Y el amanecer se hizo presente con una agonía en pleno silencio,
mientras todos reposaban en sus camas en plena madrugada, nosotros recién
bajamos del avión para volver a casa. Los rostros eran de furia retenida,
también de incomprensión y dudas; pero eso ya se les pasará, es la sensación
del momento; claro está también que Jackson era el más furioso de todo, con el
avanzar de los días es obvio que me acusaría con la disquera y tendría que
enfrentarme a graves problemas económicos, los cuales sabré soluciona en su
momento.
Cada uno emprendió camino a su respectiva casa, aunque todos saben que
no vivimos tan lejos el uno del otro, la más alejada era Lu, que vivía a eso de
10 cuadras más lejos que el grupo en general. Ville fue por Mischa, Andréu y
Alex se fueron juntos en un taxi, Lu me acompañó unas cuadras para hablar
respecto a lo que había pasado en Europa estos intensos días.
–
Así que las cosas se pondrán complicadas – dije como una
tortura.
–
Pero debes tener en mente que es lo mejor para ti, siempre
has dicho que los demás no importan… pero ten en mente que la decisión que
tomes afectará a mucha gente – levantó sus cejas.
–
Lo sé, eso lo tengo claro, pero creo que es lo
correcto, y si no, pues me jodo y huyo de todo – reí.
–
Tampoco tan extremista – rió – Debes hacer lo que mande tu
corazón.
–
Ese el problema, ya no sé lo que me manda, han
pasado tantas cosas que ya no sé lo que pueda pasar Lu, ¿sabes? Antes las cosas
eran más fáciles, es triste tener que llegar al punto de sentir que todo lo que
has hecho… han sido cometer errores, uno tras otro, sin medir consecuencias.
–
Eso le pasa a todo el mundo, no serás la primera ni
la última Nixie, solo debes pensar bien las cosas, no te apresures en tomar
decisiones, reflexiona y verás que las cosas son más simples de lo que parecen
– sonrió tocando mi hombro.
Comprendía su preocupación como una hermana mayor, pero en verdad
nadie podía quitarme este miedo de mi interior. Cuando logramos avanzar casi
tres cuadras, Lu decidió tomar un taxi para llegar a su casa, mientras que yo
vagué por las calles de un café en otro, buscando un lugar apto para relajarme
de toda la tensión que tenía en la cabeza, lograr que mis nervios se
tranquilizaran era esperar un Apocalipsis.
A eso del medio día, mientras permanecía en el café de la quinta
avenida, mi celular se dignó a sonar, lo miré de reojo: era Sean. ¿Debía responder?
Era lo correcto, pero algo muy en el fondo de mí me decía que era una mala
idea, pese a ello, hice lo que cualquiera en sus cabales haría.
–
Hola amor – cerré los ojos sin mucho ánimo.
–
Hola cielo ¿Dónde estás?
–
Por ahí, tomando un café.
–
Mischa
llegó hace dos horas, ¿Por qué no has llegado a casa aún? ¿Pasó algo? – decía
preocupado.
–
Tranquilo, las cosas están bien – mentí – Estaré en casa en una
hora, creo.
–
¿Cómo que
crees? No me mientas cielo, ¿estás segura que no ha pasado nada? –
insistía.
–
Ya te dije. Debo hacer unas cosas sin importancia y
vuelvo contigo dentro de un rato Sean, no te preocupes, las cosas están bien…
–
Confío en
ti mi vida, los niños están en la escuela y yo debo ir a Hollywood para
arreglar unos asuntos pequeños, pero vuelvo a casa en menos de dos horas. Sólo
te aviso por si llegas antes y no me encuentras.
–
Está bien, lo tendré en cuenta. Nos vemos entonces,
cuídate mi amor.
–
Te amo,
hasta pronto – cortó.
¿Y ahora
qué? Lo menos que quería hacer era volver a casa, estar cerca de alguien
que me adoraba con su vida, pero que pese a ello, yo era una idiota que volvía
a sufrir por culpa de su pasado proveniente de una vida sin límites. Ahora
debía empezar a comprender mejor las cosas, lo que estaba pensando debía
arreglarlo, y qué mejor para ello que ir a la raíz del problema. Tomé mi
teléfono una vez más y marqué el número de Corey, ya hace bastante tiempo que
lo vi por última vez, por lo que sería obvio que se extrañaría por mi llamado,
cuando contestó su alegría era notoria, le pedí que nos reuniéramos, Naomi no
estaba en casa así que podría ir allá y conversar sin preocupaciones, lo que me
parecía fantástico.
Salí de la cafetería luego de pagar todo lo consumido, caminé afuera y
tomé un taxi, demoré unos 15 minutos en llegar a las afueras de la casa de la
familia Taylor, bajé luego de pagarle al sujeto amablemente y caminé hasta la
puerta sin estar segura de lo que debía pasar ahora. Estaríamos solos, él, yo y
la constante incómoda situación del anhelo sin concretar…
–
Hola – sonrió ampliamente cuando abrió la puerta.
Sonreí
como en aquellos años, coquetamente pero totalmente cohibida, él encogió sus
ojos disfrutando de los recuerdos que aparecieron en su cabeza al verme de esa
forma.
Entonces, sin más, tomé su rostro con fuerza y lo besé con pasión; para
que la situación no se saliera de control y que nadie fuera testigo de aquello,
Corey tomó mi cintura y me hizo entrar para luego cerrar la puerta y apoyarme
contra la pared junto a la entrada de la casa y podernos besar más en privado,
con aquella lujuria que se hacía abundante cada vez que estábamos juntos. Su
carnosa lengua hacía contacto con la mía de una manera dulce, sin ser agresivo,
su pasión retenida siempre era guardada para un momento como este… en el que
los actos se hacían fundamentales. Nuestras bocas se abrían y cerraban dando
paso a nuestras respiraciones que se hacían solo una, sus manos acariciaban mi
espalda baja y mis nalgas, a él le gustaba acariciarlas; y mis manos sostenían
sus mejillas para no dejarlo ir, no quería volver a tenerlo lejos.
Poco
a poco los recuerdos se volvieron fundamentales, trayendo a nosotros aquella
emoción de los años pasados, el jugueteo que era tan característico entre
nosotros; mis piernas rodearon su cintura y él me llevó como un koala hasta el
sofá y se sentó conmigo sobre sus muslos. Mientras nos seguimos besando, la
amargura iba desapareciendo, la desesperación ya no era más que algo pasajero
que alguna vez apareció por culpa de mis remordimientos que nunca en mi vida
tuvieron sentido para mí.
Él
con cuidado desabrochó mis jeans y los bajó poco hasta la zona alta de mis
rodillas, él sonreía como un desquiciado mientras acariciaba mis muslos, me
encantaba esa sonrisa… me volvía loca. Con mero cuidado desabrochó sus
pantalones y le dio paso a su amigo sin necesidad de desnudarnos por completo,
me acomodó sobre él con esa sensualidad que tanto lo destaca y sin excedernos
como siempre, dimos inicio al acto sexual. Mientras él hacía de las suyas
impulsando a su miembro dentro de mi entrepierna, yo gemía como una niña en su
cuello, lo que provocaba en él las ganas de darme más y más, se movía con
cuidado para no perder la pose tan perfecta que estábamos llevando a cabo,
sujetaba mis caderas para mantenerme sobre él y mover mi trasero a su preciada
gana. Su respiración agitada me daba ganas de permanecer haciendo el amor con
él todo el día, pero ambos sabíamos que eso no era posible; pese a ello,
disfrutamos el momento como siempre lo hacíamos.
Llegando
al clímax, y haciéndome sentir una niña pequeña en su primera vez, el grito
orgásmico se debe haber escuchado en toda la casa, él sudaba de esa manera
sensual y yo besaba su cuello al sentirme segura entre sus brazos. Seguimos
besándonos un rato más mientras volvíamos a subirnos los jeans y hacer como si
nada hubiese pasado, permanecimos en la misma pose todo el tiempo. Hasta que
declaré lo que sentía.
–
Hay algo que debes saber – sostuve su rostro y lo miré
directo a los ojos.
–
¿Qué sucede? – susurró.
–
Te amo…
–
Yo también te amo linda – sonrió de costado, encogiendo sus
ojos, volviendo a besarme.
–
Pero es en serio – recriminé.
–
Lo mío también, y lo sabes.
–
Volvamos… Corey, huyamos lejos de aquí, juntos…
Entonces sus ojos me mostraron que no comprendía de lo que hablaba, y
en sí ya era extraño que apareciera de la nada y le pidiera que nos fuéramos,
luego de que hicimos lo imposible para alejarnos y comenzar una vida nueva cada
uno con personas diferentes. Tomó mi rostro y besó mi frente con cariño, eso
significaba que algo andaba mal, y no me gustaba…
–
¿Por qué? ¿Qué fue lo que te pasó? De la misma nada quieres
volver conmigo… – se extrañó.
–
Me di cuenta que… tú eres el amor de mi vida, las cosas que
han pasado han sido, no lo sé. Simplemente me di cuenta que sin ti no puedo
vivir, tú me mantienes viva – cerré los ojo sufriendo.
–
Me encantaría irme contigo ¿sabes? Tú eres la mujer
de mis sueños, mi musa inspiradora, jamás te cambiaría por nadie…
–
¿Pero? – dije con dolor.
–
Pero hay algo que no sabes… y que no te va a gustar – susurró mirando a otro
lugar.
–
Corey, no importa lo que sea, podemos irnos y
olvidarnos de todo – sonreí apenas.
–
Naomi
está embaraza…
Y mi presión bajó al subterráneo del infierno. Todo parecía tan lindo,
que era obvio que algo como esto debía pasar justo cuando estoy tomando
decisiones fuertes, y completamente decidida de mis capacidades.
–
¿Qué?
–
Ahora fue al doctor para ver como está la criatura,
tiene 7 semanas de gestación… Voy a tener un hijo… con Naomi – dijo apenado.
–
¿Por qué no me lo habías dicho? – se me partía el
alma.
–
Porque me enteré hace poco, ella comenzó con
malestares y la llevé al hospital, la diagnosticaron hace 5 días, nada más.
–
No puedo creerlo… – miré el vacío, me senté junto a
él.
–
No puedo abandonarla ahora, si hubieras… aparecido
antes, tal vez las cosas serían diferentes – miró sus pies, negando con su
cabeza.
–
Dijiste que no estabas preparado, que siempre
usarías protección y todo – le recriminé, estaba dolida.
–
¡Sé lo
que te dije! – me miró con los ojos llorosos – Pero a veces
olvido ciertas cosas, y una noche pasó de la nada que olvidé usar protección y
pasó, simplemente pasó…
–
¿Ahora qué? – quería llorar.
–
No lo sé, no sé lo que va a pasar, no sé lo que
tengo que hacer. Ahora más que nunca, no quiero perderte… pero tampoco a Naomi – guardó silencio mirando
sus pies otra vez – Lo peor es que tú tienes la culpa.
–
¿Qué? – me extrañé.
–
Si nunca hubieras puesto a esa chica en mi camino,
nada de esto estaría pasando. Tú la metiste en mi vida, gracias a ti acabé como
estoy…
–
Piensa bien las cosas que harás mi amor – besé su
mejilla y comencé a llorar.
–
Créeme que aún no entiendo porque cambiaste tan
repentinamente – me miró y rozó su nariz con la mía.
–
Abrí los ojos, ya te dije. – besé sus labios con cuidado –
Ahora me voy antes de que Naomi llegue…
–
Está bien, mañana iré a verte, así que si no estás
en casa me avisas y nos reunimos luego o en algún otro lugar ¿de acuerdo? –
sonrió como enamorado.
–
Te avisaré cualquier cosa, te amo. No lo olvides –
volví a besar su cuello.
–
Y yo te amo a ti mi amor – se puso de pie.
Sonreí, me levanté para irme, me llevó hasta la puerta y antes de que
la abriera tomó mi rostro con fuerza, su boca se impregnó en la mía, su saliva
me pertenecía tanto como la mía a él, fue un largo beso de despedida. Abrió la
puerta y me marché con un peso menos en mi cabeza y corazón, ahora tendría que
volver a mentir en casa, decir que nada había pasado, y permanecer así hasta
que Corey me de la respuesta definitiva sobre lo que pasará con nosotros,
aunque con la noticia del embarazo de Naomi, todo quedaba al azar.
Y los perros ladraron de una manera llamativa, con una alegoría que me
hacía sonreír, entré en casa luego de abrazar a mis dos grandes rottwillers,
Teresa me saludó como lo hacía siempre, preguntando como me había ido y las
cosas que habían pasado, que si había conocido a alguien interesante y cosas
sobre la ciudad en la que estuve. Subí al cuarto de los gemelos y los observé
con atención, estaban tan grandes… dos años ya habían pasado, cada día crecían
más y se parecían más a mi hermano cuando era un bebé, de esos que parecen
modelos, solo de los que salen en las películas. Ellos me vieron y rieron,
emocionados, intentando decir mamá de una manera entendible, tomé a Derek
primero entre mis brazos y lo besé con cuidado en su cabeza anaranjada. Luego a Dero quien gritaba riendo, lo abracé y
le besé de igual modo; ver a los dos tan felices con mi presencia me hacía
sentir la peor mujer del mundo, ¿en
verdad podía ser tan despreciable? Es decir, estaba casada con un hombre
maravilloso, que se había comportado como un padre esplendido, pero que pese a
ello… yo le era infiel incluso en el pensamiento. ¿Por qué tengo que ser tan
cruel? ¿Por qué simplemente no puedo permanecer interesada en solo una persona?
Cada vez me detestaba más.
Estuve con los pequeños, disfrutando de cada uno de ellos por sus
diferencias que solo Sean y yo podíamos reconocer, sus sonrisas me hacían
feliz, me llenaban de esperanzas al imaginar que las cosas podían mejorar, pero
en verdad… ¿eso podrá pasar?
Pasó una media hora para que Teresa abriera la puerta avisando de la
llegada de Sean a la casa, lo malo de todo es que no venía solo, si no que uno
de sus amigos actores, en realidad no me interesaba en este momento compartir
con alguien que no conocía, así que preferí que arreglaran sus asuntos y que
luego él me buscara. Y así fue, charlaron unos veinte minutos y Sean subió al
cuarto de los gemelos, me puse de pie y lo abracé con fuerza, para sentirme protegida
y segura incluso de mí misma, su calor corporal era acogedor. Besó mi cabeza
mientras que me rodeaba con sus brazos.
–
¿Por qué has vuelto antes?
–
Problemas con el staff, preferí volver, además Krox me
llamó para decirme que mi madre está enferma – sonreí.
–
Oh si, algo me ha dicho el otro día…
–
Y bueno, ya estoy aquí – besé su barbilla.
–
Eso me hace muy feliz – sonrió y besó mis labios con
ternura – ¿Has
visto como han crecido estos hombrecillos? – rió.
–
Sí, es impresionante…
Charlamos un poco de las cosas que habían pasado en mi ausencia, de lo
bien que les estaba yendo en la escuela a los cuatro pequeños, Cristal ya tenía
13, Alexander 9, Lilian 7 y Lola 10, era impresionante como el tiempo pasaba
tan rápido y yo siquiera me daba cuenta de que yo también estoy envejeciendo.
Pasaron los días, dando paso ya a Navidad y al término del año, ya se
nos venía otro encima, anunciando nuevas noticias; Naomi se hizo presente el 3
de Enero anunciándome su embarazo, tuve que disimular mi dolor con una sonrisa
fraternal y carismática, más que mal, para ella yo he sido muy importante, o al
menos eso es lo que ella solía repetirme cada vez que me veía. Se acercaba
rápido mi cumpleaños número 36, y las maravillas se hacían realidad, la banda
surgía bien, la gira mundial fue pospuesta hasta que yo estimase conveniente,
mientras tanto, damos conciertos dentro del país, y asistimos a cada evento que
se nos ofrece, como festivales y esas cosas.
La estrategia de parecer una chica fuerte ha vuelto a aparecer dentro
del juego, mi figura está volviendo a tener tanto respeto como lo solía tener
hasta hace dos años atrás, mi carácter volvía a ser el mismo, sé que prometí
cambiar, pero las cosas son relativas, los pensamientos son de dudosa
procedencia y en verdad a nadie le importa en serio lo que me pase.
Ya era seguro que mi vida estaba echa mierda en todas sus letras, pero
soy una buena madre, buena esposa… y amante, buena amiga y todas esas cosas que
suelen decir. Pero en verdad yo no creía nada de eso, sé que soy una mala
persona y lo seguiré siendo hasta que deje de respirar… hasta entonces prometo
vivir al máximo cada segundo, aunque tenga que ser condenada de por vida contra
el mundo. Me da igual.
–
Entonces… ¿Piensas renunciar a la banda? – me miró Mischa.
–
Sí, es decir, ya sabes, la carrera de solista es aburrida –
reí.
–
Solo pertenecerás a Nevinger, eso me gusta, serás
toda nuestra – movió sus cejas de arriba abajo.
–
Como siempre debió ser… – bebí el vodka.
–
Bueno, nos vemos mañana en la oficina, las guitarras
deben ser fiscalizadas y el agente europeo ya está fastidiando con los nuevos
modelos – se puso de pie.
–
Está bien, nos vemos mañana, llevaré el contrato con
la afiliación de las guitarras Gibson – sonreí.
–
Bien. Adiós enana…
No hay comentarios:
Publicar un comentario