El silencio incómodo se hizo notar y abrí mis ojos; Richard no me soltaba el rostro pero miraba a Mischa, con mis ojos miraba a mi hermana que hacía una mueca extraña con toda su cara.
– Hola... – dijo Richard nervioso y con sus ojos más abiertos que de costumbre.
– ¿Qué están haciendo? – preguntó confundida Mischa.
Tomé las manos de Richard y las quité de mi rostro, miré a Mischa de frente y no sabía que decir; ella entró, se sentó en el gran sofá.
– Tenemos que hablar solas... – dijo en un tono medio histérico.
Richard me miró y salió, cerró la puerta y yo me senté junto a Mischa.
– ¿Qué pasa Mischa? – pregunté.
– ¿Por qué te estabas besando con ese tipo? – dijo un poco enojada.
Preferí guardar silencio y continuó.
– Richard golpeó a Brian...
Eso me impresionó.
– ¿Qué? – dije asombrada.
– ¿Qué? – dije asombrada.
– Y lo peor es que ahora Corey está haciendo un escándalo en su casa... – dijo regañándome.
– Pero... ¿cómo? – aún no podía creerlo; es decir, todo es tan extraño.
– Vamos ¿llamas a Corey o vamos a buscarlo? – me preguntó muy seria.
– Vamos... – le dije sin poder creerlo.
Y así lo hicimos, nos subimos al convertible de Mischa y partimos a casa de Brian. Afuera estaba Zacky y Shadow tomando a Corey de cada brazo mientras insultaba a Brian y daba golpes al aire. Nos bajamos del auto y miré a Corey.
– ¿Pero qué te pasa? – le dije calmándolo.
– ¿Qué me pasa? ¡Pues no permitiré que este idiota te haga esto! – me gritó alterado Corey.
Shadow me miro feo.
– ¡Ves lo que provocas! – me apuntó y me gritó.
– ¡Ves lo que provocas! – me apuntó y me gritó.
– ¡Oye no te atrevas a tocarla! – dijo Corey mientras empujaba con ira a Shadow.
– ¡Basta, dejen de pelear! – dijo Mischa interponiéndose entre los dos.
Corey volvió la cara para mirar a Brian y fue a golpearlo en el rostro con mucha fuerza.
– ¡Corey! – grité mientras veía a Brian en el suelo con sangre en su labio. Zack lo recogió y lo detuvo para que no respondiera el golpe, para no empeorar la situación.
– ¡Eso te lo mereces! – gritaba muy alterado Corey apuntándolo con su dedo.
– Corey vamos... – le susurré para que nos fuéramos de ahí.
– ¡¿Pero qué te pasa idiota?! – le gritaba Shadow a Corey ayudando a Brian.
Le tomé el brazo a Corey y lo miré a lo ojos – Vámonos... – respiró muy alterado, miró a Brian y luego a mi.
– Bien... – caminó hacia el auto de Mischa junto a mí, ella se paró frente a Shadow.
– No entiendo cómo pueden defender lo que hizo... – negó con su cabeza y subió al auto. Encendió el motor y nos llevó a mi casa.
– ¿Por qué golpease a Brian? – preguntó Mischa mientras manejaba.
– Se lo merecía por hacerle daño a Cony – dijo Corey.
Yo lo miré extrañada.
– ¿Cómo te enteraste?
– Eso no importa... – evadió la pregunta mientras se tranquilizaba.
– ¿Cómo llegaste tan rápido? – Preguntó Mischa muy curiosa – Se supone que vives en Iowa.
– Estaba en LA. Viendo unos asuntos... – dijo mientras Mischa estacionó el auto fuera de mi casa.
Abrí la puerta y allí estaba aún Richard; Corey se sentó junto a él y yo con Mischa nos sentamos en los sofás individuales. Eso me recordó la terapia matrimonial que tuve por Mischa.
– ¿Por qué golpearon a Brian? – preguntó Mischa mirando a ambos.
– Yo le confié el cariño de la mujer que amo, y lo único que hizo fue dañarla... – dijo Richard frunciendo el seño.
– Lo golpeé porque no puedes engañar tanto a una mujer, jugó con sus sentimientos ¡Y eso no se lo perdono! – dijo Corey volviendo a alterarse.
– Calma... – dijo Mischa. – Pero no debían tomar medidas tan drásticas – frunció el seño y guardo silencio. – Yo debía golpearlo... – miró el suelo enojada.
– ¡Y porqué no lo hiciste! – le gritó Corey poniéndose de pie.
– ¡Porqué ustedes se me adelantaron, idiota! – le gritó Mischa enojada.
– Merecía esos golpes y muchos más... – dijo sereno Richard mirando a Corey.
Yo estaba presenciando a los padres de mis hijos y a mi hermana juntos sin insultarse entre ellos, llevando una conversación relativa; no sabía que decir al respecto, todo lo que estaban diciendo era por su enojo, por mi sufrimiento.
– ¡No sé como lo permitiste! – me dijo Corey alterado.
– Ella no lo sabía, Zack me lo dijo hace poco y o le avisé lo que él le hacía a sus espaldas... – dijo Mischa melancólica.
– ¡Lo golpearé hasta que me deshaga de esta rabia! – dijo Richard levantándose.
Corey se levantó y salió al jardín junto con Richard, se sentaron en los escalones a hablar.
– Yo tuve una conversación con él cuando comenzó su relación con Cony... – le dijo Richard a Corey.
– ¿Ah si? – contestó Corey.
– Si, le dije que la cuidara, que no le hiciera daño, porque lo pagaría caro. Sin contar todos los problemas que se llevará cuando el resto del mundo se enteré de esto, hay veremos si queda vivo... – le dijo Richard fumando uno de sus cigarrillos.
– También quiero verlo, se le pondrá duro el camino – agregó el rubio.
– Le dije que nunca le mintiera... – Richard movía su cabeza negando.
Adentro escuchábamos su conversación con Mischa.
– Él aún te ama... – me miraba sonriendo.
– ¿Quién? – la miré de costado.
– Richard ¿Quién más? – Reía – Tú también lo amas y no digas lo contrario... – me miraba sabiendo la respuesta.
– ¿No has pensado en darle otra oportunidad? – me miró curiosa.
– No tienes idea de cuanto lo he pensado... – la miré melancólica.
– Dásela, es un buen sujeto, creo que aprende de sus errores. – me miró como hermana mayor.
– ¿De verdad lo crees? – la miré dudando.
– Sí, si no te sabe aprovechar, pues será su fin... – Reía de costado.
– Tengo que hablar con él, pero en otro momento... – le sonreí.
– No debes ser tan exigente Nixie, recuérdalo. – me dijo golpeándome en el brazo.
Sonreí con su apoyo, también al ver a los dos hombres hablar civilizadamente; nunca se toleraron y verlos hablar calmadamente me llena de una alegría estúpida.
– Tengo ganas de emborracharme...- le dije riendo a Mischa.
– Yo también – me respondió entre risas.
Nuestros estados de ánimo nunca son los adecuados para la situación y esta no era la excepción, todos afligidos y nosotras pensando en emborracharnos.
Creo que nuestras risas se escucharon afuera y los chicos entraron.
– ¿Qué sucede? – dijo Corey masticando chicle.
– Naca ¿qué va a pasar? – dijo Mischa riendo mientras ocultamos la botella de Vodka en nuestras espaldas.
– ¿Qué esconden? – preguntó Richard mirándonos extraño.
– ¡Nada! – dijimos juntas mirándonos con Mischa.
– ¿Segura que no esconden nada? – preguntó el Alemán.
– ¡Oh! Mira, es una botella de Vodka- dijo Corey quitándonos la botella.
– ¡No, es nuestra! – le dije mirándolo con mis ojos encogidos.
– Yo ya debo irme... – dijo Corey. – tengo cosas que hacer... –
– Está bien – dijo Mischa.
Lo dejé en la puerta después que todos se despidieron.
– Cuídate, de verdad cuídate – me dijo tomando mis manos – cualquier cosa llámame.
– Lo haré, tú también cuídate – le dije sonriendo.
– Te adoro – me besó la frente – te llamaré cuando venga a ver a Cristal
Sonreí y se marchó, volví a entrar y el par se habían bebido toda la botella.
– ¿No quedó nada? – los miré.
– ¡NO! – dijo Mischa ya borracha.
– ¡Mischa se la bebió toda! – grito Richard como un niño pequeño.
Reí mucho, pero me di cuenta que Mischa estaba realmente borracha.
– ¿Por qué no la vas a dejar a su casa? – le dije a Richard.
– Claro – dijo riendo.
La tomó en sus brazos y la fue a dejar a su hogar, en ese lapso llegan los niños con Teresa.
– Hola tesoros – los besé en sus frentes mientras corrían a la cocina a comer galletas con leche.
Teresa suele prepararlas para ellos para cuando regresan a casa.
Teresa suele prepararlas para ellos para cuando regresan a casa.
Después de un rato vuelve Richard y Alexander con Lilian corren para abrazarlo.
– ¡Papá! – gritaron los niños.
– Hola tío – saludó la pequeña Cristal.
– Hola niños ¿Cómo les fue en la escuela? – preguntó.
– ¡Bien! – gritaron los tres.
Pasaron un rato con nosotros y luego fueron a jugar a sus cuartos, ver televisión, pintar, hacer tareas o dormir una siesta. Quedamos solos otra vez con Richard y nos sentamos en el sofá, pero esta vez hablamos de nosotros.
– No quiero apresurarme en nada, sólo quiero que no dudes. – me dijo dulcemente.
– Ya lo pensé y acepto ser tu novia, otra vez... – dije sonriendo inocentemente.
– ¿No crees que es muy pronto? –
– Yo te amo y sólo eso me importa – lo miré tiernamente.
– Eso me gusta – tomó mi mentón con su mano y me besó. Cerré mis ojos y sentí sus labios rozando los míos con una pasión que erizó mi piel.
Poco a poco la situación se volvió un mar de grandes sensaciones. Nuestras lenguas balanceándose de una manera única con tanta pasión que las caricias se volvían magníficas. Me tomó en sus brazos y me llevó al cuarto, se sentó en la orilla de la cama mientras lo rodeaba con mis piernas, tras cada beso una caricia, hacía que nuestra sangre hirviera.
Me quitó la camisa cuidadosamente mientras le quité la suya, besó mi cuello lentamente llegando al borde de mis pechos. Acariciaba sus cabellos mientras nuestros estómagos chocaban.
Poco a poco le desabroché sus pantalones, mientras él acariciaba mi espalda, moldeándola con sus grandes manos; sus besos llenos de pasión me mantenían en un constante escalofríos. Sus manos bajaron desde mi cuello por mi espalda hasta llegar al interior de mis ajustados pantalones, los desabrochó y me los quitó cuidadosamente mientras yo hacía lo mismo con los de él.
Invirtió nuestras posiciones y se lanzó sobre mí; recostados en la cama, en ropa interior bañados de un mar de lujuria combinada con pasión acumulada. Sus piernas acariciaban las mías mientras poco a poco quitó mi sostén, besó delicadamente uno de mis pechos mientras yo cerraba mis ojos de placer acariciando su suave cabello. Volvió a besarme pausadamente para notar el romanticismo, introdujo su mano por mi ropa interior trasera al mismo tiempo que yo hacía de igual manera con la octava maravilla.
A cada instante que nos besábamos nuestras pelvis chocaban haciendo que deseara aún más quitarle su ropa interior, no lo soporté y lo desnude por completo; al verse así quitó también la mía e invertimos nuestras posiciones quedando yo sobre él.
Aún besándonos, nos dejamos llevar, nuestras entrepiernas hicieron contacto poco a poco; una mezcla de dolor y placer se hacía presente dejando todo para disfrutar, no podíamos hacer mucho ruido ya que los niños aún estaban despiertos, pero nuestros cuerpos no resistían más, nos envolvimos en una cortina de pasión, nuestros cuerpos se volvieron uno, entre gemidos y respiraciones potentes acabó el momento que marcó un nuevo comienzo.
Llegó la noche, nuestras ropas por toda la habitación, yo durmiendo en su masculino pecho y él cubriéndome con su gran y acogedor brazos.
Las cosas pueden cambiar incluso cuando no lo imaginamos...
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