Mi garganta era atrapada por un extraño nudo, mi mirada se torno seria y mi rostro no demostraba cómo me estaba sintiendo en ese maldito momento; llegué a la mesa y me miró con una sonrisa que iluminaba sus ojos.
– ¡Hola! – dijo animosa mientras se levantaba para besarme la mejilla amablemente.
– Hola... – respondí saludándola con un apretón de manos. Evité sus labios en mi rostro.
– Veo que decidiste venir... ¿Cómo estás? – dijo haciéndome una seña para que tomase asiento.
La miré y le sonreí discretamente mientras guardé silencio.
– Creo que te estás preguntando por qué quería verte – mostró su maravillosa dentadura mientras yo la miraba indiferente aún con el nudo en mi garganta. – Bueno, primero que todo, no te obligo a que me creas nada; tan sólo pido que me escuches y ojala lo comprendas – dijo en un tono sereno mientras el mesero nos traía unos tragos.
La miré atenta a todo lo que podía decir.
– Brian y yo nos conocemos hace unos 7 años y pues... de un día para otro comenzamos una hermosa relación que tuvo sus frutos hace 2 años... – me miró fijamente – Yo y Brian tenemos un hijo... – dijo pausada.
No me sorprendió, tan sólo hice una mueca con mis cejas, bebí mi Vodka y la seguí escuchando.
– Yo le dije que si él no quería estar conmigo lo comprendería, pese a tener un hijo lo noté muy complicado con el asunto, le dije que fuera feliz... Aún así nunca dejo de verme; todo lo que teníamos estaba intacto, a pesar de que tuviera otra novia o una esposa, yo soy feliz porque tengo algo que nadie más tiene – sonreía melancólica.
– No comprendo... si él te ama ¿por qué buscar otra pareja? – le pregunté extrañada.
Me sonrió.
– Porque los músicos son así... más aún siendo hombre.
Eso me dolió, en verdad me llegó; es decir, era cierto. En algún momento yo también lo hice; comprendí su lógica, acepté su idea y sonreí de costado mientras acababa mi tercer vaso de Vodka.
– Si, tienes razón – le dije levantando una de mis cejas.
– No puedes quitarles el hábito a alguien que ya lo hizo parte de su vida; es cómo intentar que un gato nade en el mar... es casi imposible. – dijo mientras bebía una Coca-cola.
– Casi... no imposible – le dije mirándola a los ojos – ¿Eso es todo lo que tienes que decirme?
– Principalmente sí... – sonrió nuevamente.
– En realidad me da igual lo que pase con él, ya no tiene nada que ver conmigo, puede seguir con su vida cómo le plazca... – dije sin molestia.
Me sonrió calidamente, su rostro entregaba una energía especial; era una gran chica... Punto para Brian.
– Entonces... ¿sin rencores? – preguntó sonriente.
– No hay porque tenerlos – dije seria.
– Eso me gusta...
En ese momento interrumpe mi teléfono.
– ¿Hola?
– ¡Nixie... necesito que vengas! – decía Mischa llorando desesperada.
– ¿Qué pasó? – pregunte asustada.
– Es que... ¡Diablos! – Gritaba – sólo ven por favor – su desesperación me preocupó.
– Debo irme... ¿te llevo? – miré a Lu.
– Oh no, no te preocupes... ya tienes mi número, tal vez podamos salir otro día – me dijo alegre.
– Tal vez... – le sonreí preocupada.
Dejé el dinero de los trago sobre la mesa y salí corriendo al estacionamiento. Busque mi auto y recordé que no lo había sacada de casa.
– ¡Mierda! – grité golpeándome la cabeza.
Corrí en dirección a mi casa, era mucha la distancia y detuve un taxi, tardé unos 20 minutos en llegar, pagué y entre a la casa de Mischa, corrí a su cuarto ignorando a Zack y a la empleada. Entré y allí la encontré llorando en silencio; la abracé tan fuerte como pude.
– ¿Qué pasó Mischa? – le pregunté mientras acariciaba su cabeza.
– Estoy... embarazada – dijo susurrando mientras lloraba en mi pecho acurrucada.
– ¿Y eso que tiene de malo? – pregunté.
– Mucho... no es de Zack... – me miró con su maquillaje fuera de lugar.
– ¿Cómo lo sabes? – le limpié sus lágrimas.
– Porque él siempre usa protección...
Guardó silencio.
Nos sentamos en la cama, cerré la puerta con el seguro.
– ¿Entonces? – pregunté un poco asombrada.
– Él no quiere tener hijos, cree que aún es muy pronto... – me dijo calmando su llanto.
– ¿Y quién es... el padre?
– Doom... – dijo en un susurro explotando en llanto.
La cobijé entre mis brazos, asombrada con la respuesta acaricié su espalda.
– Pero... ¿cómo?
– Tú sabes perfectamente cómo se hacen los bebés... – dijo entre llantos.
– ¡Sé cómo se hacen! – dije entre risas. – Pregunto ¿Cuándo?
Me miró afligida.
– En Londres, cuando nos fuimos con Jonathan... después de un concierto me invitó a salir...
La interrumpí.
– Antes de navidad... lo recuerdo.
Asintió con la cabeza ya más tranquila.
– Wo... – fue lo único que dije.
– ¿Qué hago...? – me miró con sus dulces ojos.
– Pues... esa es una buena razón para hablar con Doom y al mismo tiempo con Zack... – le dije en un tono de preocupación.
– Tengo miedo... – me dijo dormitando.
– Será mejor que descanses, mañana vendré a ver como estás ¿si? – la mire y la abracé.
– Como digas – me besó la mejilla – No olvides venir... – me sonrió llorosa.
– No lo haré – sonreí y me marché a mi casa.
Llegué y aún estaba Krox y su familia.
– Se te ocurrió aparecer – dijo disgustado el grandote.
– También tengo una vida... – lo miré frunciendo el seño.
– ¿Seguirás escuchando mi historia? – preguntó un poco enojado.
– Claro que sí – le dije agotada.
Me senté en el sofá y él en frente mío; Ninoska estaba con los niños jugando en el patio trasero.
– Mustaine dijo que le gustaría trabajar conmigo, dice que tengo una esencia parecida a la suya. – dijo sonriente.
– Sí, tocan muy parecido... – sonreí de costado.
– No sabes cómo me sentí – su rostro se iluminó.
– Claro que lo sé, quizá de la impresión manchaste tus pantalones – reí.
– ¡No! Bueno... casi – también rió. – Para mi es un honor trabajar con él, es mi ídolo; ni idea de lo que haré, pero me siento como un niño en navidad...
Reí y seguimos hablando del tema un buen rato hasta que anocheció.
A eso de las 22:00 horas, mi hermano abordó su gran auto junto a su familia y partieron a casa. Entré y con mis pequeños vimos una película en la sala, en la mitad de esta sonó mi teléfono; me levanté y contesté en el comedor.
– ¿Hola?
– Cariño, me mudo el martes... – decía Richard muy feliz.
– ¡Grandioso! – dije feliz mordiendo mi labio inferior.
– Nos vemos pronto, sólo era para decirte eso... – sonreí – Te amo mi vida – agregó.
– Y yo a ti – cortó y me alegro el tan estresante día.
Volví con los niños a ver la película, comimos palomitas y pizza junto a Teresa; pasamos un rato muy agradable y acosté a los pequeños en sus respectivos cuartos. Teresa también fue a dormir mientras en mi gran cama hablaba con Corey.
– Cristal dijo que tenías que ir a su escuela para una presentación de padres – le dije mientras comía cereal.
– Algo me dijo ¿Para cuándo? – contestó.
– Creo que para el próximo miércoles
– Oh bien, allí estaré entonces – rió.
– Me iré a dormir, nos estamos hablando Taylor – le dije en un bostezo.
– Está bien, que descanses primor – dijo cariñosamente y cortó.
Apagué la luz y me dormí descansando de un día muy agotador.
Llegó el lunes y así el día del concierto; eran las 17:00 horas y con Mischa ya hacíamos la fila, permanecimos allí un buen rato hasta que la puerta abrió; la gente corría como animales desesperador por comida. Nos posicionamos en primera fila, Mischa gritaba como una maniática mientras yo sufría con los golpes que me daban las fanáticas; esperamos unos 30 minutos hasta que comenzó el show. Los gritos eran incontenibles, Mischa cantaba a coro como todo el público, en realidad yo no era tan fanática de la banda pero me sentí bien acompañando a mi hermana. Acabó el espectáculo después de unas intensas 2 horas y llegó el momento más esperado para Mischa, era hora de aparecer en los camerinos.
Fuimos guiadas por unos guardias, la emoción de Mischa se hacía notar en su nerviosa sonrisa que sin querer me contagió; llegamos... allí estaban los integrantes de HIM, mi hermana babeaba por su vocalista, al cual abrazó.
– ¡Hola! ¡No puedo creerlo! – gritaba Mischa.
– Hola muchacha – decía nervioso el finlandés.
Mischa saludó con euforia a todos los integrantes.
– Esperen... a ustedes las conozco... – dijo su baterista mirándonos extraño.
– ¡Son las chicas de Nevinger! – dijo su bajista emocionado.
Nuevamente la euforia se apoderó de la situación.
– ¡Quiero sus autógrafos! – dijo Ville, yo reí.
– Se supone que nosotras veníamos a eso... – rió Mischa.
Existió una conversación simpática, bromas, comentarios; pasamos un gran rato.
– ¿Tienes planes para más rato? – preguntó Ville a Mischa.
– No... – dijo tímida.
– ¿Quieres ir conmigo a un bar esta noche?
– ¡Si! Digo... claro – respondió animada.
Mischa le pasó su número en un papel.
– Nos vamos ahora – le dijo rechazando el papel Ville.
Mischa asombrada me lo dije y la comprendí.
– Ten cuidado... – le besé su mejilla y me marché.
Ambos fueron a un bar cercano al hotel en donde estaban alojando, bebieron demasiado. El señor Vallo la invitó a su habitación en el hotel, ella aceptó sin pensarlo. Para ella, Ville era una especie de amor platónico, era un sueño hecho realidad. Él tomó su mano y fueron a su habitación, sin pensarlo tomó el rostro de Mischa y miró sus ojos.
– Que bella eres... – le dijo antes de chocar sus ardientes labios.
Comenzó una lucha de quién tenía el poder y poco a poco fueron desvistiéndose hasta llegar a la cama en ropa interior; el pervertido introdujo una de sus manos por la parte delantera de la ropa interior de Mischa, y con sus dedos empezó a jugar en un lugar donde normalmente no se introducen los dedos. Tras un escalofrío, ella demostró su placer acariciando la otra mano que yacía en uno de sus pechos.
Entre gemidos y un poco de sudor acabó algo que recién comenzaba. Él se paro en frente de ella y la besó apasionadamente mientras que quitaba su ropa interior superior; ella quitó su ropa interior y él hizo lo mismo, se lanzaron a la cama enredados de placer, sus cuerpos desnudos se posicionaron para dar inicio al acto más placentero del mundo. Mientras sus cuerpos sostenían contacto, sus entre piernas chocaron y la habitación se llenó de un interés único; aprovechar el momento. Entre besos y caricias, se oían gemidos y respiraciones aceleradas, el hecho de tocar el cuerpo del otro era aún más excitante, sobrepasaba los límites.
Acabaron bañados de placer, agotados del momento, siguieron besándose y mantuvieron un constante tacto toda la noche. Ya cansados se durmieron, entrelazando sus piernas y protegiéndose con los brazos del otro.
Mientras todo esto ocurría; en mi casa había aire contaminado. En el jardín hacíamos una barbacoa entre Andréu, Petter, Alex y yo; mucho alcohol, tabaco, drogas, carne y risas. En cierto sentido sobrio sentíamos que nos faltaba alguien.
– ¿Dónde se metió Mischa? – preguntó Petter.
– Salió con un tipo – le respondí.
– ¿Con quién? – pregunto Andréu curioso.
– Con el vocalista de HIM – respondí y todos me quedaron mirando sorprendidos.
Todos reían mientras bebían y comían. A eso de las 3 o 4 de la mañana estábamos los cuatro drogados y borrachos, bajo este efecto comenzamos a improvisar; realmente Alex era bueno.
– Oye ¿Cuánto tiempo estarás en Nevinger? – le preguntó Andréu al nuevo.
– ¿Cuánto tiempo quieren que esté? – dijo riendo Alex.
– Quiero que permanezcas un largo tiempo – reí.
– Entonces debemos marcarlo... – dijo Petter poniendo cara de asesino.
– ¿Marcarme? – preguntó Alex un poco asustado levantando una ceja.
– Sí, debes tatuarte a Constantine en algún lugar de tu cuerpo, eso demuestra que estás comprometido con nosotros. William no lo hizo y lo despedí, si no quieres terminar como él, será mejor que lo hagas – dije dormitando.
– Lo haré jefa, lo haré – dijo entre risas.
– Más te vale – agregó Andréu.
Pasamos la noche en los sofás, es decir, ellos; yo dormí en mi cuarto mientras los tres durmieron en la sala.
La noche pasó muy lenta, no creí que amanecería tan tarde, el dolor en mi cabeza demostraba que había sido una gran noche. Me levanté y me di un largo baño, me sumergí completamente y allí permanecí... un buen rato...
No hay comentarios:
Publicar un comentario