– ¿Quieren dormir? – los miré mientras me quitaba el saco.
– ¿Dormir? ¡lo único que quiero es visitar todos los lugares! – gritó Thomas.
– ¿Tiene estudio tía? – sonrió Martín.
– ¿Qué si tengo? Claro… ¿Por qué?
Los chicos se miraron entre sí sonriendo, tenían una idea y yo ya me imaginaba cual.
– Síganme…
Caminé al sótano, lugar amplio en donde suelo encerrarme para componer; bajamos al segundo subsuelo y sus caras de asombro me hicieron sonreír.
– ¿Desde cuando tienes esto? – me dijo asombrado Dero.
– Pues es lo primero que pedí cuando construyeron esta casa, necesito un buen lugar para trabajar – levanté mis cejas.
– Es maravilloso… – dijo Martín boquiabierto.
– Lo dejo a su disposición, pobre de ustedes que rompan alguna cosa de aquí – reí.
– Prometemos no romper nada – dijo Felipe
– Vamos Dero... tenemos algo que hacer… – lo miré seductoramente.
– Oh sí… – rió.
Subimos al cuarto, a ustedes ya saben… “dormir”. Los chicos tomaron los instrumentos, Martín la guitarra, Felipe el bajo y Thomas se sentó en mi batería; comenzaron a tocar canciones que los tres conocían en sus diferentes instrumentos, permanecieron tocando hasta las once de la mañana, sintiendo como hervía su sangre al compás de la poderosa guitarra, del potente bajo y la veloz batería.
– ¡Estás serán las mejores vacaciones de mi vida! – gritó Thomas sentándose en el sofá de cuero.
– Este lugar es fantástico, tienes mucha suerte de que tu tía sea Nixie Bauer… mis tíos solo me dan tarjetas para navidad – rió Felipe sentado junto a Thomas.
– Nunca antes había salido del país, es primera vez que estoy tan lejos de mis padres… no creí nunca que mi tía me traería a su casa – sonrió mirando a su alrededor.
La habitación era agradable, amplia con paredes estilizadas de baldosas negras y rojas, un estudio cerrado para grabar y el resto era sitio para los ensayos y la inspiración del momento, diez guitarras, cinco de ellas eran V, dos eran electroacústicas y las otras tres variaban de forma… tradicionales o Jackson estrelladas; cinco bajos personalizados, y tres baterías con colores y adornos agresivos con detalles personalizados… todas estas maravillas eran mías y quiero seguir comprando más. Una guitarra resaltaba en una vitrina diferente… la que llamó la atención de los chicos.
– ¿Por qué esta está tan apartada de las otras guitarras? – dijo Thomas.
Una placa abajó aclaró su duda.
“Feliz cumpleaños Nixie, con amor de tu mejor amigo, Max Brown.”
– Es un regalo de tío Max – susurró Martín.
– Vaya…
Una bella guitarra V negra con un fénix rojo colorado con sus distintos colores de rojo y naranja, mango de tridente y se escribía en blanco NIXIE BAUER, un bello regalo de mi difunto amigo en el 2006.
– ¿Quieres pasar las vacaciones con tu padre? – decía extrañada Mischa.
– Si mamá – sonrió Rochelle.
– Está bien, ¿él lo sabe?
– Si, ya he hablado con él…
– Bien, vamos.
Tomó su maleta correspondiente y partieron a la casa de James, él las recibió sonriente y feliz de poder pasar tiempo con su pequeña hija, Mischa fue a mi casa a eso del medio día.
– ¿Cómo fue tu viaje?
– Bueno, sin muchas novedades – sonreí.
– Yo ahora soy divorciada – rió con orgullo.
– ¿Si? Vaya… ¿recuerdas a Martín?
– ¿Tu sobrino? Sí, ¿Por qué?
– ¡Martín! – grité.
Apareció junto a sus dos amigos, sonrió al ver a Mischa junto a mí, la abrazó feliz y sus dos amigos la saludaron.
– Pero que sorpresa – dijo Mischa. – La última vez que te vi tenías 10 años…
– Mucho tiempo, ya soy todo un hombre – rió.
– Ya veo – saboreó sus labios.
– ¡Mischa!
– Lo siento – rió.
– Mejor vamos, ya es hora – reí.
– ¿Dónde van?
– A ensayar… – levanté mis cejas.
– ¡¿Podemos ir?! – gritaron suplicando.
– No lo sé… ¿los llevamos? – dije riendo a Mischa.
– Por favor, te lo ruego tía – pidió Martín.
– Vamos chicos, suban al auto de Nixie – sonrió Mischa.
Los niños subieron a mi auto como se les pidió, yo conduje y Mischa subió como copiloto, ambas sonreíamos con el entusiasmo de estos jóvenes… nos sentíamos con esa adrenalina que podríamos dar conciertos sin parar; llegamos al lugar en donde solemos ensayar y nos encontramos con los tres sujetos que complementan la banda, ellos nos miraron sonrientes al vernos llegar junto a estos mocosos.
– Vaya ¿es tu sobrino? – rió asombrado Andréu.
– Si, que grande está ¿no? – sonreí orgullosa.
– ¡Pero que hombrecito! – lo abrazó animoso Petter.
Los chicos también saludaron ansiosos a sus amigos, Alex… se excluyó solo.
– Él es Alex, nuestro nuevo guitarrista – sonreí.
Sentí la confianza en el interior del sujeto, sonrió y saludó a los pequeños.
– Ahora que tenemos público… será mejor comenzar a trabajar – rió a toda voz Petter.
– Bien dicho, todos a sus posiciones…
Comenzamos a tocar con esa potencia que nos caracteriza, entre tanto ruido y gritos de los muchachos entró Tiffany, con sus tacos negros llamó la atención, sonreía al vernos en ese lugar… nunca me había visto ensayar.
– ¡Dios santo! – gritó.
Después de un largo rato de recordar viejas melodías, agrupar nuevas ideas e improvisar para el nuevo disco, acabamos. Nos sentamos junto a ese reducido publico que nos observaba, conversamos un rato hasta que la chica se puso molesta.
– ¿Podemos practicar ahora Nixie?
– Está bien – bufé enojada.
Era un momento cómodo que había sido arruinado por la chica que realmente estaba estorbando en mi vida; comenzamos a cantar a dúo… su voz era molesta, más que lamía.
Pasamos la tarde allí, acabando los nuevos temas para la banda y de paso dar unas lecciones de canto a Tiffany, los niños estaban asombrados y felices con todo lo que estaba pasando; tomé mis cosas y me volví a casa junto a los niños… y Tiffany, la que no decidió irse por ordenes de Jeremy.
– ¿Quieres un café o algo? – dije desde la cocina.
– Un café me vendría bien – dijo con ternura.
– Bien…
– ¿Dónde está el baño?
– Al fondo, a la derecha – dije sin girarme.
– Gracias, ya vuelvo…
Los niños habían salido a dar un paseo para visitar la ciudad, mi único temor era a que se perdieran… solo espero a que eso no pase. Llené con agua la taza hasta un poco más debajo del borde, eché el café y revolví con cuidado, la espuma en esas orillas me hacían respirar profundo… pensar en el pasado y dejarme llevar por bellos recuerdos. Sonó el teléfono y contesté despertando del trance.
– Bauer
– Hola Nixie, soy Crap…
– Hola ¿Cómo estás? – sonreí.
– Bien, ansioso para que se vengan pronto.
– Dero te lo ha contado – reí.
– Claro, ese no puede guardar muchos secretos – rió.
– Ya veo…
– ¿Está Dero?
– Claro, espera que lo busco para ti.
– Está bien, gracias.
Caminé al segundo piso, subí las escaleras y unos ruidos extraños llamaron mi atención… caminé hasta mi escritorio, de allí provenían tan místicos sonidos casi silenciosos, aún tenía el teléfono en la mano cuando lo dejé caer al empujar la puerta semiabierta.
– Vamos nene – decía Tiffany mientras besaba a Dero.
No podía creer lo que veía, ella lanzada sobre él casi como desesperada, fruncí el seño y apreté mis puños con ira, podía sentir el calor en mi rostro… a la lejanía se oía a Crap preguntando si había alguien allí.
– ¿Qué significa esto…? – dije susurrando enfurecida entre dientes.
Dero empujó a Tiffany haciendo que esta cayera al suelo, unas pequeñas lágrimas querían salir desde mis ojos, pero no lo permití.
– Amor… ella se me lanzó… no saques conclusiones antes de tiempo… yo…
– Cállate… y jódete maldito traidor – dije con esa voz, la que nadie quiere escuchar, la antigua Nixie… había aparecido.
Negué con la cabeza y salí de allí, las ganas de desaparecer me llenaban la cabeza de mil pensamientos; bajé las escaleras enfurecida, tomé las llaves de mi auto y lo abordé sin siquiera saber a donde ir. Pude sentir que Dero intentó seguirme, pero la rapidez con la que estaba actuando no le permitió alcanzarme… siempre tengo que soportar estas malditas situaciones.
Partí a la carretera y encendí el radio para intentar calmarme un poco, mi respiración se desbordaba.
– Mischa… – dije agobiada.
– ¿Nixie… qué sucede? – dijo preocupada.
– Mi sobrino y sus amigos salieron, están por llegar a casa… por favor cuídalos.
– Espera ¿Dónde estas? – gritó.
– Eso no importa, hazme el favor de cuidarlos por mi ¿si? Te lo pido como mi mejor amiga Sofía… – suspiré.
– Nixie ¿Qué te sucede? No te oyes para nada bien…
– Pues habla con Dero, cuida a Martín… te amo
– Nixie yo… – corté.
Apagué el celular y la noche cayó sobre el tejado de las casas, encendí las luces del auto… un gran dolor de cabeza maltrataba mi mente, manejar con la cabeza así no me hacía nada bien. Estoy aburrida de solo vivir decepcione, cada vez son peores y de personas que menos espero, el fantasma de la muerte abunda y ronda entre mis decisiones… lo único que quiero es desaparecer y que todo este sufrimiento acabe.
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