viernes, 22 de abril de 2011

Chapter 13.

Avanzó el tiempo, mi nuevo compromiso se llevaba tan bien que parecía una historia de Disney. Pero debía trabajar, en dos años Nevinger no había vuelto a un estudio, debíamos practicar, más aún si Roadrunner trabajaba con nosotros.

– No lo arruines Petter o te saco los ojos – le dijo Mischa a Mr. B.
– ¿Qué sucede si lo arruino? – rió.
– Pues te saca los ojos – rió Andréu.

Mientras manejaba reía con las conversaciones que los chicos tenían, íbamos en la furgoneta ya que Andréu quiso traer su batería; yo al volante y Mischa en el asiento del copiloto, los chicos se fueron atrás juntos como buenos amigos. Ya llevábamos un mes practicando las nuevas canciones junto a Alex, pero era primera vez que pisábamos los estudios de Roadrunner Récords; todos estábamos muy nerviosos y solo queríamos que todo saliera bien.

– ¿Te imaginas se cae el techo en plena grabación? – dijo Petter.
– ¿Te imaginas entran unos asesinos y matan a los productores y nos raptan? – dijo Andréu.
– ¿Te imaginas si llegan extraterrestres y nos cambian por unos clones Alien y comen nuestro cerebro? – volvió a decir Petter.

Alex reía como un maniático escuchando las estupideces que decían esos dos; él aún era un poco tímido con la banda, cuando estaba con Petter o, porque se conocían hace mucho, pero era un gran problema si se cohibía en las presentaciones.

– ¡Llegó el gran día! – dije gritando mientras estacionaba la camioneta.
– ¡Si! ¡Hay vamos! – gritaron todos menos Alex.

Estábamos muy emocionados, desde la muerte de Max que la banda no se presentaba junta en un estudio de grabación; porque sí, todos grabamos canciones con otros artistas, pero individualmente, hoy éramos Nevinger... la banda.

Poco a poco caminamos a la puerta en donde nos enfrentó un gran guardia.

– Identificación... – dijo deteniéndonos.
– Venimos a grabar, somos Nevinger – dije.

Nos miró levantando sus gafas oscuras y nos dejó pasar, caminamos por un gran pasillo que se nos hizo eterno; vimos en las paredes los discos de oro con los nombres de las bandas y diferentes artistas que han trabajado con la disquera, parecíamos niños en el zoológico, boquiabiertos y nerviosos.

– Pronto estaremos aquí – dije mirando como acababan los discos.
– Yo creo que el próximo mes... – dijo orgullosa Mischa.

Todos sonreímos esperanzados de que así sucedieran las cosas; queríamos un gran regreso.

– Bueno días – nos dijo un tipo de traje blanco y corbata roja con camisa negra.
– Hola – dije estrechando mi mano.

Los demás se quedaron parados atrás; yo soy la que trata estos asuntos de trabajo, desde que despedimos al manager (al año de iniciada la banda), yo hago ese trabajo.

– ¿Quieren calentar un poco o prefieren comenzar de inmediato? – me miró sonriente el sujeto.

Miré a los chicos.

– ¿Quieren practicar? – les pregunté.
– Si, si, será lo mejor – sonrió nervioso Alex.
– Si, practicaremos un poco – le respondí al hombre.
– Bien, los estudios están por acá, síganme por favor... – caminó y nos señaló una puerta. – Aquí para las guitarras – la abrió. – La de enfrente es lugar del bajo – seguimos caminando a dos puertas más allá. – Acá la batería y enfrente para la voz – dijo sonriente – Si van a querer alguna mejora de sonido o del mismo instrumento, hablen con el sonidista respectivo ¿si? 
– Claro – gritamos emocionados.

El tipo nos dejó y partimos a nuestro estudio correspondiente. Era una disquera completa, estaba completamente maravillada; normalmente en los otros estudios nos arrojaban a todos en un mismo cuartucho para practicar, aquí cada uno podía mejorar sin que otro lo dijera.

– Quiero practicar con un tono normal sin distorsión ni aceleración de cuerdas – dijo Mischa al sonidista.

Alex la miró atento y practicaron a gusto sin interrupciones.

– ¿Puedes hacer el sonido más potente? – preguntó Petter.
– Claro – levantó el pulgar el sonidista.

Su bajo se escuchaba fenomenal.

– ¿Puedo usar la doble pedal? – dijo Andréu como un niño con juguete nuevo.
– Si señor – rió el sonidista.
– Bien – sonrió.

Gozó de su mágico sonido.
Saqué la carpeta con las letras de las canciones y las puse en el trípode, comencé a tararear y no resultó.

– ¿Tienes una guitarra que me facilites? – pregunté al chico del sonido.
– Si, tome – me entregó una hermosa electroacústica Johnson.
– Gracias – sonreí.

Me concentré y con el ritmo de la guitarra, guié mis cuerdas vocales. Pasamos 30 minutos ensayando y decidimos que era hora de comenzar a hacer nuestra magia.

– ¿Están preparados? – preguntó William (el productor).
– Sí – sonreí ansiosa.

Todo posicionado en el amplio estudio; Andréu con su batería allá atrás, Mischa con su guitarra estrellada negra con rojo a mi derecha, Alex con su guitarra Gibson a mi izquierda, Petter atrás entre Alex y yo, y pues yo al centro, delante de todos con un micrófono amplio con una malla atrapa sonido para que los cantos fueran bien grabados. Frente a nosotros esa amplia ventana que dejaba ver al productor parado de brazos cruzados y una mirada de jefe preocupado, junto a los sonidistas sentados con sus grandes audífonos mirándonos atentos.

– ¿Listo chicos? – pregunté con los ojos cerrados.
– Si... – dijo Andréu.
– Lista – rió Mischa ansiosa.
– ¡A fondo! – rió Petter.
– Si... – dijo nervioso Alex.
– Bien... – susurré levantando mi pulgar.

El productor anunció con su mano una cuenta regresiva.

Un gran retumbe de baquetas dio inicio al primer tema, un solo de guitarra poderoso provocado por ambas guitarras lo siguió, un intenso punteo de bajo se escuchaba pese a todo el ruido; las guitarras se detuvieron y comenzó a sonar mi melódica voz. Todo salió bien; la fuerza en los golpes que daba Andréu era impresionante, su velocidad era parte clave, la sincronización y potencia en las cuerdas de las guitarras era maravillosa, tanto poder y melodía, la intensidad del bajo lo hizo muy importante, demostró que no hay que desvalorizarlo, la voz le dio un orden a todo; realmente todo salió bien.
Acabamos nuestro primer tema, continuamos de inmediato con el segundo y el tercero; demoramos unas dos horas en las tres primeras canciones, tomamos un descanso para almorzar en un comedor que tenía la disquera, que nos facilitaron por el gran trabajo.

– ¡Si! Nos salió genial – dijo Mischa emocionada dando saltos.
– Eso fue fantástico – sonreía Petter animado.
– No puedo creer lo bueno que somos – decía feliz Alex.
– Te haré un premio muchacho – dijo Mischa.
– ¿Cuál? – preguntó feliz.
– Tú harás los dos próximos solos de guitarra ¿te parece? – dijo Mischa orgullosa.
– ¿De verdad? – se iluminó la cara de Alex.
– Si, ¿por qué no? – rió.
– ¡Gracias Sofía! – la abrazó.
– Llámame una vez más así y te rompo la cara – dijo seria.
– Está bien, lo siento... – dijo levantando las cejas.

Comimos felices y emocionados, tomé el vaso de jugo.

– ¡Felicidades muchachos! 
– ¡Salud! – gritaron y bebieron.

Los productores almorzaron con nosotros, reían con las cosas que hablábamos, reían con las bromas que nos hacíamos, se sintieron felices por ver nuestra gran convivencia.

– Los felicito chicos – dijo William.
– ¿Por qué? – dijo Petter con la boca llena de comida.
– Porque no todas las bandas tienen una buena relación como la de ustedes; muchos solo son apariencia, pero ustedes son unos grandes amigos y hermanos, me agrada que trabajen con nosotros – levantó su vaso y brindó por nosotros.

Entre gritos y un gran brindis celebramos, estábamos muy felices y entusiasmados.

– ¡Vamos a terminar ese CD! – grité poniéndome de pie.
– ¡Vamos! – gritaron y se pusieron de pie los demás.

William reía orgulloso de nosotros y nos siguió al estudio. Nuevamente nos pusimos en posición y comenzamos a crear nuestro arte, la adrenalina se apoderó de todos nosotros, nos detuvimos al acabar la canción número nueve, con la llegada de Richard al estudio. Trajo a los niños con él y pensé en incluir la voz de Cristal en una de las canciones.

– ¿Te gustaría cantar con mamá otra vez amor? – la miré a sus azules ojos.
– Me encantaría – sonrío cerrando sus ojos.
– Bien, Cristal hará los coros – entramos nuevamente al estudio.

Los chicos asintieron sonrientes y acabamos el trabajo a eso de las 02:00 de la mañana.

– ¡Al fin! – dijo William riendo.
– Valió la pena estar 14 horas encerrados – se estiró Andréu.
– ¿Listos para escucharlos? – preguntó el sonidista.
– ¡NO! – gritamos Mischa, Andréu, Petter y yo.

William, Alex y los sonidistas nos quedaron mirando extraño.

– ¿Por qué no? – preguntó William.
– Es una tradición de la banda, escuchar el CD terminado y listo, nada de escucharlo sin CD – reí.
– Entiendo, entonces mañana vendrán ¿no? 
– ¡Claro que vendremos! – sonreí feliz.

Todos nos despedimos y nos fuimos, esta vez los tres chicos se fueron en la camioneta, Mischa se fue con Ville en su Ferrari y yo con Richard y mis hijos en mi Lamborghini, que trajo Richard en la tarde.

– Me encantaron las canciones mami – gritó Cristal.
– Son grandiosas – agregó Richard al volante.
– ¿Les gustaron? – sonreí agotada.
– ¡Claro! Eres la mejor cantante – decía feliz la pequeña.

Me sentí feliz co el apoyo de mi familia, pasaron dos largos años para que pudiésemos demostrar nuestro talento. Llegamos a casa, Richard me ayudó a acostar a los pequeños en sus respectivos cuartos.

– Por fin acaba el día... – dije mientras Richard me quitaba la bufanda.
Besó mi cuello con delicadeza, me miró y sonrió sensual.
– Sé que estás cansada cariño... – besó mis carnosos labios y acarició mi mejilla – Así que mañana me pagas lo que me debes – me miró con sus grises ojos.
– ¿Desde cuándo eres tan comprensivo? – reí cansada.
– ¡Oye! Siempre lo he sido – volvió a besarme y se quitó la ropa.

Hice lo mismo y me acosté; él me apegó a su desnudo abdomen.

– Buenas noches, que descanses... – besó mis cabellos.
– Igualmente – acomodé su mano en mi estomago.

Me dormí con una gran sonrisa en mi rostro. La noche pasó tan rápida que el amanecer se hizo repentino; desperté y no encontré al grandote junto a mí.

– ¿Rich...? – me asusté con su ausencia.

Lo busqué con la mirada y no estaba, me desesperé.

– Buenos días... – dijo en un tono alargado con una bandeja en sus manos. – Te traje el desayuno – sonrió.

Una gran sonrisa se posó en mi rostro, fue lindo gesto de su parte; cada día lo amo más.

– No tenías porqué amor – arreglé mi despeinado cabello.
– Claro que si debía, estás cansada – sonrió entregándome la bandeja con desayuno.
– Gracias... – besó mis labios dulcemente.
– Los niños ya están en la escuela – me sonrió sentándose junto a mi para hacerme compañía.
– Últimamente los he abandonado tanto... – lo miré melancólica.
– Ellos entienden, saben que su madre es una mujer ocupada y responsable, saben que los amas cariño – acarició mis cabellos con delicadeza.

Sonreí hasta que acabé mi delicioso desayuno; miré la hora: 14:16. Era bastante tarde y no me había percatado de ello.

– Llamó William, dijo que a las 17:00 horas los esperaba en el estudio – me sonrió Richard.
– Bien – sonreí y entré al baño para arreglarme.

A las 15:00 ya estaba lista; me despedí de Teresa y con Richard partimos en su lujoso BMW.

– Espero que te guste como quedó – sonrió al volante.
– Si no me gusta me corto la cabeza – reí.
– Siempre tan extremista con tus cosas – rió.

Sonreí ansiosa mientras Richard estacionaba el auto lentamente.

– ¡Apresúrate! – grité nerviosa.
– Cálmate mujer – dijo entre risas.

Bajamos del auto a encontrarnos con los demás, me sentía feliz tomada de la mano de mi hombre, quién me entregaba su apoyo en todo lo que hacía.

– ¿Están listos? – los miré sonriente.
– No – rió Alex.
– ¡Qué dices! Estoy lista – Mischa golpeó a Alex en el brazo.

Reímos y entramos nerviosos a la disquera, nos recibió William con un traje diferente al de ayer.

– Vengan por acá... – nos guió a un gran salón.

Tomamos asiento en los sofás de cuero que allí habían; William trajo una gran radio y le puso play...

No hay comentarios:

Publicar un comentario