– Me alegra que te vayas conmigo… es la mejor decisión que podías haber tomado – susurró con una sonrisa en su rostro.
– ¿Si? – sonreí.
– Claro mi amor… cualquier cosa que tu digas o hagas es lo mejor…
– No mientas, a veces no tomo buenas decisiones – cerré mis ojos.
– Pero esta vez le has acertado – sus brazos me llevaron a él.
Sentí su abdomen desnudo chocar con mi espalda, su cuerpo calido me cobijó haciéndome sentir segura… una vez más.
Pasamos la noche allí, agotados de todo y con la esperanza de un buen futuro… juntos; la luna desapareció a su debido tiempo y amaneció cuando correspondía.
– ¡¡Nixie Bauer!!
Un grito me hizo despertar de mala gana, Dero despertó asustado.
– ¿Qué fue eso? – me miró desde el costado de la cama.
– No lo sé…
Me levanté, me coloqué la bata de dormir y bajé a ver que mierda estaba sucediendo, eran las 10:00 de la mañana y ese grito perturbaba mi paz, bajé lentamente las escaleras y vi a Lu para frente a mi, sonriente.
– ¿Tú has gritado? – levanté mis cejas.
– Sí, lo siento… pero debía despertarte – rió.
En eso, de la nada apareció Brian riendo.
– Pero que sexy te ves así – rió por mi ropa.
– No jodas Brian – sonreí.
– ¿Cómo estás? – sonrió Lu besando mi mejilla.
– Bien, con un poco de mareo, pero bien. Siéntense – apunté al sofá.
Apareció Dero, tan sexy como siempre, pero ni siquiera se dignó a vestirse, estaba tan solo con su boxer y sus tatuajes al aire.
– Parece que estaban ocupados – dijo Brian moviendo sus cejas.
Dero rió al igual que yo.
– Llegaste en un mal momento Haner – dijo Dero siguiéndole el juego.
– Basta de juegos, díganme a que han venido – miré a Lu.
– Cierto, como ya estamos en Julio, quería invitarte a la fiesta de cumpleaños de Synyster, ¿vendrían? – me miró dulcemente.
– ¿Fiesta? ¡Claro que vamos! – dijo jugando Dero.
– ¿Eso es un sí? – rieron los chicos.
– Claro que vamos Lu, no tenemos ningún problema – sonreí.
– Bien, recuerden que es en unos días – levantó sus cejas riendo.
– ¿Cómo vamos a olvidarnos? Somos tontos, pero no tanto – dijo sonriente Dero.
– Tú serás tonto – reí.
– Cierto, yo soy el tonto – dijo burlón.
Desayunamos junto a los chicos, compartimos el ambiente agradable por unas buenas dos horas; cuando se marcharon a su respectiva casa, sonó el teléfono, Dero se fue a dar un baño mientras yo respondí.
– ¿Hola?
– ¿Tía? – era Martín.
– Hola engendro, ¿Cómo estas? – sonreí al escuchar su voz.
– Bien ¿y usted?
– Bien… sobreviviendo – reí.
– Me alegro – rió.
– Dime ¿para que me has llamado? Hace mucho que no lo hacías…
– Sí, es que quería saber si podía irme estas vacaciones con usted allá…
– Claro que si, no tengo problema – sonreí.
– Pero dijo la abuela… si podían mis primos venir a pasarlas aquí…
Recordé a Dero.
– Claro, no hay problema, hoy mismo viajamos para allá, prepara tus maletas
– Gracias tía, te amo.
– Y yo a ti pequeño, adiós.
– Adiós – cortó.
Me levanté y corrí a mi habitación para buscar mi celular, casi caí por las escaleras.
– ¿Qué te sucede? – rió Dero viendo televisión.
– ¿Has visto mi celular?
– Sí, toma…
Me lo dio, lo encendí y marqué el número de Mac.
– ¿Qué hay? – contestó.
– Necesito pedirte un gran favor
– ¿Casarte?
– No, nada de eso – reí.
– Oh bien, dime entonces…
– Necesito cinco pasajes a Chile, lo más pronto posible…
– ¿Para cuando?
– Para hoy.
– Está bien, te llamo.
– Gracias – corté.
– ¿Para chile? – me miró un poco disgustado Dero.
– Sí, mi madre quiere que los niños pasen las vacaciones allá, con ella…
– ¿No íbamos a ir a Alemania?
– Mi amor… viviremos allí, mejor pasemos las vacaciones aquí – sonreí.
Se levantó y se posó frente a mí para poder besarme.
– Tú siempre tienes la razón – sonrió.
– No siempre – bufé riendo.
Avanzó la mañana, hicimos las maletas de los tres pequeños para que pudiesen disfrutar de su estadía con su abuela, yo y Dero no hicimos maletas porque solo estaríamos por el día.
– Ya llegué a California, quiero firmar pronto esos papeles Mischa – decía Ville por teléfono.
– Está bien, reunámonos esta tarde en casa.
– Querrás decir tú casa – dijo molesto.
– Si, eso quise decir… – respondió de igual modo.
– Bien, estaré allí como las 18:00
– Bueno, nos vemos, adiós – cortó Mischa.
– ¿Qué te dijo? – preguntó Corey mientras comía una manzana.
– Que vendrá hot, así que te pediré que cuando llegue, tu salgas a dar una vuelta, no quiero que estés aquí mientras hablo con él…
– No te preocupes primor – besó su mejilla.
– Gracias por tu comprensión Corey – susurró Mischa.
– Estos son obstáculos que debemos enfrentar, cariño – sonrió.
Un lindo gesto de su parte, no sé cuando Corey se volvió tan comprensivo y tan reflexivo, pero definitivamente me gustaba que fuese así con mi hermana, ella merecía un hombre así.
– Sales en una hora, los pasajes te los entrego en el aeropuerto – dijo Mac.
– Gracias, estaré allí en unos 45 minutos ¿está bien?
– Sí, no hay problema
– Bien, nos vemos
– Adiós – cortó.
Dero bajó las maletas de los chicos y las dejó junto a la puerta, esperamos a que los chicos bajaran y llamamos un taxi, no quería arriesgar mi auto a un robo…
– ¿Están listos? – miré a los niños.
– ¡¡Si!! – gritaron animosos.
– Bien, nos vamos a Chile – sonreí.
Dero tomó las maletas y salimos, le encargamos a Teresa el cuidado de los canes y esperamos al taxi; en unos minutos este apareció y lo abordamos, partimos al aeropuerto, era un camino largo, así tendría tiempo Mac para llegar y darnos los respectivos pasajes.
– Aquí tienen, que tengan un buen viaje los cinco – dijo mientras me abrazaba.
– Gracias querido, gracias por todo – sonreí.
– No es nada, eres una gran amiga Nixie, solo disfruta.
Se despidió de nosotros y desapareció entre la gente del aeropuerto, nosotros subimos al avión y esperamos a que despegara para por fin partir al maldito país que me vio nacer.
En el bar de Petter, los chicos bebían para acompañar a Mister B. en su desgracia, rompió con su novia Andrea y ahora estaba arrepentido de ello.
– No sé porque lo hice… pero no quiero volver a verla, me hace mal…
– Tranquilo Mister B., son cosas que pasan – dijo Alex.
– Ya vendrá una chica mejor Petter, una más madura… – rió Andréu.
– Ella entendía mis bromas, más que mi novia era como mi mejor amiga – bebió su tequila.
– Ya cálmate amigo – rió Alex.
El tipo le ponía drama a la situación siendo que no lo merita; pasó allí gran parte del día junto a los chicos que intentaban calmarlo. Por otro lado estaba Mischa en su casa viviendo los primero síntomas de su embarazo, sí… los vómitos.
– ¡Como odio esto! – gritaba desde el baño.
– Hoy fue un gran día ¿no lo crees? – rió Corey desde la cama.
– ¿Por qué lo dices?
– Pues porque firmaste los papeles del divorcio… ahora por fin tendremos tiempo para nosotros – sonrió.
– Fue una tarde agotadora y verle la cara a Ville no fue agradable – salió del baño.
– ¿Por qué? – se extrañó.
– Ya no quiero volver a verlo Corey, nada de lo que pasó quiero volver a recordar…
– Te comprendo, pero debes pensar en tu hijo, siquiera sabes si él es el padre – levantó sus cejas.
– Tú eres el padre, tú lo criaras y eso es lo único que importa… – dijo seria.
Ella hablaba en serio, los cambios recientes estaban decidiendo su futuro juntos, y ella quería que las cosas salieran bien bajo todo aspecto.
La noche llegó a California, ya era de madrugada cuando el avión aterrizó aquí en Chile, ya estaba amaneciendo; bajamos del avión con Lilian entre mis brazos, dormida. Tomamos un taxi que nos llevó a un lugar donde alquilaríamos un auto para ir a casa de mi madre, yo conduje esas dos horas desde la capital hasta la respectiva casa.
– ¿Quieres que maneje yo? – preguntó Dero amable.
– Claro que no, no sabes llegar y no conoces Chile – reí.
– Buen punto…
– Si quieres puedes dormir, el camino es muy largo – lo miré.
– Está bien, debo estar animado para conocer a tus padres – rió.
– Sí, no es broma – sonreí.
Y así lo hizo, se durmió en el asiento del copiloto, los niños dormían atrás, cada uno con su cinturón de seguridad y yo manejaba emocionada porque mi familia conocería a Dero…
Pasaron las horas y al fin llegamos a nuestro destino, estacioné el auto y toqué el timbre para avisar mi arribo en casa.
– ¡Tía! – gritó Martín abriendo la puerta.
– Hola a todos – sonreí con Lilian entre mis brazos.
Ya eran cerca de las 10 de la mañana aquí y sin previo aviso estaba toda mi familia reunida, me puse feliz, todos miraban extrañados a Dero y creí que era momento de presentarlo.
– Familia… él es Dero, mi novio – sonreí mirándolo.
– ¿Otro más? – rió Daniel, mi hermano mayor.
– Púdrete Daniel – bufé riendo.
– Así que tú eres el hombre que procura hacer feliz a mi hija eh – sonrió mamá saludando.
– Hola, hola – sonrió Dero.
Él no sabe mucho español, así que no entendía mucho lo que estaba pasando, entramos mientras le presentaba a Dero a mis padres y la familia de mi hermano mayor, desayunamos juntos hablando sobre el viaje largo del que veníamos llegando, los niños se activaron y querían jugar con sus primos, Martín ya se había echo mayor de edad así que participaba de nuestras conversaciones.
– Tía… yo quería pedirte un gran favor – susurró.
– Dime cariño ¿Qué pasa? – lo miré atenta.
– Me iré de vacaciones contigo… pero ¿puedo llevar a un amigo? – hizo una mueca extraña.
Reí mientras todos me miraban esperando la respuesta, Dero no entendía nada.
– Claro, puedes llevar solo dos amigos, pero avísales pronto… porque viajamos hoy en la noche – sonreí.
– ¿Hoy? – gritaron todos.
– Sí, hoy, tengo que dar un concierto… uno de los últimos…
– ¿Ultimo por que? – se extrañó mi hermano.
– Estoy embarazada… y el sonido le hace mal al bebé – sonreí tocando mi vientre.
– ¿Seré abuela otra vez? – dijo asombrada mamá.
– ¿Cuándo dejarás de tener hijos? – rió mi cuñada.
– ¡Tú cállate! – reí.
Dero se levantó y fue a jugar con los niños ya que no entendía nada, le pedí a mi sobrino que avisara a sus amigos para poder irnos esta noche.
– Sus padres no quieren que vayan… – dijo apenado.
– Vamos a hablar con sus padres – reí levantándome.
Partimos a la casa de uno, para que sus padres confiaran en mí… convencí a los primero pero a los padres del otro chico, fueron complicados.
– ¿Dónde vives tú? – me miró la madre.
– California, Los Ángeles… cerca de Hollywood – sonreí.
– ¿Y cuanto tiempo estarán allí?
– Las dos semanas de vacaciones señora, estarán bien… además es una oportunidad única para su hijo.
– Mamá déjame ir po’ – suplicó el chico.
– ¿Y los pasajes? Yo no tengo dinero – bufó.
– Yo les pago el pasaje y todos los gastos que requiera… lo único que debe llevar es su ropa – sonreí.
Después de una larga conversación la convencí, fue duro pero lo logré; el chico partió a hacer su maleta feliz, estaba emocionado.
Pasó el día, dejé a los pequeños en la casa de mi madre, me llevé a Martín y sus dos amigos: Felipe y Thomas, subimos al avión listos, Dero aburrido porque recibió las quejas de mamá sin siquiera entenderlas del todo, como sea.
– ¡No puedo creerlo! – gritaba Thomas.
– ¡Iremos a USA! – gritó Felipe.
Era la primera vez que traía a mi pequeño sobrino a mi casa, ya que era menor de edad, pero eso ahora no importaba.
– Ahora duerman, porque el viaje será largo – reí.
– Buenas noches – dijo Dero.
– Buenas noches tía y tío Dero, gracias por llevarnos – dijo sonriente Martín.
Los chicos hablaban ingles, no tendremos problemas con eso…
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