan solo. No demoraron, quizá unos 15 minutos o tal vez menos; Mischa corrió donde yo dormitaba sentado.

– ¿Cómo está? – me miraba desesperada.
– No lo sé, los doctores no me han dicho nada... – negué con mi cabeza.
– ¿Ha preguntado al menos? – levantó una ceja Andréu.
– Claro que sí – bufé.
– ¿Cuándo pasó esto? – Mischa tomó mi mano.
– Veníamos del cumpleaños de Eddie y un grupo de grandes, gordos y raros tipos nos enfrentaron de la nada... – cerré mis ojos sentándome otra vez.

Los chicos se sentaron también junto a mí, sus caras de preocupación me desesperaron más, la hora seguía avanzando y no teníamos noticia alguna de Nixie.

– ¿Llamaste a Richard? – preguntó Mischa apoyada en la orilla del sillón.
– No... – reaccioné.
– Sería bueno que alguien lo llame... – dijo Petter parado con sus brazos cruzados.
– Yo lo haré – dijo Mischa saliendo de la sala.

Los tres la seguimos con la mirada mientras salía; Petter y Andréu se sentaron junto a mi, otra vez.

– ¿Por qué no la ayudaste? – dijo Andréu con la mirada perdida.
– Intenté hacerlo, pero los tipos tenían más fuerza que yo... – apreté mis puños – Esos hombres... alguien debe haberles pagado – agregué.
– ¿Por qué dices eso? – se extrañó Petter.
– Nos atacaron de la nada... 

Los chicos se miraron, en ese mismo momento volvió Mischa.

– ¿Hablaste con él? – dijo Petter.
– Viene para acá – se sentó junto a Petter.
– ¿Cómo reaccionó? – pregunté.
– Pues mal, se desesperó, dijo que dejaría a los niños con Khira – levantó sus cejas.

El ambiente en esa sala era bastante malo, tenía hambre y sueño, no quería comer tampoco me daba la impresión que vomitaría todo lo que podía comer; todo lo que había visto... ver como esos tipos golpeaban a mi mejor amiga... verla sufrir, fue lo peor.
Salió el doctor que me recibió cuando llegamos, la hora marcaba las 06:12.

– ¿Cómo está? – pregunté poniéndome de pie frente a él.
– Pudimos estabilizarla al menos, no perdió tanta sangre como creímos, pero... – hizo una mueca extraña con sus cejas.
– ¿Pero qué? – gritó Mischa.
– ¿Ella bebió algo? – todos me miraron.
– Los tipos le hicieron beber un líquido extraño, pero sinceramente no sé lo que era – contesté.
– ¿Por qué pregunta eso doc? – preguntó Petter.
– Lo que ella bebió fue un derivado del ácido, es como una mezcla del PH del limón, la naranja, el sulfuro y una gran cantidad de cosas... el problema es que este ácido está dañando su interior... su esófago está carcomido casi por completo... 

Nos paralizamos.

– ¿Qué? – grité asombrado.
– Mejorará... ¿cierto? – decía Mischa casi en llantos.
– Quizá en unos días mejore – dijo esperanzado el doctor.

Tomé mi cara con mis palmas y me deje caer en uno de los sofás, Petter y Andréu hicieron lo mismo mientras que Mischa lloraba ocultando su rostros apartada del grupo.

– Esto no puede estar pasando... – susurró Andréu mirando el blanco techo.

No pude evitar llorar un poco, de cierto modo me sentía culpable. Eran las 06:30 cuando llegó su esposo acelerado y muy preocupado; Mischa lo miró con sus ojos llorosos.

– ¿Hablaron con los doctores? – preguntó parado frente a nosotros.
– Sí... pero no son muy buenas noticias – dijo Mischa con una voz temblorosa.

Richard tomó asiento junto a Mischa para que esta le narrara lo que el doctor nos había comunicado; ella era la indicada para eso. Nosotros tres solemos decir las cosas sin cautela y arruinamos todo, más aún en momentos como este. En la densidad del frío que existía en la sala, pude oír los sollozos de dolor del alemán, sentí su sufrimiento como si estuviéramos conectados por algo; lo mejor para este momento era ser positivo y de echo lo soy, pero ahora no podía.

– Ella mejorará – decía sonriendo de costado Andréu aún mirando el techo.
– Espero que así sea – lo miré contagiándome de su sonrisa.
– Así será, sino ¿Quién nos gritará? – agregó Petter a mi izquierda.

Él tenía razón, ella era quien nos decía que hacer, es como una madre para los cuatro incluyendo a Mischa, ella debía salir de esta.

Pasó el tiempo, unas dos semanas para ser exactos y ella aún seguía inconciente. Durante su constante dormida, varios amigos famosos vinieron a verla, obviamente sin que ella lo supiera Todo el mundo estaba enterado de que Nixie Bauer esta corriendo peligro de muerte; esto nos tenía mal a todos, más aún a su familia: Sus padres desde Chile llamaban cada dos horas para saber como seguía su hija; su hermano nos acompañó cancelando su gira; Richard permaneció aquí todo el proceso; sus hijos pasaban al cuidado de los hijos mayores de Richard; y nosotros cuatro no nos movimos de la clínica por nada del mundo.

Cando era el día número 23 de su estancia en la clínica, los doctores nos avisaron que había abierto sus ojos y que ya estaba conciente; esto nos alegró tanto que nos peleábamos por entrar a verla, claro que dejamos que Richard entrase primero, tenía la prioridad por ser su esposo, después Mischa, luego Petter y Andréu, siguió su hermano y llegó mi turno.

Entré a la habitación y la vi allí acostada con su cara pálida y una mirada derrotada.

– Hola... – sonreí.

Me saludó con una leve sonrisa, me senté en una silla que había junto a la camilla, tomé su mano entre las mías y la besé.

– ¿Cómo te sientes? 
– ¿Tú cómo crees? – cerró los ojos de dolor.

Me demolía verla conectada a tantas máquinas, una que la ayudase a respirar, otra para el suero y las otras quien sabe para lo que servían; una mujer tan fuerte no merecía estar así.

– Pronto saldrás de aquí Nixie – sonreí acariciando su mejilla.

Acarició mi mano sin hablarme, al parecer el dolor se hacía más fuerte al intentar hablar.

– Te amo... no sabes cuanto me duele verte aquí... – cerré mis ojos sin evitar que las lágrimas escurrieran por mi rostro.

Como pudo acarició mi mejilla y volvió a sonreírme; le hice compañía un buen rato y luego salí con los otros, en donde me encontré con Corey.

– ¿Cómo está? – me preguntó preocupado.
– No sé como decirlo... – susurré.

Golpeó mi hombro con su palma y entró a verla; yo me senté junto a Mischa en la sala de espera.
– ¿Hablaste con ella? – miré a Mischa.
– Sólo un poco, casi no puede hablar... – me miró apenada.

La abracé, sé como se sentía era abrumante todo lo que estaba sucediendo.

– ¡Ayuda! ¡Doctor! 

Oímos los gritos de Corey al interior de la habitación; muchos doctores y enfermeras entraron mientras que dejaban afuera a Corey quien lloraba y gritaba desesperado.

– ¿Qué paso? – le gritó Mischa poniéndose de pie.

Corey se arrodilló afuera de la habitación completamente destrozado, nosotros ya imaginábamos lo peor.

– No puede ser... – susurró Richard con la voz tiritona.
– ¡Por qué! – gritaba Taylor golpeando el suelo.

Mischa corrió donde Corey para estar segura de lo que pasaba.

– ¿Qué... pasó? – preguntó desesperada.
– ¡Cony! ¡Su corazón se detuvo! Murió... – golpeó otra vez el suelo.

Una sensación de vació dominó mi interior, unas ganas de explotaron se apoderaron de mi garganta; mis ojos no lo soportaron y un mar escurría por mis mejillas. Esto no podía estar pasando: mi mejor amiga había muerto.
Los gritos se escucharon en toda la sala; Mischa me partía el alma, que manera de gritar... su rostro enrojecido, desesperado, me hacía sentir peor. Se sumaba el dolor de Richard llorando como un niño pequeño, nunca lo había visto así, para que hablar de Petter y Andréu, silenciando su dolor con sus propias manos; esto era peor que una película de terror..
Pasaron cinco minutos desde que Corey fue expulsado de la habitación y el doctor se presento ante la horda de lloriqueos.

– Tranquilos... – nos dijo a todos.

Nadie le tomó atención, el sufrimiento era lo que nos dominaba.

– ¡Cálmense todos! ¡Está viva! – gritó.

Todos guardamos silencio asombrados.

– Pudimos revivirla... 

Todos nos miramos extrañados...

– ¿De verdad? – preguntó Richard poniéndose de pie.
– Si, pero necesitamos donantes... – dijo sereno.
– ¡Yo le doy toda mi sangre! – gritó desesperada Mischa.

Todos sonreímos con la noticia, la teníamos de regreso.

– Necesitamos que sea del mismo grupo sanguíneo... – sonrió el doctor.

Nos pidió que le dijéramos al grupo que pertenecíamos y resulta que Nixie tenía un grupo muy poco común el cual tan solo Andréu tenía. Llamamos a todos nuestros conocidos para que donaran la sangre necesaria; permaneció en ese estado unos 15 días más en los cuales pudo recuperarse casi por completo.
Llegó el día de su alta, el 6 de Mayo.
El temor a perderla aún permanecía, juré que algún día encontraría a esos sujetos y me las pagarían. Había nacido hace poco la pequeña Lilian y casi quedaba sin madre tan joven, eso me rompía el alma.

– Me alegro que estés mejor – besé su mejilla antes de abrazarla.
– Gracias por no abandonarme... – sonrió como me gusta.
– Nunca lo haré – apreté su mejilla.

Entramos a la disquera aquel 14 de mayo, era hora de grabar como nos gusta: demostrar lo fuerte que somos.
Gracias a la experiencia que esto nos dio, Nixie incluyó la canción “If today was your last day” donde narra todo lo que sintió durante el largo proceso del accidente y recuperación.
Mis dos mejores amigas son Mischa y Nixie; mis dos mejores amigos son Mister B. y Andréu; estos cuatro siempre han estado conmigo y juro que daría mi vida a ojos cerrados por todos y cada uno de ellos, porque los amo como si fueran mis hermanos; esperen... si son mis hermanos.

– Max Sonríe –

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