Llegó el viernes, dándole un cierto fin a esta caótica semana.
Eran las 10:00 de la mañana y yo ya estaba encerrada en mi escritorio intentado escribir algunas canciones para el nuevo álbum.
Iba muy bien hasta que sonó el teléfono.
– ¿Hola? –
– Hola Nixie... – me dijo una voz desconocida.
– ¿Quién es? – pregunté extrañada.
– Soy una fan tuya, necesito hablarte personalmente... – me dijo con un tono de preocupación.
– ¿Quién eres? – insistí.
– Mi nombre es... Lu. – dijo pausadamente.
Me paralicé, mis ojos se abrieron y mi respiración se aceleró, no sabía que hacer y sólo corté. Me levanté y lancé el teléfono al sofá de cuero que había cerca. Pude ver el teléfono vibrar, ella seguía llamando pero yo no podía hablarle, algo me lo impedía.
Perdí el interés de seguir escribiendo y comencé a desesperarme; lo único que hice fue mojarme la cara, me miré al espejo y mis ojos se habían tornado llorosos sin darme cuenta. Me negué con la cabeza, cuando me interrumpe
Teresa golpeando la puerta.
– Señora, la llaman por teléfono... – dijo.
– Ya voy... – dije acelerada.
Baje a la sala y tomé el teléfono.
– ¿Hola? – pregunte con miedo.
– ¿Nixie? – preguntó una voz de hombre.
– ¿Quién es? – pregunté aún con miedo.
– Soy yo, tu hermano – dijo enojado.
– ¡Ah! Krox... hola – dije riendo nerviosa.
– ¿Por qué mierda no me contestas el celular? – dijo enojado.
– Ah... porque... estaba en el baño – dije más calmada.
– Ah; llamo para decirte que mañana iré a visitarte – dijo entre risas.
– Bien, nos vemos mañana – reí y corté.
Busqué mi teléfono y vi que tenía un mensaje de texto, lo leí:
“Nixie, comprendo que no quieras verme; pero necesito hablarte. Si aceptas estaré mañana a las 17:00 en el bar ‘Good Night’. Espero verte, Lu.”
Acabé de leerlo y lancé el teléfono, me imaginé mil cosas ¿Qué tenía que decirme? Me quedé pensando en eso toda la mañana.
Mientras tanto...
– Hola Mischa ¿Cómo estás? – decía James sonriendo.
– Yo muy bien... ¿Y tú? – preguntó Mischa babosa.
– Bien ¿Y Rochelle? – decía James parado en la puerta.
– Ya viene... – sonrió.
Hoy era el día en que James pasaba tiempo con su hija Rochelle; sí, Mischa y James Hetfield tuvieron una ‘aventura’ de la cual nació esta pequeña.
La niña apareció.
– Adiós mami – decía sonriente la muchacha.
– Adiós mi vida – besó su mejilla.
– Adiós Mischa – le dijo James besando su mejilla.
– Adiós... – respondió en un susurro.
Allí quedó parada hasta que los perdió de vista; tomó su chaqueta y se dirigió a mi casa.
– Nixie, vamos al bar... – me dijo.
– Está bien... – le respondí.
Tomé mi chaqueta y nos fuimos al bar de Petter, nos sentamos en una de las mesas más lejanas y ordenamos unos tragos.
– Mira... – le dije mostrándole el mensaje.
Poco menos que me escupió el trago en la cara de la impresión.
– ¿Y eso? – preguntó asombrada.
– Aún no lo entiendo... – respondí confundida.
– Claramente quiere hablar contigo...
– Lo sé, no soy tan idiota – la mire feo.
Rió, su respuesta era tan obvia. Bebimos y bebimos, Vodka; Whisky; Ron, entre muchos otros. Nos emborrachamos; Mischa comenzó a quedarse dormida y yo comencé a reír como una completa idiota.
– Oye Mischa, vámonos de aquí... – le dije titubeando.
– No quiero ir mamá... – me dijo con los ojos cerrados.
– No soy tu mamá idiota – le dije golpeando la mesa.
En eso llegó Alex, el nuevo guitarrista y nos miró, ambas lo miramos y reímos pervertidamente borrachas.
– ¿Qué les pasa jefas? – nos dijo levantando una de sus cejas.
– Cómo tu jefa te ordeno que... ¡me bailes muy sexy! – dijo Mischa.
Alex puso una cara muy extraña.
– No, no, mejor desnúdate – le dije borracha.
A lo lejos Petter reía, y Alex no tardó en hacer lo mismo.
– Puedo notar que bebieron demasiado, jefas... – dijo en un tono seductor.
– Si quieres ver nuestras boobies ¡Ni lo pienses! No estoy tan borracha... – dijo Mischa haciéndose la sobria.
Alex reía tras esa respuesta mientras yo bebía las sobras de los vasos.
– Las puedo llevar a sus casas si quieren... – dijo con una cara de niño bueno.
– Si, mejor llévame, me quiero ir de aquí... – le dije dormitando.
Petter a lo lejos levantó su dedo pulgar para Alex.
– ¡No! Nos iremos solas... vete de aquí. – dijo enojada Mischa.
– ¿Por qué no? – preguntó asombrado Alex.
– Sé que Petter te dijo que borrachas podríamos tener sexo contigo, pero no lo haremos – lo miró feo.
Alex quedó sin palabras, puso una cara extraña y se fue.
– Vámonos de aquí... – dijo Mischa mareada.
– Sí mamá... – le dije media dormida.
Y cómo pudimos salimos de allí, no podíamos manejar, aunque tampoco llevamos nuestros autos. Nos fuimos caminando a casa.
– Creo que nos raptarán los Alien – dije mirando el cielo.
– ¿Qué? ¿Por qué? – dijo Mischa mientras caminaba.
– Los extraterrestres raptan gente borracha para que no lo recuerden... – dije riendo.
– Claro... debe ser por eso... – rió también Mischa.
En unas dos horas llegamos a casa, cada una a la suya. Como era de esperarse tropecé y caí, ya era tarde, tal vez las 22:00 o quizá las 23:00, no lo recuerdo. Preferí no subir a mi cuarto ya que apenas me mantenía en pie y dormí en el sofá.
Pasó la noche, tuve un sueño muy extraño, más bien parecía una pesadilla, la que me hizo despertar a eso de las 06:00 de la mañana.
– Demonios... – dije golpeándome la cara con la mano – Tengo resaca... – susurré, caí al piso y partí a la ducha.
Llené la tina con agua caliente y allí estuve un buen rato, hasta que un temblor en mi brazo izquierdo comenzó a preocuparme.
Llené la tina con agua caliente y allí estuve un buen rato, hasta que un temblor en mi brazo izquierdo comenzó a preocuparme.
Me envolví en la toalla y fui a mi cuarto, me vestí con pitillos negros, una remera sin mangas también negra, use las convers y coloqué mis muñequeras negras, era muy temprano para estar tan desabrigada, así que me coloqué un sweater gris. Alisé mi cabello y me maquillé; me preparé un café y salí al balcón calentándome las manos con la taza caliente. Contemplé los pocos autos que a esa hora transitaban; no tenía nada en mente, sólo miraba una y otra vez aquel mensaje de texto. Acabé mi café y fui al pequeño estudio que había en casa; tomé una de mis tantas guitarras y comencé a improvisar. Allí pasé toda la mañana hasta que aclaró.
Teresa abrió la puerta de mi estudio.
– Llegó su hermano – me dijo en un susurro.
– Ya voy... – le dije quitándome la guitarra.
Partí a la sala de mi casa, mientras me acercaba oí unas voces que me alegraron y allí los vi.
– Hola mocosa – me dijo Krox abrazándome. Era un tipo grande y corpulento, sus brazos me envolvieron.
– Hola Krox – dije sonriéndole.
Cuando me soltó salude a mi cuñada y a su pequeña hija. La esposa de mi hermanos era increíblemente bella, era Sueca, se llama Ninoska y tiene la misma edad que él, 32; mi pequeña sobrina se llama Heather, tiene apenas 5 años, es una ricura.
– ¿Qué los trae por aquí? – les pregunté feliz de verlos.
– Pues quería visitarte, no te veía hace mucho y me enteré por las noticias que te cambiaste a California – me miro un poco disgustado.
– No me digas que ahora te preocupo... – hice una mueca con mi boca.
– Siempre me has preocupado mocosa – dijo despeinándome mientras reía.
En eso aparecen Cristal y Alexander.
– ¡Hola prima! – dijeron ambos mientras la llevaron a jugar a la piscina.
– ¡Hola prima! – dijeron ambos mientras la llevaron a jugar a la piscina.
– ¿Y cómo han estado? – los miré a ambos.
– Muy bien – respondió la rubia.
– Muy bien... – dijo Krox mientras la miraba – Te tengo una noticia – me dijo sonriente.
– ¿Si? ¿Cuál? – dije curiosa.
Tocó el estomago de Ninoska – Serás tía... – me dijo orgulloso.
Una sonrisa se presentó en mi rostro mientras me levanté y los felicité.
– ¡Es grandioso! – abracé a ambos.
Corrí a la cocina y le dije a Teresa que preparara un almuerzo especial pues había que celebrar.
Por otro lado, en casa; Mischa se sentía mal, cayó en cama y no quería levantarse; Zack se preocupó y llamó al doctor. Los dejó solos en la habitación.
– ¿Qué tengo? – preguntó enferma Mischa.
– ¿Segura quieres saberlo? – la miró confundido el doctor.
– Claro, para eso vino... – le dijo agresiva.
– Es muy extraño; según esto... – hizo una mueca con sus cejas y guardó silencio.
– ¿Qué es lo que tengo maldito idiota? – frunció el seño Mischa.
– Según esto... estás embarazada. – dijo el doctor mirándola fijamente.
– ¿Qué...? – dijo Mischa asombrada.
– Según tu presión y los constantes mareos que has tenido en el último tiempo, indica que tienes dos meses y medio...
– Por favor, no se lo diga a Zack... – dijo con la mirada perdida – Dígale que es sólo una gripe...
– Con el clima de California es poco probable una gripe...
– Sólo dígale que es una maldita gripe – interrumpió enojada Mischa.
El doctor estaba perplejo con la reacción de Mischa y asintió con la cabeza mientras salía de la habitación.
– No puede ser... – dijo para sí misma.
Comenzó a recordar con quién había tenido relaciones hace tres meses – No puede ser... ¿por qué...? – Golpeó las almohadas con rabia. Se acomodó en la cama con sus ojos lagrimosos – Sólo es un mal sueño... – susurró mientras se dormía.
Avanzó la tarde, más rápido de lo que creí. A eso de las 16:00 horas acababa el almuerzo en mi casa, celebrando la venida de un nuevo miembro en la familia.
– Y ahora trabajo con Dave Mustaine en el nuevo álbum – dijo Krox.
– Grandioso – le dije mientras miraba la hora en el reloj – Debo salir... – le dije preocupada.
– ¡Justo cuando se ponía bueno! – me regaño como un niño pequeño.
– Ya me lo contarás más tarde... – reí – Siéntanse como en casa – les dije mientras salí.
Emprendí la caminata más larga en mi vida, el camino se hizo eterno. Mis muñecas sufrían el calor bajo las negras muñequeras que las adornaban, sentí mis pantalones más ajustados que de costumbre. Mi pecho se inflaba más de lo normal, mi caminar se hizo lerdo y sofocante.
Pude apreciar el ambiente, muchas personas me saludaron, otras me pidieron un autógrafo, otras una fotografía y otras tan sólo me sonreían, nunca en mi vida los nervios me carcomieron tanto.
Pude apreciar el ambiente, muchas personas me saludaron, otras me pidieron un autógrafo, otras una fotografía y otras tan sólo me sonreían, nunca en mi vida los nervios me carcomieron tanto.
Un tarareo leve fue lo único que me mantuvo distraída del asunto; mis convers ya deben haberse gastado. Si hubiese venido en auto demoraría menos y el calor no atormentaría mi distorsionada mente.
De un momento a otro todo se calmó, ya tan sólo me faltaban dos cuadras y aún tenía cinco minutos para la hora acordada. Caminé hasta afuera del famoso bar Good Night; me detuve en la entrada y mi respiración comenzó a acelerarse, un leve sudor en mis manos demostraban que no estaba lista para lo que pudiese ocurrir, en mi cara sentí un calor incómodo y mi estómago estaba revuelto por un miedo sin sentido. A lo lejos pude ver que en una mesa me hicieron señas... Allí estaba ella, pude divisar sus rojos cabellos. Lentamente caminé a la mesa, desafiando mi destino.
No se lo que me espera, pero tengo miedo a averiguarlo...
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