Amaneció y Teresa se encargó de abrir las cortinas en mi habitación, ignoró el hecho de que estuviese durmiendo con Richard.
– Buenos días – me dijo Teresa susurrando mientras sonreía.
– Buenos días – le dije media dormida.
Salió de la habitación y miré la hora, eran las 10:00 de la mañana; pensé en los niños e imaginé que Teresa se encargó de ellos. Me desperté en el pecho del gran hombre, besé su mano que me acurrucó a él toda la noche y acaricié con las puntas de mis dedos su rostro. Verlo dormir fue placentero, me sentí maravillada como cuando me enamoré de él.
– Buenos días... – dijo con sus ojos aún cerrados.
– Buenos días – le contesté con una leve sonrisa.
Abrió sus ojos y pude apreciar el color de sus maravillosos ojos, me miró fijamente y me sentí paralizada.
– ¿Cómo dormiste cariño? – me preguntó acariciando suavemente mi cara.
– Bien, hace tiempo que no dormía tan bien – le dije acurrucándome con su mano.
Sonrió y me beso en la cabeza, encendió el televisor para distraernos un poco y salió un anuncio que avisaba la visita de HIM en California.
– Oh, ese grupo le gusta a Mischa – dije mirando el anuncio.
– Podemos comprar unas entradas para que vayan a verlos – me dijo con una sonrisa de costado.
– ¿No te quedas? – lo miré confusa.
– Debo volver a New York para hablar con los chicos de Emigrate, y luego buscaré un hogar aquí en California – me dijo confiado.
– ¿Cuánto demorará eso? – lo miré apenada.
– Quizá un semana, o tal vez menos – me dijo acariciando mis cabellos – Debo buscar una casa aquí cerca
– ¿Y si vivieras conmigo? – le pregunté dudando.
– Yo creo que es muy pronto... quiero hacer las cosas bien – me miró confuso.
– Esta bien – le dije animada.
Teresa llegó con el desayuno a la cama, me asombró pues no se lo pedí.
– Buenos días – dijo sonriente Teresa.
– Buenos días – dijimos ambos.
– Les traje el desayuno para no molestarlos con levantarse – dijo.
– Gracias Teresa... – le sonreí. – ¿Y los niños? – le pregunté.
– Yo los preparé, no se preocupe... – me dijo guiñándome uno de sus verdes ojos.
Sonreí y se marchó, desayunamos a gusto. Nos levantamos y nos bañamos juntos como en los viejos tiempos. Pasó la mañana y a eso de las 13:00 aparecí en casa de Mischa, toqué el timbre y me abrió su empleada.
– Hola ¿Está Mischa? – la miré.
– Por supuesto, adelante – me dijo y entré. Me senté en el sofá y la esperé; apareció y me abrazó.
– Hola pequeña – me dijo sonriendo.
– Hola anciana – le dije riendo.
Me miró como enojada – ¡Oye! ¿Vienes a mi casa a insultarme? – me dijo con una sonrisa.
– Vine para algo mejor... – le dije con una sonrisa de costado.
– ¿Ah si?
– Claro que si – le mostré entradas para el concierto de HIM.
Su cara se iluminó con la emoción que luego se hizo notar.
– ¡No puedo creerlo! – dijo entre gritos.
– Créelo, iremos a primera fila y luego podremos verlos en los camarines – le dije en un susurro.
Sus gritos de emoción se deben haber escuchado a dos cuadras a la redonda, su felicidad se hizo también la mía.
– ¿Y cuando es? – me preguntó dejando de gritar.
– En una semana – le dije calmada.
– ¡Grandioso! – me dijo mientras me abrazaba. En eso parece Zack caminando en ropa interior, al parecer no se había percatado que yo estaba allí.
– ¡Vístete pervertido! – le grito Mischa.
– Oh lo siento – corrió al cuarto Zack mientras yo reía tapándome con una mano mi cara.
Mischa me miró seria y me dijo en un tono muy sutil.
– Quiero que hoy luego del almuerzo salgamos, tengo que hablar contigo...
– Claro, yo te paso a buscar – me di cuenta que algo la atormentaba, algo no estaba bien...
Me fui a mi casa para comer junto a Richard, y cuando entré vi la mesa adornada de una manera romántica.
– ¿Y esto? – pregunté. Por atrás mío aparece Richard con una rosa roja.
– No sabía si querías salir a comer, así que... que mejor que cenar en casa... – me dijo besándome apasionadamente.
– ¿Por qué nunca hiciste esto cuando estábamos casados? – lo mire sonriendo.
– Porque nunca estabas en casa...
Un silencio se apoderó de la situación y los recuerdos abarcaron mi mente. No quise preocuparlo así que escondí mi dolor en una leve sonrisa. Nos sentamos a la mesa y Teresa, cómplice de Richard nos trajo los platos; cómo en los viejos tiempos cenamos a gusto, hablando de los niños, de nosotros, cosas que con una sonrisa suya se hacían mágicas.
Acabó la cena y Richard quería algo más de postre, pero yo tenía un compromiso y se lo dije.
– Bueno, entonces nos vemos en una semana amor – me dijo rozando nuestras narices.
– Te extrañaré mucho... – lo miré a sus bellos ojos.
– Volveré, no te preocupes – dijo besándome como el día de nuestro matrimonio.
Lo vi subir a su auto e irse, tenía tantas ganar se alargar ese beso, pero el deber me llamaba y subí a mi gran Lamborghini, esperé afuera de la casa de Mischa mientras la llamé.
– Estoy afuera
– Bien, bajo de inmediato – cortó y puse música en la radio. Escuché el anunció de HIM y reí, en eso sube Mischa.
– Hola – sonrió.
– Hola – le dije mientras encendí el motor – ¿Dónde vamos?
– Dónde conocimos a Max... – me dijo con la mirada perdida.
La miré extrañada, preferí no decir nada y partimos allá. En ese viaje de 30 minutos no se habló de nada, era extraño; de por sí cuando estábamos juntas nunca nos callábamos. Estacioné el auto y me coloqué mis anteojos de sol, nos sentamos en una banca frente al mar, en la misma en que un día un chico se nos acercó a preguntarnos la hora...
– ¿Qué te sucede Mischa? – le pregunté preocupada.
Me miró fijo y era señal que debía escuchar un buen rato...
– Pasa que con esto de Brian he pensado mucho; se que Shadow también le es infiel a su esposa con otra mujer, quizá Jhonny también sea infiel ¿y quién no dice que Zack también lo sea? Es decir, los cuatro son amigos y suelen ocultarse cosas porque para eso son los amigos... Eso me aterra... – Guardó silencio – ¿Tú por qué te divorciaste de Richard? – me miró confundida.
– Pues principalmente el divorcio fue provocado por su infidelidad con esa prostituta, pero yo también tenía una relación paralela con Corey, estaba ilusionada y creí en todo lo que me dijo, me divorcié pensando en eso, pero se casó y decidí olvidarme de todo, sumándole la depresión que tenía con la muerte de Max y el estrés de ese año... – le dije recordando.
– Mi problema es que la duda me está matando y ya no estoy segura de lo que siento por él... – me dijo angustiada.
– Te comprendo, pero aún no cumplen un año... – la mire con una mueca.
– Lo sé, no entiendo por qué me case... – miro el mar.
– Dale un tiempo y piénsalo bien, si llegas a conocer a alguien que te haga sentir mejor ya sabes lo que tienes que hacer – acaricié su espalda.
– Lo sé... – me miró melancólica.
– Veo que se invierten nuestros papeles – le dije mirando el horizonte.
– Si, no imaginé terminar así... – me dijo riendo. – La vida de un músico no es tan simple como parece...
Guardó silencio.
– ¿Y cómo van las cosas con el alemán? – me miró de costado.
– Bien, somos novios otra vez... – guardé silencio – Tengo miedo...
– ¿Por qué? – me miró extrañada.
– Sé que acabaremos casándonos de nuevo, y apenas tengo 31 años, creo que dejaré pasar una gran etapa de mi vida – le dije melancólica.
– Oh... pero ustedes se aman a pesar de todo lo que han pasado – dijo con una sonrisa.
– Sí, pero tengo miedo a que yo conozca a otra persona o que él lo haga y todo vuelva a acabarse, otra vez... – la mire.
– Nadie sabe lo que pueda pasar, y si pasa, sabes que yo estaré contigo... – me abrazó y sentí su protección.
Nos levantamos y caminamos un rato por la costa, se nos acercaron varias personas para pedirnos autógrafos y tomarse una fotografía con ambas.
Luego de eso sonó mi teléfono.
– ¿Hola?
– ¡Nixie necesito que corras al bar! – me grito Mr. B.
– ¿Eh? ¿Por qué? – le pregunté extrañada.
– Solo ven ¿si? – cortó.
– Vamos al bar – le dije a Mischa tomando su mano y llevándola al auto; encendí el motor y partimos al bar.
– ¿Qué sucede? – me preguntó.
– No lo sé, Petter quiere que veamos algo... – le dije mientras estacioné el auto.
Nos bajamos, entramos y nos encontramos escuchando un gran solo de guitarra.
Nos bajamos, entramos y nos encontramos escuchando un gran solo de guitarra.
En una pared estaban Andréu y Petter sonriéndonos.
– ¿Y este quién es? – preguntó Mischa riendo.
– Un amigo que encontró Mr. B. – dijo Andréu.
– Es grandioso... – dije con la boca semiabierta.
– Te dije que les gustaría – dijo Petter empujando al rubio.
– Es grandioso y bien sexy... – dijo Mischa con una leve sonrisa.
Acabó su solo de guitarra, dio las gracias y bajo del escenario, se acercó a nosotros.
– ¡Qué espectáculo amigo! –lo abrazó Petter. – Te presento a las chicas – dijo riendo.
– ¡Oye! ¡Yo soy hombre! – dijo Andréu golpeando el brazo de Petter.
– Pero pareces una chica – dijo Petter mientras todos reímos.
– Bueno, él es Andréu Betancourt, nuestro baterista – lo presentó.
– Esta dama es Sofía Mayo, nuestra guitarrista sexy – dijo riendo mientras Mischa lo golpeaba.
– Y ella es la manda más, Constanza Proust, nuestra vocalista – dijo haciendo una reverencia mientras lo miré feo.
– Chicos, él es Alex Sidlander, un viejo amigo... – lo saludamos y el tipo parecía ser bueno en lo que hace.
Era alto, quizá 1.80, un cuerpo atlético, piel tan clara como la nieve; pelo castaño hasta los hombros, ojos de un celeste acaramelado; su nariz perfilada y perforada al lado derecho, perforaciones en ambas orejas; grandes tatuajes en ambos brazos; poseía una voz tan sensual como la de James Hetfield. Un gran tipo, para una gran banda.
– Un gran placer conocerlos – fue lo primero que dijo.
– ¿Cuántos años tienes? – Preguntó Mischa.
– 33 – dijo con una risa de costado mostrando su perfecta dentadura.
– Seguirás siendo el más viejo – miré a Petter.
Todos reímos y finalmente terminaron esperando el veredicto.
– Por el momento te aceptamos en Nevinger, pero debes demostrar que mereces estar aquí
El chico celebró y todos lo felicitaron.
Hasta ahora teníamos un gran guitarrista, no era seguro, pero al menos ya dimos un gran paso, aún nos esperan muchas cosas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario