Llegó la mañana, ya era sábado, solía levantarme tarde pero algo hizo que despertara a las 6 de la mañana; no pude volver a dormir y encendí el teléfono.
Tomé el aparato y marqué el número de un viejo amigo, no me contestó y volví a apagar el teléfono, miré por la ventana y aún era de noche; preferí no salir. Miré la cama y vi a Andréu despierto.
– Vuelve a la cama…– me dijo entre bostezos.
– No puedo dormir – le dije en un susurro.
– Te puedo contar una historia. – reía sin ganas, aún con sueño.
Reí de costado y volví a la cama, me dormí en su brazo que rodeaba mi cabeza.
Ya cuando desperté era hora de desayunar, me di cuenta además que Andréu ya se había levantado. Abrí de apoco los ojos, el brillo del sol entrando por la ventana me molestaba; me senté en la orilla de la cama y bostecé.
– Buenos días Nixie...- dijo una voz.
– ¿Hm? – dije con los ojos cerrados.
– El desayuno está servido
Abrí mis ojos y pude ver a Andréu ya vestido y me puse la bata.
– OK, bajo en un momento – sonrío como lo hace siempre y ambos bajamos a desayunar.
En la mesa encontré muchas exquisiteces, el aroma de un desayuno continental me abrió el apetito; olía a huevos, tocino, tal vez había también cereal y jugo de naranja. Mientras bajaba las escaleras cerré los ojos para oler intensamente, me sentí maravillada.
– Mira quién despertó – Le dijo mi padre a mi madre.
– ¿Te gusta el olor? – Me preguntó mi madre sonriendo.
Reaccioné – ¿Ah?
Todos rieron, incluso Andréu. Todos desayunamos milagrosamente agusto con el ambiente.
– ¿Cuándo viajas hija? – Preguntó mi curiosa madre.
– Hoy... en la noche – Le respondí mientras digería los deliciosos huevos.
– No nos diste tiempo ni de pasar un rato juntos – agregó mi padre.
El silencio se hizo presente mientras seguíamos comiendo.
– Sólo vine para saber como estaban... – Respondí mientras comía.
– ¿Por qué no te quedas otro día? – Preguntó mi madre.
– Porque tengo asuntos que aclarar y mucho trabajo que hacer
– ¿Cómo qué? – Preguntó mi padre un poco enojado.
Andréu me miró al mismo tiempo que terminaba su desayuno.
– Tengo que estudiar para la universidad, tengo que hacer tarea con mis hijos, debo encargarme de la banda, estamos buscando un guitarrista nuevo y debo elegir bien esta vez, además debo trabajar.
Mis padres guardaron silencio mientras al mismo tiempo acababa mi delicioso desayuno.
– ¿Ahora en que trabajas? – Preguntó en tono de olvido mi madre.
– Si no lo recuerdas soy una de las modelos de Sharon Osbourne... – Dije en tono de enojo.
Mi madre suele olvidar todo, o simplemente olvida las cosas apropósito, en cierto sentido me molestó.
Tras esta incómoda conversación, acabó el desayuno. Todos nos levantamos, la empleada retiró los platos y subí a mi antiguo cuarto; quería tomar un baño.
– Me alegra vivir lejos de ellos – Dije para mi mientras buscaba ropa limpia.
Entré en la ducha, lavé mi cabello anaranjado, tarde unos pocos minutos, salí; me rodeé con la toalla y me miré al espejo.
– Has cambiado tanto... – Decía una voz en mi interior al ver mis ojos. De un momento a otro me sentí frágil, terminé de secarme; me vestí, me maquillé y salí del baño.
Camine a la cama y cogí el teléfono, lo encendí y llamé a Richard.
– ¿Hola?
– ¿Cony? – Contestó.
– Si, soy yo... – Respondí angustiada.
– Que sorpresa ¿Cómo estás, pasó algo? – Preguntó en tono preocupado.
– No, es decir si, necesito que vayas a California lo antes que puedas...
– Claro, tal vez en un par de días esté por allá ¿esta bien?
– Si, nos vemos – Le dije con más ánimo.
– Está bien, cuídate. Te amo... – Dijo pausado.
– Y yo a ti... – Susurré y corté.
El amor que hubo entre él y yo aún permanece, aún me duele nuestro divorcio, tanto amor fue destruido por una prostituta, no me perdono el echo de firmar esos papeles. Aún lo amo, aún me ama; no sé lo que pueda pasar.
Comencé a empacar mis cosas cuando de pronto suena mi teléfono.
– ¿Hola?
– Nixie ¡Tengo buenas noticias! – Decía alegre Mack, mi abogado.
– ¿Qué podría ser tan bueno? – Dije indiferente.
– ¡Roadrunner Récords quiere a Nevinger dentro de su lista!
La emoción me carcomía, era una disquera que tenía gran prestigio por sus artistas, dentro de ellos se encuentran Metallica, Megadeth, Slipknot y muchos más.
– Mack, ¿Es una broma? – Pregunté asombrada.
– ¡Obvio que no! Por eso te llamo
– Mañana estaré allá, hay lo hablamos ¿si? – Dije feliz.
– ¡Por supuesto! Que tengas buen viaje, nos vemos
Cortó y corrí donde Andréu, estaba viendo televisión con mi padre en la sala. Lo abracé y me colgué de su cuello.
– ¿Qué pasa? – Preguntó asombrado.
– ¡Roadrunner Récords quiere trabajar con Nevinger! – Le grité emocionada.
– ¡¿Qué?! – Su cara se iluminó con una gran sonrisa.
– ¡Si! ¡Quiere trabajar con nosotros!
Andréu me abrazó y giró conmigo entre sus brazos, mi padre sin entender preguntó – ¿Qué pasó?
– ¡Papá, una de las mejores disqueras del mundo quiere trabajar con nosotros! – Su cara de felicidad se hizo notar.
– ¡Oh, felicidades chicos! – Me abrazó dándome apoyo, luego hizo lo mismo con Andréu.
Cosas como estas no pasan todos los días, realmente no podía creerlo; esta era una prueba contundente de que Nevinger era una gran banda reconocida a nivel mundial, teníamos prestigio. En apenas 9 años conseguimos una gloria que normalmente demora décadas.
Corrí a buscar mi teléfono y notifiqué esta gran noticia en Twiter; y a los segundos recibí comentarios de felicitaciones y apoyo. Incluso grandes como Mustaine, Ozzy, Halford entre otros; me felicitaron, James me llamó para hacerlo y me sentí como una niña pequeña.
– Felicitaciones hija – dijo alegre.
– Gracias James – Reía feliz.
– Ahora ya eres oficialmente parte de la nueva generación... me dejarás sin trabajo – Reía entre dientes.
Yo reí mucho más fuerte – Lo sé
Esa fue parte de una larga conversación con mi padrino musical. James Hetfield fue el primero en decir que tenía talento, creyó en mí y le dio a Nevinger un pequeño impulso para ponerlo en donde hoy estaba. Ahora teníamos un futuro realmente prometedor, lo único que nos faltaba era conseguir un nuevo guitarrista. Tras la muerte de Max, nuestro gran guitarrista, contratamos a William, pero lo despedí a principios de este año quedando yo al poder de la guitarra; ser vocalista requiere muchos movimientos sobre el escenario, y no los puedo realizar con una guitarra en mano.
Pasó la tarde, y con Andréu debíamos partir.
– Cuando llegues a California, por favor llámame... – me dijo mi madre.
– Que tengan buen viaje – dijo mi padre.
– Te amo hija – dijeron ambos, yo sólo sonreí y me subí al taxi.
El auto nos llevó al aeropuerto; eran las 21:00 horas en Chile y nuestro vuelo salía a las 21:30, por suerte llegamos a la hora, aunque con un inconveniente, la prensa. Los flashes no me dejaban ver, y sólo de la mano de Andréu pude guiarme.
A eso de las 21:15 abordamos el avión rumbo a California.
– ¿Estás lista para volver a la realidad? – me preguntó el rubio de ojos azules.
– Nunca lo eh estado, mucho menos ahora... – respondí en tono sarcástico. – De verdad no quiero enfrentarlo
– Pero debes...
– Lo sé
Miré a Andréu y pude notar en sus pequeños ojos una lágrima.
– ¿Qué sucede? – le pregunté extrañada.
– ¿Por qué? – se asombró.
– Tienes una lágrima... – la limpié con mi pulgar suavemente.
– No lo sé – abrió grandes sus ojos asombrado, como si no se hubiese dado cuenta que había llorado.
Eran las 21:30 y el avión emprendió vuelo. Apagué el teléfono después de escribir “me vuelvo a California”; y acaricié la mano de Andréu.
– Buenas noches – le sonreí.
– Que descanses – me devolvió la sonrisa cálidamente mientras me dormía apoyando mi cabeza en mi hombro.
Acarició también mi mano mientras una azafata le ofrecía café.
– No, muchas gracias...
Luego de eso, intentó quedarse dormido, pero lo interrumpió una turbulencia, la que también me despertó a mí.
– ¿Qué pasó? – lo mire.
– Nada, sólo fue una turbulencia – me dijo susurrando.
– ¿No piensas dormir tú? – le pregunté bostezando.
– Eso estaba haciendo hasta que despertaste – reía.
– Ah, vuelve a hacerlo – reí y me volví a dormir.
En su silencio sonreía e intentaba dormir otra vez, hasta que al fin lo consiguió.
La noche avanzó, con ella el viaje y las horas; y claramente el horario de California no es el mismo que en Chile, así que el sol corría tras nosotros. Quizá llegaríamos antes de lo esperado.
Tenía muchas cosas que hablar, mucho que hacer. Tengo miedo a lo que pueda ocurrir...
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