La figura del gran hombre se posó en frente de Mischa esperando su reacción.
– ¿Puedo pasar? – preguntó.
– Claro... – dijo Mischa saliendo del asombro.
Ambos caminaron a la sala lentamente, como si el tiempo fuese dado por un gran reloj de arena; se sentaron frente a frente.
– ¿Qué haces aquí? – pregunto ella extrañada.
– Tú me pediste que viniese... – dijo Doom levantando una de sus cejas.
– Oh... cierto – dijo recordando Mischa.
Doom rió.
– ¿Qué cosa tenías que decirme? – preguntó curioso.
– Ah... sobre eso... – dudo sobre decirle la verdad; no quería tener ese bebé, pero no se atrevía a abortar. Tenía miedo a contarle sobre su embarazo.
– ¿Qué sucede? – insistió Doom.
– Nada... sólo quería contarte que... Nevinger quiere trabajar con Rammstein – sonrió nerviosa y él creyó en ella.
– ¿De veras? – se asombró Doom.
Ella guardó silencio un largo rato.
– Sí, sería una gran oportunidad – dijo más convencida.
Doom sonrió, asintió mientras tocaba su barbilla. Un silencio incómodo se hizo presente entre ellos, las miradas se cruzaron cada 10 segundos. Intentaron evadirse pero el silencio no atribuía en nada.
Sonó el teléfono de la casa e interrumpió el incómodo momento.
– ¿Hola? – preguntó Mischa.
– Tenemos ensayo ¿Mischa, vendrás? – decía Petter.
– ¡Demonios! Lo olvide por completo, voy en camino...
– Esta bien, te esperamos... – cortó.
Mischa miró a Doom y él correspondió su mirada.
– Debo salir... – dijo.
– Bien, yo me voy entonces... – sonrió el Alemán.
Ambos caminaron a la puerta y abordaron sus respectivos vehículos después de una fría despedida.
Mischa se sintió mucho mejor al volante, su respiración ya no se veía complicada por los nervios, su corazón no estaba atormentado y la duda sobre el fruto en su vientre carcomió su mente. Sus manos en el volante se sentían rígidas, detuvo el auto y entró a una farmacia.
– Buenas tardes – le dijo sonriente un farmacéutico.
– Buenas – respondió Mischa.
– ¿En qué puedo ayudarla?
– Quiero un test de embarazo... – dijo en un susurro.
– Lo traigo enseguida – le respondió en un susurro riendo. – Aquí lo tiene – lo puso sobre el mesón.
– ¿Estas cosas son 100% asertivas? – preguntó dudando.
– En la mayoría de los casos – le respondió el farmacéutico.
Mischa pagó y subió al auto otra vez; partió al ensayo con 2 horas de retraso. Estacionó el coche y bajó lentamente con su guitarra al hombro; entró y se encontró con 4 tipos mirándola. Mischa se detuvo al ver a Ville allí.
– ¿Qué hace él aquí...? – preguntó extrañada.
– Lo estamos probando – dijo Petter.
– ¿Probando para qué? – dijo Mischa frunciendo el seño.
– Para vocalista...
Mischa hizo notar su ira en aquellos cafés ojos, sus cejas mostraron disgusto.
– ¿Cómo dices? – dijo irónica.
Se acercó a Petter y lo tomó de su camiseta con sus puños cerrados.
– No necesitamos reemplazo para vocalista... – dijo entre dientes en un tono de ira.
– ¿Quién dice que no? – contestó Petter indiferente.
Mischa apretó fuerte uno de sus puños y estaba dispuesta a golpearlo hasta que Ville la interrumpe.
– ¡Calma! Era sólo una broma... – dijo con una risa un poco nerviosa.
Andréu y Alex miraban alejados con mueca de ‘mala idea’ en sus rostros; Mischa soltó a Petter, dirigió sus ojos a los suyos y le dijo muy enojada.
– Pues que broma más idiota.
Petter la miró.
– No seas amargada, tan sólo era un broma... – rió nervioso.
– ¿Tú crees que tener a una amiga en el hospital es signo para hacer una broma? ¡Tú sabes perfectamente que eso no es tema de juego! ¡Mucho menos si se trata de ella, imbécil! – le gritó alterada tomando su guitarra.
Petter la miró lamentándose.
– Lo siento... – dijo arrepentido.
Mischa lo miró a su distancia.
– ¿Vamos a ensayar o sólo vine a perder el tiempo? – dijo irónica.
Andréu y Alex tomaron sus posiciones respectivas un poco nerviosos, Petter tomó su bajo resignado y Ville se sentó a mirarlos. Bajo un ambiente extraño comenzaron a tocar, los coros realizados por Mischa y Petter mantenían el orden, y la voz de Mischa reemplazó mis cantos; el único personaje que actuaba como público en ese momento, se deleitaba con melodías melancólicas y poderosas, con letras agresivas que contenían una pasión abrumadora.
Los rápidos cambios de acordes en los dedos de Mischa eran alucinantes, su velocidad y coordinación era asombrosa, la melodía que provocaban sus movimientos, dejaron perplejos a todos los chicos, más aún a Ville y Alex. Andréu hacía su magia en la batería, sus brazos se movían tan rápido que daba la impresión que tuviese más de dos brazos; la fuerza en sus golpes llenaba de adrenalina a todos. Petter aportaba con lo suyo, sus retumbes potentes en aquellas cuatro cuerdas no hacían despreciar su gran trabajo. Y Alex no se quedaba atrás, su destreza dejo boquiabierta a su propio amigo Petter.
Las suaves voces de fondo hacían notar que algo faltaba y Mischa colaboró con su frágil voz, en una melodía se mezclaron sus cuerdas vocales, al ritmo de la música se pudo sacar provecho a lo que fue llamado el primer ensayo con la formación definitiva, sin Nixie.
Ville aplaudió todo el espectáculo, fascinado felicitó a los chicos.
– ¡Son grandiosos! – gritaba emocionado.
– Lo sé – decía riendo Andréu.
Alex reía como un niño pequeño, se sentía bien en la banda.
– Estuviste practicando... – lo felicitó Petter.
– Sí – dijo sonriente.
Mischa no dijo nada y se sentó en el suelo a practicar los nuevos acordes para el nuevo álbum. Ville la vio y se le acercó.
– ¿Qué sucede dulzura? – le sonrió discretamente.
Mischa lo miró de costado pero no le respondió.
– Vamos, lo siento, mi intención no era molestarte... – le dijo en un tono silencioso.
Mischa dejó de tocar y lo miró indiferente.
– No me gustan esas bromas – frunció el seño.
Ville la miró y acarició su mejilla con cuidado.
– No te pongas así... ya te dije que lo sentía... – dijo sonriente.
Lo miró un buen rato y pensó un poco.
– Está bien – dijo levantando una de sus cejas.
Él se puso feliz y la beso delicadamente en los labios.
– ¿Y eso? – preguntó Mischa sorprendida con sus ojos bien abiertos.
– Oh pues ¿Qué tiene de malo? – preguntó sonriente el finlandés.
– ¿Por qué me besaste? – dijo entre risas Mischa.
– Porque eres linda – sonrió.
Mischa sonrió y guardó silencio, miro la hora y decidió irse.
– Adiós chicos... – gritaba desde la puerta antes de irse.
– ¡Adiós! – le respondieron todos.
Eran eso de las 20:00 horas y Mischa volvió a su casa con el test de embarazo en mano; partió al baño y espero 5 minutos como lo recomendaba las instrucciones de la caja. Los nervios la carcomían por dentro hasta que la respuesta la asombró.
– ¿Qué...? – dijo en voz alta. – ¿Negativo? – seguía asombrada.
La respuesta la desconcertó por completo, por un lado era bueno, pero esas cosas no siempre acertaban... – ¿Pero qué diablos...? – lo lanzó al basurero. – Mañana compraré otro – dijo mientras buscaba algo de comer en la nevera.
Mientras tanto; en el hospital yo despertaba de la que había sido un larga siesta. Cuando abrí mis ojos encontré a la chica de los rojos cabellos parada junto a mí.
– Hola Nixie ¿Cómo te sientes? – preguntó sonriente.
Pestañeé lentamente.
– Mejor... – respondí con la voz rasposa. – ¿Y Richard? – le pregunté mientras lo busqué con la mirada en la habitación.
– Fue a darse una ducha a su casa y regresa, tienes mucha suerte que él se encargue de cuidarte, es un amor – me dijo muy feliz.
Sonreí débilmente a sus palabras.
– Creo que pronto saldrás de aquí Nixie, escuché al doctor que estabas mejorando rápido – me dijo emocionada en un susurro.
– ¿De veras? – levanté como pude una de mis cejas.
– Sí, claro que sí – contestó con una sonrisa acogedora.
– ¿Cómo te ha ido? – le pregunté.
– Yo bien, intentando seguir con mi nueva vida...
– ¿Nueva vida?
– Sí... Brian volvió a vivir conmigo... – dijo pausadamente.
– Grandioso, no tengas miedo de hablar sobre Brian, ya es tema superado – sonreí y ella me correspondió.
Tras esas sonrisas interrumpió el momento el sonido de la puerta, entró la última persona a la que quisiera ver.
– Hola Nixie... – dijo con su típica sonrisa irónica.
Las miradas mía y la de Lu se incrustaron en su persona.
– ¿Qué mierda haces tú aquí? – la miré con mis pequeños ojos enojada.
Lu movía su cabeza mirando a Bytha y a mí.
– Pues... ¿Qué crees? Vine a verte – dijo sarcásticamente.
– Vete de aquí Lu... gracias por venir... – le dije a la dulce chica.
– ¿Segura que quieres que me vaya? – me preguntó preocupada.
– Tranquila, sólo vete...
Asintió con la cabeza y se fue. Bytha permaneció parada al borde inferior de la camilla, todo el tiempo.
– Veo que te has hecho nuevas amigas... – miró la puerta luego que salió Lu.
– Aún no entiendo tu visita... – le dije acomodándome en la cama.
– Quería saber si aún estabas viva – la sonrisa en su rostro nunca desapareció, estuvo presente todo el tiempo.
– No moriré en tu presencia... vete de aquí – le dije disgustada.
– Supe que volviste con tu alemán... – levantó una de sus cejas mientras miraba los regalos de los fans.
– No te interesa...
– Cuántos regalos has recibido ¡Cuánto te quieren! – dijo pinchando uno de los grandes globos. – Que triste sería que murieses ¿no? – se acercó a mi poco a poco.
– Al fin podrías cantar sin competencia ¿no? – la miré enojada.
– Me apenaría mucho si ya no tuviese a quién insultar – dijo acariciando mis cabellos.
Golpeé su mano.
– Vete de aquí... – le dije débil.
– Oh, pero si estás tan débil que no puedes ni gritarme... – rió.
En ese preciso momento entró Richard.
– ¿Qué diablos haces tú aquí? – preguntó enojado.
– Miren quien llegó – se acercó a él con fines de coqueteo.
Richard evadió sus caricias y a empujones logró echarla de la habitación, enseguida fue a abrazarme y darme la buena noticia.
– Mañana te dan el alta – dijo feliz luego de besarme.
– ¿En serio? – lo mire emocionada.
– Sí amor, sales mañana mi vida – acarició mi rostro suavemente un buen rato. Sus manos me hicieron sentir segura tras el mal rato que había pasado; sus besos me hicieron sonreír.
Todo está mejorando...
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