lunes, 8 de agosto de 2011

Chapter 38.

Me miró asombrado, sus ojos casi desorbitados y su cara de atónito me hacían pensar que había desistido de su anterior propuesta; me giré hacia la puerta del baño, dándole así la espalda en un incómodo silencio. Pensé que mi decisión le venía mal, me cuestioné varios segundos… hasta que sentí sus labios en mi nuca.

         Me alegra que te vayas conmigo… es la mejor decisión que podías haber tomado – susurró con una sonrisa en su rostro.
         ¿Si? – sonreí.
         Claro mi amor… cualquier cosa que tu digas o hagas es lo mejor…
         No mientas, a veces no tomo buenas decisiones – cerré mis ojos.
         Pero esta vez le has acertado – sus brazos me llevaron a él.

Sentí su abdomen desnudo chocar con mi espalda, su cuerpo calido me cobijó haciéndome sentir segura… una vez más.
Pasamos la noche allí, agotados de todo y con la esperanza de un buen futuro… juntos; la luna desapareció a su debido tiempo y amaneció cuando correspondía.

         ¡¡Nixie Bauer!!

Un grito me hizo despertar de mala gana, Dero despertó asustado.

         ¿Qué fue eso? – me miró desde el costado de la cama.
         No lo sé…

Me levanté, me coloqué la bata de dormir y bajé a ver que mierda estaba sucediendo, eran las 10:00 de la mañana y ese grito perturbaba mi paz, bajé lentamente las escaleras y vi a Lu para frente a mi, sonriente.

         ¿Tú has gritado? – levanté mis cejas.
         Sí, lo siento… pero debía despertarte – rió.

En eso, de la nada apareció Brian riendo.

         Pero que sexy te ves así – rió por mi ropa.
         No jodas Brian – sonreí.
         ¿Cómo estás? – sonrió Lu besando mi mejilla.
         Bien, con un poco de mareo, pero bien. Siéntense – apunté al sofá.

Apareció Dero, tan sexy como siempre, pero ni siquiera se dignó a vestirse, estaba tan solo con su boxer y sus tatuajes al aire.

         Parece que estaban ocupados – dijo Brian moviendo sus cejas.

Dero rió al igual que yo.

         Llegaste en un mal momento Haner – dijo Dero siguiéndole el juego.
         Basta de juegos, díganme a que han venido – miré a Lu.
         Cierto, como ya estamos en Julio, quería invitarte a la fiesta de cumpleaños de Synyster, ¿vendrían? – me miró dulcemente.
         ¿Fiesta? ¡Claro que vamos! – dijo jugando Dero.
         ¿Eso es un sí? – rieron los chicos.
         Claro que vamos Lu, no tenemos ningún problema – sonreí.
         Bien, recuerden que es en unos días – levantó sus cejas riendo.
         ¿Cómo vamos a olvidarnos? Somos tontos, pero no tanto – dijo sonriente Dero.
         Tú serás tonto – reí.
         Cierto, yo soy el tonto – dijo burlón.

Desayunamos junto a los chicos, compartimos el ambiente agradable por unas buenas dos horas; cuando se marcharon a su respectiva casa, sonó el teléfono, Dero se fue a dar un baño mientras yo respondí.

         ¿Hola?
         ¿Tía? – era Martín.
         Hola engendro, ¿Cómo estas? – sonreí al escuchar su voz.
         Bien ¿y usted?
         Bien… sobreviviendo – reí.
         Me alegro – rió.
         Dime ¿para que me has llamado? Hace mucho que no lo hacías…
         Sí, es que quería saber si podía irme estas vacaciones con usted allá…
         Claro que si, no tengo problema – sonreí.
         Pero dijo la abuela… si podían mis primos venir a pasarlas aquí…

Recordé a Dero.

         Claro, no hay problema, hoy mismo viajamos para allá, prepara tus maletas
         Gracias tía, te amo.
         Y yo a ti pequeño, adiós.
         Adiós – cortó.

Me levanté y corrí a mi habitación para buscar mi celular, casi caí por las escaleras.

         ¿Qué te sucede? – rió Dero viendo televisión.
         ¿Has visto mi celular?
         Sí, toma…

Me lo dio, lo encendí y marqué el número de Mac.

         ¿Qué hay? – contestó.
         Necesito pedirte un gran favor
         ¿Casarte?
         No, nada de eso – reí.
         Oh bien, dime entonces…
         Necesito cinco pasajes a Chile, lo más pronto posible…
         ¿Para cuando?
         Para hoy.
         Está bien, te llamo.
         Gracias – corté.
         ¿Para chile? – me miró un poco disgustado Dero.
         Sí, mi madre quiere que los niños pasen las vacaciones allá, con ella…
         ¿No íbamos a ir a Alemania?
         Mi amor… viviremos allí, mejor pasemos las vacaciones aquí – sonreí.

Se levantó y se posó frente a mí para poder besarme.

         Tú siempre tienes la razón – sonrió.
         No siempre – bufé riendo.

Avanzó la mañana, hicimos las maletas de los tres pequeños para que pudiesen disfrutar de su estadía con su abuela, yo y Dero no hicimos maletas porque solo estaríamos por el día.

         Ya llegué a California, quiero firmar pronto esos papeles Mischa – decía Ville por teléfono.
         Está bien, reunámonos esta tarde en casa.
         Querrás decir tú casa – dijo molesto.
         Si, eso quise decir… – respondió de igual modo.
         Bien, estaré allí como las 18:00
         Bueno, nos vemos, adiós – cortó Mischa.
         ¿Qué te dijo? – preguntó Corey mientras comía una manzana.
         Que vendrá hot, así que te pediré que cuando llegue, tu salgas a dar una vuelta, no quiero que estés aquí mientras hablo con él…
         No te preocupes primor – besó su mejilla.
         Gracias por tu comprensión Corey – susurró Mischa.
         Estos son obstáculos que debemos enfrentar, cariño – sonrió.

Un lindo gesto de su parte, no sé cuando Corey se volvió tan comprensivo y tan reflexivo, pero definitivamente me gustaba que fuese así con mi hermana, ella merecía un hombre así.

         Sales en una hora, los pasajes te los entrego en el aeropuerto – dijo Mac.
         Gracias, estaré allí en unos 45 minutos ¿está bien?
         Sí, no hay problema
         Bien, nos vemos
         Adiós – cortó.

Dero bajó las maletas de los chicos y las dejó junto a la puerta, esperamos a que los chicos bajaran y llamamos un taxi, no quería arriesgar mi auto a un robo…

         ¿Están listos? – miré a los niños.
         ¡¡Si!! – gritaron animosos.
         Bien, nos vamos a Chile – sonreí.

Dero tomó las maletas y salimos, le encargamos a Teresa el cuidado de los canes y esperamos al taxi; en unos minutos este apareció y lo abordamos, partimos al aeropuerto, era un camino largo, así tendría tiempo Mac para llegar y darnos los respectivos pasajes.

         Aquí tienen, que tengan un buen viaje los cinco – dijo mientras me abrazaba.
         Gracias querido, gracias por todo – sonreí.
         No es nada, eres una gran amiga Nixie, solo disfruta.

Se despidió de nosotros y desapareció entre la gente del aeropuerto, nosotros subimos al avión y esperamos a que despegara para por fin partir al maldito país que me vio nacer.
En el bar de Petter, los chicos bebían para acompañar a Mister B. en su desgracia, rompió con su novia Andrea y ahora estaba arrepentido de ello.

         No sé porque lo hice… pero no quiero volver a verla, me hace mal…
         Tranquilo Mister B., son cosas que pasan – dijo Alex.
         Ya vendrá una chica mejor Petter, una más madura… – rió Andréu.
         Ella entendía mis bromas, más que mi novia era como mi mejor amiga – bebió su tequila.
         Ya cálmate amigo – rió Alex.

El tipo le ponía drama a la situación siendo que no lo merita; pasó allí gran parte del día junto a los chicos que intentaban calmarlo. Por otro lado estaba Mischa en su casa viviendo los primero síntomas de su embarazo, sí… los vómitos.

         ¡Como odio esto! – gritaba desde el baño.
         Hoy fue un gran día ¿no lo crees? – rió Corey desde la cama.
         ¿Por qué lo dices?
         Pues porque firmaste los papeles del divorcio… ahora por fin tendremos tiempo para nosotros – sonrió.
         Fue una tarde agotadora y verle la cara a Ville no fue agradable – salió del baño.
         ¿Por qué? – se extrañó.
         Ya no quiero volver a verlo Corey, nada de lo que pasó quiero volver a recordar…
         Te comprendo, pero debes pensar en tu hijo, siquiera sabes si él es el padre – levantó sus cejas.
         Tú eres el padre, tú lo criaras y eso es lo único que importa… – dijo seria.

Ella hablaba en serio, los cambios recientes estaban decidiendo su futuro juntos, y ella quería que las cosas salieran bien bajo todo aspecto.
La noche llegó a California, ya era de madrugada cuando el avión aterrizó aquí en Chile, ya estaba amaneciendo; bajamos del avión con Lilian entre mis brazos, dormida. Tomamos un taxi que nos llevó a un lugar donde alquilaríamos un auto para ir a casa de mi madre, yo conduje esas dos horas desde la capital hasta la respectiva casa.

         ¿Quieres que maneje yo? – preguntó Dero amable.
         Claro que no, no sabes llegar y no conoces Chile – reí.
         Buen punto…
         Si quieres puedes dormir, el camino es muy largo – lo miré.
         Está bien, debo estar animado para conocer a tus padres – rió.
         Sí, no es broma – sonreí.

Y así lo hizo, se durmió en el asiento del copiloto, los niños dormían atrás, cada uno con su cinturón de seguridad y yo manejaba emocionada porque mi familia conocería a Dero…
Pasaron las horas y al fin llegamos a nuestro destino, estacioné el auto y toqué el timbre para avisar mi arribo en casa.

            –    ¡Tía! – gritó Martín abriendo la puerta.
         Hola a todos – sonreí con Lilian entre mis brazos.

Ya eran cerca de las 10 de la mañana aquí y sin previo aviso estaba toda mi familia reunida, me puse feliz, todos miraban extrañados a Dero y creí que era momento de presentarlo.

         Familia… él es Dero, mi novio – sonreí mirándolo.
         ¿Otro más? – rió Daniel, mi hermano mayor.
         Púdrete Daniel – bufé riendo.
         Así que tú eres el hombre que procura hacer feliz a mi hija eh – sonrió mamá saludando.
         Hola, hola – sonrió Dero.

Él no sabe mucho español, así que no entendía mucho lo que estaba pasando, entramos mientras le presentaba a Dero a mis padres y la familia de mi hermano mayor, desayunamos juntos hablando sobre el viaje largo del que veníamos llegando, los niños se activaron y querían jugar con sus primos, Martín ya se había echo mayor de edad así que participaba de nuestras conversaciones.

         Tía… yo quería pedirte un gran favor – susurró.
         Dime cariño ¿Qué pasa? – lo miré atenta.
         Me iré de vacaciones contigo… pero ¿puedo llevar a un amigo? – hizo una mueca extraña.

Reí mientras todos me miraban esperando la respuesta, Dero no entendía nada.

         Claro, puedes llevar solo dos amigos, pero avísales pronto… porque viajamos hoy en la noche – sonreí.
         ¿Hoy? – gritaron todos.
         Sí, hoy, tengo que dar un concierto… uno de los últimos…
         ¿Ultimo por que? – se extrañó mi hermano.
         Estoy embarazada… y el sonido le hace mal al bebé – sonreí tocando mi vientre.
         ¿Seré abuela otra vez? – dijo asombrada mamá.
         ¿Cuándo dejarás de tener hijos? – rió mi cuñada.
         ¡Tú cállate! – reí.

Dero se levantó y fue a jugar con los niños ya que no entendía nada, le pedí a mi sobrino que avisara a sus amigos para poder irnos esta noche.

         Sus padres no quieren que vayan… – dijo apenado.
         Vamos a hablar con sus padres – reí levantándome.

Partimos a la casa de uno, para que sus padres confiaran en mí… convencí a los primero pero a los padres del otro chico, fueron complicados.

         ¿Dónde vives tú? – me miró la madre.
         California, Los Ángeles… cerca de Hollywood – sonreí.
         ¿Y cuanto tiempo estarán allí?
         Las dos semanas de vacaciones señora, estarán bien… además es una oportunidad única para su hijo.
         Mamá déjame ir po’ – suplicó el chico.
         ¿Y los pasajes? Yo no tengo dinero – bufó.
         Yo les pago el pasaje y todos los gastos que requiera… lo único que debe llevar es su ropa – sonreí.

Después de una larga conversación la convencí, fue duro pero lo logré; el chico partió a hacer su maleta feliz, estaba emocionado.
Pasó el día, dejé a los pequeños en la casa de mi madre, me llevé a Martín y sus dos amigos: Felipe y Thomas, subimos al avión listos, Dero aburrido porque recibió las quejas de mamá sin siquiera entenderlas del todo, como sea.

         ¡No puedo creerlo! – gritaba Thomas.
         ¡Iremos a USA! – gritó Felipe.

Era la primera vez que traía a mi pequeño sobrino a mi casa, ya que era menor de edad, pero eso ahora no importaba.

         Ahora duerman, porque el viaje será largo – reí.
         Buenas noches – dijo Dero.
         Buenas noches tía y tío Dero, gracias por llevarnos – dijo sonriente Martín.

Los chicos hablaban ingles, no tendremos problemas con eso…

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