Sus caras eran diferentes, ambas demostraban una inquietud
terrible, estaban llenas de coraje… uno del cual jamás había sido testigo.
Entonces Andréu de brazos cruzados se paró junto a mí y con su mejor tono
irónico pidió que hablaran.
–
¿Bueno? – dijo él.
–
La decisión ya está tomada – dijo Mischa con
una cara de zombie, sin expresión alguna.
–
Entonces hablen – dije sin ánimo.
Volvieron a intercambiar miradas en un incómodo silencio. El staff
permanecía distante, sin ser auditores de la charla que comenzaría a calmar mis
nervios, tenía al francés a mi derecha y a Alex a mi izquierda, esperando que
Mischa y Lu comenzaran a hablar.
–
¿Vine a perder mi tiempo? – dije un poco harta.
–
No, nada de eso – dijo Mischa con miedo.
–
Todo volverá a ser como antes – sonrió Lu poco
convencida, mirando a Mischa de costado.
–
Sí… las cosas mejorarán y seremos felices para
siempre – sonrió ampliamente Bauer.
Andréu y Alex rieron, yo sonreí de costado por su comentario.
Asentí esperando que así fuera, que no fuera una de sus bromas para dejarme
callada por un tiempo. Entonces las abracé con fuerza, sin sonreír, con un aire
frío y tal vez cruel, no sé como llamarlo, pero no de una manera fraternal a
como estaba tan acostumbrada.
Avanzaron las horas del día, nos llevaron al hotel y tuvimos
calma, hablé con mis hijos por teléfono y hablé con mi hermano, diciéndome que
mi madre estaba complicada de salud, que no se veía bien y lo que me dejó más
preocupada de lo que debía estarlo… sería el colmo que le pasara algo ahora que
todo estaba yendo bien.
“No creas que las cosas se están saliendo de control, es
normal que pase todo esto. Deberás enfrentarlo una y otra vez, más de las que alguna
ves tuviste en mente… y todo eso te va a pasar si quieres hacer bien tu
trabajo, no te dejes derrotar ante nada, yo sé que tú puedes.”
–
Está bien, es hora – golpeó Jackson en la
puerta de mi cuarto.
–
Ya voy – dije poniéndome de pie.
–
La van está abajo, toma tus cosas y apresúrate.
Asentí
como si él me estuviese mirando, pero en realidad no era así. De todos modos,
tomé mi chaqueta de cuero y emprendí camino abajo, bajé por las escaleras
entonando una de las viejas canciones de la banda, llegué abajo con cinco
minutos de retraso, recibiendo regaños de parte de todos; en realidad me daba
igual, solo quería acabar con todo.
–
¿Tienes un cigarrillo? – miré a Alex.
–
Claro – dijo amable.
–
¿Desde cuando fumas? – se extrañó Mischa.
–
Eso no te importa.
–
Claro que me importa, sabes que eso te hace daño – frunció
el seño.
–
Sólo cállate – bufé.
Acabé
el cigarrillo y lo lancé por la ventana mientras mi hermana miraba a Andréu de
una manera intrigante, imaginando que algo estaba sucediendo. Sus pensamientos
eran predecibles, pero preferí no decir nada para no crear líos ni algo por el
estilo, la música de la van me mantenía inquieta, tenía un mal presentimiento y
me sentía incómoda con tanta gente junto a mí, observándome y juzgando cada uno
de mis actos a los cuales ellos deberían estar acostumbrados.
Llegamos
al estadio más grande de Roma, entramos por donde se nos indicó, nos vestimos,
nos maquillamos las chicas y los hombres fueron peinados. Subimos al escenario
a las 22.20 horas y los gritos aclamaban nuestro nombre, pero en especial el
mío. La música comenzó a sonar, haciendo que todo el público se exaltara,
saltara, gritara y cantara todas nuestras canciones, los clásicos de siempre y
las nuevas melodías que tanto les habían fascinado.
Las
lágrimas fueron derramadas, la nostalgia comenzó a vibrar en mi interior cuando
el nombre de Max comenzó a ser dicho por más de 10.000 personas en un mismo
lugar, el valor imponente que se hizo presente declaró la guerra con mi
subconsciente, la guitarra de regalo apareció sobre el escenario y fue tocada
con un anhelo que jamás se concretó; Mischa y Alex me acompañaron con aquellos
solos de guitarra que tanto representaban al chico de California que ahora no
está. Las melodías se tornaban más poderosas a lo que estábamos acostumbrados, la
improvisación se volvió un arma fundamental en este momento, todo el estrés era
llevado através del aire que podía echarse dentro de una botella tantas veces
que el oxígeno en la luna sería gratis. No sabía lo que pasaba, pero jamás en
mi vida me había agotado tanto con una guitarra en mano…
“Y las lágrimas serán derramas en el momento preciso,
justo cuando la agonía se vuelva parte del presente y cuando sientas que en
realidad ya no puedes seguir soportando esto…”
–
Perfecto, jamás los vi tan prendidos como hace
un rato – dijo Jackson mientras caminábamos a la van para irnos.
–
¡Fue genial! Nunca me había sentido así –
sonreía animado Alex junto a mí.
–
No sé lo que pasó allá arriba, pero fue grandioso – reía
Lu.
Hubo
muchos buenos comentarios, pero de mi parte no hubo ninguno. La armonía que
existía no me pertenecía, simplemente quería estar aislada, pero debía
disimularlo. Cuando subimos a la van, me senté en el último asiento, lejos de
todos, me puse mis audífonos y comencé a escuchar viejas canciones que me hicieron
sentir peor, las lágrimas no podían evitar contenerse, se derramaron por mis
mejillas sin retención, escuchar la voz de Dero era como torturarme de una
manera única y especial, aunque lo recordase todos los días, yo sufría cada vez
más su ida. Él fue el hombre que más me comprendió, compartió las mismas
experiencias que yo, pero que pese a nuestras diferencias pudimos lograr llegar
lejos, pero no duro mucho para que la vida me arrebatara aquella maravilla.
Comenzamos
a adentrarnos en la carretera de la ciudad que nos llevaría al hotel y mi
llanto no cesaba, los chicos me miraban preocupados y ansiosos por acercarse y
arrimarme, pero bien sabían que cuando quería estar sola debían dejarme o los
golpearía.
Llegamos
al hotel luego de una larga media hora de estar atascado en el transito, a dos
cuadras del hotel había un autobús varado que no dejaba avanzar a nadie, lo
cual nos hizo llegar más tarde. Cada uno bajó con su mochila y subió a su
cuarto, preferí bajar al final e irme por ahí un rato para despejar la mente,
bajé hasta una fuente que había en un parque cercano, me senté en aquella banca
que estaba en frente y miré como el agua se mecía por efecto del viento.
“Tus lágrimas serán la justicia de los desolados, los
peores errores que puedes cometer son aquellas decisiones de las que no estás
segura que son las correctas. No emitas sensaciones bajo presión porque pueden
condenarte de por vida… deja que las cosas fluyan bajo el nombre de
improvisación porque así la vida se hace más exquisita. No debes dejarte llevar
por el momento porque eso te matará poco a poco al ver que nada dura para
siempre.
No dejes que el sediento miedo te atormente noche tras
noche, perderás el sueño y conciliarlo te acabará por hacer levantarte con
agonía, la desesperación devorará tus energías y te derrumbarás bajo el efecto
de vida que tú elegiste. No niegues que eres humana, todos erramos, todos
mentimos… solo que tú lo haces mejor que alguno que haya conocido.”
–
Quítame esta amargura – dije mientras comenzaba
a llorar, mirando el cielo estrellado.
Las
sensaciones volvían a tener control sobre mí, en realidad estaba perdiendo el
rumbo al sentirme tan sola. Me estaba volviendo dependiente de personas, lo que
jamás me había pasado, estaba necesitando estar con Sean, con nadie más que él…
las cosas han cambiado mucho el ultimo tiempo, pero jamás creí que yo estaría
tan mal.
De
la misma nada apareció una chica que se sentó junto a mí, sacó un cigarrillo y
comenzó a fumar, era rubia, con un perfil muy lindo, como una de esas modelos
que salen en televisión, sus ojos no pude distinguirlos, pero usaba maquillaje
pesado, una oscura sombra color negra y delineador cargado como lo hacía yo de
vez en cuando, sus labios no llevaban labial, pero al natural se veían bien
mientras masticaba chicle y expulsaba el humo del cigarrillo.
–
¿Qué haces aquí tan tarde? – dijo apoyando su espalda
contra el respaldo de la banca.
Solo
la miré de reojo, no iba a comenzar a hablarle porque ella quería… no tenía ni
idea de quien era.
–
Es muy tarde para que una chica esté sola en un lugar como
este – dijo en su mejor tono español.
–
I don’t speak spanish
– mentí.
–
¿Ah no? Pues que mal... pensé que podía contarte mis
problemas y que me entenderías, tenéis cara de ser una buena persona – me miró
sonriendo.
Y tal como se pueden imaginar, no entendía nada de la situación. No
sabía quien era ella, no tenía idea si me conocía de algún lado y solo me
estaba fastidiando, ni mucho menos… ¿Por qué quería hablar conmigo?
Entonces comenzó, poco a poco en español fue relatándome los problemas
que tenía con su novio. Que él no la entendía, pasaba todo el día viendo
televisión y tocando la guitarra, él tenía una banda con sus mejores amigos y
parecía que eso era más importante que ella en su vida. Cuando tenían
relaciones él no le decía que la amaba, solo se dormía luego de que saciaba sus
necesidades; cuando pasaban tiempo solos hablaban cosas que harían a futuro,
jamás podían aprovechar el presente saliendo de paseo o viendo una película
juntos, porque algo no estaba bien entre ellos. Pero ella no podía dejarlo, él
era el amor de su vida, el hombre que siempre había querido desde pequeña, él
había sido su último novio en la facultad, el que le enseñó matemáticas y
aprobó la materia con éxito, él la complementaba cada vez que le decía que la
amaba, pero que aunque las cosas fueran mal… ella jamás dejaría de amarlo
porque él la hacía sentir humana.
–
Y una chica, amiga de mi amiga… comenzó a enviarle cartas
diciendo que yo no lo amaba, que no le quería, ya sabéis, haciendo que las
cosas se complicaran – encendió otro cigarrillo – Y él fue corriendo donde yo
estaba y me gritó en la cara de que era una mentirosa, que solo le ocultaba
cosas. Me sentí mal ¿sabes? – me miró.
Comencé
a recordar, la situación me sonaba un tanto familiar... pero dejé que
continuara.
–
Entonces hablamos durante horas y horas, donde le aclaré
todo, y el me dijo que la chica lo había estado acosando desde hace ya varios
días. Comprendí que ella quería quedarse con él ¡Pero que se joda! Gabriel es
mío, mi novio, no el de ella – reprochó como una niña.
–
¿Y qué te dijo luego? – encogí mis ojos, observando atenta.
–
Pues que él me amaba a mí y que no aceptaría que
nadie se entrometiera entre nosotros, que nuestro amor era puro y verdadero…
que podían pasar miles de cosas y que me seguirá amando – sonrió.
–
¿Y por qué te gritó entonces? – levanté una ceja
haciéndome la interesada.
–
Pues porque no quería perderme, me gritó porque él
no quería que yo estuviese con otro hombre. Es una ternura ¿sabes? Fue allí
cuando comprendí que nosotros estábamos destinados a estar juntos para siempre – miró el cielo y lanzó lejos la colilla
del cigarrillo.
Aquellas palabras me cayeron como un balde de agua fría. Era demasiada
coincidencia para que el cielo comenzara a caerse, la tierra abrirse y que yo
pudiera hablar en jerigonza. ¿Acaso esta chica había venido con un fin? ¿Acaso
el pasado puede seguir siéndome tan tortuoso…? La historia con Corey se hacía
presente una vez más, pero esta vez abrí los ojos de una manera aterradora,
haciéndome recriminar todo lo que había pasado, incluso cuestionarme la
existencia de mis hijos… los que jamás deberían haber presenciado como yo me
fui deteriorando con los años por culpa de un terrible error que nunca debí
cometer.
–
Me mentiste, sabes hablar español – me dijo riendo,
encendiendo otro cigarrillo.
–
No debías saber ciertas cosas – dije mirando el frente,
ignorando su mirada.
–
¿Queréis un cigarrillo, chica mentirosa? – sonreía
como lo hacía yo.
–
Está bien – la miré misteriosa.
–
¿Qué te trajo a Italia?
–
Mi trabajo, la vida dura e irresponsable – dije como
un lamento.
–
A mí también, ser fotógrafa es un poco complicado
cuando se tiene que estar viajando por todo el mundo, las cosas se salen de
control y te sentís como en el holocausto…
–
Me pasa a menudo.
Charlamos largas horas, hablando cosas de la vida, ya estaba
apareciendo el sol cuando la tercera caja de cigarrillos se fue a la basura;
jamás en mi vida me había entregado a relatarle a una desconocida casi toda mi
historia. Los pensamientos relativos fueron constantes, parecía una locura de
aquellas que quieres cometer más de una vez en tu vida, pero jamás sabes si
fueron correctas. Ya era de día cuando decidimos marcharnos, ella emprendió su
camino y yo el mío, sin sueño y con una tranquilidad atormentadora.
–
Hasta que la vida nos reúna, Nixie – sonrió antes de
comenzar a caminar.
–
Quien sabe, tal vez te llame.
–
Estaré atenta al teléfono entonces, cuídate.
–
Tú también Francesca – sonreí.
Emprendimos camino, volví al hotel ya cuando todos se estaban
marchando. Jackson me tomó del brazo con fuerza y se quitó las oscuras gafas
para intimidarme con sus ojos verdes, los chicos me miraban a pocos metros.
–
¿Dónde estabas? – me gritó.
–
No te importa – dije sin ánimo.
–
Debemos volar a Paris, deja de ser tan
irresponsable…
–
Se acabó la gira Jackson, volvemos a California hoy
mismo – sonreí.
–
¿Qué? – rió.
–
Lo que escuchaste – dije lentamente – haz tu maleta,
porque volvemos a Los Ángeles hoy, YA.
–
¿Estás loca? – gritó a toda voz, soltando mi brazo –
Estamos en medio de una gira mundial, no puedes llegar y cancelar todo esto
¿Quién mierda te crees que eres?
–
Soy la líder de la banda y tengo mis motivos para
hacer todo esto, si quieres continúa con la gira, me da igual, pero yo vuelvo a
California.
Dicho esto, arreglé mi chaqueta y caminé en dirección a los chicos,
para subir al ascensor, pero Andréu tomó mi brazo y me miró de reojo.
–
¿Qué sucede? – dijo serio.
–
Vuelvo a Los Ángeles.
–
¿A qué hora nos vamos? – dijo luego de un largo silencio.
–
Ahora mismo – sonreí victoriosa.
–
Hablaré con Julia, ve por tus cosas.
Asentí, besé su mejilla con mucha presión y subí a mi cuarto por mis
cosas, Alex, Mischa y Lu nos miraron extrañados, él sabía perfectamente que
algo andaba mal, pero las decisiones que suelo tomar… ‘son las mejores’ o al
menos eso dice él. Como sea, Julia preparó al staff para volver a subir las
cosas al avión y marcharnos esta misma noche de vuelta a nuestro hogar. La gira
se suspendería hasta nuevo aviso, las cosas se estaban saliendo de control y la
charla nocturna que tuve con una desconocida fue la que me abrió los ojos a lo
que tenía que hacer, o al menos… lo que yo creía que era lo correcto.
El vuelo se inició, los planes se trataron en pleno vuelo, mientras
Jackson nos recriminaba aquella orden que yo les había dado, aplazar una gira
era una observación clara de irresponsabilidad, pero cada uno puede tener sus
motivos para acabar con algo… Además, debo volver por mi madre ya que no me
gustó la noticia que me dio Krox la otra noche. Si a alguno de mis compañeros
le pasara algo parecido, yo comprendería… o tal vez no, pero todo depende del
caso y la ocasión, de todos modos son mis amigos, es obvio que haría lo mejor
por ellos; aunque aquella noche, en el vuelo recibí muchas quejas, sobre todo
de Mischa… la que no quería que esto pasara. Pero ya saben, con una buena
charla las cosas se arreglan, estima conveniente todo el caos y se solucionan
pese a cualquier cosa que pueda interponerse.
“No voy a dejar que el miedo me
venza, he luchado contra él toda mi vida, me he mantenido en pie tras cada
derrota; pienso hacer lo correcto incluso cuando tenga que arrebatarme el alma
y venderla al mismo diablo. Dejaré caer cada gota de sudor demostrando que di
la lucha hasta cuando ya no pude más, por el simple hecho de hacer callar a
todos y demostrarles que conmigo… no tienen que meterse.”
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