viernes, 22 de abril de 2011

Chapter 12.

No podía creerlo, no podía saber si esto era una ilusión o qué.
El suspenso se hizo presente en la sala, las sonrisas en algunos rostros me ponían nerviosa. Richard me miraba impaciente.

– ¿De verdad...? – pregunté con los ojos apunto de explotar.

Los ojos grises me observaban atentos en un constante parpadeo de nerviosismo.

– No bromearía con algo como esto... – dijo tragando saliva.

Atrás estaba Mischa y Ángela mordiéndose las uñas de los nervios, Till sonreía allí parado con sus brazos cruzados.

– Acepto... – dije en un susurro mientras mis ojos lloraban de felicidad.

Richard colocó el anillo de compromiso en mi dedo y me abrazó.

– Te amo – dijo antes de besarme apasionadamente.

Sus labios chocaron con los míos, su lengua abrazó a la mía, sus manos tomaron mi rostro mientras se bañaban con mis lágrimas. Los aplausos de fondo hacían de ésta una ocasión hermosa; quizá esté cometiendo el mismo error que hace siete año, pero puede existir la posibilidad de que las cosas sean diferentes.
Todos nos felicitaron, mi felicidad se demostraba en mi permanente sonrisa, los abrazos de mis seres queridos me hicieron sentir realmente bien.

Lu se acercó muy feliz a mí.

– ¡Felicidades! – gritó mientras me abrazaba.
– Gracias – dije sonriente.
– Sabes Nixie... ¡Yo también me caso! – gritó mostrándome su mano con el respectivo anillo.
– ¡Woah! ¡Felicidades para ti también! – dije emocionada mientras nos abrazamos otra vez.

La emoción en ese momento era asombrosa, tanta felicidad, tanta gente genial, tanto cariño; ojala siempre fuese así.
Mischa se acercó a mí con un vodka en la mano.

– ¡Felicidades pequeña Bauer! – gritó como una completa loca.
– Me caso Mischa... ¡Me caso! – grité sonriente.
– ¡Grandioso! ¡Debemos celebrar! – dijo dándome el vaso.
– No puedo beber – le dije con una sonrisa.
– ¿Por qué no? ¿Estás embarazada? – preguntó asustada.
– ¡No! ¡Qué dices! Es por el tratamiento – dije mientras devolvía el vaso. – ¿Y no era que estabas embarazada? – pregunté.
– Resulta que era falso – dijo asombrada, bebió el vaso de Vodka de un trago – ¡Ves! Este vodka no me hará daño – rió.

Me volvió a abrazar muy feliz.

– Te deseo la mejor de las suertes Connie... – acarició mi nuca.
– Gracias hermana... – besé su mejilla.

La música de fondo, todos bailaban; en realidad todo era extraño, el reloj marcaba las 13:00 horas y esto parecía una fiesta nocturna; pese a ello, era grandioso.
Se acercó a mí el gran hombre, Till.

– Felicidades – dijo sonriéndome de costado.
– Muchas gracias señor... – le dije en un tono de respeto irónico.
– Ven aquí – dijo abrazándome muy fuerte rodeándome con sus grandes brazos. – Te dije que ustedes no pueden vivir el uno sin el otro.
– Que cosas dices grandote – sonreí mientras le besé la mejilla.
– Les deseo lo mejor del mundo, no dejes que los demás se entrometan en su relación... – me miró cómo dándome una orden.
– Lo sé, no cometeré el mismo error – sonreí volviendo a abrazarlo.
– ¿Me permites abrazar a esta pequeña? – decía James atrás mío mirando a Till.

Till me soltó y chocó su mirada con la de James, recordé algo y reí sin poder contenerme.

– ¿De qué te ríes? – me miró nervioso James.
– De nada, recordé una cosa... – aguanté mi risa.
– Bueno, toda tuya, permiso... – dijo Till en un tono de leve nerviosismo, se fue.

James rió y evadió el asunto.

– Felicitaciones hija... – me abrazó aún riendo.
– Gracias – dije haciendo lo mismo.
– Creces tan rápido... – rió.
– Y tú... envejeces a la velocidad de la luz – dije entre carcajadas.
– ¡Pero que viejo estoy! – dijo apretando mis mejillas. – Te ves hermosa con este vestido – agregó en un tono más serio.
– ¿Te gusta? – lo miré sonriendo mientras toqué mis adoloridas mejillas.
– Claro que me gusta, pareces una frutilla con pies – dijo riendo.
– Al menos no tengo barba de chivo – lo miré como una niña enojada.
– Pero a las mujeres les gusta – me mostró su lengua.
– Y a los hombres les gustan las frutillas – lo imité.
– (...) A mi no – río.
– Y a mi no me gustan los chivos – también reí.

Me abrazó de improviso.

– Quiero que seas muy feliz – su voz se volvió como la de un padre. – Sabes que cuentas conmigo... 
– Para todo, lo sé y gracias James – lo interrumpí.

Me sonrió, beso mi frente y se fue; sin que me diese cuenta apareció Dave.

– Déjame abrazarte – dijo con esa sonrisa suya. – Muchas felicidades – su abrazo fue con una fuerza especial.
– Muchas gracias Dave – sonreí.
– Espero que ambos sean felices y todas esas cosas que se dicen en un momento como este... – rió sin nada que decir con sus ojos encogidos y su cabello despeinado.
– Entiendo tu mensaje, gracias – volví a sonreír.
– ¿Shawn habló contigo dulzura? – me preguntó acariciando mi cabello anaranjado como el de él.
– No... ¿Por qué? – lo miré curiosa.
– Oh no, no es nada, sólo que este no es momento de hablarlo... 
– ¿Por qué no? – lo miré encogiendo mis labios.
– Mucha gente, espías, tú sabes... – rió.
– Oh, comprendo – le sonreí.

Volvió a abrazarme y se fue; yo caminé dónde los míos.

– ¡Felicidades Oh gran Nixie! – decía Petter inclinándose y haciendo reverencias.
– Deja de hacer eso – reí feliz.
– Felicidades Nixie – me abrazó el dulce Andréu.

Lo mismo hizo su novia, sólo que gritando.

– ¡Te casas Nixie! Muchísimas felicidades – su emoción se basó en gritos.
– Gracias Ángela – sonreí.

Alex también me dio sus felicitaciones pero de una forma más sutil.

– No te conozco mucho, pero te deseo lo mejor... – sonrió discretamente.
– Muchas gracias Alex... – correspondí su sonrisa con un abrazo y se sorprendió.

Ángela sacó a bailar a Andréu; Mischa a Ville y miré a Petter.

– ¿Y tu novia? 
– Está concursando allá en Europa – me dijo sonriendo orgulloso.
– Baila con Alex entonces – le dije riendo mientras Richard me llevaba a bailar.

Sus manos se posaron en mi cintura, mis brazos rodearon su cuello, nuestras frentes hicieron contacto y nuestros cuerpos se meneaban lentamente gozando del momento.
Mischa con Ville, Ángela con Andréu, Lu con Brian, y el resto de las parejas presentes se meneaban con la música al igual que nosotros. El aire se contagiaba con una bella situación de amor.

– Te ves realmente hermosa – dijo Richard rozando su nariz con la mía.
– Gracias a ti amor... – sonreí.
– ¿Puedo besarte...? – preguntó inocentemente.
– Todas las veces que quieras tonto – tomé la iniciativa.

– ¿Quieres casarte conmigo? – preguntó Ville.
– Sólo llevamos unos días, quizá un semana... – guardó silencio Mischa. – Más adelante pregúntame eso – contestó tiernamente ruda.
– No perdía nada con intentarlo – rió Ville.
– Cállate y bésame idiota 

Ville sonrió e hizo caso.

– Esto es tan extraño... – dijo Brian.
– No te preocupes, ya todo esta bien – sonrió su amada con los ojos cerrados.
– Las cosas están pasando tan rápido... eso es lo extraño – sonrió levemente.
– Te amo Brian – dijo Lu acercándose.
– Y yo a ti Lu – se apresuró y la besó apasionadamente.

– Todos se están besando cariño... – dijo Ángela.
– ¿Quieres que te bese? – preguntó el francés.
– No... – respondió.
– Claro que quieres – rió mientras acudió a su pedido.

Todos besándose al compás de la romántica música, el ambiente era acogedor e inigualable; todo lo malo había desaparecido, miles de sensaciones nos envolvieron a todos. Varios labios chocando con pasión, otras tantas lenguas jugueteando felices; los cuerpos estaban sintiéndose excitados. El momento daba para mucho, pero tan sólo eran las siete de la tarde; el romanticismo fue interrumpido raramente por los hermanos Amott y sus grandes solos de guitarra, si no hubiesen actuado... en la sala de mi casa habría existido una mega orgía.

A eso de las 23:00 horas, la gente comenzó a irse, siendo ya las 00:30 horas ya estábamos solos en casa. Yo estaba en la cocina ayudando a limpiar un poco a Teresa.

– Mañana habrá tiempo para eso... – dijo Richard tomándome de la mano.
– ¿A dónde vamos? – dije con una sonrisa.
– A dormir... – rió de costado mientras subíamos.

Llegamos al cuarto y sobre la cama había una rosa roja, Richard la tomó y me la dio.

– Te amo cariño... con toda mi vida – besó mis labios con una ardiente pasión, me miró y fue al baño.

Sonreí y me quite la ropa junto con los tacones y los accesorios; me vestí con el pijama y me acosté. Richard salió del baño solo con su ropa interior y se acostó junto a mí. Me miró directo a los ojos.

– Buenas noches mi vida – dijo besando dulcemente mis labios.
– Buenas noches mi amor – acaricié su mejilla.

Me giré dándole la espalda; rodeó con su brazo mi cintura, con su mano acaricio delicadamente mi vientre y yo me aferré a su gran brazo.
Fue una gran noche para todos, quizá hubiese terminado de otra manera, pero estaba cansada y Richard pudo captarlo sin que se lo dijera. Para mí ya había terminado, para otros... recién comenzaba.

– Esta noche será la primera de muchas... – dijo en un susurro Ville mientras lamía la oreja de Mischa.
– Eso quiero verlo... – respondió bañada de placer ella.

Ambos desnudos sobre la cama de Mischa, ella rodeando con sus piernas al finlandés mientras que este la penetraba completamente excitado tocando sus bien formados pechos. Sus cuerpos se mecían en sólo compás; suaves caricias, voces cansadas, respiraciones interrumpidas por gemidos era lo que podía notarse en aquella apasionada atmosfera. La mano de Mischa llevó los labios de Ville con los suyos para exorbitar sus sentidos; sus bocas entraron en explosión como grandes volcanes, sus lenguas danzaron al ritmo en que sus entrepiernas bailaban. Ella tomó sus mejillas con sus manos, lo mantuvo cerca de ella todo el tiempo; él con sus manos masajeaba la suave espalda de Mischa. No existieron palabras, no eran necesarias.

En otro lugar daba comienzo el mismo acto, pero con otros personajes.

Los besos, los roces de brazos y piernas en ropa interior aceleraban las revoluciones, sus cuerpos nos resistían más.

– No me hagas esperar más... – dijo Brian quitando el sostén lentamente.
– Tú eres el que demora – dijo entre risas Lu masajeando los cabellos de él.

 No pasó más de un minuto y ambos individuos yacían desnudos en el dormitorio que compartían. Las caricias entre manos hacían tardía la hora de la acción, él se sentó en la cama quedando ella sobre él arqueando la espalda, dando comienzo a la explosión en sus entrepiernas. Delicados momentos de placer demostrados como ella apretaba los grandes brazos de Brian, al mismo tiempo que él se deleitaba besando la zona entre sus pechos; un escalofrío se mantuvo presente en todo el acto, dejando como muestra que sus cuerpos estaban disfrutando.

Mientras esto ocurría, otros dos gozaban el momento.

– Hoy serás castiga – decía entre dientes Ángela golpeando el suelo con el cinturón de Andréu.
– Eso me gusta... – reía ansioso.

Entre golpeteos excitantes y caricias agresivas, los dos se libraron de sus ropas, quedaron desnudos en el cuarto del francés. Sus cuerpos se deleitaron con caricias, lamidas y besos intensos que marcaron el inicio del maravilloso acto que se hacía presente en otro lugares. A excepción de las dos chicas ya caracterizadas, Ángela daba gritos de placer, su cuerpo se sentía al borde de la explosión; el francés estaba haciendo bien su trabajo. 
Tras un largo rato en que sus cuerpos se volvieron uno, se durmieron protegiéndose el uno al otro.

Mischa y Ville, al igual que Lu y Brian acabaron agotados el precioso momento que los llenó de vida; se durmieron las chicas sobre el pecho de sus hombres. Ellos haciendo buena obra, las abrigaron con uno de sus brazos.
La noche acabó de una forma gloriosa, todos quedaron conformes con los resultados que la vida estaba presentando.

Siempre dice que no se puede vivir del pasado, que muchas veces los recuerdos nos hacen mal y nos dañan, pero sin ellos hoy no estaríamos en dónde nos encontramos, no seríamos los mismo si todos los días olvidáramos cómo llegamos tan lejos. Las cosas malas pasan por algo; aunque nos quiebren el alma y nos saquen los ojos, son el pilar de todo lo bueno que lograremos a futuro.

Si hay algo importante que he aprendido con el tiempo, es a nunca olvidar el sueño que alguna vez tuvimos en años anteriores, porque si los olvidáramos... nunca recordaremos que tenemos un sueño que cumplir.
                                   By: Nixie Bauer. ©

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