martes, 27 de marzo de 2012

Chapter 81.



Sus caras eran diferentes, ambas demostraban una inquietud terrible, estaban llenas de coraje… uno del cual jamás había sido testigo. Entonces Andréu de brazos cruzados se paró junto a mí y con su mejor tono irónico pidió que hablaran.

         ¿Bueno? – dijo él.
         La decisión ya está tomada – dijo Mischa con una cara de zombie, sin expresión alguna.
         Entonces hablen – dije sin ánimo.

Volvieron a intercambiar miradas en un incómodo silencio. El staff permanecía distante, sin ser auditores de la charla que comenzaría a calmar mis nervios, tenía al francés a mi derecha y a Alex a mi izquierda, esperando que Mischa y Lu comenzaran a hablar.

         ¿Vine a perder mi tiempo? – dije un poco harta.
         No, nada de eso – dijo Mischa con miedo.
         Todo volverá a ser como antes – sonrió Lu poco convencida, mirando a Mischa de costado.
         Sí… las cosas mejorarán y seremos felices para siempre – sonrió ampliamente Bauer.

Andréu y Alex rieron, yo sonreí de costado por su comentario. Asentí esperando que así fuera, que no fuera una de sus bromas para dejarme callada por un tiempo. Entonces las abracé con fuerza, sin sonreír, con un aire frío y tal vez cruel, no sé como llamarlo, pero no de una manera fraternal a como estaba tan acostumbrada.

Avanzaron las horas del día, nos llevaron al hotel y tuvimos calma, hablé con mis hijos por teléfono y hablé con mi hermano, diciéndome que mi madre estaba complicada de salud, que no se veía bien y lo que me dejó más preocupada de lo que debía estarlo… sería el colmo que le pasara algo ahora que todo estaba yendo bien.

“No creas que las cosas se están saliendo de control, es normal que pase todo esto. Deberás enfrentarlo una y otra vez, más de las que alguna ves tuviste en mente… y todo eso te va a pasar si quieres hacer bien tu trabajo, no te dejes derrotar ante nada, yo sé que tú puedes.”

         Está bien, es hora – golpeó Jackson en la puerta de mi cuarto.
         Ya voy – dije poniéndome de pie.
         La van está abajo, toma tus cosas y apresúrate.

Asentí como si él me estuviese mirando, pero en realidad no era así. De todos modos, tomé mi chaqueta de cuero y emprendí camino abajo, bajé por las escaleras entonando una de las viejas canciones de la banda, llegué abajo con cinco minutos de retraso, recibiendo regaños de parte de todos; en realidad me daba igual, solo quería acabar con todo.

         ¿Tienes un cigarrillo? – miré a Alex.
         Claro – dijo amable.
         ¿Desde cuando fumas? – se extrañó Mischa.
         Eso no te importa.
         Claro que me importa, sabes que eso te hace daño – frunció el seño.
         Sólo cállate – bufé.

Acabé el cigarrillo y lo lancé por la ventana mientras mi hermana miraba a Andréu de una manera intrigante, imaginando que algo estaba sucediendo. Sus pensamientos eran predecibles, pero preferí no decir nada para no crear líos ni algo por el estilo, la música de la van me mantenía inquieta, tenía un mal presentimiento y me sentía incómoda con tanta gente junto a mí, observándome y juzgando cada uno de mis actos a los cuales ellos deberían estar acostumbrados.

Llegamos al estadio más grande de Roma, entramos por donde se nos indicó, nos vestimos, nos maquillamos las chicas y los hombres fueron peinados. Subimos al escenario a las 22.20 horas y los gritos aclamaban nuestro nombre, pero en especial el mío. La música comenzó a sonar, haciendo que todo el público se exaltara, saltara, gritara y cantara todas nuestras canciones, los clásicos de siempre y las nuevas melodías que tanto les habían fascinado.

Las lágrimas fueron derramadas, la nostalgia comenzó a vibrar en mi interior cuando el nombre de Max comenzó a ser dicho por más de 10.000 personas en un mismo lugar, el valor imponente que se hizo presente declaró la guerra con mi subconsciente, la guitarra de regalo apareció sobre el escenario y fue tocada con un anhelo que jamás se concretó; Mischa y Alex me acompañaron con aquellos solos de guitarra que tanto representaban al chico de California que ahora no está. Las melodías se tornaban más poderosas a lo que estábamos acostumbrados, la improvisación se volvió un arma fundamental en este momento, todo el estrés era llevado através del aire que podía echarse dentro de una botella tantas veces que el oxígeno en la luna sería gratis. No sabía lo que pasaba, pero jamás en mi vida me había agotado tanto con una guitarra en mano…

“Y las lágrimas serán derramas en el momento preciso, justo cuando la agonía se vuelva parte del presente y cuando sientas que en realidad ya no puedes seguir soportando esto…”

         Perfecto, jamás los vi tan prendidos como hace un rato – dijo Jackson mientras caminábamos a la van para irnos.
         ¡Fue genial! Nunca me había sentido así – sonreía animado Alex junto a mí.
         No sé lo que pasó allá arriba, pero fue grandioso – reía Lu.

Hubo muchos buenos comentarios, pero de mi parte no hubo ninguno. La armonía que existía no me pertenecía, simplemente quería estar aislada, pero debía disimularlo. Cuando subimos a la van, me senté en el último asiento, lejos de todos, me puse mis audífonos y comencé a escuchar viejas canciones que me hicieron sentir peor, las lágrimas no podían evitar contenerse, se derramaron por mis mejillas sin retención, escuchar la voz de Dero era como torturarme de una manera única y especial, aunque lo recordase todos los días, yo sufría cada vez más su ida. Él fue el hombre que más me comprendió, compartió las mismas experiencias que yo, pero que pese a nuestras diferencias pudimos lograr llegar lejos, pero no duro mucho para que la vida me arrebatara aquella maravilla.

Comenzamos a adentrarnos en la carretera de la ciudad que nos llevaría al hotel y mi llanto no cesaba, los chicos me miraban preocupados y ansiosos por acercarse y arrimarme, pero bien sabían que cuando quería estar sola debían dejarme o los golpearía.

Llegamos al hotel luego de una larga media hora de estar atascado en el transito, a dos cuadras del hotel había un autobús varado que no dejaba avanzar a nadie, lo cual nos hizo llegar más tarde. Cada uno bajó con su mochila y subió a su cuarto, preferí bajar al final e irme por ahí un rato para despejar la mente, bajé hasta una fuente que había en un parque cercano, me senté en aquella banca que estaba en frente y miré como el agua se mecía por efecto del viento.

“Tus lágrimas serán la justicia de los desolados, los peores errores que puedes cometer son aquellas decisiones de las que no estás segura que son las correctas. No emitas sensaciones bajo presión porque pueden condenarte de por vida… deja que las cosas fluyan bajo el nombre de improvisación porque así la vida se hace más exquisita. No debes dejarte llevar por el momento porque eso te matará poco a poco al ver que nada dura para siempre.
No dejes que el sediento miedo te atormente noche tras noche, perderás el sueño y conciliarlo te acabará por hacer levantarte con agonía, la desesperación devorará tus energías y te derrumbarás bajo el efecto de vida que tú elegiste. No niegues que eres humana, todos erramos, todos mentimos… solo que tú lo haces mejor que alguno que haya conocido.”

         Quítame esta amargura – dije mientras comenzaba a llorar, mirando el cielo estrellado.

Las sensaciones volvían a tener control sobre mí, en realidad estaba perdiendo el rumbo al sentirme tan sola. Me estaba volviendo dependiente de personas, lo que jamás me había pasado, estaba necesitando estar con Sean, con nadie más que él… las cosas han cambiado mucho el ultimo tiempo, pero jamás creí que yo estaría tan mal.

De la misma nada apareció una chica que se sentó junto a mí, sacó un cigarrillo y comenzó a fumar, era rubia, con un perfil muy lindo, como una de esas modelos que salen en televisión, sus ojos no pude distinguirlos, pero usaba maquillaje pesado, una oscura sombra color negra y delineador cargado como lo hacía yo de vez en cuando, sus labios no llevaban labial, pero al natural se veían bien mientras masticaba chicle y expulsaba el humo del cigarrillo.

         ¿Qué haces aquí tan tarde? – dijo apoyando su espalda contra el respaldo de la banca.

Solo la miré de reojo, no iba a comenzar a hablarle porque ella quería… no tenía ni idea de quien era.

         Es muy tarde para que una chica esté sola en un lugar como este – dijo en su mejor tono español.
         I don’t speak spanish – mentí.
         ¿Ah no? Pues que mal... pensé que podía contarte mis problemas y que me entenderías, tenéis cara de ser una buena persona – me miró sonriendo.

Y tal como se pueden imaginar, no entendía nada de la situación. No sabía quien era ella, no tenía idea si me conocía de algún lado y solo me estaba fastidiando, ni mucho menos… ¿Por qué quería hablar conmigo?

Entonces comenzó, poco a poco en español fue relatándome los problemas que tenía con su novio. Que él no la entendía, pasaba todo el día viendo televisión y tocando la guitarra, él tenía una banda con sus mejores amigos y parecía que eso era más importante que ella en su vida. Cuando tenían relaciones él no le decía que la amaba, solo se dormía luego de que saciaba sus necesidades; cuando pasaban tiempo solos hablaban cosas que harían a futuro, jamás podían aprovechar el presente saliendo de paseo o viendo una película juntos, porque algo no estaba bien entre ellos. Pero ella no podía dejarlo, él era el amor de su vida, el hombre que siempre había querido desde pequeña, él había sido su último novio en la facultad, el que le enseñó matemáticas y aprobó la materia con éxito, él la complementaba cada vez que le decía que la amaba, pero que aunque las cosas fueran mal… ella jamás dejaría de amarlo porque él la hacía sentir humana.

         Y una chica, amiga de mi amiga… comenzó a enviarle cartas diciendo que yo no lo amaba, que no le quería, ya sabéis, haciendo que las cosas se complicaran – encendió otro cigarrillo – Y él fue corriendo donde yo estaba y me gritó en la cara de que era una mentirosa, que solo le ocultaba cosas. Me sentí mal ¿sabes? – me miró.

Comencé a recordar, la situación me sonaba un tanto familiar... pero dejé que continuara.

         Entonces hablamos durante horas y horas, donde le aclaré todo, y el me dijo que la chica lo había estado acosando desde hace ya varios días. Comprendí que ella quería quedarse con él ¡Pero que se joda! Gabriel es mío, mi novio, no el de ella – reprochó como una niña.
         ¿Y qué te dijo luego? – encogí mis ojos, observando atenta.
         Pues que él me amaba a mí y que no aceptaría que nadie se entrometiera entre nosotros, que nuestro amor era puro y verdadero… que podían pasar miles de cosas y que me seguirá amando – sonrió.
         ¿Y por qué te gritó entonces? – levanté una ceja haciéndome la interesada.
         Pues porque no quería perderme, me gritó porque él no quería que yo estuviese con otro hombre. Es una ternura ¿sabes? Fue allí cuando comprendí que nosotros estábamos destinados a estar juntos para siempre – miró el cielo y lanzó lejos la colilla del cigarrillo.

Aquellas palabras me cayeron como un balde de agua fría. Era demasiada coincidencia para que el cielo comenzara a caerse, la tierra abrirse y que yo pudiera hablar en jerigonza. ¿Acaso esta chica había venido con un fin? ¿Acaso el pasado puede seguir siéndome tan tortuoso…? La historia con Corey se hacía presente una vez más, pero esta vez abrí los ojos de una manera aterradora, haciéndome recriminar todo lo que había pasado, incluso cuestionarme la existencia de mis hijos… los que jamás deberían haber presenciado como yo me fui deteriorando con los años por culpa de un terrible error que nunca debí cometer.

         Me mentiste, sabes hablar español – me dijo riendo, encendiendo otro cigarrillo.
         No debías saber ciertas cosas – dije mirando el frente, ignorando su mirada.
         ¿Queréis un cigarrillo, chica mentirosa? – sonreía como lo hacía yo.
         Está bien – la miré misteriosa.
         ¿Qué te trajo a Italia?
         Mi trabajo, la vida dura e irresponsable – dije como un lamento.
         A mí también, ser fotógrafa es un poco complicado cuando se tiene que estar viajando por todo el mundo, las cosas se salen de control y te sentís como en el holocausto…
         Me pasa a menudo.

Charlamos largas horas, hablando cosas de la vida, ya estaba apareciendo el sol cuando la tercera caja de cigarrillos se fue a la basura; jamás en mi vida me había entregado a relatarle a una desconocida casi toda mi historia. Los pensamientos relativos fueron constantes, parecía una locura de aquellas que quieres cometer más de una vez en tu vida, pero jamás sabes si fueron correctas. Ya era de día cuando decidimos marcharnos, ella emprendió su camino y yo el mío, sin sueño y con una tranquilidad atormentadora.

         Hasta que la vida nos reúna, Nixie – sonrió antes de comenzar a caminar.
         Quien sabe, tal vez te llame.
         Estaré atenta al teléfono entonces, cuídate.
         Tú también Francesca – sonreí.

Emprendimos camino, volví al hotel ya cuando todos se estaban marchando. Jackson me tomó del brazo con fuerza y se quitó las oscuras gafas para intimidarme con sus ojos verdes, los chicos me miraban a pocos metros.

         ¿Dónde estabas? – me gritó.
         No te importa – dije sin ánimo.
         Debemos volar a Paris, deja de ser tan irresponsable…
         Se acabó la gira Jackson, volvemos a California hoy mismo – sonreí.
         ¿Qué? – rió.
         Lo que escuchaste – dije lentamente – haz tu maleta, porque volvemos a Los Ángeles hoy, YA.
         ¿Estás loca? – gritó a toda voz, soltando mi brazo – Estamos en medio de una gira mundial, no puedes llegar y cancelar todo esto ¿Quién mierda te crees que eres?
         Soy la líder de la banda y tengo mis motivos para hacer todo esto, si quieres continúa con la gira, me da igual, pero yo vuelvo a California.

Dicho esto, arreglé mi chaqueta y caminé en dirección a los chicos, para subir al ascensor, pero Andréu tomó mi brazo y me miró de reojo.

         ¿Qué sucede? – dijo serio.
         Vuelvo a Los Ángeles.
         ¿A qué hora nos vamos? – dijo luego de un largo silencio.
         Ahora mismo – sonreí victoriosa.
         Hablaré con Julia, ve por tus cosas.

Asentí, besé su mejilla con mucha presión y subí a mi cuarto por mis cosas, Alex, Mischa y Lu nos miraron extrañados, él sabía perfectamente que algo andaba mal, pero las decisiones que suelo tomar… ‘son las mejores’ o al menos eso dice él. Como sea, Julia preparó al staff para volver a subir las cosas al avión y marcharnos esta misma noche de vuelta a nuestro hogar. La gira se suspendería hasta nuevo aviso, las cosas se estaban saliendo de control y la charla nocturna que tuve con una desconocida fue la que me abrió los ojos a lo que tenía que hacer, o al menos… lo que yo creía que era lo correcto.

El vuelo se inició, los planes se trataron en pleno vuelo, mientras Jackson nos recriminaba aquella orden que yo les había dado, aplazar una gira era una observación clara de irresponsabilidad, pero cada uno puede tener sus motivos para acabar con algo… Además, debo volver por mi madre ya que no me gustó la noticia que me dio Krox la otra noche. Si a alguno de mis compañeros le pasara algo parecido, yo comprendería… o tal vez no, pero todo depende del caso y la ocasión, de todos modos son mis amigos, es obvio que haría lo mejor por ellos; aunque aquella noche, en el vuelo recibí muchas quejas, sobre todo de Mischa… la que no quería que esto pasara. Pero ya saben, con una buena charla las cosas se arreglan, estima conveniente todo el caos y se solucionan pese a cualquier cosa que pueda interponerse.

“No voy a dejar que el miedo me venza, he luchado contra él toda mi vida, me he mantenido en pie tras cada derrota; pienso hacer lo correcto incluso cuando tenga que arrebatarme el alma y venderla al mismo diablo. Dejaré caer cada gota de sudor demostrando que di la lucha hasta cuando ya no pude más, por el simple hecho de hacer callar a todos y demostrarles que conmigo… no tienen que meterse.”

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